CUMPLEAÑOS
FELIZ Y BODAS DE ORO SACERDOTALES
Suele decirse que las mujeres
son muy sensibles al prestigio social, la posición económica y belleza física
de los hombres. Por lo que a mí se refiere, no he ocupado nunca cargos
socialmente llamativos, he sido pobre de solemnidad y, modestia aparte, en un
concurso de feos entre estudiantes quedé en segundo lugar. Humor y dichos
populares aparte, los testimonios que siguen de afecto y simpatía hacia mi
persona demuestran que hay otras cosas más importantes que las mujeres aprecian
en los hombres. Mi experiencia al respecto ha sido realmente singular y
gratificante. Puedo decir en términos generales que me he sentido siempre más y
mejor comprendido por las mujeres con las que he tenido que tratar que por los
hombres. Los testimonios que siguen a continuación ponen de manifiesto la
grandeza humana de un puñado de mujeres que, con motivo de mis 70 años de edad,
quisieron expresar públicamente sus sentimientos de gratitud y aprecio hacia mi
persona. Sus palabras, insisto, son el reflejo de su grandeza humana y de los
problemas que en algunos casos amargaron sus vidas. El regalo de sus bellas
palabras de afecto y la confianza depositada en mí, dándome a conocer sus
alegrías y sus penas, me obligan a ser realista y agradecido. Ellas han querido
hablar en voz alta y espero que el lector sepa apreciar la grandeza humana de
estas mujeres y admirar las maravillas de sus respectivas personalidades. Lo
que ellas quieren decir es que, por más que se exalten y promocionen
socialmente formas de amor y amistad equivocadas o incluso degeneradas, el amor
verdadero y la amistad que hacen realmente felices a las personas tienen unas
reglas de juego que hemos de conocer y respetar. Los presentes testimonios son
un canto a la amistad. Y sin más preámbulos, ellas tienen la palabra.
1. María Luisa Quílez Cervera
“Querido Niceto, has cumplido
70 años de edad y con esta ocasión se me ha ocurrido recordarte algunos de los
mensajes que por correo electrónico te he enviado en ocasiones diversas.
Innecesario decir que todos ellos expresan lo que en cada momento me dictaba el
corazón. Me han encantado tus buenas noches de hoy. No sé de dónde las sacas,
pero tienes la habilidad de hacerlas llegar en el día y momento oportuno. El
mensaje de hoy me ha llenado el alma de dulzura, amor y cariño. Eres un pedazo
de cielo que yo no merezco, pero necesito saber que estás cerca. Millones de
gracias y besos. Hoy he terminado de leer tu comentario a la encíclica Sacramentum caritatis. ¡Santo Dios!
Nunca en mi vida me he sentido tan llena. Hoy he comenzado a querer de forma
distinta a las personas y he descubierto a un Jesús que sonríe y llora de otra
manera. No te puedo decir cómo es, pero es algo extraño que siento en mí.
Pienso en la inmensidad del mar y no es nada con las maravillas que se hacen realidad
cada día gracias a ese Jesús que es Amor. Tu eres el que me has dado la mano,
tú has puesto entusiasmo en mi corazón y yo me apoyo en ti. Tú eres ese Jesús
que me da la mano. Descansa, duerme feliz que yo velaré tus sueños junto a ese
Jesús que nos ama y solo El escucha cuantas cosas deseo decirte y yo no sé
expresar. Siente el beso más cariñoso que jamás hayas recibido. Tus mensajes
dulces y agradables son fuerza para cada día e ilusión para continuar la lucha.
Saber que hay una persona como tú que cada día es capaz de irradiar amor,
cariño y comprensión es un lujo y quiero con todo mi corazón corresponderte,
aunque siempre me quedaré corta. ¡Gracias! por todo y recibe mi más dulce y
entrañable abrazo de agradecimiento y amor. La conclusión de tu libro no tiene
desperdicio. Me ha emocionado, pues, aunque yo sea la última en llegar a tu
vida, lo cierto es que cuando te he visto sonreír y he sentido el calor de tu
cariño sincero, la mano que me ayuda a levantarme, no puedo dejar de exclamar:
¡GRACIAS SEÑOR, me distes un amigo y en él te encontré a Ti. Antes de que te
vayas a dormir quiero decirte que eres el amigo que muchos quisieran tener
mientras otros tenemos la dicha de gozar de tu amistad. Total, un gran hombre.
Besos. Llevo muchos días sin darte las buenas noches porque termino la jornada
tarde y cansada. Pero hoy me apetecía saber de ti y me he puesto a repasar tu
currículo, cosa que me entusiasma. Tu grandeza de corazón, tu dulzura y
sensibilidad me atraen y me siento orgullosa de que me cuentes entre tus
amistades. Gracias por tu amistad pues no soy nada y no te merezco, pero te
necesito. Buenas noches y un beso entrañable con todo mi cariño. Hoy tengo la
oportunidad de escribirte y quiero poner en este correo todo el amor y cariño
que encierra mi corazón hacia ti. En ti, en efecto, he encontrado la forma del
verdadero amor sintiendo la amistad cercana que hoy consuela y mañana sonríe
conmigo. Gracias por admitirme en el saquito de tus amistades y por enseñarme a
amar. Es el gran tesoro que hoy tengo”. (María Luisa Quílez Cervera).
2. Patricia de Grandis
¡Felicidades! Hay muchas
maneras de escribir una felicitación de cumpleaños, pero yo voy a utilizar la
mejor: la que fluye directamente del corazón. Sí, ¡la felicitación del
corazón!, esa que se escribe espontáneamente sintiendo, y en la que hay
recuerdos, anécdotas, alegría, ternura, respeto y, sobre todo, cariño. O lo que
es igual, una felicitación llena de palabras almacenadas en la memoria del
cariño y que fluyen como si bailaran hacia el papel en blanco que se llena poco
a poco de ellas, pasando de ser algo blanco y vacío a decorarse con paciencia
en un testimonio eterno de agradecimiento. Nunca imaginé que aquel primer día
de clase de Ética de la Información en la Facultad de Ciencias de la
Información de la UCM, iba a ser tan importante para mí futuro emocional. Allí
apareció el profesor D. Niceto Blázquez, vestido de azul oscuro (como casi
siempre comprobé con los años) con sus libros, sus apuntes y su sonrisa. Yo era
una de sus alumnas, sentada en primera fila con mis folios “blancos” y mis
ganas de aprender. Todo eso y D. Niceto hicieron que al cabo de un año mis
conocimientos diesen sus frutos. A partir de entonces, café tras café, charla
tras charla, paseo tras paseo por los lugares más emblemáticos de Madrid,
nuestra amistad fue felizmente creciendo sin marcha atrás.
Siendo yo estudiante en la
Universidad vi casualmente el cartel que anunciaba un gran premio por
participar en un concurso de belleza y, ni corta ni perezosa, me presenté y lo
gané. Al ganar dicho concurso tenía la oportunidad de presentarme a Miss
Madrid. Me presenté y gané de nuevo. Gané igualmente el concurso de Miss
Turismo Calpe, Miss Turismo Costa Blanca, Miss Cadena Windsor y Miss Retro. En
total ocho concursos. Conocí a muchas chicas como yo que deseaban abrirse el
paso en el mundo mágico del espectáculo, pero, en contra de lo que pudiera
pensar mucha gente, no había rivalidad entre nosotras. Nos hacíamos compinches,
yo creo, debido al propio nerviosismo y juventud. A raíz de todo esto dejé la
Facultad por un tiempo pues el concurso de Miss España requería más dedicación.
Poco a poco me fueron ofreciendo trabajos. Por ejemplo, una coproducción ruso-
española "Don Quijote de la Mancha" en la que yo hacía de Dulcinea.
Esta fue la primera vez que me propusieron algo más que actuar; publicidad,
teatro musical en la que me contrataron de primera vedette. Aquí también fui el
objetivo de unas propuestas "extras"; azafata de imagen en numerosos
eventos; azafata en varios programas de televisión (Tele cinco, Antena tres);
presentadora y guionista en la televisión de Villalba; ayudante de fotografía
comercial; organizadora de desfiles en restaurantes de moda; actriz en la
coproducción sueco-española "Cuando el Río Ebro baja seco", sobre la
guerra civil.
Cada uno de estos diversos
trabajos me enriqueció ya que me permitían desarrollar mi talento y ganas de
aprender, me hicieron conocer a muy distintas personas de las cuales siempre
aprendía algo. Cuando tenía menos trabajo volvía a la Facultad y conseguía poco
a poco ir concluyendo mi formación, complementada con clases de interpretación,
baile, piano, fotografía y expresión corporal. La diversidad de clases me
permitió conocer también a más personas que aportaban su granito de arena.
