124
LA INTRIGANTE MABEL
Las
sorpresas que brinda el amor,
Son
siempre dignas de recordar,
Sobre
todo cuando ellas ocurren,
Por
la mañana pronto al despertar.
Un
día más y entre otros muchos,
La
hechicera Mabel de Carpetonia,
Sorprendió
a sus fieles discípulos,
Como
si fuera una blanca paloma.
Con
calma y mucha ponderación,
Sacó
otro documento del bolsillo,
Lo
leyó con voz dulce lentamente,
Y
se salió misteriosa por un pasillo.
Muy
buenas noches, mi corazón,
Para
que reposes bien dormido,
Perdona
mi retraso en saludarte,
Tú
sabes que yo nunca te olvido.
He
tenido yo muchos problemas,
Unos
grandes y otros más chicos,
Te
informo de ellos brevemente,
No
te asustes por estos gemidos.
Surgió
un extraño corresponsal,
Que
leyendo este breve mensaje,
Se
apresuró él a corresponderle,
Con
otro muy sencillo reportaje.
Es
primera hora de la madrugada,
Cuando
hago un alto en el camino,
Durante
esta noche de oscuridad,
Que
me hace sentirme ya cansino.
Yo
he escuchado tu dulce gemido,
En
lo íntimo de mi pobre corazón,
Prometo
llevarte siempre conmigo,
Para
poder respirar aire de tu amor.
Como
siempre que hablaba Mabel,
La
audiencia se emocionó mucho,
Y
un joven enamorado sin nombre,
Ladró
dulcemente como perrucho.
Mabel,
ya me estás volviendo loco,
Dinos
ya si eres tú la amante feliz,
Y
quién el amante bienaventurado,
Porque
si soy yo daré mi vida por ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario