CAPÍTULO XIV
Y CONCLUSIÓN DE DESPEDIDA
Aparecido el tomo VI de mis Memorias, he intentado satisfacer en parte el deseo de dos personas que me aconsejaron que destacara resumidamente algunos datos personales con los cuales ayudar al lector a formarse una idea lo más aproximada posible sobre mi experiencia de la vida y la forma de enfocarla con acierto. Pues bien, antes de rematar la faena con la conclusión de despedida, me ha parecido oportuno destacar algunos puntos pensando en la utilidad de los potenciales y magnánimos lectores.
1.
La salud en mi vida intelectual
Nací
con una insuficiencia cardiaca que me acompañó a lo largo y tendido de mi vida
como un buen consejero de camino. Tuve siempre un gran respeto a la muerte. Sí,
la muerte impone respeto. Pero no recuerdo haber sentido miedo a morirme, ni
siquiera en los momentos en que la muerte llamó impaciente a mi puerta. Siempre
he dicho que no tengo prisa en morir, pero que, si Dios tiene ya preparado mi
viaje, no quiero perder el tren. Lo importante es tener siempre preparada la
bolsa de viaje con buenas obras y tomar con paz en la conciencia el tren cuando
llegue y no perderlo.
Mi
estado habitual de quebrantada salud condicionó mucho mi trayectoria
intelectual y actividad pastoral. No pude realizar estudios especiales en
algunos centros importantes de mi tiempo, ni adquirir un conocimiento
suficiente de los idiomas más útiles, antiguos y modernos. Yo sentía ansia de
poderme comunicar con todo el mundo, pero me topaba con la diversidad de
idiomas, como barrera y obstáculo. Siempre tuve alergia al plurilingüismo y a
los políticos que lo utilizan como arma arrojadiza política. Esto me llevó
muchas veces a no comprometerme en actividades culturales y pastorales
importantes, así como a no aceptar cargos de responsabilidad a nivel
internacional. Como profesional universitario, nunca tuve éxito desde el punto
de vista académico-administrativo. Pero reconozco que, con pocas excepciones,
siempre fui respetado, y que mis estudiantes me reportaron satisfacciones
inmerecidas. La amistad con mi alumnado fue lo mejor de mi docencia.
Por otra parte, descubrí la responsabilidad que lleva consigo el escribir y, tal vez por eso, siempre me he sentido más a gusto escribiendo que hablando. He de confesar también que me he sentido siempre mejor en mi trato privado con las personas que en público. Por otra parte, la conciencia que tuve siempre de mis limitaciones humanas, desde que desperté al uso de razón, me ayudó a comprender mejor las limitaciones de los demás y a sentir la necesidad de ayudar de alguna manera a los que más sufren y buscan sinceramente consuelo. Para entender a los que sufren es muy útil haber tenido que padecer algún sufrimiento. El referente supremo de esta experiencia vital fue siempre el mismo Cristo en persona.
2. Peregrino de la verdad y del amor personal
Desde
aquella anécdota infantil del niño y el arbolito en la finca de mis padres en
Hoyocasero, me convertí en un buscador itinerante, no de cualquier verdad, sino
de aquella que da con seguridad sentido a la vida y del amor personal. Aquello
de que el perro y el niño, donde ven cariño, se cumplió en mí al ciento por uno
y más. Mis publicaciones sobre el amor personal constituyen, -junto con la
colaboración prestada en la sombra a la rectificación del n. 2267 del Catecismo
de la Iglesia católica protagonizada por Francisco-, el techo de mayor
satisfacción en mi carrera intelectual y pastoral. Sobre el amor verdadero, yo
había recibido buenos ejemplos prácticos de mis padres y abuelas, pero hasta
bien entrado en años, sólo había leído y oído hablar acerca del amor sexual y
del enamoramiento, sin aterrizar en el amor personal que Cristo practicó con
nosotros y nos recomendó que practicáramos en nuestras relaciones con los
demás. También he recibido no pocas satisfacciones de mis escritos en el campo
de la bioética y de la ética de la información.
El lector de mis Memorias
podrá constatar en ellas una presencia notable de mujeres de todas las edades y
condiciones sociales. Esto es verdad y se presta a una aclaración importante.
En términos generales, yo puedo decir que las mujeres con las que tuve que
relacionarme entendieron más fácilmente que los hombres mi enfoque de la vida.
