PASEOS DEL AMOR
Había
paisajes de gran belleza,
Que despertaban
sentimientos,
Y
estimulaban mucho la cabeza.
Un día
apenas nacido ya el sol,
Mabel
envió un mensaje corto,
A su
viejo maestro el filósofo,
Con
gracia y con mucho gozo.
Ha
nacido la bella primavera,
Y con
ella la hora de despertar,
De la tiniebla
de la ignorancia,
A la luz
de la razón y la verdad.
Conocido
el sugestivo mensaje,
Por los
seguidores del filósofo,
Se
dieron cita luego todos ellos,
Con
ilusión y mucho alborozo.
Primero
miraron a los cerros,
Luego
pensaron en los valles,
Sin olvidarse
del río cristalino,
Ni de
otros hermosos parajes.
Después
de mucho discernir,
Para
decidir dónde empezar,
Alguien
sugirió casi sin pensar,
Que el
mejor lugar era el Pinar.
Sentados
en alfombra de flores,
Exóticas
y vitales como la vida,
El perfume
de los pinos albares,
Los
cubrió como madre a hija.
Y fue
entonces cuando Mabel,
Rebosando
de alegría y candor,
Dijo que
tenía un bello secreto,
Sobre el
gran misterio de Dios.
Echando
una mirada serena,
Hacia el
cielo azul y las tierras,
Se quedó
absorta y extasiada,
Sin
ningún miedo a las fieras.
Era
ruido que sólo se podía oír,
Con la
inteligencia y el corazón,
Cuando
potenciados con belleza,
Irrumpen
con placer en la razón.
Luego la
pijotera y bella Mabel,
Comenzó
a hablar muy salerosa,
Haciendo
un comentario de paso,
Tomando
en sus manos una rosa.
¡Qué
hermosa tú entre las flores!,
¡Y qué
tiernos tus dulces pétalos!
Quien no
sepa conocer tu crianza,
No podrá
él nutrirse a tus pechos.
Luego
tomó en sus manos un lirio,
Y lo
besó como una madre al hijo,
Mostrando
a todos su hermosura,
Tal y
como Dios el Creador la hizo.
Después
de un repaso general,
De toda
las belleza del entorno,
Mabel
quiso deducir conclusión,
Como
filósofa de tomo y lomo.
Si tan
grande es la belleza creada,
Y más
hermoso todavía es el amor,
¡Cuán
hermoso y grande será Dios,
Que todo
ello con su amor lo creó!
Después
de este tan amoroso final,
Todos
guardaron profundo silencio,
Rumiando
las bellas palabras oídas,
Guardándolas
en sus sentimientos.
Pero
esto no fue todo lo prometido,
Pues
Mabel tenía más que añadir,
Y así
retomó la palabra dulcemente,
Como
llama de un luminoso candil.
Descansa
tú mi amor como ángel,
Que yo
velaré tus sueños con amor,
Y si
tienes miedo a la noche oscura,
Ven a
dormir dentro de mi corazón.
Al
despertar con la aurora boreal,
Yo te
tomaré en mis fuertes brazos,
Y te
llevaré por los bosques vecinos,
Para que
respires amor en regajos.
Acostados
en colchones de hierba,
Miraremos
juntos hacia el cielo azul,
Buscando
a Dios en nubes de plata,
Todas
blancas y hermosas como tú.
Cuando
haya salido el radiante sol,
Quedará
él eclipsado viéndote a ti,
Tomando
un desayuno con amor,
En una
mesita de oro y de marfil.
Penetraremos
luego en el océano,
Para
olvidar penas del desamor,
Causadas
por los más insensibles,
A la
sencillez de tu dulce corazón.
Terminado
ya nuestro baño de amor,
Nos
daremos un paseo en el bosque,
Guiados
por un caballito muy blanco,
Que nos
espera recostado a un poste.
Querido
mío, replicó la dulce amada,
Creo que
tenemos de todo lo mejor:
Vivir
respirando muy profundamente,
Aire
saludable y perfumado de amor.
Este
documento bien leído por Mabel,
Dejó a
todos estupefactos y sonrientes,
Pensando
que se trataba de algo suyo,
Como
regalo de hermosos pendientes.
Pero
Mabel siempre muy pijotera ella,
Adivinó
sus suspicaces pensamientos,
Y les
dijo toda la verdad sin temores,
Hablándoles
con amor en sus adentros.
La
amante soy yo y el amante eres tú,
Dijo a
uno de los muchos allí presentes,
No
sientas vergüenza de amarme a mí,
Si no
quieres que te rompa los dientes.
Todos al
unísono exclamaron felices,
Con
grito dulce salido de sus pechos:
Mabel,
ahora ya te conocemos mejor,
Déjanos
comerte con nuestros besos.
Pero el
filósofo tomó luego la palabra,
Mientras
Mabel enjugaba sus lágrimas,
Para
añadir algunas aclaraciones útiles,
Evitando
interpretaciones poco claras.
El amor
verdadero es un gran tesoro,
Oculto
en los corazones más nobles,
Para
ponerlo al descubierto todo el día,
Sin la
necesidad de luz de los faroles.
Quien
ama de verdad a su prójimo,
No
presume ni se envanece amando,
Ama
siempre y a todas las personas,
Sin
avisar por ello dónde ni cuándo.
El
verdadero amor humano deseado,
Es
silencioso y altamente elocuente,
Como las
aguas cristalinas potables,
Brotando
a todas horas de la fuente.
Un día
por la mañana y temprano,
Mabel
recibió mensaje mañanero,
Cifrado
en palabras muy hermosas,
Y que
ahora con gran gusto refiero.
Buenos
días yo deseo a mi amor,
Y
ofreciéndote mi pobre corazón,
No puedo
amarte como tú a mí,
Pero
cuento con tu comprensión.
Inmenso
es tu corazón conmigo,
Y por
ello doy las gracias a Dios,
Para que
el su amor no nos falte,
En este
valle de lágrimas y dolor.
Mi
corazón es demasiado chico,
Replicó
su amante compañero,
Y por eso
te repito tantas veces:
Amor
mío, yo te amo y te quiero.
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