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LA MEJOR INVERSIÓN DE
LA VIDA
Al
atardecer de toda vida humana,
Muchos
hay que están preocupados,
Unos
por no haber hecho casi nada,
Otros
porque han hecho demasiado.
Los
más holgazanes e irresponsables,
Se
quejan de haber perdido el tiempo,
Sin
haber hecho las cosas de provecho,
Cuando
la muerte les pide su cuerpo.
Los
segundos alcanzan grandes éxitos,
Amasando
riquezas, poderes y fama,
Pero
cuando la muerte se aproxima,
Lo
pierden todo y se quedan sin nada.
Las
grandes alegrías de otros tiempos,
Desaparecen
como el viento en otoño,
Dejando
en el suelo las hojas muertas,
De
los árboles gigantes más frondosos.
Los
árboles grandes los abate el viento,
Y
a los chicos se los comen las cabras,
Así
es la vida de los hombres más ricos,
Incluso
antes de que les salgan canas.
Cualquier
accidente de trabajo físico,
Puede
dar con ellos en algún hospital,
Y
muchas otras desgracias invisibles,
Pueden
darse cita y sin antes avisar.
Cuando
la muerte llama a la puerta,
De
los pobres y también de los ricos,
Todos
por igual se mueren de miedo,
Si
han vivido como si fueran borricos.
Como
borricos viven todos aquellos,
Que
viven coceando con gran placer,
En
lugar de amar a sus semejantes,
Como
Dios hace y nos mandó hacer.
Postrados
en el lecho de la muerte,
Aunque
sea en un famoso hospital,
Los
ricos se quedan sin su riqueza,
Como
un cualquier muerto animal.
En
la oscuridad de la última hora,
El
orgullo del rico autosuficiente,
Como
el panegírico de aduladores,
De
nada sirven ya al gran paciente.
Hay
muy ricos y poderosos con suerte,
Pero
pocos quieren oír hablar de amor,
Como
los que reflexionando en caliente,
Pierden
la vergüenza de pensar en Dios.
Las
ilusiones que tienen sus orígenes,
En
mucha fama y posesión de dinero,
Son
como bandada de pájaros tontos,
Que
desconocen la existencia del suelo.
El
secreto de la vida bien entendida,
Está
en el amor en efectivo personal,
Como
el valor de un billete de euros,
En
su autenticidad clara sin falsificar.
En
el lujoso lecho de muerte del rico,
Para
nada sirven el poder y el honor,
Sólo
permanece como su compañero,
El
amor de verdad al prójimo y a Dios.
El
gran interrogante frente a la muerte,
Consiste
en saber si hay algo más allá,
La
tentación del rico es pensar que no,
Pero
el sabio confía en que ya se verá.
La
confianza de pobres y de sabios,
No
se basa en el poder y la riqueza,
Sino
en la vida de Cristo el Señor,
Que
hirió a la muerte en la cabeza.
Tanto
los ricos como los más pobres,
Jamás
deberían estar tan ocupados,
Que
no les quede tiempo para amar,
Y
la muerte los llame desconsolados.
La
mejor inversión de nuestra vida,
Es
el tiempo reservado para amar,
Lo
mismo a los ricos que a pobres,
Sin
exigirlos que lo hayan de pagar.
Con
esta bolsa de viaje preparada,
El
tiempo pasado importa ya poco,
Lo que importa es nuestro futuro,
Sin
dejar la esperanza en un pozo.
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