Sobre todo, en materia tan delicada como es el amor humano. De ellas tuve la
oportunidad de oír palabras elogiosas y amorosas sorprendentes, y las que más
podían haberme hecho algún daño, no me lo hicieron. Sólo recordaré un piropo por
su perfil bioético y sorprendente. En una ocasión, una alumna me dijo
públicamente en nombre de sus colegas discentes: “Te vamos a clonar.” Como
comprenderá el lector, también recibí de mujeres palabras y gestos de rechazo
nada agradables.
También disfruté de la amistad y el aprecio de hombres importantes e interesantes, viejos y jóvenes. Pero sus expresiones de respeto y afecto hacia mi persona tenían otro cariz diferente como no podía ser de otra manera. Temas relacionados con el amor humano, por ejemplo, requieren con frecuencia palabras y gestos específicos, aunque sea para decir esencialmente lo mismo hablando con un hombre o con una mujer. No siempre es acertado utilizar las mismas palabras y los mismos gentos expresivos hablando entre hombres, entre mujeres o con hombres y mujeres al mismo tiempo. El arte de saber hablar con todas las personas, teniendo en cuenta los diversos perfiles de personalidad de las mismas, es algo que se va aprendiendo con la experiencia de la vida personal y profesional, incluyendo la rectificación de errores inevitables con los que hay que contar.
3. Confesión y rectificación de errores
En el transcurso de mi vida he llegado a la conclusión de que, sin la aceptación realista de los errores que cometemos en la vida y la voluntad decidida de corregirlos, es imposible tener paz interior y vivir felices. Sólo Dios es infalible y los seres humanos cometemos errores por naturaleza. Yo he cometido muchos errores por ignorancia, ingenuidad e imprudencia y la conciencia se ha encargado de pasarme la correspondiente factura en cada caso. Pero al pagarla con la rectificación de los mismos, he sentido siempre una satisfacción profunda. Además, esa actitud se convirtió para mí en una fuente inagotable de experiencia personal para mejor vivir. No sólo aprendemos a bien vivir evitando cometer errores. Se aprende también y mucho rectificándolos cuando tienen lugar. No sólo somos infalibles cuando acertamos al tomar decisiones correctas sobre cualquier asunto de nuestra vida. Somos infalibles también cuando tomamos conciencia y responsabilidad de nuestros errores cometidos y los rectificamos en la medida en que ello nos es posible. En un artículo publicado en la revista Studium, (2021/2) desarrollé ampliamente este delicado tema de los errores y sus rectificaciones en relación con el dogma de la Infalibilidad del Romano pontífice. En el saldo conclusivo dije, entre otras cosas, lo siguiente: (A+ER=I), o sea: Aciertos+errores rectificados=Infalible, persona fiable. (A+ENR=F), o sea: Aciertos+ errores no rectificados=Falible, persona no fiable.
4. La experiencia de viajar, escuchar, hablar y escribir
Mi experiencia viajera
comenzó tarde, pero fue muy provechosa y fecunda. Yo no viajaba para hacer
turismo como forma gratificante de pasar el tiempo, sino para ampliar mi
horizonte geográfico y humano conociendo directamente nuevas tierras, personas,
costumbres y formas de enfocar la vida. En este sentido me parece oportuno
destacar aquí los viajes históricos que realicé con alguna misión intelectual o
pastoral. Los cinco últimos capítulos del tomo I de mis Memorias y los
tomos II, III y IV, reflejan esa actividad. En resumen, 11 viajes históricos a
Rumania, 5 a Chile y 2 a Méjico. Más en concreto quiero resaltar la importancia
dedicada en el tomo IV a la reforma del nº 2267 del Catecismo de la Iglesia
católica. En un principio me propuse no perder la ocasión de participar
directamente en los congresos internacionales de filosofía y afines, los cuales
estuvieron de moda durante mi juventud, y eran para mí una oportunidad de oro
para conocer personalmente en directo a personajes notables en el campo del
pensamiento y de las ciencias. Pero esas celebraciones fueron desapareciendo y
yo me volqué en los viajes históricos antes señalados con resultados
francamente positivos.
