EPÍLOGO EXISTENCIAL
Despierta el sol y se acuesta la
luna,
Brillan las estrellas, goza el
corazón,
Y todos los seres humanos esperan,
Saciar su hambre con un gran amor.
Los pastizales de la vida humana,
Son abundantes y concupiscentes,
Pero no siempre disfruta de ellos,
La mayor parte de la buena gente.
El filósofo rancio de la Carpetonia,
Se preguntaba por qué esto es así,
Y trató de encontrar la respuesta,
Como el buen joyero busca un rubí.
El primero y más olvidado tesoro,
Es la verdad objetiva sin engaños,
Y el segundo igual que el primero,
El amor verdadero y sin ocultarlo.
La verdad no agrada a muchos,
El amor personal es desconocido,
O cambiamos de tercio en la vida,
O nos damos todos por perdidos.
La verdad y el amor en el olvido,
Son
la piedra angular más segura,
Para cimentar nuestra vida ahora,
Buscando nuestra felicidad futura.
La posverdad y el posamor
actual,
Son como esas setas tan hermosas,
Que cuanto más atractivas parecen,
Resultan más nocivas y venenosas.
Después de muchas reflexiones,
Un viejo filósofo muy impopular,
Sentenció con experiencia propia,
Para dar bien en el clavo sin
fallar.
Amarás tu vida y la de los demás,
Buscarás la verdad sin prejuicios,
Aprenderás a amar a las personas,
Y Dios te hará los demás servicios.
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