BIOTANASIA
SUMARIO:
1. Biotanasia contra bioética. 2 Nazismo
sumergido, cultura de la muerte y biotanasia. 3.Definición
de la biotanasia en sentido amplio. 4. Definición de la biotanasia en sentido
estricto. 5. Áreas específicas de la biotanasia. 6. La biotanasia de Estado. 7. Áreas específicas de la biotanasia
de Estado. 8. Valoración ética de la biotanasia.
1. BIOTANASIA CONTRA BIOÉTICA
Corría el
año 1970 cuando el oncólogo Van Rensselaer Potter trataba de poner un título al
artículo que terminaba de escribir para su publicación y lo formuló así: “Bioethics.
The science of survival. Así apareció por primera vez en la historia el
término Bioética. En el año 2000 trataba yo también de encontrar una palabra
con la cual significar de un golpe todas las formas de destruir la vida humana,
introducidas en el contexto de la bioética, y me pareció que la más adecuada
era BIOTANASIA. Este término lo utilicé
por primera vez como neologismo en un artículo titulado Genómica y
biotanasia para la revista Studium 40 (2000/3) 491-537. Paradójicamente, el
término bioética había surgido como referente
principal de la vida mientras que la biotanasia nos lleva a pensar
inmediatamente en la muerte como el reverso negativo de la bioética. En efecto,
es un término compuesto de bios =
vida, y thanatos = muerte.
Etimológicamente, pues, biotanasia significa dar muerte a la vida. Pero las palabras, además de una
significación etimológica tienen muchas veces otra significación al uso. En
este caso concreto de la biotanasia cabe destacar el hecho de que el
significado etimológico de la palabra y el uso que de ella se hace coinciden
plenamente en que siempre hace referencia a la destrucción directa y deliberada
de alguna vida humana durante su periplo existencial a partir del momento
matemático de su irrupción en la existencia. Por ello, mientras al término
bioética cabe asociar todo aquello que está relacionado con la promoción, el
amor y respeto debido a toda vida humana, el término biotanasia, por el
contrario, se usa para significar toda forma de destruir vida humana alegando
pretextos humanitarios falsos, científicos, sociales y políticos. La
biotanasia, pues, tanto en su significación etimológica como usual, es la
negación de la bioética y tiene su propio caldo de cultivo cultural, ideológico
y político. Me refiero a lo que se ha denominado “nazismo sumergido” en la
bioética y “cultura de la muerte”.
2. NAZISMO
SUMERGIDO, CULTURA DE LA MUERTE Y BIOTANASIA
Analizando los hechos con frialdad
objetiva el recuerdo de los programas nazis de exterminio siguen
horrorizándonos y, sin embargo, aquellas
prácticas nazis, legalmente blindadas con las leyes de Nüremberg (Reichsbürgergesetz y Blutschutzgestz,
1935), comparadas con algunas de las prácticas biomédicas legalizadas en el
contexto actual de la bioética, son poco más que un juego de niños.
En 1924 Adolf Hitler publicó Mein
Kampf poniendo las bases de lo que actualmente se denomina “los derechos
reproductivos”, donde puede leerse lo siguiente: “El Estado hará de la raza el
centro de su vida. Quienes sean física y mentalmente insanos o débiles no
tienen derecho a perpetuar sus sufrimientos en la carne de sus hijos”. El 14 de julio de 1933 el Parlamento alemán
aprobó una ley de esterilización forzosa contra todos aquellos que pudieran
transmitir enfermedades físicas o mentales a sus descendientes. Poco después un
padre pidió a Hitler la eutanasia para su hijo discapacitado y el Fhürer
encargó a su propio médico el asesinato del niño en 1939. Más tarde pidió al
personal sanitario que practicaran la eutanasia a quienes la solicitaran para
después imponerla de forma sistemática. Para el Dr. Pfannmüller, el asunto no
tenía vuelta de hoja. Para mí –dijo- en tanto que nacionalsocialista, estas
criaturas (discapacitadas, con taras físicas o psicológicas, o enfermedades
incurables) no son más que una carga pesada para nuestros conciudadanos.
Nosotros los eliminamos, matizó, pero no a través del método de las inyecciones
letales, lo cual sería mal visto por la prensa internacional, sino simplemente
dejándolos morir de hambre suministrándoles una alimentación deficiente.
