viernes, 18 de marzo de 2022

AMORATARDECER


 

REFLEXIONES VESPERTINAS

SOBRE EL AMOR

(Niceto Blázquez, OP)

INTRODUCCIÓN

               Al atardecer de la vida me examinarán del amor, reza una bella litúrgica canción. Es un eco del canto paulino a la caridad del que los grandes humanistas y místicos cristianos como S. Juan de la Cruz tuvieron buena cuenta. Esta dimensión del amor es la culminación de otras etapas de la vida amorosa, como he explicado en diversas ocasiones, pero en las segundas vísperas o crepúsculo de mi vida me ha parecido oportuno revisar este tema, corregirlo y enriquecerlo de forma monográfica y breve para destacar que el verdadero amor humano tiene por objeto propio la dignidad o excelencia de las personas y no los rasgos de sus respectivas personalidades. El amor personal es el quicio sobre el que han de girar todas las formas de amar culturalmente conocidas para evitar que algunas se conviertan en un manantial permanente de frustración e infelicidad. Amar y ser amados es una aspiración natural y, por lo mismo, una necesidad y un derecho de todo ser humano. Pero en las formas de satisfacer esa necesidad y legítima aspiración, mucha gente no acierta a encontrar la clave de interpretación y satisfacción de la misma de forma responsable y digna del ser humano. Me daría por satisfecho si las reflexiones que siguen sirven para ayudar a encontrar el verdadero camino del amor a quienes lo buscan con sincero corazón.

              El tema del amor es repetitivo en mis escritos, pero en esta ocasión deseo perfilar lo mejor posible mi experiencia humana y sacerdotal sobre el mismo. En Al atardecer de la vida, Madrid 2012, hablé de la naturaleza del amor humano y divino, de las formas de amar y las dificultades que impiden el disfrute del amor personal sin el cual la vida puede resultar tan desagradable como el menú de hospital sin sal ni vino. El amor es la sal y el azúcar de la vida, pero hay que aprender a descubrirlo y consumirlo sin adulteraciones y en la dosis adecuada, lo cual se va aprendiendo con la experiencia de la vida y el correcto uso de la razón.

           En el presente texto pretendo demostrar cómo es posible mantener diálogos personales amorosos entre dos personas sin caer en la trampa del amor sexo, del amor de enamoramiento o de ambos al mismo tiempo. Se trata pues de poner en práctica los principios teóricos expuestos en los dos capítulos primeros descendiendo después a la realidad concreta de las personas y sus circunstancias en el tercero.

            ¿Cómo y de qué manera? No es un arte fácil, pero es posible en la vida real y deseable. El tema es de capital importancia para todo ser humano, pero reviste particular interés para quienes ejercen profesiones relacionadas directamente con la intimidad de las personas y sus sentimientos más delicados. Tradicionalmente las dos profesiones de más riesgo de caer en dicha trampa del amor sexual o de enamoramiento eran aquellas relacionadas con la medicina, el ministerio sacerdotal y la abogacía. Pero existen otras muchas profesiones en las que el enamoramiento y los favores sexuales contribuyen a que las relaciones humanas se corrompan y resulte imposible tener una experiencia feliz del amor personal, tan deseado como necesario para la felicidad humana.

           Por eso me ha parecido oportuno reconsiderar una vez más el tema del amor presentando en el capítulo tercero un ejemplo práctico de mi propia cosecha, para demostrar que es posible y deseable llegar a ese nivel de amor personal, sobre todo en el ejercicio del ministerio sacerdotal.

           A medida me voy acercando al final de mi periplo existencial en este mundo, me convenzo más de la conveniencia de recordar la necesidad de destacar hasta qué punto el amor personal es la clave para llevar a cabo unas relaciones humanas felices y un ministerio sacerdotal afortunado. Por ello y por el interés suscitado por mis escritos relacionados con el tema, he decidido reincidir sobre el mismo, revisando y mejorando su tratamiento. Con ello sólo pretendo demostrar con ejemplos prácticos que es posible garantizar la felicidad en este mundo, y aún la del mundo venidero fuera del tiempo, del espacio y de las leyes de la corporeidad, si logramos amarnos los unos a los otros con amor personal.

           El lector constatará la presencia mayoritaria de mujeres en mis diálogos. ¿Por qué? La respuesta es la siguiente. Durante mi larga vida de trato pastoral tuve la oportunidad de dialogar verbalmente y por escrito con hombres y mujeres de todas las clases sociales y edades, sobre todo en momentos críticos culminantes de dolor e infelicidad. Este hecho me autoriza a sostener con sólido fundamento que dicho diálogo amoroso y personal resulta particularmente difícil cuando, por razones profesionales u otros motivos, los interlocutores son un hombre y una mujer. Sobre todo, cuando la mujer confía sus secretos y problemas personales a un hombre en el campo de la medicina o del ministerio pastoral de los sacerdotes cristianos. Igualmente cabe decir que el diálogo de hombre a hombre en el ministerio sacerdotal no reviste particular dificultad, siempre y cuando el sacerdote sea una persona psicológicamente madura, caritativa y teológicamente competente en su trabajo.

           En el diálogo hombre y mujer, en cabio, los factores afectivos y sentimentales complican mucho las cosas y juegan un papel decisivo. El enamoramiento, así como los favores sexuales son un riesgo permanente ya que el estado de enamoramiento se sale de los cauces normales de la razón y de la libertad, y, por ende, constituye un riesgo cosntante de echar a perder el trabajo pastoral. Riesgo que aumenta cuando la mujer desea prestar algún favor sexual como forma de agradecer los buenos servicios de caridad recibidos. O el sacerdote, el médico y otros profesionales de la intimidad pierden la cabeza y reclaman de alguna manera el favor sexual como moneda de cambio a la mujer que les ha pedido alguna ayuda para solucionar sus problemas espirituales, económicos o de salud corporal.

           La casuística en esta materia es muy variada y compleja. Pero no quiero entrar aquí en ella, lo que nos llevaría muy lejos, sino sólo destacar el hecho de que, a pesar de las dificultades para llegar a producirse ese deseado y saludable diálogo de amor personal en el ejercicio del ministerio sacerdotal y en otras profesiones, en las que está en juego la vida íntima de las mujeres, dicho diálogo es afortunadamente posible y deseable.

           Así pues, en los capítulos primero y segundo destacamos la primacía del amor personal sobre las formas tradicionales de amor a la carta, y en el tercero, reproducimos un ejemplo de dialogo amoroso hombre-mujer como botón de muestra de esa posibilidad fascinante de amor personal[1]. 

                CAPÍTULO I. SOBRE EL AMOR Y LAS FORMAS DE AMAR

                1. La cultura dominante sobre el amor

           Amor es un término gastado y adulterado. A pesar de ello, el amor es la salsa de la vida. Sin amor la vida sabe a poco y en determinadas circunstancias a nada. Los suicidas y los desesperados son una prueba contundente de que vivir sin amar y ser amados es como un menú amargo psicológicamente intragable. Algo así como un menú de hospital sin sal y sin vino. Por muy rico y saludable que sea en vitaminas, proteínas y otros ingredientes dietéticos, con el tiempo termina produciendo un desagrado difícil de superar. El amor es la sal y el azúcar de la vida. Pero ¿qué es el amor realmente humano y cómo vivirlo? Esta es la cuestión. Ahora bien, en la cultura actual predominante no hay más cera que la que arde y cuando se habla de amor, la mayor parte de la gente asocia el amor de forma espontánea e inmediata al sexo y el enamoramiento entre hombre y mujer (heterosexuales), entre mujeres (lesbianas) y entre hombres (homosexualidad). Sin excluir las relaciones sexuales y sentimentales con los animales o sodomía. Lo cual no es una novedad, ya que la literatura universal de todos los tiempos avala esta afirmación.

           Es verdad que el antiguo eros griego y el erotismo sufrieron una significación semántica importante con la irrupción histórica del cristianismo y la introducción de los términos amor, en latín, y ágape o amor de caridad en griego. Pero la tónica general es la que termino de indicar. Por ello, y para no perder el tiempo en disquisiciones innecesarias sobre la literatura amorosa y las diversas formas de interpretarla en clave de sentimientos específicos y géneros literarios, vayamos directamente al grano.

            2. Amor sexual e ideología de género

           Hay mucha gente del común de confesores que confunde el amor con las relaciones sexuales. Según esta mentalidad, hay amor cuando hay intimidad sexual y donde no hay intimidad sexual no hay amor. Como es obvio, el incentivo natural del amor sexual es el placer, con el cual la naturaleza ayuda generosamente para afrontar los quehaceres de la procreación. En la década de los años 60 del siglo XX, sin embargo, surgió la denominada revolución sexual. La novedad de este movimiento consistió en desvincular las relaciones sexuales de la procreación considerando el cuerpo humano como una mera herramienta de placer, solitario o compartido, con hombres y mujeres. En el año 1978 la ciencia dio una vuelta de tuerca a la cuestión mediante la reproducción in vitro demostrando que las relaciones sexuales entre hombre y mujer no han perdido su valor, pero son en sí mismas innecesarias. Con lo cual, el disfrute del placer sexual al máximo posible termina convirtiéndose en autónomo, siendo buscado apasionadamente sólo como un derecho irrenunciable de hombres y mujeres para liberarse, dicen, de las ataduras de la reproducción humana. En el contexto de esta mentalidad hay mujeres que aceptan prestar sus favores sexuales a los hombres con vistas a ganarlos como posibles maridos. Otras veces la mujer busca a cualquier precio a un hombre para tener un hijo y, una vez alcanzado este objetivo, tal hombre no la interesa más para nada. Por el contrario, hay hombres que se casan para tener mujer y usarla sexualmente y no para tener hijos. Para responder a esta actitud se han institucionalizado legalmente las prácticas abortivas para así quitar del medio a los hijos no deseados sin menoscabo del presunto derecho a las prácticas sexuales irresponsables.

           Hay otro tipo de gente que separa de un modo peculiar el sexo del amor. El caso más extremo y emblemático lo tenemos en las prostitutas y sus clientes. La relación sexual en este contexto es un contrato comercial que se realiza al margen del amor, sin excluir el desprecio personal, el odio e incluso el asesinato de la pareja que defrauda o hace la competencia. Tanto las prostitutas como sus clientes saben que el amor humano es una vivencia que nada tiene que ver con las relaciones sexuales. Estas personas piensan que el amor es algo que se hace y el hacerlo tiene un precio. ¿Hacemos el amor? ¿Cuánto cobras? O bien, ¿te gusta sexualmente este hombre o aquella mujer? Todos estos y estas que así piensan y actúan lo hacen siendo conscientes de que no existe vínculo ninguno necesario entre sexo y amor. En este mismo contexto, cuando se habla de educación sexual, en realidad se está hablando, antes que nada, de enseñar a practicar técnicas sexuales placenteras sin riesgos para la salud, la convivencia con terceras personas o para la economía.

           Lo más preocupante de esta mentalidad es que el amor humano es brutalmente confundido con relaciones sexuales diversas, sin excluir las más degeneradas y humanamente perversas. Es una forma muy elemental y primitiva de entender el amor, que termina poniendo a las personas fuera del uso correcto de la razón, que es la primera nota ontológica de humanidad. El ejercicio del sexo crudo, de la homosexualidad, del lesbianismo, de la sodomía y la prostitución, en sus múltiples y sofisticadas formas modernas de expresión, dan una idea aproximada de la degeneración del amor humano polarizado en el ejercicio bruto de la sexualidad y cualquier persona medianamente culta sabe que esta confusión del amor humano con las prácticas sexuales es tan vieja como la humanidad.

           Lo novedoso está ahora en que dicha mentalidad es idealizada y promovida de forma prodigiosa con la ayuda de los poderosos medios modernos de comunicación. Primero se potenció con el cine, la radio y la televisión. Últimamente Internet se ha convertido en la cátedra universal del sexo crudo más variado y explícito a la que pueden asistir desde los adolescentes hasta los más viejos sin salir de casa ni pisar la calle. Muchas emisoras de radio, por su parte, emiten en horas especiales programas sobre experiencias y prácticas de amor sexual que fomentan abiertamente la corrupción de menores y aumentan e idealizan la de los adultos. Y todo ello impunemente en nombre de la libertad de expresión.

           Por otra parte, muchos medios de comunicación social escritos y gráficos, como la prensa y las revistas, obtienen pingües beneficios económicos por la divulgación publicitaria de la prostitución clásica y otras formas afines de explotación sexual de hombres y mujeres. Ahora bien, cuando hay dinero por medio, la razón enmudece y las buenas razones sobran. Por ello sigamos adelante sin más consideraciones acerca del amor sexual servido como sexo crudo o aliñado de erotismo. Dicho lo cual ahora viene lo más sorprendente.

           En el contexto de la ideología de género se ha puesto ya en marcha a la altura del siglo XXI la revolución contra-sexual, echando por tierra jurídica y políticamente las relaciones sexuales tradicionales, negando hasta lo más obvio y natural como es la diferencia biológica entre hombre y mujer. Pero no es mi propósito analizar y valorar aquí el significado brutal de esta revolución destructiva del sexo biológico y espiritual, sino de poner al lector en guardia contra los misiles dialécticos, pedagógicos y políticos de sus ideólogas e ideólogos actualmente en campo de batalla.

            3. Amor de enamoramiento

             En un contexto ya más civilizado, el amor es asociado inmediatamente al estado de enamoramiento de las personas. Según esta forma de pensar, el amor es la actividad propia de los enamorados. Así pues, hay amor cuando hay enamoramiento y cuando éste desaparece se entiende que ha desaparecido también el amor. Un hombre y una mujer se casan, tienen hijos y esperan a que estos crezcan para divorciarse porque, dicen, el amor entre ellos ha terminado. O lo que es igual, la etapa de enamoramiento ha pasado o no existió nunca.

           Esta identificación del amor con el enamoramiento, es una de las principales causas del fracaso de las parejas y origen de sufrimiento humano. Eso que comúnmente llamamos enamoramiento sume a los enamorados en un estado emocional asociado al mundo de las obsesiones. Los enamorados, en efecto, son poseídos por una mezcla de manía, demencia y obsesión que los margina respecto de sus amigos y de sus familias. Se observan en ellos y ellas formas de comportamiento que inducen a pensar que han perdido parcial o totalmente el uso de la razón. Por ello algunos analistas no dudan en catalogar el fenómeno psicológico del enamoramiento en clave patológica como una especie de psicosis asociada a la obsesión. De ahí también que el enamoramiento tenga un precio alto que afecta seriamente a la libertad de nuestros actos y forma correcta de pensar. Mucha gente se ha suicidado como desenlace fatal del enamoramiento patológico. En el lenguaje coloquial de la gente sencilla esta enfermedad letal del enamoramiento fuera del control racional y de la libertad se denomina mal de amores, que es más frecuente de lo que cabría pensar a raíz de sus profundas depresiones por algún desplante sentimental, que en los casos más extremos suele terminar en suicidio.

           El enamoramiento, psicológicamente hablando, es un estado de atracción y pasión de corta duración, con excepciones que rayan en lo patológico. Sin necesidad de recurrir a análisis científicos, pronto nos damos cuenta de que el enamoramiento está estrechamente asociado por la naturaleza al instinto natural de procreación y es análogo al estado de celo entre los animalitos. Durante esa etapa, los enamorados se obsesionan con la persona amada queriendo estar a su lado el mayor tiempo posible y a cualquier precio. Es como un hechizo fisiológico que nubla su razón y los vuelve adictos al objeto deseado.

           El estado de enamoramiento induce a distorsionar la realidad proyectando una imagen idealizada de la persona amada. Los enamorados están tan cegados por el torbellino emocional, que sienten en su corazón que no ven al otro tal como es sino como les gustaría que fuese. En base a esta visión deformada de la realidad, muchas personas se casan o toman decisiones equivocadas determinantes de su probable fracaso afectivo. Pero, una vez que se desvanecen los efectos del enamoramiento, los amantes empiezan a verse tal y como realmente son. Una cosa es querer y otra, amar. No es lo mismo apetecerse que amarse. Queremos, cuando sentimos un vacío y una carencia que creemos a ciegas que el otro debe llenar con su amor. En cambio, amamos cuando experimentamos la abundancia y plenitud en nuestro interior y nos convertimos en cómplices del bienestar de los demás.

           De ahí que, a menos que cada uno de los amantes se responsabilice de ser feliz por sí mismo, la relación puede convertirse en un campo de batalla. De hecho, muchas parejas terminan encerrando su amor en la cárcel de la dependencia emocional, creyendo erróneamente que el otro es la única fuente de su felicidad. Es entonces cuando aparece en escena el apego tiránico del uno al otro creyendo que sin el otro no se puede vivir. Aparecen igualmente los celos al sentir miedo a perder al compañero o compañera sentimental, tratándolo como un objeto de propiedad. Sin excluir el rencor y el odio cuando una de las partes siente rabia hacia la otra considerándola como la fuente de todos sus males.

           Aunque lo que termino de decir deja poco lugar a dudas en los estudios más objetivos de la psicología humana, no es necesario acudir a esos estudios especializados para constatar con el sentido común y la experiencia de la vida, que el enamoramiento es un estado psicológico en el cual la persona enamorada es víctima de una dependencia sentimental obsesiva por otra persona al margen de toda razón. En los casos extremos la imagen sentimental de esa persona se graba con tal fuerza en la imaginación de la persona enamorada, que excluye cualquiera otra imagen en competencia. Si ese estado sentimental no madura filtrándolo en la razón, las consecuencias pueden ser imprevisibles y casi siempre nefastas. Todos los crímenes pasionales de la historia y finales trágicos entre personas enamoradas tienen una explicación en el hecho de que cuanto más se intensifica el estado de enamoramiento, más se debilita el uso de la razón. De ahí también que los verdaderos amigos se quieren, pero no se enamoran. El enamoramiento, se ha dicho con ironía y realismo, es el triunfo de la imaginación sobre la inteligencia.

