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ENTRONIZACIÓN Y CORONACIÓN
En la república carpetovetónica,
Nació
una princesa tan hermosa,
Que
con el tiempo fue coronada,
Como
la reina de todas las rosas.
Pero
no quedando así tranquilos,
Quienes
la coronaron con razón,
La
volvieron a coronar gozosos,
Como
la reina madre del amor.
Y
la sentaron en un trono de oro,
Para
presentarla luego al mundo,
Como
la mujer más linda y buena,
Que
jamás en otros tiempos hubo.
Su
rostro era como un sol radiante,
De
luz amorosa fecunda de bondad,
Sus
ojos como dos estrellas divinas,
Mirando
con amor a la humanidad.
Su
boca era como un nido de besos,
O
una rosa con sus pétalos abiertos,
Para
transmitir su inefable ternura,
Con
sus dulcísimos labios tiernos.
Su
pecho era como un panal de miel,
Para
nutrir a sus vasallos del amor,
Como
una fuente de agua cristalina,
Que
mana vida para nuestro corazón.
Sus
manos eran de la blanca plata,
Extraída
de unas minas del Potosí,
Para
ser besadas con la reverencia,
Que
merece una reina del amor así.
Hablando
de cómo sería su corona,
Todos
de común acuerdo y a coro,
Decidieron
de inmediato sin dudar,
Que
tenía que ser toda ella de oro.
Pero
había que poner en ella rótulo,
Que
indicara la grandeza y dignidad,
De
una reina tan hermosa del amor,
Madre
y ejemplo para la humanidad.
¿La
reina o solamente “reina” bastaría,
Para
presentar a ser tan espectacular?
Y
se produjo luego una gran discusión,
Que
pronto terminó sin nadie pelear.
Poner
“reina” solamente sin nada más,
Hacía
pensar en una reina entre otras,
Mientras
que “La reina” bien articulada,
La
ponía en la cima de todas las cosas.
Cuando
el busto de la reina se inauguró,
Hubo
comentarios y gestos diversos,
Pero
todos coincidieron sin dificultad,
En
abrazar y comerse “la reina” a besos.
Uno
de los asistentes a la coronación,
Miró
suplicante a la reina con su amor,
Y
la pidió como quien la reza a su diosa,
Que
le dejara vivir en su dulce corazón.
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