CAPÍTULO IV
EL USO DE LA RAZÓN
FRENTE AL DOLOR EN LAS FILOSOFÍAS ORIENTALES
Hemos hablado sobre las dificultades congénitas a toda persona para ejercitarse
correctamente en el uso de la razón como facultad personal de pensamiento y reflexión
frente a los problemas fundamentales de la vida. Son dificultades inherentes al
sujeto pensante, que es el hombre. Hablemos ahora del uso de la razón como
expresión cultural en las culturas antiguas más conocidas hasta nuestros días.
¿Para qué se usaba la razón y cuáles fueron sus resultados culturales? Me
refiero al significado de la razón filosófica en las llamadas civilizaciones
orientales y la Grecia pre-filosófica. Los historiadores de la filosofía se han
ocupado ampliamente del pensamiento oriental antiguo. Es otro mundo muy
diferente del occidental pero los grandes problemas de la vida eran los mismos
por más que sus formas de expresión cultural fueran diferentes. La experiencia
del dolor, por ejemplo, es universal y está en la base de todas las culturas y
civilizaciones antiguas. En siglo XXI las antiguas culturas han perdido mucho
vigor gracias al progreso científico y los medios de comunicación, pero la
experiencia del dolor y de la muerte sigue más viva que nunca en todas partes.
De ahí el interés que tiene conocer la forma de afrontar racionalmente esa
experiencia vital en las diversas culturas y tradiciones de pensamiento. No en
vano muchos occidentales, aburridos de su propio progreso, miran al antiguo
Extremo Oriente con fascinación buscando recetas fáciles para atenuar al menos
la experiencia dolorosa de la vida.
1. El pensamiento caldeo y egipcio
La
estirpe caldea, oriunda de las regiones del Tigris y Eúfrates, se escindió en
diversos pueblos entre los cuales sobresalieron Asiria y Babilonia. La Biblia
(Dan.II,2-3) los llama caldaicos y destaca su preocupación por las matemáticas
y la astronomía. La estirpe de los caldeos, al igual que los hebreos y
egipcios, es de abolengo semita y sus reflexiones filosóficas tienen un
carácter primordialmente religioso. Los elementos que tienen relación directa
con la filosofía son nociones generales sobre Dios, el alma humana, la suerte
futura del hombre y la ética. Hablando en concreto de ninivitas y babilonios
cabe recordar los siguientes.
Hasta mediados del siglo XIX
sólo contábamos con los testimonios de Beroso, Taciano y Eusebio de Cesarea
para saber algo de lo que estas gentes pensaban. Se cree que Beroso fue un
sacerdote babilonio que vivió por los tiempos de Alejandro Magno, tres siglos antes
de Cristo, y que escribió una historia muy peculiar sobre los caldeos de la
cual sólo quedan fragmentos remitidos por Eusebio de Cesarea. El desciframiento
de los caracteres cuneiformes ha permitido recientemente conocer mejor la
religión y las costumbres de los caldeos. En esto el progreso de los estudios
bíblicos ha sido decisivo y los biblistas son la fuente más autorizada. Desde
el punto de vista filosófico cabe destacar los aspectos siguientes del
pensamiento caldaico relativos a Dios y el mundo, Dios y el hombre, el problema
de ultratumba y la ética.
Se dice que degeneraron de
monoteístas en politeístas. No obstante tenían una idea muy arraigada de Dios.
La raíz EL, común a todos los semitas para designar a Dios, en la escritura
cuneiforme no significa alguna fuerza latente de la naturaleza o la génesis de
dioses locales. Se refiere a Dios como ser trascendente, dominador y superior a
todas las cosas. No obstante esta noción tan elevada de la Divinidad la Biblia
confirma que la degeneración politeísta de los caldeos fue irreversible.
¿Y qué decir de la célebre
cosmogonía babilónica en la que se habla del presunto origen del mundo?. El
documento más importante disponible sobre este asunto es el Poema de la
creación, descubierto en 1875 en la biblioteca de Asurbanipal. Las siete tablas
que se conservan datan del siglo XII antes de Cristo y son consideradas por los
expertos como traducciones o copias del original sumerio.
Sin negar la fascinación y el
placer que produce el encuentro con documentos como este, hay que reconocer que
para la filosofía su único interés está en la fuerza imaginativa desplegada
para persuadirnos de que si el mundo existe es porque existen los dioses
encarnados en las fuerzas vivas de la naturaleza. Los seres humanos nos encontramos
en este mundo y queremos saber qué es y de donde procede. Esta es la cuestión
filosófica que también se planearon los caldeos y en ello merecen todos
nuestros respetos. Lo que no vale es la respuesta que nos ofrecieron basada en
mitos y divinidades inventadas para organizar su discurso. Aceptamos su
planteamiento del problema sobre el origen del mundo pero no su solución por
falta de rigor científico inspirada sólo
en la imaginación y en creencias religiosas politeístas y absurdas.
Hablando sobre el origen del
hombre decían que el primero de todos habría sido modelado por un tal Marduk con su propia sangre con la
misión específica de dar culto a Dios en Babilonia. Para ello se hizo decapitar
por uno de los dioses mezclando después su sangre con la tierra reseca. Pero
los hombres se convirtieron pronto en grandes
pecadores por lo que el concilio de los dioses decretó un diluvio
universal como castigo. Superada esta calamidad castigadora los hombres habrían
empezado a reproducirse de nuevo a partir de un hombre-pez salido del mar rojo,
el cual gobernó y legisló en Babilonia.
En esta explicación mitológica
ajena a toda consideración científica de la realidad hay no obstante un
planteamiento plenamente filosófico de la cuestión. El hombre es una realidad
cuyo origen y naturaleza necesitamos conocer. A falta de datos científicos se
echa mano de la imaginación y se construye un mito explicativo al modo como
posteriormente se han formulado teorías e hipótesis científicas para ser
verificadas confrontándolas con la realidad.
Por otra parte está el problema
de la justicia retributiva en función de las diversas formas de conducta
humana. En esta perspectiva se inscribe el problema del más allá. ¿Hay algo a
lo que el hombre pueda aspirar después de la muerte?. Pues bien, los caldeos
admitía la existencia de premios y castigos en ultratumba. Convicción que
trataron de apuntalar recurriendo de nuevo a la mitología. Los cielos, decían,
son la casa de los dioses y están representados a modo de huertos floridos
surcados por frescas aguas y poblados con esplendorosas mansiones para los
dioses a las que tendrán acceso también algunos hombres privilegiados. El resto
de los mortales, justos e injustos, irán todos ellos al infierno.
Como
puede apreciarse, en la civilización caldea antigua no existía una idea clara
sobre la suerte de los buenos y los malos. No tenían desarrollado el sentido de
la equidad mandando al infierno lo mismo a justos que a pecadores y reservando
el premio sólo para un reducido grupo de privilegiados al margen de sus
méritos. La suerte del hombre queda así a merced del despotismo de los dioses
infernales sin posibilidad de marcha atrás.
Desde el punto de vista ético el
hombre habría sido creado por Marduk para dar culto a los dioses y auxiliar a
su creador en la liberación d aquellos dioses que durante la lucha original
fueron hechos cautivos de Tiamat. Entre el hombre y los dioses existe una
relación muy estrecha. Ellos se sirven de los hombres y en la misma medida los
ayudan revelándoles en sueños celestes misterios. Los hombres deben
corresponder con el servicio cultual depositando su confianza en ellos. De este
comportamiento depende la ira o la benevolencia de los dioses. El hombre peca
cuando se olvida de los sacrificios y de las leyes litúrgicas. El castigo
consiste en la pérdida de la ayuda divina, la invasión de espíritus malignos
así como de sufrimientos y vejaciones por doquier.
Para salir de esta calamitosa
situación el hombre pecador debe esforzarse en la oración y sacrificarse mucho
recurriendo ala magia si lo considera oportuno. De esa forma conseguirá
expulsar los malos espíritus y granjearse la benevolencia de los dioses.
En la moral de los caldeos, a
pesar de su concepto degradado y tiránico de Dios, se aprecia un gran sentido
de los demás y en tal sentido existía una ética social en la que se recomendaba
encarecidamente dar culto a los dioses, obedecer a las autoridades
constituidas, procurar la paz, evitar el odio, las discordias, injurias y
mentiras, no invadir los campos de otro y no matar ni aspirar a la mujer ajena.
En la moral individual, sin
embargo, las cosas eran menos edificantes. A los dioses les atribuían
antropomórficamente todos los vicios humanos aumentados. Se castigaba el
adulterio y el incesto, pero eran admitidas con toda normalidad la poligamia y
la fornicación. Hasta había solemnidades
especiales durante las cuales las jóvenes se prostituían en honor de los
dioses. Tenían un sentido muy deficiente de la fidelidad humana y la mujer era
considerada como objeto de propiedad del hombre. Los estudios modernos sobre la
historia de la prostitución femenina demuestran hasta qué punto en la
civilización de los caldeos lo sexual estaba relacionado con lo sagrado y la
explotación humana de la mujer.
Después de lo dicho cabe
preguntarnos sobre las coincidencias y discrepancias entre la cosmogonía
babilónica y la bíblica. Entre ambas explicaciones del origen del mundo
existen, en efecto, afinidades interesantes. Respecto de la constitución del
cosmos, por ejemplo, en las dos aparece un abismo caótico, una división primera
en cielo y tierra seguida de ornamentación astral y terrestre para explicar la
diversidad de los tiempos.
En cuanto al hombre, en la
cosmogonía babilónica Marduk aparece como un auténtico alfarero modelando
arcilla con su propia sangre. Lo cual significa que el hombre está formado con
algo superior a la materia. También en la Biblia Yahvé-Elohim aparece
alfareando al hombre con la tierra: “hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza”.
Pero hay desemejanzas
sustanciales. En la cosmogonía babilónica las primeras divinidades proceden de
la masa caótica. En la Biblia, por el contrario, Dios precede al caos. En la
babilónica los dioses son presentados como seres materiales originados de seres
también materiales. En la Biblia, en cambio, nos hallamos ante un monoteísmo
estricto y trascendente. Más aún, Dios es un ser personal distinto y creador
amoroso de todo ser y de toda vida. Tampoco hay coincidencia en ambas
cosmogonías sobre el tiempo que duró el proceso de la creación del mundo.
Por otra parte, la historia del
pueblo egipcio reviste un interés especial si bien no resulta fácil conocerlo.
Para las doctrinas más recientes son interesantes las referencias de los
autores griegos pero es indispensable la lectura crítica del Libro de los
muertos, que es un compendio de oraciones y ritos relativos a los funerales y el estado del
alma después de la muerte. Con cada difunto debía yacer un ejemplar y de ahí
que algunos ejemplares hayan sido encontrados. Los diez períodos de la gran
historia de Egipto propuestos por Erman, sin contar la prehistoria, tienen su
momento de partida 3000 años antes de Cristo.
Originalmente el pueblo egipcio
fue muy religioso y monoteísta. Sus templos, sepulcros, pirámides e
inscripciones ponen de manifiesto hasta qué punto la idea de Dios y la
preocupación por el problema de ultratumba habían calado hondo en la cultura y
conciencia de las gentes. Lograda la unificación política con Menes 3000 años
antes de Cristo, las diversas tribus aportaron sus propias divinidades con
nombres diferentes. Por ejemplo, Atum en Heliópolis equivalía a Thot en
Hermópolis. Y así sucesivamente. Lo que importa, para el objeto de la
filosofía, es que todos esos nombres de divinidades hacían referencia a un
Supremo principio creador del universo.
Según la cosmogonía de
Heliópolis, existía un océano tenebroso y caótico (agua primordial) llamado
Num, en el cual residía Atum-Ra, que significa el sol. De ahí surgió el culto
al sol del que se habla en los documentos egipcios. Salido Atum-Ra del caos
original comenzó la tarea cósmica engendrando a la primera pareja, macho y
hembra, de cuya línea genealógica surgieron después Isis,, Osiris y otras
divinidades menos conocidas. Cada divinidad personificaba un elemento cósmico
si bien Atum-Ra es reconocido como Dios supremo, creador de cielo y tierra y de
todo cuanto existe.
La gran cuestión filosófica que
se plantea aquí es si Atum-Ra es un principio creador único y personal. Lo de
menos es su invención mitológica. Detrás del mito se da por supuesta la
existencia de un principio de origen. Otra cosa es la idea que se tenga de ese
principio. Queda además pendiente la cuestión del caos original detrás del cual
parece no haber nadie. El recurso al mito impide el desarrollo de un discurso
racional normal en busca de causas proporcionadas y efectos lógicamente
atribuibles.
Sobre los problemas del hombre
cabe recordar que éste era tratado desde una visión tricotómica, es decir, como
un compuesto de alma, cuerpo y un elemento denominado ka. Según una
interpretación, este tercer elemento consistiría en un genio invisible nacido
con el hombre para cuidar del cuerpo y el alma después de la muerte. Según otra
interpretación sería algo intermedio entre el cuerpo y el alma como lazo de
unión. Se ha dicho que posiblemente los egipcios fueron los primeros en hablar
abiertamente de la inmortalidad del alma. En cualquier caso en los textos e
inscripciones de las Pirámides se aprecian bastantes contradicciones al
describir el estado del alma después de la muerte. Lo más frecuente es
describirla como un ave volando al cielo. Otras veces el alma del difunto es
representada con cuerpo de ave y cabeza humana y como lugar de reposo se le
asignan el sol, las estrellas o bien ínsulas imaginarias ricas en alimentos
para su bienestar.
En la época del Reino Nuevo
entre los siglos XVI y XI antes de Cristo las descripciones del alma son más
materialistas. El alma feliz desciende durante la noche a la tierra para
acompañar a su cadáver en el sepulcro y durante el día revolotea sobre los
árboles como una avecilla caprichosa que retorna a su sede de delicias. De esta
forma se destaca la creencia de que el alma puede ser feliz después de la
muerte. En algunas descripciones se habla de una región oscura en Occidente
como morada de los difuntos. Antes de llegar a la morada celestial se supone
que el alma ha vagado por esas zonas tenebrosas de las cuales algunas no
lograrán salir nunca. No todas tienen la suerte de subir a la nave de los
dioses. Tenemos pues que unas almas se salvan y otras se condenan.
El criterio de salvación aparece
ya en los textos más antiguos de las Pirámides. Alcanzará la salvación el
justo, o sea, el que sea bueno. Pero ¿con qué regla se mide esa bondad humana?.
La respuesta es clara: no despreciar jamás a los dioses ni injuriar al rey.
Esta es la norma general de moralidad. Más tarde prevaleció otra idea de gran
calado histórico. Así como Osiris, dios del bien, murió y resucitó, de igual
modo las personas piadosas recuperarán sus cuerpos para la sede de la
bienaventuranza. Por otra parte, Osiris, primogénito de tal suerte, es
considerado como cabeza y juez de los muertos. Rodeado de 42 jueces escuchará
las gestas de las almas. Las halladas irreprehensibles pasarán a la mansión
beatífica. En caso contrario diversas penas les serán infligidas. Castigos para
los que no se asigna ningún lugar determinado. En el Libro de los muertos
aparecen en una ocasión cuatro genios pintados encargados de purificar las
almas con el fuego después del juicio.
Estas ideas o creencias sobre el
alma y la vida futura se mantuvieron activas hasta el siglo VII antes de
Cristo. Lo esencial para el objeto de la filosofía es que se admite por
principio las estructura de la persona humana en base dualista de cuerpo y
alma. Más aún. Se habla ya de la presunta inmortalidad de la misma así como de
la posibilidad de alcanzar la felicidad. Por otra parte es realmente
impresionante el hecho de que se hable, aunque sea en sentido mitológico, de alguien
que presuntamente murió y resucitó. Los expertos en estudios bíblicos tienen la
responsabilidad de explicar el alcance de esta idea por su paralelismo con el
tema de la resurrección de los muertos en el Nuevo Testamento protagonizado con
el protagonismo de Cristo. Según Herodoto, posteriormente se divulgó la
creencia en la transmigración de las almas. El alma después de la muerte no
quedaría fijada en un estado de felicidad o castigo sino que vagaría por los
cuerpos inferiores como castigo por algún pecado concreto.
En el Libro de los muertos
pueden encontrarse también diversos criterios éticos. Muerto el hombre, el alma
comparece ante Osiris rodeado de 42 jueces y su probidad es diagnosticada
mediante la enumeración de los pecados no cometidos, o sea, por inducción
negativa. Las transgresiones tipificadas eran las siguientes. Olvido o
negligencia en el culto divino, pecados contra la autoridad constituida y
pecados contra el prójimo, sobre todo contra las obras de misericordia de las
que el alma se gloría en caso de haberlas practicado. La norma general, por
tanto, era al respeto a Dios y al prójimo. El mayor elogio a un difunto
consistía en poder inscribir en su sepulcro sus buenas disposiciones para con
Dios y los preceptos morales.
La ética egipcia tenía en cuenta
por igual a los pobres y más débiles y a los poderosos. Lo cual significa una
elevación moral relativamente muy notable. No obstante la magia terminó
suplantando a los preceptos morales hasta el punto de ofrecer víctimas humanas
a los dioses. Por algo aún en nuestros días se sigue asociando la imagen de
Egipto con las artes mágicas y ningún mago orgulloso de serlo se priva del
prurito de haber pasado por el Cairo. Con el recurso a la magia se pretendía
ayudar al alma a escapar de la justicia divina y de ahí que un ejemplar del
Libro de los muertos yaciera junto al cadáver como herramienta mágica de
liberación.
2. Filosofía pérsica
En los párrafos anteriores he
utilizado preferentemente el término “pensamiento”. A partir de ahora utilizaré
formalmente el término “filosofía” para referirme a aquellas formas de pensar
que más se asemejan a la idea clásica occidental de filosofía. Tal es, por
ejemplo, el antiguo pensamiento iraní o iranio concretado en los pensamientos
persa, hindú, chino y japonés durante los siglos anteriores a la irrupción del
cristianismo en la historia y conservados en sus respectivas tradiciones. El
interés actual por esos modos de pensar y de vivir es mayor a medida que en
Occidente se vienen abajo las ideologías y la desilusión existencial crece en
proporción directa con el progreso tecnológico y material. Las filosofías
orientales, además de emocionalmente interesantes, son necesarias para conocer
la idiosincrasia de naciones inmensas por su geografía y densidad de población
llamadas a influir profundamente en el futuro de la humanidad.
El pensamiento siro-babilónico
influyó mucho en la historia euroasiática hasta algunos siglos después de la
aparición del cristianismo pero el legado mesopotámico recayó en la monarquía
persa con aportaciones interesantes. Si irradiación se extendió de Este a Oeste
haciendo de intermediaria entre el Asia Anterior y y el Extremo Oriente.
Irán es un nombre común que
comprende parte de Europa y el pensamiento ario o iraní se caracterizó por su
tendencia a la especulación racional dejando en un segundo plano a la tradición
religiosa. Este trasfondo ario es común a la India y China.
Ahora bien, si prescindimos de
algunas nociones tradicionales sobre Dios, la inmortalidad del alma y ciertos
principios de moralidad y mitos comunes, los primitivos arios, persas, hindúes
y chinos llegaron a tener filosofías diferentes. En cualquier caso, la
influencia persa se dejó sentir profundamente en la cuenca oriental del
Mediterráneo así como en Egipto y los imperios macedonio y romano. Por otra
parte, las llanuras del Turquestán facilitaron la llegada del pensamiento
iraniano hasta la India y China.