Por otra parte, las
experiencias pastorales, reportadas en Rumania, Francia, Inglaterra, Italia y
Sudamérica, enriquecieron mucho mi conocimiento de la realidad de la vida
cristiana en todos los niveles. Todo ello contribuyó a ampliar mi acción
académica y sacerdotal con la predicación escrita, abordando los temas más
urgentes de la actualidad sin perder de vista la reserva positiva del
pensamiento de tiempos pasados, como puede verse en el currículo de mis
escritos y publicaciones, sobre todo en el tomo IV. En este contexto viajero y
sapiencial quiero destacar aquí la memoria de algunos nombres personales, que
fueron como el quicio humano de la puerta de entrada en diversos países dejando
todos ellos en mí una huella imborrable. Sólo mencionaré algunos.
En Rumania, por ejemplo, Raoul Sorban, uno de
los hombres más interesantes y discutidos del siglo XX en aquel bello país de
los Cárpatos, fue en todo momento desde 1971, quien me introdujo en los países
del telón de acero comunista, jugándose constantemente el tipo por mí. Luego
siguieron, entre otros, el arzobispo católico de Bucarest, Joan Robu; El obispo
de Iasi, Petru Guerguel; los historiadores de la Iglesia Anton Despinescu y
Joan Lelutiu; Mihai Pastragus, Adrian Motiu, Adrian Riza, Mihai Ungueanu;
Janine Rusneac de Oradea y su Obispo greo-católico Virgil Vercea; la ilustre
académica de Iasi, Simona Modreano y Cristina Stroia Dume.
En Chile quedaron muchas personas que acogieron con notable simpatía mis trabajos intelectuales y pastorales. Como botones de muestra quiero recordar con afecto y gratitud al profesor Francisco Escandón en Concepción; al Dr. Andrés Medina y la secretaria universitaria Enriqueta Cerda Vergine. En Méjico tuvo para mí un significado relevante la ilustre Olivia Núñez Orellana con su coro de colaboradores en el contexto de los medios de comunicación social y de la promoción de la mujer a escala mundial. En Italia quedaron para siempre en mi memoria la escritora de arte Anna Bonanni y la artista del bien vestir Lucía Romani. Por último, quiero recordar también con particular agradecimiento, por el trato ejemplar de ellos recibido al Obispo Henri L`Hereux en Francia y el reverendo John Taylor en el Reino Unido. En el campo de la medicina disfruté de una hermosa amistad y trato preferencial del Dr. Enrique García Ortiz, cardiólogo de vanguardia; del Dr. Fermín Bañuelos García, del Dr. Eduardo Castellanos y del equipo de cardiología del Hospital de Madrid San Chinarro Norte.
5. Mi experiencia pastoral como sacerdote dominico
Si en muchos aspectos de
mi vida me gané la reputación de ser una persona diferente del común de los
mortales, unas veces en el mejor sentido de la palabra y otras como un “tipo
raro”, en mi estilo pastoral no lo fui menos. Las apariencias externas, el
conformismo ciego con las leyes establecidas y el temor a la opinión de los
demás no me importaron gran cosa cuando llegó el momento de tener que tomar yo
decisiones personales. Me gustó ser independiente, pero no indiferente o
egoísta; social, pero no socialista e insensible a los problemas personales
concretos de las personas. Tuve en gran estima la vida comunitaria, pero
huyendo como alma que lleva el diablo del comunitarismo o colectivización de
las personas. Siempre estuve convencido de la necesidad de que exista una
autoridad en todos los órdenes de la vida, pero aborrecí el uso abusivo e
irresponsable de la autoridad. Es verdad que toda autoridad proviene de Dios.
Pero igualmente es verdad que el uso abusivo de la autoridad proviene siempre
de la corrupción de las personas, hombres o mujeres que la ejercen.
Pastoralmente hablando, cuando la gente ha dicho que soy “diferente”, ha sido
siempre en sentido positivo y no recriminatorio.
Como miembro de la Orden
de Predicadores, he sentido siempre gran estima por la predicación escrita e
informal. Quiero decir que he valorado mucho la transmisión del mensaje del
Evangelio a través de la predicación escrita, así como con mi palabra fuera de
los contextos litúrgicos en la convivencia ordinaria con personas de diversas
mentalidades, razas y culturas diferentes. Con el paso del tiempo y la
experiencia fui descubriendo que el predicador del Evangelio debe
comportarse como un humilde sembrador de la Palabra de Dios sin aspirar a
cosechar inmediatamente el fruto de lo sembrado. La predicación cristiana no ha
de confundirse con la publicidad de los productos mercantiles ni con la
propaganda de ideologías políticas y creencias religiosas. Se ha de evitar
también la predicación de autocomplacencia y de mero prestigio social
remunerado, como expliqué en una de mis últimas publicaciones en Studium.
