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EL CORAZÓN DEL PIANO
Que
la música es cosa de locos,
Pero
todo tiene una explicación,
Aunque
la descubran sólo pocos.
La
música es un lenguaje difícil,
No
se aprende sólo con la razón,
Hay
que activar los sentimientos,
Para
componer himnos de amor.
En
las diversas claves musicales,
Podemos
hablar mucho de todos,
De
lo más bueno y también malo,
Componiendo
en diversos modos.
El
tono mayor es el más tentador,
Para
hablar en modos masculinos,
Pero
los menores responden luego,
Defendiendo
los fueros femeninos.
Componer
partitura en modo mayor,
Es
como hablar con voz altisonante,
Para
infundir temor a los oyentes,
Con
melodías altivas y desafiantes.
Pero
los modos menores no callan,
Pues
replican con dulzura y astucia,
Con
melodías dulces y halagadoras,
Como
palomas torcaces con batuta.
Pocas
veces ambas modalidades,
Se
hablan con grandes monólogos,
Lo
más frecuente es la alternancia,
Escuchándose
como los astrólogos.
Sea
todo ello como fuere o deje ser,
Los
buenos músicos son personajes,
A
los que es muy difícil vestir bien,
Aunque
un sastre corte sus trajes.
Según
algunos entre admiradores,
Unos
son locos sueltos inofensivos,
Que
con sus músicas nos encantan,
Y
elevan nuestro ánimo deprimido.
Según
otros no menos inteligentes,
Hay
músicas raras y deprimentes,
Que
ni a Dios en las alturas agradan,
Ni
a la más cuerda y razonable gente.
La
música, dicen sus grandes genios,
Es
melodía y matemáticas perfectas,
Con
ritmo riguroso y muy controlado,
Como
la fruta madura en las cestas.
Al llegar a este momento del discurso,
La
pijotera y rubia Mabel de siempre,
Pidió
la palabra para hablar por todos,
Llamando
al amor conscientemente.
En
mi modesta opinión de discente,
La
música buena nos habla de amor,
Cuando
gratifica nuestra inteligencia,
Y
aporta consuelo a nuestro corazón.
Los
ruidos rimados muy estridentes,
Son
malos para los oídos más sanos,
Destruyen
nuestro sistema nervioso,
Y
dañan la inteligencia de los sabios.
Si
no sabes hacer música con amor,
Deja
ese trabajo y busca otro mejor,
Mejor
vivir pobres sin mala música,
Que
muy ricos con música sin amor.
Cuando
Mabel dijo estas palabras,
Un
oyente protestó él enfurecido,
Como
si Mabel le hubiera tocado,
Con
un gran cencerro en los oídos.
Acostumbrado
como él ya estaba,
A
componer música para violentos,
No
podía comprender en absoluto,
Que
la componía para los jumentos.
Pero
el rancio filósofo allí presente,
Zanjó
al asunto como de costumbre,
Alejando
la leña del grande incendio,
Para
mantener el fuego de la lumbre.
En
música como en cualquier idioma,
Es
posible hablar de rencor y del amor,
Por
eso es necesario tener bien afinado,
El
piano de nuestro humano corazón.
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