           El enamoramiento corrompe la amistad y dificulta el uso correcto de la razón, mientras que la verdadera amistad y el amor auténtico, que es el personal, ayudan a madurar el uso de la razón y el ejercicio responsable de la libertad individual de los enamorados. El enamoramiento suele ser en la práctica enemigo de la verdadera amistad porque es ciego y nos impide ver y querer a las personas como realmente son. Es como un estado febril placentero que, o desaparece o termina arruinando la salud mental de los enamorados. En el lenguaje coloquial se expresa todo esto cuando se dice que tal persona está “chalada” o “loca” por otra. No en vano en inglés enamorarse de una persona es “to fall in love”, con lo cual se sugiere la idea de “caída”. Caída, sin duda, del uso de la razón en el abismo de un estado emocional obsesivo, que impide a los enamorados verse a sí mismos y el mundo que los rodea con objetividad.

           Los amigos y los que realmente se aman, por el contrario, se aprecian en un contexto emocional que no pone en peligro su libertad personal. La amistad hace posible que nuestro afecto sea compartido felizmente con muchas personas al mismo tiempo sin que para ello sea obstáculo el sexo o el estado social. El enamoramiento, en cambio, constriñe el afecto de una manera obsesiva a una persona concreta. Con el enamoramiento termina la amistad propiamente dicha y se genera otro tipo de relaciones personales que sólo impropiamente son comparables a la verdadera amistad. Los verdaderos amigos se quieren sin enamorarse nunca. De ahí que la amistad sea posible entre personas del mismo sexo, del sexo contrario y con muchas personas al mismo tiempo sin que se produzcan conflictos emocionales o celos. Cuando esto ocurre significa que alguna de las partes no ha entrado en el verdadero ámbito de la amistad o se ha salido de él. En cualquier caso, las mejores amistades se corrompen cuando se enfatiza lo emocional sin pasarlo por el filtro de la razón. La vida está plagada de amistades perdidas entre personas, y de familias destrozadas por causa del enamoramiento.

           Hay un enamoramiento normal, que se educa y madura pasándolo por el filtro de la razón. Cuando tal sucede, el enamoramiento madura y desaparece con normalidad dejando un poso de experiencia feliz. Pero con mucha frecuencia el enamoramiento degenera en una patología de muy difícil, si no imposible curación. Hay enamoramientos patológicos que requieren un tratamiento especial para evitar que terminen en tragedia. Ni el enamoramiento normal ni el patológico son opciones personales de libertad sino estados emocionales que surgen en nosotros al margen de nuestra voluntad. De ahí el riesgo de que los enamorados se vuelvan caóticos y absurdos hasta extremos indeseables e imprevisibles.

                 4. Más leña al fuego

           Lo que termino de decir podría bastar para hacernos una idea aproximada de lo que es el amor de enamoramiento. Pero, dada la importancia de este fenómeno humano, vale la pena insistir un poco más en el mismo. En psicología, el enamoramiento es descrito como un estado de ánimo que desencadena la experiencia amorosa, la cual puede ser compartida o no por la otra persona. Cuando tiene lugar la respuesta esperada por parte de la persona amada, la vivencia del amor se convierte en una especie de éxtasis. Lo cual significa que para los amantes recíprocos no existen barreras, como si nada tuviera mayor sentido que ellos mismos. Basta pensar en la actitud de una pareja de enamorados sentados o tumbados en un jardín público. Cuando, por el contrario, no existe una correspondencia, el deseo y la frustración generan un estado de tristeza profunda. La energía emocional que genera el enamoramiento, al no encontrar respuesta, se vuelve contra uno mismo generando sentimientos de autodestrucción. En los amores imposibles por falta de respuesta, la persona enamorada pierde la alegría y hasta el deseo de vivir, pensando, por ejemplo, que algo malo ha hecho para que no le quiera, o que tiene algún defecto importante que hace retraerse a la persona amada.

           La persona enamorada puede sentir sensaciones diversas como de frío o calor; tener taquicardia, ponerse a temblar o enrojecer con solo oír el nombre de la persona amada. A todo esto, cabe añadir la sensación de inseguridad y tristeza por el miedo al abandono del ser amado. El pensamiento de los enamorados es obsesivo en el sentido de que necesitan recordarse e intercambiar gestos de afecto y de fidelidad incondicional de forma permanente e iterativa.

           Por otra parte, su comportamiento propende a ser compulsivo en el sentido de que sienten un impulso intermitente de frecuentar los mismos lugares frecuentados por la persona amada y a hablar constantemente de ella resaltando sus características físicas y demás rasgos de su personalidad. El amante se siente totalmente seducido por la persona amada y todo cuanto dice o hace es valorado como maravilloso. Si la persona amada es físicamente normal o poco destacable, el amante la atribuye gracia, inteligencia, valor, honradez y coherencia. En caso de que la familia o los amigos aconsejen alguna prevención con la persona amada, el amante tiene siempre la respuesta fácil de que no conocen bien a esa persona y que, en cualquier caso, los defectos que tenga serán subsanados con el tiempo. Nace así lo que en psicología denominamos el complejo de redención. La persona enamorada está convencida de que hará cambiar para bien la conducta de la persona amada. Cosa, digámoslo todo, que la experiencia de la vida suele desmentir.

           El enamoramiento puede producirse bruscamente. Cuando esto ocurre, decimos que se ha producido el flechazo, lo cual puede ocurrir de forma inesperada y fortuita en algún encuentro social o familiar. O simplemente a raíz de una conversación espontanea. Pero con frecuencia el flechazo no es más que el término final de una relación que se inició como amistosa. Sea ello como fuere, lo cierto es que cuando dos personas están enamoradas, desean estar el máximo tiempo posible juntas y buscan contactos a través del tacto y la mirada buscando su proximidad física y el intercambio afectuoso de su sentir y energía vital. Los enamorados dan la impresión de estar en otro mundo, que es el de su fantasía. No se ven como realmente son sino sólo con aquellas cualidades o virtudes deseadas. La persona enamorada convierte a la persona amada en la pareja ideal e interpreta sus formas de comportamiento en base a los cánones propios de la fantasía. En consecuencia, los enamorados imaginan dotes de personalidad excelentes en su pareja que con frecuencia terminan en desencanto y frustración. De ahí expresiones como estas: ¿Cómo me pude enamorar de esta persona? ¿Cómo no me di cuenta antes de cómo era? Antes no era así. La respuesta es sencilla: porque él o ella estaban enamorados y el estado de enamoramiento no les permitía ver objetivamente la realidad. Es la idealización del ser amado.

           Durante el periodo de enamoramiento cualquier defecto de la persona amada, detectado por los familiares y amigos, carece de importancia. En este período se altera la manera de vivir el tiempo y el espacio como si no existiera otra realidad que la del ser amado. De ahí que el tiempo de estar juntos les parezca demasiado corto y muy largas las ausencias.

           Los síntomas del estado de enamoramiento son fáciles de detestar a través del lenguaje corporal, la forma de mirar al otro, de escucharle y sonreírle. Los enamorados experimentan una profunda sensación de placer y se vuelven sensualmente más receptivos, hasta el punto de que son capaces de detectar sutiles cambios de voz, de la mirada y de los gestos. Igualmente, su organismo se revitaliza de alguna forma al sentir más intensamente esas emociones. El estado de enamoramiento aumenta también la autoestima de los enamorados al sentirse ellos más seguros, importantes y queridos. Digamos que los enamorados se sienten de repente hermosos, útiles, inteligentes, fuertes y deseados convirtiéndose así en todo aquello que desean ser o que cree el otro que somos.

           Pero estos sentimientos y creencias sentimentales no están a salvo de la duda, que puede echarlo todo a perder. Me refiero a la supuesta certeza de que la otra persona, la amada, ha de corresponder a los sentimientos y pretensiones de la persona amante. La persona enamorada considera que la no correspondencia esperada es un acto de injusticia y desprecio. En los casos más extremos, esta no correspondencia puede llevar a la parte desencantada a la depresión profunda y el suicidio. Otras veces no llega la sangre al río, pero se producen rupturas muy violentas con sentimientos de rencor y de posibles venganzas. En el mejor de los casos, la tristeza y melancolía amorosa se enseñorean, al menos por algún tiempo, de la persona enamorada y no correspondida. La historia de personas famosas por su belleza y dotes artísticas, que acariciaron la idea del suicidio o de hecho se suicidaron, es tristemente larga y frecuente.

           Cuando el amante llena las aspiraciones de la amante, de tal suerte que ambos deciden compartir sus vidas, los rasgos de personalidad que suelen provocar el enamoramiento pasan a segundo plano prevaleciendo el encuentro personal y dignidad de la persona amada. Hasta tal punto de que los defectos naturales o adquiridos de personalidad no hacen peligrar la unión amorosa de las personas. Al contrario, esos defectos son motivo de mayor preocupación mutua y de ayuda para capear los temporales de la vida codo a codo en las duras y las maduras, en las penas y en las adversidades.

           Pero no todo el monte es orégano. Otras veces el estado de enamoramiento termina en desamor y ruptura pacífica o violenta de relaciones. El enamoramiento dura un período más o menos largo, tras el cual, o concluye o se transforma. En el primer caso, el amante deja de idealizar a la persona amada y constata que dista mucho de lo que era en su fantasía y expectativas de relación. El amante se percata de que tiene pocos valores o expectativas en común con la persona amada. Sobre todo, cuando se descubren mutuamente sus diversas formas de entender la vida. Cuando tal ocurre, desaparecen la magia, la vibración de los cuerpos y la seducción de los encantos de personalidad. O lo que es igual, se acaba la seducción y se produce el desenamoramiento.

           El final del enamoramiento puede desembocar en vivencias violentas de desamor o shock sentimental. Es un período de duelo durante el cual uno tiene que adaptarse a vivir y a ser feliz de nuevo sin la persona que antes quería y deseaba con toda su alma. La ruptura suele tener fases. La inmediata a la ruptura los protagonistas suelen vivirla con mucha tristeza y sentimientos de culpabilidad. Es la etapa masoquista porque ambas partes se preguntan con ansiedad si las cosas no hubieran ido mejor con otras formas de comportamiento. Luego empieza la etapa de rencor y entonces es él o ella exclusivamente quien tiene la culpa de la ruptura. Estas fases se alternan con frecuencia, pero en ningún caso se ve la realidad como es. A veces ocurre que una de las partes no comprende bajo ningún concepto que la otra haya puesto fin a la comunicación y los contactos.     Las razones pueden ser obvias para cualquier persona normal con sentido común, pero la persona enamorada no entiende de razones y sigue preguntándose desconsolada y despechada por qué. Es verdad que el tiempo lo cura todo, pero en materia de enamoramiento, suelen quedar flecos sentimentales que, a pesar del paso del tiempo, son causa de conflictos sentimentales serios fuera de tiempo y de lugar. Este tipo de conflictos constituye un capítulo complementario del enamoramiento que abarca el enamoramiento tardío y el re-enamoramiento. Estos dos aspectos son muy interesantes, pero no hay aquí lugar para ocuparnos de ellos. Igualmente dejo abierta la cuestión sobre las personas enamoradizas y las que piensan que para querer a otra persona hay que enamorarse de ella, y ponen todos los medios seductivos a su alcance para lograrlo con resultados siempre negativos o indeseables.

           Desde el punto de vista psicológico cabe hacer el resumen final siguiente. En el sujeto enamorado podemos observar una valoración exagerada y exclusivista de la persona amada, y la negación tozuda de aquellos rasgos de ésta que ponen en peligro su elección. Si él es un hombre con problemas personales serios, ella piensa que la gente exagera o que no comprenden a esa persona como ella, la cual está convencida de que lo hará cambiar para bien. Si, por ejemplo, ella está seriamente enferma, él dirá que su salud es delicada.

           Se aprecia también una represión de los propios rasgos de carácter para lograr convertirse en el objeto de amor del otro. Cada enamorado trata de poner a un lado todo aquello que pudiera causar rechazo por parte de su persona amada. El enamorado, además, tiene la creencia obsesiva de que sin la persona de la que está enamorado aquí y ahora no podrá ser feliz nunca en el futuro.  En el estado de enamoramiento hay una gran dosis de codicia, celos, envidia y egoísmo. Estos ingredientes dan lugar a otras emociones que se observan en las personas enamoradas como son la sensación de posesión del objeto, inseguridad en el objeto y admiración ciega por el mismo. Las patologías agrandan lo que sucede en las funciones normales y así ocurre que los enamorados desean poseer a la persona amada de forma absoluta, incondicional y excluyente. Cuando no están juntos, se produce en ellos un estado de inseguridad, que los lleva a hacerse preguntas como esta: ¿Dónde estará? Cuando están en pleno enamoramiento y uno de ellos se deja ver poco, pueden surgir estas otras: ¿Por qué no me llama? ¿Le gusto? ¿Me quiere? Los enamorados so como los niños cuando se les cuenta un cuento, quieren que se lo cuenten una y otra vez y jamás se cansan de escucharlo.

           Por otra parte, los enamorados hacen promesas y juramentos de no defraudarse, aunque se hunda el mundo. Suele decirse que nadie miente más y dice más tonterías que dos personas enamoradas. Se prometen amarse durante toda la vida, tener muchos hijos y mil cosas más, pero la experiencia demuestra que cuando se apaga el enamoramiento y se enfrentan al desnudo a la cruda realidad de la vida, todas esas promesas juradas se van al traste con la incomprensión mutua, las infidelidades, los divorcios y hasta las agresiones personales, sin excluir el rencor y muerte. La convicción taxativa entre los enamorados de que su persona amada es el único aliciente de su vida y a la que desean amar durante toda la vida, se viene abajo cuando el estado de enamoramiento no madura con el descubrimiento del amor personal. Cuando esto ocurre, el enamoramiento desaparece o se pervierte.

           Una nota muy característica de los enamorados consiste en convertirse en padres de sus hijos de una manera ciega e irresponsable. Los enamorados no tienen sentido adecuado de la realidad y de la responsabilidad al no filtrar sus deseos y sentimientos en la razón, lo cual puede conducir a verdaderos estados de irracionalidad y locura. Los enamorados son capaces de mentir por las nubes, no por malicia, sino por falta de juicio. Sobre los enamorados hay chistes y dichos populares en gran cantidad acerca de las mentiras que dicen, a veces rayando en la crueldad en clave de humor.

            5. Amor platónico y amores imposibles

           Según la filosofía de Platón, el amor es el impulso que lleva al conocimiento de la Forma de la Belleza y contemplación de la misma. Esta orientación se produce de forma progresiva y graduada a partir de la apreciación de la apariencia de la belleza física de una persona, continúa con la apreciación de la belleza espiritual – belleza del carácter y del alma- incluyendo la belleza de las leyes y las costumbres en la vida social, la que se encuentra principalmente en las artes y las ciencias. Todos estos pasos psicológicos han de ser superados para llegar a alcanzar el punto culminante del proceso, a saber: el conocimiento apasionado, puro y desinteresado de la esencia de la Belleza en-sí, que se mantiene incorruptible y siempre igual a sí misma. O sea, el conocimiento de la Idea de Belleza en cuanto es lo único que es bello en sí mismo y por sí mismo, y en cuanto aquello que es causa de que todo lo bello sea bello. En esto consiste la "idealidad" del amor platónico, en amar las Formas o Ideas eternas, inteligibles y perfectas. No hay en absoluto elementos sexuales ya que el auténtico amor para Platón no es el que se dirige a una persona, sino el que se orienta hacia la esencia trascendente de la Belleza en-sí. Esta sería la definición descriptiva del amor platónico en sentido propio.

           Cabe destacar ya dos notas esenciales de esta peculiar forma de entender el amor, que ha cuajado profundamente en nuestra cultura occidental. Así de claro: el amor platónico en sentido filosófico y propio, no es ni personal ni sexual. Tal vez por esta lastimosa confusión platónica, en el lenguaje común al uso, la expresión amor platónico es asociada al amor personal no correspondido o por razones diversas imposible de alcanzar. Tres casos espigados en mi archivo profesional pueden ayudar a comprender el fenómeno lamentable de los amores imposibles.

           Caso primero. Se trata de un hombre al que tuve que ingresar en el hospital, donde murió muy pronto en la pobreza material más extrema. Tuve la impresión de que toda su riqueza en el momento de morir se reducía a una módica cantidad de dinero que llevaba consigo en efectivo para andar por la calle. Después supe que el dinero de su sueldo laboral era disfrutado en su mayor parte por un hermano suyo. Este hombre murió en la plenitud de su vida, materialmente pobre y psicológicamente abatido por la nostalgia y desconsuelo de no haber poseído a la mujer de la que siempre estuvo enamorado.

           Caso segundo. Se trata de una mujer, también en la plenitud de su edad, la cual estaba atrapada sentimentalmente a un hombre por el enamoramiento y cuya posesión consideraba imposible. La cosa llegó hasta el extremo de encerrarse en su casa para vivir esta triste experiencia en su fantasía abandonando su cuidado personal y dependiendo de la caridad o simple curiosidad de los visitantes.

           Caso tercero. Ahora se trata de una mujer casada y enamorada de otro hombre distinto de su marido, con el que deseaba rabiosamente compartir en profundidad sus sentimientos amorosos. Estos tres casos son ejemplos prácticos reveladores de eso que se denomina amor imposible, cuya raíz del mal está en el fenómeno del enamoramiento que se desarrolla fuera del control de la razón y que puede degenerar en una patología psicológica muy grave si no se lo trata a tiempo y con mucho tacto.

           El amor romántico, por su parte, es una pasión erótica que, al contrario del amor platónico, exige carne y hueso. Es un amor apasionado en extremo y que campea en las películas, telenovelas y literatura del romanticismo europeo del siglo XIX. La historia de Eloísa y Abelardo en la edad media, y de Julliette Drouet y Víctor Hugo en el siglo XIX, pueden servir de modelo para desentrañar la esencia del amor romántico en sentido estricto y normal.

           El amor romántico es erótico en el sentido griego de la palabra y muy apasionado. En su dinámica juegan un papel prioritario la belleza física y moral de las personas, así como la intensidad del deseo de poseerse en profundidad y en exclusiva. Es una pasión sentimental fuera de razón y suele saltar de forma repentina como un flechazo. Pero puede desaparecer también con la misma prontitud que se produce. En muchos casos, el sentimiento erótico que se tiene hacia otra persona es tan intenso que se sale de los parámetros de lo razonable y puede conducir al suicidio. El pensamiento en la persona románticamente amada es recurrente y obsesivo en extremo. La melancolía es también connatural al amor romántico, así como el sufrimiento masoquista buscando placer en el sufrimiento en forma de humillación o dolor físico. Al masoquista romántico le gusta infligirse daño a sí mismo lamentando la imposibilidad de poseer en exclusiva y con seguridad a la persona amada, de carne y hueso, y no sólo de una forma idealista asexual e impersonal, al modo platónico.