En 1940 estaba ya en marcha el
programa de eutanasia activa Aktion T-4. Un comité de cuatro médicos
hitlerianos y un químico proveedor de monóxido de carbono se encargaba de
decidir a qué pacientes había que aplicar la eutanasia. Se dice que las
primeras ejecuciones decretadas por este equipo sanitario tuvieron lugar en la
prisión de Brandenburgo el 4 de enero de 1940. La Iglesia Católica protestó por
lo que las ejecuciones empezaron a llevarse a cabo de manera secreta bajo la
consigna de Aktion 14, F13 y Solución Final. Y además con más contundencia.
Según la mentalidad nazi, hay vidas
indignas de ser vividas y son una carga económica insoportable para la sociedad
fuerte y sana por lo que esas personas deben ser eliminadas. En consecuencia,
las leyes públicas debían indicar los criterios de eliminación y las formas a
seguir por los médicos en la puesta en práctica del plan nazi de exterminio. Lo
sorprendente de todo este asunto es que, entrados ya en el siglo XXI, la
filosofía nazi se ha instalado en la bioética como en su casa sin más protestas
plausibles que las de la Iglesia, como en los tiempos álgidos de Hitler.
Expresiones como “calidad de vida”, “muerte digna”, “interrupción del
embarazo”, “carga social”, “diagnóstico genético”, “derechos reproductivos”, y otras
similares, incorporadas al diccionario de la bioética, con frecuencia tienen un
significado práctico esencialmente hitleriano.
Cuando Hitler llegó al poder en
Alemania en 1933 puso en marcha su programa, el cual era sustancialmente una
copia adaptada a la ideología nazi del programa eugenésico norteamericano
regulado por la ley Laughlin. Por otra parte, la bioética pretende asumir
todas las actividades en las que está en
juego la planificación científica de la vida y la muerte. Es imposible ser
objetivos negando la coincidencia de la mentalidad y de algunas prácticas nazis
antihumanas con la forma de pensar y de actuar actualmente en el ámbito de la
bioética. No cabe duda de que Hitler
sólo fue un discípulo aventajado de geneticistas y juristas norteamericanos e
ingleses y que la bioética puede convertirse en la amnistía y absolución de
todos ellos. Si comparamos las leyes nazis de Nüremberg con bastantes de las
legislaciones vigentes actualmente sobre bioética, se concluye con relativa
facilidad que los sueños de Hitler se están cumpliendo gloriosamente hoy día a
la sombra de la bio-jurídica, que son las leyes modernas que regulan las
actividades que se desarrollan en el campo de la bioética.
La expresión “cultura de la muerte”
fue acuñada por Juan Pablo II en la encíclica Evangelium vitae en la que
describió las diversas formas tradicionales de destruir la vida humana a las
que se suman otras nuevas en el contexto de la bioética. Paradójicamente se
tiene la impresión de que existe una conjura orquestada contra la vida desde una
mentalidad en la que las instituciones políticas y sanitarias están implicadas.
Nos hallamos ante una realidad caracterizada por la difusión de una cultura
contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera
"cultura de muerte", promovida por corrientes culturales, económicas
y políticas basadas en la eficiencia. En este horizonte sitúa Juan Pablo II la
guerra de los poderosos contra los más débiles, que va más allá de las luchas
personales clásicas. La cultura de la muerte equivale a una conjura organizada
contra la vida humana desde sus orígenes hasta su ocaso.
Según Juan Pablo II, las formas de
conducta más características de la “cultura de la muerte” en nuestros días son
las siguientes: Los fuertes en salud tratan de eliminar a los enfermos y
minusválidos y los Estados poderosos a los Estados débiles; la mentalidad
anticonceptiva como actitud de fondo contra la vida no deseada por sí misma la
cual lleva derechamente al aborto y la eutanasia; las técnicas de reproducción
humana de laboratorio y el uso del diagnóstico prenatal con fines no
terapéuticos sino eugenésicos, en cuyos casos tiene lugar la destrucción de
vidas humanas en estado embrional bajo pretextos diversos; las prácticas
abortivas en el inicio de la vida y la eutanasia para los ancianos y enfermos
irreversibles. Igualmente la política demográfica impuesta por los países ricos
a los países pobres. En lugar de tratar de resolver los problemas de la superpoblación
mediante una política familiar humana se promueven programas faraónicos de
anticoncepción, esterilización y aborto para los países pobres superpoblados.