Mis referentes básicos en esta materia fueron siempre Cristo, el cual predicaba
el reino de los cielos con hechos de amor consumados; y san Pablo, que dio
primacía a la predicación del Evangelio a toda la humanidad, relegando la
pastoral administrativa y ritual de la Iglesia a otras personas, para que, entre
todos, cada uno desde su puesto, edifiquemos y conservemos el cuerpo místico y
social de la Iglesia universal. En este contexto yo me he sentido siempre más
como un profeso que como un mero profesional de la predicación. No puedo detenerme
a aquí a explicar la diferencia entre estas dos formas de predicar el Evangelio
a toda criatura a fondo perdido pensando sólo en los designios de Dios y el
bien de los demás.
6. Cronología básica personal
1937. Nacimiento el 1 de octubre
de 1937 en la Caseta de Camineros de Venta del Obispo (Ávila, España).
1942. Ingreso en la Escuela
pública de Hoyocasero, siendo maestro de la misma D. Antonio Sainz Pardo.
1944. Primera Comunión en la
Iglesia Parroquial, regida por D. Sebastián Cuenca Ortega.
1950. Ingreso en el colegio de los
PP. Dominicos de La Mejorada, Valladolid, a mediados de septiembre, siendo
Rector el R.P. Andrés Villarroel, O.P.
1950/1951. Primer curso de
bachillerato.
1951/1952. Segundo curso de
bachillerato.
1952/1953. Tercer curso de
bachillerato en el colegio de los PP. Dominicos de Santa María de Nieva,
Segovia, siendo Rector el R.P. José González Cuesta, O.P.
1953/1954.
Cuarto curso de bachillerato en Santa María de Nieva.
1954/1955. Quinto curso de
bachillerato en el nuevo y colegio de los PP. Dominicos de Arcas Reales,
Valladolid, siendo Rector el R.P. Vidal Fueyo, O.P.
1955/1956. Noviciado en Ocaña,
Toledo, con el Maestro Ricardo Rodrigo, O.P.
1956/1957. Primer curso de
Filosofía en Santo Tomás, Ávila, siendo Prior del convento el R.P. Juan
Labrador, Regente de estudios el R.P. Miguel Crescente, O.P, y Maestro de
Estudiantes el R.P. Luis López de las Heras O.P.
1957/1958. Segundo curso de
Filosofía en Ávila.
1958/1959. Tercer curso de
Filosofía en el nuevo y flamante convento dominicano de S. Pedro Mártir en
Madrid, siendo Prior el R.P. Manuel González - Pola, O.P; Maestro de
Estudiantes el R.P. Pedro González Tejero, O.P y Regente/presidente del
Instituto de Filosofía el R.P. Miguel Crescente, O.P.
1959/1960. Curso de Teología Fundamental y sustitución del P. G. Tejero por el R.P. Gregorio
Valderrama como
nuevo Maestro de Estudiantes.
1960/1961. Primer curso de
Teología en Ávila con Isaac Liquete O.P.,
de Prior y
Gregorio Valderrama como Maestro de Estudiantes.
1961/1962. Segundo curso de
Teología en el nuevo pabellón construido
en la huerta
del convento de santo Tomás.
1962/1963. Tercer curso de
Teología en Valencia en el viejo convento
dominicano en
la calle Cirilo Amorós.
1963/1964. Cuarto curso de
Teología en Cirilo Amorós y Ordenación
Sacerdotal en
Arcas reales el 30 de junio de 1963.
1964/1965. Quinto curso de
Teología en Cirilo Amorós.
1965/1966. Licencia en Filosofía
en S. Pedro Mártir (Madrid) y comienzo
de la
actividad docente en el Instituto de Filosofía.
1966/1967. Profesor de Historia de
la Filosofía Antigua.
1967/1968. Primer curso de
Doctorado en Filosofía en la Universidad
de santo Tomás
(Angelicum) de Roma.
