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DIÁLOGOS ASTRALES
Durante
una noche y estrellada,
Y
en la república carpetovetona,
Dos
pastores oyeron la bella voz,
De
una muy enamorada persona.
Buenos
días, mi hermoso amor,
Estoy
sentada en un rico banco,
Sin
ningún dinero en el bolsillo,
Como
unos pobres mendigando.
Y
un coro de voces harmoniosas,
Con
lágrimas en los ojos replicó:
No
te asustes por falta de dinero,
Tu
banco de amor es mi corazón.
En
lugar de monedas de bronce,
Yo
te doy mi monedero de besos,
Sin
más interés a fondo perdido,
Que
dejar mi alma en tus pechos.
La
luna se dio pronto por aludida,
Y
replicó al tiro con este despecho:
Acepto
tus besos con amor infinito,
Para
demostrarte cuánto te quiero.
Eres
como un sol muy romántico,
Que
me abraza con gran ternura,
Para
hacerme feliz de noche y día,
Porque
soy una humana criatura.
Y
un solista barítono él respondió:
Pero
tú eres la luna llena de amor,
Que
se pone en cuarto menguante,
Para
ensanchar a mi chico corazón.
Cuando
la rubia y pijotera Mabel,
Terminó
de leer su nuevo poema,
Se
produjo un alboroto sin igual,
Que
hizo saltar al tiro las sirenas.
Para
clausurar este espectáculo,
El
rancio filósofo tomó la palabra,
Y
sentenció de forma ponderada,
Meciendo
con cuidado su barba.
Este
negocio del verdadero amor,
Es
el más rentable en el mundo,
Cuando
se ama sin los intereses,
Del
egoísmo ciego y tremebundo.
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