            6. Amor personal

           El amor realmente humano es el amor personal. Para ayudar a entender correctamente el alcance de esta afirmación, me parece oportuno hacer unas aclaraciones conceptuales. Entiendo por amor personal al reconocimiento incondicional de la dignidad o valor superior de toda persona humana con transferencia de aprecio, de afecto o de ambas cosas a la vez. La transferencia de aprecio es esencial en toda forma de amor humano. Apreciar a una persona consiste en reconocer su dignidad y grandeza con la mente. En términos coloquiales es lo que denominamos tener un gran concepto de una persona, lo que demostramos hablando bien de ella con sinceridad y sin engaño, abiertamente y sin determinados gestos sentimentales o afectivos concretos. Puede bastar un apretón de manos, un aplauso, una inclinación de cabeza u otra forma social de buena educación, de acuerdo con las costumbres y tradiciones de los pueblos.

           Sin este aprecio mental de la persona, no tiene sentido después hablar de amor a ella. Lo que ocurre es que el amor sólo apreciativo sin transferencia afectiva, hace que nuestras relaciones personales resulten ciertamente respetuosas, pero distantes y frías. La transferencia afectiva no es esencial, pero es muy importante en la vida real. Sin esa transferencia de afecto, el amor resulta meramente especulativo y abstracto. Igualmente cabe advertir que el amor meramente afectivo o sentimental corre el riesgo de degenerar en enamoramiento y desencanto.

           El arte de amar correctamente consiste en aprender a expresar nuestro respeto a las personas con la dosis adecuada de aprecio y afecto de acuerdo con las circunstancias en las que se encuentra cada una de ellas. Esto es fundamental sobre todo en la vida matrimonial y de familia y, por supuesto, en las relaciones entre amigos

           Para poner las cosas en su sitio, me parece indispensable distinguir entre lo que es una persona, objeto propio del amor humano, y lo que es su personalidad, sobre la que puede recaer nuestro rechazo o desamor al mismo tiempo. La persona humana es algo perfecto que subsiste en la naturaleza racional y que identificamos mediante un nombre sustantivo personal, como Pedro, Juan, María o Jasmine. La persona es el sujeto o individuo humano titular del DNI. La función esencial de nuestro documento nacional de identidad consiste precisamente en identificar a cada persona de tal forma que no sea confundida con ninguna otra y no errar en la atribución de los méritos o responsabilidades que corresponden a cada una de ellas. A este individuo de la especie humana es al que denominamos persona, que comienza a existir en el momento matemático de la singamia e instauración del código genético tal como aparece ya diseñado en el CIGOTO, y que continúa siendo el mismo, distinto de cualquiera otro cigoto de la misma especie, hasta la muerte. La persona es lo que somos y a cuyo nivel todos somos iguales. Nadie es más o menos persona que otra. Como personas, lo mismo antes que después de nacer, durante la adolescencia, juventud y ancianidad, sanos o enfermos, hombres o mujeres, somos todos iguales en dignidad o valía.

           ¿Y qué es eso tan valioso y excelente que somos como personas y que no pierde su calidad ni siquiera con la enfermedad a lo largo de la vida? Esa grandeza deriva del hecho de que toda persona humana, en cuanto persona, es imago Dei, o sea, imagen o reflejo de Dios por estar dotada de inteligencia independientemente del uso, no uso, bueno o mal uso que cada cual hagamos o podamos hacer de ella. Como personas, pues, somos siempre el mismo sujeto humano y todos somos iguales en dignidad o excelencia ontológica. Pues bien, la persona así entendida es el sujeto propio del amor.

           La personalidad, en cambio, es todo aquello que sobreviene o acaece a la persona, bueno o malo. Así, el que una persona sea alta, baja, iracunda o amable, bondadosa o perversa, enferma de nacimiento o dotada de buena salud, guapa o fea, culta o analfabeta, dotada de cualidades artísticas o intelectuales, pertenece al ámbito de la personalidad. La personalidad significa todo aquello que adquirimos o perdemos a lo largo de la vida, para bien o para mal. Mientras la persona es siempre algo perfecto en su género e inmutable, la personalidad admite más y menos, es cambiante y lo mismo puede darse en lo bueno que tenemos que en lo malo. Es correcto decir que una persona tiene más o menos personalidad que otra, pero es falso decir que una persona es más o menos persona que otra. Persona es lo que siempre somos en grado perfecto, y personalidad lo que llegamos a ser lo mismo en lo bueno que en lo malo.

           En consecuencia, cuando se habla de amor personal, queremos decir que lo que amamos es la persona y no la personalidad. Por lo demás, es obvio que el amor personal es compatible con el sexo y el enamoramiento, pero no se confunde con ellos. Más aún, la experiencia de la vida enseña que por la vía sexual o del enamoramiento pocos llegan al amor personal y con muchas dificultades. Por el contrario, por la vía del amor personal las relaciones sexuales se dignifican y embellecen y el enamoramiento deja un poso de experiencia feliz compartida. Al contrario de lo que dije antes acerca del amor de enamoramiento, el amor personal es una opción de libertad en la cual intervienen el uso correcto de la razón y la reflexión. Pero el amor personal tiene una forma de expresión muy importante en la vida humana. Me refiero a la amistad. Antes, sin embargo, me parece oportuno hacer unas reflexiones sobre las consecuencias negativas de confundir platónica y románticamente el amor a las personas con la admiración de la belleza.

             7.  Belleza, erotismo y amor en conflicto permanente

           En estrecha relación con el amor se encuentra nuestra forma de entender la bondad de las personas, de las cosas y su belleza. También en esto hay errores culturales importantes muy difíciles de corregir. Para nuestro caso cabe hacer las siguientes observaciones.

           Hemos dicho que la confusión cultural del amor con el sexo y el enamoramiento es fuente inagotable de sufrimiento humano. Pues bien, tal sufrimiento podría ser atenuado corrigiendo otro error cultural muy grave, que consiste en confundir lo bello con lo bueno. La gente, si se deja llevar por sus impulsos emocionales y por la cultura dominante, tiene una tendencia irresistible a conformarse con admirar la bondad de las personas y a enamorarse de su belleza externa. Sólo algunos ejemplos para ilustrar lo que termino de decir, tomados de mi experiencia profesional.

           Caso primero. Se casaron y durante el viaje de novios se destapó la sucia historia de infidelidad e irresponsabilidad del marido, terminando el estrenado matrimonio en ruptura definitiva. Conocida la tragedia por una persona del entorno familiar de la joven esposa traicionada, comentó: ¿cómo es posible que esto haya sucedido siendo ella tan guapa?

           Caso segundo. Durante la celebración de un almuerzo alguien me hizo notar la presencia de una hermosa señora con estas palabras: es la nueva esposa de mi hermano. Seguidamente me comentó que su hermano no había hecho bien recambiando a su esposa pero que, habida cuenta de la escasa belleza de la primera, comparada con la belleza de la segunda, era comprensible que su hermano hubiera tomado la decisión de cambiar la primera por la segunda.

           Caso tercero. Un señor conoció a una joven japonesa de cuya belleza física quedó fascinado hasta el punto de considerar como objetivo prioritario de su vida hacerla suya con el matrimonio. Y lo consiguió, en efecto, pero con el paso del tiempo aquella belleza desapareció por completo y perdió todo su interés por la mujer agraciada. Como persona, comentaba el caballero, no la había conocido nunca y como belleza no le causaba ya ningún atractivo. Convivía fríamente con ella por sentido de responsabilidad, pero ni sentía afecto por ella ni la convivencia le reportaba felicidad alguna.

           En estos tres casos, que podían multiplicarse, hay un error muy grave de principio. Dicho error consiste en la ausencia total del amor personal, tal como lo hemos descrito más arriba, al confundir la belleza física o estética con la bondad humana de las personas. ¿Dónde está la confusión? La respuesta, desde el punto de vista del discurso analógico, resulta fácil. En los tres casos se han enamorado de la belleza física y no de sus respectivas personas. No han entendido que la belleza física es sólo objeto de admiración y no de amor. La belleza física de las cosas y de las personas ha de ser admirada pero jamás amada. La belleza, en todas sus formas, constituye el objeto de nuestra admiración y solamente el bien o bondad de las personas es objeto de amor. La historia cultural de esta confusión de los objetos propios de la admiración y del amor en la cultura occidental ha encontrado siempre su presunta legitimidad educativa en la filosofía de Platón, el cual, como queda dicho, pensó que entre la belleza y el amor existe una relación ontológica.

           Según Platón, el objeto propio del amor es la belleza en sí misma e ideal. Pero la puesta en práctica de tal forma de pensar sólo ha contribuido a convertir el enamoramiento en una fuente de desgracias cuando debería serlo de felicidad. La experiencia de la vida enseña que sólo las personas han de ser amadas y no su belleza física, que ha de ser simplemente admirada como un rasgo de la personalidad. Por consiguiente, si el amar a las personas nos produce trastornos morales, ello significa que no sabemos amar. Igualmente, si la admiración de la belleza, sea cual fuere, nos crea problemas morales, es que no sabemos admirar. La conclusión de todo esto es que hemos de aprender a amar a las personas y no conformarnos con admirarlas por algún rasgo de su personalidad, y a admirar la belleza de las personas y de las cosas sin enamorarnos de ellas. Gran error es en confundir el objeto del amor, que es lo bueno, con el objeto de la admiración, que es la belleza.

           El amor humano tiene que ser antes que nada personal y no sexual, de enamoramiento o simplemente ideal romántico o platónico. El amor personal no requiere necesariamente el ejercicio sexual o estar enamorados, ni excluye las relaciones sexuales y el enamoramiento. Pero tampoco se confunde con esas formas inferiores de amar, sino que, cuando éstas tienen lugar en el contexto del amor personal, se embellecen y dignifican. Por el contrario, cuando tienen lugar fuera del contexto del amor personal, se degradan y deshumanizan. Ahora bien, hablando de amor resulta obligado hablar de la amistad como un capítulo aparte en el contexto del amor personal. La amistad es un bien escaso pero muy necesario para la vida feliz y las buenas relaciones sociales. Digamos de entrada que es una forma de amor personal sui generis incompatible con el enamoramiento. Pero vayamos por partes.

            8.  La amistad como fuente de felicidad

            La amistad (del latín amicus = amigo) implica una relación afectiva peculiar entre dos o más personas y la mayoría de los seres humanos siente por ella gran estima. La amistad nace cuando las personas se relacionan en base a algo que hay en común entre ellas generosamente compartido. Hay amistades que son como la flor del almendro, nacen pronto y desaparecen rápidamente. Otras, en cambio, tardan en fraguarse, pero después duran toda la vida. Los amigos comparten con agrado actividades, gustos y recuerdos. Cultivan la confianza mutua y la sinceridad en sus formas de tratarse interesándose recíprocamente por su bien mutuo. Se ayudan según sus posibilidades y se alegran por sus éxitos. Los amigos son comprensivos entre sí, pero sin imponerse mutuamente sus opiniones, errores o aciertos en la vida. La comprensión entre amigos no significa, por tanto, aprobación indiscriminada de sus formas de ser y de pensar. La amistad no se basa sólo en las semejanzas o rasgos de personalidad compartidos sino también y sobre todo en el respeto mutuo de su dignidad personal. La amistad es el milagro que hace posible el intercambio de unas relaciones personales entrañables de las que tanto necesitamos para dignificar la convivencia social, aliviar las penas de la vida y satisfacer el deseo de felicidad que brota de lo más íntimo del ser humano.

           Pero las relaciones personales de amistad tienen matices propios muy peculiares. Dos personas, por ejemplo, pueden profesarse gran respeto y admiración sin que por ello se consideren amigas. De hecho, la amistad es una forma de amor humano muy especial y difícil de cultivar con éxito. Hay ciertamente muchos simulacros de amistad, pero amigos verdaderos, pocos. La amistad es el arte de querer desinteresadamente a las personas sin enamorarse de ellas. Por lo mismo, la amistad es una perla que todo el mundo busca a su modo, es difícil de encontrar, pero indispensable para la convivencia humana y la felicidad personal[2].                  

          9. La enemistad y el desamor 

           El vicio opuesto a la virtud de la amistad es la enemistad, que consiste en la aversión entre dos o más personas. Las personas enemistadas se aborrecen y no desean verse ni tratarse. En casos extremos la enemistad conduce a las agresiones verbales y a intimidaciones sin excluir las agresiones físicas si llega el caso. Mucha gente disfruta haciendo alarde de su enemistad tratando por todos los medios a su alcance de hacer la vida imposible o desagradable a los demás. En los casos más extremos la enemistad de una persona o de un grupo social hacia una persona puede resultar tan insoportable que la persona aborrecida no descarta la idea del suicidio como forma de liberación. En las enemistades, el odio y el resentimiento tienen el campo abonado y se impone el desamor, desde las simples faltas de respeto personal hasta el odio más profundo y rencoroso.

           El odio es un sentimiento de profunda antipatía, aversión y repulsión hacia una persona, incluso hasta destruirla. El odio es el punto opuesto más alejado del amor y la amistad entre las personas y los grupos sociales. Pero este sentimiento nefasto no ha de confundirse con el “odio” o indignación que la gente honrada siente hacia personas y organizaciones que disfrutan o amenazan con hacer sufrir a los demás. Por analogía decimos que odiamos todo aquello que se opone a nuestra salud y bienestar. Decimos, por ejemplo, que odiamos el tabaco o los excesos en la comida y la bebida. Hay cosas y formas de conducta que consideramos odiosas como la esclavitud, el racismo, el genocidio, la guerra, o la producción artificial de seres humanos para ser destruidos después por razones sentimentales, legales o científicas.

           En lenguaje coloquial se utiliza también el término odio para enfatizar que tal estilo arquitectónico, un tipo de gente, un artista o nuestro propio trabajo no nos gusta. Cuando un muchacho o una muchacha quieren expresarse un afecto de forma espectacular, utilizan a veces la expresión “te odio” y otras similares. En las sociedades modernas avanzadas los fenómenos sociales que más suscitan odio o rechazo extremo por parte de las personas honradas suelen ser, entre otros muchos, el racismo, los fanatismos políticos y religiosos, los asesinatos y la violencia en general. Últimamente se ha impuesto una forma de enemistad y desamor que produce sentimientos de odio específicos. Me refiero al fenómeno del terrorismo y de los nacionalismos sin olvidar la guerra. Antes de la guerra suele ser útil enseñar a la población a odiar a otra nación o régimen político. De una u otra forma la enemistad en clave de odio sigue siendo el principal motivo de los conflictos armados como la guerra y el terrorismo. El amor y la amistad personal son incompatibles con estos sentimientos de irracionalidad y desamor. La enemistad es el término que expresa de forma adecuada esa oposición e incompatibilidad. Con las personas que se complacen en hacer la vida desagradable a los demás o son rencorosas es prácticamente imposible mantener relaciones de verdadera amistad. 

           10.  La envidia y la desconfianza 

           La envidia consiste en sentir tristeza por el bien ajeno. El envidioso, en efecto, no soporta que a los demás las cosas les vayan bien. Justamente lo contrario de lo que siente el buen amigo, que disfruta con lo suyo y desea lo mejor para el amigo. La base psicológica de la envidia hay que buscarla más en el afán de poseer que en el deseo de privar de algo al otro. Pero, como no haya otra alternativa frente a un objeto disponible, el envidioso no tolera que se lo arrebate nadie, ni familiares ni amigos. El envidioso tiene la sensación de que lo suyo es suyo y lo de los demás también. La envidia nos hace muy mezquinos ya que impide que seamos felices con lo nuestro y nos hace sufrir con la prosperidad de los demás. Por eso la envidia produce una sensación muy desagradable y nada propicia para la amistad. Se puede afirmar sin exagerar que los envidiosos están psicológicamente incapacitados para ser amigos de nadie. Lo mismo cabe decir de los desconfiados. Tan pronto se produce el más leve resquicio de desconfianza entre amigos, o se restablece pronto la confianza perdida o la amistad se va al traste. Lo cual no significa que cuando se aprecian síntomas evidentes de desconfianza en el amigo estos deban ser sistemáticamente pasados por alto como si nada ocurriera. A esto se lo llama ingenuidad. Las amistades, como todas las relaciones humanas, pueden corromperse y cuando tal ocurre lo mejor es abandonarlas. Es triste perder una amistad, pero lo es más mantenerla como una moneda falsa con el gusano dentro de la desconfianza. 

           11.  El acoso a la intimidad del amigo

           Los buenos amigos comparten intimidad y se informan de asuntos íntimos que no están dispuestos a tratar con otras personas. Hay cosas sobre las que se habla con más objetividad y libertad con un amigo o profesional que con los miembros de la familia. El tema de la intimidad es muy delicado. En primer lugar, no con todos los amigos se puede y debe hablar de las mismas cosas. Cada amigo tiene su personalidad, sus convicciones, sus creencias y su forma de entender la vida. Por tanto, cuando los amigos son muy diferentes unos de otros, hay que tener en cuenta esas diferencias de personalidad para acertar en la forma de tratar con ellos de asuntos íntimos o muy personales. Un error grave que puede echar a perder la mistad consiste en pretender introducirse en la intimidad del otro. La intimidad de una persona es como el recinto familiar. Cuando vamos a casa ajena lo lógico es llamar primero a la puerta y esperar a que nos abran. Una vez dentro de la casa, de seguro que, si es la primera vez que la visitamos, tendrán interés en hacérnosla conocer. Para ello nos irán introduciendo en las diversas dependencias abriendo puertas y ventanas.

