LA POSVERDAD
MENTIRA
El filósofo rancio de la Carpetonia,
Tenía él la costumbre de preguntar,
De escuchar mucho con paciencia,
Y de pensar la cosa antes de hablar.
Un día muy hermoso de primavera,
Se fue al campo con sus discípulos,
Los invitó a tumbarse en la pradera,
Y les habló de asuntos muy prolijos.
Pero la polémica y muy rubia Mabel,
Que no daba ella puntadas sin dedal,
Pidió la palabra con mucha premura,
Para poner al filósofo en su pedestal.
Maestro, tal vez usted no sabe algo,
De lo que se habla en esta república,
Que debería saber para su bienestar,
Si no quiere vivir como la prostituta.
Y como Cristo a sus fieles discípulos,
El filósofo respondió con la pregunta:
¿Quieres decirme qué piensan de mí,
Los que acerca de mí ellos disputan?
Mabel insistió como era su costumbre,
Haciendo al filósofo una pregunta más:
Sabes lo que la gente dice por ahí de ti?
Yo te lo diré con gusto para tu utilidad.
El filósofo muy tranquilo entró al trapo,
Para torear al toro bravo de la verdad,
Poniendo a la rubia Mabel en el aprieto,
De tenerle que confesar su ingenuidad.
¿Está segura de que dicen la verdad?
No, pero lo he oído decir por las calles,
Sin yo poder recordar ahora a quiénes,
Y sin haberme metido en berenjenales.
Te comprendo, respondió el filósofo,
Pero dime si eso que dicen es bueno,
Para yo ponerlo en cuenta corriente,
Y poder vivir feliz sin el apoyo ajeno.
No, maestro, lo que dicen de usted,
No es nada bueno sino mucho malo,
Yo no conozco a quienes así hablan,
Pero le aconsejo que tenga cuidado.
Después de un suspense de silencio,
El filósofo volvió a tomar la palabra,
Para formular una pregunta ya final,
A su discípula intrigante muy amada.
¿Crees que es necesario que sepa yo,
Lo que la gente piensa por ahí de mí,
Si ello no es verdad, ni bueno ni útil,
Para ser un hombre honrado y feliz?
Esta era la pregunta muy esperada,
Por la hermosa e inteligente Mabel,
Que con gusto y razonada precisión,
Se apresuró sonriendo a responder.
¿Para qué decir mentiras y hacer mal,
Fastidiando y con placer a los demás,
En un mundo de pillos y de ladrones,
Que roban mente y corazón sin piedad?
Esta fue la respuesta más verdadera:
Porque mintiendo y haciendo el mal,
Nos imponen el uso de cosas inútiles,
Para vivir del cuento de la posverdad.
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