En un principio fueron
denominados persas los habitantes del este del golfo pérsico y son los mismos
que los paras bíblicos. Más tarde se denominaron así los pueblos que integraban
la gran monarquía de Ciro en el siglo VI antes de Cristo. Para la historia de
la filosofía persa son los habitantes de la Persia antigua cuyos magos
cultivaron interesantes y sugestivas doctrinas filosófico-religiosas. De los
persas se ocupa ampliamente la Biblia. También Jenofonte, Estrabón, Diógenes
Laercio y Hermipio de Esmirna. Todos ellos, por supuesto, sin sentido crítico.
Para la filosofía reviste
particular interés el Zend-Avesta o texto-ley, descubierto en el siglo XIX. El
contenido de la primera parte se reduce a doctrinas cosmogónicas y leyes
litúrgicas. La segunda es una colección de himnos a los dioses. Según la
tradición persa y los escritores griegos su autor es Zoroastro, Zarates o
Zarathustra del cual lo único que sabemos seguro es que existió allá por los
siglos VII o VI antes de Cristo. Su doctrina toma también el nombre de
mazdeísmo, de Mazda que es su divinidad suprema.
Su explicación del origen del
mundo es esencialmente dualista. Según su forma de ver las cosas, existen dos
principios básicos: uno bueno del que proceden todos los bienes y otro malo del
que proceden todos los males. Al menos esta explicación dualista es la que
terminó imponiéndose y se transmitió con éxito a la posteridad por más que,
según los expertos, en inscripciones anteriores al Avesta hay constancia de la
veneración a un principio superior sin rival. Supremacía que es atribuida a un
espíritu sapiente (Ahura-Mazda) al que estarían sometidos los espíritus
inferiores o bagas. Dios es mentalmente concebido como una síntesis de espíritu
e inteligencia. Noción religiosa sobre la cual Ciro y Darío pretendieron fundar
una religión monárquica capaz de eclipsar a los demás pueblos de origen iraní
sin olvidar la constante y poderosa influencia de los magos.
Los magos eran una antigua tribu
especializada en el culto al fuego. Teócratas fanáticos, adoptaron el
Ahura-Mazda en sentido conflictivo con las clásicas fuerzas malignas. Más
tarde, bajo los aqueménidas (558-330) y partos asácidas (250-191) este dualismo
se impregnó de astrología caldea y escatología semita. Los magos persas
llegaron a asumir el papel de clero oficial.
Una convicción fundamental de la
filosofía persa fue que el mundo procede de Dios. Para exponerla se sirvieron
de la fantasía y los mitos. Ahura-Mazda (equivalente a Ormud entre los griegos)
era concebido como misericordioso y creador de cuanto bueno hay en el mundo.
Primero habría creado seis potencias espirituales inferiores encargadas de este
mundo material y después otras seis a modo de ángeles tutelares. Por último
habría creado una serie de divinidades de suerte que cada hombre y cada dios
tenga un protector supremo.
Y ahora la contrapartida.
Arriman habría producido seis demonios opuestos a las seis potencias
espirituales de Ormud con un regimiento de malignos espíritus combatientes.
Toda esta lucha es anterior a la producción de las cosas materiales. A Ormud se
le atribuye la creación del mundo corpóreo y el primer toro mítico con los
gérmenes de la vida. Pero, a su vez, Arriman habría creado su propio mundo
corpóreo alternativo infectado de impureza y maldad. Tras una lucha encarnizada
entre estos dos principios del bien y del mal Ormud se impuso a su enemigo Arriman
el cual quedó recluido en alguna región tenebrosa.
Viniendo ahora al tema del
hombre, la filosofía pérsica insiste implacablemente en su explicación dualista
y mitológica. Ormud crea la primera pareja humana en estado de perfección pero
sucumbió pronto a las insidias de Angra-Mainyu o Arriman como lo llamaron los
griegos. Perdida así la primera felicidad de nuestros protoparentes todo el
género humano sucumbió con ellos en la impureza. De ahí que el hombre se vea en
la necesidad de trabajar y esforzarse por recuperar aquella perfección original
alejando toda forma de impureza corporal y anímica.
Otra
tesis central de la filosofía pérsica es que el alma humana sobrevive a la
muerte y será premiada o castigada de acuerdo con sus obras. A las almas buenas
se les asigna un lugar en un monte alto disfrutando de luz, buenos perfumes y
otros placeres. Las malas, en cambio, son atormentadas en un lugar tenebroso.
Tales penas son proporcionadas a las malas acciones, pero no eternas o
indefinidas. Al fin de los tiempos todas las almas se reencontrarán con sus
respectivos cuerpos si bien habrá una selección entre buenos y malos. Aquellas
serán atormentadas durante tres días hasta que, purificadas por un súbito fuego
caído del cielo, estén convenientemente dispuestas para ingresar en la mansión
beatífica.
Desde El punto de vista ético la
lucha original tiene su paralelo en el interior del hombre. No cabe otra
alternativa: o se sirve a Ormud practicando el bien, o a Arriman practicando el
mal. Los actos humanos se dividen en pensamientos, palabras y obras. Para hacer
efectiva la bondad humana a imitación del principio bueno hay que practicar los
ritos litúrgicos y la oración. Con la misma finalidad se prescriben en el
Avesta las abluciones corporales para quienes han tenido contacto con cadáveres
y cuerpos considerados impuros. Entre las obras buenas, además del culto a
Ormud, se prescribe la ayuda a los pobres y la hospitalidad. Por lo demás, se
consideraba totalmente lícita la fornicación y se recomendaban las relaciones
sexuales inceptuosas. Como puede apreciarse, el mazdeísmo es un tipo muy
antiguo de religión en la que se pretende explicar los grandes problemas de la
existencia humana mediante una peculiar y atractiva mística dualista. Se
considera revelado y orgulloso de tener a Zoroastro como autor inspirado por
Dios. A él habría comunicado las verdades contenidas en el Avesta como
alternativa a las religiones naturales. Con la reforma de Zoroastro se
aceptaron los sacrificios sangrientos y costosos dando a la religión un
carácter menos ritualistas y espiritual con acento más monoteísta. Pero con el
influjo poderoso y constante de los magos se fortaleció cada vez más el
dualismo estricto.
De todos modos resulta
interesante para la filosofía la aceptación de la presunta inmortalidad del
alma, la existencia de vida futura más allá de la muerte con sanciones y
recompensas aunque sólo sean materiales y provisionales. Igualmente resulta
interesante constatar la presencia de elementos doctrinales pertenecientes a la
tradición primitiva sobre el origen y naturaleza del hombre y de su estado de
felicidad y caída. Por otra parte es fascinante la afinidad en todo esto fuera
del dualismo con algunos relatos bíblicos de cuyo estudio se ocupan los
biblistas. Más aún. Igualmente es interesante constatar que cuanto más nos
acercamos a los orígenes del pensamiento persa más afinidades encontramos con
la filosofía hindú. Los elementos primordiales son muy parecidos si bien la
evolución posterior dio lugar a grandes diferencias. Los persas, más dados a
las acciones externas, elaboraron un sistema de pensamiento bastante coherente
con vistas a hacer a los hombres honestos, trabajadores y felices en este mundo
con la esperanza puesta en otro futuro. Los hindúes, en cambio, dados a la
contemplación y poco amigos del trabajo llegaron a una filosofía mística
preñada de pesimismo. Veámoslo.
3. La filosofía hindú en los Vedas
La
India, pueblo de origen ario, tomó su nombre del río Indo en cuyo litoral se
estableció en tiempos muy difíciles de precisar. El misterio de su vida
primitiva comenzó a ser ya perturbada algunos siglos antes de Cristo con la
llegada de advenedizos incontrolados y los consiguientes conflictos cívicos. Su
ascetismo, sabiduría, sentido angustioso de la vida y espiritualidad son notas
típicas del hinduismo muy destacadas desde siempre en la civilización
occidental. Los eruditos griegos que participaron en la expedición de Alejandro
Magno (Arriano, Dióscoro de Agyrion, Plutarco y Estrabón) hablaron de los
hindúes con respeto y admiración. En Grecia era un honor tener la ocasión de
visitar la India. La cultura de la India sin embargo fue y sigue siendo algo
muy confuso y difícil de comprender para el mundo occidental.
Su
étnica diversidad subsiste hasta nuestros días con dialectos irreductibles al
indoeuropeo. Ni la Media Luna ha conseguido sofocar las tradiciones indígenas.
La vida moderna choca con realidades como el hambre, fenómeno que resulta
incomprensible sin conocer el alma tradicional hindú. Nos hallamos ante un
mosaico caótico de grupos humanos y una jungla de religiones dispares. Sus
documentos antiguos no están fechados y su mentalidad es muy diferente de la
occidental. Lo cual no significa que en lo más hondo del corazón humano no haya
algún lugar de cita para todos aquellos problemas que dan unidad al quehacer
filosófico de todos los pueblos y de todas las épocas. Por ejemplo, el estudio
del ser y definición de lo real, la ciencia de la naturaleza y el conocimiento
de la condición humana. En todos estos temas hay grandes coincidencias entre el
genio hindú y la filosofía occidental. También en la India surgieron corrientes
diversas de pensamiento afines a los idealismos y positivismos occidentales.
El Lógica, por ejemplo, existe
en la filosofía hindú una problemática muy similar a la aristotélica. Más allá
de la diversidad étnica y geográfica existe una civilización típicamente hindú
marcada por la creencia firme en la trascendencia ligada a las continuas
transmigraciones bajo la función decisiva del karman.
El pensamiento antiguo hindú se
encuentra en los Vedas que significa ciencia. Se trata de una vetusta obra
literaria dividida en los cuatro libros siguientes. El Rig-Veda que data de
antes del siglo XII antes de Cristo y contiene cánticos dedicados dioses
diversos. Tiene poco valor literario y sus ideas son muy vagas y hasta
contradictorias. El Sama-Veda. Contiene himnos y versículos entresacados del
anterior seleccionados con vistas a los sacrificios y ritos expiatorios. El
Yagur-Veda o ceremonial de ritos sacrificiales para uso de los liturgistas. Y,
por último, el Atharva-Veda. Contiene una colección desordenada de fórmulas
mágicas para las imprecaciones, hechicerías y maleficios.
Con el paso del tiempo y el
contacto con otros pueblos evolucionó el lenguaje de los antiguos vedas con lo
cual se hizo necesario aclarar y explicar el contenido de los viejos textos los
cuales resultaban cada vez más oscuros para el pueblo. En la misma medida
creció el deseo de descifrar los misterios del cosmos. Como medida para
conjurar el riesgo de perder la unidad
cultural y nacional con la diversidad de opiniones surgieron nuevos escritos en
los que se interpretaba de forma autoritaria el contenido y significado de los
himnos védicos. Aparecieron así allá por el siglo VIII antes de Cristo los
libros de los brahamanes y Upanishads.
En
los primeros, que significan doctrina arcana y secreta, se determinan la
práctica y obligaciones de los sacerdotes y se explica el sentido místico de
los ritos. Lo más probable es que son obra de muchos autores, los cuales no
siempre coinciden en la interpretación de los ritos, pero sí en las ideas
fundamentales. Recordemos algunos aspectos más destacados y de interés actual
que encontramos en los Vedas, brahamanes y escuelas filosóficas denominadas
ortodoxas y heterodoxas.
En relación con el problema de Dios y el mundo, la doctrina védica se
reduce a los fundamentos de una religión. Su atención está centrada en las
relaciones entre Dios y el hombre con mentalidad animista, sobre todo en los
libros de aparición más tardía. Por lo que a Dios se refiere más en concreto la
doctrina védica propone un politeísmo naturalista asistemático. No reconoce
ninguna jerarquía no subordinación entre los dioses. Así sí, cada uno de ellos
cumple a la perfección con su cometido. Por ejemplo, Agni se ocupa del fuego y
de la luz y protege a la familia y la vida. Se supone benéfico y pacífico.
Indra es presentado como el verdadero señor de los cielos que lucha contra los
enemigos del hombre y lo protege en las guerras. Es un dios fuerte, enérgico y
vengador de ultrajes. Varuna personifica a la aurora boreal y se le atribuyen
muchas perfecciones. Fundó y armonizó el cielo y la tierra. Se le supone libre
de pasiones con capacidad para perdonar pecados y premiar a los buenos.
Un párrafo esencialmente
filosófico lo encontramos en un himno que reza así: “Nada existía sino El.
Todas las cosas estaban confusas, pero un deseo amatorio había en él, de cuya
alma surgió el primer semen. Pero ¿quién ha conocido y puede contar estas
cosas?. ¿De dónde proceden los seres?. ¿Qué es esta creación?. Los mismos
dioses han sido creados por él. ¿Pero quién conoce su vida?”.
No puede negarse que esta forma
de plantear el problema de la existencia y naturaleza de Dios es impresionante
y filosófica a más no poder. En el
planteamiento están presentes la idea ancestral del caos primitivo, el amor en
el origen de las cosas y la dimensión insondable de la naturaleza divina de la
que nadie es su secretario. A pesar de
todo predomina el animismo y la convicción de que existen espíritus buenos y
malos como agentes determinantes de todo lo bueno o malo que nos ocurre. La
importancia atribuida a estos espíritus induce ala ofrenda de sacrificios a los
dioses y a los encantamientos como medida defensiva contra los presuntos
espíritus malignos.
Respecto del mundo, el Rig-Veda
enseña que procede de un ser supremo a impulsos del amor. Esta es la convicción
central con rango filosófico. En efecto, al principio existía un ente único el
cual sintió deseos de multiplicarse y produjo la luz, la cual, bajo el mismo
impulso amoroso, habría producido el agua y ésta, a su vez, la tierra.
Nos hallamos ante un panteísmo
emanatista en toda regla expresado de diversas formas. En algún caso se dice,
por ejemplo, que el principio de toda existencia es la Razón. Ella late entre
los elementos de este mundo como punto de partida hasta culminar en la idea de
Absoluto como base de toda manifestación fenoménica. En el Rig-Veda aparece
también la idea vulgar y primitiva del caos inicial o aguas primordiales de las
cuales habría surgido el Dios supremo modelador de dioses y de cuanto existe.
También es frecuente en esta
obra el tema del alma humana. Sería una especie de hálito vital que reside en
el cuerpo como principio de la respiración y del conocimiento, o sea, de la
vida. Si no respiramos nos morimos y pensando nos expresamos como seres humanos
vivos. El alma es el principio del que surge esa actividad vital, sobrevive al
cuerpo y recibirá premios y castigos. “Oh, soma, decía el poeta, te ruego me
establezcas en el mundo inmortal y eterno donde la luz perpetua brilla, donde
reside el sol. En el tercer cielo, donde está la vida, donde lucen los mundos.
Otórgame la vida inmortal. Concédeme la inmortalidad, donde los bienes y la
felicidad reinan donde abundan las alegrías, los placeres y la comida, donde
ningún deseo queda por satisfacer”.
En estas palabras se expresan el
deseo profundo de paz e inmortalidad como ingredientes indispensables de la
felicidad humana. Es como un grito de la naturaleza humana lanzado mil años
antes de Cristo. El rey de esta deseada mansión es denominado Yama, el cual habría sido el primer
hombre que vivió en la época áurea del mundo y que después de la muerte alcanzó
la dicha. Pero se habla también de un infierno para los malos, de los cuales se
dice que serán sumergidos en ríos de sangre y corroídas sus carnes. Esta idea
se encuentra principalmente en el Atharva-Veda
donde se describen las penas infernales.
Las almas no alcanzan
inmediatamente su destino. Se dice que durante algún tiempo vagabundean
errantes en forma de vecillas sobre árboles y tejados. De ahí las dos clases de
sacrificios y ritos funerarios, uno para los que no han alcanzado su término en
ultratumba y otros para los errantes todavía por este mundo.
Como no podía ser de otra
manera, está también el problema ético relacionado directamente con las
relaciones entre Dios y el hombre. Existe Dios como también la ley moral y su
transgresión o pecado el cual provoca el odio de las divinidades. Los dioses
castigan los pecados principalmente con vejaciones constantes a través de los
espíritus malignos. El pecado no depende de la voluntad humana sino que es
considerado como un acto malo en sí mismo al margen del uso que se haga de la
libertad. Lo cual significa que el hombre peca de forma necesaria y fatal. Este
fatalismo ético ha sido muy frecuente en los pueblos más primitivos. Los
efectos o consecuencias de la culpa afectan principalmente al cuerpo. Se trata
de algo físico cuyo influjo nocivo es transmisible a los demás. Esta convicción
dio lugar a las artes mágicas cuya finalidad principal era expulsar de los
cuerpos esos influjos nocivos o pecados. En este contexto se recomienda
encarecidamente el culto a los dioses. Los males mayores provienen de las
negligencias en las ceremonias religiosas. Indra y Sudra son descritos como
terriblemente irascibles, suspicaces y bebedores. De ahí que sea más benignos
con los oferentes de pan y vino que con los avaros a los que castigan con
dureza implacable. Se trata a todas luces de un ética terrorífica en la que el
culto a los dioses y la generosidad son fruto del miedo.
4.
La filosofía brahamánica
Denominamos
filosofía brahamánica a la tradición védica implantada como sistema intelectual
y cívico por la aristocrática casta de
los brahamanes. Los brahamanes eran arios establecidos en las regiones del
Ganges los cuales, tras un período de paz y prosperidad, desarrollaron
alcanzaron un nivel de civilización notable. En el origen de la filosofía
brahamánica se verificó el proceso normal de todo sistema nuevo de pensamiento.
Los fallos de los sistemas precedentes
terminan suscitando las dudas e incitan a la búsqueda de horizontes
nuevos.
La teología védica resultaba
demasiado complicada con tantas divinidades funcionales lo que terminó
provocando el cansancio y la desilusión sobre las prácticas religiosas, los
sacrificios y los ministros del culto. Este descontento surgió en el ámbito
laico o extrasacerdotal pero pronto ganó terreno entre la clase sacerdotal. Los
sacerdotes empezaron a abandonar la vieja teología venerando y ofreciendo
sacrificios a las fuerzas indeterminadas y ocultas del universo. De esta forma
reformaron lo viejo y justificaron su existencia ante el pueblo aceptando la
nueva mentalidad. Como era de esperar, la confusión fue notable. Al menos esta
es la impresión que producen los primeros comentarios a los Vedas.
Abandonadas las antiguas
divinidades, se impuso el culto a las fuerzas mágicas del universo. De lo
antiguo sólo quedó Prajapati al que consideraban como dios supremo anterior a
todas las cosas y principio de la emanación universal. Pero más tarde el mismo
Prajapati quedó relegado al olvido con la aparición de una filosofía nueva de
la que cabe recordar lo siguiente.
a) Metafísica brahamánica
La
preocupación de los brahamanes centró su esfuerzo especulativo en descubrir y
conocer esa fuerza oculta sobrenatural, atribuida originalmente a los himnos
tradicionales y a los objetos sagrados del culto. La conclusión fue que todo
ello, incluso el sacerdote oferente, son fluidos ocultos que pasan. Pues bien,
a esta fuerza le denominaron Brama, considerada más tarde como potencia
informadora y regidora de todo el universo. De esta forma el Brahanan termina
suplantando a Prajapati del que antes dependía.
A la idea del Brhaman llegaron los
pensadores mediante la especulación mística y la reflexión sobre el hombre. De
esta reflexión surgió otro concepto importante, Atman, para significar la raíz
u origen de las operaciones vitales. Ya entre los antiguos vedas significaba
hálito, alma, el yo, y los filósofos, fieles a la tradición, volvieron sobre
este concepto para relacionarlo directamente con todas las operaciones vitales.