           Pues bien, sería sorprendente y desagradable que nosotros por nuestra cuenta abriéramos alguna puerta cerrada, o el cajón de alguna mesa, para conocer lo que hay dentro. A lo más preguntaremos dónde se encuentra el servicio, si es que se han olvidado de decírnoslo al entrar. De forma parecida hay personas que hacen inmediatamente incursiones en la intimidad de los amigos como si estos tuvieran la obligación de desvelarles todos los secretos de su vida. Esta imprudencia no sólo impide el desarrollo de una verdadera y sólida amistad, sino que es la causa también de muchas rupturas matrimoniales. Cuando una persona trata de hacer incursiones indiscriminadas en la vida íntima de los demás, está poniendo en peligro el desarrollo y maduración de la verdadera amistad. Al amigo hay que escucharlo con verdadero interés, pero sin hacerle preguntas que no espera, o a las que él mismo va a responder sin que nadie se las haga. El interés por ayudar a los amigos es esencial a la amistad, pero el acoso a su intimidad con preguntas indiscretas o imponiéndoles nuestros gustos, creencias y convicciones, puede terminar dinamitando las relaciones amistosas.               

              12. Amistad y enamoramiento             

              Después de lo dicho se comprende que el fenómeno psicológico del enamoramiento tenga repercusiones negativas en la amistad. Nunca se insistirá lo suficiente en el hecho de que los enamorados son poseídos por una mezcla de manía, demencia y obsesión que los margina respecto del mundo que los rodea. Sus formas de comportamiento son de todos bien conocidas e inducen a pensar con razón que en algunos momentos los enamorados han perdido parcial o totalmente el uso de la razón. El estado sentimental de enamoramiento, cabe insistir, tiene mucho que ver con la dinámica patológica de las obsesiones. Todos los crímenes pasionales y finales trágicos entre personas enamoradas tienen alguna explicación en que cuanto más se intensifica el estado de enamoramiento más se debilita el uso de la razón.

              Los verdaderos amigos, por el contrario, se quieren, pero no se enamoran. De ahí que con la amistad madure el uso de la razón, así como el ejercicio responsable de la libertad personal. El enamoramiento, en cambio, suele ser enemigo de la verdadera amistad porque es ciego y nos impide ver y querer a las personas como realmente son. Es como un estado febril placentero que, o desaparece o termina con la salud mental de los enamorados. En el lenguaje coloquial, cabe insistir, se expresa esta misma realidad cuando se dice que tal persona está “chalada” o “loca” por otra y que no en vano en inglés enamorarse de una persona es “to fall in love”. Con lo cual se apunta a la idea de “caída”. Caída, sin duda, del uso de la razón en el abismo de un estado emocional obsesivo que impide a los enamorados verse a sí mismos y el mundo que los rodea con objetividad y realismo.

              Los verdaderos amigos, por el contrario, se aprecian en un contexto emocional que no pone en peligro su libertad ni su capacidad para usar correctamente la razón. El enamoramiento constriñe el afecto obsesivamente a una persona mientras que la amistad hace posible que nuestro afecto sea compartido libre y felizmente con muchas personas al mismo tiempo sin que para ello sea obstáculo el sexo o el estado social.

              Con el enamoramiento termina la amistad propiamente dicha y se genera otro tipo de relaciones personales, que sólo impropiamente son comparables a la verdadera amistad. Los verdaderos amigos, se quieren sin enamorarse nunca. De ahí que la amistad verdadera sea posible entre personas del mismo sexo, del sexo contrario y con muchas personas al mismo tiempo sin que se produzcan conflictos emocionales o celos. Cuando esto ocurre significa que alguna de las partes no ha entrado en el verdadero ámbito de la amistad o se ha salido de él. En cualquier caso, las mejores amistades se corrompen cuando se enfatiza lo emocional sin pasarlo por el filtro de la razón. El verdadero amigo nunca interfiere en los afectos particulares y específicos del amigo por razón de su condición personal o social. La vida está plagada de amistades que terminan mal a causa del enamoramiento patológico o simplemente inmaduro. 

              13.  Los favores sexuales y el dinero

              Otro tema interesante asociado a la amistad es la cuestión de los favores sexuales. Quien exige favores sexuales a cambio de amistad o de ayuda económica, laboral o cualquiera otro motivo, no es un amigo sino un explotador egoísta sin pudor. El chantaje sexual es un recurso muy frecuente y no es necesario insistir en ello. Cuando tal ocurre no tiene sentido hablar de amistad. Eso que llaman parejas sentimentales, es cualquier cosa menos una verdadera amistad. Menos aún son expresión de verdadera amistad las ayudas para promocionarse en la vida, al precio de pactados favores sexuales. En ocasiones, el favor sexual surgió psicológicamente disfrazado de gratitud por algún gran favor recibido. El sentimiento de gratitud en estos casos es tal que la persona agraciada se considera en el deber de pagar con esa moneda al bienhechor. Este sentimiento de gratitud como tal es comprensible y de suyo nada tiene de reprochable. El problema empieza y se consuma cuando ese sentimiento original de gratitud no es pasado por el filtro de la reflexión y al tiro es ejecutado. Cuando tal ocurre, lo más frecuente es que con el favor sexual ofrecido y aceptado surjan nuevos problemas incompatibles con los cánones de la verdadera amistad. Otras veces el favor sexual es pactado en términos de la más absoluta generosidad por ambas partes. Este fenómeno no es infrecuente y está muy relacionado con lo que se denomina “transferencia afectiva” como forma también de gratitud. Tal fenómeno puede ocurrir sobre todo en el ámbito de las relaciones personales específicas de algunas profesiones muy cercanas a la intimidad personal.

              En cualquier caso, la realidad de la vida práctica enseña que cuando el favor sexual es la moneda de cambio exigida por el presunto amigo, la verdadera amistad deja de existir para dar lugar a la explotación egoísta y desvergonzada del amigo o de la amiga. Cabe, sin embargo, la posibilidad de que el favor sexual que comenzó por un genuino sentimiento de gratitud, sea después rectificado convirtiéndose en una fuente de experiencia y motivo profundo de amistad. Cualquier equivocación en la vida puede ser transformada con el correcto uso de la razón en una fuente de experiencia positiva de la vida. En la vida se aprende también de los errores cometidos. En cualquier caso, el favor sexual, tal como queda descrito, corrompe de inmediato cualquier amistad. Pero si el error es rectificado a tiempo y no se repite, cabe también la posibilidad de que renazca una amistad verdadera. Lo cual sólo tiene lugar en la práctica a título de excepción entre personas curtidas por la experiencia de la vida y que han alcanzado una madurez racional importante. Por desgracia, no es infrecuente que en estos casos las partes implicadas terminen olvidándose o aborreciéndose cuando tales favores dejan de existir. Ni se excluyen los finales trágicos. La sabiduría popular lo tiene claro: Poderoso caballero es don dinero. Y si quieres perder a un amigo, dale sexo o dinero.

              Cuando hay dinero por medio, las relaciones humanas cambian de significado. Las disputas por las herencias pueden destruir las mejores familias y los mejores amigos desaparecen cuando tienen la oportunidad de medrar en nombre de la amistad. El abuso de la amistad tiene un nombre de gran actualidad: amiguismo. Los políticos, por ejemplo, lo cultivan a manos llenas favoreciendo a sus “hombres de confianza” y poniendo fuera de circulación a las personas más honradas y competentes para el desempeño de cargos y responsabilidades públicas. Cuando se dice que tal o cual función pública es un “cargo político” todos sabemos que el agraciado es pagado para que ejecute ciegamente las órdenes recibidas del jefe sin tener en cuenta la naturaleza justa o injusta de las mismas. La respuesta del agraciado es simple: “me pagan para eso” y uno tiene que ganarse la vida.

              Cuando hay dinero por medio, prestigio social, votos o posibilidad de escalar el poder, las amistades se tornan automáticamente en interesadas y egoístas. Otras veces simplemente desaparecen, si es que no derivan en abierta enemistad. Es obvio que existen amistades basadas en el placer y en el provecho material representado universalmente por el dinero. Pero el refranero popular, la Biblia, Aristóteles y Tomás de Aquino, nos recuerdan que tales amistades, por más que así se llamen, no son propiamente amistad. Los amigos que sólo están unidos por la conquista del dinero y del poder, cuando la competencia o la honradez profesional los salen al paso, terminan olvidándose para siempre si no aborreciéndose. La ambición de dinero y el ansia de poder hacen amigos falsos y peligrosos. Sólo excepcionalmente hay personas capaces de cultivar la verdadera amistad sin dejarse contaminar por el dinero y el poder. La mistad verdadera no se vende ni se presta a nadie, sino que se regala y reparte desinteresadamente a todos. 

              La amistad, insisto, ha sido buscada desde que existe la humanidad como una joya de gran valor para la convivencia social y la felicidad personal. En la antigüedad el filósofo Aristóteles (384-322 antes de Cristo) dejó escrito en La ética a Nicómaco que sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes. Hasta los ricos y los que ejercen el poder sienten la necesidad de tener amigos. Aristóteles se preguntó sobre la posibilidad de la amistad entre los hombres y los dioses paganos. Su respuesta fue negativa. En el Nuevo Testamento, por el contrario, se afirma la posibilidad real y cercana de las relaciones de amistad más entrañables entre Dios y los hombres. La Última Cena de Cristo con los suyos, por ejemplo, fue una cena de despedida entre amigos que comparten intimidades y gestos insólitos de afecto en nombre de Dios.

              En el siglo XIII Tomás de Aquino (1225-1274) razonó la posibilidad de esa amistad entre Dios y los hombres. La esencia de la caridad, dejó escrito, consiste en hacernos amigos de Dios en tanto que Él es la fuente de nuestra felicidad. No hay prueba más evidente del amor de Dios que el hecho de que Él, Creador de todas las cosas, se haya hecho criatura; dueño de todo, se haya hecho nuestro hermano y siendo Hijo de Dios, se haya hecho Hijo del hombre. Con la mediación de Cristo, en efecto, se acortaron las distancias entre Dios y el hombre haciendo posible entre ambos una relación de amistad con todas sus ventajas y gratificaciones.

              La literatura sobre la amistad es amplia, así como los refraneros y aforismos populares. Pero ¿por qué un tesoro tan grande es buscado por todos siendo encontrado relativamente por pocos y con tantas dificultades? Tengo la impresión de que la clave para crear y mantener relaciones de verdadera y perdurable amistad consiste en aprender el arte de querer a las personas desinteresadamente sin enamorarnos nunca de ellas. La amistad me abrió muchas puertas a instituciones y personas que de otra forma no habría podido franquear. A través de relaciones amistosas tuve ocasión de conocer por dentro muchas situaciones relacionadas con los antiguos regímenes comunistas, lo cual me sirvió para abrir los ojos a la triste realidad humana y social a la que esos regímenes dieron lugar.

              Por la amistad verdadera se llega también a la intimidad de las conciencias y a los problemas personales antes y mejor que por la vía profesional. Dicho lo cual, he de decir igualmente que la amistad es un arma de doble filo, que hay que manejar bien para evitar fracasos personales y profesionales. La amistad genera confianza, abre muchas puertas y proporciona felicidad, pero cuando se abusa de ella degenera fácilmente en basura humana. Cuando esto ocurre se cumple aquello de que el mejor vino se convierte en el peor vinagre. 

              14. Modos, tiempos y formas de amar             

               De lo dicho hasta aquí resulta obvio que el amor es un término universal que se aplica a formas de conducta diversas. Obviamente, desde el amor a Dios a “hacer el amor” con una prostituta hay una distancia semántica abismal. La tendencia actual predominante en la cultura occidental es muy propensa a confundir el amor humano con el amor sexual infecundo y a la aceptación de la espontaneidad sexual sin pasar por el filtro de la razón. Tanto es así que elementos humanos tan importantes como la fidelidad y la estabilidad amorosa son interpretados como ataduras opresivas de culturas presuntamente llamadas a desaparecer. En este contexto psicológico se considera aún más extraña la dimensión cristiana del amor, que nos sitúa en una perspectiva de esperanza extraterrenal y de perdón a los enemigos. En la vida práctica, cuando alguien pronuncia la palabra amor hay que poner en marcha el sentido de la prudencia para no caer en alguna trampa. La gente tiene una propensión brutal a sobreentender que se trata de amor sexual o, en el mejor de los casos, de enamoramiento.

              En el otro extremo están quienes estiman que el término amor ha de ser liberado de cualquier connotación sexual o estado emocional relacionado con el enamoramiento. Tampoco faltan quienes piensan y se comportan en materia de amor como si en el amor sexual, de enamoramiento u otras formas de amar no hubiera ningún elemento vinculante fuera del placer de satisfacer los instintos brutos de la naturaleza al margen del uso correcto de la razón. La realidad de la vida, por el contrario, muestra otro rostro más humano del amor cuando se tienen en cuenta lo que hay en común en todas esas formas de amar y más aún las diferencias. La experiencia castiza de la vida nos enseña que el amor sexual y el enamoramiento, a pesar de su enorme importancia en el desarrollo feliz de la vida humana, ni son ni han de ser confundidos jamás con la esencia del amor. De hecho, con frecuencia son la muerte del mismo y causa de muchos sufrimientos. Igualmente, lo que es realmente caridad es también amor, pero no todo lo que es amor es caridad. El elemento común a todas las formas verdaderas de amor es el respeto personal, la fidelidad en la estabilidad y la prioridad del bien de las personas a las que amamos frente a los propios intereses.

Por lo que se refiere a las formas de expresar el amor, cada momento de nuestra vida exige la suya propia. Formas humanas de expresar el amor a una edad determinada, por ejemplo, pueden resultar ridículas y hasta ofensivas en circunstancias personales y sociales diferentes. Analógicamente hemos de ver y saber en cada momento qué es lo que debe continuar igual o cambiar en nuestra vida amorosa. Me refiero a qué es lo esencial y pasajero, lo vegetativo, egoísta e inhumano y lo realmente humano y divino, como dicen los poetas. Ni el amor es cualquier cosa ni puede ser reducido a sexo o enamoramiento. Tampoco puede decirse que, por el hecho de que el amor humano de mayor calidad no requiera ejercicio sexual ni enamoramiento, por ello todo esto no tenga nada o poco que ver con el amor. En la vida real el amor personal, tal como lo hemos descrito más arriba, eleva y dignifica el ejercicio de la vida sexual y los estados sentimentales de enamoramiento.

Por el contrario, el amor sexual por sí solo y el enamoramiento, insisto, suelen ser una de las causas más frecuentes de sufrimiento por la falta del amor personal o corrupción del mismo. Como el enamoramiento no es una opción de libertad personal sino un estado emocional, que surge al margen de la razón, hay quienes se enamoran prematuramente y quienes, por el contrario, se sienten enamorados en edades muy avanzadas. En ambos casos se trata de tiempos inapropiados, lo que da lugar a los denominamos “amores imposibles” de los que he hablado más arriba. Esta circunstancia de tiempo impertinente contribuye de forma alarmante a que el amor, en lugar de ser fuente de felicidad, lo sea de problemas familiares y sufrimiento personal. 

 CAPÍTULO II. SOBRE EL AMOR DIVINO Y CRISTIANO

1. Aclaración conceptual importante

El calificativo de divino es la traducción literal de divus, divinum asociado a Dios (Deus). Durante la época del Imperio romano surgieron el culto y la veneración de algunos emperadores considerados como dioses, después de su muerte. Pero Domiciano no tuvo reparo en declararse a sí mismo dios mientras vivía, lo cual fue interpretado como un escándalo y desvergüenza. No obstante, el hacer que ciertos emperadores fallecidos fueran tratados como dioses después de su muerte se convirtió en una rutina y elemento prominente de la religión en el Imperio romano durante el Principado, hasta el punto de que algunos parientes de emperadores fueron también deificados con el título de divus, si era hombre, y diva, si era mujer. El culto a los emperadores se practicó hasta el siglo IV en que lo hacen desaparecer el emperador Constantino I y la presencia dominante del cristianismo. De hecho, una de las razones alegadas anteriormente para la persecución de los cristianos fue que estos se negaban a dar culto al Emperador. El trato al emperador como divus o divino tenía esencialmente un sentido más político que religioso y favoreció lo que actualmente llamamos culto a la personalidad.

En la edad media cristiana occidental el título de divus o divino se utilizó para destacar la personalidad relevante de algunos artistas y teólogos. Se generalizó así entre los grandes pensadores y teólogos la forma protocolaria de referirse a Santo Tomás de Aquino citándole o refiriéndose a él como divus Thomas, el divino Tomás. Obviamente se trata de un título enfático y honorífico que nada tiene que ver con la política ni la religión. En el contexto platónico divino es todo lo más grande y maravilloso que podemos conocer y amar, especialmente la idea de belleza. En el lenguaje usual corriente cuando no encontramos ya calificativos más adecuados para describir la grandeza o belleza de personas o cosas decimos que está divina o divino. Divino es sinónimo de sublime en grado máximo. Dicho lo cual advierto que cuando aquí se hablamos del amor divino se trata del amor personal de Dios al hombre transmitido por Jesucristo. Veamos cómo y de qué manera se ha manifestado ese amor. 

2. Amor cristiano

Hace dos mil años que se viene hablando del amor cristiano. Cristiano es todo aquello relacionado con la persona de Cristo y resulta particularmente interesante la forma en que Cristo entendió el amor humano. De hecho, toda su vida estuvo marcada por el amor a Dios y a los hombres. Por ello, me parece obligado recordar algunos textos cristianos en los que el amor es proclamado y enaltecido de una forma taxativa y contundente. Durante la celebración de la última cena, por ejemplo, según el relato de Juan (13,15), hubo dos momentos particularmente significativos a este respecto. El primero se refiere al gesto de Jesús lavando los pies a sus apóstoles. Al final de la escena, ante el estupor de todos, sobre todo de Pedro, Jesús les dijo que aprendieran la lección de amor que les había dado. Jesús no pronunció una bella conferencia sobre el amor para después discutir con ellos sobre si hay que amar y cómo a los demás. Realizó una prueba de amor con ellos sin dejar margen para discusiones dialécticas y estériles. Lo que Él hizo como signo de amor ellos tenían que hacerlo con todo el mundo sin necesidad de hacer discursos ni pedir explicaciones. Así de claro: “Este es el mandamiento mío, que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,12-13).

