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MONÓLOGO FILOSÓFICO
Un
día de otoño muy nublado,
El
rancio filósofo de Carpetonia,
Tomó
la palabra para discurrir,
Con
la razón desde su memoria.
Estamos en otoño tras el verano,
Y
viene el gran frío del invierno,
Es
tiempo para pensar y meditar,
Con
calor pero no en el infierno.
Nuestros
cuerpos pasan hambre,
Y
nuestras mentes padecen sed,
Si
no usamos bien la inteligencia,
Moriremos
como peces en la red.
A
lo largo de mi vida gastada,
Viendo
las cosas memorables,
Me
parece oportuno recordar,
Algunas
nada recomendables.
Con
una mirada ya retrospectiva,
Sin
necesidad de hacer esfuerzo,
Me
vienen a la memoria fresca,
Recuerdos
muchos como estos.
Yo
he visto con mis propios ojos,
Cómo
son oprimidos los débiles,
Que
lloran muy desconsolados,
Sin
que haya quien los consuele.
Los
opresores exhiben su fuerza,
Como
los animales su ferocidad,
Tratan
a los demás con desprecio,
Como
a los objetos de usar y tirar.
Con
tantas injusticias conocidas,
Tuve
tentaciones muy peligrosas,
Rayando
en la venganza humana,
Para
así arreglar con ella las cosas.
Sintiéndome
yo un día muy triste,
Pensé
muchas cosas disparatadas,
Como
si fuera mejor estar muertos,
Que
vivir con gentes despiadadas.
Las
rivalidades y las ambiciones,
Destruyen
las mejores amistades,
Cuando
el egoísmo descontrolado,
Nos
corrompe con sus necedades.
El
ambicioso es como un saco roto,
Cuya
avaricia no es posible saciar,
Pues
tiene un agujero casi infinito,
Que
no hay quien lo pueda rellenar.
En
la república carpetovetónica,
Existía
un dicho muy conocido:
Quien
manda disfruta del poder,
Y
el que no manda está hundido.
Pero
los que mandan se mueren,
Como
todos los hijos de mi vecino,
Que
después de mucho mandar,
Murieron
pronto como el cochino
Unos
murieron de muerte natural,
Y
otros murieron pronto matados,
Por
sus compañeros de profesión,
O
por asesinos a la carta pagados.
El
poder político fascina a muchos,
Pero
pocos tienen buen resultado,
Unas veces por las
propias culpas,
Otras
porque mueren humillados.
Un
sabio por viejo y no por estudiar,
Dio
este prudente y práctico consejo:
No
seas insensato invocando a Dios,
Prometiendo
lo que no puedes dar.
Cuando
sintamos esta fácil tentación,
Recordemos
las tentaciones de Cristo,
Que
nos aconsejó no provocar a Dios,
Con
conductas necias para ser vistos.
Hay
hombres solos y solitarios,
Que
viven con otros en soledad,
Porque
la compañía física sola,
No
le basta a nuestra felicidad.
Muchos
hombres solos en la vida,
No
suman uno solo acompañado,
Si
por las razones que ellas sean,
No
se sienten entre ellos amados.
Personas
solas pero con el amor,
Nunca
ellas se sienten perdidas,
Ni
tienen miedo a las tormentas,
Que
puedan amenazar sus vidas.
Las
personas que no saben amar,
Desconocen
los puntos cardinales,
Para
acertar en las encrucijadas,
Y
no equivocarse como animales.
Cuando
hagas oración ante Dios,
Habla
poco y escucha sin temor,
Porque
Él sólo habla un lenguaje,
Comprensible
mediante el amor.
El
hombre sabio escucha mucho,
Para
después hablar poco y bien,
No
como el hablador que no calla,
Desde
temprano hasta amanecer.
No
te escandalices por la injusticia,
Mejor
que la combatas con razón,
Para
no morirte tú desconsolado,
Ya
que el injusto no engaña a Dios.
Cuando
hayas de tratar con tiranos,
No
te pongas tú en frente de ellos,
No
seas imprudente con tu fuerza,
Para
evitar sus posibles atropellos.
Defiéndete
de ellos con la razón,
Manteniendo
prudente distancia,
Para
no ser por ellos traicionado,
Cuando
la razón no los alcanza.
Cuando
trates con los ambiciosos,
Que
amasan dinero sin descansar,
No
les hables de pobres sin su pan,
Los
cuales les molestan con pasar.
No
hay sueño tan dulce de hombre,
Como
el de un honrado trabajador,
Igual
si él gana mucho como poco,
Duerme
bien con el frío y con calor.
Quien
sólo busca aumentar riqueza,
Para
disfrutar de ella sin prudencia,
Es
como aquel cántaro en la cabeza,
Que
se rompe cuando uno tropieza.
La
mucha riqueza es mal negocio,
Cuando
se la retiene injustamente,
Porque
la conciencia pasa factura,
A
todo acto de egoísmo resistente.
Todo
ser humano nace muy pobre,
No
menos que cualquiera animal,
Todos
ellos nacen bien desnudos,
Y
ya muertos más los desnudarán.
Un
sabio de entre los más antiguos,
Hizo
una muy realista declaración:
El
niño sale desnudo de la madre,
Y
el anciano desnudo pide perdón.
Dijo
el hedonista en su corazón:
Come
y bebe tú hasta la saciedad,
Pues
en la ciudad de los muertos,
No
encontrarás nunca la felicidad.
Y
un loro desde su jaula invisible,
Al
tiro con aplomo le respondió:
Majadero
y muy insensato eres,
Porque
olvidas la salsa del amor.
Piensa
en la brevedad de la vida,
Trabaja
como un buen sembrador,
Sembrando las mejores semillas:
Las
que Dios plantó en tu corazón.
Un
hombre que era muy religioso,
Exigió
cuentas muy exactas a Dios,
Porque
a unos les dio las riquezas,
Y
a otros la pobreza y mucho dolor.
Pero
Dios le amonestó con cariño,
Como
Padre bueno al hijo mayor,
Recordándole
la verdad del caso,
Para
que supiera él pensar mejor.
Ni
la mucha riqueza es un premio,
Ni
la mucha pobreza es maldición,
Ni
la pobreza ni la riqueza salvan,
Sólo
salva el amor sincero a Dios.
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