Por otra parte, el hombre
aparece como un resumen cósmico. De ahí que el concepto de Atman fuera
relacionado directamente con el de Brahama hasta el extremo de fusionar ambos
en la idea del Absoluto. De donde se infiere que estos tres conceptos terminan
siendo sinónimos siendo utilizados como punto de arranque de una nueva
metafísica. Toda esta innovación brahamánica se encuentra en el Vedanta , que
literalmente significa fin de los vedas. En Upanishads se habla de las
relaciones entre Brahma y el mundo y se nos dice que como de la araña la tela y
de las raíces el árbol así salió el mundo físico de Atman. De donde se infiere
que la metafísica brahamánica se reduce a un panteísmo peculiar.
b) Existencia individual y liberación
En lo referente a los problemas
de la psicología humana se comprende que dominen el pesimismo, la metempsicosis
o creencia en la transmigración y la obsesión por liberarse del dolor. Un
pesimismo vital sustentado por una metafísica sobre la existencia individual y
su destino. La existencia individual, en efecto, es considerada como un mal y la suprema
felicidad del hombre consiste en la pérdida de esa individualidad. La
existencia concreta sería una violación del Ser y causa de todos los males. De
ahí la propensión natural a la tristeza.
La única realidad valiosa es
Atman. Todo lo demás, el mundo sensible y la multiplicidad no serían más que
afecciones malas de Atman y causas del dolor humano del que es preciso
liberarse a costa de lo que sea. La experiencia del dolor y la idea de
liberación es algo connatural a la cultura hindú. Por otra parte, cuanto más se
afirma Atman en su ser tanto más se olvida y aleja de lo que es él.
Respecto del alma humana y su
destino los pensadores brahamánicos degeneraron en metempsicosis. Los aspectos
anímicos vagabundean por diversos elementos, plantas, animales y cuerpos
humanos. La metempsicosis reemplaza así al infierno de los vedas. La sanción
moral en ultratumba queda reducida a la alternativa entre la reencarnación y la
liberación. Los hombres son por naturaleza de condición moral diferente, es
decir, unos propensos al bien y otros al mal. Y dado que la trasmigración es
considerada como castigo y fuente de dolores sólo queda como alternativa
positiva la liberación.
Pero no está claro cómo será la
condición del alma liberada. A veces parece como si Atman penetrara en el alma identificándose con ella de suerte
que quedara absorbida en Atman perdiendo su identidad. Otras veces se tiene la
impresión de que no hay tal identificación y que el alma conserva su existencia
individual. De todos modos terminó prevaleciendo la posición panteísta sobre la
teísta y, por lo mismo, la convicción de que el alma es absorbida por Atman
perdiendo su identidad aunque se desconoce en qué consiste ese fenómeno de
mística panteística.
Como consecuencia de lo dicho,
el fin del hombre consiste en sacudirse del yugo de la transmigración para
unirse a Atman y entre los medios recomendados para alcanzar ese fin figuran el
conocimiento de Atman y el ejercicio de las buenas obras. Por ejemplo, la
meditación, los sacrificios, la oración y abstinencia absoluta de placeres
sensibles. La idea de liberación dio lugar a un ascetismo muy severo sin
excluir fenómenos de carácter hipnótico. “El que satisface la inclinación de
los sentidos – se lee en un texto de la ley del Manú- es ciertamente
decepcionado. Pero el que los reprime se remonta a la más alta felicidad. El
deseo no puede ser satisfecho con alegrías. Es como el fuego, rociado con óleo
arde más vehementemente. Si se compara el que se complace con los placeres con aquel que los aborrece totalmente, se
verá la conveniencia de despreciarlos”.
Estas ideas, expresión de una
rica experiencia de la vida, fueron llevadas a extremos razonablemente muy
discutibles. Imbuidos de estas convicciones extremistas se produjeron
importantes fugas de la sociedad en busca de soledad y unión con Atman mediante
la mortificación y la contemplación. Así nació el monaquismo hindú en el que se
practicaba el hipnotismo y tenían lugar inevitables fenómenos patológicos.
c) La existencia social
El
individuo que pertenecía a una determinada secta social o casta sólo a fuerza
de méritos podía ascender a otra superior. Los deberes sociales para con los
demás estaban basados en una rigurosa distinción de clases sociales cuya
jerarquización dependía del dominio de la clase sacerdotal o bien del dominio
de una clase sobre otra. Así, por ejemplo, el pueblo vencido en guerra quedaba
automáticamente bajo el dominio de la clase superior. Cuatro eran las
categorías sociales codificadas por orden de importancia:
-Brahamanes o sacerdotes,
salidos de la boca de Brama.
-Militares, que representaban
los brazos y el pecho.
-Mercaderes, correspondientes a
las piernas.
-Agricultores o sudras,
condenados al cultivo del campo y a los trabajos más bajos. -Representaban los pies de Brama.
El
Manú establece con todo detalle las
competencias de cada clase social así como los privilegios de la casta
brahamánica o sacerdotal. Los brahamanes dominaban a los demás hasta el extremo
de considerar todas cosas como propiedad suya. Incluso los reyes les debían
obsequio y cualquier infracción contra ellos era duramente castigada. Por el
contrario, sin un brahaman o miembro de la clase sacerdotal faltaba contra las
clases socialmente inferiores quedaba exento de castigo o era penalizado de
forma muy leve.
5. Filosofía de las escuelas ortodoxas
El
panteísmo cerrado, la discriminación social y la situación de privilegio de los
brahamanes provocó el descontento dando lugar allá por el siglo VI a las denominadas “escuelas filosóficas”
contra el orden establecido por lo que fueron consideradas como heterodoxas. No
obstante muchos se mantuvieron fieles a las tradiciones antiguas con la denominación
de ortodoxos. De todos modos el ideal común a ambas corrientes era el mismo:
encontrar el modo práctico de superar el dolor humano. Entre las corrientes
ortodoxas tradicionales cabe destacar las siguientes.
a) El Sankhya
Atribuido
a Kapila, floreció por los siglos V y IV antes de Cristo y su doctrina se
encuentra en su obra Sankhya Karita. La novedad más destacable de esta
corriente de pensamiento consiste en que el viejo monismo de los Upanishads es
sustituido por un dualismo compartido entre la materia y el espíritu. La
materia es entendida como la síntesis de tierra, agua, fuego y éter, cuyos
elementos, a su vez, son el resultado de otros más simples los cuales
constituyen el objeto de nuestros sentidos. El éter, por ejemplo, sólo se escucha
y procedería de un elemento que posee en exclusividad la propiedad del sonido.
El aire se escucha y se palpa. Y así sucesivamente. En resumidas cuentas, que
hay cinco elementos constitutivos de la materia a los cuales tenemos acceso
cognoscitivo mediante los cinco sentidos.
La naturaleza del hombre es
explicada acudiendo al dualismo de materia y espíritu. Se le asignan cinco
sentidos externos y uno interno. Este último recibe, ordena y conoce las
sensaciones llegadas del exterior. Posee además la inteligencia o “budhi” que
juzga y razona las cosas interiores y exteriores. La inteligencia, a su vez, se
apoya o depende de una materia primordial relacionada con la luz física, el
movimiento y las tinieblas.
Así las cosas, se nos dice que
un desequilibrio original causado por la
acción del espíritu sobre la materia destruyó esos elementos básicos los cuales
luchando entre ellos dieron lugar a asociaciones diversas de las cuales
resultaron los órganos de la inteligencia así como los sentidos externos e internos.
Todas las actividades psíquicas
se llevan a cabo mediante órganos materiales e inconscientes más allá de los
cuales es preciso suponer algo opuesto a la materia. Ese algo es el alma dotada
de conocimiento y órganos materiales.
Existe un alma para cada cuerpo
lo cual se induce del hecho de que cada cuerpo o agregado material se comporta
diversamente. Por ejemplo, mientras unos nacen, otros mueren. El alma presiona
sobre el cuerpo haciéndole perder su equilibrio lo que le pone acción. De suyo
el alma permanece ajena a esta actividad de la materia pero no a las mutaciones
orgánicas ni al dolor reflejando la actividad de la materia como un
espejo.
¿Pero en qué consiste esa fuerza
atractiva del alma sobre la materia?. Por una parte se nos dice que el comercio
lamentable entre alma y materia se debe a la ignorancia de aquella acerca del
influjo que la materia puede ejercer sobre ella. De ahí los consejos e
instrucciones para librarse mediante el conocimiento de ese peligro. Por otra,
se sostiene que el alma separada del cuerpo carece de todo conocimiento. Nos
hallamos ante una aporía metafísica aparentemente sin solución. Al menos desde
el punto de vista dialéctico y abstracto. En la práctica, no obstante, se
recomienda seguir la tradición la cual recuerda que la vida está marcada por el
dolor contra el cual hay que luchar mediante la meditación y el conocimiento de
la distinción del cuerpo y el alma. Sólo así sería posible escapar al yugo de
la transmigración y alcanzar el reposo absoluto.
b) El Yoga
El término Yoga proviene de Yui,
que significa unión. En términos populares se dice que es el matrimonio del
espíritu con la materia. En realidad el Yoga es una fórmula práctica para
conseguir el perfecto conocimiento de uno mismo teniendo conciencia clara de la
distinción entre el cuerpo y el alma. Es un método para adquirir el desarrollo
físico y psíquico mediante la puesta en práctica de un código de técnicas que
llevan a la unión del espíritu con la materia, lo que equivale al conocimiento
perfecto de uno mismo.
El
Yoga supone una filosofía de la vida encaminada al autoconocimiento y
autodominio físico y moral con vistas a alcanzar paz interior, fortaleza moral
y comprensión intuitiva de las grandes verdades de la vida. Todas las escuelas
de Yoga tienen como objetivo específico o meta final la liberación de las
limitaciones humanas, del error y del engaño. Incluso el Tantra-Yoga que tiene
como objeto principal lo concerniente a las uniones sexuales.
Filosóficamente hablando el Yoga
añade a la doctrina del Sankhya la existencia de un alma universal superior
equivalente a Dios contrapuesto a la materia. No se trata de un alma creadora
ni ordenadora. Y menos aún de un ser
personal.
La meta final de la
contemplación en el Yoga es la separación
del alma de la materia mundana y extinción de toda conciencia anímica.
Nada de unión del alma con Brahama. Por el contrario, el Yoga conduce a la
supresión de las modificaciones del principio pensante.
El Yoga implica una ética en
toda regla en la medida en que busca la perfección del hombre integral. Lo cual
supone un desarrollo mínimo del cuerpo de suerte que pueda ser convertido en
instrumento apto para expresarnos en el mundo y percibir sus estímulos. O sea,
que el cuerpo pueda ser objetivado. Se requiere igualmente que capacitación
mental en el sentido de que no tengan lugar los sentimientos o estados
depresivos. La ética del Yoga no es para
cuerpos débiles ni espíritus apocados o con tendencias depresivas. La práctica
del Yoga es ardua y exige mucha constancia y dedicación como se desprende de
las siguientes etapas o grados de Yoga a superar.
1) Ejercicio de las virtudes en
bien de los demás, como, por ejemplo, la veracidad.
2) Ejercicio de las virtudes en
provecho propio (sobriedad, pureza, amor a la vida ascética).
3) Compostura del cuerpo apta
para la meditación.
4) Control de la respiración
para no perturbar la meditación.
5) Concentración de los sentidos
evitando distraerse con los objetos externos.
6) Mirar intuitivamente en un
punto del espacio.
7) Meditación propiamente dicha
aplicando la mente a una idea.
8) Contemplación o meditación
profunda en dos momentos. En el primero permanecen todavía representaciones y
la conciencia de uno mismo. En el segundo desaparece hasta la conciencia de la
propia personalidad.
Obviamente
nos hallamos ante un severo pero fascinante sistema de evasión lo que
explicaría el interés suscitado por las técnicas del Yoga en las sociedades
occidentales avanzadas donde hay de todo menos paz y tranquilidad.
c) El Vaiseshica y el Nyaya
Kanada,
fundador del sistema, se ocupó principalmente del mundo físico. Las categorías
del universo son: sustancia, cualidad, acción, universalidad, particularidad y
relación. La sustancia se manifiesta en forma de tierra, agua, aire, fuego,
éter, tiempo, espacio, alma y sentido común. De estas formas algunas son
indivisibles e indestructibles y se unen entre sí, no de forma fortuita sino
por razón de sus cualidades.
A
pesar de su preocupación por el mundo físico Kanada no se olvidó del problema
del dolor humano. El hombre está compuesto de cuerpo y alma y sometido a la
prueba del dolor que lo mismo que las alegrías ataca al alma. Nuestros males
son debidos a nuestras adherencias a esas afecciones del alma. Para liberarse
de ellas y con ello del dolor, el hombre debe esforzarse en la práctica de la
contemplación y de la mortificación.
Filosóficamente
hablando Kanada representa el primer intento filosófico hindú de reducir la
realidad mundana a categorías y sorpresivamente nos hace pensar en las
categorías de Aristóteles o en el atomismo helénico.
Por
su parte, la novedad de Gotama, presunto fundador del Nyaya, consistió en su preocupación por
la lógica. Por ello ha sido considerado como el Aristóteles de la filosofía hindú.
Aunque de forma más elemental, habla de las pruebas, del raciocinio, del
ejemplo, de la reducción al absoluto, de la cavilación, de la petición de
principio y otras cuestiones de lógica aristotélica.
En
lo referente a los problemas de la física profesa el atomismo del Vaiseshika.
Admite el dualismo de materia y espíritu, la pluralidad de almas particulares y
de un alma universal.
6. Buda y el budismo
El budismo junto con el
carvacaismo y el jainismo pertenecen a las denominadas escuelas heterodoxas por
haber reaccionado contra el viejo orden establecido.
a) El carvacaismo
Es un sistema brutalmente
materialista. La única realidad existente sería la materia corpórea. La
sensación y la intelección son atributos de la materia y las presuntas realidades
del espíritu no son más que expresiones nominalistas sin correspondencia
objetiva en la realidad. Por otra parte, la vida es dolor y sólo dolor. Pero el
remedio no está en extinguir o suprimir la acción sino en el disfrute de las
alegrías y placeres de la vida. Dicho esto es obligado añadir que esta
concepción tan materialista de la vida no tuvo éxito en la filosofía hindú.
b) Buda y su vida
En la historia de las religiones
ha existido la cómoda actitud de negar sistemáticamente la existencia real de
los fundadores de movimientos religiosos y filosóficos mediante el recurso a
los mitos y los sentimientos populares. Pero cada vez se tiende más a explicar
las notas características de esos movimientos teniendo en cuenta el genio
propio de los fundadores sin cuya existencia real en la historia muchos
aspectos no encontrarían explicación adecuada.
Por supuesto que la personalidad
de Buda es discutida desde la negación de su existencia histórica hasta su
identificación con un mito popularizado en el cual su realidad histórica se
desvanece por completo. De todos modos, lo más común es aceptar que Buda
existió entre los años 543 y 463 antes de Cristo. En los textos sánscritos Buda
es llamado “el monje de los shákyas y sus discípulos le denominaron “el
bienaventurado”. En la escritura pâli aparece con el nombre de Gotama o Buda y
con otros nombres en los que se le presenta como el que ha llegado al fin o a
la verdad.
Se admite comúnmente que Buda
(el que sabe) habría nacido en Kapilavastu (actual Gorakhpur) de la poderosa
estirpe de los Shâkyas. De su padre se dice que fue un terrateniente
independiente y poderoso y que su madre murió poco después de dar a luz. Se
cuenta que Buda fue un hombre insatisfecho de la vida apacible que le ofrecía
su padre y propenso a los estados de angustia y reflexión. La leyenda habla de
cuatro momentos culminantes de encuentro con la miseria humana: al ver a un
hombre anciano y decrépito, a otro enfermo y abandonado, en un entierro y en un
mendigo brahaman.
Impresionado por tanta miseria
humana trató de encontrar una forma de vivir nueva a contrapelo de su familia.
De hecho abandonó su casa y los suyos para ponerse a las órdenes del brama
Arâda Kôlama y más tarde a las de Udraka Râmaputra al que abandonó por
incompetente. Por último se marchó con cinco admiradores a Urubila para poner
en práctica extrañas penitencias y los preceptos del Yoga. No satisfecho con
este ascetismo trató de mejorar el régimen alimenticio por lo que sus
admiradores se escandalizaron y le abandonaron. Meditando un día se dice que se
sintió iluminado sobre el conocimiento absoluto de la salvación humana
convirtiéndose en un auténtico Buda, es decir, iluminado que ha logrado superar
el dolor y el placer, el bien y el mal. Su primera manifestación pública habría
tenido lugar en Benarés y sus primeros discípulos fueron los cinco admiradores
de Urubilâ con Kondaña al frente, llamado “el confesor de la fe”. Sobre el
budismo no existen propiamente fuentes escritas originales. La documentación
más antigua disponible son las colecciones Latita Vistara y Tripitaka en
sánscrito y en lengua pâli respectivamente.
c) Las cuatro verdades budistas
Cuando
en el lenguaje coloquial entre nosotros decimos que vamos a decirle a uno
cuatro verdades estamos haciéndonos eco de las cuatro verdades sapienciales en
las que Buda condensó lo más importante de su pensamiento. Son algo así como
su “sermón de la montaña”. Helas aquí:
1ª. “He aquí, oh monjes, la
verdad sagrada sobre el dolor: el nacimiento es dolor, la vejez es dolor, la
enfermedad es dolor, la muerte es dolor, la unión con los que no se quiere es
dolor, es decir, el apego al cuerpo, a las sensaciones, a las representaciones,
a las formaciones y a la conciencia”.
2ª. “He aquí, oh monjes, la
verdad sagrada sobre el origen del dolor: es la sed (de existir) que conduce de renacimiento en
renacimiento, acompañado del placer y de la codicia, que encuentra aquí y allá
su placer; la sed de los placeres, la sed de existencia, la sed de la
impermanencia”.
3ª. “He aquí, oh monjes, la
verdad sagrada sobre la supresión del dolor: la extinción de esta sed por el
aniquilamiento completo del deseo, desterrando el deseo, renunciando a él,
liberándose de él, no dejándole en su sitio”.
4ª. “He aquí, oh monjes, la
verdad sagrada sobre el camino que conduce a la supresión del dolor: es el
camino sagrado con ocho senderos que se llaman fe pura, voluntad pura, lenguaje
puro, medios de existencia puros, aplicación pura, memoria pura y meditación
pura”.
Según este célebre texto
sapiencial budista, cuanto existe está sujeto al dolor debido a su mutabilidad
y envejecimiento. Nacimiento, senectud, enfermedad y muerte son los
ingredientes inseparables de toda existencia humana. Por una u otra causa el
dolor lo penetra toda nuestra vida ya que en el mejor de los casos hay que
contar siempre con la implacabilidad de la muerte. La fuente del dolor es la sed de existencia ya que el deseo de
vivir va acompañado siempre de esperanza y temor al mismo tiempo. Así las
cosas, el único medio eficaz para alejar de nosotros el dolor es la supresión
de todos los deseos hasta alcanzar el estado de imperturbabilidad o Nirvana. Y
al Nirvana se llega purificando la inteligencia, la voluntad y los sentidos a
lo cual hay que añadir los preceptos de no matar ni siquiera a los animales, no
robar, no cometer adulterio, no mentir ni embriagarse. Según Kern, esta
división cuatripartita de verdades fundamentales está inspirada en la medicina
hindú adoptada por el Sânkya y el Yoga.
