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LA TUNA UNIVERSITARIA
En
la cordillera de Carpetonia,
Había
muchos universitarios,
Que
cantaban cantos de amor,
En
verano y en los aniversarios.
Como
los buenos estudiantes,
Disponían
de muy poco dinero,
Que
lo gastaban en la taberna,
Pero
con gran ciencia y salero.
Además
de comer y estudiar,
Se
necesitaba también bailar,
Con
las jóvenes compañeras,
Teniendo
siempre que pagar.
Ellas
no les pedían a ellos nada,
Pero
esperaban recibir un favor:
Oír
las canciones más hermosas,
Escritas
para ellas en el corazón.
Cuando
todos bailaban alegres,
En
un espacioso y discreto salón,
Un
solista con su guitarra cantó,
Esta
muy dulce canción de amor.
¡Qué
te daré yo, mi niña hermosa,
Para
hacerte feliz en tu situación!
Y
ella con su tierna voz suplicante:
Sólo
te pido tu amor, le respondió.
El
solista iba cantando estrofas,
Pidiendo
limosna para comer,
Y
aprovechando los descansos,
Se
pasaba la gorra para recoger.
El
solista terminó su repertorio,
Que
era el de siempre repetido,
De
evocaciones muy amorosas,
Para
gratificar al más torpe oído.
Una
de entre todas ellas muy oída,
Era
esta que recordamos de rigor,
Que
era como el estribillo gracioso,
Que
se repetía con ternura y amor.
No
tengo dinero pero sí un corazón,
Te
lo ofrezco como ofrenda de vida,
Para
que tú tomes posesión de mí,
Y
yo pueda adorarte como a mi diva.
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