Algunos quedan en la memoria del corazón. Otros, por el contrario, prefiero que
desaparezcan de mis recuerdos. Trabajo tras trabajo, muchos de ellos se
convirtieron en decepción debido a ciertas personas a las que el poder las hace
creerse dueñas de otras y de sus sentimientos. Por esta razón fui dejando poco a
poco el mundo del espectáculo con pena, pero a la vez con tranquilidad, con ese
sentimiento de poder ser yo quien libremente lo abandonaba sin tener que dar
excusas absurdas por temor a ser despedida por no aceptar insinuaciones
indignas, incómodas y desagradables. Nunca tomé una decisión tan acertada pues,
gracias a ella, hoy disfruto de lo más hermoso que Dios nos regala: ¡Los hijos
y su sonrisa! Ahora soy tan feliz y estoy tan llena de bondad y ternura que a
veces me desborda por cada poro de mi piel. Mis hijas me llenan de humanidad,
amor, pasión por vivir y poder amarlas, y, gracias a ellas también amo más cada
día a mí otro corazón: mi marido y alma gemela.
Un día Niceto me pidió que
impartiera yo una clase a sus alumnos de la Universidad sobre mis experiencias
en el mundo del espectáculo y no pude negarme. Según me informaron después, los
alumnos quedaron gratamente sorprendidos por mi aceptación. Llegó el día, la
hora y el lugar indicado para celebrar nuestro encuentro y al principio me
sentí algo nerviosa de sólo pensar que me iba a sentar en su mesa en un aula
abarrotada de alumnos deseosos de escuchar mis palabras. Pero me sentí muy bien
ya que lo que empezó siendo un “ataque” tras otro de preguntas se fue
convirtiendo en algo relajado y agradable demostrándoles que, aunque las
apariencias del ser humano en sociedad sean de una manera determinada, lo que
en verdad debemos esperar descubrir y lo que realmente importa es nuestro
interior. Entre las numerosas y comprometedoras preguntas que me hicieron una
de ellas fue la siguiente: "¿De todos los recuerdos que tienes de la
Facultad cuál es el mejor de ellos?” Yo no dudé ni un instante en responder lo
siguiente: Conocí a Niceto. ¡Y mira
que he conocido gente después de tantos años! La espontaneidad de mi respuesta
sorprendió profundamente a la audiencia que, obviamente, esperaba otra
distinta. Sí, conocerle y poder compartir mi vida con sus alegrías y sus penas,
fue y es para mí un privilegio y un placer. Niceto me dio la oportunidad de
demostrar clara y espontáneamente lo que había en mí interior a un grupo
numeroso de personas que intentaron descubrir el trasfondo de una profesión que
lleva consigo un poco de magia y secretismo. Gracias, Niceto, por hacerme ver a
mí y a esas personas que lo importante es ser uno mismo. No olvido aquellos
encuentros y charlas en el Café Central de Madrid donde conversábamos largo y
tendido de todo sin darnos cuenta de la hora y donde conociste a amigas mías
como Rosa, Julia, Solange, ya que tú siempre has sido amigo de mis amigos
interesándote también por ellos. Sin olvidar aquellas meriendas en casa de mi
madre la cual te tiene un gran respeto y cariño. Sus palabras: “Es que Niceto
es especial”. O cuando estaba con mi hermana y venías a vernos a las fiestas
que organizábamos y en las que siempre había una camiseta reservada para ti.
Gracias por haberme escuchado
en momentos difíciles, cuando te llamaba en busca de consuelo, de palabras de
esperanza y cariño. Tú haces que las cosas se vean y sientan de forma más
serena, sencilla y humana. Gracias por unirme en Santo Matrimonio con mi marido
al que adoro. Gracias por preocuparte de la salud de nuestras familias. Dentro
de poco bautizarás a mi hija Cintia y para mí será un día inolvidable ver que
mi hijita se acerca a Dios llevada por tus manos y por tu corazón. Muchas
felicidades en tu cumpleaños y también por la ayuda que brindas a tantas
personas de tantos sitios distintos sin esperar nada a cambio ¡Ah!, y
felicidades también porque gracias a tu espíritu de reportero “dicharachero”
queda un valioso testimonio en imágenes de una larga vida de plena dedicación
al prójimo. Feliz Cumpleaños al “abuelo postizo” de mis dos corazones: mis
hijas Yaiza y Cintia. ¡¡Felicidades!!” (Patricia De Grandis).
3. Alicia Mirón de D´Ors
Querido Niceto, con motivo de
tus 70 años quiero recordar en voz alta algo que estoy segura de que te va a
agradar. En 2º curso de Periodismo, cuando nos matriculamos en la asignatura de
“Ética y Deontología de la Información” en la Universidad Complutense de Madrid
tuvimos la suerte de que la impartiera el Profesor D. Niceto Blázquez. Recuerdo
que nuestro grupo era algo especial, una generación que había nacido en 1977 y
que la mayoría venían de fuera de Madrid. Quizás esto hizo que toda la clase
estuviera más unida que otros grupos. Éramos como una gran familia. Las clases
del profesor Blázquez resultaron de lo más amenas, traía invitados y todos
participábamos en las tertulias que surgían en clase. Nos preguntábamos, ¿de
dónde ha salido un profesor tan especial que nos llama por nuestro nombre y
que, sobre todo, es cariñoso con nosotros? Al poco tiempo, cuando ya habíamos
adquiriendo cierta confianza, le bautizamos, cariñosamente, como profesor
Nikita. Como yo era la mayor de la clase, todas mis compañeras tenían mucha
confianza conmigo y me contaban sus cosas. Un día, al salir de clase alguien
contó que se había enterado de que el profesor Nikita tocaba el piano, que
estaba casado y que tenía dos hijos tan eruditos como él. En realidad, no
sabíamos nada de nada sobre su identidad personal y nuestra imaginación
campeaba a sus anchas. Pero queríamos saber más cosas de él. Así transcurrió el
curso, casi sin darnos cuenta, y con gran tristeza por parte de todos
realizamos el examen final. Todo hay que decirlo, se portó maravillosamente,
como nadie. Leyó las notas en clase y recuerdo que estábamos todos alrededor de
su mesa. Cuando dijo mi nota “sobresaliente” me quedé sorprendida y, llena de
alegría, no se me ocurrió otra cosa que acercarme a él y darle dos besos por
sorpresa. Juro que me salió del alma, pero cuando reaccioné me quedé muy
cortada y me puse hasta colorada. Mis compañeros me miraron como diciendo ¿qué
has hecho? En realidad, sólo me preocupaba la reacción del profesor. Pensé, -
¡ahora me suspende! ¿Qué habrá pensado de mí? ¿Que soy una osada?, etc. etc.,
todo lo peor se me pasó por la cabeza. Cuando mis compañeros me preguntaron
después por qué lo había hecho, les contesté: “es que ha sido tan bueno, que el
beso era de todos y se lo merecía”. Por aquel beso nació una bella historia de
amistad que todavía, a pesar de los muchos años que han pasado, pervive. De
hecho, mi querido y admirado profesor Nikita ha llegado a ser y es mi mejor
amigo. Cuando hablo con mis compañeros y compañeras de aquella época, todavía
recuerdan con afecto y mucho cariño al profesor Nikita y, cómo no, hablamos de
aquel beso que le dimos todos con nuestro corazón y en especial con el mío”.
(Alicia Mirón de d’Ors)
4. Antonieta Cerdá Vergine
“¿Cómo llegué a amar al
español, bioeticista y sacerdote de la Orden de Predicadores Niceto Blázquez,
quien podría ser mi padre, pero que no lo es y nunca lo he visto desde esa
perspectiva? Es extraño, pero la primera vez que yo oí su nombre no tenía ni la
más mínima idea de quién estaban hablando y no tenía por qué saberlo. Yo, una
simple secretaria de una universidad católica en el último país de la tierra,
¿por qué tendría que haber sabido de quién hablaban? Pero por mi especial
curiosidad, ingresé a Internet, escribí su nombre en Google y allí, frente a
mis ojos, se desplegó muchísima información. Allí me di cuenta de quién
hablaban, de quién se trataba, y aun así, siendo alguien tan famoso, tan
letrado, tan diferente de lo que soy yo, me salté todos los protocolos
establecidos en el lugar en el cual aún trabajo, y debe haberse debido a un
difícil momento en el que yo vivía, tanto en lo laboral como en lo personal,
que comencé a escribirle. Primero por cuestiones relacionadas con su viaje a mi
país, a mi ciudad, y luego -sin proponérmelo ni pensar que no debía hacerlo- le
hablé de mis penas, mis angustias, mis aprehensiones y confusiones y fue así
como comenzó esta hermosa y especial forma de amar a Niceto Blázquez. Y digo
amar, porque simplemente eso ha sido: una entrega honesta, sincera, profunda y
real de amor. Pero no de ese amor mundano, físico o sexual del que muchos
pudieran pensar, insinuar o mal interpretar, sino del verdadero y auténtico
amor; ese que sólo se logra sentir, vivir y creer cuando uno encuentra a una
persona correcta al otro lado del computador. Porque es así como he conocido a
Niceto. Han sido horas y horas de muchas palabras escritas, muchos mails,
muchas confesiones y preguntas que a través varios años de amistad han ido
haciendo crecer este hermoso y puro sentimiento llamado amor.