En esta conjura contra la vida por
parte de los países ricos están implicadas instituciones internacionales,
dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la
anticoncepción, de la esterilización y
del aborto. Cómplices de esta conjura son con frecuencia los medios de
comunicación social creando en la opinión pública una cultura que presenta la
anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo
de progreso y conquista de la libertad al tiempo que descalifican a las
personas e instituciones comprometidas
con la defensa de la vida.
La
teoría de los derechos humanos se fundamenta precisamente en la consideración
del hecho de que el hombre, a diferencia de los animales y de las cosas, no
puede ser sometido al dominio de nadie en particular ni de las instituciones
públicas. Lo contrario conduce a la cultura de la muerte en la cual la
destrucción de vidas humanas, bajo pretextos científicos, terapéuticos y
políticos, termina formando parte integral de las costumbres arraigadas en
los pueblos y sus instituciones legales,
políticas y sanitarias. El destruir vidas humanas se convierte así en una
ocupación rutinaria socialmente aceptada con más generosa incluso que el robo o
la calumnia. Con la mentalidad de la cultura de la muerte ocurre que la
destrucción de vidas humanas inocentes e indefensas termina pareciendo justa y
razonable, cosa que no ocurre, por ejemplo, con el robo y la calumnia.
3. DEFINICIÓN DE LA BIOTANASIA EN SENTIDO AMPLIO
En el contexto de esta mentalidad reflejada en el
nazismo y la “cultura de la muerte” la biotanasia o muerte a la vida,
(bios=vida y thanatos=muerte) significa las diversas formas concretas de
producir y dar muerte a vidas humanas en el ámbito de la nueva disciplina
denominada bioética. Dicho lo cual, cabe hablar de biotanasia en sentido amplio
y en sentido estricto.
En sentido amplio la
biotanasia se refiere a todas las formas antiguas y modernas de destruir
directa y deliberadamente vidas humanas. Las formas clásicas por antonomasia de
destruir vidas humanas eran el aborto, la eutanasia, la guerra, los genocidios
y la pena de muerte. Sobre la guerra siempre se alegaron razones para
justificar esas matanzas humanas en nombre del principio de legítima defensa colectiva.
Actualmente ha aumentado la sensibilidad contras las guerras pero al mismo
tiempo se ha potenciado de forma dantesca la fabricación las armas de guerra cada vez más sofisticadas y
mortíferas.
Sobre la pena de muerte contra los
máximos criminales ni siquiera los que piden a su abolición cuestionan al
Estado su presunto derecho a penalizar con la muerte a determinados malhechores
en nombre del principio de defensa colectiva imponiendo la primacía del todo
social sobre los individuos humanos integrantes.
Sobre la eutanasia ha ocurrido algo
semejante a lo acontecido con el aborto. Hasta muy recientemente el provocar
directamente la muerte de los ancianos y enfermos irreversibles o de larga
duración de una manera dulce se interpretaba como un acto de inhumanidad y de
cobardía humana. Actualmente hay médicos y enfermeras que practican la
eutanasia por su cuenta hasta que son descubiertos pero las leyes civiles
tienden a proteger esas prácticas mediante su regulación legal. En este
contexto se habla del “suicidio asistido”. O lo que es igual, al suicida hay
que ayudarle a matarse. En el
contexto de la bioética la posibilidad de destruir vidas humanas con cobertura
legal se ha disparado, las espantosas técnicas abortivas tradicionales se han
sofisticado y las clínicas dedicadas a ese criminal servicio se han
multiplicado como hongos venenosos. Cada vez son más los ancianos y enfermos de
alto coste económico y asistencial que son eliminados en menos de lo que canta
un gallo y las leyes tienden a “regular” tan inhumano servicio para que todo se
haga bajo el control público de la ley y no en solitario o en la
clandestinidad.
Por
otra parte se ha logrado un espectacular avance en el descifrado del genoma
humano lo cual es un acontecimiento digno de ser celebrado. Pero al mismo
tiempo se ha abierto la posibilidad casi ilimitada de manipular a los seres
humanos desde sus genes, lo mismo para ayudarlos a disfrutar de una mejor calidad
de vida humana que para destruirlos anticipadamente o destinarlos a fines
inhumanos hasta ahora inimaginables. Por si esto fuera poco, muchos científicos
reclaman como buitres que se les autorice utilizar para fines científicos los
embriones “sobrantes” de las fecundaciones “in vitro”, los abortados y los
congelados. Algunos van más lejos y piden que se les permita producir ellos
mismos artificialmente embriones de laboratorio para utilizarlos como “bebés
medicamento”. O sea, para extraer de ellos las células troncales con fines
terapéuticos, o simplemente para realizar con ellos experimentos científicos.