Todo hace pensar que en este mundo el principal signo social de identidad cristiana debe ser el amor sin excluir la cruz. Los cristianos han de amarse entre ellos y amar a los demás como Cristo los amó primero reflejando el amor que existe entre Dios y Cristo. Los cristianos deben estar unidos por el mismo amor que une a Cristo con Dios Padre. Las dos cartas de Juan evangelista son una ratificación de esta primacía del amor personal por encima de cualquier otro signo distintivo socialmente idealizado como criterio de humanidad. Paradójicamente el Jesús crucificado constituye un caso único en el que la muerte es transformada en un acto de amor jamás conocido en el cual son incluidos sus propios enemigos. De hecho, el mismo Cristo es presentado en el Nuevo testamento con sus hechos y dichos como la personificación viviente de Dios comprensivo y amoroso en contraposición con el Dios justiciero y terrible del Antiguo Testamento. En estos textos hay un mensaje de humanidad y civismo jamás conocido hasta que Cristo lo desveló y proclamó como programa de su vida al servicio salvador de la entera humanidad. Pero esta afirmación requiere una explicación[3]. 

           3. El vacío de amor en el ritualismo religioso judío

           En la segunda parte del capítulo quinto del relato evangélico de Mateo aparece la actitud de Jesús frente a la Ley judía, que en ocasiones incumplía materialmente o la interpretaba con autoridad propia. Por ejemplo, haciendo milagros en sábado, o censurando con dureza el materialismo leguleyo de los fariseos. En los relatos evangélicos se aprecia un enfrentamiento constante entre Jesús y los fariseos por la forma diversa de interpretar la Ley. Esta pelea continuó después entre judíos y cristianos hasta nuestros días. Cristo fijó con claridad su posición frente a la Ley de Moisés diciendo que no vino a abolir la Ley de Moisés sino a perfeccionarla. ¿En qué sentido? En el sentido de que interpreta el verdadero significado del Antiguo Testamento al tiempo que añade cosas nuevas de las cuales hablan los textos del Nuevo. Digamos que Cristo perfeccionó la Ley de Moisés superándola con su forma de interpretarla más acorde con los designios de Dios tal como puede apreciarse en los relatos evangélicos.

           La Ley de Moisés cumplió con una función específica hasta la ley mesiánica, pero Jesús no habla de cumplir materialmente toda la Ley antigua sino de darle vida con un espíritu nuevo. El espíritu nuevo se refiere al amor que ha de prevalecer sobre el mero cumplimiento material de leyes y normas rituales y sociales existentes. Las leyes son cumplidas correctamente cuando hay amor y no cuando son aplicadas materialmente en su totalidad y detalle. Es en este contexto del “espíritu nuevo” que hasta el más mínimo detalle de la Ley antigua conserva su valor. En caso contrario, la interpretación material de muchas prescripciones del Antiguo Testamento, de acuerdo con la interpretación de Jesús, deben ser suprimidas. Mateo relata diversos momentos en los que Cristo se pronunció públicamente sobre el Decálogo, que era como el corazón mosaico de la Ley de Moisés.

           En el quinto precepto del Decálogo, por ejemplo, se prohibía matar. Jesús ratifica dicho precepto, pero lo interpreta y perfecciona diciendo que también lo viola quien se enoja injustamente contra alguien o falta al respeto a una persona profiriendo insultos contra ella. Así las cosas, ¿cómo se puede justificar la muerte deliberada y directa de cualquier ser humano, aunque sea delincuente, sin violar el mandamiento cristiano del amor extensivo a los propios enemigos? El Decálogo condena el adulterio. Pero Jesús matiza que no sólo es adúltero el que comparte favores sexuales físicamente cuerpo a cuerpo con otra mujer que no es su esposa, sino también quienes se solazan con el solo deseo de hacerlo, aunque físicamente no puedan o no les interese llevar a cabo sus propósitos adulterinos. La infidelidad matrimonial se consuma con la unión de los cuerpos, pero nace de la infidelidad ya existente en los corazones. La Ley de Moisés propiciaba el repudio de la mujer por motivos banales y caprichosos por parte del marido. Jesús matiza que el que se aprovecha de la mujer injustamente repudiada comete también adulterio. El segundo precepto del Decálogo prohibía el perjurio. Jesús va más lejos y condena todo tipo de juramento invitando a llamar a las cosas por sus nombres; a lo blanco, blanco y a lo negro, negro. En la Ley de Moisés estaba en pleno vigor el “ojo por ojo y diente por diente”. O sea: la “ley del talión”, o lo que se conoce como la pena de muerte como supremo castigo legal. El propio Cristo fue víctima de esta prescripción legal. La respuesta exegética de Cristo a esta prescripción de la Ley de Moisés es tajante: NO. “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda” (Mt 5,38-42). Así de claro. Cristo no tiene nada en contra de las leyes penales justamente establecidas y humanamente aplicadas. Pero condena de forma tajante la ley del talión con un lenguaje irónico y típicamente oriental. No se trata de abolir las leyes penales justas pero la pena de muerte no tiene cabida en el humanismo proclamado por Cristo. Esta incompatibilidad se hace plenamente patente en los dichos y hechos de Cristo relacionados con la forma de entender y llevar a la práctica el mandamiento troncal del humanismo cristiano sobre el amor.

 

           4. Perfeccionamiento cristiano de la Ley de Moisés

 

           La Ley de Moisés es perfeccionada por Cristo de una forma original y contundente a propósito del amor a los enemigos (Lc 6,27-35; Mt 5,44. 39-40. 42; 7,12; 5,46.45). Jesús, como buen judío, visitaba la sinagoga siempre que tenía oportunidad de hacerlo para participar en las lecturas bíblicas y exponer su pensamiento. Sus intervenciones llamaban mucho la atención por las cosas que decía con autoridad propia prescindiendo de la autoridad tradicionalmente atribuida a los rabinos de oficio más famosos. Uno de esos días, dijo lo siguiente: “Pero a vosotros, los que me escucháis, yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldicen, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome de lo tuyo, no se lo reclames. Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que los aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida y rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá”. Mateo, 5,43-44, matiza: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos”.

           La gente estaba acostumbrada a oír aquello de “amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. En la Ley de Moisés se preceptuaba, efectivamente, el amor al prójimo. Pero el término “prójimo” no se refería a todos los hombres, a todo ser humano, sino al que era considerado judío. En Lv 19,34 se recomienda y manda el amor al extranjero peregrino, pero no se trata de personas de tránsito sino de gente advenediza que terminaba incorporándose al pueblo judío. Por otra parte, la Ley de Moisés preceptuaba taxativamente el exterminio de los pueblos idólatras (amalecitas, amonitas, moabitas, madianitas y cananeos), para los cuales se prescribe (Nm 35,31) la venganza de sangre y la prohibición de aceptar compensación económica por el eventual rescate de sus gentes (Nm 31,31).

           De la exclusividad del amor al judío y de estas prescripciones terribles contra los no judíos se llegó a la conclusión de que la ley del amor en la Ley de Moisés no se entendía en sentido universal sino en beneficio exclusivo de los judíos y exclusión total de los demás. Las palabras “odiarás a tu enemigo” reflejan la mentalidad rabínica en los tiempos de Cristo. En el Lv 19,18 se condena al odio de judíos contra judíos y sólo judíos. El amor al prójimo, según la mentalidad rabínica de la época de Jesús, excluía, en efecto, a los samaritanos, alienígenas, prosélitos o no conversos. Según los estudios de Strack-Billerbeck, la Sinagoga en tiempo de Jesús entendía la noción de prójimo, lo mismo que en el Antiguo Testamento, aplicada sólo y exclusivamente a los israelitas. Todos los demás, los no israelitas, quedaban fuera del concepto de prójimo. En la Mishna, de hecho, se legitima explícitamente la venganza y el rencor contra “los otros”, es decir, contra los no judíos y extranjeros.

           Pues bien, frente a esta mentalidad Cristo presenta su enseñanza propia sobre el amor. El amor no sólo no ha de ser excluyente de nadie, sino que ha de ser universal hasta el extremo de incluir a los propios enemigos. Los judíos no sólo han de perdonarse entre sí, como manda la Ley vieja, sino que han de perdonar ellos mismos también a los demás sin excluir a nadie, ni siquiera a los propios enemigos. El amor y el perdón a todo ser humano sin exclusiones raciales, religiosas o culturales es una meta del cristianismo que en parte estaba incoada en el Antiguo Testamento en función de los intereses judíos, pero que Cristo interpretó de una forma nueva y humana susceptible de fascinar a los espíritus más nobles y civilizados. A todo esto hay que añadir los gestos de Cristo ratificando su ley del amor y que culminaron transformando su propia muerte ignominiosa en un acto de amor universal de amor salvador de los seres humanos. Pero no quiero terminar esta meditación sin referirme a la explicación psicológica y pastoral de S. Pablo del mandato nuevo del amor contrapuesto a los preceptos rituales y legales del Antiguo Testamento que Cristo revisó y perfeccionó rectificando la idea del Dios terrible de la Ley de Moisés sustituida por el Dios del Amor revelado en Cristo.

           5. El canto de S. Pablo al amor

           Pablo de Tarso escribió unas palabras sobre la primacía del amor personal en la vida y enseñanza de Cristo que se han convertido en una página magistral de la literatura universal. Me refiero al capítulo trece de su primera carta a los corintios. Como aclaración previa digo que el término amor adquiere un significado nuevo que se expresa con el término caridad. Dice así: “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente y servicial; no es envidiosa ni jactanciosa ni se engríe. La caridad es decorosa, no busca su interés ni se irrita; no toma en cuenta el mal ni se alegra de la injusticia y se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera y soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto desaparecerá lo parcial. Cuando yo era niño hablaba como niño. Pensaba como niño. Razonaba como niño. Al hacerme hombre dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad. Estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1Cor 13). 

           En el primer párrafo Pablo afirma la necesidad que tenemos todos del amor. Una persona puede estar dotada de cualidades humanas excepcionales. Si carece del amor ante Dios no le servirán para nada. Cuando hay una gran sequía es corriente oír este comentario: podemos vivir careciendo de muchas cosas menos del agua. Cuando ésta falta es cuando nos damos cuenta de la absoluta necesidad que tenemos de este elemento. De modo análogo, una persona puede rebosar de bienes y privilegios de la naturaleza. Pero si no es buena persona se irá en el mejor de los casos al archivo del olvido en este mundo y de los rechazados en el mundo venidero. Este párrafo es un canto al amor teniendo en cuenta al ser humano en todas sus dimensiones y aspiraciones más profundas de felicidad. En el segundo párrafo Pablo hace una descripción psicológica magistral de las propiedades o características del amor personal resaltando su belleza y dignidad moral.  

           En los trabajos y contratiempos la caridad es paciente y agradable. Personas hay que se dicen buenas, pero olvidan fácilmente que su compañía resulta desagradable. Las personas realmente caritativas o amorosas se preocupan de hacer grata su compañía prestando más atención a los intereses de los demás que a los suyos propios. Es incompatible con la envidia. No es difícil encontrar gente que se alegra de todo corazón cuando a los demás las cosas les van mal. Cuando esto ocurre tenemos la prueba más evidente de que no hay amor. Alegrarse del mal ajeno es una vileza humana muy frecuente. Por el contrario, quien ama disfruta con lo suyo y se alegra generosamente de que a los otros las cosas les vayan bien. Sin pretenderlo disfruta con la felicidad propia y con la ajena.

           La caridad no es jactanciosa ni se crece ante los demás. Lo cual es incompatible con la arrogancia y el culto a la propia personalidad. La caridad nos invita a no hablar arrogantemente de nosotros mismos como si fuéramos los reyes del mundo. Esta fea costumbre con frecuencia no es más que el resultado de falta de reflexión o poca inteligencia. Es característico de los cortos de inteligencia hacer de sus vidas un éxito incomparable. Lo contrario de las personas bien dotadas, que contrastan sus éxitos con sus fracasos y limitaciones. La caridad nos enseña a ser realistas valorando lo que somos sin menguarlo y reconociendo lo que no somos sin exagerarlo. La caridad no prescinde de la inteligencia, sino que la presupone y perfecciona. 

           La caridad es cortes y desinteresada. Antes de hacer o decir algo, además de pensarlo dos veces, hemos de tener en cuenta a los demás para evitar de antemano no causarles algún daño. Igualmente, no debemos buscar ninguna utilidad inmediata en beneficio propio. Las auténticas obras de amor suelen reportar compensaciones importantes incluso en esta vida. Pero otras veces ni siquiera provocan una palabra de gratitud. Cuando tal ocurre, la persona caritativa o amorosa no retracta su acción como respuesta a la ingratitud. Tampoco pierde los estribos (no se irrita) cuando las cosas no salen a su gusto. Del bien hecho no hay que arrepentirse nunca.

           La caridad es absolutamente incompatible con los sentimientos de venganza bajo ningún pretexto. Por ejemplo, camuflando ese instinto maligno con pretextos de justicia. Un caso histórico podría ser la pena de muerte como forma de castigo público contra criminales de rango superior en nombre del derecho a la legítima defensa. A nivel personal hay gente que disfruta ajustando cuentas a los demás por cualquier cosa baladí. Existe un viejo grupo social bien conocido para el cual sólo hay justicia cuando se ha vengado al delincuente. Es el polo opuesto del amor cristiano que postula, no sólo la ausencia de venganza en la administración de la justicia, sino el perdón al mismísimo enemigo. En este mismo sentido la caridad no se alegra de la injusticia que otros puedan cometer, aunque ello pudiera reportarnos alguna ventaja momentánea. Esto nos trae a la memoria las trapisondas en la especulación financiera y las corrupciones políticas y administrativas. Me refiero a esas operaciones que realizan muchos políticos y financieros para enriquecerse ellos a costa de los demás. Hay gente que las conoce y no las ven mal mientras se puede sacar partido de ellas.

           La caridad no legitima el disfrute de las injusticias. Por el contrario, se complace en la verdad y en que las cosas discurran de forma honesta y por el buen camino. Por otra parte, no niega los defectos del prójimo, pero no se ceba en ellos. Al contrario, busca disculpas y atenuantes para ayudar a curar las heridas en lugar de agrandarlas. La caridad nos impulsa a creer lo que otros nos dicen, a esperar lo que nos prometen y a ser tolerantes con los débiles e impertinentes. Lo cual no es una invitación a ser ingenuos predisponiéndonos para ser fácilmente engañados o molestados. Significa que, mientras no haya pruebas en contrario, como actitud primera hemos de suponer la buena intención de nuestros interlocutores, darles un margen de confianza y, si las cosas no salen bien, no descorazonarnos y echarlo todo por la borda. La gente necesita ser escuchada con interés y paciencia incluso cuando dice o hace tonterías. De hecho, una de las formas de caridad más apreciadas hoy día es la de aquellos que saben escuchar pacientemente a las personas que lo único que necesitan es desahogarse con alguien en medio de sus penas y soledades.

           En el párrafo tercero Pablo hace una proclama emotiva de la validez permanente del amor. Con la muerte desaparecerán de un golpe todas las dotes personales que nos hayan acompañado durante la vida. Sólo la caridad permanecerá eternamente disfrutando de la unión directa y estrecha con el objeto amado. Conoceremos a Dios a la manera como somos conocidos por Él, a saber, con conocimiento inmediato, directo y eterno. Sólo en este ágape teológico tiene sentido aquello de que “el amor no muere nunca”. En Pablo de Tarso esta afirmación tiene sentido real y efectivo y no meramente poético o sentimental como en el platonismo o el romanticismo. El amor personal, más allá del amor/sexo o el amor/enamoramiento, es una realidad humana dinámica y gratificante y no una ilusión sentimental o una idea platónica congelada en el espacio sin transferencia afectiva. Este descubrimiento del amor personal, que Cristo puso como piedra angular de la felicidad humana y de la esperanza más allá de la muerte, es una novedad gozosa que se encuentra reseñada por escrito sólo en la Biblia y de ahí que, a pesar de la dificultad de su lectura, este libro singular siga siendo tan estudiado y editado. Las fiestas de Navidad y Pascua de Resurrección son los momentos culminantes en los que siglo tras siglo la humanidad se reconforta con el recuerdo gozoso de este descubrimiento. Según Jn 13,34-35, Cristo se despidió de los suyos con palabras como estas: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”.

           A propósito de estas palabras cabe hacer las siguientes matizaciones. En primer lugar, no se trata de una simple recomendación sino de un mandato taxativo o condición indispensable para profesar el humanismo cristiano. Las novedades que Cristo introduce con la primacía del amor son las siguientes. 1) Debe ser un amor universal hacia toda persona humana y no restringido al pueblo judío. 2) Es un amor al modo de Dios, es decir, esencialmente personal y no sexual o de enamoramiento. 3) Debe ser universal, incluidos los enemigos. 4) Este tipo de amor, que culminó en el reciclaje de la basura moral humana de todos los tiempos, es la verdadera y definitiva señal social del humanismo cristiano. De hecho, esta primacía y forma de entender el amor en clave personal por encima de las fronteras étnicas, del sexo y del enamoramiento, es lo que fascinó al mundo pagano según los testimonios autorizados de Tertuliano y de Minucio Félix.

           

           CAPÍTULO III. CASO PRÁCTICO DE AMOR PERSONAL

           Hasta aquí hemos hablado de la necesidad y naturaleza del amor humano sin el cual el deseo natural de felicidad resulta prácticamente imposible y más aún el encuentro feliz del hombre con Dios fuera del espacio, del tiempo y de la ley de la gravedad. La cuestión ahora es saber si ese amor personal definido en teoría es posible lograrlo realmente en la práctica de las relaciones humanas. El siguiente diálogo con mi entrañable alumna y amiga Olga Sancha Arauzo, de la que hablé en el tomo VI de mis Memorias, pp. 69-72, es sólo un botón de muestra de que la respuesta es consoladoramente afirmativa. El amor personal dialogado tiene lugar más allá de los rasgos de personalidades diferentes y muchas veces contrapuestos de los dialogantes. Nos hallamos ante un diálogo de persona a persona con un mensaje siempre explícito de aprecio intelectual y afectivo recíproco y saludable. Veamos cómo y de qué manera.