La
sed o deseo de existir es la causa del dolor. Pero de dónde procede y cuál es
su naturaleza? Buda responde con la
teoría de las doce causas que podía quedar formulada en estos términos:
De la ignorancia proviene la
experiencia.
De la experiencia el conocimiento.
Del conocimiento el nombre y el
cuerpo.
Del nombre y el cuerpo los cinco
sentidos externos y uno interno.
De los cinco sentidos o dominios
el contacto sensorial con los objetos.
Del contacto, la sensación.
De la sensación la sed
existencial.
De la sed existencial el apego a
la existencia.
Del apego a la existencia la
existencia misma.
De la existencia, el nacimiento.
Del nacimiento, la vejez, el
dolor, la desesperación y la muerte.
Como puede apreciarse, cada
proposición es la base de la siguiente en sentido secuencial. Lo uno sigue a lo
otro sin que se establezca una relación estricta de causa-efecto. Cada
afirmación condiciona la siguiente.
Suprimida la ignorancia como
primer eslabón de la cadena desaparecería el dolor existencial. La ignorancia
es entendida así como una especie de categoría ontológica universal equivalente
al maya brahamánico que en los Upanishads significaba la ignorancia de la
ilusoria multiplicidad de las cosas. Pero conviene no exagerar el presunto
sentido ontológico causal de esa ignorancia como categoría metafísica. Cuando
en el lenguaje popular se dice, por ejemplo, “si yo hubiese sabido esto no
hubiese hecho aquello” atribuimos a la ignorancia un sentido causal, sin duda,
pero no metafísico sino psicológico o moral.
Lo que literalmente se quiere
significar con esta teoría es que el ser del hombre proviene de su conducta
anterior. Refleja además una experiencia triste de la vida. La existencia
humana es siempre dura y en aquellos tiempos cabe suponer que lo era más
todavía. Entonces como ahora la muerte termina tronchando todas las ilusiones.
Pero ocurre porque nacemos empeñados en vivir a cualquier precio. El llegar a
ser lo que somos es posible porque alimentamos en nosotros el fuego de la
existencia mediante los deseos provocados por las sensaciones, las cuales nos
comunican con el mundo exterior a través de los sentidos. Somos individuos que
al enfrentarnos con el no-yo los sentidos se ponen en marcha. Y somos
individuos también porque poseemos una conciencia preñada con la idea de
nuestra propia personalidad. Conciencia que está hecha así gracias a nuestras
experiencias antiguas las cuales han infectado la conciencia por no ser
naturalmente ignorantes. Aquí cabe recordar el dicho popular de que ojos que no
ven corazón que siente.
d) Las leyes del pensamiento
La
primera escuela budista que cultivó la Lógica se hallaba en Gandhâra cerca del
Penjab. La obra Nyâyabindu de
Dharmakirti data del siglo VIII de nuestra era y fue comentada por Dharmottara
en el siglo IX. El interés budista por
la Lógica cobró auge a partir del siglo VI. Se nos dice que los razonamientos
son evidentes cuando las conclusiones son deducidas mediante el uso de la
razón. Por ejemplo, aquí hay humo porque hay fuego.
Se
nos habla también de argumentos persuasivos con los que tratamos de convencer a
los demás. Así decimos: donde quiera que hay humo hay fuego, aquí hay humo,
luego hay fuego. Nos hallamos ante una auténtica solidariedad entre la razón
que prueba el signo usado y la cosa significada. El efecto proviene de su causa
como consecuencia de un principio. Pero el silogismo hindú no es reductible al
silogismo griego. Aquel es un conocimiento por conexión en el sentido de que abarca
varios aspectos solidarios de una misma sustancia al mismo tiempo aunque los
percibe uno a través del otro. La Lógica griega, en cambio, trabaja con conceptos vicarios de las cosas.
Las cosas están en la mente mediante sus conceptos respectivos. La Lógica budista, según Stcherbatsky, sólo
conoce síntesis en sus aportaciones mentales. Trata directamente de las cosas
sin intermediarios. De ahí que el silogismo o raciocinio sea más un complejo
representativo que una concatenación de juicios.
e) El cosmos y la esencia de las cosas
La cosmología budista se ocupa
sobre todo del origen, descripción y destrucción del universo. Admite la
existencia de seres espirituales o carentes de forma, y otros con forma muy
sutil. Luego están los que poseen materia visible con forma llenos de deseos,
sobre todo sexuales. Es el reino de la concupiscencia.
Dentro de estas tres grandes
áreas se habla de dioses, hombres, almas en pena, animales, réprobos y titanes.
Todos ellos perfectamente ubicados.
Los réprobos residen en los
infiernos. O sea, en departamentos o cámaras de tortura. Se habla de cinco
infiernos calientes y ocho fríos donde sufren terrible estridor de dientes. Loa
animales poseen vida superior a la de los réprobos y viven en el océano con los
hombres. Las almas en pena son las que fueron egoístas y envidiosas. Se
encuentran en el mundo de los hombres y en el reino del dios de la muerte
durante 500 años. Padecen hambre y sed y sólo pueden nutrirse con las ofrendas
bendecidas por los sacerdotes. Los dioses residen jerárquicamente en la montaña
en palacios confortables gozando de diversos placeres según haya sido su vida
pasada. En estas categorías queda contorneado al ámbito de la realidad. Pero
¿cuál es su ser, su esencia?
Según el principio de causalidad
budista el universo está constituido de
elementos transitorios. Algo que “se hace”, como la tierra, el agua, el fuego y
el aire. Esta inestabilidad es inherente y constitutiva del universo mundo. Las
cosas no se causan unas a otras sino que simplemente se suceden. De donde se
infiere que no puede decirse que las cosas son o no son. Simplemente se
constata el camino que siguen las sucesivas formaciones transitorias. La
esencia de las cosas, por tanto, es su hacerse en la cadena causal, pero no
algo fijo sustancial.
En el budismo el origen del
mundo no es atribuido a ningún Dios creador de suerte que hubiese quedado
después abandonado a los avatares de la evolución. Tampoco es considerado el
mundo como un despliegue de algún principio Absoluto. Nada hay necesario más
allá de la sucesión de las formas o ignorancia primordial.
A pesar de todo, las formas son
objetivas, tienen realidad. Este realismo búdico tiene su paralelo heleno en
Heráclito. Las cosas tienen su realidad móvil, son su “que hacerse”. En consecuencia,
no existen los géneros. La palabra hombre, por ejemplo, con corresponde a nada
ya que lo que existe es el puro fenómeno individual. No interesa el ser sino el
devenir. En Upanishads había algo parecido pero al revés. Se admite la
sustancia individual y se niega la objetividad de lo fenoménico.
f) El hombre y el Nirvana como destino
El
hombre aparece en el cuarto eslabón de la cadena. Surge de la unión de un
elemento cognoscitivo y del cuerpo evolucionado hasta llegar a su plena
actividad consciente. Es entonces cuando nace en él un hambre voraz de existir
dando lugar al proceso vital que supone la tragedia de nacer, envejecer y
morir. Por si esto fuera poco, después de la muerte los que no pudieron
liberarse del deseo de existir vuelven a ser condenados a una existencia nueva
con nuevos nacimientos, decrepitud y muerte.
El
hombre es descrito en clave de cuerpo y alma como partes esenciales pero como
formaciones o realidades transitorias. El cuerpo es un conjunto de formaciones
y el alma un acerbo de representaciones sin sujeto de inhesión.
El
fin inmediato del hombre es liberarse del dolor con la extinción de nuevas
natividades matando todo deseo de existir. El hombre, una vez muerto, o queda
inmerso en el Nirvana o renace a otra nueva existencia, lo cual no es deseable.
El Nirvana pues es el fin último del hombre. Ambos fines, el inmediato que es
suprimir el dolor, y el último, que es la inmersión en le Nirvana, configuran
la ética budista y marcan los criterios para discernir entre el bien y el mal.
Los medios para alcanzar estos fines son los preceptos morales de carácter
humano y materialista. Es bueno lo que la naturaleza humana considera eficaz
para liberarse del dolor y malo todo cuanto resulta eficaz en la lucha contra
el dolor.
De
acuerdo con este paradigma se establecen las obligaciones para con los demás y
para con uno mismo. Los preceptos morales relativos a los demás se basan en la
igualdad de todos los hombres contra el estatuto de clases sociales establecido
por los brahamanes. Según el budismo, el privilegiado brahaman nace de la mujer
como todo hijo de su madre y el único criterio de autoridad es la virtud. En
consecuencia, los hombres deben ser benévolos desterrando el odio contra el
enemigo, devolviendo bien por mal, largueza por avaricia, verdad por mentira y
ayudando a los indigentes. Esto en
general. Más en concreto se destacan los preceptos siguientes:
-No matar a hombres ni animales
(respeto a toda vida).
-No robar ni desear la mujer
ajena (sentido de la justicia)
-No mentir ni ingerir bebidas
embriagantes (sentido de la verdad y de la libertad personal).
Los
preceptos morales individuales suponen los anteriores y conducen inmediatamente
al Nirvâna. Al igual que en el brahamanismo, se llega a esa meta mediante la
vida monástica, la meditación frecuente sobre el dolor humano, las
mortificaciones corporales y otros ejercicios ascéticos que el budismo fue
haciendo suyos.
El
Nirvana es el concepto que corona todo el sistema doctrinal budista. Es muy
ambiguo y refractario al análisis. Cuando el hombre llega al umbral de la
muerte sin pretensiones existenciales se sumerge en el Nirvana que literalmente
significa extinción y desnudez. En el brahamanismo tiene lugar cuando el alma
individual se funde en el alma universal. En el budismo el nirvana es
considerado como término y punto final de las reencarnaciones.
Teniendo en cuenta que en el
budismo no hay propiamente hablando un sujeto supremo de sustentación cabe
pensar que la idea de Nirvana implica la extinción total de los deseos. De
hecho Buda no explicó cómo se encontrará el alma en su estado nirvánico y su
doctrina general induce a pensar en la total extinción. Hay pasajes en los que
Buda niega el Yo sustancial y de rechazo a Dios como ser personal y al alma
inmortal. Buda se sirve del símil del fuego y dice que, así como éste se apaga
sin combustible, el hombre que no alimenta el fuego de la pasión no sufrirá más
reencarnaciones y su vida se apagará.
Según esta explicación, el
Nirvana sería el resultado de la extinción y supresión de todo pensamiento, de
toda voluntad y de toda sensación originándose un estado de absoluta y total
imperturbabilidad. En palabras del budólogo Buddhagosa sería el estado del que
ya ni peca ni padece. O, como se dice vulgarmente, ni siente ni padece.
El Nirvana puede definirse
también de forma negativa diciendo lo que no es y así se dice que no es ni
cesación, ni destrucción, ni encubrimiento, ni salvación, ni redención ni paz.
Es simplemente un estado de absoluta y total imperturbabilidad en la que
consistiría la felicidad suprema del hombre más allá de las aniquilaciones
previas. En cualquier caso cabe destacar que el Nirvana no es un concepto
metafísico sino una mística o método de superación del dolor humano.
7. El jainismo y sus cismas
El jainismo fue un movimiento
paralelo al budismo, nacido como reacción contra los Vedas. Al igual que el budismo cuenta con monjes y
doctrinas relativas a la salvación.
Admite, como los Vedas, la
creencia en la transmigración indefinida pero trata el tema con más libertad.
Para ser jaina no se tenía en cuenta la casa o grupo social de origen. La
tradición jaina habla de 22 maestros pero su fundación se atribuye a Mahâvira,
nacido cerca de la ciudad de Patne allá por la época de los reinos arios cuando
los guerreros promovieron una revolución contra los brahamanes. Los dogmas
brahamánicos y sus rituales fueron sometidos a discusión y se investigó sobre
Dios y el alma humana al margen de las teorías oficiales de los sacerdotes
brahamánicos. El Jainismo proclamó la igualdad de todos los hombres contra el
clasismo y los privilegios de los brahamanes al tiempo que defendió la
inferioridad de los dioses respecto de los Jina o sautos.
Se dice que Mahâvira se casó y
tuvo una hija, pero permaneció con su familia hasta los 30 años de edad.
Muertos sus padres se dedicó a la vida espiritual convirtiéndose no en un
fundador al estilo de Buda sino en un reformador de escuelas religiosas. Viajó
mucho y llevó una vida ascética muy severa. Se dice que guardó castidad y
practicó dietas muy rigurosas. Durante una meditación tuvo la impresión de que
había sido iluminado y su vida cambió de rumbo.
A
los 42 años de edad y tras muchos padecimientos se entregó a la predicación de
sus doctrinas y a la organización de los ascetas. Moriría a los 72 años en
Pârâpuri, lugar santo para los jainas y donde pueden admirarse todavía cuatro
grandiosos templos. Su muerte habría acaecido hacia el 527 antes de Cristo.
Mâhâvira no fue un iconoclasta
de sus antepasados como tampoco un profeta que se considera obligado a
transmitir un mensaje a sus contemporáneos. Fue un hombre disciplinado y
austero dedicado a perfeccionar las tradiciones recibidas. La tradición le
presenta como el último de las grandes sabios jainas.
Pero dentro del movimiento de
Mâhâvira surgieron tres grandes cismas: el de Goshâla, el Gran Cisma y el de
los Iconoclastas. Se habla también de siete maestros heterodoxos. Goshâla fundó
la orden de los mendigos y parece que negó el libre albedrío y la
responsabilidad moral. “No hay fundamentos-decía- ni causa que expliquen la
inclinación de los hombres al mal o a la bondad; son pecadores o justos sin
razón ni motivo. Los actos humanos son producto de un determinismo infalible.
Los seres reciben todos su forma de existencia, no del libre albedrío ni de su
propia fuerza o energía, sino únicamente del destino, del ambiente, de los
seres de los que han nacido y de loa clase de seres a que pertenecen”.
Separándose de Mâhâvira, Goshâla fundó una comunidad en la que vivían desnudos
sometidos a un régimen alimenticio severísimo.
El Gran Cisma se refiere a la
escisión de la comunidad mahavariana en dos grandes ramas: la de los “capas
blancas” (Shretâmbaras) y la de “los que tiene el espacio por vestido”
(Digâmbaras).
Curiosamente la escisión se
habría producido a causa del hambre. Según esta explicación, parte de la
comunidad emigró a Mizora quedando el resto en Maghara. Pero esto últimos, para
mejor paliar la hambruna, decidieron abandonar la costumbre de vivir desnudos.
Cuando los de Mizora volvieron al lugar de origen se indignaron contra sus
colegas a los que acusaron de relajación e inobservancia por abandonar la
costumbre de vivir desnudos. S. Agustín habla en La Ciudad de Dios, XIX, 17 de
“las oscuras selvas de la India, donde algunos filosofan desnudos –por eso han
sido llamados gimnosofistas- cubriendo sus genitales, mientras los demás los
llevan al aire”.
Los gimnosofistas o “desnudos”
enseñaban que las mujeres no pueden llegar a salvarse y que los “liberados” no
comen. Propugnaban además la total desaparición de la antigua literatura jaina.
Pero los “capas blancas” no estaban de acuerdo con esas enseñanzas ni con otras
de menor importancia lo que terminó dando lugar al cisma iconoclasta con el
rechazo del culto a los iconos. Los expertos matizan que en este proceso
iconoclasta ha habido ya influencia islámica.
8. El canon jaina y los principios
lógicos
La literatura jaina es muy
extensa y gran parte de ella es poco a nada conocida. Es además muy sacerdotal
y monacal. Los temas tratados son principalmente teológicos, filosóficos y
legendarios. Abundan las leyendas santorales.
La primera fijación del cano
jaina data del 300 antes de Cristo en un
concilio presidido por Sthûtulabradra, pero la redacción definitiva data, según
los expertos, del 526 después de Cristo en un antiguo dialecto modernizado bajo
la dirección de Magadha.
El canos jaina es un conglomerado
de doctrinas sobre la vida monacal, sobre moral, mística y cosmología. A pesar
del desorden que reina en la exposición, se aprecia un noble esfuerzo de
síntesis y sistematización en seis secciones. En conjunto nos hallamos ante una
mezcla de filosofía primitiva hasta el siglo VII antes de Cristo, muy afín al
budismo primitivo y al primer shânkya, sobre todo en la concepción materialista
de la naturaleza y de las funciones psíquicas.
La Lógica jaina nació de la
necesidad de defender el sistema y se basa en la teoría de lo indefinido. El
ser no es uno y permanente, como enseñaban los Vedas, sino que está sometido a
constantes cambios y destrucciones. El ser, por tanto, es tal y como se lo
percibe en la experiencia común, a saber: mudable y cambiable. El universo se
manifiesta diversamente y las cosas están perdiendo y adquiriendo cualidades
constantemente. El pensamiento jaina se nos presenta como un pluralismo
relativizador opuesto al absolutismo de las Upanishads así como al pluralismo
budista.
Ahora bien, las múltiples
cualidades de las cosas no pueden ser apreciadas o comprendidas con una sola
afirmación. Para que una cosa sea conocida adecuadamente ha de ser considerada
bajo cuatros aspectos teniendo en cuenta la materia, el espacio, el tiempo y la
naturaleza. Por otra parte, la complejidad ilimitada de las cosas hace que nada
sea totalmente cierto. En cualquier caso, para que una proposición pueda ser
considerada como mínimamente verdadera
hay que tener en cuenta los cuatro puntos de vista indicados y bajo
condiciones. La Lógica jaina pretende ser una conciliación entre brahamanismo y
budismo colocándose en el terreno de la experiencia vulgar. Para los
brahamanes, en efecto, sólo existe rigurosamente hablando Atman o el Absoluto.
Todo lo demás queda reducido a ilusiones o emanaciones de Atman. Por su parte,
el budismo sostiene que el hombre no tiene conocimiento de realidad alguna
permanente o estable. Todo es complejo y cambiante y cada afirmación es sólo
parte de la verdad.
Ahora bien, según Mahâvira, una
cosa es en un determinado sentido y puede no ser en otro. Un ejemplo de
razonamiento jainista, según Rivière, podía ser el siguiente en tres momentos:
I
1) El respeto de la vida es la
suprema virtud.
2) Pero según las escrituras
jainas.
3) Porque los que respetan las
vidas son queridos por los dioses.
4) Los que así obran alcanzan la
más alta virtud.
II
5) Ahora bien, atentando contra
la vida ajena se puede prosperar y despreciando los escritos jainas se pueden hacer méritos. Ahí están, por ejemplo,
los brahamanes.
6) Eso, no es verdad.
7) Los Arharts no cuecen sus
alimentos para no matar o evitar de matar algún insecto.
8) Pero quizás los pecados de
los dueños de la casa alcanzan a los Arharts.
9) No. Porque la coción no se
hace pensando en ellos.
III
10) Luego el respeto a la vida
es la virtud suprema.
En este curioso proceso
argumentativo observamos que la primera parte gira en torno al por qué de una
tesis o afirmación formal especificando el sentido de la tesis y la razón
aducida en su favor. Los números 1 y 2 corresponden a la tesis aducida y el 3 y
4 a la razón probativa y el sentido en que ha de tomarse.
La segunda parte expresa las dificultades que deben ser
aclaradas para que en la tercera resplandezca la tesis afirmada al principio.