Niceto ha sido un hombre
honesto, y no creo que se deba a su condición de sacerdote, sino simplemente a
que él es así: su trabajo del que a veces poco lograba yo entender, todas esas
palabras nuevas y tan difíciles de comprender y entender, las cuales con su
santa paciencia fue capaz de explicarme, y, lo que es mucho más importante aún,
sin dejarme avergonzada, pues él siempre ha sido respetuoso del que menos sabe
y muy sencillo en sus enseñanzas. El intento de escribir en estas líneas lo que
he vivido a través y con Niceto ha hecho que deba volver a repasar en mi mente
todos esos momentos en que lo necesité y siempre estaba allá, a miles de
kilómetros de distancia, pero apenas unos segundos de distancia de mí. ¿Y cómo
pudo llegar a pasar eso? Es simple, una vez escuché a un maestro budista decir:
“esa comunicación especial de alma a alma sólo se consigue cuando es una
comunicación sincera y de corazón a corazón”. A través de Niceto no solo he
descubierto conocimientos intelectuales, sino que también me ha hecho retomar
esas enseñanzas de nuestras virtudes que debieron ser las que nuestros padres
nos mostraban en nuestra niñez, pero que yo no tuve el privilegio de recibir.
No porque mis padres no me amasen sino sencillamente porque no lo hicieron. Y
es así como a través de este hombre, a quien he conocido entre tantos ir y
venir de palabras, me ha ido mostrando de la forma más simple, honesta y
sincera lo que está bien y lo que no. Y no sólo eso sino que aun cuando no
estábamos en acuerdo con nuestras formas de ver una o muchas situaciones
puntuales, siempre ha sido muy respetuoso de lo que yo creo y pienso y jamás ha
impuesto sus ideas por sobre las mías, sino que simplemente ha sido capaz de
guiarme y mostrarme tiernamente cuál sería el mejor camino a seguir. E incluso
cuando no lo he seguido, ha sido capaz de permanecer a mi lado, no cambiando de
opinión sino simplemente siendo un excelente amigo. Niceto me ha enseñado a
respetarme, conocerme, y a que confiase en mí, no solo por mí misma, sino
porque me ha reafirmado en mi condición de mamá, puesto que él ha amado y
respetado profundamente a Javiera – su Javita, como tan tiernamente la nombra-,
y nos ha ayudado brindándonos su amor constante y su apoyo incondicional cuando
más le hemos necesitado a pesar de la enorme distancia física que nos separa.
He tenido el agrado y privilegio de conocerle en persona, he tenido la dicha de
tenerlo almorzando en mi casa, un hogar muy sencillo y humilde; ha conocido a
mi madre y otras mujeres de mi familia con quien tuvimos y disfrutamos de un
agradable almuerzo de día Domingo, nada preparado para la ocasión, sino un
simple y tradicional almuerzo de fideos a la italiana que mi madre y tía con
gusto cocinaron.
Niceto me ha enseñado muchas
cosas sobre la vida, sobre lo que significa ser humilde, palabra tan burdamente
usada, pero que gracias a sus enseñanzas hoy sé que tiene un significado
maravilloso, porque él lo refleja en su forma de vida como hombre que sabe lo
que vale y lo que es y vive de acuerdo a ello con una sencillez de la cual
quienes lo amamos vemos y podemos sacar las más hermosas lecciones. Él ha
estado siempre atento a todos los acontecimientos de mi vida, al crecimiento de
mi Javi, ha disfrutado de mis logros y se ha entristecido por mis errores,
fracasos y humillaciones, pero me ha enseñado a vivir de la mejor y de la forma
más sabia, y eso ha sido enseñándome a ver lo que hice mal sin menospreciarme
ni ofenderme, sino simplemente con todo su amor me ha indicado lo que estuvo
mal, no imponiéndome sus ideas sino enseñándome y amándome respetuosamente.
Niceto me ha hecho crecer, respetarme y aprender que valgo como persona, mujer,
madre y amiga, con sus palabras me ha ayudado a sortear momentos difíciles y
extremadamente dolorosos con los problemas que he tenido con mi Javita, típicos
de la adolescencia, y que, gracias a la confianza que Niceto me ha demostrado
siempre, he podido preguntar y encontrar las respuestas que necesitaba en el
momento preciso. Me he sentido muy orgullosa de todos sus logros, pues lo
siento como parte de mi familia, cada uno de sus libros los he disfrutado y me
he sentido muy honrada al verme en uno de ellos junto a mi hija y amigos. Amo a
Niceto porque es un hombre honesto, sincero y respetuoso y porque él me ha
mostrado la presencia de Dios en la vida de mi hija y en la mía. Gracias,
Niceto, por permitirnos formar parte de tu vida. Mi Javita y yo te amamos y
siempre estás en nuestros corazones. Dios te bendiga por ser un excelente amigo
y un excelente ser humano, por el cual tanto tú luchas y al cual defiendes con
tus innumerables lecciones de bioética y amor. Siempre en nuestras oraciones y
con todo mi amor”. (Antonieta Cerdá Vergine).
YO: Toñy. Tengo la alegría de
comunicarte que el día 30 de junio de este año 2013 pude celebrar una
Eucaristía de Acción de Gracias con motivo de mis bodas de oro sacerdotales.
Con la particularidad de que he podido llegar hasta aquí contra todas mis
previsiones dado el estado de mi precario estado de salud durante los últimos
dos años. Lo que quiero decirte es que te he tenido siempre en lo más íntimo de
mi corazón, aunque no me haya comunicado contigo durante este tiempo, y más aún
durante estos días históricos y felices para mí. No tengo palabras para
agradecer lo mucho que me has querido a corazón abierto dedicándome palabras
tan lindas e inmerecidas de cariño y amor de buena ley. Gracias, Toñy, por tu
amor tan bueno y no me cabe la menor duda de que Dios, que es la fuente de la
vida y del amor, te lo pagará con creces. Besos y cariños sin fin. Besos y
cariños para ti y tu hija para Javita
ELLA: “Mi querido Niceto, me
alegra muchísimo lo q me cuentas. Dios en su inmenso amor y cariño claramente
te brindó el regalo de tus bodas de oro, pues has ejercido bien tu arduo
trabajo sacerdotal y Dios recompensa a sus amados hijos. Nuestro cariño, Javi y
mío, ha sido siempre natural, del corazón y se debe a nuestra sincera amistad,
a ese cariño innato que fue creciendo en base a la confianza recíproca, a no
juzgarnos, a solo y simplemente respetarnos como humanos e hijos de Dios. Si
bien mi vida ha tenido matices de dulce y de amargo, soy una mujer afortunada
por tener a mi bella Javi y por contar con buenos, pocos, pero grandes amigos,
con quienes he podido recorrer los caminos pedregosos cuando las dificultades
asoman y compartir un rato ameno cuando las cosas ya van mejor. Agradezco a
Dios a diario por todo lo que me brinda, por todas las vivencias, las buenas y
mucho más las difíciles, pues sé bien que con su ayuda y mi fe todo pasa. Un
enorme abrazo. Te debo fotos y piensa siempre que, en el sur de Chile, en la IX
región, en un pequeño pueblo llamado Los Sauces, hay una mujer que te quiere y
respeta muchísimo. Toñy”.
5. Pilar Sebastián
“Querido Niceto, pienso que
tu efeméride de los 70 años es un buen momento para escribir acerca de nuestra
amistad y decirte lo mucho que yo y toda mi familia te queremos y te admiramos.
Recuerdo el día que te conocí. Nos presentó una buena amiga en tu casa de los
dominicos. Todos éramos muy jóvenes y recuerdo muy bien tu amplia sonrisa y lo
guapo que estabas con tu hábito blanco. Nos caímos bien y tú nos invitaste a
tus clases de Derecho Natural. Era estupendo sentarse en la clase rodeada de
chicos jóvenes y oír las explicaciones que nos dabas. Para mí era algo nuevo y
muy diferente a mi vida cotidiana que giraba alrededor de mi casa y de mi hija
Eva. Pasaron un par de años y tuvimos un nuevo bebé, Javier, y ahí estabas tú
siempre pendiente de nosotros dándonos tu apoyo y cariño. Fue muy especial que
tú bautizaras a nuestro hijo Javier y que nosotros compartiéramos esos momentos
contigo. Niceto, siempre he podido contar con tu ayuda en los momentos que me
he sentido abrumada por los problemas. Lo que más que gusta de ti es tu ánimo y
tu optimismo. Siempre dices que con humor todo se puede llevar mejor y tienes
razón.
Te admiro por tu labor
docente, sé que tus alumnos te han querido y te han admirado como profesor.
Gracias a ti yo pude hacer mi Tesina de Ciencias Sociales. Tuve tu apoyo y tu
ánimo para hacerlo. También he tenido la suerte de recibir muchos de tus libros
y seguir un poco tu trayectoria profesional. Hubo unos años que no pudimos
estar muy en contacto debido a que tu padre estaba enfermo y tu vida giraba en
torno a su cuidado. A todos de alguna manera nos diste una lección de cariño y
dedicación. Y de nuevo aquí estamos todos juntos. Más mayores, pero con el
mismo corazón. Lo último que hemos compartido ha sido el bautizo de mi nieta
Carmen. ¡Qué alegría tan grande ver cómo bautizabas a Carmen en la misma
iglesia que Javier fue bautizado y que la historia volvía a repetirse! Faltaban
algunas personas, pero solo físicamente porque estaban allí presentes con
nosotros. Niceto, has sido y eres mi gran amigo. Sabes que te quiero y te
admiro mucho y lo único que le pido a la vida es que durante mucho tiempo
podamos compartir las pequeñas cosas del día a día. Con todo mi cariño”, (Pilar
Sebastián).
