JESÚS TENTADO EN EL DESIERTO
(Mt 4,1-11.
Lc 4, 1-13. Mc 1, 12-13)
Jesús
se acercó a Juan el bautizador,
Solicitó
su investidura del bautismo,
Para
entregarse Él a una gran misión,
Y
que no ser otra que su predicación.
Recibida
ya esta solemne investidura,
Ejercicios
espirituales luego hacía Él,
En
el desierto conocido y frecuentado,
Por
los grandes personajes de Israel.
Muy
concentrado en sus meditaciones,
Alguien
quiso molestarle y perturbarle,
Con
cara de buen amigo y más parecer,
Pero
sospechó ser el diablo indeseable.
El
diablo o Satanás era todo ello igual:
El
mismo perro pero con distinto collar,
Haciendo
proposiciones con su maldad,
Y
provocando a Jesús poderle engañar.
Maestro,
tú eres un hombre y de bien,
Deseo
hablar contigo como amigo fiel,
Sobre
los asuntos importantes para Ti,
Y
para todo nuestro pueblo de Israel.
Sin
más preámbulos Satán fue al grano,
Con
su hipocresía y más peor intención,
Formulando
para Jesús una propuesta,
Muy
clara ella y explícita de este tenor.
Si
como dices Tú y de Ti dicen muchos,
Eres
el Mesías prometido Hijo de Dios,
Y
en este paraje desierto tienes hambre,
Di
que las piedras sean pan en tu honor.
Pero
muy sereno y firme le contestó:
No
sólo de pan ha de vivir el hombre,
La
palabra salida de la boca de Dios,
Es
más necesaria que dulces melones.
Despechado
el diablo por la respuesta,
Lo
imaginó en el pináculo del Templo,
El
de la ciudad ella santa de Jerusalén,
Y
allí lanzó otra bala maligna contra Él.
Si
insistes en que Tú eres Hijo de Dios,
Demuéstralo
con adecuada solemnidad,
La
gente espera ansiosa ya una prueba,
De
que lo que Tú dices es ello la verdad.
Pues
si es cierto que eres Hijo de Dios,
Vendrán
los ángeles con sus colchones,
Los
extenderán como bellas alfombras,
Y
caes sin riesgo de hacerte chinchones.
Sin
perder su serenidad y con firmeza,
Jesús
de nuevo tomó palabra y recordó:
Maligno
tú y diablo Satán el instigador,
No
seas temerario provocando a Dios.
Terco
como mulo de carga y arrastre,
Imaginó
a Jesús en un monte muy alto,
Le
invitó a contemplar un gran campo,
Y
ultimátum halagador a Jesús le dio.
Escúchame
ahora con toda la atención:
Si
te pones de rodillas y me adoras a mí,
Con
gusto y gran placer yo te prometo,
Que
estos mis reinos serán ellos para ti.
Esto
fue colmo de satánica impostura,
Que
Jesús con su paciente compostura,
Del
maligno diablo muy sereno a él oyó,
Pero
Satanás desesperado de allí huyó.
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