El número 5 expresa la objeción que es negada sin más en el 6, pero insistiendo
con un ejemplo práctico contra la objeción en el número 7. Pero el objetante
tiene todavía un pequeño escrúpulo, expresado en el número 8 al cual el ponente
responde en el 9. Expuesta, pues, la razón a favor de la tesis y resultas las
dificultades no queda más que concluir reafirmando la tesis del número primero
en el décimo.
Como se aprecia a simple vista,
el proceso psicológico del razonamiento desde el punto de vista formal no se
aleja mucho del proceso discursivo natural. Su mayor fallo consiste en que se
queda en puro subjetivismo. Se dice que con el tiempo los jainistas
evolucionaron hacia una lógica más objetiva en la que la relaciones subjetivas
responden a la nulidad intrasubjetiva de suerte que las modalidades de lo
conocido están en las cosas y no sólo en nuestras disposiciones
subjetivas.
9. Dios y el mundo
El sistema jaina admite la
eternidad de la existencia, universalidad de la vida e inmutabilidad del
Karman, pero es ateo. Niega la necesidad de un Dios personal y creador del
mundo. “Si Dios creó el universo –escribe el jaina Achârya Jinasena- dónde
estaba antes esta creación?. Si no estaba en l espacio, dónde localizó el
cosmos?. Como de una substancia sin forma y sin materia Dios creó el mundo de
la materia?. Si Dios se basta a sí mismo, no tenía razón para crear el cosmos,
si no, no hubiera podido hacerlo ya que, por definición, sólo un ser perfecto
puede producirlo. Pensar que Dios creó el mundo para su placer supondría
considerarle como a un niño. Si Dios tiene benevolencia y si creó este mundo de
su gracia, ¿por qué este mundo tiene tanta miseria”. En resumidas cuentas, que Dios es algo
superfluo y además existe el mal. O lo que es igual, ni le necesitamos ni sirve
para nada. Luego no existe. Son exactamente las dos dificultades a las cuales
reduce Tomás de Aquino todas las objeciones imaginables contra la existencia de
Dios: la presunta autosuficiencia del hombre y la existencia del mal.
Negada la existencia de Dios, el
mundo la realidad de este mundo es explicada en razón de un determinado número
de sustancias impulsadas por una necesidad intrínseca de manifestarse. Los
factores físicos y psíquicos constituyen un mundo en el cual las fuerzas de la
naturaleza producen revoluciones sin limitación alguna externa proveniente de
la divinidad que no es considerada necesaria. La diversidad cósmica dependería
de las condiciones básicas siguientes: tiempo, naturaleza, necesidad, actividad
y deseo de ser y obrar.
El espacio es la parte
envolvente del cosmos y el más allá o abismo de la nada. El tiempo es una
especie de cuasi-sustancia. La materia es eterna y está compuesta y está
compuesta de átomos. Se divide en dos reinos: el material, accesible a los
sentidos, y el sutil, que escapa a la percepción física. La viabilidad de los
átomos da lugar a nuevas cualidades. Según la condición de los átomos hay
existencias simples y complejas. Estas últimas son agregados de simples entre
las cuales tiene lugar una penetrabilidad universal en sus cualidades
constituyendo una verdadera continuidad universal. No se trata, por tanto, de
agregados atómicos homogéneos e indivisibles al estilo de Demócrito. Existen
los dioses, pero son entidades caducas residentes en el firmamento y que han de
asegurarse también su destino. El mundo es una realidad plena, fruto del
concurso recíproco y autónomo de las sustancias eternas clasificadas en vivientes
y no vivientes.
El conjunto de todas las
sustancias sin vida se llama ajivâ y
los seres vivientes poseen un principio animado o alma y son catalogados según
el número de los sentidos. Los cuatro elementos de la materia inferior son
visibles e invisibles y poseen vida elemental.
La
vida es algo sagrado e intangible. Hasta tal punto que los jainas, para no
molestar a los insectos con la respiración, se tapaban la boca. Igualmente
barrían el suelo para evitar de pisar algún diminuto ser viviente. Los jainas
profesaban un profundo respeto a los animales. Respeto que no es tan chocante
como pudiera parecer a simple vista ya que no era otra cosa que una forma de
manifestar su profundo respeto por la vida humana como valor supremo de
referencia ética. No se trata pues de una desviación del afecto debido a las
personas hacia los animales sino de la afirmación de la vida como valor
fundamental sin el cual todos los demás valores carecen de sentido.
10.
El alma, el karman y la vida
Las almas son entendidas como
substancias vivientes y eternas que se dilatan y contraen para adaptarse a la
medida del cuerpo al que están incorporadas. Son de dos clases: las que se
encuentran en los seres vivos amarradas a este mundo y las que se encuentran ya
en estado de liberación disfrutando de la paz en lo más alto del universo. O
sea, las que han alcanzado es estado de Nirvana. De por sí y salvo raras
excepciones, la perfección de la que disfrutan las almas está empañada por una
materia o especie de polvillo cósmico denominado KARMAN el cual obnubila sus
cualidades naturales. De ahí la necesidad de un soplo benéfico que fulmine ese
polvo para que el alma pueda experimentar las cualidades de lo bueno y de lo
malo.
De donde se infiere que los
jainas tenían un concepto materialista del alma humana. Ese Karman o materia sutil envolvente permite su
visibilidad a través de un color especial. Cada color es un valor moral y
caracteriza a las personas. Por ejemplo, el negro, azul y gris reflejan maldad.
Y el amarillo, rojo y blanco, bondad. En la materia kármica residen las
pasiones y deseos desordenados los cuales son descritos como una especie de
materia viscosa.
El Karman es el responsable de
las transmigraciones y condiciona el futuro del alma. Antes de ser liberada el
alma mantiene una colaboración estrecha con el ajîva de cuyo contacto nace una
energía o karman en la que estriba la moralidad, según que el karman se bueno o
malo, siendo la fuente de todas las miserias humanas. El karman termina resultando
algo así como la conciencia de las experiencias del alma en contacto con
el ajîva
o sustancias sin vida de este mundo. Llámase también karman a los lazos que
atan el alma a la materia en tanto que es material y retiene al alma deseosa de
volar hacia la paz de lo absoluto. De
todos modos, el karman es descrito como un cuerpo envolvente del alma muy sutil
que la hace desgraciada al tiempo que
carece de funciones corporales.
El Karman es el responsable de
las ocho consecuencias que el alma saca de su contacto con el conjunto de los
seres no vivientes o ajîva. He aquí esas formas de karman o conclusiones:
Limitación en la duración de la vida, determinación de nuestra individualidad,
prevenciones sociales, dependencia del placer y del dolor, oscurecimiento de la
conciencia, oscurecimiento del conocimiento inmediato, obstáculos contra el
progreso espiritual y el extravío.
De
lo cual se infiere que el alma tiene que encontrar la manera de expulsar el
karman y con él la causa de todos sus males. Pero ¿cómo sacudirse de él? Aquí
entramos ya en el terreno propio de la ética con las dos cuestiones nucleares
de siempre relativas al fin del hombre y los medios o preceptos morales para
alcanzarlo.
Para los jainas, como para todo
el pensamiento hindú, el fin último del hombre consiste en liberarse del dolor.
Pero las jainas añaden que esto ha de lograrse mediante la eliminación del
Karman con sus nefastas consecuencias. Es así como entra ahora en juego el
monaquismo como forma de vida destinada a la destrucción eficaz del viejo
Karman mediante la vida austera. Esta es la ética de “las tres joyas” cuyos
postulados básicos son: poseer conciencia recta, conocimiento recto y conducta
recta.
El primer postulado es muy
importante ya que evita el conocimiento falso de las cosas y la lógica errónea
en la forma de pensar. El segundo facilita los juicios correctos sobre los
pensamiento y el tercero equivale al aspecto práctico del conocimiento teórico,
el cual por sí sólo resultaría inútil. El ideal ético jaina alienta el esfuerzo
constante hacia la destrucción total del Karman como fuente de males y
sufrimientos. Así pues, mediante la vida monástica se acelera esa limpieza
restituyendo al ser humano a su pureza primitiva eliminando los últimos
reductos kármicos.
Con esta mentalidad de fondo, el
monaquismo jaina se estructura sobre la base de los cinco votos o compromisos
éticos siguientes: no matar, no robar, no tener relaciones sexuales, no mentir
y no tener bienes propios renunciando a todos los intereses materiales. A estos
votos se añadían otras austeridades tales como limitar la distancia en una
dirección determinada, despreocuparse de asuntos no personales y regular la
alimentación y los placeres.
Los monjes jainas dispensaban
mucha importancia al ayuno. Ordinariamente consistía en hacer una sola comida
en uno o varios días. En casos extremos podían llegar hasta la muerte por
inanición. Por supuesto que el Yoga y otras técnicas de contemplación y
relajación ocuparon un lugar destacado. Algunos hablan de una especie de
explosión en el alma que quema los últimos residuos kármicos. Pero lo normal es
pensar que la total liberación del alma se logra al cabo de catorce etapas
sucesivas de la purificación ascética monacal.
La finalidad de los votos
monásticos jainas era la eliminación del karman original y formación de un
Karman nuevo capaz de penetrar sutilmente a través de las actividades
corporales y de la mente. Mediante el control de esas actividades el Karman
original malo quedaría hipotéticamente desactivado. Una observación importante.
Los monjes debían esforzarse en la práctica de las observancias monacales y los
laicos debían imitarlos practicando la vida monacal durante ciertos días y
ayudando a los monjes.
Pero más importante aún es lo
que se refiere al respeto a la vida o ideal del Ahimsâ. El respeto a la vida es
uno de los principios nucleares de la ética jaina. Según ellos, todo tiene
vida. “El voto de no matar – según palabras de Hemachandra- es el no destruir
la vida en ningún sentido, aún involuntariamente”. Todo ser viviente merece
sentimientos de amor y fraternidad. En consecuencia, el monje debe beber el
agua con filtro y llevar una escoba consigo para barrer previamente el lugar
por donde ha de pasar. Igualmente debe llevar tapada la boca con el fin evitar
la posible ingestión de algún insecto. Debe además llevar el pelo rapado y
comer antes del crepúsculo por si algún insecto cae sobre los alimentos para
que pueda ser advertido y evitado el riesgo de destruirlo. En este respeto
incondicional a la vida hay un profundo sentido de los demás. Los jaínas más
lógicos y coherentes habría a todos los seres vivientes el camino de la
salvación, sobre todo a los hombres, aunque fuesen extranjeros. De hecho, en la
confesión de sus pecados el jaina debía mirar ecuánimemente a todo ser viviente
sin evitando apegos y simpatías.
11. La filosofía china en su contexto
ambiental
El
estudio de la antigua filosofía china muy difícil para los estudiosos
occidentales sobre todo por el idioma y la historia. Los expertos suelen seguir
la vía del mandarín y la historia comprende desde los orígenes legendarios y
resulta muy larga y complicada. Las fuentes del antiguo pensamiento chino se
han dividido en canónicas y filosóficas. Las primeras corresponden a los siglos
VII y VI antes de Cristo y en la colección Sacred
Books of the East se encuentran en los volúmenes III, XVI, XXVII y XXVIII.
Las filosóficas son las atribuidas a Confucio sin bien lo más probable es que
Confucio sólo escribió Thaio. El resto que le son atribuidas serían obras de
sus discípulos. La gran obra de Lao-Tse es el Tao-te-King o libro del camino y
de la virtud. Los expertos suelen
distinguir el período de la vieja filosofía china hasta el siglo VI antes de
Cristo de la filosofía de las escuelas filosóficas propiamente dichas de
Confucio, Lao-Tse y Than-Hi.
Para entender el pensamiento
chino es muy importante tener en cuenta la configuración geográfica de la
inmensa China. Los glaciales de Mongolia, los desiertos del Asia central, la
cordillera del Himalaya y el mar han condicionado a China hasta el extremo de
convertir a este monstruo país en un mundo aislado durante miles de años. Las
mismas condiciones internas del terreno dieron lugar a una civilización
esencialmente agrícola y el campesino chino se connaturalizó con la tierra que
pisaba acomodando su vida al ritmo de las estaciones. Durante la primavera el
rey en persona realizaba el primer laboreo y se purificaba el suelo con ritos
mágicos. La primavera predisponía para la fecundación de la tierra y la procreación
humana que estaba ligada a la renovación de la naturaleza cósmica haciéndose
depender de ella. Para la mentalidad china no había distinción entre realidades vulgares de la vida y esencias
espirituales, ni entre hombre y naturaleza, alma y cuerpo. El hombre forma
parte del universo en igualdad de circunstancias con los demás seres de la
naturaleza en cuto ámbito todos son solidarios. La tierra es una potencia
tutelar con poderes indefinidos y objetos de veneración. Los jefes o líderes
sociales fueron tenidos por dioses y los grupos familiares como entidades
herméticamente cerradas. La falta de uno de sus miembros repercutía
automáticamente en toda la familia y el castigo al grupo familiar se expresaba
tiñendo de rojo su montaña.
Los difuntos por su parte
continuaban ejerciendo su autoridad y dispensando protección sobre los
familiares. Según De Groot, los muertos son por derecho los patronos divinos
del pueblo chino a modo de dioses domésticos que protegen y promueven la
felicidad. Este culto a los antepasados es considerado como fuente de riqueza y
prosperidad ya que son ellos y no otros los verdaderos dueños y poseedores de
todo. El culto a los padres y a los antepasados constituye el corazón de la
vida religiosa y social del pueblo chino.
La sociedad, a su vez, no se
distinguía del universo. Así la planta de la casa representaba la tierra que
sostiene, y el techo el cielo que cubre. Cada ciudad tenía su Ming-Tang o casa
del calendario que representaba a todo el universo. En determinados días el jefe de la ciudad entraba en el Ming-Tang
oportunamente ataviado para inaugurar los meses y las estaciones. Desde el
centro del Ming-Tang el jefe, revestido con ornamentos amarillos, animaba al
tiempo e influía en la sucesión de las estaciones y el bienestar del reino.
De acuerdo con las creencias
tradicionales chinas, todas las cosas poseen un poder secreto sólo conocido por
el jefe. De ahí su convicción de que las cosas son dueñas y señoras de las
personas y no al revés. En este sentido la pronunciación del nombre equivalía a
crear la cosa y un error de pronunciación podría acarrear consecuencias
desastrosas.
Todo se consideraba eficaz. Las
danzas, por ejemplo, creaban la primavera, estimulaban el emparejamiento de los
animales domésticos y el caudal de los ríos. Mediante la danza dominaban
también los vientos y se mantenía el orden social.
Cualquier catástrofe natural o
acontecimiento extraordinario era atribuido a que el Emperador había cometido
alguna falta en la celebración de los ritos o a que ya no era digno de seguir
presidiendo los destinos del Imperio. Las catástrofes eran siempre asociadas a
la derrota de alguna dinastía.
Siendo la sociedad el trasunto
del universo, debe existir entre ambos la más estrecha armonía. De ahí el
formalismo moral y ritualista, especialmente en la Corte. De esa armonía
dependían la paz y el equilibrio social que han de reflejarse en el único orden
que preside la vida universal.
En la vida familiar la
paternidad es lo menos importante. Esto significa que el hijo es considerado
sólo como principio o causa de prestigio para el padre. Las relaciones entre
padres e hijos se reducían a formalismos etiquetados y al honor con menoscabo
de la intimidad. Esta característica es muy importante para entender el
presunto dominio del chino de su sensibilidad. La vida es ante todo etiqueta y
formalismo al compás del ritmo cósmico. De ahí que las manifestaciones
emotivas, en los duelos, por ejemplo, no rebasen el puro convencionalismo
produciendo una evidente impresión de frialdad. Acontecimientos que a los
occidentales pueden parecerles crueles no lo son para un chino a fondo. El
chino nato desprecia olímpicamente el dolor y la muerte.
Otro factor importante para
entender la idiosincrasia de la mentalidad china es el lenguaje. Cada palabra es una raíz y
cada raíz es una palabra. Ni se declinan los sustantivos ni se conjugan los
verbos. Cada gráfico es un signo y nada más. Evoca la idea, la dibuja, realiza
y simboliza. El orden de las palabras sigue a la sucesión de las emociones lo
cual se presta mucho para la poesía.
La escritura es práctica y no
intelectual. Es un conjunto de signos que operan sobre la Naturaleza. El
sentido del lenguaje se encuentra en la tradición y por ello un discurso se
reduce a una serie de sentencias rítmicamente enlazadas con musicalidad.
De donde se infiere que la
verdadera enseñanza es muda y no la que se transmite por palabras. “Prefiero no
hablar-decía Confucio-. ¿Acaso el cielo habla?. Las cuatro estaciones siguen su
curso, todos los seres reciben la vida y, no obstante, ¿el cielo habla?”. Como
bien dice Rivière, esto significa que mediante la enseñanza muda se garantiza
el respeto a la naturaleza y autonomía de los seres. No hemos de buscar en la
literatura china conceptos o expresión sistemática de ideas al estilo occidental.
Un idioma de tal suerte estructurado como el chino es más apto para sugerir
conductas y persuadir que para formular sistemas de conocimientos científicos.
Por lo mismo se comprende la opinión de quienes piensan que cualquier intento
de sistematización del pensamiento chino al estilo occidental está llamado al
fracaso.
12. El Yin-Yang y el Tao
En la filosofía china hay dos
conceptos fundamentales que han de ser tenidos siempre en cuenta. El binomio
Yin-Yang simboliza los aspectos opuestos y alternantes de todos los contrastes
posibles que pueden tener lugar en el universo. Yin se refiere a todo aquello
que sugiere una idea menguada o minimalista por relación a otra cosa opuesta.
Por ejemplo, la sombra, la humedad, la mano izquierda, el invierno y así
sucesivamente. Yang es el aspecto positivo, como la luz, el calor, la
masculinidad o la vida.
Pues bien, así como no puede
haber sombra sin luz, muerte sin vida etc. tampoco puede haber Yin sin Yang y
viceversa. La presencia de un extremo supone e implica la presencia necesaria
del otro.
Yin y Yang se alternan y se
complementan. Esta alternancia se encuentra en el fondo de todo el orden
universal. Entre los elementos unos son más ricos en Yin y otros en Yang. Se
trata de una fórmula rítmica del universo y de todas las formas de vida. Y no
se trata de meras oposiciones ni de una figuración del bien y del mal. Se trata
de aspectos concretos y símbolos indefinidos que engloban a toda la realidad
posible. Nada de sustancias, principios o fuerzas. Lo importante es la idea de
alternancia o balanceo rítmico de la naturaleza. El padre, por ejemplo, es Yang
respecto del hijo, el cual es también Yang respecto de los suyos propios.
En íntima relación con el
binomio rítmico del Yin-Yang se encuentra el Tao. Es una categoría suprema más
sintética que el Yin-Yang. Primero significó camino, después orden, eficacia,
virtud y poder y más tarde lo TOTAL dotado de autoridad absoluta. Así Tao es el
soberano de arriba, la inteligencia augusta, la providencia y el poder
clarividente. Según Granet, Tao es la eficacia, el orden, la potencia infinita
e indefinida que domina el conjunto de las realidades de forma absoluta y
permanente. No es la suma sino el principio regulador supremo de la alternancia
del Yin-Yang y el supremo saber operante. El secreto y eficacia de los adivinos
y gobernantes consiste en poseer la ciencia del Tao en la que está previsto
todo acontecer y norma para regir los destinos de las sociedades y de los
pueblos.