6. Alice Dubuc
“El comienzo de este relato
tuvo lugar hace casi veinte años. Nuestra amistad nació en un sábado por la
tarde durante la celebración de la Eucaristía en la madrileña parroquia del
Espíritu Santo a cuyo templo Niceto solía acudir los fines de semana para
colaborar en los servicios dominicales a petición del párroco D. Deogracias.
Empezó la misa con normalidad, pero recuerdo todavía con claridad el momento en
que comenzó la homilía. Captó no solo mi atención sino la de mi hija, quien por
aquel entonces tenía 7 años de edad. Fue su mensaje, sus palabras sencillas y
la claridad que empleaba el predicador para expresarse lo que me llegó al alma.
Su homilía me transmitió paz y me reconfortó. Sentí que estábamos ante un ser
especial cuyo mensaje salía del corazón y se alejaba de los tópicos comunes a
los que nos tienen acostumbrados muchos sacerdotes cuando hacen la predicación
dominical. Lejos de las ideas rebuscadas o las formas que se repiten de
rutinariamente, él polarizó el discurso en un concepto: el amor que Cristo
trajo al mundo, así como el modo de descubrirlo en la vida y los problemas de
cada día. Y además, sin complicaciones, sin dificultades, tan sencillo como el
mero hecho de amar, que no entiende de complejidades ni rebuscamientos. En un
momento dado de la homilía mi hija me interrumpió con estas palabras: “Mamá, me
gusta lo que dice”. Yo quedé gratamente sorprendida. Estaba claro que, habiendo
llamado la atención de una niña pequeña, su mensaje tenía que estar lleno de
sentimiento. A partir de aquel día comenzamos a visitar asiduamente la
parroquia y a asistir a su misa para escuchar la homilía. Me gustaba lo que
decía, la forma en que lo hacía y, sobre todo, lo sencillo que parecía aquello
que compartía cada fin de semana con los que asistíamos a su misa para
escucharle. Así fueron pasando las semanas hasta que un día, al terminar la
celebración litúrgica mi hija y yo sentimos curiosidad por conocerle
personalmente más de cerca. Pregunté su nombre y le esperamos a la salida del
templo para conversar con él y hacerle partícipe de todo aquello que nos había
transmitido. Nunca olvidaré lo rápido que salió del complejo parroquial y al no
poder alcanzarle le llamé. Se paró en seco entre la gente, volvió la cabeza
para verificar quién había pronunciado su nombre y seguidamente nos recibió cariñoso
con una cálida sonrisa. Así fue el comienzo de nuestra gran amistad con Niceto.
Cada sábado o Domingo por la tarde mi hija y yo asistíamos a sus misas y al
final conversábamos y cambiábamos impresiones sobre los temas de nuestro
interés. Un día mi hija me sugirió la idea de invitar a Niceto nuestra casa.
Con el paso del tiempo Niceto se ha convertido para mí, no solo en un
confidente cuya ayuda espiritual me resulta siempre enriquecedora, sino en un
apoyo moral de gran valía. Su cariño, su preocupación y comprensión me han
ayudado en muchos momentos complicados. Junto a mi hija y amistades, sin lugar
a dudas, ha sido una de las personas que más afecto me han brindado. Con motivo
de sus 70 años de edad quiero dejar constancia en este relato del privilegio
que supone haberle conocido y estar entre sus amistades, puesto que siento una
gran admiración, cariño y respeto por él, del cual espero que todos disfrutemos
durante muchos años más. Niceto, mi hija Valentina y yo te queremos mucho”.
(Alice DUBUC).
7. Olivia Núñez Orellana
“En el año de 1997 se inició
en México una movilización sin precedentes que se denominó a sí misma
Organizaciones coordinadas para mejorar los medios de comunicación, con más de
2600 instituciones representativas de diferentes sectores sociales del país,
convocadas principalmente por tres personas cuya lucha social, experiencia
empresarial y solidez moral constituyeron el aval para que millones de
mexicanos se sumaran a la lucha por lo que se veía entonces como una necesidad
urgente en la visión de construir una sociedad pacífica y civilizada: elevar la
calidad de los contenidos de los medios de comunicación. No puedo dejar de
mencionar a quienes fueron los convocantes, fundadores y visionarios
emprendedores de esta movilización. Ellos fueron Don Lorenzo Servitje,
destacado empresario mexicano y dueño de la panificadora más grande del mundo;
Don Roberto Servitje, hermano de D. Lorenzo, Presidente del Consejo de la
empresa de ambos, conocido por sus aportaciones a la generación de un pensamiento
y acciones determinantes en el ámbito de la responsabilidad social de las
empresas, y Francisco González Garza, fundador de una de las organizaciones
líder de padres de familia en México y luchador social incansable en el ámbito
de la familia, la educación y la participación social. Después del primer éxito
en la convocatoria de las Organizaciones coordinadas para mejorar los medios de
comunicación, se inició la tarea de organizar una campaña nacional de firmas,
de la cual se obtuvo un respaldo social contundente: más de 5 y medio millones
de firmas recolectadas en todo el territorio nacional a través de 60,000
voluntarios representantes de las organizaciones afiliadas a la coalición.
El resultado de esta
recolección de firmas dio lugar a la conformación en 1998 de la Asociación
civil conocida por Asociación A Favor de lo Mejor, A.C. Los acontecimientos que
acabo de relatar brevemente significan para mí dos maravillosas oportunidades
que atesoro profundamente y resultan el marco para lo que quiero comentar. La
primera oportunidad fue formar parte de esta organización desde su nacimiento y
durante once años. La segunda ha sido la fortuna de encontrarme con el Dr.
Niceto Blázquez. ¿Cómo se dio el encuentro que ha resultado ser una entrañable
amistad y una inspiración para una labor tan relevante para mí y para México?
Uno de los eventos más importantes en la trayectoria de la Asociación A Favor
de lo Mejor se llevó a cabo en abril de 1999. Me refiero al 1er Congreso
Internacional realizado en el Auditorio Nacional de la Cd. De México, que
albergó a 10,000 asistentes durante dos días para reflexionar acerca de las
diferentes perspectivas y retos relacionados con el esfuerzo de mejorar los
medios de comunicación.
En este magno evento me
correspondió la tarea de contactar a los más destacados ponentes, catedráticos
y expertos en los diferentes temas relacionados con los medios de comunicación,
invitarlos y atenderlos durante su estancia. Después de consultar a los
conocedores del tema para encontrar a la persona más adecuada que tratara el
tema de la ética en la comunicación durante el congreso, la respuesta unánime
fue la siguiente: “No puede faltar la perspectiva de la ética en la
comunicación, cuyo exponente experto es el Dr. Niceto.” Fue así como tuve la
fortuna de contactarme con el Dr. Blázquez.: Dr. en Filosofía, Licenciado en Teología
y autor de las obras Ética y medios de comunicación (Madrid, 1994) y La nueva
ética de los medios de comunicación (Madrid, 2002) entre otras de sus diversas
obras relacionadas con el tema. La perspectiva ética resultaba medular para el
diseño estratégico de la Asociación y particularmente para esta primera
reflexión pública, razón por la que Niceto se convirtió desde esos primeros
momentos en un obligado referente para nuestra labor. Escribí a Niceto para
solicitar su intervención en el Congreso Internacional meses antes de la fecha
del evento y me llevé desde su primera respuesta una gratísima sorpresa, pues
descubrí no sólo al experto en el tema que yo buscaba sino a un hombre amable y
sencillo de trato, que después de revisar su agenda aceptó generosamente a
estar presente en este evento. De los muchos momentos que podría describir de
esos escasos tres días de convivencia intensa con los expositores del evento,
que consistieron en recibirlos desde el aeropuerto hasta acompañarlos durante
los días del evento, comento aquí lo relativo al gratísimo encuentro con
Niceto. De entre el grupo de expositores, el Dr. Niceto se distinguió no sólo
por su extraordinaria exposición en el Congreso que, sin duda, aportaría
reflexiones determinantes para ese diálogo social, sino que se convirtió
también en un marco referencial en los años siguientes, que fueron
fundamentales para el diseño de la argumentación, estrategia y análisis que
emprendería la Asociación con exitosos resultados.
No puedo dejar de mencionar,
con gratitud y asombro, un detalle de tono profundamente humano y sensible que
caracterizó a Niceto. Durante los días del evento, en medio del intenso trajín,
la presión de cumplir con los horarios y demás exigencias de un evento de esta
magnitud, recuerdo que en un momento dado Niceto se acercó a mí para
preguntarme cómo me sentía y sugerirme con delicadeza que descansara un poco.
Su capacidad de ver a la “persona” y de estar atento a las necesidades de los
demás, aun antes de que yo misma tomara consciencia de ellas, me conmovió
profundamente y me dejó una imborrable huella de encuentro y calidez. Niceto,
con ese gesto de encuentro humano, de integridad, me ayudó a descubrir que aun
en medio de lo aparente y transitorio, lo exigente y espectacular, lo verdaderamente
importante es “ser” y ese “ser” sólo se experimenta en el encuentro personal
con el otro. Sólo si se es capaz de salir al encuentro de los demás se alcanza
a experimentar lo único que trasciende y transforma, la dimensión más humana:
la amistad y el amor desinteresado e incondicional.
En los siguientes años, a
través en la red pude mantener contacto con Niceto para consultarle asuntos
puntuales y mantenerle al tanto de algunas acciones y solicitar su visión sobre
asuntos que requerían una sólida argumentación ética, hasta que el 27 de enero
del 2006, Niceto volvió a México para participar en el Primer Congreso del Foro
Ético Mundial. En esta ocasión Niceto dictó una conferencia como parte del
Módulo de Medios de Comunicación Social y Entretenimiento. Este módulo se llevó
a cabo en la Cd, de Santiago de Querétaro, mientras en 4 sedes más de manera
simultánea se abordaban otros temas relacionados con la ética en los diferentes
aspectos de la vida social. El Foro finalizó un par de días después con un compendio
de las conclusiones generadas por cada mesa de trabajo o módulo. En el evento
conclusivo se dieron a conocer a la opinión pública los resultados del trabajo,
precedidos por el discurso de compromiso ético del secretario de Estado, Lic.
Carlos Abascal Carrasco. Durante la estancia de Niceto para la participación en
este evento, pudimos intercambiar impresiones, reflexiones y Niceto se
convirtió, una vez más en un referente determinante y gran regalo personal en
el caminar de la vida. “Ni técnica sin conciencia, ni información vaciada de
valores”, son palabras de Niceto que resumen para mí tal vez la aportación más
importante de su pensamiento y la aspiración de quienes trabajamos a favor de
la calidad de los contenidos de los medios de comunicación. La experiencia de
conocerle y tener la fortuna de su amistad me ha enseñado que lo más importante
no es tener, ni siquiera haber tenido sino “ser” y ser un ser de encuentro,
transparente y compartido. Gracias, Niceto, por tu existencia y tu amistad”. (Olivia
Núñez Orellana).
8. María y Aurora Varela
“Corría el año 1988. Era
nuestro tercer curso de carrera en la Facultad de Ciencias de la Información de
la Universidad Complutense de Madrid. Han pasado más de veinte años, pero aún
recordamos el primer día que vimos entrar por la puerta del aula a un profesor
muy sonriente. Nos llamó la atención. Normalmente los profesores entraban muy
serios, imponiendo respeto. Entró, nos saludó, se presentó y comenzó a
hablarnos de la materia que nos impartiría: “Ética de los medios
audiovisuales”. Según transcurría el curso nuestra amistad comenzó a crecer.
Siempre dedicaba unos minutos de su tiempo para hablar con las dos antes de
comenzar la clase o al terminar, o bien cuando nos veíamos en el pasillo de la
facultad. Era un profesor diferente, simpático, agradable, sabía lo que decía,
no necesitaba leer unos apuntes para explicar sus lecciones. Se notaba que
hablaba de algo que realmente conocía. Nos gustaba como profesor porque no
intentaba “sentar cátedra”, al contrario, él nos proponía un tema y nos daba su
opinión, después dejaba que nosotros lo discutiésemos libremente, limitándose a
intervenir como simple moderador o para acotar el tema y que no nos alejásemos
de lo que a él realmente le interesaba. Como profesor era muy querido por todos
sus alumnos. Muchos de nosotros le comentábamos cosas personales o los
problemas que teníamos con otros profesores o con los estudios. Él siempre nos
escuchaba con atención, siempre tenía una palabra de aliento para todos, pero,
sobre todo, tenía una amplia sonrisa. Es cierto eso de que hay momentos en la
vida en que se agradece más un gesto amable que mil palabras. En 1990 nos
trasladamos a Santiago de Compostela. Allí comenzamos a trabajar en Televisión
de Galicia al mismo tiempo que hacíamos el Doctorado en Ciencias de la
Información en la Universidad de Santiago.
Aunque la distancia era mucha
mantuvimos siempre un frecuente contacto telefónico y por correo. Niceto es una
de esas personas que quisiéramos tener siempre como amigo. Sabemos que siempre
podremos contar con sus consejos y su ayuda, sin importar los kilómetros que
nos separen. No hay nada ni nadie en el mundo que pueda destruir nuestra
hermosa amistad. Podemos decir sin temor a equivocarnos, que ha sido una de las
personas de las que más hemos aprendido como ser humano y como docente. Él nos
enseñó que no cuesta nada ser amables, que se puede hacer el trabajo con buen
humor, que con buenas maneras se logra más que con gritos, que no hace falta
discutir para conseguir lo que se quiere, que una sonrisa puede abrir miles de
puertas. En resumen, con él hemos aprendido una forma de comportamiento ante la
vida y en el desempeño del trabajo... y eso podría ser un buen concepto de
ética, ¿no? Van pasando los años y cuando miramos hacia atrás a esos estupendos
años que vivimos como universitarias en Madrid, Niceto siempre está ahí...
¿Cómo podría no estar? Niceto, todo lo que sentimos por ti te lo podemos
resumir en dos palabras: Te queremos”. (María y Aurora Varela).
9. Olga Sancha Arauzo
¿Qué puedo decir de Niceto a
quienes lo conocen personalmente? Cada persona es un microcosmos y sus
experiencias personales únicas e intransferibles por ello tengo a bien comentar
la mía con este amigo del alma que lo ha sido y, por supuesto lo será siempre,
durante más de veinte años desde que nos conocimos. Yo era muy joven entonces
cuando llegó a la clase el nuevo profesor de ética de la información. Era un
hombre comunicativo y asequible y explicaba las cuestiones filosóficas con una
inteligibilidad inaudita. Creo que fue por esto por lo que al finalizar una de
las primeras clases me acerqué a él con el fin de hacerle saber mi interés por
la Filosofía. Así fue nuestro primer encuentro personal en su despacho de la
Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid
y a partir de aquel momento Niceto se convirtió para siempre en uno "de
los míos". De hecho, no recuerdo ninguna etapa posterior importante de mi
vida en la que Niceto no haya estado presente. Además, en diversas facetas.
Como profesor, por ejemplo, su ayuda en la redacción de mi Tesina y Tesis
Doctoral fue impagable. Pero sobre todo como amigo incondicional, como asesor
espiritual y humano, e incluso como Banco. En este último sentido me parece
oportuno recordar el caso siguiente. Me encontraba yo en Viena en el invierno
del 2007 y tuve una mala experiencia con el apartamento que había alquilado. No
me devolvieron la fianza y me cambiaron la cerradura de la puerta. Aun así, yo
no quería volver a España con las manos vacías. Le informé a Niceto de mi
situación, así como de mi idea de pasar primero por Stuttgart antes de regresar
a Madrid y él confió en mí y me ingresó dinero en mi cuenta para que pudiese
ejecutar mi proyecto. Yo siempre he tenido la sensación de que ese dinero
"estaba bendecido" pues en Stuttgart encontré trabajo y así pude
regresar a España con dignidad y sin pedir dinero a mi familia.
He relatado esta experiencia
porque es la más próxima en el tiempo, pero podría relatar otras muchas porque
la amistad con Niceto ha sido y es rica y diversa. Es un amigo que siempre está
ahí cuando más le necesitas y que a pesar de tener una apretada agenda, siempre
ha tenido tiempo para mí. Además, ha sido leal y honesto diciéndome en cada
momento lo que ha creído ser mejor para mí, me gustara o no escucharlo, sin jamás
haberme defraudado. Fue para mí un gran honor aparecer en su libro sobre La
amistad dónde homenajea a sus amigos, y será para mí un laureado honor figurar
entre las "Palabras de mujer" de este libro memorialístico. Insisto,
es un orgullo inmenso para mí ser contada entre sus amigos. Concluyo con la
frase de un tango porque cuando pensé en escribir estas líneas para el próximo
libro de Niceto me vino a la mente que él siempre estuvo conmigo en mis buenos
y malos momentos, especialmente en los malos, cuando atravesé económica,
emocional y laboralmente esa etapa en que sentí "la vergüenza de haber
sido y el dolor de ya no ser". En esos momentos neurálgicos de mi vida
siempre su mano estuvo tendida, su predisposición fue inmejorable y sus consejos
impagables. ¡Gracias, amigo del alma, te quiero!”. (Olga Sancha Arauzo).
10. Ana Redondo
“Querido amigo Niceto. Con
ocasión de tus 70 años de edad quisiera recordarte en voz alta cómo un día
lejano nos conocimos y para ello sólo dejaré hablar a mi corazón. Nos conocimos
en unos momentos trágicos para mí. Mi marido me había abandonado dejándome con
seis hijos. La mayor con nueve años y el más pequeño con cuarenta días. Se fue
a Canadá con otra mujer. Yo estaba muy enamorada y no sospechaba nada de lo que
estaba ocurriendo. De hecho, nos llevábamos muy bien y aparentemente nos quería
mucho a mí y a mis hijos. Ante lo ocurrido yo no sabía qué hacer ni qué camino
tomar. No disponía de recursos económicos ni me sentía preparada para trabajar.
Así las cosas, mis padres se vinieron a vivir con nosotros, pero mi padre tenía
un sueldo modesto. Al mismo tiempo yo seguía queriendo a mi marido y necesitaba
orientación en aquellos momentos decisivos de mi vida. Tu prima Rosario, la
gran modista de Madrid, que conocía mi situación, me aconsejó que fuera a
verte, confiada en que tú podrías orientarme y, sobre todo, escucharme. Así lo
hice, me ayudaste a ver las cosas con más claridad y me sugeriste algunas
pautas a seguir. En varias ocasiones fui a verte después para contarte mis
penas y escuchar tus consejos. Siempre me trataste con cariño y comprensión y
por ello te estaré eternamente agradecida. Han pasado desde entonces cuarenta
años, durante los cuales no nos hemos vuelto a ver, y, sin embargo, te llevo en
mi corazón. A partir de entonces mi lucha para sacar adelante a seis hijos ha
sido titánica. Ni yo misma puedo explicarme cómo he llegado a donde he llegado
como ser humano y como madre dedicada únicamente a sacar adelante a mis seis
hijos. Por otra parte, casi sin ninguna formación laboral cualificada, llegué a
desempeñar un trabajo de secretaria de dirección en una institución pública
importante. Más aún, he conseguido el respeto y cariño de muchas personas y
cuento con grandes amigos. Por todo ello puedo decirte que no me voy de este
mundo con las manos vacías. Nada me ha sido fácil en la vida, pero me considero
una mujer afortunada. Para mí lo más importante en este mundo son las personas
y tú estás entre ellas. Gracias, Niceto, por hacerme ver la luz cuando en mi
vida sólo había oscuridad. Recibe todo mi cariño y respeto”. (Ana Redondo)
11. Sara Tabares
“El cumpleaños de Niceto me
ha hecho recordar un gesto y un lugar muy concretos. A veces una sonrisa puede
ser el mejor de los regalos. Una sonrisa puede suscitar una palabra; con la
chispa de esa palabra se enciende una conversación y de la conversación puede
surgir una amistad como la nuestra. Conocí a Niceto en un pasillo de la segunda
planta de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense
de Madrid cuando yo soñaba entre libros con la ilusión de contar cosas como
periodista. Pero fue una asignatura que llevaba por título Bioética e
Información la que me sirvió como excusa para conocer a cara descubierta a la
persona que habitaba detrás de aquel libro de más de 200 páginas. Un café
cortado y unas tostadas rancias tras una mesa en el bar de estudiantes de la
Facultad me hicieron acercarme al autor, un hombre que en aquel momento de mi
vida supo escucharme. Mientras exponía mis argumentos y le narraba mis
problemas él me miraba perplejo tras sus gafas sin interrumpirme. Tampoco
después lo hizo nunca, dijera lo que dijera; le gustara o no lo que estaba
oyendo. Por eso me gustó conocerle, porque con él aprendí una lección de esas
que no figuran en los densos capítulos que rellenan los libros de periodismo.
Aquel profesor me enseñó que el respeto puede ser capaz de romper cualquier
barrera, incluso las barreras interpuestas por las ideologías. Es así, a veces
una sonrisa en un momento dado de la vida puede ser el mejor de los regalos que
podemos recibir de una persona y eso es lo que yo encontré aquel día lejano en
un pasillo de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense de Madrid entre el bullicio tumultuoso característico de los
estudiantes”. (Sara Tabares).
12. Mercedes Sánchez
“Querido Niceto, con ocasión
de la celebración de tus 70 años de edad se me ha ocurrido hacerte llegar estas
palabras de felicitación. Hemos compartido muchas cosas y hemos hecho largos
recorridos juntos en la amistad y el cariño. Ahora es un momento de pararnos y
de dar gracias. Sí, creo que es el momento del agradecimiento, de las miradas
largas sin fronteras y de abrir las manos para dejar que Dios nos las llene.
Haciendo un somero recorrido de mi trayectoria vital, como tú sabes, no siempre
las cosas me fueron fáciles, pero me siento feliz y libre interiormente.
¿Cuánto hace que nos conocimos? Muchos años. Yo era una joven, fruto de mi
tiempo y de muchas circunstancias que me llevaron a dar el paso y tú estabas
ahí. Tu amor a la Orden Dominicana condicionó en gran medida mi elección de una
Congregación de Dominicas. Y desde entonces me has acompañado de manera
desinteresada y fraterna en mi largo recorrido por el mundo: España, África,
Suiza. Gracias, Niceto, por tantos y tantos detalles que han hecho que mi vida
sea más fácil y en algún momento más auténtica y real. Gracias por ti, por tu
personalidad singular, austera, trabajadora y auténtica. A través de tus
palabras siempre he descubierto tu gran amor por la Orden Dominicana y siempre
te he considerado como el prototipo del dominico de hoy, quiero decir, un
hombre de oración, de estudio de la Palabra Viva, así como de la predicación
oral y escrita de dicha Palabra” (Mercedes Sánchez, O.P).
13. Mari Carmen Perantón
“Niceto, bonita edad 70 años
viendo todo lo que ha pasado en tu vida: ¡tantos recuerdos, tantas cosas
buenas! y, ¿por qué no?, también algún mal rato. Pero todo siempre bonito al
ver lo grande que es DIOS para darle siempre muchísimas gracias por la vida.
¡Felicidades! Hace ya muchos años que te conozco. No te conocí en algún
congreso o en un aula de universidad. Lo mío fue más simple. Un día fui a misa
a los Dominicos de Alcobendas y quise confesar y allí estabas tú. Yo tenía
bastantes problemas. Mi vida no ha sido fácil en nada y eso mejor que nadie lo
conoces tú. La segunda vez que nos encontramos fue en una cafetería. Yo seguía
con mi vida loca y estuvimos charlando un rato. Puedo decir que nunca me fallaste.
Han transcurrido ya más de treinta años y puedo decir que, aunque la vida me
llevó por otros derroteros, siempre supe que “estabas” si yo te necesitaba.
Estuve años sin saber nada de ti y cuando te volví a encontrar seguías siendo
el mismo de siempre. Puedo decir que no eran grandes soluciones las que dabas a
mis problemas, pero sí sabías escuchar y yo creo que sólo con eso me
conformaba. Hoy quiero darte un ¡gracias! muy grande por todo. Por saber que
siempre te tuve sin tenerte y por saber que la amistad verdadera en esta vida
es lo único que importa y une a las personas. Un fuerte abrazo de alguien con
quien sabes que podrás contar siempre” (Mary Perantón).
14. María Angélica Moncada Garay
“Los días jueves no suelen ser sorpresivos en mi pequeña oficina del Instituto de Teología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, aquí en el fin del mundo, como decimos nosotros, y en donde se encuentra esta preciosa ciudad chilena desde la cual escribo. Sin embargo, una voz me sobresalta y alegra inmensamente. Es la de mi querido Padre Niceto al otro lado del Atlántico que me llama para compartir conmigo la alegría de nuestra amistad con motivo de sus 70 años de edad cumplidos y por lo que quisiera yo dejar escritas unas líneas que reflejen de algún modo dicha amistad la cual con el transcurso de los años se ha incrementado. Luego de darle muchas vueltas he decidido expresar, en la medida de lo posible, dos o tres ideas que muestren la fraternidad, la calidez y la generosidad de mi amigo Niceto, que ha engendrado en mi corazón un sentimiento de dulce amistad. Este sentimiento de amistad y admiración por mi querido amigo, surgió en cuando lo vi por primera vez bajándose del avión en nuestra ciudad de Concepción, ciudad del sur de Chile, en calidad de invitado a darnos unos seminarios y charlas para profesores y alumnos de nuestra Universidad. Su sonrisa, como noté después, era costumbre en él. Era más grande que su cara y a pesar de no habernos visto nunca antes, su calidez, su amabilidad y sencillez tocaron mi corazón. Una característica muy propia de mi amigo Niceto es, sin lugar a dudas, su enorme jovialidad. Este hecho suscitaba siempre en él un vivo entusiasmo frente a todo lo que le proponíamos y solicitábamos. Su entusiasmo era tan grande que no quedaba más remedio que seguirle con sus proyectos y perspectivas de la vida. Realmente ese hombre y sacerdote ya maduro que había bajado del avión era un joven lleno de vida que quería compartir todo lo que sabía con la juventud. Él realmente entendía a los jóvenes, realmente los escuchaba y quería transmitir todas sus experiencias a cada uno de ellos. En este sentido la expresión que siempre usaba: “por el amor serás juzgado”, era puesta en práctica por mi querido Niceto, en especial con los jóvenes a quienes siempre acompañaba y quienes siempre le seguían y solicitaban su atención, en desmedro muchas veces de importantes y poderosos. Es así como las primeras filas no eran para él sino atrás con los muchachos, con sus queridos jóvenes, a quienes preferentemente dedicaba sus profundas reflexiones filosóficas. El uso recto y amoroso de la inteligencia, entre otras ideas, es lo que, a mi juicio, Niceto Blázquez ha querido compartir con los jóvenes y también con los que nos hacíamos jóvenes con su compañía. Es la reflexión mediada por el amor de caridad la que ha incitado, a mi juicio, a mi querido amigo, desde muy temprano a exponerse muchas veces en piel viva y enfrentar temas tan complicados como los relacionados con el discernimiento en bioética, la responsabilidad de los medios de comunicación, los nacionalismos y el dolor humano, entre otros. Por esta valentía tan juvenil de mi querido Padre Niceto y por su desbordado amor a sus semejantes es por lo que resultaba imposible no querer su amistad profundamente”. (María Angélica).