1968/1969. Segundo curso de
Doctorado y defensa de la Tesis Doctoral
en la Facultad
de Filosofía sobre La idea de substancia en S. Agustín.
1975. Doctorado en Filosofía por
la Universidad Complutense de
Madrid (UCM)
con la tesis: La pena de muerte en S. Agustín.
2013. Celebración de las Bodas de
Oro Sacerdotales en junio de 2013 en el convento de S. Pedro Mártir en estado
de salud muy precario.
2020. Contagiado con el Covid/19 y
superación inesperada del incidente. Esta experiencia se vino a sumar contra
todas las previsiones a las vividas durante muchos años consecutivos desde mi
juventud.
7. Predicación escrita de última hora
239. Travestismo de valores y posverdad:
Studium, 57 (2017/3) 417-441.
240. Lutero y su personalidad: Studium, 58
(2018/1) 83-116.
241. Versos en clave de amor, Madrid,
Liber Factory, 2018.
242. Vitaminas de amor, Madrid 2018.
243. Las Memorias de Pío II, Madrid, Liber
Factory, 2018.
244. Versos de amor personal,
Madrid, Liber Factory, 2019.
245. John Henrry Newman, ni papista ni
conciliarista: Studium 59 (2019) 397-426.
246. La pena de muerte en el Catecismo:
Studium 59 (2019) 21-78.
247. La historia politizada y la
responsabilidad de los historiadores: Studium 59 (2019/2) 20
248. Apostolado de autocomplacencia:
Studium 60 (2020) 47-86.
249. La Palabra de Dios escrita por hombres:
Studium 60 (2020) 215-253.
250. Perdón cristiano y venganza legal:
Studium (2020) 381-412.
251. Memorias del Padre Silvestre Sancho,
Madrid 2020.
252. Memorias
de María Blázquez, O.P, Madrid 2020.
253. María Blázquez Fernández, O.P., “In
Memoriam”, Madrid, 2020.
254. Así fue mi vida. Recuerdos y
pensamientos. Tomo VI, Madrid 2020.
255. Eutanasia y suicidio asistido,
Madrid 2021.
256. Recuerdos y sentimientos,
Madrid 2021.
257. Reflexiones vespertinas sobre
el amor, Madrid 2021.
258. Covid-19 y Pastoral litúrgica:
Studium 61 (2021/1) 37-74.
259. De infalibles y sabios es
rectificar: Studium 61 (2021/2) 209-245.
260. Muerte y testamento de santo
Domingo de Guzmán en tierra de cumanos:
Studium 61 (2021/3) 497-536.
261. Reflexiones vespertinas sobre
el amor, Madrid 2021.
262. Vitaminas y ambrosía de amor,
Madrid 2022.
263. Dimisión de un presidente,
Madrid 2022.
264. Recensiones de libros en la revista Studium.
8. Conclusión de despedida
En
una fábula de Tomás de Iriarte el caballo preguntó a la ardilla: “Tantas idas y
venidas, tantas vueltas y revueltas, quiero, amiga, que me diga: ¿son de alguna
utilidad?”. El autor de esta antología de recuerdos y pensamientos está convencido
de que después de mucho bregar para remontar la cuesta escarpada de la vida,
valió la pena el esfuerzo realizado para lograr el intento. Sí, valió la pena,
pero, no a cualquier precio. Cuando se
empieza a subir la cuesta, nos parece que la vida es un proyecto o quehacer
maravilloso que hemos de llevar a cabo contando con un futuro por delante casi
ilimitado. Pero cuando en el crepúsculo de la vida echamos una mirada
retrospectiva, nos parece que el tiempo apenas tiene consistencia y que nuestra
vida, por larga que haya sido contabilizada en años, fue poco más que un
suspiro, o una anécdota más o menos frívola y pasajeramente interesante.
Frívolo es todo aquello que desaparece con el fuego devorador del tiempo
después de haber puesto en ello todas nuestras esperanzas. El resultado final
de esta forma de entender la vida es el miedo existencial y la desesperanza
ante el desafío final de la muerte.