          

           1. Crónica de una historia

 

           OLGA: “Queridísimo Niceto, no te olvido, aunque no tengas noticias de mí. Apenas piso la calle y mi salud está resentida. En casa me tratan con pies de plomo porque piensan que estoy un poco loca. Por otra parte, no me siento a gusto en esta ciudad sin independencia personal y como hija pródiga. En fin, Niceto, pienso mucho en morir, pero me acuerdo de lo que tú me dijiste en una ocasión y me freno. Pero me siento muy mal, no tengo ilusión ni expectativas. Se dice que mientras hay vida hay esperanza. ¡Pero qué vida sin esperanza! También echo mucho de menos mi matrimonio. No he superado el divorcio. A X, el cual no quiere ya saber de mí, lo agoté, lo quemé. Es como si todo hubiese pasado como agua entre mis manos y no retuve nada. Me refugio en el trabajo. Trato ahora de escribir la biografía de una mujer lesbiana, prostituta y madre. Lo cogí porque era un trabajo, pero me está resultando arduo y difícil. Te tengo que preguntar cosas. Mi idea es pagar deudas cuando cobre y después ya veré. Perdona que me manifieste así tan sincera y tétrica. Es como ahora estoy: perdida, sin rumbo y de vuelta de un artificio donde creo que sufrí un subidón de antidepresivos. Apenas salgo y estoy enclaustrada por voluntad propia. Escribo y tomo notas. Es mi refugio. Me veo lejos de este mundo y no comprendo ni los periódicos. T me dice que me quiere, pero a distancia y X no quiere saber de mí. Me encuentro muy sola”.

           - “Querido Niceto, muchas gracias por tu bello e-mail. R se ha retrotraído de lo dicho e insiste en que no me paga y me insta a retirar mi registro. No me preocupa especialmente. Lo que sí me preocupa y mucho, Niceto, es qué voy a hacer con mi vida. La verdad es que estoy muy triste y más todavía desde anteayer que recibí un SMS de X en el que me dice que no quiere ningún tipo de relación conmigo y que ni le llame ni le escriba. Me dice adiós para siempre. Me ha dolido muchísimo y me ha puesto triste a más no poder porque lo amé y lo sigo queriendo y siento como si ya no tuviese pasado. Por otra parte, la vida en casa no me resulta fácil. Tengo tiempo y no sé cómo emplearlo. Mientras escribía me sentía bien, pero escribir por escribir no me llena. Busco trabajo en la prensa, pero tampoco hallo nada. Niceto, deseo que me aconsejes. Al leer tus "retazos" sentí que leía sobre un gran hombre. Yo me siento muy honrada porque me quieras y me tengas por amiga, especialmente porque en T ya no me quiere nadie, excepto L, a quien dedicaste un ejemplar de tu libro. Otro amigo artista me pidió alejarme también de él. La verdad es que pienso que, aunque el instinto vital es, en parte, irresistible, no tiene por qué ser deseable. Reflexiono sobre si no es mejor morir que vivir sin esperanza e ilusión. ¿Qué puedo hacer? Muchos besos.  Ánimo con tu nuevo libro, creo que necesitaré leerlo pues no sé si razono bien. A veces pienso que la vida es demasiado dolorosa y también que pago por mis errores. La vida no es fácil para nadie. Si puedes dedicarme algún pensamiento, dime, amigo, ¿qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? Me siento muy perdida, sin expectativas, sin pasado y sin ilusión para continuar. Gracias por todo. Prometo escribirte pronto y ser más positiva. Muchos besos ¡gran hombre!”.

           - “Querido Niceto, espero que todo te vaya muy bien, que tu salud sea estupenda y tus proyectos se proyecten. Amigo, he sufrido una pérdida muy grande. Mi padre falleció el 28.II.2012 y pude estar con él tres días antes de su fallecimiento. En familia todo bien, pero ahora que estoy en mi rutina, es cuando me viene el bajón. Lo tengo en una foto y le pongo velas y flores. Tuve la sensación de que lo había perdido aquí en la tierra, pero que lo había ganado en el cielo. Cuídate mucho, Niceto, que siempre tienes razón: la vida es un hilito muy fino. Hazme saber de ti. Besos infinitos”.

         YO: Olga, cielo. Lamento el fallecimiento de tu padre, pero celebro tus sentimientos tan nobles hacia él. Sí, la vida es un hilo que se rompe con suma facilidad. Lo importante es tratarla bien y estar siempre abiertos a sus designios. Yo me encuentro bien dentro de lo que cabe, pero soy muy consciente de la debilidad del hilo vital. Ha aparecido un libro nuevo y tengo otros dos listos para ser publicados, pero a veces pienso que serán póstumos. Te recuerdo con más cariño y amor que nunca. Ánimo, que la vida no engaña y tiene siempre grandes y bellos secretos por descubrir. Besos y cariños de tu "amigo del alma", como tu amorosamente me has definido. Te quiero mucho.

         - “Gracias, amigo del alma, tus palabras siempre están llenas de sabiduría y con ella cierta esperanza. Cuídate muchísimo que la vida es el único valor que tenemos. Tú eres muy fuerte y al final sucede lo que Dios quiere, aunque no coincida con lo que nosotros queramos. Ahora me siento un poco "zombie" en mi vida normal y cotidiana. Procuro tratar bien a la vida, aunque me siento ahora muy extraña. Quiero pensar en positivo y ello siempre supone estar luchando y me agoto. Tú, por el contrario, siempre productivo, pero no me gusta que pienses en obras póstumas, verás su luz porque tiene que ser así. Te dedicas a poner sabiduría y sentido común en este loco mundo que tanto necesita de intelectuales sabios y tú eres un sabio. Cuídate, Niceto. Ojeo tus dos últimos libros y me serenan. Millones de besos y abrazos. Mi cariño y mejores deseos te acompañan siempre”.

         - “Querido Niceto, tú siempre activo, en movimiento. Me encantó escucharte tan bien. Eres incansable luchador y de naturaleza muy fuerte. Además, sabes cuidarte. Niceto, mi amigo siempre... El fallecimiento de mi padre ha sido una puerta abierta a la reflexión de muchas cosas. Reflexiones que no he buscado, sino que ellas se me han presentado. Niceto, me he sentido y me siento fatal con mi vida y mi situación actual (salvando el amor). Pagamos por nuestros pecados. Tengo mucho cansancio vital (tomo extras de vitaminas) y con 50 años de edad soy un fracaso. Tengo la sensación de fracaso desde hace muchos meses y sé que debo salir adelante pero no tengo fuerzas. En fin, amigo, debo cuidarme el cuerpo y el alma. Gracias porque puedo aliviarme contigo, me das paz solo de pensar en ti. Cuídate. Para mí es muy grande saber, cuando me siento tan mal conmigo misma, que alguien como tú me quiere siempre.  Millones de Besos”.

         -  Olga, corazón. Perdona que no haya contestado a tu penúltimo mensaje. Sufrí de nuevo una crisis de salud y tuve que estar algunos días hospitalizado. Pero ya estoy otra vez en forma. Comprendo tu cansancio vital. Hasta de vivir nos cansamos y más cuando la vida es dura como la tuya. Pero estás en la etapa de plenitud humana cuando afloran con fuerza los interrogantes más profundos sobre el valor y sentido de la vida. Por ello, no te asustes porque estás a tiempo para encontrar las respuestas adecuadas a esos interrogantes. ¿Te acuerdas cuando me abordaste por primera vez en la Universidad para hablar conmigo? Fue el primer día que yo iniciaba en la Complutense mi actividad como profesor. Al terminar la clase me seguiste y al entrar yo en el despacho me di cuenta de que venías detrás de mí. Me sorprendiste con tu belleza y la naturalidad con la que me solicitaste hablar conmigo sin pérdida de tiempo. Pronto me percaté de que eras una gran mujer con vocación para la reflexión filosófica. Si mal no recuerdo, te propuse que te matricularas en la Facultad de Filosofía, pero me respondiste que ya habías programado tu vida en Ciencias de la Información y no te parecía oportuno cambiar en aquellos momentos. Recordando aquel encuentro y teniendo en cuenta el cariz de los interrogantes vitales que siguen entristeciendo tu preciosa vida, se me ha ocurrido adjuntarte un texto del filósofo español Manuel García Morente, el cual encontró la luz de su vida en el momento más triste de su existencia. Sin más comentarios te paso este texto con unas observaciones mías sobre el mismo. En otra ocasión te adjuntaré otro texto más breve sobre la experiencia amorosa de las mujeres que conocieron personalmente a Cristo.

         Como me hablas de la necesidad de consuelo y fuerza moral para subir la escarpada cuesta de la vida, me ha parecido que estos textos te pueden ayudar a fortalecer el espíritu. Por lo demás, ya sabes que mi cariño y mi amor personal para ti son incondicionales. Te quise y admiré mucho desde el primer momento en que te conocí hace más de dos décadas y puedo decirte ahora en las segundas vísperas de mi vida que te quiero y admiro más que nunca. Besos y cariños sin fin.

         - “Querido Niceto, deseo estés cada día más recuperado. De crisis en crisis vas sorteando todas con tu entereza de ánimo, tu fortaleza de cuerpo y espíritu, con animosidad y predisposición a lo que Dios disponga. Sé que tengo tu cariño, Niceto, y me hace sentir muy bien. Niceto, no son los interrogantes de mi vida lo que me preocupa o la reflexión. Me encuentro fatal por los resultados de lo que hasta ahora ha sido mi vida. Es decir, en franco retroceso. Tengo 50 años y no tengo nada (ni seguridad social en estos momentos). Me siento como una pecadora pagando por sus pecados y, como te dije en el pasado, Dios pasa más intereses que los bancos. También me digo: si Él te perdona, ¿quién eres tú para no hacerlo? Ahora no tengo mucha fuerza ni mucha energía, hago lo que debo y me agoto enseguida. Gracias por tu e-mail, como todos, reconfortante. En cuanto al texto lo he ojeado, tengo que leerlo detenidamente poco a poco. Gracias, es muy bueno reconfortar el alma, y en ocasiones necesario absolutamente. Perdona amigo que mi respuesta haya sido tan larga. La verdad es que he pensado mucho en ti, pero no quería ponerme a escribirte en cualquier instante sino con más tiempo y disposición. Niceto, vivir es difícil. Amigo mío del alma, fuente de mi consuelo -si lo hallo-, sé que te cuidas y que transmitir tu sabiduría escribiendo libros nos hace bien a todos. Gracias por tu cariño y tu impagable amistad. Siempre estás en mi corazón. Todo mi amor. Cuídate más y más y más”.

         - Olga, cielo. Sí, mi cuerpo es frágil, pero, gracias a Dios, no tanto mi espíritu. Como tú sospechas con buen fundamento, estoy preparado de antemano para dar el paso de este mundo al Padre, como decía Jesucristo. Cuento además con el amor y el cariño de personas maravillosas como tú que me agasajáis a corazón abierto. Vuestra amistad y vuestro amor es el verdadero capital de mi vida con el que viajo hacia la casa del Padre. Dicho lo cual como expresión de gratitud y de amor hacia tu persona, permíteme unas breves reflexiones al filo de tus confesiones de tristeza.

         En primer lugar, tengo la impresión de que estás convencida de que Dios te está castigando por algo que no has hecho bien en el pasado. La creencia de que la buena salud, la riqueza y larga vida es siempre un premio de Dios y, por el contrario, la enfermedad, la pobreza, las contrariedades y corta vida es castigo de Dios, es una creencia nefasta heredada del judaísmo más antiguo y que Jesucristo rechazó tajantemente. Sin entrar en más complicaciones basta usar el sentido común y hacer buen uso de la razón para ver que no es necesario recurrir a la autoridad de Cristo para convencernos de que esa creencia judaica es desmentida también por la propia experiencia de la vida. Cuando llueve o sale el sol, decía Cristo, llueve y sale el sol para todos por igual, ya sean buenos o malos, ricos, pobres, guapos o feos, hombres o mujeres. Y cuando se produce un seísmo, los que están más cerca del epicentro y menos prevenidos mueren igualmente sin discriminación entre buenos y malos.

         ¿Qué hace Dios entonces? Dios consuela a quienes recurren amorosamente a Él y les abre las puertas de la esperanza para una vida fuera del tiempo y del espacio mucho más bella y duradera que esta vida terrenal o valle de lágrimas. Lágrimas que son la consecuencia lógica y natural de nuestros errores humanos, del uso irresponsable de la libertad o simplemente de las limitaciones de la condición humana. Por favor, Mabel, abandona esa creencia de que Dios te está castigando por algo y piensa más bien en su comprensión, su amor y su perdón. Pienso que no me resultaría difícil vincular algunas de tus dificultades en la vida con equivocaciones que tuviste con la mejor fe y voluntad del mundo, pero que esas equivocaciones son las que ahora te pasan factura, y no Dios, el cual está siempre abierto al corazón de todo el mundo.

         Esta es la imagen que de Él nos dejó Jesucristo, la que yo he tenido siempre en cuenta y me ha resultado muy bien. En alguna ocasión me dijiste que cuando eras muy joven todavía tomaste parte en unos ejercicios espirituales ignacianos los cuales no te sentaron nada bien. ¿Te importaría describirme en unas líneas cómo fue aquella experiencia tan prematura y desagradable? Mabel, reina, que tengas mucho ánimo. Tienes mucha vida por delante y mucho amor de lo bueno por experimentar. Besos y cariños sin fin. Te quiero.

         - “Querido amigo, gracias por tu pronta respuesta. Disculpa no sea yo tan rápida. Niceto, tengo muy claro que han sido mis errores (y malas gestiones de mi vida y oportunidades) y no el castigo de Dios, la causa de mi actual situación. Arrastro el peso de mi propia culpa. Lo sé, yo también miro a Cristo siempre como el maximum de amor, tanto que bajó hasta nuestro nivel para después de mucho sufrir en este valle de lágrimas volver junto al Padre.

         Produce mucha tristeza descubrir a los 50 que no has gestionado bien tu vida. Sé que me entiendes. Yo también te entiendo a ti, amigo del alma, que te querré siempre dentro y fuera de este mundo. También me consuela al máximum saber que Dios es amoroso y perdona. El perdón es el gran triunfo y la resurrección es el gran consuelo y la gracia de nuestras creencias, entre otras muchas cosas. Me pides que te comente sobre los ejercicios ignacianos. En realidad, si no me lo recuerdas, no he reparado mucho en ello. Te lo comento con más precisión en otro momento porque ahora estoy muy cansada y el tema merece más matices. Sé que te cuidas, sé que estás preparado: has cumplido con Dios y con el mundo y más que cumplido te has sobrepasado. Pero no acepto que te vayas todavía porque me tienes que durar mucho, amigo del alma. Miles de besos y hablamos pronto. Normalmente no trabajo, pero ahora me han salido algunas clases y ya te dije que estoy muy débil. Te tomo como ejemplo para mirar hacia adelante y, amigo, me refugio en Dios y es mi consuelo. W. James pragmático, decía: no importa si existe o no Dios, pero si me resulta más positiva su creencia yo creo. Besos, querido amigo. Hablamos. Te quiero y no quiero perderte. Besos elevados a millones”.

         - “Querido Niceto, espero lo primero y lo deseo cuando te pienso, que estés bien, cada día mejor. Me pedías que te relatara mi experiencia sobre los ejercicios ignacianos de espiritualidad. Situación: 16 ó 17 años, en BUP. Recuerdo que los ejercicios eran duros. Por ejemplo, en una tarde no nos comunicábamos con nadie, debíamos estar solas en la habitación y en las comidas no podíamos hablar con las compañeras. Otro ejercicio consistía en ponernos una venda en los ojos y reconocer a las otras personas por el tacto, sin hablar y tratar de comunicarnos. No recuerdo mucho más, sino que fueron muy fuertes e intensos. Yo hacía el BUP en un colegio de religiosas francesas en Burgos y su filosofía era jesuítica. No recuerdo mucho más, lo siento. A veces pienso mucho en el pasado y me duele tanto que prefiero no hacerlo. Mi madre antes de cumplir los 50 me dijo que "qué desaprovechados" y tiene razón porque yo pienso lo mismo.

         Amigo, me encuentro en momentos bajísimos de salud y de moral y de ilusión y de todo y sólo sobrevivir día a día me supone un gran esfuerzo. Ahora a ver si arreglo mi Seguro Social aquí -que lo tengo inactivado- y visito al médico y al dentista y a haber si hallo fuerzas para seguir luchando para sobrevivir que ya es bastante. Vi un poco por internet tus antologías y me resultó una lectura muy atractiva. Sólo vi un poquito. Por lo demás aquí la vida sigue. Procuro hacer lo que debo, aunque me cueste. Rezo mucho y cada noche espero que al día siguiente esté con mejor ánimo para continuar. A veces me asalta la duda y no veo futuro para ni aquí ni en España. Tampoco tengo ahora cabeza para el alemán. En fin, amigo, perdona que te cuente estas cositas, quiero creer en los milagros para ver si alguno se acerca a mí. Sé que no he hecho cosas bien y la vida -mis equivocaciones, no el castigo de Dios- pasa factura. Arrastro el peso de mis culpas y espero un nuevo y dulce amanecer algún día. Cuídate mucho, nunca te olvido, aunque no te escriba pues no abro el ordenador a menudo ya que me estresa. Millones de besos y siempre estás en mi corazón. Te quiero”.

         - Olga, reina. Termino de regresar a casa del hospital donde he permanecido ingresado durante la última semana y al abrir el correo me he encontrado contigo. No contesté a tu último mensaje porque tuve que ir de urgencia al hospital a causa de una nueva crisis cardiaca. Curiosamente los dos nos encontramos luchando para sobrevivir de una u otra forma. Como tú bien sabes, yo ya tengo asumido y estoy preparado para dar el salto del tiempo y del espacio al PADRE, como decía Jesucristo de sí mismo cuando era muchos años más joven que yo y veía las cosas venir. Quiero decirte a corazón abierto y con la sinceridad que tú y yo hemos tenido siempre, que durante mi estancia en el hospital he podido repasar muchos pasajes del Nuevo Testamento, en los que la figura de Cristo como espejo vivo en el que se refleja el amor de Dios, me dio una fuerza y serenidad increíble para dar felizmente el paso definitivo de lo caduco y mortal a la Trascendencia donde no hay más ley que el amor personal alimentado de forma perdurable por Dios.

