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COPOS DE AMOR
En
la república carpetovetónica,
Existían
del tiempo estaciones,
Y
en todas ellas había un lugar,
Para
intercambiar los corazones.
Cuando
comenzaba ya el otoño,
Los rostros de todos los árboles,
Se
disfrazaban como camaleón,
Pero
como si fueran los ángeles.
Luego
llegaba el gélido invierno,
Y
los corazones parecían helarse,
Pero
se produjeron las sorpresas,
Y
así jamás llegaron a congelarse.
La
pijotera Mabel de siempre,
No
daba puntada sin su dedal,
Y
prueba evidente de todo ello,
Es
lo que vamos ya a escuchar.
Siguiendo
su buena costumbre,
Sacó
de su archivo unas páginas,
Escritas
desde el más alto cielo,
Y al leerlas soltó unas lágrimas.
Abrió
pues sus azules y bellos ojos,
Aunque
sabía el texto de memoria,
Y
comenzó a leerlas como una diva,
Que
convierte el amor en su gloria.
Son
los copos de un amor nevado,
Para
ti y yo tiernamente abrazados,
Recíbelos
como copitos de mi amor,
O
como lluvia de besos a tu agrado.
Pero
recíbelos como más prefieras,
Lo
importante es habernos amado,
Y
como Dios lo quiere de nosotros,
Según
el ejemplo que nos ha dado.
Tomó
la palabra el rancio filósofo,
Y
expuso esta su sabia conclusión:
Amar
o no amar como Dios manda,
Esta
es la verdadera gran cuestión.
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