15. La renuncia de Benedicto
XVI
Entre mis recuerdos más destacables me es
grato evocar aquí un gesto histórico de gran significado humano y teológico. Me
refiero a la renuncia del Papa Benedicto XVI en febrero del 2013. El venerable
y admirable Pontífice no tuvo empacho en reconocer que su avanzada edad y
estado de salud muy precario le impedían cumplir ya adecuadamente con las
responsabilidades papales. En consecuencia, se retira él de la escena para que
otra persona en mejores condiciones humanas asumiera la imponente
responsabilidad ante Dios y los hombres de gobernar la barca de Pedro.
Benedicto XVI dio así una lección de humanidad y lucidez mental, y otra de
responsabilidad pastoral. Dado mi estado de salud por aquellos días históricos,
yo no me encontraba con fuerzas físicas suficientes para expresar mi opinión
acerca de este acontecimiento tan singular en la historia de la Iglesia.
Afortunadamente me recuperé lo suficiente para poder redactar un artículo sobre
el tema para el segundo fascículo de la revista Studium (2013) al que el lector queda remitido. El mismo texto fue
publicado en el libro antes mencionado sobre Personas y personalidades.
16. Un milagro de 50 años
La vida de cada persona es un
milagro patente por la forma en que nace, se desarrolla misteriosamente y en
muchos aspectos desconcertante. Pero a veces acaecen cosas en cada uno de nosotros
más cargadas de misterio. Así, por ejemplo, el día 30 de junio del año 2013 se
cumplieron 50 años de mi ordenación sacerdotal. Afortunadamente he podido
contarlo a pesar de los problemas de salud que últimamente he tenido que
afrontar. Nunca imaginé que yo pudiera llegar a la edad de 75 años de edad y
cincuenta de ministerio sacerdotal, que significó la culminación de una
trayectoria marcada por la búsqueda apasionada de la Verdad que da sentido a la
existencia humana. Pero vayamos por partes.
Durante aquella prolongada ceremonia de ordenación me sentí feliz pero
muy cansado. Hasta tal extremo que en algún momento de dicha celebración llegué
a pensar si mis fuerzas físicas darían de sí para resistir hasta el final. Pues
bien, han pasado 50 años desde aquel día memorable hasta el mes de junio del
2013. ¿Cómo podía yo imaginar aquel día que iba a sobrevivir cincuenta años
más? A este hecho es a lo que denomino un milagro de cincuenta años.
Pero los hechos están ahí y
sólo me resta añadir a ellos las consideraciones siguientes. En primer lugar,
en el ministerio sacerdotal he cosechado las satisfacciones más grandes de mi
vida. Además de hacer presente a Cristo muerto y resucitado con la celebración
de la Eucaristía, la predicación del Evangelio que va aneja a dicha celebración
fue un complemento felizmente consolador. Tengo la impresión de que encontré la
forma de exponer la doctrina cristiana de suerte que mis oyentes encontraran a
Dios a través de Cristo y se quedaran con Él y no conmigo. La despedida popular
que reza así: “Vaya usted con Dios”, o “queden ustedes con Dios”, expresa muy
bien lo que debe ser el ministerio sacerdotal como ayuda para que los demás
encuentren a Dios y no como mera profesión lucrativa o de prestigio social.
Igualmente me reportó muchas satisfacciones personales la administración del
Sacramento de la Penitencia, o como comúnmente se dice, de la confesión. Pero
el año 2012 tuve que suspender casi todas mis actividades sacerdotales,
excepción hecha del Jueves Santo, a causa de mi estado de salud siempre
crítico. En compensación tenía al lado de mi dormitorio una Capilla entrañable
donde podía tomar la comunión de forma discreta cuando no me veía nadie. Todo
quedaba así entre Cristo y yo solos.
Por todo lo dicho en mis
recuerdos y pensamientos en varios de mis libros comprenderá el lector que, al
llegar a la cumbre de los cincuenta años de servicio sacerdotal, no encuentre
palabras para expresar mi agradecimiento a Dios por este “milagro de los
cincuenta años” transcurridos desde aquella fecha histórica del 30 de junio de
1963. Mis sentimientos de gratitud son extensivos, como no podía ser de otra
manera, a mis padres, Emiliano y Delfina, que se desprendieron generosamente de
mí para que siguiera libremente mi vocación de peregrino de la verdad. Y por
extensión, a la Orden de Predicadores que puso a mi disposición los medios
adecuados para que yo pudiera alcanzar esa verdad que ilumina, consuela y
redime en este valle de lágrimas. Dicho lo cual, sólo me resta esperar a que
después de este destierro existencial se produzca, como así espero, un
encuentro feliz con Dios, fuente del ser, del amor y de la vida, llevado de la
mano de su Rostro visible, que es Cristo, y de su amorosa Madre María.
En relación con este memorable acontecimiento
le envié al Prior Provincial de la Provincia del Rosario (O.P) el siguiente
mensaje: “Querido P. Provincial. Pensando en el día 30 de este mes de junio
2013, en que se cumplirán 50 años de mi ordenación sacerdotal, y como más vale
llegar pronto que rondar tarde, me ha parecido oportuno anticipar el mensaje
adjunto como expresión de mis sentimientos de agradecimiento a la Orden de
Predicadores, a la que tengo el honor inmerecido de pertenecer canónicamente
dentro de la Iglesia. Un abrazo fraterno para ti y todos los miembros de la
Provincia de N. S del Rosario. Niceto Blázquez, O.P”. El texto adjunto era el
mismo que termino de redactar como acción de gracias por “el milagro de los 50
años”. Sorpresivamente el Provincial Javier ordenó a su secretario que difundiera
dicho texto por doquier en el ámbito de su jurisdicción internacional. De
momento sentí un poco de rubor al comprobar su difusión pública, pero fue una
corazonada y las corazonadas tienen siempre un precio. Poco tiempo antes le
había yo remitido el texto preparado para la revista Studium con el título “La renuncia de Benedicto XVI”. Su generosa
respuesta fue la siguiente: “Querido Niceto. Me sorprendió un poco al abrir mi
correo hace un rato y ver tu mensaje titulado RENUNCIA. Lo he leído con detención
e interés, poniendo incluso en cursiva algunas frases. Y te diré que me ha
gustado mucho. No sólo por tu estilo literario ágil, transparente, bien
documentado y lógico al que ya estoy bien acostumbrado a leer en tus libros y
artículos, sino también por la validez de tus consideraciones a pesar de la
sencillez de este artículo. Yo al menos las encuentro válidas y de sentido
común. ¡Y eso a pesar de ser Provincial, con el peligro que tú señalas de toda
autoridad a aferrarse al cargo! Con estas letras simplemente quiero felicitarte
deseándote buena salud y larga vida para que sigas deleitándonos con tus
escritos. Enhorabuena por tus libros (algunos de tipo compilación) que en el
otoño de tu vida has publicado, y por la amabilidad de darme una copia de ellos
cuando pasé por San Pedro Mártir en Madrid. Y enhorabuena también por tus 50
años de sacerdocio. Fraternalmente, Javier. Provincial”.
17. Palabras de agradecimiento en la celebración del 50 aniversario
El día 29 de junio de 2013, festividad
de los apóstoles Pedro y Pablo, tuve la suerte de poder presidir en casa una
Eucaristía íntima de acción de gracias con los miembros de mi comunidad
dominicana en Madrid. A continuación, tuvo lugar un almuerzo entrañable y
fraterno. Me limito a reproducir las palabras que dije en la homilía. “Hermanos, mañana se cumplirá medio
sigo de mi ordenación sacerdotal y con este motivo nos hemos reunido hoy en la
festividad de los Apóstoles Pedro y Pablo para concelebrar esta Eucaristía en
acción de gracias a Dios por dicho acontecimiento. Como sabemos por teología
elemental, el término Eucaristía sugiere la idea de una gracia buena o regalo
de máxima calidad. En el caso concreto de la ordenación sacerdotal al agraciado
se le otorga el mayor regalo imaginable, que consiste en recibir el poder
misterioso de hacer presente a Dios entre los hombres haciendo lo mismo que
Cristo hizo la noche de la última cena, a saber: transformando un poco de pan y
de vino en el cuerpo y sangre de Cristo muerto y resucitado. Cristo transfirió
este poder a los Apóstoles y éstos no lo transfieren a nosotros a través de los
obispos. Y todo ello con una nota específica de destaque.
Me
refiero al hecho de que tal regalo de excelencia que recibimos es carismático, o lo que es igual, absolutamente
gratuito por parte de Dios y no como pago proporcionado a nuestros presuntos
méritos laborales o morales. Es un regalo de pura gratuidad que se recibe para
invertirlo no en proyectos con ánimo de lucro o de prestigio social, sino como
servicio de amor a las personas y no a las personalidades. Así las cosas, se
comprende que la celebración de una Eucaristía sea la forma más adecuada de
conmemorar un acontecimiento de esta naturaleza como es la ordenación
sacerdotal. Y como toda persona bien nacida siente la necesidad de agradecer
los favores recibidos, por mínimos que ellos sean, y siendo tan grande el favor
que yo recibí con la ordenación sacerdotal, siento la necesidad de pronunciar
la palabra GRACIAS también con la boca grande. Gracias a Dios como fuente del ser, de la vida y del amor. Gracias a mis
padres que se desprendieron generosamente de mí para que siguiera mi vocación
de peregrino de la verdad. Gracias a la Orden de Predicadores que fue donde yo
encontré las condiciones y el terreno abonado para realizar mis mejores sueños.