La noción del Tao excluye los
conceptos occidentales de causalidad y el principio de contradicción. En la
idea del Tao lo importante y lo que cuenta es el orden rítmico del universo. La
mutación se reduce al balanceo del Yin-Yang y pierde interés el estudio de las
relaciones entre causa y efecto. Lo que importa no es la sucesión de los
fenómenos sino su emparejamiento o interdependencia alternante. Los términos
hacen referencia a magnitudes. Son meros símbolos tanto más interesantes cuanto
más raros. Ahora bien, la constatación de hechos extraños no se ordena al
conocimiento de las consecuencias que pudieran producirse sino a poner de
manifiesto solidaridades. La realidad es una masa de signos concretos y la
sabiduría consiste en coleccionarlos haciendo repertorios de emblemas. Unos
funerales nefastos, por ejemplo, significaría que el difunto fracasó en la
política. Fracaso político y funeral nefasto son aspectos solidarios de una
realidad o signos equivalentes. De ahí que podamos fijar la atención en uno u
otro indistintamente.
La sabiduría china no tiene en
cuenta el principio occidental de contradicción y por ello clasifica los hechos
por orden de eficiencia en sucesión jerárquica. Cuando los hechos son
equivalentes se suscitan armónicamente. Y si son opuestos se pone en marcha el
balanceo del Yin-Yang entremezclándose bajo la acción presidencial del Tao. De
ahí que el pensador chino no vea las cosas intelectualmente componiendo y
dividiendo al modo aristotélico y occidental sino de forma simultánea.
Tampoco es conocido el silogismo
occidental ya que el espacio y el tiempo tienen un carácter muy concreto lo
cual da lugar a una lógica esencialmente de orden y jerarquía eficiente. La
finalidad del razonamiento chino es descubrir los secretos del Tao a través de
sus realizaciones más imperfectas ya que el mundo está regido por un grandioso
protocolo o etiqueta, que es justamente la sabiduría operante del Tao. Mientras
los occidentales generalizamos y calculamos el pensador chino se afana buscando
lo singular y extraño para hacer el inventario de las solidaridades existentes
entre el orden del universo y de toda la vida mirando aunando el orden de la
civilización con el del universo.
13. Dios, el hombre y la ética
El chino castizo es alegremente
incrédulo. Para él sólo existe el reino de la Naturaleza de la que el hombre es
un componente más. El Soberano de Arriba y el Hijo del Cielo o Soberano de
Abajo no tiene por qué ser temido. Se trata simplemente de dos polos del
universo y la religión es un aspecto más de la vida social. Lo extraño o sagrado
podría comprometer el orden de las cosas y el ritmo del Yin-Yang. Las
innumerables supersticiones chinas son exigencias de la vida social y su
existencia no significa que el chino crea realmente en ellas. Ningún sabio
chino ha pretendido reglamentar las costumbres con sanciones divinas. Los
espíritus, los genios y dioses locales son de igual naturaleza que los hombres
y se les puede combatir con fórmulas y exorcismos. El chino tiene una idea
familiar de lo sagrado y no individual. No ruega al cielo sino que le informa.
Desconoce la idea de un Dios personal trascendente.
La naturaleza del hombre es
radicalmente buena. Su bondad equivale a la del cielo cuya ley moral opera por
igual en el universo y en el corazón humano. El hombre reproduce el cosmos y la
sociedad es un trasunto de ambos. Entre al macrocosmos y el microcosmos todo
está relacionado y la ciencia consiste en agrupar y conocer analógicamente esas
correspondencias. El viento y la lluvia, por ejemplo, equivalen en el hombre al
aliento y la sangre. En otro orden de cosas se dice que las cinco vísceras se
corresponden con las virtudes fundamentales. La medicina era concebida como la
ciencia de las correspondencias por antonomasia
y del complejo juego del Yin-Yang.
Según
la sabiduría china el Universo equivale a un sistema de comportamientos del
espíritu y de la materia. Su codificación y legislación constituyen los ritos o
etiquetas sociales. Toda acción es un influir en el Yin-Yang para renovar el
universo. Por ello todo acto ha de acomodarse al rito que regula y asegura la
eficacia de la acción sobre el Yin-Yang. Desde el nacer hasta l morir la
alimentación es uno de los gestos más importantes ya que con el alimento se
“hace” el cuerpo. Esto explica la refinada etiqueta en la cocina imperial. No
en vano el Emperador es el eje del mundo y,
para bien o para mal, responsable de todo el orden establecido.
Pero los ritos no nos ayudan a
descubrir qué pensaban los viejos chinos sobre el hombre después de la muerte
ya que no existe una noción precisa del alma como sustancia espiritual. Los
términos ki, hueno, y po corresponden a aliento, exhalación
del aliento y de la sangre pero no cuadran con la terminología filosófica
occidental. De Groot habla de almas viscerales
mientras que Granet prefiere hablar de alma-solo y alma-sangre. Según
Rivière estas expresiones serían los emblemas de dos principios de vida
correspondientes a la sangre y el aliento.
Al nacer la criatura el padre la
hace sonreir sonriéndose él al tiempo que le comunica su aliento e impone un
nombre personal. Cuando este aliento o huen
desaparece del cuerpo el individuo muere. El padre aporta el aliento y el
nombre y la madre la sangre y el alimento. Con el aliento se absorbe la
sustancia vital resultante de las diversas combinaciones del Yin-Yang. Es obvio
que el lenguaje utilizado no permite hablar del alma humana con la precisión
que fuera de desear pero se percibe el reconocimiento implícito de un principio
vital cuyo origen y naturaleza quedan sin explicar, pero esto es secundario.
La ética china era una moral de
comportamiento en la cual la idea de caída o pecado original no existe. Se da
por supuesto que la naturaleza es total y radicalmente buena. Cuanto hay en el
hombre es el resultado de combinaciones más o menos logradas del Yin-Yang. La
personalidad es un concepto rítmico e inestable de elementos y cualidades
opuestas cuya cantidad variable determina el temperamento. Todas las
variaciones se explican por la mayor o menor dosis de Yin o de Yang. El ideal
del chino es la vida libre, plena y alegre. A esto se reduce la santidad y la
liberación.
Ese proceso de santidad o
liberación comienza por la higiene que permite acrecentar la vida con
ejercicios respiratorios, o bien prácticas alimenticias y sexuales específicas,
adaptándose lo más posible al ritmo del universo. La vida se renueva por
mediante el contacto con la naturaleza e imitándola. Siguen después los
ejercicios de respiración rigurosamente rítmicos para llegar finalmente al
éxtasis natural. El éxtasis es un estado mágico y apoteósico durante el cual el
discípulo aventajado se libera totalmente pudiendo atravesar la materia sólida.
Con el tiempo estos procedimientos fueron reforzados con doctrinas quietistas
en las que se enseñaba a sofocar la inteligencia discursiva y los dogmas como
forma de llegar más eficazmente al reencuentro y conformación con la madre
naturaleza y el ritmo del Yin-Yang. Dentro del contexto ético se dispensaba
particular importancia a la cortesía ritualmente regulada. Los ritos
codificaban todas las formas de comportamiento humano en armonía con el ritmo
del Yin-Yang.
El
rito es higiene y moral al mismo tiempo y de su correcta observancia depende el
buen orden en el cielo y la tierra de suerte que cada cosa ocupe su lugar. El
ritual, por ejemplo, ordena que no se reciba a la persona que hace visita sólo
de cortesía. El que invita ha de tener en cuenta la intención del visitante que
sólo pretende demostrar su estima o atención. Para lo cual basta con
presentarse. El que va a ser visitado ha de pensar que el visitante ya ha
cumplido y que, por lo tanto, no debe hacerle perder su tiempo. En consecuencia
renuncia a la satisfacción de entretenerse para conversar con el visitante.
Recibirlo para disfrutar de su compañía sería un acto de egoísmo. De donde se
infiere que la típica indiferencia y frialdad china ha de explicarse en razón
de una preocupación latente por los demás con sacrificio de los propios
intereses personales. Al menos en estos casos de cortesía. Sin embargo la
experiencia parece desmentir esta interpretación tan generosa. En cualquier
caso el mundo interior de los chinos tradicionales termina casi siempre
resultando misterioso y desconcertante para los occidentales.
De todos modos no hay que
confundir la vieja filosofía china con las innovaciones de Confucio y Lao-Tsé.
El más vetusto pensamiento chino re reducía doctrinas filosófico-religiosas. Se
tributaba culto a algo que podíamos denominar Dios y a los espíritus
inferiores. Incluso se admitía algo parecido a la inmortalidad del alma así
como algunos principios éticos bastante razonables. Nada se establecía sobre la
suerte de los malos ni aparece nunca la idea de castigos en ultratumba. Los
preceptos morales más notables eran la piedad para con Dios y los espíritus
invisibles, la obediencia a la autoridad, el amor filial y el respeto a los
mayores. Se recomendaba la veracidad y la benevolencia pero existían la
esclavitud estricta y la poligamia. En el siglo XII antes de Cristo con la
dinastía Cheu la vieja filosofía sufrió un duro golpe. El antiguo Tien o
Shang-ti perdió su primigenia significación divina para evocar a los astros y
al tiempo que el culto a los espíritus inferiores se concentró en las almas de
los grandes antepasados cobrando mucho auge la adivinación y las
supersticiones.
14.
Lao-Tsé y el taoísmo
Nos referimos a la doctrina del
Tao, de la que hemos hablado antes, pero interpretado por Lao-Tsé. Al igual que
Confucio, Lao-Tsé parte del vitalismo pansiquista del mundo espiritual chino.
Lao-Tsé significa el “viejo maestro” o “antiguo doctor”. Su nombre propio era
Pe-yang y el apellido Li. Póstumamente fue conocido por el apellido honorífico
de Tau. Se dice que nació hacia el año 604 antes de Cristo en la actual
provincia de Hu-nam en tiempos de la dinastía Chen. Rivière matiza que
pertenece a la región del río Azul, pintoresca y propicia para el enamoramiento
poético y la contemplación silenciosa.
Lao-Tsé se casó un tuvo un hijo
militar que llegó a general. Hasta se ha dicho de él que viajó por Palestina y
conoció la revelación bíblica del pueblo de Israel. Incluso se ha llegado a
suponer que viajó por los territorios del Imperio Romano. La verdad es que lo
que se sabe sobre este personaje es muy escaso a través de un antiguo
historiador chino llamado Se-na-Tsien.
Su obra, el Tao-te-King, es una
colección se sentencias del Maestro elaborada por sus discípulos. La leyenda le
atribuye generosamente la autoria de muchos libros y colecciones de textos
mágicos, pero A. Giles ha negado hasta la existencia histórica del propio
Lao-Tsé aunque los sinólogos modernos la admiten. Lo que sí niegan los expertos
es que el Tao-te-King fuera escrito personalmente por Lao-Tsé.
La ontología taoísta es una interpretación del Tao. El mundo,
enseña Lao-Tsé, es real y se encuentra en un proceso de transformación
contínua. El sujeto o ser que permanece inmutable es algo espiritual y
misterioso denominado Miao. Existe un Miao para el hombre y otro para el
universo pero constituyendo ambos la unidad del Tao. Según esto, el Tao es una
especie de naturaleza fenoménica, alma del universo e inaccesible a la
percepción sensible y al conocimiento racional. Se trata de algo indefinible
que sólo puede ser descrito de forma negativa. Más que una entidad sustancial
es el continente pasivo de cuanto existe. Es el Gran vacío y caos inicial que
produce y penetra todo.
Además del Tao superior e
inaccesible existe otro tao fenoménico a nuestro alcance: “Estas dos cosas (los
dos taos) tienen un origen común y nombres diferentes. Esta unidad es el gran
misterio, el milagro de los milagros, la puerta de todos los seres
espirituales. Hay un ser caótico y, sin embargo, perfecto, que existía antes
del cielo y la tierra, silencioso e inmaterial. Proviene de sí mismo y no
cambia... Puede ser considerado como la Madre del universo. No sé cómo llamarle
–matiza el Maestro- y para darle un título le llamo TAO. Su naturaleza superior
no se puede ver y su naturaleza inferior no es oscura. Perpetuamente el mismo,
no puede ser nombrado, es el caos primordial”.
Para Lao-Tsé el problema del ser
o no ser apenas tiene importancia. Los seres, dice, nacen del ser y el ser del
no ser y el Tao es la forma mediante la cual vemos las cosas en sí mismas. No
se preocupa del problema del conocimiento pero sostiene que los nombres
corresponden a la realidad. Conocer todos los nombres impronunciables que
corresponden a las imágenes presentes en el Tao equivale a conocer su
correlativo en la realidad.
De por sí el Tao es
incomprensible. Pero al ser pensado por nosotros y recibir nombre deja de ser
puro. El Tao de Lao-Tsé es sólo comprensible mediante la evidencia mística.
El
segundo tao, antes mencionado, se refiere al mundo visible y real en el que
vivimos y fuente del movimiento. Su origen se explica como resultado de la
transformación del Tao superior en naturaleza, un hecho tan imperceptible como
la propia realidad del Tao. El mundo, por tanto, ha surgido emanatísticamente
al ritmo marcado por el Yin-Yang.
Por lo que se refiere a la ética
taoísta, la respuesta al problema del comportamiento humano se basa en la
tríada Tao-Yin-Yang. El Tao en este contexto viene a ser una fuerza
indeterminada que mueve los mundos. En consecuencia, ni Dios es el fin del
hombre ni se habla de sanciones en ultratumba. Y si el Tao no es Dios, el bien
y el mal son cosas puramente relativas o aspectos complementarios del Yin-Yang.
El verdadero fin del hombre sería la vuelta al no- ser mediante la supresión de
su actividad.
El mandamiento ético fundamental
taoísta consiste en seguir lo más de cerca posible a la naturaleza a contrapelo
de la civilización, la cultura y la ciencia. Sólo así encontraremos al hombre
en su auténtica salsa natural. Lao-Tsé admite también la benevolencia para con
los demás y rechaza la vanagloria. Desconoce las creencias sobrenaturales así
como el ascetismo de la mística hindú contra el sufrimiento humano. La vida está
por encima del dolor y como tal debe ser afirmada. Por otra parte, la
naturaleza es totalmente buena y, por lo mismo, no cabe hablar con propiedad de
bien ni mal, justicia e injusticia, odio o amor. Por encima de todo eso está el
Tao y no hay más que discutir. En la
sociedad corresponde al Príncipe hacer las veces del Tao. Tal es el principio
en el que debe inspirarse la ética social. Por lo mismo, el Príncipe debe
proporcionar alimentos a los ciudadanos pero manteniéndolos en la ignorancia
dejando abiertas todas las puertas a los instintos naturales. El taoísmo
evolucionó hasta naufragar en la magia.
15.
Confucio, moralista y pedagogo social
Según
la tradición china Confucio habría nacido el 551 antes de Cristo. Huérfano de
padre a los tres años se habría casado a los 19. Su matrimonio fue un fracaso y
terminó abandonando a su esposa.
Desempeñó cargos públicos pero se destacó sobre todo como educador
dispuesto a restablecer el orden social siguiendo las doctrinas de los sabios
antiguos. Se dice que tuvo muchos admiradores y enemigos y que murió hacia el
año 479. Ni fue filósofo en el sentido occidental de la palabra ni pretendió
ser original. Todo su afán fue imitar a los sabios y educar a los demás. Su
nieto Tse-se dijo de él que enseñaba la doctrina original transmitida por los
emperadores Yao y Chun adaptándola a las leyes e instituciones establecidas por
Wen y Wu.
a) La naturaleza humana y el estado Chung
Como todos los chinos castizos
Confucio partía del principio general de que la naturaleza humana es
radicalmente buena. En esto nada nuevo. Pero entre las ideas maestras de
Confucio merecen particular mención el amor al pueblo, expresado mediante la
renovación moral; el servicio respetuoso al primer Dominador; el cultivo de las
virtudes personales tendiendo a lo más perfecto; la práctica del “justo medio”
en la vida pública y privada teniendo en cuenta las contradictorias
inclinaciones del hombre y tratando de buscar siempre la paz y la armonía.
La naturaleza es la maestra
universal en la que todas las fuerzas se equilibran alcanzando el estado Chung.
Este es un concepto estático inspirado en el Tao desde el que se realizan las
transformaciones de este mundo. La naturaleza sí equilibrada es la madre de
todos los seres.
Toda la enseñanza confuciana
está ordenada al logro de ese equilibrio o estado Chung como expresión ética.
El Tao confuciano se confunde con la ley moral cuya realización es la
perfección de uno mismo y que atañe a todos desde el Emperador hasta el último ciudadano. Dicha
perfección consiste en regular los movimientos del corazón ya que los deseos y
las impresiones sensibles indisponen para el juicio claro sobre las cosas y
conducen a la desilusión y el desencanto. De ahí que todo ciudadano debe velar
en su intimidad para que ningún detalle le pase desapercibido. Lo cual es sólo
posible mediante la sinceridad con uno mismo. Por lo mismo, el manantial del
conocimiento humano es la evidencia intuitiva para la cual sólo los perfectos
están capacitados.
En íntima relación con el estado
Chung o ética confuciana se encuentras el lenguaje y los ritos. Cada cosa debe
tener su nombre propio o ming ya que
la confusión lingüística impide la realización de las cosas con perjuicio del
arte y la moral. Ahora bien, sin moral los castigos no surtirían efecto y el
pueblo perdería el control.
Los ritos siguen siendo parte
del alma china como instrumentos espirituales para regular la vida humana.
Dentro de su carácter mágico-religioso Confucio dispensó mucha importancia a la
mística, la cual obra en el interior de los hombres produciendo efectos
armonizantes. Los ritos afectan más a la vida exterior y sus fórmulas mágicas
son tratadas solamente por el Emperador y algunos sabios.
b) El Jen
Jen es el hombre moralmente
perfecto con gran sentido social. Implica sentimientos de humanidad para con
los demás y de dignidad humana para consigo mismo. Externamente Jen equivale a
control de uno mismo mediante el respeto a los ritos y el ejercicio de la cortesía.
El Jen abarca todo lo social pero es una virtud única o modo de ser específico
que refleja al cosmos y facilita el cumplimiento de todas las obligaciones. Es
un imperativo del cielo y afecta a la humanidad como tal más que al individuo
concreto. El Jen es una virtud eminentemente cósmica, un civismo en
colaboración con el orden cósmico. Para Confucio lo más importante era el
hombre y su dignidad expresada en la vida social. Según el testimonio de
Tseng-Tse, la doctrina confuciana consiste en perfeccionarnos estimando a los
demás como a nosotros mismos. El sabio confuciano ama imparcialmente a los
hombres, es sociable e imparcial, enaltece a los demás y se rebaja a sí mismo
cediendo el primer puesto y tomando el último.
Entre los discípulos de Confucio
unos centraron la atención en la bondad innata del hombre y otros, por el
contrario, se aferraron al dogmatismo ritualístico hasta el extremo de defender
la presunta maldad innata de la naturaleza humana. Lo cierto es que Confucio
condicionó profundamente el carácter y la idiosincrasia de la civilización
China. Hasta el advenimiento del régimen comunista en el siglo XX los
discípulos de Confucio ocuparon puestos importantes y dirigieron los destinos
de China inspirándose en la sabiduría moral confuciana.
16. El Shinto y el Kami
a) Aclaración previa
El
shintoismo es probablemente es reflejo más genuino del alma japonesa.
