FANTASIA Y REALIDAD
Había gente muy lista y tontos,
Unos eran realistas muy brutos,
Y otros imaginativos muy locos.
Te estoy contemplando bailar,
Como a una pirindola de amor,
Eres una artista muy hermosa,
Irradiando simpatía y primor.
Pero he visto tu nuevo retrato,
Obra de tus manos primorosas,
Pintado con un pincel amoroso,
Diseñado con pétalos de rosas.
Yo he terminado ya de almorzar,
Cuando tú aún estas comiendo,
Y me has prometido un postre,
Dulce como tú para mi sustento.
Tan hechicera como siempre,
Me has dicho tú muy coqueta:
Tan pronto termine de comer,
Te envío mi postre y contenta.
Pero tú acuéstate muy tranquila,
Y descansa hasta por la mañana,
Porque yo tengo para ti pensado,
Que estés más tiempo en la cama.
Tengo para ti una gran sorpresa,
Con la ilusión de poderte agradar,
Quisiera llevarte a un lugar lindo,
Para amarte allí sin yo descansar.
En el ancho océano del amor,
Hay una isla con una torre alta,
Te subiré en brazos a la terraza,
Y nos abrazamos hasta el alba.
Pero antes déjame que te bese,
Antes de iniciar nuestra subida,
Para robustecer más mi fuerza,
Con tu amor lindo sin medidas.
La amante ella y muy hechicera,
Subida en los brazos del amado,
Pidió descansar por un instante,
Para darle un besito de soslayo.
Después de haber llegado al fin,
De su caminar hacia las alturas,
Ambos los dos miraron al cielo,
Como rosa y el rosal con dulzura.
Qué lindo es el cielo y tan azulito,
Gimió ella toda muy embelesada,
Nunca antes había yo imaginado,
Sentirme tan amada de esposada.
Pues así estaban las cosas por allí,
Cuando el amado hizo la promesa,
De componer unos versos de amor,
Con una música por él compuesta.
Luego ambos amantes se sentaron,
En dos confortables sillas del mar,
Y contemplando felices el cielo azul,
Comenzaron tranquilos a dialogar.
Después de horas de conversación,
Y sin sentirse cansados por hablar,
Llegaron a las conclusiones finales,
Que yo quisiera ahora recomendar.
El enamorado inmaduro es egoísta,
Pero el amante personal es generoso,
Cuando ama da de lo suyo sin pedir,
Mientras el enamorado es pegajoso.
El enamorado miente por las nubes,
Razona poco y piensa del otro mal,
Pide todo el tiempo para sí mismo,
Olvidándose siempre de lo suyo dar.
Pero el que ama con amor personal,
Da siempre él de lo suyo más propio,
Sin esperar pago justo por su amor,
Como quien hace debido desapropio.
Confundir amor con enamoramiento,
Es como confundir el fuego con agua,
Quien esto hace sin el discernimiento,
Quema o ahoga muy pronto su alma.
Una avutarda que oyó este comentario,
Hizo para sí misma profunda reflexión,
Como consta en las crónicas del amor,
De mujer usada como carne de cañón.
Una puta por dinero soporta hombres,
Para sobrevivir malamente sin honor,
Y yo soporto a mi marido con obsesión,
Sin otro consuelo que el amor de Dios.
Terminado este apasionante diálogo,
Mirando al cielo azul desde la terraza,
Descendieron de nuevo hasta la tierra,
Como amantes verdaderos de la raza.
Al día siguiente ya muy de mañana,
La dulce amante y señora hermosa,
Envió un mensaje lindo a su amado,
El cual respondió como a una rosa.
Si tan felices somos por nuestro amor,
En este mundo de odios y de rencores,
Mucho más felices seremos muertos,
Y resucitados por Dios sin los dolores.
Te quiero más que ayer muchísimo,
Yo solamente he nacido para amar,
Por ello me siento muy feliz contigo,
Pues eres para mí aire para respirar.
El aire que tú tan profundo respiras,
Es el muy misterioso amor divinal,
Por ello tú eres feliz amando mucho,
A quien te ama o no te quiere amar.
Has sufrido mucho durante los días,
Y no menos durante oscuras noches,
Sin tú gustar la dulzura de los besos,
Recibiendo muchos falsos reproches.
Que Dios sea bendito por los siglos,
Y con su amor nos cuide Él a los dos,
En este peregrinar entre las espinas,
De maldades absurdas y el desamor.
Buenas noches al final de este día,
Desde lo profundo de mi corazón,
Que tengas tú una noche muy feliz,
Respirando el perfume de mi amor.
Buenos días y gracias por tu amor,
Replicó el bienaventurado amado,
A su hermosa y muy dulce amada,
Como jilguero que ha sido avisado.
Dime a dónde quieres que te lleve,
Donde poderte amar y sin reservas,
Sin miedo a ser luego envenenados,
Alimentándonos con malas hierbas.
No tengas miedo le respondió ella,
A la mala hierba de mi amor lindo,
Con ella te curaré enfermedades,
Y con ayuda de mi médico divino.
Pero dime quién es el divino médico,
Experto en las dolencias del desamor,
Porque tú le debes conocer muy bien,
Y puedes decírmelo sin ningún temor.
Ella se emocionó con tan lindo deseo,
Y se apresuró a responder a su amado,
Echándose con gran amor a su cuello,
Dando gracias a Dios por el gran regalo.
A este requiebro tan amoroso y tierno,
El bienaventurado hombre tan amado,
Se confesó ante su dulce y bien amada,
Como un pecador por Dios perdonado.
Pero ¿qué pecado ha cometido mi amor,
Del que tanto bien yo estoy recibiendo?
Se preguntaba con quejido tembloroso,
Aquella bella y feliz criatura sonriendo.
Y el bienaventurado y dichoso amador,
Perdió una vez más el miedo y temblor,
Confesó por segunda vez el su pecado,
Y su amada con gran amor le escuchó.
Si te soy sincero como de costumbre,
Como caballero sincero y con honor,
Prefiero contemplar tus dulces ojos,
Para quedarme yo ciego por tu amor.
El filósofo rancio de la gran república,
Que discretamente siguió este diálogo,
Reflexionó con calma y con prudencia,
He hizo este sustancioso comentario.
Al final de nuestra existencia terrenal,
Sólo el amor personal es indispensable,
Para viajar seguros por el otro mundo,
Sin armas de desamor y de los sables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario