jueves, 17 de marzo de 2022

MI VIDA RESUMIDA IX

 

CAPÍTULO IX

 

CUMPLEAÑOS FELIZ Y BODAS DE ORO SACERDOTALES

 

         Suele decirse que las mujeres son muy sensibles al prestigio social, la posición económica y belleza física de los hombres. Por lo que a mí se refiere, no he ocupado nunca cargos socialmente llamativos, he sido pobre de solemnidad y, modestia aparte, en un concurso de feos entre estudiantes quedé en segundo lugar. Humor y dichos populares aparte, los testimonios que siguen de afecto y simpatía hacia mi persona demuestran que hay otras cosas más importantes que las mujeres aprecian en los hombres. Mi experiencia al respecto ha sido realmente singular y gratificante. Puedo decir en términos generales que me he sentido siempre más y mejor comprendido por las mujeres con las que he tenido que tratar que por los hombres. Los testimonios que siguen a continuación ponen de manifiesto la grandeza humana de un puñado de mujeres que, con motivo de mis 70 años de edad, quisieron expresar públicamente sus sentimientos de gratitud y aprecio hacia mi persona. Sus palabras, insisto, son el reflejo de su grandeza humana y de los problemas que en algunos casos amargaron sus vidas. El regalo de sus bellas palabras de afecto y la confianza depositada en mí, dándome a conocer sus alegrías y sus penas, me obligan a ser realista y agradecido. Ellas han querido hablar en voz alta y espero que el lector sepa apreciar la grandeza humana de estas mujeres y admirar las maravillas de sus respectivas personalidades. Lo que ellas quieren decir es que, por más que se exalten y promocionen socialmente formas de amor y amistad equivocadas o incluso degeneradas, el amor verdadero y la amistad que hacen realmente felices a las personas tienen unas reglas de juego que hemos de conocer y respetar. Los presentes testimonios son un canto a la amistad. Y sin más preámbulos, ellas tienen la palabra.

 

         1. María Luisa Quílez Cervera

 

         “Querido Niceto, has cumplido 70 años de edad y con esta ocasión se me ha ocurrido recordarte algunos de los mensajes que por correo electrónico te he enviado en ocasiones diversas. Innecesario decir que todos ellos expresan lo que en cada momento me dictaba el corazón. Me han encantado tus buenas noches de hoy. No sé de dónde las sacas, pero tienes la habilidad de hacerlas llegar en el día y momento oportuno. El mensaje de hoy me ha llenado el alma de dulzura, amor y cariño. Eres un pedazo de cielo que yo no merezco, pero necesito saber que estás cerca. Millones de gracias y besos. Hoy he terminado de leer tu comentario a la encíclica Sacramentum caritatis. ¡Santo Dios! Nunca en mi vida me he sentido tan llena. Hoy he comenzado a querer de forma distinta a las personas y he descubierto a un Jesús que sonríe y llora de otra manera. No te puedo decir cómo es, pero es algo extraño que siento en mí. Pienso en la inmensidad del mar y no es nada con las maravillas que se hacen realidad cada día gracias a ese Jesús que es Amor. Tu eres el que me has dado la mano, tú has puesto entusiasmo en mi corazón y yo me apoyo en ti. Tú eres ese Jesús que me da la mano. Descansa, duerme feliz que yo velaré tus sueños junto a ese Jesús que nos ama y solo El escucha cuantas cosas deseo decirte y yo no sé expresar. Siente el beso más cariñoso que jamás hayas recibido. Tus mensajes dulces y agradables son fuerza para cada día e ilusión para continuar la lucha. Saber que hay una persona como tú que cada día es capaz de irradiar amor, cariño y comprensión es un lujo y quiero con todo mi corazón corresponderte, aunque siempre me quedaré corta. ¡Gracias! por todo y recibe mi más dulce y entrañable abrazo de agradecimiento y amor. La conclusión de tu libro no tiene desperdicio. Me ha emocionado, pues, aunque yo sea la última en llegar a tu vida, lo cierto es que cuando te he visto sonreír y he sentido el calor de tu cariño sincero, la mano que me ayuda a levantarme, no puedo dejar de exclamar: ¡GRACIAS SEÑOR, me distes un amigo y en él te encontré a Ti. Antes de que te vayas a dormir quiero decirte que eres el amigo que muchos quisieran tener mientras otros tenemos la dicha de gozar de tu amistad. Total, un gran hombre. Besos. Llevo muchos días sin darte las buenas noches porque termino la jornada tarde y cansada. Pero hoy me apetecía saber de ti y me he puesto a repasar tu currículo, cosa que me entusiasma. Tu grandeza de corazón, tu dulzura y sensibilidad me atraen y me siento orgullosa de que me cuentes entre tus amistades. Gracias por tu amistad pues no soy nada y no te merezco, pero te necesito. Buenas noches y un beso entrañable con todo mi cariño. Hoy tengo la oportunidad de escribirte y quiero poner en este correo todo el amor y cariño que encierra mi corazón hacia ti. En ti, en efecto, he encontrado la forma del verdadero amor sintiendo la amistad cercana que hoy consuela y mañana sonríe conmigo. Gracias por admitirme en el saquito de tus amistades y por enseñarme a amar. Es el gran tesoro que hoy tengo”. (María Luisa Quílez Cervera). 

        

         2. Patricia de Grandis

        

         ¡Felicidades! Hay muchas maneras de escribir una felicitación de cumpleaños, pero yo voy a utilizar la mejor: la que fluye directamente del corazón. Sí, ¡la felicitación del corazón!, esa que se escribe espontáneamente sintiendo, y en la que hay recuerdos, anécdotas, alegría, ternura, respeto y, sobre todo, cariño. O lo que es igual, una felicitación llena de palabras almacenadas en la memoria del cariño y que fluyen como si bailaran hacia el papel en blanco que se llena poco a poco de ellas, pasando de ser algo blanco y vacío a decorarse con paciencia en un testimonio eterno de agradecimiento. Nunca imaginé que aquel primer día de clase de Ética de la Información en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, iba a ser tan importante para mí futuro emocional. Allí apareció el profesor D. Niceto Blázquez, vestido de azul oscuro (como casi siempre comprobé con los años) con sus libros, sus apuntes y su sonrisa. Yo era una de sus alumnas, sentada en primera fila con mis folios “blancos” y mis ganas de aprender. Todo eso y D. Niceto hicieron que al cabo de un año mis conocimientos diesen sus frutos. A partir de entonces, café tras café, charla tras charla, paseo tras paseo por los lugares más emblemáticos de Madrid, nuestra amistad fue felizmente creciendo sin marcha atrás.

         Siendo yo estudiante en la Universidad vi casualmente el cartel que anunciaba un gran premio por participar en un concurso de belleza y, ni corta ni perezosa, me presenté y lo gané. Al ganar dicho concurso tenía la oportunidad de presentarme a Miss Madrid. Me presenté y gané de nuevo. Gané igualmente el concurso de Miss Turismo Calpe, Miss Turismo Costa Blanca, Miss Cadena Windsor y Miss Retro. En total ocho concursos. Conocí a muchas chicas como yo que deseaban abrirse el paso en el mundo mágico del espectáculo, pero, en contra de lo que pudiera pensar mucha gente, no había rivalidad entre nosotras. Nos hacíamos compinches, yo creo, debido al propio nerviosismo y juventud. A raíz de todo esto dejé la Facultad por un tiempo pues el concurso de Miss España requería más dedicación. Poco a poco me fueron ofreciendo trabajos. Por ejemplo, una coproducción ruso- española "Don Quijote de la Mancha" en la que yo hacía de Dulcinea. Esta fue la primera vez que me propusieron algo más que actuar; publicidad, teatro musical en la que me contrataron de primera vedette. Aquí también fui el objetivo de unas propuestas "extras"; azafata de imagen en numerosos eventos; azafata en varios programas de televisión (Tele cinco, Antena tres); presentadora y guionista en la televisión de Villalba; ayudante de fotografía comercial; organizadora de desfiles en restaurantes de moda; actriz en la coproducción sueco-española "Cuando el Río Ebro baja seco", sobre la guerra civil.

         Cada uno de estos diversos trabajos me enriqueció ya que me permitían desarrollar mi talento y ganas de aprender, me hicieron conocer a muy distintas personas de las cuales siempre aprendía algo. Cuando tenía menos trabajo volvía a la Facultad y conseguía poco a poco ir concluyendo mi formación, complementada con clases de interpretación, baile, piano, fotografía y expresión corporal. La diversidad de clases me permitió conocer también a más personas que aportaban su granito de arena. Algunos quedan en la memoria del corazón. Otros, por el contrario, prefiero que desaparezcan de mis recuerdos. Trabajo tras trabajo, muchos de ellos se convirtieron en decepción debido a ciertas personas a las que el poder las hace creerse dueñas de otras y de sus sentimientos. Por esta razón fui dejando poco a poco el mundo del espectáculo con pena, pero a la vez con tranquilidad, con ese sentimiento de poder ser yo quien libremente lo abandonaba sin tener que dar excusas absurdas por temor a ser despedida por no aceptar insinuaciones indignas, incómodas y desagradables. Nunca tomé una decisión tan acertada pues, gracias a ella, hoy disfruto de lo más hermoso que Dios nos regala: ¡Los hijos y su sonrisa! Ahora soy tan feliz y estoy tan llena de bondad y ternura que a veces me desborda por cada poro de mi piel. Mis hijas me llenan de humanidad, amor, pasión por vivir y poder amarlas, y, gracias a ellas también amo más cada día a mí otro corazón: mi marido y alma gemela.

         Un día Niceto me pidió que impartiera yo una clase a sus alumnos de la Universidad sobre mis experiencias en el mundo del espectáculo y no pude negarme. Según me informaron después, los alumnos quedaron gratamente sorprendidos por mi aceptación. Llegó el día, la hora y el lugar indicado para celebrar nuestro encuentro y al principio me sentí algo nerviosa de sólo pensar que me iba a sentar en su mesa en un aula abarrotada de alumnos deseosos de escuchar mis palabras. Pero me sentí muy bien ya que lo que empezó siendo un “ataque” tras otro de preguntas se fue convirtiendo en algo relajado y agradable demostrándoles que, aunque las apariencias del ser humano en sociedad sean de una manera determinada, lo que en verdad debemos esperar descubrir y lo que realmente importa es nuestro interior. Entre las numerosas y comprometedoras preguntas que me hicieron una de ellas fue la siguiente: "¿De todos los recuerdos que tienes de la Facultad cuál es el mejor de ellos?” Yo no dudé ni un instante en responder lo siguiente: Conocí a Niceto. ¡Y mira que he conocido gente después de tantos años! La espontaneidad de mi respuesta sorprendió profundamente a la audiencia que, obviamente, esperaba otra distinta. Sí, conocerle y poder compartir mi vida con sus alegrías y sus penas, fue y es para mí un privilegio y un placer. Niceto me dio la oportunidad de demostrar clara y espontáneamente lo que había en mí interior a un grupo numeroso de personas que intentaron descubrir el trasfondo de una profesión que lleva consigo un poco de magia y secretismo. Gracias, Niceto, por hacerme ver a mí y a esas personas que lo importante es ser uno mismo. No olvido aquellos encuentros y charlas en el Café Central de Madrid donde conversábamos largo y tendido de todo sin darnos cuenta de la hora y donde conociste a amigas mías como Rosa, Julia, Solange, ya que tú siempre has sido amigo de mis amigos interesándote también por ellos. Sin olvidar aquellas meriendas en casa de mi madre la cual te tiene un gran respeto y cariño. Sus palabras: “Es que Niceto es especial”. O cuando estaba con mi hermana y venías a vernos a las fiestas que organizábamos y en las que siempre había una camiseta reservada para ti.

         Gracias por haberme escuchado en momentos difíciles, cuando te llamaba en busca de consuelo, de palabras de esperanza y cariño. Tú haces que las cosas se vean y sientan de forma más serena, sencilla y humana. Gracias por unirme en Santo Matrimonio con mi marido al que adoro. Gracias por preocuparte de la salud de nuestras familias. Dentro de poco bautizarás a mi hija Cintia y para mí será un día inolvidable ver que mi hijita se acerca a Dios llevada por tus manos y por tu corazón. Muchas felicidades en tu cumpleaños y también por la ayuda que brindas a tantas personas de tantos sitios distintos sin esperar nada a cambio ¡Ah!, y felicidades también porque gracias a tu espíritu de reportero “dicharachero” queda un valioso testimonio en imágenes de una larga vida de plena dedicación al prójimo. Feliz Cumpleaños al “abuelo postizo” de mis dos corazones: mis hijas Yaiza y Cintia. ¡¡Felicidades!!” (Patricia De Grandis).

 

             3. Alicia Mirón de D´Ors

 

         Querido Niceto, con motivo de tus 70 años quiero recordar en voz alta algo que estoy segura de que te va a agradar. En 2º curso de Periodismo, cuando nos matriculamos en la asignatura de “Ética y Deontología de la Información” en la Universidad Complutense de Madrid tuvimos la suerte de que la impartiera el Profesor D. Niceto Blázquez. Recuerdo que nuestro grupo era algo especial, una generación que había nacido en 1977 y que la mayoría venían de fuera de Madrid. Quizás esto hizo que toda la clase estuviera más unida que otros grupos. Éramos como una gran familia. Las clases del profesor Blázquez resultaron de lo más amenas, traía invitados y todos participábamos en las tertulias que surgían en clase. Nos preguntábamos, ¿de dónde ha salido un profesor tan especial que nos llama por nuestro nombre y que, sobre todo, es cariñoso con nosotros? Al poco tiempo, cuando ya habíamos adquiriendo cierta confianza, le bautizamos, cariñosamente, como profesor Nikita. Como yo era la mayor de la clase, todas mis compañeras tenían mucha confianza conmigo y me contaban sus cosas. Un día, al salir de clase alguien contó que se había enterado de que el profesor Nikita tocaba el piano, que estaba casado y que tenía dos hijos tan eruditos como él. En realidad, no sabíamos nada de nada sobre su identidad personal y nuestra imaginación campeaba a sus anchas. Pero queríamos saber más cosas de él. Así transcurrió el curso, casi sin darnos cuenta, y con gran tristeza por parte de todos realizamos el examen final. Todo hay que decirlo, se portó maravillosamente, como nadie. Leyó las notas en clase y recuerdo que estábamos todos alrededor de su mesa. Cuando dijo mi nota “sobresaliente” me quedé sorprendida y, llena de alegría, no se me ocurrió otra cosa que acercarme a él y darle dos besos por sorpresa. Juro que me salió del alma, pero cuando reaccioné me quedé muy cortada y me puse hasta colorada. Mis compañeros me miraron como diciendo ¿qué has hecho? En realidad, sólo me preocupaba la reacción del profesor. Pensé, - ¡ahora me suspende! ¿Qué habrá pensado de mí? ¿Que soy una osada?, etc. etc., todo lo peor se me pasó por la cabeza. Cuando mis compañeros me preguntaron después por qué lo había hecho, les contesté: “es que ha sido tan bueno, que el beso era de todos y se lo merecía”. Por aquel beso nació una bella historia de amistad que todavía, a pesar de los muchos años que han pasado, pervive. De hecho, mi querido y admirado profesor Nikita ha llegado a ser y es mi mejor amigo. Cuando hablo con mis compañeros y compañeras de aquella época, todavía recuerdan con afecto y mucho cariño al profesor Nikita y, cómo no, hablamos de aquel beso que le dimos todos con nuestro corazón y en especial con el mío”. (Alicia Mirón de d’Ors)

 

             4. Antonieta Cerdá Vergine

 

         “¿Cómo llegué a amar al español, bioeticista y sacerdote de la Orden de Predicadores Niceto Blázquez, quien podría ser mi padre, pero que no lo es y nunca lo he visto desde esa perspectiva? Es extraño, pero la primera vez que yo oí su nombre no tenía ni la más mínima idea de quién estaban hablando y no tenía por qué saberlo. Yo, una simple secretaria de una universidad católica en el último país de la tierra, ¿por qué tendría que haber sabido de quién hablaban? Pero por mi especial curiosidad, ingresé a Internet, escribí su nombre en Google y allí, frente a mis ojos, se desplegó muchísima información. Allí me di cuenta de quién hablaban, de quién se trataba, y aun así, siendo alguien tan famoso, tan letrado, tan diferente de lo que soy yo, me salté todos los protocolos establecidos en el lugar en el cual aún trabajo, y debe haberse debido a un difícil momento en el que yo vivía, tanto en lo laboral como en lo personal, que comencé a escribirle. Primero por cuestiones relacionadas con su viaje a mi país, a mi ciudad, y luego -sin proponérmelo ni pensar que no debía hacerlo- le hablé de mis penas, mis angustias, mis aprehensiones y confusiones y fue así como comenzó esta hermosa y especial forma de amar a Niceto Blázquez. Y digo amar, porque simplemente eso ha sido: una entrega honesta, sincera, profunda y real de amor. Pero no de ese amor mundano, físico o sexual del que muchos pudieran pensar, insinuar o mal interpretar, sino del verdadero y auténtico amor; ese que sólo se logra sentir, vivir y creer cuando uno encuentra a una persona correcta al otro lado del computador. Porque es así como he conocido a Niceto. Han sido horas y horas de muchas palabras escritas, muchos mails, muchas confesiones y preguntas que a través varios años de amistad han ido haciendo crecer este hermoso y puro sentimiento llamado amor.

         Niceto ha sido un hombre honesto, y no creo que se deba a su condición de sacerdote, sino simplemente a que él es así: su trabajo del que a veces poco lograba yo entender, todas esas palabras nuevas y tan difíciles de comprender y entender, las cuales con su santa paciencia fue capaz de explicarme, y, lo que es mucho más importante aún, sin dejarme avergonzada, pues él siempre ha sido respetuoso del que menos sabe y muy sencillo en sus enseñanzas. El intento de escribir en estas líneas lo que he vivido a través y con Niceto ha hecho que deba volver a repasar en mi mente todos esos momentos en que lo necesité y siempre estaba allá, a miles de kilómetros de distancia, pero apenas unos segundos de distancia de mí. ¿Y cómo pudo llegar a pasar eso? Es simple, una vez escuché a un maestro budista decir: “esa comunicación especial de alma a alma sólo se consigue cuando es una comunicación sincera y de corazón a corazón”. A través de Niceto no solo he descubierto conocimientos intelectuales, sino que también me ha hecho retomar esas enseñanzas de nuestras virtudes que debieron ser las que nuestros padres nos mostraban en nuestra niñez, pero que yo no tuve el privilegio de recibir. No porque mis padres no me amasen sino sencillamente porque no lo hicieron. Y es así como a través de este hombre, a quien he conocido entre tantos ir y venir de palabras, me ha ido mostrando de la forma más simple, honesta y sincera lo que está bien y lo que no. Y no sólo eso sino que aun cuando no estábamos en acuerdo con nuestras formas de ver una o muchas situaciones puntuales, siempre ha sido muy respetuoso de lo que yo creo y pienso y jamás ha impuesto sus ideas por sobre las mías, sino que simplemente ha sido capaz de guiarme y mostrarme tiernamente cuál sería el mejor camino a seguir. E incluso cuando no lo he seguido, ha sido capaz de permanecer a mi lado, no cambiando de opinión sino simplemente siendo un excelente amigo. Niceto me ha enseñado a respetarme, conocerme, y a que confiase en mí, no solo por mí misma, sino porque me ha reafirmado en mi condición de mamá, puesto que él ha amado y respetado profundamente a Javiera – su Javita, como tan tiernamente la nombra-, y nos ha ayudado brindándonos su amor constante y su apoyo incondicional cuando más le hemos necesitado a pesar de la enorme distancia física que nos separa. He tenido el agrado y privilegio de conocerle en persona, he tenido la dicha de tenerlo almorzando en mi casa, un hogar muy sencillo y humilde; ha conocido a mi madre y otras mujeres de mi familia con quien tuvimos y disfrutamos de un agradable almuerzo de día Domingo, nada preparado para la ocasión, sino un simple y tradicional almuerzo de fideos a la italiana que mi madre y tía con gusto cocinaron.

         Niceto me ha enseñado muchas cosas sobre la vida, sobre lo que significa ser humilde, palabra tan burdamente usada, pero que gracias a sus enseñanzas hoy sé que tiene un significado maravilloso, porque él lo refleja en su forma de vida como hombre que sabe lo que vale y lo que es y vive de acuerdo a ello con una sencillez de la cual quienes lo amamos vemos y podemos sacar las más hermosas lecciones. Él ha estado siempre atento a todos los acontecimientos de mi vida, al crecimiento de mi Javi, ha disfrutado de mis logros y se ha entristecido por mis errores, fracasos y humillaciones, pero me ha enseñado a vivir de la mejor y de la forma más sabia, y eso ha sido enseñándome a ver lo que hice mal sin menospreciarme ni ofenderme, sino simplemente con todo su amor me ha indicado lo que estuvo mal, no imponiéndome sus ideas sino enseñándome y amándome respetuosamente. Niceto me ha hecho crecer, respetarme y aprender que valgo como persona, mujer, madre y amiga, con sus palabras me ha ayudado a sortear momentos difíciles y extremadamente dolorosos con los problemas que he tenido con mi Javita, típicos de la adolescencia, y que, gracias a la confianza que Niceto me ha demostrado siempre, he podido preguntar y encontrar las respuestas que necesitaba en el momento preciso. Me he sentido muy orgullosa de todos sus logros, pues lo siento como parte de mi familia, cada uno de sus libros los he disfrutado y me he sentido muy honrada al verme en uno de ellos junto a mi hija y amigos. Amo a Niceto porque es un hombre honesto, sincero y respetuoso y porque él me ha mostrado la presencia de Dios en la vida de mi hija y en la mía. Gracias, Niceto, por permitirnos formar parte de tu vida. Mi Javita y yo te amamos y siempre estás en nuestros corazones. Dios te bendiga por ser un excelente amigo y un excelente ser humano, por el cual tanto tú luchas y al cual defiendes con tus innumerables lecciones de bioética y amor. Siempre en nuestras oraciones y con todo mi amor”. (Antonieta Cerdá Vergine).

         YO: Toñy. Tengo la alegría de comunicarte que el día 30 de junio de este año 2013 pude celebrar una Eucaristía de Acción de Gracias con motivo de mis bodas de oro sacerdotales. Con la particularidad de que he podido llegar hasta aquí contra todas mis previsiones dado el estado de mi precario estado de salud durante los últimos dos años. Lo que quiero decirte es que te he tenido siempre en lo más íntimo de mi corazón, aunque no me haya comunicado contigo durante este tiempo, y más aún durante estos días históricos y felices para mí. No tengo palabras para agradecer lo mucho que me has querido a corazón abierto dedicándome palabras tan lindas e inmerecidas de cariño y amor de buena ley. Gracias, Toñy, por tu amor tan bueno y no me cabe la menor duda de que Dios, que es la fuente de la vida y del amor, te lo pagará con creces. Besos y cariños sin fin. Besos y cariños para ti y tu hija para Javita

         ELLA: “Mi querido Niceto, me alegra muchísimo lo q me cuentas. Dios en su inmenso amor y cariño claramente te brindó el regalo de tus bodas de oro, pues has ejercido bien tu arduo trabajo sacerdotal y Dios recompensa a sus amados hijos. Nuestro cariño, Javi y mío, ha sido siempre natural, del corazón y se debe a nuestra sincera amistad, a ese cariño innato que fue creciendo en base a la confianza recíproca, a no juzgarnos, a solo y simplemente respetarnos como humanos e hijos de Dios. Si bien mi vida ha tenido matices de dulce y de amargo, soy una mujer afortunada por tener a mi bella Javi y por contar con buenos, pocos, pero grandes amigos, con quienes he podido recorrer los caminos pedregosos cuando las dificultades asoman y compartir un rato ameno cuando las cosas ya van mejor. Agradezco a Dios a diario por todo lo que me brinda, por todas las vivencias, las buenas y mucho más las difíciles, pues sé bien que con su ayuda y mi fe todo pasa. Un enorme abrazo. Te debo fotos y piensa siempre que, en el sur de Chile, en la IX región, en un pequeño pueblo llamado Los Sauces, hay una mujer que te quiere y respeta muchísimo. Toñy”.

 

             5. Pilar Sebastián

 

         “Querido Niceto, pienso que tu efeméride de los 70 años es un buen momento para escribir acerca de nuestra amistad y decirte lo mucho que yo y toda mi familia te queremos y te admiramos. Recuerdo el día que te conocí. Nos presentó una buena amiga en tu casa de los dominicos. Todos éramos muy jóvenes y recuerdo muy bien tu amplia sonrisa y lo guapo que estabas con tu hábito blanco. Nos caímos bien y tú nos invitaste a tus clases de Derecho Natural. Era estupendo sentarse en la clase rodeada de chicos jóvenes y oír las explicaciones que nos dabas. Para mí era algo nuevo y muy diferente a mi vida cotidiana que giraba alrededor de mi casa y de mi hija Eva. Pasaron un par de años y tuvimos un nuevo bebé, Javier, y ahí estabas tú siempre pendiente de nosotros dándonos tu apoyo y cariño. Fue muy especial que tú bautizaras a nuestro hijo Javier y que nosotros compartiéramos esos momentos contigo. Niceto, siempre he podido contar con tu ayuda en los momentos que me he sentido abrumada por los problemas. Lo que más que gusta de ti es tu ánimo y tu optimismo. Siempre dices que con humor todo se puede llevar mejor y tienes razón.

         Te admiro por tu labor docente, sé que tus alumnos te han querido y te han admirado como profesor. Gracias a ti yo pude hacer mi Tesina de Ciencias Sociales. Tuve tu apoyo y tu ánimo para hacerlo. También he tenido la suerte de recibir muchos de tus libros y seguir un poco tu trayectoria profesional. Hubo unos años que no pudimos estar muy en contacto debido a que tu padre estaba enfermo y tu vida giraba en torno a su cuidado. A todos de alguna manera nos diste una lección de cariño y dedicación. Y de nuevo aquí estamos todos juntos. Más mayores, pero con el mismo corazón. Lo último que hemos compartido ha sido el bautizo de mi nieta Carmen. ¡Qué alegría tan grande ver cómo bautizabas a Carmen en la misma iglesia que Javier fue bautizado y que la historia volvía a repetirse! Faltaban algunas personas, pero solo físicamente porque estaban allí presentes con nosotros. Niceto, has sido y eres mi gran amigo. Sabes que te quiero y te admiro mucho y lo único que le pido a la vida es que durante mucho tiempo podamos compartir las pequeñas cosas del día a día. Con todo mi cariño”, (Pilar Sebastián).

 

              6. Alice Dubuc

 

         “El comienzo de este relato tuvo lugar hace casi veinte años. Nuestra amistad nació en un sábado por la tarde durante la celebración de la Eucaristía en la madrileña parroquia del Espíritu Santo a cuyo templo Niceto solía acudir los fines de semana para colaborar en los servicios dominicales a petición del párroco D. Deogracias. Empezó la misa con normalidad, pero recuerdo todavía con claridad el momento en que comenzó la homilía. Captó no solo mi atención sino la de mi hija, quien por aquel entonces tenía 7 años de edad. Fue su mensaje, sus palabras sencillas y la claridad que empleaba el predicador para expresarse lo que me llegó al alma. Su homilía me transmitió paz y me reconfortó. Sentí que estábamos ante un ser especial cuyo mensaje salía del corazón y se alejaba de los tópicos comunes a los que nos tienen acostumbrados muchos sacerdotes cuando hacen la predicación dominical. Lejos de las ideas rebuscadas o las formas que se repiten de rutinariamente, él polarizó el discurso en un concepto: el amor que Cristo trajo al mundo, así como el modo de descubrirlo en la vida y los problemas de cada día. Y además, sin complicaciones, sin dificultades, tan sencillo como el mero hecho de amar, que no entiende de complejidades ni rebuscamientos. En un momento dado de la homilía mi hija me interrumpió con estas palabras: “Mamá, me gusta lo que dice”. Yo quedé gratamente sorprendida. Estaba claro que, habiendo llamado la atención de una niña pequeña, su mensaje tenía que estar lleno de sentimiento. A partir de aquel día comenzamos a visitar asiduamente la parroquia y a asistir a su misa para escuchar la homilía. Me gustaba lo que decía, la forma en que lo hacía y, sobre todo, lo sencillo que parecía aquello que compartía cada fin de semana con los que asistíamos a su misa para escucharle. Así fueron pasando las semanas hasta que un día, al terminar la celebración litúrgica mi hija y yo sentimos curiosidad por conocerle personalmente más de cerca. Pregunté su nombre y le esperamos a la salida del templo para conversar con él y hacerle partícipe de todo aquello que nos había transmitido. Nunca olvidaré lo rápido que salió del complejo parroquial y al no poder alcanzarle le llamé. Se paró en seco entre la gente, volvió la cabeza para verificar quién había pronunciado su nombre y seguidamente nos recibió cariñoso con una cálida sonrisa. Así fue el comienzo de nuestra gran amistad con Niceto. Cada sábado o Domingo por la tarde mi hija y yo asistíamos a sus misas y al final conversábamos y cambiábamos impresiones sobre los temas de nuestro interés. Un día mi hija me sugirió la idea de invitar a Niceto nuestra casa. Con el paso del tiempo Niceto se ha convertido para mí, no solo en un confidente cuya ayuda espiritual me resulta siempre enriquecedora, sino en un apoyo moral de gran valía. Su cariño, su preocupación y comprensión me han ayudado en muchos momentos complicados. Junto a mi hija y amistades, sin lugar a dudas, ha sido una de las personas que más afecto me han brindado. Con motivo de sus 70 años de edad quiero dejar constancia en este relato del privilegio que supone haberle conocido y estar entre sus amistades, puesto que siento una gran admiración, cariño y respeto por él, del cual espero que todos disfrutemos durante muchos años más. Niceto, mi hija Valentina y yo te queremos mucho”. (Alice DUBUC).

 

                 7. Olivia Núñez Orellana

 

         “En el año de 1997 se inició en México una movilización sin precedentes que se denominó a sí misma Organizaciones coordinadas para mejorar los medios de comunicación, con más de 2600 instituciones representativas de diferentes sectores sociales del país, convocadas principalmente por tres personas cuya lucha social, experiencia empresarial y solidez moral constituyeron el aval para que millones de mexicanos se sumaran a la lucha por lo que se veía entonces como una necesidad urgente en la visión de construir una sociedad pacífica y civilizada: elevar la calidad de los contenidos de los medios de comunicación. No puedo dejar de mencionar a quienes fueron los convocantes, fundadores y visionarios emprendedores de esta movilización. Ellos fueron Don Lorenzo Servitje, destacado empresario mexicano y dueño de la panificadora más grande del mundo; Don Roberto Servitje, hermano de D. Lorenzo, Presidente del Consejo de la empresa de ambos, conocido por sus aportaciones a la generación de un pensamiento y acciones determinantes en el ámbito de la responsabilidad social de las empresas, y Francisco González Garza, fundador de una de las organizaciones líder de padres de familia en México y luchador social incansable en el ámbito de la familia, la educación y la participación social. Después del primer éxito en la convocatoria de las Organizaciones coordinadas para mejorar los medios de comunicación, se inició la tarea de organizar una campaña nacional de firmas, de la cual se obtuvo un respaldo social contundente: más de 5 y medio millones de firmas recolectadas en todo el territorio nacional a través de 60,000 voluntarios representantes de las organizaciones afiliadas a la coalición.

         El resultado de esta recolección de firmas dio lugar a la conformación en 1998 de la Asociación civil conocida por Asociación A Favor de lo Mejor, A.C. Los acontecimientos que acabo de relatar brevemente significan para mí dos maravillosas oportunidades que atesoro profundamente y resultan el marco para lo que quiero comentar. La primera oportunidad fue formar parte de esta organización desde su nacimiento y durante once años. La segunda ha sido la fortuna de encontrarme con el Dr. Niceto Blázquez. ¿Cómo se dio el encuentro que ha resultado ser una entrañable amistad y una inspiración para una labor tan relevante para mí y para México? Uno de los eventos más importantes en la trayectoria de la Asociación A Favor de lo Mejor se llevó a cabo en abril de 1999. Me refiero al 1er Congreso Internacional realizado en el Auditorio Nacional de la Cd. De México, que albergó a 10,000 asistentes durante dos días para reflexionar acerca de las diferentes perspectivas y retos relacionados con el esfuerzo de mejorar los medios de comunicación.

         En este magno evento me correspondió la tarea de contactar a los más destacados ponentes, catedráticos y expertos en los diferentes temas relacionados con los medios de comunicación, invitarlos y atenderlos durante su estancia. Después de consultar a los conocedores del tema para encontrar a la persona más adecuada que tratara el tema de la ética en la comunicación durante el congreso, la respuesta unánime fue la siguiente: “No puede faltar la perspectiva de la ética en la comunicación, cuyo exponente experto es el Dr. Niceto.” Fue así como tuve la fortuna de contactarme con el Dr. Blázquez.: Dr. en Filosofía, Licenciado en Teología y autor de las obras Ética y medios de comunicación (Madrid, 1994) y La nueva ética de los medios de comunicación (Madrid, 2002) entre otras de sus diversas obras relacionadas con el tema. La perspectiva ética resultaba medular para el diseño estratégico de la Asociación y particularmente para esta primera reflexión pública, razón por la que Niceto se convirtió desde esos primeros momentos en un obligado referente para nuestra labor. Escribí a Niceto para solicitar su intervención en el Congreso Internacional meses antes de la fecha del evento y me llevé desde su primera respuesta una gratísima sorpresa, pues descubrí no sólo al experto en el tema que yo buscaba sino a un hombre amable y sencillo de trato, que después de revisar su agenda aceptó generosamente a estar presente en este evento. De los muchos momentos que podría describir de esos escasos tres días de convivencia intensa con los expositores del evento, que consistieron en recibirlos desde el aeropuerto hasta acompañarlos durante los días del evento, comento aquí lo relativo al gratísimo encuentro con Niceto. De entre el grupo de expositores, el Dr. Niceto se distinguió no sólo por su extraordinaria exposición en el Congreso que, sin duda, aportaría reflexiones determinantes para ese diálogo social, sino que se convirtió también en un marco referencial en los años siguientes, que fueron fundamentales para el diseño de la argumentación, estrategia y análisis que emprendería la Asociación con exitosos resultados.

         No puedo dejar de mencionar, con gratitud y asombro, un detalle de tono profundamente humano y sensible que caracterizó a Niceto. Durante los días del evento, en medio del intenso trajín, la presión de cumplir con los horarios y demás exigencias de un evento de esta magnitud, recuerdo que en un momento dado Niceto se acercó a mí para preguntarme cómo me sentía y sugerirme con delicadeza que descansara un poco. Su capacidad de ver a la “persona” y de estar atento a las necesidades de los demás, aun antes de que yo misma tomara consciencia de ellas, me conmovió profundamente y me dejó una imborrable huella de encuentro y calidez. Niceto, con ese gesto de encuentro humano, de integridad, me ayudó a descubrir que aun en medio de lo aparente y transitorio, lo exigente y espectacular, lo verdaderamente importante es “ser” y ese “ser” sólo se experimenta en el encuentro personal con el otro. Sólo si se es capaz de salir al encuentro de los demás se alcanza a experimentar lo único que trasciende y transforma, la dimensión más humana: la amistad y el amor desinteresado e incondicional.

         En los siguientes años, a través en la red pude mantener contacto con Niceto para consultarle asuntos puntuales y mantenerle al tanto de algunas acciones y solicitar su visión sobre asuntos que requerían una sólida argumentación ética, hasta que el 27 de enero del 2006, Niceto volvió a México para participar en el Primer Congreso del Foro Ético Mundial. En esta ocasión Niceto dictó una conferencia como parte del Módulo de Medios de Comunicación Social y Entretenimiento. Este módulo se llevó a cabo en la Cd, de Santiago de Querétaro, mientras en 4 sedes más de manera simultánea se abordaban otros temas relacionados con la ética en los diferentes aspectos de la vida social. El Foro finalizó un par de días después con un compendio de las conclusiones generadas por cada mesa de trabajo o módulo. En el evento conclusivo se dieron a conocer a la opinión pública los resultados del trabajo, precedidos por el discurso de compromiso ético del secretario de Estado, Lic. Carlos Abascal Carrasco. Durante la estancia de Niceto para la participación en este evento, pudimos intercambiar impresiones, reflexiones y Niceto se convirtió, una vez más en un referente determinante y gran regalo personal en el caminar de la vida. “Ni técnica sin conciencia, ni información vaciada de valores”, son palabras de Niceto que resumen para mí tal vez la aportación más importante de su pensamiento y la aspiración de quienes trabajamos a favor de la calidad de los contenidos de los medios de comunicación. La experiencia de conocerle y tener la fortuna de su amistad me ha enseñado que lo más importante no es tener, ni siquiera haber tenido sino “ser” y ser un ser de encuentro, transparente y compartido. Gracias, Niceto, por tu existencia y tu amistad”. (Olivia Núñez Orellana).

 

                 8. María y Aurora Varela

 

         “Corría el año 1988. Era nuestro tercer curso de carrera en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Han pasado más de veinte años, pero aún recordamos el primer día que vimos entrar por la puerta del aula a un profesor muy sonriente. Nos llamó la atención. Normalmente los profesores entraban muy serios, imponiendo respeto. Entró, nos saludó, se presentó y comenzó a hablarnos de la materia que nos impartiría: “Ética de los medios audiovisuales”. Según transcurría el curso nuestra amistad comenzó a crecer. Siempre dedicaba unos minutos de su tiempo para hablar con las dos antes de comenzar la clase o al terminar, o bien cuando nos veíamos en el pasillo de la facultad. Era un profesor diferente, simpático, agradable, sabía lo que decía, no necesitaba leer unos apuntes para explicar sus lecciones. Se notaba que hablaba de algo que realmente conocía. Nos gustaba como profesor porque no intentaba “sentar cátedra”, al contrario, él nos proponía un tema y nos daba su opinión, después dejaba que nosotros lo discutiésemos libremente, limitándose a intervenir como simple moderador o para acotar el tema y que no nos alejásemos de lo que a él realmente le interesaba. Como profesor era muy querido por todos sus alumnos. Muchos de nosotros le comentábamos cosas personales o los problemas que teníamos con otros profesores o con los estudios. Él siempre nos escuchaba con atención, siempre tenía una palabra de aliento para todos, pero, sobre todo, tenía una amplia sonrisa. Es cierto eso de que hay momentos en la vida en que se agradece más un gesto amable que mil palabras. En 1990 nos trasladamos a Santiago de Compostela. Allí comenzamos a trabajar en Televisión de Galicia al mismo tiempo que hacíamos el Doctorado en Ciencias de la Información en la Universidad de Santiago.

         Aunque la distancia era mucha mantuvimos siempre un frecuente contacto telefónico y por correo. Niceto es una de esas personas que quisiéramos tener siempre como amigo. Sabemos que siempre podremos contar con sus consejos y su ayuda, sin importar los kilómetros que nos separen. No hay nada ni nadie en el mundo que pueda destruir nuestra hermosa amistad. Podemos decir sin temor a equivocarnos, que ha sido una de las personas de las que más hemos aprendido como ser humano y como docente. Él nos enseñó que no cuesta nada ser amables, que se puede hacer el trabajo con buen humor, que con buenas maneras se logra más que con gritos, que no hace falta discutir para conseguir lo que se quiere, que una sonrisa puede abrir miles de puertas. En resumen, con él hemos aprendido una forma de comportamiento ante la vida y en el desempeño del trabajo... y eso podría ser un buen concepto de ética, ¿no? Van pasando los años y cuando miramos hacia atrás a esos estupendos años que vivimos como universitarias en Madrid, Niceto siempre está ahí... ¿Cómo podría no estar? Niceto, todo lo que sentimos por ti te lo podemos resumir en dos palabras: Te queremos”. (María y Aurora Varela).

 

                 9. Olga Sancha Arauzo

 

         ¿Qué puedo decir de Niceto a quienes lo conocen personalmente? Cada persona es un microcosmos y sus experiencias personales únicas e intransferibles por ello tengo a bien comentar la mía con este amigo del alma que lo ha sido y, por supuesto lo será siempre, durante más de veinte años desde que nos conocimos. Yo era muy joven entonces cuando llegó a la clase el nuevo profesor de ética de la información. Era un hombre comunicativo y asequible y explicaba las cuestiones filosóficas con una inteligibilidad inaudita. Creo que fue por esto por lo que al finalizar una de las primeras clases me acerqué a él con el fin de hacerle saber mi interés por la Filosofía. Así fue nuestro primer encuentro personal en su despacho de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y a partir de aquel momento Niceto se convirtió para siempre en uno "de los míos". De hecho, no recuerdo ninguna etapa posterior importante de mi vida en la que Niceto no haya estado presente. Además, en diversas facetas. Como profesor, por ejemplo, su ayuda en la redacción de mi Tesina y Tesis Doctoral fue impagable. Pero sobre todo como amigo incondicional, como asesor espiritual y humano, e incluso como Banco. En este último sentido me parece oportuno recordar el caso siguiente. Me encontraba yo en Viena en el invierno del 2007 y tuve una mala experiencia con el apartamento que había alquilado. No me devolvieron la fianza y me cambiaron la cerradura de la puerta. Aun así, yo no quería volver a España con las manos vacías. Le informé a Niceto de mi situación, así como de mi idea de pasar primero por Stuttgart antes de regresar a Madrid y él confió en mí y me ingresó dinero en mi cuenta para que pudiese ejecutar mi proyecto. Yo siempre he tenido la sensación de que ese dinero "estaba bendecido" pues en Stuttgart encontré trabajo y así pude regresar a España con dignidad y sin pedir dinero a mi familia.

         He relatado esta experiencia porque es la más próxima en el tiempo, pero podría relatar otras muchas porque la amistad con Niceto ha sido y es rica y diversa. Es un amigo que siempre está ahí cuando más le necesitas y que a pesar de tener una apretada agenda, siempre ha tenido tiempo para mí. Además, ha sido leal y honesto diciéndome en cada momento lo que ha creído ser mejor para mí, me gustara o no escucharlo, sin jamás haberme defraudado. Fue para mí un gran honor aparecer en su libro sobre La amistad dónde homenajea a sus amigos, y será para mí un laureado honor figurar entre las "Palabras de mujer" de este libro memorialístico. Insisto, es un orgullo inmenso para mí ser contada entre sus amigos. Concluyo con la frase de un tango porque cuando pensé en escribir estas líneas para el próximo libro de Niceto me vino a la mente que él siempre estuvo conmigo en mis buenos y malos momentos, especialmente en los malos, cuando atravesé económica, emocional y laboralmente esa etapa en que sentí "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser". En esos momentos neurálgicos de mi vida siempre su mano estuvo tendida, su predisposición fue inmejorable y sus consejos impagables. ¡Gracias, amigo del alma, te quiero!”. (Olga Sancha Arauzo).

 

             10. Ana Redondo

        

         “Querido amigo Niceto. Con ocasión de tus 70 años de edad quisiera recordarte en voz alta cómo un día lejano nos conocimos y para ello sólo dejaré hablar a mi corazón. Nos conocimos en unos momentos trágicos para mí. Mi marido me había abandonado dejándome con seis hijos. La mayor con nueve años y el más pequeño con cuarenta días. Se fue a Canadá con otra mujer. Yo estaba muy enamorada y no sospechaba nada de lo que estaba ocurriendo. De hecho, nos llevábamos muy bien y aparentemente nos quería mucho a mí y a mis hijos. Ante lo ocurrido yo no sabía qué hacer ni qué camino tomar. No disponía de recursos económicos ni me sentía preparada para trabajar. Así las cosas, mis padres se vinieron a vivir con nosotros, pero mi padre tenía un sueldo modesto. Al mismo tiempo yo seguía queriendo a mi marido y necesitaba orientación en aquellos momentos decisivos de mi vida. Tu prima Rosario, la gran modista de Madrid, que conocía mi situación, me aconsejó que fuera a verte, confiada en que tú podrías orientarme y, sobre todo, escucharme. Así lo hice, me ayudaste a ver las cosas con más claridad y me sugeriste algunas pautas a seguir. En varias ocasiones fui a verte después para contarte mis penas y escuchar tus consejos. Siempre me trataste con cariño y comprensión y por ello te estaré eternamente agradecida. Han pasado desde entonces cuarenta años, durante los cuales no nos hemos vuelto a ver, y, sin embargo, te llevo en mi corazón. A partir de entonces mi lucha para sacar adelante a seis hijos ha sido titánica. Ni yo misma puedo explicarme cómo he llegado a donde he llegado como ser humano y como madre dedicada únicamente a sacar adelante a mis seis hijos. Por otra parte, casi sin ninguna formación laboral cualificada, llegué a desempeñar un trabajo de secretaria de dirección en una institución pública importante. Más aún, he conseguido el respeto y cariño de muchas personas y cuento con grandes amigos. Por todo ello puedo decirte que no me voy de este mundo con las manos vacías. Nada me ha sido fácil en la vida, pero me considero una mujer afortunada. Para mí lo más importante en este mundo son las personas y tú estás entre ellas. Gracias, Niceto, por hacerme ver la luz cuando en mi vida sólo había oscuridad. Recibe todo mi cariño y respeto”. (Ana Redondo)

 

             11. Sara Tabares

        

         “El cumpleaños de Niceto me ha hecho recordar un gesto y un lugar muy concretos. A veces una sonrisa puede ser el mejor de los regalos. Una sonrisa puede suscitar una palabra; con la chispa de esa palabra se enciende una conversación y de la conversación puede surgir una amistad como la nuestra. Conocí a Niceto en un pasillo de la segunda planta de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid cuando yo soñaba entre libros con la ilusión de contar cosas como periodista. Pero fue una asignatura que llevaba por título Bioética e Información la que me sirvió como excusa para conocer a cara descubierta a la persona que habitaba detrás de aquel libro de más de 200 páginas. Un café cortado y unas tostadas rancias tras una mesa en el bar de estudiantes de la Facultad me hicieron acercarme al autor, un hombre que en aquel momento de mi vida supo escucharme. Mientras exponía mis argumentos y le narraba mis problemas él me miraba perplejo tras sus gafas sin interrumpirme. Tampoco después lo hizo nunca, dijera lo que dijera; le gustara o no lo que estaba oyendo. Por eso me gustó conocerle, porque con él aprendí una lección de esas que no figuran en los densos capítulos que rellenan los libros de periodismo. Aquel profesor me enseñó que el respeto puede ser capaz de romper cualquier barrera, incluso las barreras interpuestas por las ideologías. Es así, a veces una sonrisa en un momento dado de la vida puede ser el mejor de los regalos que podemos recibir de una persona y eso es lo que yo encontré aquel día lejano en un pasillo de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid entre el bullicio tumultuoso característico de los estudiantes”. (Sara Tabares).

 

             12. Mercedes Sánchez 

 

         “Querido Niceto, con ocasión de la celebración de tus 70 años de edad se me ha ocurrido hacerte llegar estas palabras de felicitación. Hemos compartido muchas cosas y hemos hecho largos recorridos juntos en la amistad y el cariño. Ahora es un momento de pararnos y de dar gracias. Sí, creo que es el momento del agradecimiento, de las miradas largas sin fronteras y de abrir las manos para dejar que Dios nos las llene. Haciendo un somero recorrido de mi trayectoria vital, como tú sabes, no siempre las cosas me fueron fáciles, pero me siento feliz y libre interiormente. ¿Cuánto hace que nos conocimos? Muchos años. Yo era una joven, fruto de mi tiempo y de muchas circunstancias que me llevaron a dar el paso y tú estabas ahí. Tu amor a la Orden Dominicana condicionó en gran medida mi elección de una Congregación de Dominicas. Y desde entonces me has acompañado de manera desinteresada y fraterna en mi largo recorrido por el mundo: España, África, Suiza. Gracias, Niceto, por tantos y tantos detalles que han hecho que mi vida sea más fácil y en algún momento más auténtica y real. Gracias por ti, por tu personalidad singular, austera, trabajadora y auténtica. A través de tus palabras siempre he descubierto tu gran amor por la Orden Dominicana y siempre te he considerado como el prototipo del dominico de hoy, quiero decir, un hombre de oración, de estudio de la Palabra Viva, así como de la predicación oral y escrita de dicha Palabra” (Mercedes Sánchez, O.P). 

 

             13. Mari Carmen Perantón

 

         “Niceto, bonita edad 70 años viendo todo lo que ha pasado en tu vida: ¡tantos recuerdos, tantas cosas buenas! y, ¿por qué no?, también algún mal rato. Pero todo siempre bonito al ver lo grande que es DIOS para darle siempre muchísimas gracias por la vida. ¡Felicidades! Hace ya muchos años que te conozco. No te conocí en algún congreso o en un aula de universidad. Lo mío fue más simple. Un día fui a misa a los Dominicos de Alcobendas y quise confesar y allí estabas tú. Yo tenía bastantes problemas. Mi vida no ha sido fácil en nada y eso mejor que nadie lo conoces tú. La segunda vez que nos encontramos fue en una cafetería. Yo seguía con mi vida loca y estuvimos charlando un rato. Puedo decir que nunca me fallaste. Han transcurrido ya más de treinta años y puedo decir que, aunque la vida me llevó por otros derroteros, siempre supe que “estabas” si yo te necesitaba. Estuve años sin saber nada de ti y cuando te volví a encontrar seguías siendo el mismo de siempre. Puedo decir que no eran grandes soluciones las que dabas a mis problemas, pero sí sabías escuchar y yo creo que sólo con eso me conformaba. Hoy quiero darte un ¡gracias! muy grande por todo. Por saber que siempre te tuve sin tenerte y por saber que la amistad verdadera en esta vida es lo único que importa y une a las personas. Un fuerte abrazo de alguien con quien sabes que podrás contar siempre” (Mary Perantón).

        

             14. María Angélica Moncada Garay

 

         “Los días jueves no suelen ser sorpresivos en mi pequeña oficina del Instituto de Teología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, aquí en el fin del mundo, como decimos nosotros, y en donde se encuentra esta preciosa ciudad chilena desde la cual escribo. Sin embargo, una voz me sobresalta y alegra inmensamente. Es la de mi querido Padre Niceto al otro lado del Atlántico que me llama para compartir conmigo la alegría de nuestra amistad con motivo de sus 70 años de edad cumplidos y por lo que quisiera yo dejar escritas unas líneas que reflejen de algún modo dicha amistad la cual con el transcurso de los años se ha incrementado. Luego de darle muchas vueltas he decidido expresar, en la medida de lo posible, dos o tres ideas que muestren la fraternidad, la calidez y la generosidad de mi amigo Niceto, que ha engendrado en mi corazón un sentimiento de dulce amistad. Este sentimiento de amistad y admiración por mi querido amigo, surgió en cuando lo vi por primera vez bajándose del avión en nuestra ciudad de Concepción, ciudad del sur de Chile, en calidad de invitado a darnos unos seminarios y charlas para profesores y alumnos de nuestra Universidad. Su sonrisa, como noté después, era costumbre en él. Era más grande que su cara y a pesar de no habernos visto nunca antes, su calidez, su amabilidad y sencillez tocaron mi corazón. Una característica muy propia de mi amigo Niceto es, sin lugar a dudas, su enorme jovialidad. Este hecho suscitaba siempre en él un vivo entusiasmo frente a todo lo que le proponíamos y solicitábamos. Su entusiasmo era tan grande que no quedaba más remedio que seguirle con sus proyectos y perspectivas de la vida. Realmente ese hombre y sacerdote ya maduro que había bajado del avión era un joven lleno de vida que quería compartir todo lo que sabía con la juventud. Él realmente entendía a los jóvenes, realmente los escuchaba y quería transmitir todas sus experiencias a cada uno de ellos. En este sentido la expresión que siempre usaba: “por el amor serás juzgado”, era puesta en práctica por mi querido Niceto, en especial con los jóvenes a quienes siempre acompañaba y quienes siempre le seguían y solicitaban su atención, en desmedro muchas veces de importantes y poderosos. Es así como las primeras filas no eran para él sino atrás con los muchachos, con sus queridos jóvenes, a quienes preferentemente dedicaba sus profundas reflexiones filosóficas. El uso recto y amoroso de la inteligencia, entre otras ideas, es lo que, a mi juicio, Niceto Blázquez ha querido compartir con los jóvenes y también con los que nos hacíamos jóvenes con su compañía. Es la reflexión mediada por el amor de caridad la que ha incitado, a mi juicio, a mi querido amigo, desde muy temprano a exponerse muchas veces en piel viva y enfrentar temas tan complicados como los relacionados con el discernimiento en bioética, la responsabilidad de los medios de comunicación, los nacionalismos y el dolor humano, entre otros. Por esta valentía tan juvenil de mi querido Padre Niceto y por su desbordado amor a sus semejantes es por lo que resultaba imposible no querer su amistad profundamente”. (María Angélica). 

             15. La renuncia de Benedicto XVI

          Entre mis recuerdos más destacables me es grato evocar aquí un gesto histórico de gran significado humano y teológico. Me refiero a la renuncia del Papa Benedicto XVI en febrero del 2013. El venerable y admirable Pontífice no tuvo empacho en reconocer que su avanzada edad y estado de salud muy precario le impedían cumplir ya adecuadamente con las responsabilidades papales. En consecuencia, se retira él de la escena para que otra persona en mejores condiciones humanas asumiera la imponente responsabilidad ante Dios y los hombres de gobernar la barca de Pedro. Benedicto XVI dio así una lección de humanidad y lucidez mental, y otra de responsabilidad pastoral. Dado mi estado de salud por aquellos días históricos, yo no me encontraba con fuerzas físicas suficientes para expresar mi opinión acerca de este acontecimiento tan singular en la historia de la Iglesia. Afortunadamente me recuperé lo suficiente para poder redactar un artículo sobre el tema para el segundo fascículo de la revista Studium (2013) al que el lector queda remitido. El mismo texto fue publicado en el libro antes mencionado sobre Personas y personalidades.

             16. Un milagro de 50 años

         La vida de cada persona es un milagro patente por la forma en que nace, se desarrolla misteriosamente y en muchos aspectos desconcertante. Pero a veces acaecen cosas en cada uno de nosotros más cargadas de misterio. Así, por ejemplo, el día 30 de junio del año 2013 se cumplieron 50 años de mi ordenación sacerdotal. Afortunadamente he podido contarlo a pesar de los problemas de salud que últimamente he tenido que afrontar. Nunca imaginé que yo pudiera llegar a la edad de 75 años de edad y cincuenta de ministerio sacerdotal, que significó la culminación de una trayectoria marcada por la búsqueda apasionada de la Verdad que da sentido a la existencia humana. Pero vayamos por partes.  Durante aquella prolongada ceremonia de ordenación me sentí feliz pero muy cansado. Hasta tal extremo que en algún momento de dicha celebración llegué a pensar si mis fuerzas físicas darían de sí para resistir hasta el final. Pues bien, han pasado 50 años desde aquel día memorable hasta el mes de junio del 2013. ¿Cómo podía yo imaginar aquel día que iba a sobrevivir cincuenta años más? A este hecho es a lo que denomino un milagro de cincuenta años.

         Pero los hechos están ahí y sólo me resta añadir a ellos las consideraciones siguientes. En primer lugar, en el ministerio sacerdotal he cosechado las satisfacciones más grandes de mi vida. Además de hacer presente a Cristo muerto y resucitado con la celebración de la Eucaristía, la predicación del Evangelio que va aneja a dicha celebración fue un complemento felizmente consolador. Tengo la impresión de que encontré la forma de exponer la doctrina cristiana de suerte que mis oyentes encontraran a Dios a través de Cristo y se quedaran con Él y no conmigo. La despedida popular que reza así: “Vaya usted con Dios”, o “queden ustedes con Dios”, expresa muy bien lo que debe ser el ministerio sacerdotal como ayuda para que los demás encuentren a Dios y no como mera profesión lucrativa o de prestigio social. Igualmente me reportó muchas satisfacciones personales la administración del Sacramento de la Penitencia, o como comúnmente se dice, de la confesión. Pero el año 2012 tuve que suspender casi todas mis actividades sacerdotales, excepción hecha del Jueves Santo, a causa de mi estado de salud siempre crítico. En compensación tenía al lado de mi dormitorio una Capilla entrañable donde podía tomar la comunión de forma discreta cuando no me veía nadie. Todo quedaba así entre Cristo y yo solos.

         Por todo lo dicho en mis recuerdos y pensamientos en varios de mis libros comprenderá el lector que, al llegar a la cumbre de los cincuenta años de servicio sacerdotal, no encuentre palabras para expresar mi agradecimiento a Dios por este “milagro de los cincuenta años” transcurridos desde aquella fecha histórica del 30 de junio de 1963. Mis sentimientos de gratitud son extensivos, como no podía ser de otra manera, a mis padres, Emiliano y Delfina, que se desprendieron generosamente de mí para que siguiera libremente mi vocación de peregrino de la verdad. Y por extensión, a la Orden de Predicadores que puso a mi disposición los medios adecuados para que yo pudiera alcanzar esa verdad que ilumina, consuela y redime en este valle de lágrimas. Dicho lo cual, sólo me resta esperar a que después de este destierro existencial se produzca, como así espero, un encuentro feliz con Dios, fuente del ser, del amor y de la vida, llevado de la mano de su Rostro visible, que es Cristo, y de su amorosa Madre María.

          En relación con este memorable acontecimiento le envié al Prior Provincial de la Provincia del Rosario (O.P) el siguiente mensaje: “Querido P. Provincial. Pensando en el día 30 de este mes de junio 2013, en que se cumplirán 50 años de mi ordenación sacerdotal, y como más vale llegar pronto que rondar tarde, me ha parecido oportuno anticipar el mensaje adjunto como expresión de mis sentimientos de agradecimiento a la Orden de Predicadores, a la que tengo el honor inmerecido de pertenecer canónicamente dentro de la Iglesia. Un abrazo fraterno para ti y todos los miembros de la Provincia de N. S del Rosario. Niceto Blázquez, O.P”. El texto adjunto era el mismo que termino de redactar como acción de gracias por “el milagro de los 50 años”. Sorpresivamente el Provincial Javier ordenó a su secretario que difundiera dicho texto por doquier en el ámbito de su jurisdicción internacional. De momento sentí un poco de rubor al comprobar su difusión pública, pero fue una corazonada y las corazonadas tienen siempre un precio. Poco tiempo antes le había yo remitido el texto preparado para la revista Studium con el título “La renuncia de Benedicto XVI”. Su generosa respuesta fue la siguiente: “Querido Niceto. Me sorprendió un poco al abrir mi correo hace un rato y ver tu mensaje titulado RENUNCIA. Lo he leído con detención e interés, poniendo incluso en cursiva algunas frases. Y te diré que me ha gustado mucho. No sólo por tu estilo literario ágil, transparente, bien documentado y lógico al que ya estoy bien acostumbrado a leer en tus libros y artículos, sino también por la validez de tus consideraciones a pesar de la sencillez de este artículo. Yo al menos las encuentro válidas y de sentido común. ¡Y eso a pesar de ser Provincial, con el peligro que tú señalas de toda autoridad a aferrarse al cargo! Con estas letras simplemente quiero felicitarte deseándote buena salud y larga vida para que sigas deleitándonos con tus escritos. Enhorabuena por tus libros (algunos de tipo compilación) que en el otoño de tu vida has publicado, y por la amabilidad de darme una copia de ellos cuando pasé por San Pedro Mártir en Madrid. Y enhorabuena también por tus 50 años de sacerdocio. Fraternalmente, Javier. Provincial”.

 

             17. Palabras de agradecimiento en la celebración del 50 aniversario                                           

         El día 29 de junio de 2013, festividad de los apóstoles Pedro y Pablo, tuve la suerte de poder presidir en casa una Eucaristía íntima de acción de gracias con los miembros de mi comunidad dominicana en Madrid. A continuación, tuvo lugar un almuerzo entrañable y fraterno. Me limito a reproducir las palabras que dije en la homilía. “Hermanos, mañana se cumplirá medio sigo de mi ordenación sacerdotal y con este motivo nos hemos reunido hoy en la festividad de los Apóstoles Pedro y Pablo para concelebrar esta Eucaristía en acción de gracias a Dios por dicho acontecimiento. Como sabemos por teología elemental, el término Eucaristía sugiere la idea de una gracia buena o regalo de máxima calidad. En el caso concreto de la ordenación sacerdotal al agraciado se le otorga el mayor regalo imaginable, que consiste en recibir el poder misterioso de hacer presente a Dios entre los hombres haciendo lo mismo que Cristo hizo la noche de la última cena, a saber: transformando un poco de pan y de vino en el cuerpo y sangre de Cristo muerto y resucitado. Cristo transfirió este poder a los Apóstoles y éstos no lo transfieren a nosotros a través de los obispos. Y todo ello con una nota específica de destaque.

         Me refiero al hecho de que tal regalo de excelencia que recibimos es carismático, o lo que es igual, absolutamente gratuito por parte de Dios y no como pago proporcionado a nuestros presuntos méritos laborales o morales. Es un regalo de pura gratuidad que se recibe para invertirlo no en proyectos con ánimo de lucro o de prestigio social, sino como servicio de amor a las personas y no a las personalidades. Así las cosas, se comprende que la celebración de una Eucaristía sea la forma más adecuada de conmemorar un acontecimiento de esta naturaleza como es la ordenación sacerdotal. Y como toda persona bien nacida siente la necesidad de agradecer los favores recibidos, por mínimos que ellos sean, y siendo tan grande el favor que yo recibí con la ordenación sacerdotal, siento la necesidad de pronunciar la palabra GRACIAS también con la boca grande. Gracias a Dios como fuente del ser, de la vida y del amor. Gracias a mis padres que se desprendieron generosamente de mí para que siguiera mi vocación de peregrino de la verdad. Gracias a la Orden de Predicadores que fue donde yo encontré las condiciones y el terreno abonado para realizar mis mejores sueños. Y gracias a vosotros por todo lo que caritativamente me habéis aguantado, soportado y perdonado durante estos 50 años en esta casa. Dios os lo pagará con creces”.

         Estos mismos pensamientos y sentimientos los expresé con comentarios explicativos más concretos en la celebración de la Eucaristía dominical del día siguiente en la Iglesia ante la gran asamblea que suele congregarse para la Misa de las 13 horas. Allí estuvieron presentes también algunos familiares y amigos entrañables a los que previamente había yo informado sobre la posibilidad de mi reaparición en público con motivo de este feliz aniversario después de casi un año de ausencia por causa de mi enfermedad. De ambos actos litúrgicos quedaron algunos testimonios fotográficos reveladores. Por otra parte, en Hoyocasero, y en el contexto de la misa dominical del día 30, se leyó un mensaje de saludo y agradecimiento que yo había enviado previamente al Sr. Párroco D. Juan Manuel Manjón, con las matizaciones pertinentes, relacionadas con la celebración de mis 50 años de servicio sacerdotal y los felices recuerdos de mis años de infancia en aquel maravilloso pueblo de la sierra de Gredos. Según las informaciones que recibí después, en la celebración de la misa dominical evocaron mi aniversario y leyeron el mensaje que les había enviado al no poder estar yo presente. La respuesta inmediata de Mercedes Martín en facebook, que tuvo la gentileza de leer mi mensaje, con su cariño acostumbrado, fue la siguiente: "Querido Niceto, enhorabuena por tu aniversario. Te mando un abrazo muy fuerte de tus paisanos de Hoyocasero. Todos ellos compartieron alegres y emocionados por tu carta ese día tan especial." Yo había difundido también en facebook este saludo: “50 años de servicio sacerdotal. Me siento viejo y enfermo pero muy feliz por haber hecho aquello para lo que nací. Un abrazo inmenso para todas y todos los amigos de facebook. Y llegaron mensajes tan lindos como estos: Mari Perantón: “Es una ilusión poder ver esta foto. UN ABRAZO MUY FUERTE”. Y Petri Díaz: “Gracias a usted por esas buenas palabras que hemos oído de sus labios, un abrazo”. Pilar Sebastián: “Qué gran alegría fue estar contigo el domingo. Fue muy entrañable acompañarte en la celebración de la Santa Misa. Me emocioné. Que sepas que te quiero mucho y te llevo en mi corazón. Gracias por la foto. Mil besos. Pilar”. Mercedes Martín Martín: “Querido Niceto, enhorabuena por tu aniversario. Te mando un abrazo muy fuerte de tus paisanos de Hoyocasero. Todos ellos compartieron alegres y emocionados por tu carta ese día tan especial. YO: Merche, bonita. Gracias por tu recuerdo cariñoso y la transmisión de los sentimientos nobles de nuestros paisanos de Hoyocasero. Os lo agradezco todo desde lo más profundo del corazón.

         A mis sobrinos Miguel Ángel y David les envié este mensaje: “Tengo el placer de comunicaros que mañana día 30 de junio del 2013 se cumple medio siglo de mi ordenación sacerdotal en los Dominicos. Me siento muy feliz por esta experiencia de servicio a la humanidad llevado de la mano de N. S. Jesucristo y me hace mucha ilusión compartir mi alegría con vosotros. Vuestro tío que os quiere y admira.”. Miguel Ángel se personó en la celebración eucarística con Marina y los niños. David me envió desde las Naciones Unidas el siguiente mensaje: “Querido tío. ¡Qué gran alegría! Hoy he ofrecido la misa por ti. Lleno de agradecimiento por la fidelidad del Señor, que no te ha abandonado en todos estos años, para tu bien, el de los dominicos, el de la familia, el de toda la Iglesia y el mundo. Me ha hecho pensar en la fidelidad que tienes para conmigo también. Miguel me ha mandado algunas fotos de la misa ¡Qué cara más bonita tenías! Iré a Madrid el próximo día 9 y me quedaré 3 días. Me encantaría verte. ¿Podrás? Un abrazo muy fuerte. David”.

         Otro mensaje que quiero reseñar aquí es el siguiente del Provincial Javier González: “Queridos Niceto, José Luis, Borragán, Roberto, Magín, Pedro Luis, Marcos y Llanos (y Lucio y Okamoto). Ayer el prior de Macao (Salcedo) me dio una pequeña tarjeta conmemorativa de vuestros 50 años de sacerdocio. El rótulo principal reza, puesto en boca vuestra, "CELEBRANDO nuestros 50 años de servicio a Dios y a su Pueblo". Una frase sencilla, como la que figura por detrás, "A vosotros os he llamado amigos", esta vez puesta en labios del Señor, pero extraordinariamente grande y significativa. Por eso me sumo a vuestra alegría y acción de gracias a Dios en este gran jubileo sacerdotal vuestro. Y os expreso mis sentimientos más efusivos junto con mi enhorabuena por vuestras bodas de oro de sacerdocio. Sabemos bien que el haber llegado hasta este momento y el hecho de haber mantenido vuestra fidelidad al don del sacerdocio recibido no son obra exclusivamente nuestra, por eso digo que es un momento de acción de gracias a Dios, quien tiene a gala hacernos ministros de su Palabra y Eucaristía. Vuestra fidelidad y testimonio son un buen ejemplo para todos. A nivel personal tengo motivos para sumarme a vuestra celebración. Como he comentado en varias ocasiones, me acuerdo mucho de aquel día 30 de junio del año 1963 en Arcas Reales porque yo fui precisamente uno de los monaguillos en la ceremonia de vuestra ordenación y aunque en aquel momento no entendía mucho de mitra y báculo que tenía en las manos, sin embargo, vistos a través del incienso, me hacía pensar que algo extraordinario estaba pasando allí. Efectivamente, hoy con mirada retroactiva me convenzo de que Dios no para de sorprendernos en nuestras vidas con cosas extraordinarias que tienen apariencia de ordinarias.

         Un recuerdo sentido a cuantos gozarían hoy aquí mucho, si pudieran celebrar este acontecimiento con el grupo. Pienso de una manera especial en nuestro hermano Lucio, en coma desde hace tres años. Estoy seguro que de alguna forma, desde su pequeña o casi nula dosis de conciencia, está unido también en esta acción de gracias a Dios. Rezo por él y por todos vosotros para que sigáis siendo para el resto de la Provincia y del Pueblo de Dios inspiración y ejemplo de entrega generosa. Enhorabuena a todo el grupo y a cada uno de vosotros en vuestros 50 años de jubileo sacerdotal. A ver si este verano nos vemos por España y tengo la oportunidad de daros un abrazo. En el entretanto, saboread lo mejor que podáis estos momentos dorados. Fraternalmente, Javier”.

         Huelga comentar el significado profundo de estas fraternales palabras de un Superior entrañable y fraterno. 

         Me parece igualmente oportuno reproducir el mensaje siguiente con mi respuesta. “Mis queridos connovicios: ¡Feliz día-aniversario de nuestra ordenación sacerdotal! Que el Señor nos conceda seguir anunciando su Evangelio a sus hijas/os, en la comunión y la misión común encomendada. Agradezcamos al Señor su "detalle" con nosotros y la suerte de haber compartido tantos años en compañía y comunión, aunque haya sido por caminos tan distintos. Un recuerdo especialísimo para nuestro hermano Lucio, que no podrá darse cuenta de esta fecha tan señalada; él, que lo disfrutaría tanto. Unidos en la comunión y la esperanza. José Luis”.

         YO: “Gracias, José Luis, por tu entrañable visita y mensaje de felicitación con motivo de nuestro 50 aniversario de servicio sacerdotal desde la maravillosa plataforma de la Orden Dominicana. Tengo la satisfacción de decirte que después de casi un año sin celebrar solo la Eucaristía he tenido el placer de hacerlo para celebrar esta fecha histórica. Me parece muy pertinente y fraterno el recuerdo que haces de Lucio. Yo también evoqué su memoria en la misa conventual del día 29 de este mes de junio 2013. Igualmente recordamos a los connovicios que nos adelantaron en la peregrinación hacia el Padre. Gracias de nuevo, José Luis, y un abrazo fraterno muy grande”. José Luis de Miguel y Pedro Luis González hicieron el esfuerzo de venir a Madrid desde Macao y Roma respectivamente para visitarme enfermo y abatido, aunque no derrotado, como diría S. Pablo.  NICETO BLÁZQUEZ, O.P.

No hay comentarios:

Publicar un comentario