AMOR DE PRIMAVERA
Llegó la primavera en Carpetonia,
Y con ella una embajada de rosas,
Que trajeron amorosos mensajes,
Para repartirlos entre las mozas.
Cuando la famosa filósofa Mabel,
Recibió el suyo confidencialmente,
Se apresuró a leerlo luego a solas,
Evitando la curiosidad de la gente.
Un amante anónimo y respetuoso,
La había invitado a tomar un café,
Calentito y amorosamente servido,
En su corazón con mesa y mantel.
Te lo he preparado yo con amor,
Si prefieres otra cosa me lo dices,
En mi corazón hay muchos dulces,
Elaborados para ti sin aprendices.
La pijotera y hermosísima Mabel,
Respondió al tiro casi sin pensarlo:
En tu compañía será placer divino,
El inhalar su perfume y degustarlo.
Hemos escrito dos libros juntitos,
Con los prólogos tuyos de oro puro,
Probado al fuego del amor divino,
Como un racimo de uvas maduro.
Pero Mabel era muy perseverante,
Cuando de amor bueno se trataba,
Y le dijo cosas a su anónimo amado,
Como si una diosa de amor hablara.
¡Bravo el escritor que clama al amor,
Y que inunda el cielo con sus besos,
Que hace brotar suspiros de cariño,
Y con abrazos endulza mis pechos!
El amado bienaventurado de Mabel,
Quedó mudo leyendo estas palabras,
Pero muy pronto recuperó el habla,
Y habló con amor y muchas ganas.
Amorcito tú y amiguita de mi alma,
Yo te he enviado una cajita de besos,
Aliñados en el horno de mi corazón,
Son como amor en quesitos frescos.
Me encanta escuchar palabras dulces,
Salidas todas de ese tu lindo corazón,
Me llegan como un susurro del viento,
Para respirar tus caramelos de amor.
Así terminó esta provisional historia,
Al comenzar la hermosa primavera,
Bajo la mano protectora de su Dios,
Que los unió y ama Él sobremanera.
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