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UNA FUENTE DE AMOR
En la república carpetovetónica,
Aconteció
esta historia singular,
Que
quedó en una bella crónica,
Para
bien de toda la humanidad.
Paseando
por un bello sendero,
Un
turista entre otros visitantes,
Sintió
cansancio y sed especial,
Como
cualquier otro caminante.
Siguió
contemplando el paisaje,
Sintió
los latidos de su corazón,
Y
mirando luego para otra parte,
Esto
es todo lo que él descubrió.
A
muy poca distancia de su vista,
Vio
una fuente de agua cristalina,
Donde
empezó a saciar él su sed,
Como
mineros fuera de la mina.
Pero
a medida que se acercaba,
Al
brillante y fecundo manantial,
Su
estupor fue tan reconfortante,
Que
casi se murió él de felicidad.
Dicha
agua cristalina refrescante,
Le
produjo una sensación extraña,
Y
pensó en su misterioso remedio,
Como
el mejor alimento del alma.
A
partir de aquel venturoso día,
El
afortunado humano paciente,
Decidió
beber de aquella agua,
Como
el mejor reconstituyente.
Al
cabo luego de no pocos años,
Un
día volvió él por aquel lugar,
Y
no sin gran emoción explícita,
Se
echó a llorar de pura felicidad.
A
la fuente la habían bautizado,
Con
texto escrito en un corazón,
En
el que pudo leer claramente:
Patricia,
fuente del mejor amor.
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