En cualquier caso se trata de una forma de destruir científicamente vidas
humanas que tiende a convertirse en una rutina con cobertura legal. Se da así
la paradoja de que la bioética, que por definición es una cuestión de vida,
muchas veces es una cuestión de muerte. La bioética degenera así en biotanasia
o muerte a la vida. De todo lo cual se infiere que las formas de dar muerte a
la vida son muchas y todas ellas son biotanasia. Pero hay formas específicas
solapadas en la bioética y que llamamos biotanasia en sentido estricto. Veamos
cómo y de qué manera.
4. DEFINICIÓN DE LA BIOTANASIA EN SENTIDO ESTRICTO
La
biotanasia tomada en sentido estricto significa las diversas formas de
destruir vidas humanas en el ámbito de la nueva disciplina denominada bioética
alegando motivos científicos, terapéuticos, sociales, raciales y sexualmente
discriminatorios. Toda acción en el campo de la bioética que implica
destrucción directa y voluntaria de alguna vida humana a partir del momento de
la fecundación es biotanasia. Así, la eutanasia, el aborto y todas las demás
formas de destruir vidas humanas son formas de biotanasia. Hecha esta
aclaración cabe destacar como áreas específicas de la biotanasia en el contexto
de la bioética en sentido estricto las siguientes.
5. ÁREAS ESPECÍFICAS DE LA BIOTANASIA
Área de
la genética. La biotanasia abarca
todas aquellas intervenciones sobre el genoma humano que conllevan manipulación
o destrucción del mismo con fines eugenésicos, reproductivos, terapéuticos o
exclusivamente científicos. La terapia génica, por ejemplo, constituye un
capítulo fascinante y esperanzador de la bioética pero las intervenciones sobre
el genoma pueden degenerar en prácticas racistas neo-nazis mediante la
selección genética del genoma o la utilización del mismo con fines
estrictamente científicos.
Área
de la reproducción humana de laboratorio. Como es sabido, en el campo
de la reproducción humana de laboratorio la producción de varios embriones por
razones pragmáticas es una práctica rutinaria. Ha surgido así la polémica
cuestión de los “embriones sobrantes”. ¿Qué hacer con ellos? Hasta ahora su
destino fatal ha sido la destrucción de los mismos de formas diversas, pero
todas ellas al final mortíferas. Esto es biotanasia pura y dura en el contexto
de la bioética dominante.
Área
del diagnóstico prenatal, del aborto y de la eutanasia. La práctica del
diagnóstico prenatal es siempre sospechosa. Hay ginecólogos que aconsejan dicho
diagnóstico no porque estén interesados en salir al encuentro, ya desde el seno
de sus madre, de los problemas de salud del que va a nacer, sino todo lo
contrario. De lo que se trata en realidad es de saber si lo que se está gestando
es niño o niña, chequear su estado de salud y destruirlo provocando el aborto
si no responde a los deseos y expectativas de los padres. Cuando el diagnóstico
prenatal va así asociado al aborto y no a la terapia prenatal nos hallamos ante
una obra de muerte y por lo mismo en el campo propio y específico de la
biotanasia.
Área
de la investigación científica. Es el caso de los investigadores que
producen, utilizan y destruyen los fetos humanos a fin de incrementar nuestro
conocimiento. Tradicionalmente las investigaciones médicas y farmacológicas se
llevaban a cabo utilizando primero animales selectos de usar y tirar sobre los
cuales se realizaban todos los experimentos necesarios para garantizar la
utilidad de los fármacos para las personas. Ahora existe una tendencia brutal a
experimentar directamente con fetos humanos y con enfermos desahuciados. A
estos profesionales les parece que el incremento más rápido del conocimiento
científico en sí mismo es más importante que la vida de las personas que hayan
de morir durante el proceso de esos experimentos. Aparte de absurda, esta
mentalidad es muy peligrosa y cae obviamente en el campo de la biotanasia.
