EL AMOR DEL ALMENDRO
Dijo un rosal a su
rosa amada,
Que por amor ella
se dormía,
Con facilidad y
mucha alegría,
Aunque no hubiera
almohada.
Al clarear de un hermoso
día,
El rosal invitó a
la tierna rosa,
A desayunar como
hermanos,
En una playa muy
primorosa.
¿Qué te parece este
rinconcito?
¿O prefieres tú
otro más mejor?
La rosa hizo hablar
a un pétalo,
Que con dulce amor
respondió.
Después de
felizmente dormir,
Yo prefiero este
rinconcito azul,
Desayunar con café
y churros,
Y soñar como un
niño andaluz.
La playa es
realmente hermosa,
El entorno natural
de ensueño,
Pero más que todo
ello eres tú,
Por eso de corazón
yo te quiero.
Este mensaje
amoroso de la rosa,
Preparó la
respuesta de su rosal:
Las olas del mar se
han calmado,
Para sólo a ti la
rosa linda mirar.
Durante el paseo
por el bosque,
Que la rosa y rosal
se solían dar,
La rosa quiso
romper su silencio,
Con palabras dignas
de recordar.
Sí, al despertar yo
de mis sueños,
Me miro en ti como
en un espejo,
Admiro tu belleza y
gran ternura,
Y me duermo como un
lirón viejo.
Pero la vida no es
siempre sueño,
También lo es
caminar con riesgo,
Sin saber de dónde
hemos salido,
Ni cómo será el
previsto destierro.
La rosa pidió hacer un descanso,
Invitó al rosal a
tomar un banco,
Y se sentaron como
enamorados,
Tratando de dar
allí en el blanco.
Es un regalo el que
Dios me hace,
Comentó la rosa con
rostro serio,
Caminar por esta
vida junto a ti,
Para llegar sin
dificultad al cielo.
Después de un
respetable silencio,
La rosa prosiguió
ella su discurso,
Con este dicho
lindo de requiebro:
Contigo al cielo y
por eso te quiero.
Después de otro
respetable silencio,
El rosal tuvo él su
turno para hablar,
Con palabras
ciertamente conocidas,
Pero que no se han
de olvidar jamás.
Pues yo también
tengo la impresión,
De que el camino
del amor personal,
Es el camino más
seguro para viajar,
Hasta Dios y para
toda la eternidad.
Y los dos muy
felices y complacidos,
Rosal amante y su
linda rosa amada,
Musitaron a coro
esta bella oración:
Gracias Dios mío
desde madrugada.
Como final del
paseo por el bosque,
Contemplaron un
almendro en flor,
Y admirando la
belleza de sus flores,
Hicieron una
interesante reflexión.
La vida es como un
almendro en flor,
Cuyas flores nacen
y mueren pronto,
Pero sobrevive en
invierno y verano,
Como el rosal
después del tramonto.
El almendro es el
amor pero personal,
No cualquiera clase
de amor efímero,
Que se lo lleva
hasta el viento ligero,
Dejándonos sólo los
abrojos y espinos.
Pero poco tiempo
hubo luego de pasar,
La rosa amante
pidió al rosal amador,
Que hiciera crónica
de lo que ocurrió,
Durante ese
desayuno de tanto amor.
Y el rosal que era
un buen cronista,
A su amada rosa
gran historiadora,
Envió una crónica
de sus recuerdos,
Que sólo ella
comprende por ahora.
Era en invierno y
hacía mucho frío,
Y los almendros ya
estaban en flor,
Arrópate tú bien,
te dije, amor mío,
Con ese abrigo
caliente de tu amor.
Y al amanecer del
otro nuevo día,
Fuimos a tomar el café calentito,
Paseando por la
calle de tu cariño,
Muy contentos como
dos niñitos.
Llegados a la
orilla del mar azul,
Y acomodados en la
linda terraza,
No hizo falta
llamar al camarero,
Porque al verte llegó
uno a gatas.
Tan pronto nosotros
llegamos allí,
Todos ellos
pusieron en ti la vista,
Sacaron sus cámaras
del bolsillo,
Y te hicieron linda
foto de artista.
Pero un reportero
muy inteligente,
Vino también entre
los camareros,
Se sentó con gran respeto
a tu lado,
Y habló con
hermosos requiebros.
Es usted una gran
artista del amor,
Se nota que nació
para mucho amar,
Durante las noches
y todos los días,
A sus amigos y a
toda la humanidad.
Pues sí, llegó
presurosa la primavera,
Y los almendros se
visten con flores,
Pero nadie de ellos
la iguala a usted,
En amor, hermosura
y admiradores.
Un almendro en flor
y muy discreto,
Al oír esta
declaración de gran amor,
Se puso muy celoso
y decidió hablar,
Para aclarar estas
cosas con la razón.
Entre tú y yo dijo el
almendro en flor,
Hay algo en común y
muy hermoso,
Es que ambos
producimos las flores,
Por el puro amor y
con grande gozo.
Pero hay también
diferencia esencial,
Entre tus flores de
siempre y las mías,
Tú las produces en
el calor y en el frío,
Yo sólo en
primavera sin noches frías.
Las flores de tu
amor no mueren nunca,
Las mías por el
contrario y con tristeza,
Nacen muy hermosas
y con gran salud,
Pero caen al suelo
y mueren sin pereza.
Terminado este
breve y tierno diálogo,
El rosal formuló su
propia conclusión,
Con sus palabras
breves bien medidas,
Como consta en un
reportaje de amor.
El rosal tomando de
la mano a su rosa,
Y olvidándose del
trinar de un jilguero,
Dijo en voz bajita
sin ningún misterio:
Que Dios me oiga
porque yo te quiero.
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