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TU ALUMNA ESTÁ ENFERMA
Una
tarde fría invernal de febrero,
Del
año dos mil dieciocho en curso,
Recibí
una llamada telefónica rara,
Para
platicar conmigo un discurso.
El
remitente era el hermano único,
De
entre otras hermanas queridas,
Que
me anunció una triste noticia,
Sobre
esta hermana más dolorida.
Yo
soy su hermano mayor y único,
La
noticia que te doy no es buena,
Siento
mucho decirte con claridad,
Que
no estamos de enhorabuena.
Un
cáncer maligno anida en ella,
Y
el diagnóstico no fue favorable,
Si
tú pudieras venir para visitarla,
La
visita sería para mí impagable.
La
posibilidad de mi visita era nula,
Por
la lejanía y mi estado de salud,
Se
lo expliqué con pocas palabras,
Quedando
todo claro como la luz.
Conocí
a Olga en una Universidad,
Como
una alumna de oro y marfil,
Que
seguía amorosa mis lecciones,
Y
sin olvidarse nunca luego de mí.
Era
grande en belleza e inteligencia,
Pero
no menos en las penas y dolor,
En
tiempos confusos para jóvenes,
También
para mí como su profesor.
Muchas
expresiones de sufrimiento,
La
acompañaron siempre sin cesar,
Sobre
todo sicológicas y funcionales,
Disfrutando
muy poco de bienestar.
Olga
es mi interlocutora entrañable,
En
los diálogos Mabel ya publicados,
En
los que expresa a corazón abierto,
Sus
grandes penas en tono inusitado.
Detrás
de sus ojos hermosos y tristes,
Se
oculta el misterio de toda su vida,
Cubierta
de ilusiones y desencantos,
A
punto de darla luego ya por perdida.
Pero
en medio de la gran tormenta,
La
que sobre su existencia se desató,
Al
final de mucho riesgo de muerte,
Descubrió
la luz redentora del amor.
A
ella honor y gloria en paz con Dios,
Que
jamás deja solos ante la muerte,
A
quienes durante sus vidas dolidas,
Buscaron amor
de forma inteligente.
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