Área
de la investigación terapéutica y de los “niños medicamento”. Como es
sabido, la producción, natural o artificial, de los denominados “niños
medicamento” lleva consigo la producción y destrucción de embriones humanos
para ser utilizados después como los clásicos “conejillos de indias” por
motivos terapéuticos en el contexto de la nueva eugenesia o neo-nazismo
infiltrado en la bioética. Se producen embriones humanos para extraer de ellos
las “células madre”, para ser utilizadas después como medicinas. Objetivamente
este procedimiento lleva consigo la producción de embriones humanos en el
laboratorio para ser destruidos al extraerles las células madre con la
intención de curar la enfermedad de otros. En la práctica este procedimiento se
lleva a cabo en un contexto emocional y sentimental muy elevado pero ello sólo
contribuye a que la brutalidad objetiva del mismo pase lo más desapercibida
posible.
6. LA BIOTANASIA DE ESTADO
La biotanasia, hemos dicho, es una palabra nueva que significa todas
las formas de destruir vida humana en el contexto de la bioética. En este
contexto la biotanasia de Estado es también una expresión nueva que pone
en evidencia la brutalidad del Estado de Derecho cuando promueve o se hace
cómplice de la destrucción de vidas humanas en general y de modo especial en el
contexto de la bioética. Tal promoción o complicidad se lleva a cabo dando
cobertura legal al aborto, la eutanasia, la procreación humana de laboratorio,
algunas investigaciones sobre el genoma humano y la protección legal de
clínicas donde se practican los abortos. Sin olvidar la protección legal de
técnicas de reproducción humana de laboratorio las cuales conllevan la
destrucción rutinaria de embriones humanos. Pero vayamos por partes aunque sólo
sea de una forma sucinta y esquemática.
Entrados en el siglo XXI resulta
ineludible destacar el rol del presunto Estado
de Derecho en materia de biotanasia. De hecho los Parlamentos de todos
los países del mundo han legislado ya sobre estas cuestiones y existe un cuerpo
jurídico impresionante a sobre las mismas a escala mundial. Paralelamente
existe un cuerpo doctrinal de la Iglesia sobre las mismas cuestiones. Pues
bien, cuando la muerte de seres humanos se produce como consecuencia de
decisiones tomadas con el respaldo legal
de profesionales del poder político y legislativo tiene lugar la biotanasia de
Estado.
Llamamos, pues, biotanasia de
Estado a toda forma de destruir vidas humanas en nombre del Estado de
Derecho. Nos hallamos ante una obra de muerte impuesta o favorecida por las
personas e instituciones que ejercen el poder político y legislativo en la
sociedad. De una forma simple y esquemática cabe describir la génesis y proceso
de este lamentable fenómeno del modo siguiente.
Primero empezaron los moralistas a
discutir académicamente sobre el trato científico que algunos estaban dando a
la vida humana a raíz de la segunda guerra mundial. Luego se produjo la
división de opiniones en la medida en que algunos empezaron a justificar las
prácticas abortivas respetando unas condiciones previamente consensuadas. Otros
idealizaron el ejercicio de la libertad y de la promoción del progreso
científico relegando a un segundo plano el valor troncal de la vida humana
desde su orto hasta su ocaso natural. En este caldo de cultivo los cuerpos
legislativos se aplicaron a la creación de leyes favorables a esta mentalidad y
los políticos de turno más irresponsables la sancionaron aprobando leyes en
materia de bioética favorables a la práctica de la biotanasia. Como es sabido,
una vez que se aprueba una ley, el Estado se compromete a facilitar su
cumplimiento penalmente si fuere menester, al margen de que objetivamente la
ley sea buena, mala, justa o injusta. Este criterio se aplica literalmente a la
biotanasia.
7. ÁREAS ESPECÍFICAS DE LA BIOTANASIA DE
ESTADO
Cabe destacar las siguientes:
Los conflictos
bélicos y el terrorismo de Estado; holocaustos y genocidios; la pena de muerte como castigo legal; la legalización
de las prácticas abortivas y de la eutanasia activa; legalización de todas las
prácticas biomédicas que llevan consigo la destrucción de embriones humanos, por
ejemplo, el diagnóstico pre-implantatorio con fines abortistas, racistas o
discriminatorios; el uso y destrucción de los “embriones sobrantes”, por razones
científicas, o simplemente pragmáticas, en el contexto de las técnicas de
reproducción in vitro y de la clonación humana; la destrucción de
embriones humanos, producidos natural o artificialmente, para ser utilizados
como “bebés medicamento”; la destrucción de embriones humanos congelados al
cabo del periodo de tiempo legalmente autorizado para su conservación.
