EL PARASITISMO POLÍTICO
La
gran república de Carpetonia,
Estuvo
gobernada por políticos,
Que
pedían a sus conciudadanos,
Obediencia
absoluta de borricos.
Un
grupo de ellos y minoritario,
De
psicópatas integrados y torpe,
Forzó
a grupos de empresariales,
A
emigrar sin tomarse el postre.
Asustados
y casi empobrecidos,
Salieron
pacíficamente del país,
Como
alma que lleva el diablo,
Sin
un destino seguro para vivir.
Fugados
los grandes empresarios,
Quedaron
sólo buenos labradores,
Que
con gran sudor de sus frentes,
Mantenían
a políticos estafadores.
Un
día y entre otros muchos más,
Un
grupo de políticos muy tiranos,
Se
presentó en casa de un labrador,
Pidiendo
de comer como marranos.
El
labrador se sorprendió mucho,
Por
este gesto para él inexplicable,
Y
pidió a los descarados políticos,
Una
explicación justa y razonable.
Esta
respuesta llegó sin tardanza:
El
político tiene derecho a comer,
Y
los labradores son para trabajar,
Sé
generoso si no quieres perecer.
Ante
este tan breve razonamiento,
El
labrador se cayó ya desmayado,
Y
un político hizo este comentario:
Estás
así por no habernos votado.
Cuando
el filósofo de la república,
Fue
informado de lo acontecido,
Hizo
una reflexión para votantes,
Que
votan a partidos corrompidos.
Hay
políticos que comen de gorra,
Imponiendo
sus ideas humillantes,
A
quienes los votaron con ilusión,
Para
fines buenos sin justificantes.
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