Y gracias a vosotros por todo lo que caritativamente me habéis aguantado,
soportado y perdonado durante estos 50 años en esta casa. Dios os lo pagará con
creces”.
Estos
mismos pensamientos y sentimientos los expresé con comentarios explicativos más
concretos en la celebración de la Eucaristía dominical del día siguiente en la
Iglesia ante la gran asamblea que suele congregarse para la Misa de las 13
horas. Allí estuvieron presentes también algunos familiares y amigos
entrañables a los que previamente había yo informado sobre la posibilidad de mi
reaparición en público con motivo de este feliz aniversario después de casi un
año de ausencia por causa de mi enfermedad. De ambos actos litúrgicos quedaron
algunos testimonios fotográficos reveladores. Por otra parte, en Hoyocasero, y
en el contexto de la misa dominical del día 30, se leyó un mensaje de saludo y
agradecimiento que yo había enviado previamente al Sr. Párroco D. Juan Manuel
Manjón, con las matizaciones pertinentes, relacionadas con la celebración de
mis 50 años de servicio sacerdotal y los felices recuerdos de mis años de
infancia en aquel maravilloso pueblo de la sierra de Gredos. Según las
informaciones que recibí después, en la celebración de la misa dominical
evocaron mi aniversario y leyeron el mensaje que les había enviado al no poder
estar yo presente. La respuesta inmediata de Mercedes Martín en facebook, que
tuvo la gentileza de leer mi mensaje, con su cariño acostumbrado, fue la siguiente:
"Querido Niceto, enhorabuena por tu aniversario. Te mando un abrazo muy
fuerte de tus paisanos de Hoyocasero. Todos ellos compartieron alegres y
emocionados por tu carta ese día tan especial." Yo había difundido también
en facebook este saludo: “50 años de servicio sacerdotal. Me siento viejo y
enfermo pero muy feliz por haber hecho aquello para lo que nací. Un abrazo
inmenso para todas y todos los amigos de facebook. Y llegaron mensajes tan
lindos como estos: Mari Perantón: “Es una ilusión poder ver esta foto. UN
ABRAZO MUY FUERTE”. Y Petri Díaz: “Gracias a usted por esas buenas palabras que
hemos oído de sus labios, un abrazo”. Pilar Sebastián: “Qué gran alegría fue
estar contigo el domingo. Fue muy entrañable acompañarte en la celebración de
la Santa Misa. Me emocioné. Que sepas que te quiero mucho y te llevo en mi
corazón. Gracias por la foto. Mil besos. Pilar”. Mercedes Martín Martín: “Querido Niceto, enhorabuena por tu aniversario. Te mando un abrazo muy
fuerte de tus paisanos de Hoyocasero. Todos ellos compartieron alegres y
emocionados por tu carta ese día tan especial. YO: Merche, bonita. Gracias por
tu recuerdo cariñoso y la transmisión de los sentimientos nobles de nuestros
paisanos de Hoyocasero. Os lo agradezco todo desde lo más profundo del corazón.
A mis
sobrinos Miguel Ángel y David les envié este mensaje: “Tengo el placer de
comunicaros que mañana día 30 de junio del 2013 se cumple medio siglo de mi
ordenación sacerdotal en los Dominicos. Me siento muy feliz por esta
experiencia de servicio a la humanidad llevado de la mano de N. S. Jesucristo y
me hace mucha ilusión compartir mi alegría con vosotros. Vuestro tío que os
quiere y admira.”. Miguel Ángel se personó en la celebración eucarística con
Marina y los niños. David me envió desde las Naciones Unidas el siguiente
mensaje: “Querido tío. ¡Qué gran alegría! Hoy he ofrecido la misa por ti. Lleno
de agradecimiento por la fidelidad del Señor, que no te ha abandonado en todos
estos años, para tu bien, el de los dominicos, el de la familia, el de toda la
Iglesia y el mundo. Me ha hecho pensar en la fidelidad que tienes para conmigo
también. Miguel me ha mandado algunas fotos de la misa ¡Qué cara más bonita
tenías! Iré a Madrid el próximo día 9 y me quedaré 3 días. Me encantaría verte.
¿Podrás? Un abrazo muy fuerte. David”.
Otro
mensaje que quiero reseñar aquí es el siguiente del Provincial Javier González:
“Queridos Niceto, José Luis, Borragán, Roberto, Magín, Pedro Luis, Marcos y
Llanos (y Lucio y Okamoto). Ayer el prior de Macao (Salcedo) me dio una pequeña
tarjeta conmemorativa de vuestros 50 años de sacerdocio. El rótulo principal
reza, puesto en boca vuestra, "CELEBRANDO nuestros 50 años de servicio a
Dios y a su Pueblo". Una frase sencilla, como la que figura por detrás, "A
vosotros os he llamado amigos", esta vez puesta en labios del Señor, pero
extraordinariamente grande y significativa. Por eso me sumo a vuestra alegría y
acción de gracias a Dios en este gran jubileo sacerdotal vuestro. Y os expreso
mis sentimientos más efusivos junto con mi enhorabuena por vuestras bodas de
oro de sacerdocio. Sabemos bien que el haber llegado hasta este momento y el
hecho de haber mantenido vuestra fidelidad al don del sacerdocio recibido no
son obra exclusivamente nuestra, por eso digo que es un momento de acción de
gracias a Dios, quien tiene a gala hacernos ministros de su Palabra y
Eucaristía. Vuestra fidelidad y testimonio son un buen ejemplo para todos. A
nivel personal tengo motivos para sumarme a vuestra celebración. Como he
comentado en varias ocasiones, me acuerdo mucho de aquel día 30 de junio del
año 1963 en Arcas Reales porque yo fui precisamente uno de los monaguillos en
la ceremonia de vuestra ordenación y aunque en aquel momento no entendía mucho
de mitra y báculo que tenía en las manos, sin embargo, vistos a través del
incienso, me hacía pensar que algo extraordinario estaba pasando allí.
Efectivamente, hoy con mirada retroactiva me convenzo de que Dios no para de
sorprendernos en nuestras vidas con cosas extraordinarias que tienen apariencia
de ordinarias.
Un
recuerdo sentido a cuantos gozarían hoy aquí mucho, si pudieran celebrar este
acontecimiento con el grupo. Pienso de una manera especial en nuestro hermano
Lucio, en coma desde hace tres años. Estoy seguro que de alguna forma, desde su
pequeña o casi nula dosis de conciencia, está unido también en esta acción de
gracias a Dios. Rezo por él y por todos vosotros para que sigáis siendo para el
resto de la Provincia y del Pueblo de Dios inspiración y ejemplo de entrega
generosa. Enhorabuena a todo el grupo y a cada uno de vosotros en vuestros 50
años de jubileo sacerdotal. A ver si este verano nos vemos por España y tengo
la oportunidad de daros un abrazo. En el entretanto, saboread lo mejor que
podáis estos momentos dorados. Fraternalmente, Javier”.
Huelga
comentar el significado profundo de estas fraternales palabras de un Superior
entrañable y fraterno.
Me
parece igualmente oportuno reproducir el mensaje siguiente con mi respuesta.
“Mis queridos connovicios: ¡Feliz día-aniversario de nuestra ordenación
sacerdotal! Que el Señor nos conceda seguir anunciando su Evangelio a sus
hijas/os, en la comunión y la misión común encomendada. Agradezcamos al Señor
su "detalle" con nosotros y la suerte de haber compartido tantos años
en compañía y comunión, aunque haya sido por caminos tan distintos. Un recuerdo
especialísimo para nuestro hermano Lucio, que no podrá darse cuenta de esta
fecha tan señalada; él, que lo disfrutaría tanto. Unidos en la comunión y la
esperanza. José Luis”.
YO:
“Gracias, José Luis, por tu entrañable visita y mensaje de felicitación con
motivo de nuestro 50 aniversario de servicio sacerdotal desde la maravillosa
plataforma de la Orden Dominicana. Tengo la satisfacción de decirte que después
de casi un año sin celebrar solo la Eucaristía he tenido el placer de hacerlo
para celebrar esta fecha histórica. Me parece muy pertinente y fraterno el
recuerdo que haces de Lucio. Yo también evoqué su memoria en la misa conventual
del día 29 de este mes de junio 2013. Igualmente recordamos a los connovicios
que nos adelantaron en la peregrinación hacia el Padre. Gracias de nuevo, José
Luis, y un abrazo fraterno muy grande”. José Luis de Miguel y Pedro Luis González hicieron el esfuerzo de venir a Madrid
desde Macao y Roma respectivamente para visitarme enfermo y abatido, aunque no
derrotado, como diría S. Pablo. NICETO
BLÁZQUEZ, O.P.
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