Por
extensión cabe hablar también de biotanasia de Estado cuando la obra de muerte
se lleva a cabo en los hospitales o centros de salud por decisión de los Comités de Ética o
Bioética, los cuales toman decisiones mortíferas sobre determinados pacientes
de acuerdo con normas y reglamentos internos legalmente autorizados. Hay
biotanasia de Estado, objetivamente hablando, siempre que se realiza
deliberadamente una obra de muerte al amparo de una ley pública o de una
normativa privada no desautorizada.
Como
ejemplos prácticos emblemáticos de biotanasia de Estado cabe destacar
las decisiones que desde 1994 empezaron a tomar algunos Gobiernos con vistas a
destruir todos los “embriones sobrantes” que llevaban cinco años en el
congelador. En 1996 el Gobierno británico, por ejemplo, tomó una decisión
draconiana al respecto y en el 2009 el nuevo presidente de los Estados Unidos
se apresuró a levantar las restricciones económicas vigentes contra el uso y
abuso científico de embriones humanos alegando pretextos terapéuticos.
8. VALORACIÓN ÉTICA DE LA BIOTANASIA
A la luz de
la descripción que terminamos de hacer de la biotanasia está claro que todas las prácticas biomédicas, jurídicas
y políticas que caen bajo su denominación son objetivamente malas en la medida
y proporción en que todas ellas llevan consigo la destrucción directa y
deliberada de alguna o varias vidas humanas desde el momento matemático de su
fecundación (natural o de laboratorio) hasta su ocaso natural o fecha de
caducidad marcada en el código genético. La bioética tiene la noble misión de
ayudarnos a que esa fecha de caducidad no se adelante y, si es posible,
contribuir a que se posponga. Esto se consigue en la práctica llevando una vida
personal y social sana de cuerpo y espíritu.
La
biotanasia, por el contrario, implica que unos seres humanos decidan sobre su
vida propia y la de los demás como si fuera un puro objeto material de su
propiedad del que pueden deshacerse o destruirlo cuando les apetezca sin rendir
cuentas a nadie. Pero aquí cabe decir que con la vida hemos topado y cuando
esto ocurre el respeto incondicional a la vida ha de prevalecer sobre las
ideologías, las creencias religiosas, costumbres sociales y códigos
legislativos que inducen o convalidan de alguna forma la destrucción directa y
deliberada de vidas humanas.
La biotanasia no encontrará ningún
abogado defensor ante el tribunal del sentido común y del uso correcto de la
razón. Pero además del tribunal universal de la razón está el tribunal
teológico de la revelación cristiana. En este tribunal de suprema instancia el
Juez es directamente Dios, fuente suprema del ser y de la vida. Ahora bien, la
teología cristiana enseña que todo individuo de la especie humana o persona es
un reflejo o imagen de Dios de tal modo que lo que hacemos a favor de la vida
humana (bioética) es como si a Dios se lo hiciéramos, y lo que hacemos en
contra de la vida humana (biotanasia) es como si lo hiciéramos contra Dios. Es
paradójico y hasta cierto punto comprensible que los tribunales humanos de
justicia traicionen con frecuencia su función de administrar bien la justicia.
Lo que no cabe pensar es que la justicia divina vaya a dejar impunes e irse de
rositas a quienes han maltratado y destruido vidas humanas en este mundo y no
se han retractado de ello. Esta observación es válida para creyentes y no
creyentes en Dios. NICETO BLÁZQUEZ, O.P.
Términos
relacionados: ética, bioética,
biojurídica, biotecnología.
BIBLIOGRAFÍA
N.
BLÁZQUEZ, Genómica y biotanasia:
Studium 40 (2000/3) 491-537. Bioética y biotanasia: Studium 48
(2008/2) 239-275. Bioética y biotanasia,
Ed. Vision Libros, Madrid 2010. La
biotanasia o el reverso de la bioética, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2011.
JUAN PABLO II, Encíclica “Evangelium
vitae”, sobre el valor inviolable de la vida humana (25/III/1995).
NOTA:
Este texto fue publicado en el Nuevo
Diccionario de Bioética, 2ª edición (Editorial Monte Carmelo, Burgos 2012).
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