         A mí me ha impresionado siempre mucho el hecho de la resurrección de Cristo y su permanencia en este mundo con su espíritu del bien, que es el mismo espíritu de Dios. De ahí la denominación de Espíritu Santo como fuente de consuelo en medio de las tribulaciones. Dicho lo cual como desahogo confidencial contigo, te digo con la misma sinceridad que yo también te llevo a ti en mi corazón para desearte paz y felicidad y amarte en lo más profundo de tu ser como Cristo nos mandó que nos amáramos los unos a los otros. En estos tiempos la edad de 50 años es una edad de madurez y con mucho futuro todavía por delante. Ten ánimo y no te entretengas en dar vueltas a los errores del pasado. Pido a Dios de todo corazón que ese día luminoso de paz y esperanza lo encuentres lo antes posible. ¡Cómo me gustaría poderte ayudar en esta empresa! Pero lo único que está ahora en mis manos es decirte lo mucho que te quiero y agradecerte todo lo que me has querido siempre desde que nos conocimos. Yo sólo puedo decirte gracias, pero con la seguridad de que Dios compensará con creces tu amor. Besos y cariños.

         - “Querido Niceto, ahora querido, siempre querido. Deseo estés mejor, por lo menos que no sufras. Ir a una mejor vida es muy bueno. Tú has cumplido con Dios y con el mundo. Estás preparado, lo sé, pero, aun así, los que te queremos no queremos perderte. Tus palabras son una fuente de consuelo y sabiduría, también de paz. Sé que en el corazón siempre estás conmigo. Te deseo una feliz recuperación y te mando siempre en pensamientos buenos y positivos deseos junto con mi inmenso cariño, y no quiero que te me vayas nunca. Sé que te cuidas. Recibe todo mi amor. Gracias por las flores. Te quiero”.

         - “Amigo del alma, he pensado en ti estos días. Te deseo paz y felicidad. Sé que estás sereno y feliz porque sabes que lo que viene es lo sumo. Tus palabras y tus mensajes son fuente de consuelo siempre. Son lo mejor del computer. Tienes todo mi amor y cariño, tú nunca me fallaste. Sé que no te perderé, sino que te ganaré en el mejor de los lugares posibles. Niceto, amigo del alma, te quiero siempre y te pienso a menudo últimamente. Te he llamado al fijo con la extensión, pero me salía un contestador en francés. Me alegro infinito que vayas superando tus crisis. Eres fuerte de cuerpo y espíritu y los que te queremos no queremos perderte. Al final siempre, o sólo, se cumple la voluntad de Dios. Te pienso a menudo y le pido a Dios que te quedes con nosotros.

          Después de la muerte de mi padre, Niceto, sería muy duro perderte a ti. En mi juventud fui egoísta e inconsciente y tú siempre has estado sin réplica y acogedor conmigo. Te deseo mucho éxito en la operación y sobre todo que tu ánimo y energía no decaiga para sobrellevar todo lo mejor posible. Yo a veces siento que me recupero y al día siguiente estoy sin energía ninguna. Lo más simple me cuesta un mundo, sobre todo siento mucho cansancio vital y agotamiento. Pero procuro levantarme cada día, tú me das ejemplo. Ya quisiera tener yo tu energía y sabiduría. Te quiero mucho y te deseo lo mejor. Siempre te pienso y te envío mis mejores deseos. Millones de besos y la energía del sol. Te quiero. Más abrazos”.  

         - Olga, cielo. ¡Cómo me gustaría tener fotos tuyas de nuestro tiempo en la universidad! Me dijiste en alguna ocasión que las habías perdido todas. De todos modos, supongo que te has hecho algunas después, al menos para tus documentos de identidad, que las conservarás en alguna parte. Mira por tus bolsos y carpetas a ver si encuentras alguna y me la envías. Te paso cuatro mías que han aparecido en la computadora de diversos momentos de mi vida como mensajeras de mi cariño y amor para ti. 

          - “Niceto, te deseo mucho éxito en la operación. Gracias por las fotos. De móvil a móvil he intentado enviarte las fotos mías, pero no me resulta posible. No tengo muchas fotos, pero con tiempo miraré y trataré de enviarte alguna del móvil. En esto soy un desastre total. Lo importante es que te cures y enfrentes con renovada energía y salud los aconteceres que Dios disponga. Todo mi ánimo, mi cariño y mis mejores deseos. Millones de besos. ¡Avanti! Amigo, te recuerdo siempre en mi corazón y te deseo salud y felicidad. No te olvido nunca, aunque no te escriba ya que el ordenador me estresa mucho ahora. Amigo Niceto, siempre mi corazón está contigo y mis mejores deseos te acompañan. Todo mi amor”.

         - Olga, gracias por llevarme en tu corazón. Termino de regresar del hospital donde he permanecido confinado durante casi un mes y tu amoroso mensaje ha sido una bienvenida muy reconfortante. Nada mejor para una convalecencia que un amor como el tuyo. Aunque mi corazón de carne esté roto, no te preocupes porque tengo reservado otro corazón para quererte a ti. Te quiero mucho.

         - “Querido Niceto, eres fuerte como nadie, tu vitalidad es envidiable y tu corazón un gran luchador. Te aseguro que tienes más energía y vitalidad que yo. Dios quiere que no me dejes sola. Yo sabía que te recuperarías. Sé que tienes que estar entre nosotros todavía un tiempo más. Tus emails siempre son fuente de consuelo y alivio, así como tus reflexiones en la Filosofía y la Cátedra de la vida, que los repaso mucho últimamente y me ayudan y reconfortan. Sé que eres incansable, pero mima tu corazón, está en el mundo tu sabio legado y has vivido -vives- siempre haciendo el bien de modo que puedes ocuparte ahora un poco más de ti y dar reposo a tu "corazón de carne. Amigo querido, no tengo muchas novedades. Ya te contaré. Quiero que sepas que mi ánimo, mi corazón, mis mejores deseos y mi más agradecido cariño están siempre contigo. Millones de besos ¡Hasta pronto! Permaneces en mi pensamiento”.        -             - “Amigo del alma, te deseo lo mejor de lo mejor. Cuídate mucho. Siempre y a menudo pienso en ti. Te deseo paz, felicidad y que permanezcas en tu mejor estado. Millones de buenos pensamientos y cariñosos besos. Cuídate amigo, tu corazón "de carne" preserva tu transcendente corazón escatológico. Besos. Te quiero.”.

         - “Querido Niceto, espero que todo marche bien con tu salud. Has de saber que te pienso y te deseo paz, felicidad y todo lo mejor. Cuídate mucho. Un fuertísimo abrazo y muchísimos besos. Siempre tuya, Mabel”.

         -  Olga, amor. Gracias por pensar en mí con tanto cariño inmerecido. Nunca olvido aquel momento histórico en que me seguiste los pasos hasta el despacho en la Universidad al terminar la primera clase y me abriste tu corazón como si nos hubiéramos conocido de toda la vida cuando en realidad era la primera vez que nos veíamos cara a cara. Pronto me percaté de que eras una gran mujer muy bella e inteligente que pagabas la factura de tu grandeza con la vivencia de los problemas propios de tu tierna edad y de la época que nos tocó vivir a todos por aquellos años. Con el paso del tiempo nuestra linda amistad se ha consolidado hasta el punto de que no encuentro ya otra palabra más adecuada para definirla que amor. Yo ya estoy muy entrado en años y con la salud en estado muy precario, pero no quiero dejar pasar ninguna oportunidad para seguirte dando las gracias por el tesoro de tu amistad y lo mucho que me quieres. Dios, que es la bondad y el AMOR por excelencia te lo pagará con creces.

         - “Querido Niceto, cómo me alegran tus e-mails, me dan paz, algo que últimamente me falta. Pocas personas del pasado permanecen en mi vida. Tú eres un tesoro que has estado siempre y jamás me has fallado. Gracias de corazón. Me alegra infinito que tu salud se vaya recuperando. Tal vez sea un poco "precaria" pero eres un infatigable luchador y posees una energía desbordante. También siempre tienes proyectos nuevos e ilusión. Eres un sabio, un autor prolífico y es un gran honor para mí que seas mi amigo, que me quieras. Saber que puedo contactar contigo me da mucha paz y una dulce certeza de que alguien que me quiere mucho me escucha con amor y paciencia, y eso –créeme- es muy grande e impagable. Amigo del alma, sé que te cuidas, mímate un poco más. Dios está contigo y tú siempre me envías un poco de su aliento divino, que lo necesito y mucho. Te pienso a menudo y deseo tu bienestar y felicidad. Mi vida ahora la veo de otra manera -tal vez más realista- y la verdad es que es bastante "penosa" y no hallo solución para un cambio. Confío en Dios. Es muy duro sobrevivir con una edad y sin expectativas ningunas. No sé qué hacer ni cómo empezar. Perdona que te lo comente, es que no sé qué hacer. Siempre empezar es muy duro y agotador. En fin, qué te voy a decir a ti, vencedor de mil batallas y un gran ejemplo. Deseo decirte que te quiero y te pienso mucho y que te necesito también mucho presente en mi vida. Estamos en contacto. Por cierto, envíame tu dirección postal porque he pensado escribirte por correo. El e-mail me pone nerviosa para temas muy personales. Me produce bienestar tu bienestar, de verdad, y saberte es un gran consuelo y fuente de paz para mí. Te quiero. Hasta ahora mismo, siempre. Besos y abrazos.”

         - “Querido Niceto, cuídate mucho. Los que te queremos te tenemos siempre presente. Espero que estés muy bien, amigo. Pienso en ti a menudo y te envío todo mi aliento, cariño, amor y agradecimiento. Millones de besos y abrazos”.

         - Olga querida, gracias una vez más por tus lindas palabras en las que descubro la grandeza de tu alma. A veces pienso que pocos hombres habrán tenido la suerte de recibir palabras tan hermosas y amorosas como las que tú me diriges a mí. Me llamas amigo del alma y piensas en mí con amor. Quiero que sepas que yo me siento muy feliz sabiendo que me llevas contigo en tu pensamiento y en tu corazón y estoy seguro de que Dios te va a premiar con creces esta generosidad sin fronteras conmigo. Yo sólo puedo corresponderte dándote públicamente las gracias y llevándote también con amor en mi corazón.

         Soy consciente de ser una persona entrada en años a punto de emprender definitivamente ese gran viaje de la vida que todos tenemos que hacer. Mi salud funciona relativamente bien después de la última gran crisis y cada vez estoy más convencido de que, al final, sólo nos queda en limpio lo poco de verdad que hemos descubierto durante la vida y lo que hemos amado a las personas que hemos encontrado en el camino. Dios nos juzgará del amor. De esto no me cabe la menor duda. Pero del amor personal del que hablaba y practicaba Jesucristo y no de esos falsos amores que poco o nada tienen que ver con el verdadero amor personal que va más allá de la personalidad decorativa de cada uno.

         Este es el amor que no muere nunca y será capaz de vencer incluso a la muerte, como ocurrió en el caso de Jesucristo. Olga, reina, he terminado de redactar la segunda parte de La cátedra de la vida. Ya me ha visitado mi mecenas editorial, el cual ha visto el trabajo y me ha ordenado que gestione cuanto antes la publicación del mismo. Como era obligado, hay un apartado de nombres propios en el que tu nombre no podía faltar, por lo que has significado y significas para mí con el tesoro de tu cariño y admiración. 

         - “Querido amigo, no veas la paz y sosiego que llena mi alma cuando veo tus e-mails. Me tranquiliza verte bien y tan activo, eres imparable. Aún con tu precaria salud corporal (que no mental, espiritual) sigues escribiendo sin pausa. No veas cómo envidio tu energía y arrojo ante las circunstancias, ojalá yo también lo tuviera.

         Hoy voy al médico ya que mis neutro-transmisores necesitan un gran empujón químico pues estoy muy deprimida y por mis propios medios es imposible salir de esta situación. Si tú vieras, amigo, las circunstancias que me rodean lo entenderías. Mi vida aquí es difícil en todos los sitios, pero lo peor de todo es no tener expectativas, y sin ilusión ni esperanza es aterrador mirar hacia adelante.

         Quiero salir de mi estado, que arrastro desde que cumplí los 50, y se agravó con la muerte de mi padre. No he ido al médico antes pues no tenía seguridad social y lo he estado arreglando. En fin, amigo, no te voy a hablar a ti de salud, tú que eres un luchador imparable. Tal vez tu corazón de carne se resintió un poco pues lo has usado mucho junto con el otro espiritual. Quiero que sepas que contar con tu amistad y tu cariño es lo más grande que tengo y me emociona saber que alguien como tú me quiere tanto y tan bien, con ese amor del bueno del que tú hablas. Siempre, en todo caso, el gran honor es mío. En realidad, el amor tiene grandes poderes. Cuídate, Niceto, que te noto muy activo en tus quehaceres, mímate y date las pausas que necesites, no te estreses, no vale la pena. Amigo del alma, siempre estás en mi corazón y con buenos deseos permaneces, nunca sales. Eres mi fuente de paz y no es necesario que me compense Dios porque ya lo haces tú. Te escribiré más adelante y te contaré. Gracias, amigo, por todo: por tus palabras, tu cariño, tu dedicación. Gracias de corazón. Cuídate, por favor, y no seas exagerado con tus actividades. Millones de besos y abrazos”. 

         Respondí a estas amorosas palabras con una acción de gracias decoradas con una fotografía suya de cuando era estudiante enmarcada en un arco de rosas. Su respuesta no se hizo esperar.

         - “Gracias, amigo del alma. Se me ha ocurrido que tengo que resucitar lo que es más difícil que en la foto cuando sólo tenía 28 años de edad. Ahora soy más mayor y no es lo mismo. Pienso en tu libro y en cuanto mi corazón y mi pluma estén ágiles, enviaré algo para que lo publiques en él. Te lo enviaré, aunque sea por e-mail ya que, amigo mío, soy de la "vieja escuela" y lo emocional lo tengo que redactar siempre a mano de mi puño y letra. Cuídate mucho. Te quiero siempre. Besos y gracias por el regalo tan bonito que hoy he recibido y que me da esperanza. Gracias de corazón. Ojalá estuvieras más cerca físicamente.”

         - “Gracias, amigo, eres siempre un alivio para mi alma. Me cuesta concentrarme, pero he escrito el texto prometido, aunque lo importante -como tú bien dices- es la comunicación profunda que tenemos. Niceto, tú eres lo más próximo a mi alma y en estos momentos su mayor alivio. Claro que verás publicado tu libro ¡seguro! Te envío el texto. No importa si se publica o no. Lo escribí para ti porque tú sin lugar a dudas, sí mereces el esfuerzo por mi parte ya que me has pedido siempre muy poco y siempre me has dado muchísimo. Estas son mis palabras testimoniales por si todavía llegan a tiempo para ser publicadas.

         - “Mi querido Niceto me ha enseñado muchas cosas a nivel humano e intelectual, con sus correspondientes mensajes emocionales entrelazados, pero sobre todo ¡y lo más grande -en el banquete de la vida- ha sido la amistad! cuyo gran significado ha dejado de ser teórico porque prodigiosamente Niceto con su proceder humano siempre me la ha hecho visible y tangible. ¿Qué decirte, amigo del alma? En nuestros plenos aconteceres de la vida siempre nos hemos encontrado. Tú siempre has estado ahí cuando me he dirigido a ti y cuando no. Hemos permanecido en "frescas y vivificantes" olas durante más o menos durante treinta años y ahora nos hallamos unidos en una amorosa amistad la cual es para mí fuente de paz y sabiduría por cuanto transcurres con ánimo sereno ante las incertidumbres que conoces de la vida y con inmensa generosidad ante nosotros porque nos lo transmites. En tus libros también nos das parte de tu alma. Tu espíritu sabio acompaña tus palabras. Besos, besos y besos, Niceto. Lo importante es que transcurras lo mejor posible sin perturbaciones. ¿Sabes?  Cada e-mail tuyo es mi alegría. Tienes razón, son abrazos y besos físicos también. Recibe mi presencia con mucho amor. ¡Cuídate! Sé que lo haces. Mímate, no sé si lo haces. Niceto, te quiero.”

         - “Querido Niceto, como siempre mi deseo es que te encuentres físicamente bien, pues estoy segura que espiritualmente gozas de plenitud y tranquila serenidad. Tengo la Filosofía y Cátedra de la vida como libros de cabecera, los leo a dosis, son mi paz y reflexión. Tal vez lo que yo creí amor no era sino la utilización del término, es una pena que la vida la aprendamos cuando ya ha pasado. El hecho de tu cariño sincero, de tu amor hacia mí me levanta la autoestima, me hace sentir mejor. ¿Sabes amigo?, en mi caso "morir" sería lo fácil; a veces lo pienso. La opción de rendirse no existe. Amigo, tú lo sabes: es difícil la vida. Sé que tú esperas paciente y sereno la Transcendencia y debe ser bello saber dejar este mundo cuando se ha sabido vivir bien. En este último tiempo, con tus e-mails en el fondo, lo que he comprendido más ha sido el significado del amor. He mirado atrás y he visto que "no he sabido" amar. Amigo mío del alma, imparable trabajador, inigualable amigo. Te quiero y te envío muchos besos y abrazos. Sé que te cuidas, mímate y no hagas nada que te produzca stress. Te quiero, tuya, Mabel”.

         - “Querido Niceto, me asusto si no te llega mi e-mail. Espero, de todo corazón y con todas mis fuerzas, que te encuentres bien con tu salud de este mundo. Sé que te encuentras abierto a la transcendencia y al dulce reposo que te está esperando con lo más inimaginable bello y bueno. Es para mí un gran honor de los más grandes de mi vida y un tesoro incomparable tenerte siempre como amigo del alma, que siempre me has dado amor del bueno. Niceto, ahora saboreo tus textos en breves ratitos. Deseo lo mejor para ti. Te lo mereces con exceso. Millones de besos y abrazos. Te quiero”. “Querido amigo del alma, sólo decirte que te quiero. Sé o presiento que Dios te espera siempre con los brazos abiertos. Soy egoísta y no te quiero perder. Sé que jamás te perderé y que siempre podrás observarme y darme tu gran cariño y aliento. Recibe mi amor y mis soplos de buenísimos deseos. Un fuertísimo abrazo, Niceto, mi amigo del alma, nunca la expresión tan acertada. Besos”.

