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UNA DEUDA DE AMOR
He
oído tu audio con mi musa,
Mientras
la llevaba de camino,
Nos
hemos emocionado las dos,
Y
casi lloramos como los niños.
¡Qué
amoroso es tu gran amor!
Tendríamos
que visitarle más,
Tú
tienes la razón, respondí yo,
Y
cuidaremos más su amistad.
Pero
la amante no descansaba,
Amando
sin cesar a su amado,
Y
le prometió darle unos besos,
Con
mucho amor desenfadado.
Cuando
el afortunado amante,
Recibió
aquel lindo mensaje,
La
llamó reina de tierra y cielo,
Sin
reparos y con mucho coraje.
Todavía
estaba él saboreando,
La
miel amorosa de una visita,
De
la reina madre y su alteza,
Acompañada
por su bella hija.
¡Y
qué honor para el amante feliz,
Ver
sentadas a dos reinas de amor,
En
su humilde butaca de trabajo,
Como
si él fuera algún gran señor!
Pocos
días después del encuentro,
El
amante feliz y muy afortunado,
Redactó
un mensaje de gratitud,
Con
estas palabras y emocionado.
Buenos
días, mi corazón de marfil,
Y
el tesoro tú adorable de mi alma,
Yo
te envío una rosa de mensajera,
Recíbela
y escúchala si ella te habla.
Lleva
encargo de darte mi corazón,
Pídeselo
tú sin pérdida de tiempo,
Antes
de que lleguen los ladrones,
Y
lo roben como a hojas el viento.
No
hizo falta el que yo se lo pidiera,
Replicó
ella con su espontaneidad,
Nuestros
corazones se visualizaron,
Y
se abrazaron felices con libertad.
¿Pero
cuántos besos he de darte,
Por
recibir tú a mi pobre corazón?
Porque
quisiera ser justo contigo,
Pagándote
ya mi deuda de amor.
Dame
todos los besos que quieras,
Porque
todos serán bien recibidos,
Y
cuando te canses ya de besarme,
Descansas
y felices nos dormimos.
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