Históricamente, además, es muy importante por el hecho de que en sus textos hay
traducciones de libros filosóficos hindúes desaparecidos así como aspectos del
budismo hindú y chino y otras escuelas que sólo se encuentran ya en la
tradición nipona. El vocablo Shinto es
chino y en japonés se dice KAMI, que significa
“vía de los dioses”. Es algo así como el término griego daimon o el latino
numen.
El Cinto regula sobre todo las
relaciones de los hombres entre sí más que con Dios. Lo cual se explica porque
se supone que el hombre posee una naturaleza divina en sí que trasciende su
propia naturaleza humana. De ahí el culto rendido a ciertos hombres. Lo divino
es visto en lo humano de forma más religiosa que cívica. Por lo mismo el Shinto
termina siendo un complejo cultural filosófico-religioso directivo y estético
de la vida nacional nipona.
La literatura sobre los textos
clásicos japoneses es cada vez más abundante en inglés a partir del final de la
segunda guerra mundial. Esta actividad ha sido desplegada por muchos
investigadores americanos y japoneses al mismo tiempo.
b) El KAMI
Es
la noción troncal del shintoismo. Como dije antes, el vocablo es de origen
chino y, según los expertos, fue introducido en Japón hacia el siglo VI de la
era cristiana para distinguir lo originalmente japonés del budismo como algo
importado. Hasta entonces todo ese acervo cultural era conocido como “matsuri
gato”, o sea, “los asuntos del culto”. No había distinción entre gobierno y
ceremonias, cultura y religión. Con la restauración imperial de 1886 el Shinto
se revalorizó mucho pero después ha evolucionado bastante.
En general KAMI es todo lo que
es superior a otra cosa. Significa “lo que stá encima”, “lo más alto”, “el
superior”, “el de arriba” en el sentido de los “superi” o “coelicoli” de los
latinos o el “ouranos” griego. El número de los Kami es innumerable. Para el
teólogo shintoista moderno Matoori, Kami es todo aquello que puede ser temido y
reverenciado por su extraordinario poder, desde las divinidades terrestres
hasta las imponentes montañas, incluidos el hombre y los animales. Según la
Shinto Enciclopedia de 1937, el Kami es un espíritu trascendente que inspira
temor y es objeto de culto religioso. No sólo se adora a las divinidades
creadoras sino que se cree que los espíritus existen en todas las cosas y se
los adora como Kami.
En la Transactions of the Majii
Society de 1939 puede leerse: “ Este término (Kami) no tiene sentido religioso,
aunque tenga un sentido espiritual. Kami no es una palabra religiosa. La
afirmación cristiana de que Dios es el único Creador del universo, que es
Omnipotente y que no hay otros dioses debajo de Él, no tiene equivalencia en el
lenguaje japonés. El Kami no es una palabra que corresponda a este sentido
cristiano, y como este sentido no puede modificarse, el Cristianismo debe
escoger otro término para expresar esa idea religiosa”.
Por otra parte, Holton estima
que “Kami es una palabra cuyo origen y
desarrollo están sobrados de atmósfera de lo divino, de lo sagrado y de lo
santo. Suscita emociones de miedo y de misterio, de interdicciones religiosas y
de consagraciones, de dependencia y de obligaciones de naturaleza religiosa. El
vocablo registra emociones religiosas que pertenecen, no sólo a los japoneses,
sino a todos los hombres”.
Resulta innecesario advertir que
estas explicaciones tienen su parte de verdad por más que resulten discutibles.
En cualquier caso lo que sí es claro es que el Kami suscita la idea de una cosa
superior a otra con las emociones de todo tipo que ello conlleva incluidas las
emociones religiosas.
Pero el Kami evolucionó hasta
llegar a significar la emoción espiritual o mitama que exhala del Santuario.
Ahora bien, este mitama reside ciertamente en el Shintoi o “cuerpo del dios”,
que puede ser un objeto material cualquiera.
c) Teología shintoista
El
shintoismo admite pluralidad de dioses que puede ser encuadrada en dos grandes
categorías: dioses de la Naturaleza y dioses humanos. Entre los primeros
destaca al Gran diosa del Sol, Amateratsu. Por encima de ella suponen que hay
un consejo de dioses y carece de jurisdicción en la región de los muertos.
Actualmente se llama la gran diosa de Ise y su Shintoi o cuerpo es el espejo.
Destácase también Idzuno, cuyo Shintoi o cuerpo es un collar de joyas y su
templo sigue en importancia al de Ise. Se admite además una multitud de dioses
locales dedicados a montañas, mares, ríos y pueblos. El Kami, por ejemplo, del
Fuji-Yama es Senjeusana. Dioses humanos son cuantos entregaron su vida por la
patria o de algún modo fueron poderosos e importantes. De ahí la edificación
del Emperador. O la veneración por el estadista Temaugu nacido hacia el año
845.
En medio de este politeísmo
shintoista no parece existir el reconocimiento de algún ser superior personal.
Los teólogos modernos hablan a veces de un Dios del cielo todopoderoso. Pero
tal modo de explicarse no corresponde a la tradición shintoista sino a la
influencia del cristianismo. En la teología original shintoista no hay más Dios
que el Kami en el sentido que queda
descrito. En realidad, el shinto es un sistema más naturalista que animista. El
difunto sobrevive en ultratumba pero sólo en la medida en que necesita vengarse
de alguien.
En el fondo de esta forma de
pensar late un sentido natural de justicia. Dado que en esta vida muchos
delitos quedan impunes, el instinto de justicia inventa posibles fórmulas,
según la cuales, la justicia será de una u otra forma reparada. Lo que ocurre
es que en el Shinto se recurre a la venganza el extremo de postular la
sobrevivencia del alma para que el objetivo se cumpla incluso después de la
muerte. Nada de cultos ni oraciones por los muertos. Los sacrificios humanos
tienen como fin proporcionar un séquito al difunto. No obstante se habla de una
mansión o Yami para los muertos similar
al Sheol de los hebreos. El culto a los antepasados es de influencia china y la
idea de la inmortalidad del alma es extraña al espíritu específico de la
cultura nipona.
17. La exaltación de la naturaleza y el
Bushido
Se admiten dioses tradicionales
de carácter indefinido a los cuales se debe honrar. Pero como no se reconoce la
existencia de un Dios supremo, de ahí la exaltación nipona de la Naturaleza y
de las fuerzas naturales. La cultura japonesa sólo puede ser entendida en
compenetración íntima con la naturaleza, las flores, el color del cielo, la
disposición de los jardines y así sucesivamente. Según Nitobe, poniéndonos en
contacto con la naturaleza descubrimos que hay un poder curativo en las hierbas
y plantas, en las montañas, en la lluvia y en las nubes. Se comprende que los
dioses sean ubicados en estos fenómenos. Lo divino está en los objetos que nos
rodean y en ellos hay que buscar la justicia y la bondad. Vivir conforme a la
justicia y el bien equivale a vivir una vida pegada a la naturaleza. En la
naturaleza todos los deseos son de por sí buenos y sólo los excesos los hacen
malos. El Shinto, pues, es el camino de la naturaleza. Ella es su expresión
real en cuyo centro colocan al dios Kojiki.
En principio, el cuerpo goza de
una pureza mágica, física, material y ritual. Mediante esa pureza natural se
trataba de depurar las manchas debidas a los Kami maléficos. Bajo la influencia
del budismo esa pureza corporal fue transferida a la pureza del corazón en
sentido ético. Puro es quien practica el bien e impuro quien practica el mal y
los dioses detestan las acciones impuras. De donde se infiere que en el Shinto
se habla de una pureza exterior o corporal y otra interior o del corazón. La
interna equivale a la sinceridad en la expresión de la propia conciencia y
sería la única virtud que une al hombre con la divinidad. Según Senge-Takatomi,
la acción sincera, realizada por un hombre de sentimientos nobles, refleja el
Sí verdadero de lo Invisible. Actualmente existen en Japón los conceptos de
divinidad única y de pecado bajo la influencia cultural externa. Pero el
problema del mal no se plantea en el hombre. Lo malo es atribuido, no al
hombre, sino a los malignos espíritus. Mentalidad curiosa que subsiste mezclada
con proverbios de elevada sabiduría práctica.
La evolución del Shinto suele
explicarse en tres etapas. La primera comprende hasta el año 402 de la era
cristiana, caracterizada por el politeísmo y la confusión. La segunda acusa las
influencias budistas y confucionistas hasta el siglo XVIII. La tercera se
caracteriza por la vuelta al Shinto puro promovida por Enkko, movimiento
revolucionario nacional que preparó la revolución política de 1866.
La ética típica de la cultura
nipona es el Bushido, de influencia búdica y taoísta de origen chino. Su
característica principal consiste en el desprecio a la muerte expresado de
forma contundente en la práctica del Hara-kiri, cuyo ritual consiste en abrirse
el vientre de izquierda a derecha con un puñal mientras un amigo corta la
cabeza. Según el Bushido, el mayor honor de un japonés es morir por el
Emperador. Este es en buena parte el principio inspirador del nacionalismo
japonés que en la segunda guerra mundial sufrió un golpe histórico sin
precedentes.
18. Las escuelas filosóficas. Jô-do y Zen
Las llamadas escuelas
filosóficas se reducen esencialmente al confucianismo y el budismo importados
de China a través de Corea. Pero los expertos hablan de al menos doce sectas
budistas distintas que han influido mucho en el moderno budismo japonés.
Recordemos un par de ellas de mayor actualidad.
El origen del Jô-do se remonta a
la edad moderna japonesa correspondiente a la medieval para los occidentales.
Significa “tierra pura”. En la intención de su fundador, Homen, es una especie
de religión o “budismo para todos”. Su dogma fundamental consiste en la fe
absoluta, la bondad y la voluntad misericordiosa de Buda. Para alcanzar el
estado espiritual de Buda bastaría con invocar el nombre sagrado de
Amida-Budda, o sea, dirigirse a Buda como ayudador de los hombres, aunque no
como presunto salvador. Este tipo de fe se interpreta como un intento de hacer
que le budismo sea asequible a todos suprimiendo los sistemas de prolongadas
meditaciones de las otras sectas o escuelas budistas. En el siglo XX se
llegaron a contabilizar hasta 7.000 monasterios y 15.000 sacerdotes de esta
secta en Japón.
De gran actualidad es la escuela
Zen. El término zen es de origen sánscrito y significa contemplación. Según la
leyenda, está secta desciende directamente de Buda y su principio básico es la
contemplación silenciosa, considerada como mucho más elocuente que las palabras
y los gestos. El aprendizaje de la sabiduría se realiza por la transferencia
psíquica o compenetración con lo inefable a través de la meditación presidida
por un maestro al estilo hindú.
La influencia de la doctrina Zen
en la cultura japonesa es profunda. La ceremonia del té, el arte floral, el
bushido y tantas otras cosas típicamente niponas están marcadas por el espíritu
del Zen, el cual implica una intuición y compenetración incondicional con la
naturaleza. Este culto a la naturaleza como maestra suprema de la vida es de
inspiración taoísta.
La clave del Zen está en la
meditación silenciosa, sobre todo solitaria en un paisaje hermoso. Situación
que se presta a la contemplación y la poesía, pero que no debe ser una excusa
para la inhibición externa. Al contrario, la intuición contemplativa debe
conducir a la vida activa y luchadora.
En los monasterios Zen existe el
Zendo o Sala de Meditación donde los monjes meditan comunitariamente sobre
cuestiones filosóficas. Pero sin diálogo ni discusión. Simplemente cada uno
expresa con la mayor precisión posible el resultado de su meditación que el
presidente de la asamblea coordina y eventualmente rectifica. El ponente no
debe hacer discursos ni explicar el proceso a través del cual ha llegado
deducir sus conclusiones. Basta una palabra o un gesto por el cual se pueda
captar la cosa intuida. Estos ejercicios de meditación comunitaria suelen
celebrarse mensualmente.
El fin principal de estas
meditaciones es provocar en le novicio un choque emotivo y estático para
liberar su alma de todo lo terreno y mundanal. Este choque intuitivo y
emotivamente catártico recibe el nombre de satori.
Este choque emotivo o satori
puede ser provocado por diversos factores estimulantes como la lectura de los
antiguos maestros, la contemplación de un bello paisaje o simplemente por algún
gesto o golpe inesperado oportunamente
producido por el presidente de la asamblea. Todo esto nos autoriza a pensar que
el Zen es esencialmente un método intuitivo que busca la tranquilidad interior
despertando la sensibilidad poética y estética del hombre. Este puede ser uno
de los factores que explican el interés que el Zen ha suscitado en Occidente
donde se vive en un estado de convulsión y zozobra interior constante.
Por último digamos dos palabras
sobre el Canon de la Unión Budista Universal japonés. A principios del siglo XX
surgió en Japón la idea de resumir el pensamiento fundamental del budismo
nipón. Se trata de una profesión de fe sencilla resumida en los puntos
siguientes:
-Es necesario tratar a todos los
hombres con tolerancia, bondad y fraternamente cultivando sentimientos
universales de benevolencia.
-El mundo no ha sido creado. Ha
nacido de sí mismo y subsiste según leyes que pueden ser conocidas.
-Muchos budas han practicado ya
la verdad.
-Actualmente se reconoce como
Buda a SAKYA-MUNI, el cual enseñó que la ignorancia es causa de la ilusión que
hace nacer el deseo y apego a la existencia. Esta hace que los hombre vuelvan a
reincidir en nuevas existencias, fuente de nuevos sufrimientos. Para liberarse
eficazmente del dolor es preciso no nacer de nuevo y para ello hay que apagar
la sed de existencia liberándonos del apego a la ilusión y extirpar así la
ignorancia.
-La ignorancia es la fuente de
la creencia en que no haya nada después de la muerte o en que esta suponga la
felicidad eterna y el infierno.
-Los hombres se liberan del
error practicando la caridad con todos los seres, desarrollando las facultades
intelectuales y buscando la sabiduría perfecta aniquilando las bajas pasiones y
deseos.
-Para suprimir el dolor se
recomienda la fe, el trabajo y el recuerdo de las meditaciones puras.
-Los acontecimientos mundanos se
rigen por la ley del Karman.
Como se aprecia a simple vista,
este Canon o Credo budista actualizado está pensado y redactado a base de ideas
elementales de sentido común y ecos de la civilización cristiana. Con todo, se
mantiene fiel a la idea central de buscar una solución al problema del
sufrimiento humano rechazando la admisión de un Dios personal como punto de
referencia. Igualmente rechaza el amor a la vida. Se mantiene la convicción de
que el deseo de vivir es la fuente de todos los males con lo cual se descarta
la lucha por la existencia que constituye uno de los pilares de la civilización
occidental de cuño judeo-cristiano.
19. El problema estético
La actividad artística fue y es
un medio privilegiado para conocer al hombre y el significado más profundo de
sus ideas y formas de entender la vida. Tanto es así que no es exagerado decir
que la historia y prehistoria del hombre comienza con la prehistoria del arte.
De hecho, las obras de arte han precedido a la reflexión filosófica. Por otra
parte, la expresión artística en la
antigüedad ha estado casi siempre ligada a los sentimientos religiosos. La
actividad artística en el pasado más lejano es anterior a la filosofía
propiamente dicha. En nuestro tiempo, en cambio, se tiene la impresión de que
el arte tiende a imponerse como una metafísica de la vida al tiempo que el
quehacer propiamente filosófico deviene una especie de creación artística. O
dicho de otro modo, la creación artística pretende reemplazar al concepto
metafísico de creación divina.
Sea como fuere, tanto en Extremo
Oriente como en el Oriente medio el arte antiguo fue inseparable de la vida
cotidiana y de la religiosidad hasta el extremo de que lo estético resulta
incomprensible desligado de lo filosófico y espiritual como explicación de los
misterios de la vida y del mundo. De ahí que el estudio del arte oriental
antiguo resulte indispensable para esclarecer el verdadero significado de los
principios y creencias semirreligiosas en los que se inspira.
Desde muy remotamente la
inspiración artística en las civilizaciones mesopotámicas fue alimentada por la
religión como fuente principal de inspiración. Los expertos destacan el hecho
de que es muy raro encontrar en esas civilizaciones objetos artísticos no
relacionados con el fenómeno religioso, incluso cuando el sentido no figurativo
y abstracto es patente. El arte mesopotámico a cinco mil años antes de Cristo
era esencialmente religioso y siguió siéndolo después. Del tercer milenio datan
estatuas preñadas de humanidad suplicando al cielo con las manos juntas,
destinadas a los templos, que en el siglo Vi antes de Cristo terminarían
convirtiéndose en un gigantesco complejo arquitectónico en la ciudad de Ur. Con
el advenimiento del imperio acadio hacia el año 2470 los dioses empezaron a ser
representados en actitudes arduas, pero siempre bajo el signo de lo religioso.
Con los asirios el arte fue
menos piadoso. Ka obra artística, sobre todo en Babilonia, se secularizó en el
sentido de que el arte ya no es sólo una profesión de fe sino que sirve para
ornamentar las construcciones palaciegas y describir guerras. El artista
empieza a poner en segundo plano la inspiración o finalidad religiosa de su obra
para demostrar su capacidad creadora de belleza a petición de los reyes a
quienes sirve. Los persas representaron la helenización mesopotámica y la
disminución del factor religioso en la inspiración del artista. Lo cual se
explica en parte porque los persas eran gentes de vida al aire libre por lo que
los templos y la estatuaria perdieron su protagonismo como fuente de
inspiración artística.
Por lo que se refiere a la
estética iránica y egipcia cabe hacer las siguientes observaciones. En el Irán
más primitivo la inspiración artística principalmente religiosa. Sin embargo,
con la ocupación de Alejandro y dominio de los aqueménidas, se impuso la
arquitectura laica o no religiosa bajo el signo de la elegancia y la finura. El
motivo artístico no son ya las placas religiosas o la figura humana en actitud
orante sino el palacio real desafiando al templo. El dios es el rey y el arte
es esencialmente decorativo y fastuoso en función de la frivolidad real. Este
período se extiende desde aproximadamente desde 810 al 332 antes de Cristo.
Durante la época de los
seleúcidas y partos aparecieron las bóvedas en forma de cuna que llegaron
convertirse en el rasgo más característico de la arquitectura iraní. El arte
iraní culminó en la época sasánida, es decir, desde el 224 al 650 después de
Cristo. Las bóvedas de los palacios reales iraníes de esta época han sido
consideradas por algunos expertos como el preludio de la bóveda gótica.
Con la llegada de los musulmanes
la estética iraní la estética volvió a los motivos religiosos, pero ahora de
inspiración islámica. Los lugares de reunión terminaron convirtiéndose
sistemáticamente en centros de culto. Los árabes se sirvieron primero de los
lugares ya existentes pero pronto empezaron a construir edificios religiosos
marcados por el islam. Y esto a pesar de que un movimiento nacionalista muy
fuerte se opuso a la edificación de mezquitas árabes reactivando como
alternativa sus propios edificios religiosos nativos tradicionales. En
resumidas cuentas, que la inspiración estética por estas regiones del medio
Oriente estuvo siempre ligada a los templos religiosos y a los palacios reales.
Era un arte al servicio siempre de los dioses y del rey.
Pero hablando de arte antiguo en
el Medio Oriente no podemos olvidar el arte egipcio faraónico. La inspiración
artística estaba marcada por el pensamiento sobre la eternidad y el culto al
Sol cuyo Vicario era el Faraón. La construcción del templo egipcio religioso
muy característico ya que los criterios de construcción estaban en función de
una presunta energía divina casi sobrenatural símbolo al mismo tiempo de la prosperidad del país.