Por
el contrario, lo realmente importante en la vida es aquello que no es devorado
por el tiempo. Por ejemplo, lo poco o mucho de verdad que hemos acumulado en la
inteligencia, y lo poco o mucho de bien que hemos hecho a los demás desde las
instancias del corazón. La verdad nos libera de las falsedades y mentiras de
este mundo, y el amor personal nos asegura la felicidad en este mundo y también
fuera del espacio y del tiempo después de la muerte. Con el ataque por sorpresa
del Covid/19 el año 2020, nos vimos obligados a reflexionar más y mejor sobre
aquello que es y será esencial para nuestra vida personal y social, y aquello
otro que nos entierra en el sepulcro de lo temporal y efímero.
El
presente resumen autobiográfico fue
diseñado en base a una experiencia de niño que despertó en mí el uso de la
razón y el deseo de conocer la verdad de todas las cosas. Surgió así mi
vocación intelectual, la cual queda reflejada en el currículo académico. En esa
búsqueda apasionada de la verdad, descubrí el horizonte de la trascendencia. El
término de este proceso consistió en un “toque teológico” o vocación
sacerdotal. Esta Autobiografía es una simbiosis de esa llamada a la verdad
filosófica y científica, por un lado, y del “toque” o llamado teológico por
otro. Esta segunda dimensión quedó reflejada en la antología de recuerdos y
reflexiones, así como en el currículo de ministerio pastoral. La vida es como un río que desemboca siempre en alguna
parte. Si nadamos contra corriente nos ahogamos, y si nos alejamos de su curso,
nos perdemos. De ahí la conveniencia de seguir su curso y convertirla en
nuestra escuela principal de aprendizaje durante nuestro quehacer cotidiano de
vivir con dignidad. Todo lo demás, como la paz, la libertad, el amor, la
felicidad y el descanso sempiterno sin riesgos ni sobresaltos fuera del espacio
y del tiempo, vendrá por añadidura. Al margen o en contra de la vida no cabe
lugar para la felicidad humana. Para bien o para mal, la vida pasa siempre
factura. La vida humana no es un engaño. Por el contrario, es lo único que no
engaña. Somos nosotros los que nos engañamos adoptando actitudes ilusorias y hostiles
contra ella, la cual, como digo, nos pasa la factura y nos pone a cada uno en
el lugar y sitio que nos corresponde. La vida avisa siempre, promete y cumple.
Tampoco es una ilusión
pasajera o un sueño. Es breve, ciertamente, pero tan real que ninguna otra
realidad humana la supera. De hecho, la vida es la fuente y cumbre de toda
realidad. Por ello, en la escuela de la vida aprendemos a vivir con realismo y
dignidad en este mundo y a morir con la esperanza de alcanzar otra vida mejor
fuera del tiempo y del espacio.
A
los lectores de este breve testamento les ruego que, por el amor de Dios,
perdonen mis debilidades humanas y errores, sobre todo si han sido causa de
daño físico o moral para alguien y no lo he podido compensar durante mi larga y
complicada vida. Por otra parte, sólo encuentro la palabra GRACIAS para
expresar mis sentimientos a las muchas personas que, con su ayuda material e
intelectual, y el tesoro de su sincera amistad, contribuyeron decisivamente a
mi felicidad en este mundo. El resto lo dejo en manos de Dios, que nunca me ha
dejado solo, sino que, por el contrario, me ha asistido con su presencia
constante en mi corazón, encarnado en la persona de Cristo, su rostro visible,
y la acción consoladora de su Espíritu Santo.
La conclusión de todo lo que he dicho, desde mi experiencia personal de la vida, es que, al final de la misma, nos quedamos solos frente a la muerte sin más defensas ante Dios que el respeto profesado a toda vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, lo poco o mucho de verdad que hayamos descubierto y el amor regalado a todo ser humano encontrado en el camino. Todo lo demás viene por añadidura. Por lo que a mí se refiere, lo único que me queda, después de mi azarosa vida buscando verdad y amor, y la santa vida de mi hermana María, culminada con una muerte admirable y esperanzada, es la ilusión de tener un encuentro feliz con Dios, como seguro que lo tuvo ya mi hermana, deseando que tal suerte acompañe a todos mis seres queridos, amigos y bienhechores, incluidos los enemigos, si es que hubiere alguno por ahí perdido sin yo saberlo. A Dios Padre, al Hijo y Espíritu Santo, sean el honor, el poder, la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos.
NNN NICETO BLÁZQUEZ, O.P.
No hay comentarios:
Publicar un comentario