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VANIDAD DE LAS RIQUEZAS
Plebeyos y nobles, ricos y pobres:
No
esperéis a que sea muy tarde,
Para
revisar toda vuestra riqueza,
Antes
de que os la roben de balde.
Porque
llegarán días inesperados,
Y
noches oscuras muy tenebrosas,
Cuando
las riquezas mundanales,
Escapen
como asustadas moscas.
Mientras
vivimos habrá ladrones,
Dispuestos
a robar sin escrúpulos,
Y
cuando ya nos hayamos muerto,
Robarán
en nuestro rico sepulcro.
Quienes
se entregan a la riqueza,
Sin
oír a su asesora la conciencia,
Serán
condenados por la realidad,
A
morir en la humillante pobreza.
A
nadie le salvarán sus posesiones,
Ni
la jactancia de ser más opulento,
Cuando
su cuerpo quede sepultado,
En
un cajón de madera y cemento.
Los
pobres y los poderosos mueren,
Todos
por igual como los jumentos,
Unos
menos apaleados que otros,
Pero
todos ellos quedarán muertos.
Con
riqueza se puede comprar todo,
En
este mundo terrenal perecedero,
Pero
nunca jamás se podrá comprar,
Nuestra
salvación eterna con dinero.
Con la riqueza y poderes terrenales,
Se
consiguen elogios y monumentos,
Pero
cada cual terminará en su fosa,
Como
en la suya termina el jumento.
También
los más famosos se mueren,
Como
los más ignorantes borregueros,
Y
en sus tumbas sólo queda recuerdo,
De
cómo se fueron con algún florero.
Aunque
el rico haya dado su nombre,
A
países, a continentes y a su pueblo,
Caerá
en la gran trampa de la muerte,
Como
pez en anzuelo del mar negro.
Preguntado
un sabio poco conocido,
Sobre
cómo salva el hombre su vida,
Sabiendo
que pronto habrá muerto,
Dio
respuesta, poco y mal conocida.
No
prestes atención a ricos tontos,
Que
alardean de grandes riquezas,
Ni
a pobres con rencor vengativos,
Todos
irán a la tumba de una pieza.
En
la puerta del cementerio había,
Un
cartel informativo y elocuente:
Deje
riquezas y odio donde quiera,
Aquí
sólo recibimos honrada gente.
¿Pero
quiénes son esas personas?
Preguntó
un visitante con temblor,
Y
el sabio profesional de entierros,
Hizo
un comentario sobre el amor.
Por
lo ya aprendido en este lugar,
Haciendo
siempre de enterrador,
Digo
que sin amor a las personas,
Nadie
será recibido luego por Dios.
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