Diríase que la arquitectura religiosa se inspiraba en la voluntad expresa del
artista de dar a la acción divina la mayor eficacia posible. El Faraón era respetado como dios. Su persona
era considerada como la estatua viviente del dios Amón y todos los monumentos
religiosos evocaban sus relaciones con lo divino. De la buena administración y
del culto al Faraón en los templos dependía la suerte de Egipto y del orden
cósmico.
Lo bello no era algo buscado por
sí mismo sino como medio para sugerir lo divino a través del culto al Sol. La
arquitectura de las Pirámides está inspirada en este principio estético. Las
Pirámides fueron concebidas como la escalera o camino real para alcanzar la
unión con la divinidad solar para toda la eternidad. De ahí que algunos
expertos no hayan dudado en calificar estéticamente las Pirámides como un
tratado de teología artística. Y es que la inspiración artística egipcia se
alimentaba de lo eterno y absoluto más allá de las fronteras de este mundo
sensible. De ahí su carácter eminentemente religioso y sobrehumano.
Por lo que se refiere a los
presupuestos estéticos del arte en el antiguo Extremo Oriente, cabe hacer las
siguientes consideraciones. El principio ideológico fundamental de toda la
reflexión extremo oriental es que la naturaleza constituye un reino único en el
cual todos los seres son solidarios. La naturaleza es el punto de convergencia
de todo lo real el cual todo es simultáneo y el hombre no ocupa lugar alguno
destacado. Las cosas se catalogan por su eficacia bajo la ley suprema del Tao.
Las cosas se conocen contemplando todos sus aspectos simultáneamente y no de
forma científica al estilo occidental componiendo y dividiendo.
Ahora bien, el retorno a la
naturaleza y logro de la sabiduría taoísta se lleva a efecto mediante vivencias
místicas de liberación de la conciencia de todo aquello que es causa de dolor.
Dentro de este contexto común el arte budista y taoísta representan las tesis
de dos corrientes ideológicas de fondo: la que insiste en el principio de la
inestabilidad de las cosas propugnado
por los maestros búdicos y la concepción de Tao como energía única, unitaria y
suprema. En el Tao todo se identifica. Las diferencias entre ambas ideologías
quedaron superadas en el Zen japonés en un plano emocional estético y que puede
reducirse a una especie de romanticismo impresionista. Para el artista el mundo
es como una oleada de brumas inestables
y caprichosas entre las cuales pueden percibirse picachos o pequeñas colinas de
realidad. Lo único permanente es el espacio vacío.
El artista centra su atención en
esas experiencias emocionales y estéticas personalizadas en un esfuerzo supremo
por alcanzar lo divino mediante la renuncia al estudio científico para evitar
penas. Su objetivo final es la rectificación del yo mediante la identificación
estática con la naturaleza. Lo cual tiene lugar tanto en la meditación budista
como en la purificación taoísta.
La escuela Zen transfirió el
estado personal estético a todos los seres traduciendo la típica ternura
budista en amor a todos los seres de la naturaleza. En el fondo late el
principio o creencia en la transmigración en virtud de la cual el hombre está
íntimamente ligado a todos los seres. En este contexto cabe pensar que hasta
las piedras pueden llegar a ser Buda. Roger Rivière llega a decir que el arte
extremo oriental antiguo es un conjunto de signos evocadores de estados
anímicos. Una lima, un ideograma, un personaje, un gesto cualquiera, un animal
o una flor están impregnados de presuntos sentidos secretos ancestrales que
evocan o suscitan algún sentimiento o idea profunda que sorprende a quienes los
contemplan. Un pino inclinado sobre el abismo, por ejemplo, o la representación
de animales luchando en la nieve, son
símbolos pictóricos que reflejan la lucha humana en medio de sus pasiones.
Si nos fijamos ahora en la
estética hindú de los viejos tiempos, un factor importante a tener en cuenta es
el clima atmosférico. Es una llamada de atención constante a la sensualidad en
la cual el hombre tiene miedo a quedar fatalmente enredado. De ahí la tendencia
al rechazo del mundo de los sentidos como esfuerzo por afirmar y defender su
propia personalidad frente a la conciencia de falta de libertad.
Según algunos expertos como
P.M.D. Philippe y Gotees, todas las tensiones del arte hindú se fraguan entre
la aceptación y la negación de la naturaleza, las alegrías de la vida y del
amor, la humillación ante lo divino y los sueños de grandeza, entre realismo y
misticismo, ascesis y sensualidad. Rivière llega decir que la estética hindú es
un conjunto de símbolos rituales dirigidos por la teología. Su fin es suscitar
estados de espíritu o emociones diversas. No pretende para nada realizarse en
función de la belleza como objeto propio sino de los ritos obedeciendo a normas
muy concretas y precisas. La obra estética sólo se dice bella en función de
dichos cánones religiosos y no del goce de la fantasía en el proceso de la
creación de la belleza por sí misma. Y lo que es más. El adorador ha de
encontrar siempre su gratificación placentera en las representaciones
artísticas de los dioses aún cuando sensitivamente resulten desagradables. Por
otra parte, las representaciones humanas, por muy agradables que sean, son
siempre impías.
El artista no tiene libertad
para dar rienda suelta a la fantasía creadora. La obra de arte ha de ser una
intuición visualizada de la divinidad como término de un proceso meditativo
regulado y mediante la observación directa. La obra artística ha de ser una
realización externa en el templo de la visión que el artista ha intuido de la
divinidad. Visión eminentemente espiritual y lírica fuera del contacto con el
mundo exterior. Es el fruto de la relación entre el adorador y su divinidad y
que, de acuerdo con lo establecido por el ritual, debe ser destruido
inmediatamente después de haber sido adorado y respetado. De hecho, existían
ritos específicos para dar vida a las imágenes.
La forma exterior de la obra
artística estaba regulada por los tres cánones siguientes: expresión pacífica y
majestuosa de la divinidad, activa y feroz. A estas tres categorías del Sânk-ya
corresponden las clásicas imágenes de Buda, las estatuas danzantes entorno al
fuego evocando las fuerzas divinas en la naturaleza, así como las
representaciones repugnantes evocando la idea de algún dios defensor o bien de
algún juez infernal y señor de la muerte. La obra estética se ordenaba al culto
y no a la creación de belleza y el goce estético al estilo occidental. Su valor
se mide por el mayor o menor grado de felicidad contemplativa producida por la
emoción suscitada por la obra.
Las notas más destacables de la
estética hindú son la religiosidad y el lirismo. De ahí que Buda aparezca
siempre inmerso en una atmósfera que hace pensar en el más allá de lo
vulgarmente humano. Mediante esas imágenes los artistas evocaban el amor
compasivo de los budistas más insignes y ejemplares hacia todos los hombres.
En la estética o arte de lo
horrible está siempre implícito el instinto defensivo contra los presuntos
males que pudieran acechar a los budistas. Por otra parte existía también una
estética que podríamos calificar de providencial y benevolente a través de la
feminidad encarnada en Kwanyin o imagen de la providencia divina. Esta imagen
aparece siempre esbelta y majestuosa con un niño en brazos.
Según Agustín Pániker, el arte
jainista no tiene nada que ver con la idea de arte occidental, sobre todo a
partir del siglo XVIII. Lo que el artista hindú clásico pretende en todas sus
realizaciones artísticas no es producir la belleza por sí misma sino “crear un
estado o emoción estética en el lector, el devoto, el espectador o el
auditorio, de forma que la sensación estética los eleve a ambos y permita
trascender cualquier emoción mundana o egocéntrica”. De ahí que el artista
permanezca siempre en el anonimato. No pretende innovar o ser original. No
persigue ningún ideal de belleza propio. Tanto era así que en ningún momento se
menciona que el artista haya de estar poseído de un talento artístico especial
para realizar su obra. Lo más que puede decirse de él es que es un agente
liberador por lo que puede ser considerado como adepto o un yogui. El arte
hindú, en última instancia, es un yoga o vía para desarrollar la autoconciencia.
De ahí el énfasis en la representación de la no-violencia, la tranquilidad y la
paz. En la teoría estética clásica hindú hay que tener en cuenta se habla de
los nueve sabores o aromas denominados rasas. Son los diversos sentimientos o
estados emocionales que debe suscitar la buena obra de arte. Helos aquí:
sentimiento erótico, cómico, patético, furioso, repugnante, heroico, terrible,
maravilloso y sentimiento de tranquilidad y paz. Este último es el sentimiento
más importante exigible al arte jainita.
Para el estudio completo del
arte hindú Goetz sugirió un esquema histórico dividido en cuatro grandes
períodos. El primero comprendería el arte más simple y realista. El segundo se
caracteriza por la alegría de vivir con mezcla de ascetismo, frivolidad y
espiritualidad. Este período se refiere al predominio de budistas y jainas. El
período tercero corresponde a la etapa del arte hindú-islámico, desde 1200 a
1803. A partir de esta fecha se habla ya del arte hindú moderno que oscila
entre la imitación del arte europeo y la inspiración en la India antigua y
tradicional.
Por último, dos palabras sobre
la estética taoísta china y el arte japonés. Para entender adecuadamente la
originalidad típica del arte chino hay que tener siempre presente la doctrina del
Tao. De acuerdo con esta doctrina, la actividad artística, como cualquiera otra
actividad humana, está comprometida con la búsqueda del principio unitario
universal que es el Tao más allá del intelecto. Bajo la presencia metafísica
del Tao el artista hace compatibles la originalidad creadora con la unidad
indivisible de la idea. Así las cosas, la obra artística es el resultado de una
intuición que supone al sujeto en posesión de un cúmulo de cualidades humanas,
y abierto a los demás. La concentración excesiva sobre sí mismo dificulta la
creatividad artística.
Ahora bien, esa intuición es
eminentemente simbólica, sugestiva y ligada al universo, dejando siempre una
embelesadora impresión de misterio. Por lo mismo, el material utilizado por el
artista tiene una importancia muy secundaria. El arte busca siempre asegurar
una intimidad profunda entre el alma y la naturaleza. La influencia budista y
el carácter ancestral de la escritura china, ligada a los objetos culturales,
explican en parte el carácter misterioso del arte chino. Si lo comparamos con
el arte hindú lo más destacable del artista chino es el grado de libertad del
que dispone para la realización de su obra al ritmo de la naturaleza presidida
por el principio unificador del Tao.
Los expertos han establecido
tres grandes períodos de la estética china tomando como referencia la pintura,
la música y la poesía. Cabe notar que la arquitectura no fue importante durante
mucho tiempo. De hecho, el conjunto arquitectónico de gran valor artístico del
que se hace memoria histórica data del siglo VI de la era cristiana.
Durante el primer período, desde
los orígenes conocidos hasta el siglo XI, se fraguó una tradición profesional
con estilo y personalidad propios. El segundo período se caracteriza por el
predominio de las letras durante las dinastías de Sung del Norte. Se habla de
la tendencia de los profesionales y de los aficionados de la literatura hasta
el siglo XVII. Con el predominio del monaquismo budista y taoísta la corriente
más individualista comenzó a perder protagonismo dando paso al paisajismo
provinciano primero y al arte por encargo después
Para entender el arte japonés,
observa Swann, ayuda mucho tener presente el contexto geográfico del país,
proporcionalmente pequeño pero con un encanto natural que el japonés castizo
sabe disimular detrás de una sonrisa. La pequeñez del suelo ha obligado a los
artistas a dispensar una importancia grande al detalle. Al mismo tiempo cabe
destacar el sentido individualista de los personajes representados y los aspectos emocionales.
Se dice que el arte japonés se
desarrolló durante algún tiempo con características ajenas a la estética china.
A este período corresponderían las expresiones artísticas en las que destacan
las representaciones humanas y escenas dramáticas de la vida. En el siglo XV
predominó el paisajismo con una superioridad manifiesta sobre la estética
paisajista china. A mediados del siglo XVI llegó el cristianismo con sus
motivos artísticos, pero esta influencia duró muy poco tiempo a causa de las
persecuciones sistemáticas que se llevaron acabó contra los misioneros
cristianos. Pero en 1868 el Japón abrió de nuevo sus fronteras favoreciendo el intercambio cultural con
Occidente. Pocos años más tarde se replegó de nuevo sobre sus tradiciones
artísticas ancestrales. Después de la segunda guerra mundial el Japón se
convirtió en una nación moderna, apegada ciertamente a sus tradiciones, pero al
mismo tiempo abierta a todos los valores culturales y estéticos de Occidente.
El arte castizo japonés es
detallista y de contrastes. Es capaz de armonizar mediante la forma y el
colorido elementos por su propia naturaleza dispares. Su objeto más
representativo es el INRO en el que se compaginan magistralmente el realismo y
el arte decorativo con un refinamiento sorprendente. El Inro es una cajita entre seis y diez centímetros de altura
constituida por diversos compartimentos empotrados entre sí con admirable
precisión. En el Inro la grandeza monumental es expresada a través de la
miniatura. Los dioses y el hombre son motivos artísticos sobre todo en el
teatro, impregnado de ritos milenarios y mágicos. De ahí la importancia de las
danzas y las máscaras.
20. El dolor humano como
categoría existencial
Lo primero que sorprende cuando
nos acercamos a las antiguas civilizaciones orientales con mentalidad
occidental es la falta total de sentido científico en el trato de los problemas
de la vida. Los problemas vitales asociados a la vida, el dolor humano, la
muerte y la cultura no se resuelven usando la razón científica sino mediante el
recuro a los mitos o creando
explicaciones semirreligiosas a partir de ciertas experiencias elementales de
la vida. Sobre todo relacionadas con el dolor, el sentimiento de limitación y
deseo natural de felicidad. Nos hallamos ante un humanismo en el cual l hombre
se encuentra solo e indefenso frente al sufrimiento y las fuerzas de la naturaleza
con la que el hombre se siente identificado al tiempo que trata por todos los
medios a huir de ella para paliar la experiencia del dolor.
A juicio de Roger Rivière, el
arte del Extremo Oriente “no es un arte ateo, materialista o vulgar. Es un anhelo
del corazón humano que busca a Dios en la creación. Es el grito
desesperado y angustiado del alma que
clama por su creador. Obviamente, es verdad que se trata de un anhelo y un
grito. Esto es patente. Pero la espiritualidad y la estética en cuestión no
supera de hecho el naturalismo y el sentimentalismo. Por otra parte, la idea de
Dios como ser personal, principio primero y fin último de todo cuanto existe no
tiene cabida en ninguna de las filosofía o formas de entender la vida que hemos
examinado en este capítulo.
La idea de Dios en la filosofía
hindú, por ejemplo, es un panteísmo en toda regla y no un Dios personal
anterior y por encima de la naturaleza. El ser se degrada y decae y el supremo
grado de realización humana es el catártico al que se tiene acceso evadiendo la
contingencia y la transmigración en desafío al dolor y la muerte. El dato
sensible es desdeñado y no se aprecia
una distinción clara entre el yo personal y el mundo como punto de
partida en la búsqueda de la felicidad. El ser y el conocer en el hinduismo es
una misma cosa y la afirmación del yo lleva consigo la aparición del Karman que
individualiza al ser humano y es fuente de males.
No existe una esperanza de
salvación para el ser humano al estilo occidental cristiano. La existencia
dolorosa lo penetra todo y la única salvación es aquella que libera al hombre
del dolor asociado al apego a la existencia. Lo que es del mundo es desdeñado y
la base del comportamiento ético es la actitud o disponibilidad para ayudar a
los demás a transformarse para superar la experiencia dolorosa. Existe un
sentido profundo del más allá y del misterio pero siempre dentro de los límites
de la naturaleza.
En el pensamiento chino cabe
destacar su cosmo-centrismo impresionista. Las ideas se ordenan tal y como
brotan del cerebro sin preocupación ninguna por la demostración racional al
estilo occidental. En la cultura china clásica no existen ideas o dogmas
propiamente hablando sino temas de meditación libre. Lo sagrado nada tiene que
ver con lo supernatural. Está en función y dentro del ámbito de la naturaleza
humana. La religión es una actividad social como otra cualquiera y no existen
términos literarios expresamente acuñados para designar a Dios o el alma. El
concepto de ser supremo tiene carácter meramente literario y la ley es un
modelo de conducta que responde a meras conveniencias personales. El secular
aislamiento histórico del pueblo chino y su lenguaje dificulta mucho la
comprensión de su forma de pensar.
Tratándose del Japón, cabe
destacar que la estrechez geográfica y los factores negativos del suelo nipón
ha encontrado la contrapartida, no en la fuerza bruta de su población como en
China, sino en el desarrollo industrial y la apertura a Occidente a partir del
final de la segunda Guerra mundial. De ahí que su humanismo naturalista
tradicional se vea afectado ahora por la civilización industrial y el
desarrollo de las nuevas tecnologías. La vida humana está cada vez más
amenazada por la eficacia de la tecnología y la productividad.
Las civilizaciones
mesopotámicas, por su parte, hicieron grades aportaciones al pensamiento
universal. Suelen destacarse, entre otras, una teoría del tiempo basada en la
seguridad de cierto orden cósmico y expresada en un calendario según el cual el
año se divide en meses, los meses en semanas, días y horas y la creencia en el
destino como fatum o sino individual
equiparable a la “lex indita” latina, el “logos espermaticós” griego y el
“sing” o decreto divino de los chinos. Está claro que en todas las culturas
orientales de las que tenemos noticia histórica surgen una serie de problemas
en torno a Dios, el mundo y el hombre que pueden ser considerados como
patrimonio de la humanidad. Lo que está también claro es que no encontramos el
más mínimo rastro de trato científico de esos problemas al estilo occidental.
Incluso cuando aparecen nociones y conceptos extrapolables a la cultura
occidental. No es difícil encontrar establecer paralelismos, por ejemplo, entre
los conceptos de Tao, Kami, Karman y otros similares con conceptos filosóficos
occidentales. En el pensamiento jainista se encuentran rasgos sorprendentemente
parecidos a la lógica aristotélica. Constituyen ciertamente una plataforma de
diálogo intelectual muy valiosa pero nos hallamos en una etapa pre-científica
dominada por leyendas mitológicas y supersticiones.
A la pregunta sobre el uso de la
razón en las viejas culturas orientales cabe responder lo siguiente. La vida
era muy dura y estaba marcada por el dolor y la muerte prematura. Así las
cosas, la razón fue utilizada casi exclusivamente para encontrar una respuesta
efectiva al deseo humano de felicidad eliminando el dolor por todos los medios
a su alcance excluidos los científicos que desconocieron por completo. Los
hombres usaban la razón no para buscar la verdad o promover el progreso
científico sino para encontrar una solución práctica para eliminar la
experiencia dolorosa de la vida. De ahí el rechazo de la lucha por la vida y
del deseo de vivir con dolor y sin paz. La razón percibe la existencia humana
transida de dolor y busca en los mitos semi-religiosos y en técnicas de
anestesia psicológica al estilo del Yoga la manera de encontrar la felicidad
liberándose del dolor.
El dolor es una categoría
existencial de primer orden en cuya eliminación la razón se emplea a fondo pero
de una manera muy primitiva mediante técnicas de control emocional y el recurso
a prácticas semi-religiosas sin llegar nunca a reconocer la existencia de un
Dios personal liberador capaz de dar sentido a la vida humana. La razón tomó
cuenta de la existencia dolorosa pero no fue utilizada de forma científica o
filosófica al estilo occidental ni como herramienta teológica al estilo de la
tradición cristiana. La razón estuvo siempre secuestrada por la experiencia
dolorosa de la vida.
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