         Olga, tesoro. Yo también he mirado hacia atrás y me he afirmado en la idea que me formé de ti cuando tuve la suerte de conocerte. Detrás de aquella muñeca preciosa que eras descubrí a una gran mujer. Además de bella, te encontré inteligente y profunda. Ahora, después del correr de los años, me alegra que hayas hecho un gran descubrimiento propio de la profundidad de tu inteligencia. Me dices a corazón abierto, como siempre que hablas conmigo, que, echando una mirada al pasado has descubierto que no has sabido amar. No te preocupes, cielo. La golondrina no hace su nido en un solo día. Igualmente, a amar no se aprende en un solo día sino a lo largo de la vida. Lo importante, como es tu caso, es descubrir la clave del amor en cualquier momento de la vida. Como tú sabes, culturalmente unos confunden el amor con la intimidad sexual y otros más civilizados con el enamoramiento. Son dos errores culturales muy difíciles de eliminar, sino imposible, para la mayoría de la gente. El amor verdadero que todos buscamos de una u otra manera se refiere al amor personal. Esto significa que el objeto de nuestro amor es la persona y no la personalidad. Como personas todos somos iguales en grandeza y dignidad. La persona es lo que somos siempre desde que somos engendrados hasta la muerte.

         La personalidad, en cambio, es todo lo que tenemos de añadido como la belleza física, la mayor o menor dotación intelectual, nuestras virtudes y nuestros vicios. Así hay personalidades diferentes en lo bueno y en lo malo.

         Aplicando estas consideraciones al tema del amor, está claro que el amor humano verdadero o personal va más allá de las experiencias sexuales y del enamoramiento hasta el extremo de que puede existir sin ejercicio sexual y sin enamoramiento. No excluye estas formas primarias de amor, pero no se identifica con ninguna de ellas y cuando tienen lugar dentro del contexto del amor personal adquieren una belleza y una dignidad que de por sí carecen.

         En fin, sería muy largo seguir hablando de este tema. Lo que quiero decirte es que has hecho el gran descubrimiento del amor personal, lo que considero un acontecimiento muy importante para tu vida. Te sugiero que conviertas este descubrimiento en la piedra angular de tu vida futura. Verás que desde esa perspectiva amorosa personal la vida y sus problemas se ven de forma diferente y cambia también la manera de relacionarnos con nuestros semejantes de forma más civilizada y humana. Mabel, reina, enhorabuena por tu descubrimiento y gracias por haberlo compartido a corazón abierto conmigo. Besos y amor para ti.

         - “Querido amigo, siempre me deleito leyéndote, leo tus e-mails varias veces y me reconfortan muchísimo. No me des las gracias por compartir mi cariño contigo pues lo he aprendido de ti. En los últimos 6 meses he tenido la oportunidad (tiempo y soledad) de interiorizar un poco dentro de mí y descubrir el porqué de algunos aconteceres importantes de mi CV vital. He traspasado el profundo dolor de la culpa, viendo claros los errores, que, al final, todos son una falta de amor, a uno mismo y en su relación con todos y todo lo demás. Lo positivo es que de ahora en adelante procuraré desde dentro de mí y hacía el exterior de mí ejercitar este nuevo descubrimiento, que es también una fuerza motora. Tengo las mismas circunstancias, pero puedo y tengo que observarlo de otra manera más positiva, humana y constructiva. Amigo del alma, tras la reflexión procede la acción, que es lo más difícil porque conlleva esfuerzo, autodominio, voluntad de hierro y todo anti-hedonismo. Soy débil y "tendré que acudir a las alturas".

         Por cierto, nunca te lo he comentado, pero creo muy firmemente en el Ángel Custodio, de la guarda. En cierta ocasión peligrosa (Guatemala de noche en un lugar muy inseguro y sin salida) pensé cuál sería la posible solución: un taxi. En una ráfaga de consciencia pensé en mi Ángel, giré la cabeza, vi luces y bajo ellas taxis. Sentí muy claro que mi vida corría peligro, que la solución era inoperable y mi Ángel me presentó la operable solución del taxi. Es un sentimiento que me ha acompañado siempre y en mis oraciones suelo dirigirme a mi Ángel de la guarda. Tengo la certeza instintiva de que me acompaña, aunque yo le ignore. Ahora le pido consejo en su inteligencia superior. Niceto, es una vivencia personal que comparto contigo, una interpretación muy personal que en cualquier caso es bella y reconfortante.

         Sobre mi vida real, mi cotidianeidad, el entorno dónde se desenvuelve y cómo mi salud está un poco débil te diré que procuro que se fortalezca mi cuerpo y mi alma. Mi situación no es para nada idílica, pero procuro estar tranquila, asumirla y restaurarme. Me he sentido como un edificio en ruinas que precisa restauración, remodelación y cambio. Gracias amigo por escucharme. Hablo contigo como conmigo. Eres grande en tu amor personal, en tu persona. Eres una conexión para mí con el Altísimo. Siempre que hablo contigo me siento más cerca de Él.

         Es un honor tu amor, me honra tu cariño. Perdóname, amigo mío, esos fallos egoístas que he tenido contigo. Sé que lo has hecho ya. Eres una bella persona y Dios me ha regalado el haberte conocido y lo que más importante: que me quieras. Eso ahora es muy importante para mi propia autoestima que se ha resentido por falta de cuidados. Más allá, lo que descubro contigo, a saber, que con tu ejemplo siempre ha sido demostrable y empírico el amor, el amor del bueno.

         Amigo mío del alma, la distancia kilométrica no impide que te abrace fuertemente con todos mis mejores sentimientos y todo mi suave e inmenso cariño hacia ti, un alma de Dios, parte de mi propia alma, mi instructor en la amistad y en el buen pensar. Hemos permanecido unidos en la amistad a lo largo de muchos años, pero yo sé que lo seguiremos estando siempre. Amigo mío, has sido muy "productivo" en toda la extensión de la palabra (ora et labora) y te corresponde darte los "mimitos" que no te has dado. Cuidarte y deja que te cuiden pues tienes un alma espléndida y en tu entorno lo saben. Tú sabes que siempre y sin horario te puedes comunicarte conmigo. Tú hora fortaleces mi vida y mi alma. Eres mi tesoro. Un fuertísimo abrazo y gracias, gracias, gracias porque te puedo tener. Tuya, Olga”.

         - “Querido Niceto, hoy lo he pasado leyendo tu "Filosofía y cátedra de la vida" y no veas cómo me alivia el espíritu su lectura. Sobre todo, porque te siento cerca de mí. Te quiero mucho. Soy egoísta también y te necesito mucho. Espero que tus días sean agradables y gozosos. Hasta pronto, besos. Tuya, Olga”.

         - Olga, cielo, en este momento sólo pretendo decirte que he leído tu último mensaje. Te escribiré más despacio y descansado comentado las palabras maravillosas que me dedicas desde lo más profundo de tu alma. Ten ánimo. A amar se aprende a lo largo de la vida y tú tienes todavía mucha vida por delante. Millones de besos y cariños para ti. Te imagino paseando por esas pistas de tulipanes respirando su aroma de paz y amor.

         - “Querido amigo, se me ha borrado lo que con toda mi alma te había. Aprendo mucho de ti. Eres muy humano y racional. Y lo verdaderamente importante: eres cercano. Siempre en tus e-mails y en tus libros encuentro mi gran consuelo. Desprendes calor suave y lleno de paz como un oasis en este laberíntico mundo que es nuestro contexto, amigo. No te preocupes por el calendario y escríbeme cuando tu corazón te acerque y punto. Debes descansar (a mí el computer me estresa y suelo tener agendas y libritos monos de notas) y pensar en ti ya que el amor bien entendido comienza con uno mismo. Sabes que te quiero mucho y últimamente estamos, a pesar de la distancia kilométrica que nos separa, más cerca que nunca. Pero siento que siempre he aprendido muchísimo de ti y ahora me viene condensado tu amor que nunca ha sido en vano, te lo aseguro. Sólo te pido, amigo que has comprendido la vida, que te mimes, aunque sé que te cuidas. Siempre tienes mis besitos y mis dulces y cálidos sentimientos de bienestar y paz en tu reposo y en tu actividad. Siempre has sido y eres muy prolífico personal y profesionalmente en buen sentido de la palabra. Amigo, soy un desastre con el computer. Te doy mis besitos y cuando te pienso, que es a menudo, te soplo buenos deseos. Un fuerte abrazo, hasta pronto y siempre en nuestros corazones. Tuya, Olga”.   

         - Olga, mi reina, estoy en deuda contigo por los mensajes tan bellos que me envías y en los que me trasmites retazos de tu corazón. Me gustaría seguir con más intensidad este diálogo de amor personal, pero, como tú sabes, las fuerzas físicas ya no me acompañan como antes. Ya sé que me lo perdonas, pero ello no me exime a mí de darte las gracias por tu comprensión con todo mi cariño y amor. Cuando me dices que mi amistad te sirve de conexión con el Altísimo me has dicho lo más grande tal vez que un hombre puede oír de una mujer. Sobre todo, teniendo en cuenta mi profesión sacerdotal que tiene por objeto acercar a los hombres a Dios como fuente del ser y de la vida. Esto me ha hecho pensar en la confesión de otra gran mujer, como tú, y que habla también en mi nuevo libro, cuando escribe que después de haber hablado conmigo acerca de sus penas y dolores tuvo la sensación de que había hablado con el mismo Jesucristo.

         Son confesiones éstas de gran calado humanístico y teologal, sobre todo cuando proceden de mujeres, no enamoradas sino inteligentes, realistas y agradecidas a corazón abierto. Gracias, Olga, una vez más por tu amor, tu cariño y admiración. Dios te premiará tanta generosidad como te mereces. Por mi parte sólo me queda insistir en que mi único objetivo en estos momentos críticos de mi vida es no dejar deudas de amor con nadie para lograr un encuentro feliz con Dios nuestro Padre amoroso, fuente del ser y de la vida. Con estos sentimientos te envío una tonelada de besos y cariños al tiempo que pido a Dios que te ilumine con su luz e inunde todo tu ser con su amor.  

         - “Niceto, amigo, mi mayor deseo es tu bienestar; ¡te lo tienes bien ganado! No te preocupes por tus respuestas pues sé que cuando me piensas quieres que Dios me ilumine y ello es más grande que todo. Sobre tu salud, pensé: los médicos están muy satisfechos de sus expectativas. Y la verdad, amigo, es que, aún con tus "arritmias" has sido extremadamente prolífico humana e intelectualmente, rindes al extremo en tus talentos y tienes un gran legado para nuestras almas. Cuando leo tus palabras me envuelve la paz y reflexiono sobre mi interior. Hace años que no lo hacía, amigo mío del alma. Gracias, gracias, gracias por tu amor infinito, por enseñarme tantas cosas, aunque en mi ignorancia las descubra tarde. Te ruego que estés atento a tu salud y no te esfuerces con el ordenador. A mí misma me resulta estresante abrirlo y de hecho lo abro siempre por tus palabras, que a gotitas releo, amigo Niceto. Cuando me piensas es ya para mí un gran honor y le das un toquecito a Dios para que me ilumine, ello es grandísimo. De verdad, amigo, que te envío siempre mi amor y admiración y sé que reposas en Dios con la satisfacción merecida por tu vida bien empleada a su servicio y al nuestro. ¡Qué privilegiada soy! Realmente nunca me despido de ti porque en el corazón no hay distancias. Felices instantes. Gracias por tu esfuerzo respondiendo a mi mensaje, pero no lo vuelvas a hacer ya que para mí lo importante es el cuidado merecido de tu salud, de tus fuerzas y de tu estrés. Tengo tu amor y me llena. Tengo tus palabras emanadas de tu corazón y me consuelan y alientan. En esta etapa de mi vida trato de acercarme a Dios porque soy egoísta y sé que sin Él todo me irá fatal. Es una inclinación surgida tal vez de mi indefensión humana. Mabel, que te quiere siempre”.

         - “Amigo mío del alma, sólo hacerte llegar mis recuerdos amorosos y muchos besos. Decirte que estás presente siempre y que mis mejores deseos suben hacia Dios para que, en cualquier caso, no tengas dolores físicos. Millones de besos y abrazos. Mabel”.

         - “Querido amigo, sólo unas líneas para recordarte que no te olvido, que te tengo muy presente y cuando pienso en ti te deseo lo mejor en el sendero por el que caminas hacía lo transcendente, bueno y bello. Leo tu Cátedra para regocijo de mi alma y mi serenidad. Eres un gran hombre y tu vida y caminar en este mundo ha sido altamente productiva: en tu obra y sobre todo en amor, en la caridad y belleza del amor del Altísimo. Aprendo mucho de ti y procuraré en adelante hacer mejor uso de la razón, motivo por el cual no he aprovechado bien las oportunidades que he tenido, así como la falta de saber amar. Niceto, tienes mi profundo cariño y admiración; le doy gracias a Dios porque te he conocido y siempre deseo que mis mejores deseos te acompañen. Besos y abrazos. Tuya, Olga”.

         -  Olga, amor. Te contesto al tiro en un momento en que me encuentro en forma dentro de mi lenta recuperación. En primer lugar, me resulta agradable decirte que eso que tú denominas egoísmo porque te acuerdas de Dios en las necesidades, en realidad es un "egoísmo de lo bueno" (como el colesterol bueno) y no egoísmo en el sentido literal y peyorativo del término. Nuestro recurso a Dios en los avatares de la vida se basa en el principio de necesidad por nuestra parte y en el de generosidad y amor por parte de Dios. O lo que es igual: cuando nada ni nadie puede consolarnos en este mundo, Dios aparece en nuestro horizonte como el único que puede consolarnos en esta vida con la esperanza puesta en su comprensión y amor. Muchos de los problemas humanos los creamos nosotros y somos nosotros quienes tenemos que tratar de resolverlos, al menos en parte.

          Ahora bien, cuando nos parece que todo está perdido y que no hay tormenta seguida de serenidad y seguridad, Dios, insisto, emerge en el horizonte como fuente de consuelo y amor. Toda la vida humana terrenal está transida de tensión y ansiedad y, como decía S. Agustín y enseña la experiencia, nuestro corazón estará siempre insatisfecho hasta que descanse en Dios. Ahora bien, ese descanso tan deseado sólo será una realidad efectiva en clave de amor. El encuentro personal amoroso con Dios a través de la humanidad de Cristo (Rostro visible de Dios) sólo es viable en clave de amor. Olga, esto es lo que espontáneamente ha salido del corazón del que tú consideras amorosamente amigo de tu alma. Te quiero.

         - “Amigo, estoy contigo de alma y corazón. Te acabo de escribir largo y tendido y se me ha borrado lo escrito. Soy una torpe, pero, en fin, lo más importante es el amor. Te escribo en otro momento con más tiempo y espacio. Besos, ¡insuperable querido mío!”

         - Olga, corazón. Me dices que me escribiste largo y tendido y que se borró el texto. Mira a ver si se archivó automáticamente como borrador y lo rescatas. Me encantaría leerlo. Gracias, reina, por tu amor.  De acuerdo contigo en que esto es en fin de cuentas lo más importante. Te quiero.

         “Amigo mío del alma. En primer lugar, espero que estés dulcemente bien, lo demás es secundario. Tenemos nuestro amor. Pues bien, he mirado en los borradores y en la papelera y nada. Soy negada a las tecnologías. Largo y tendido te venía a decir -sintetizando- que soy una primeriza en el acercamiento a Dios, y que lo de mi vida -que no la vida- tal vez son problemas estructurales, no supra-estructurales, pero que con una visión más amplia se sobrellevan mejor. En esencia, que te quiero mucho y te escribiré con más tiempo y lucidez. Besos a millones. Tuya, Olga”.

         - “Queridísimo Niceto, te tengo presente y siempre aprendo de ti. Leyendo la Cátedra he pensado que tu vida es un gran ejemplo de acercamiento a la sabiduría y de amor por los demás, y ello con tu delicada salud. Eres admirable. Como siempre, te deseo dulzura y felicidad, aunque sé que la tienes. Debe ser dulce la sensación de satisfacción de haber hecho lo que debías y tener fe y esperanza en lo mejor que está por venir. Sé que te cuidas y te cuidan. Recibe todo mi cariño y mi enorme admiración y amor. Es un honor, un privilegio ser querida por ti. Un fuertísimo abrazo. Te quiero. Olga”.

         - “Olga, reina. Qué lindo es oír las amorosas palabras que brotan de tu tierno corazón. En un mensaje reciente te declarabas satisfecha porque decías: "tenemos nuestro amor", que es lo más importante. ¡Y qué amor tan lindo el tuyo!, añado yo. Hay una canción popular muy bella cuyo estribillo es: "Al atardecer de la vida me examinarán del amor". El mensaje de esta canción coincide con la conclusión a la que por caminos diversos hemos llegado tú y yo.  Se trata de ese amor que tiene por objeto propio la grandeza y dignidad de la persona humana, sea cual fuere su personalidad. La canción a la que hago referencia puedes oírla en Internet en versiones de interpretación diversas. En este sentido dices que tú y yo tenemos nuestro amor. Qué alegría me produce que tú, como mujer, me hagas esta confesión tan sencilla como significativa y humanamente profunda. No en vano cuando tuve la suerte de conocerte, siendo tú una muñeca adorable, me percaté de tu inteligencia reflexiva y te sugerí la idea de cambiar de carrera, cosa que ya era demasiado tarde.

         Me dices también que es un honor para ti que yo te quiera. Pues bien, quede bien claro ante la humanidad que para mí es una fuente de felicidad el que tú me quieras a mí en ese nivel de profundidad en el que se encuentran dos personas conscientes de su dignidad. Olga, en el atardecer de mi vida agradezco tu amor y te amo desde lo más profundo de mi corazón. Yo, al que tú consideras como el amigo de tu alma.

         - “Buenas noches, amigo querido. En principio sé que cualquier buen deseo mío está cumplimentado aquí y allí. Sé, amigo querido del alma, que todo transcurre en orden y paz. Tus bellas palabras -de corazón- dignifican mi persona. Ambos estamos en nuestros "atardeceres”. Tú, más afortunado hacia la esperada Transcendencia y yo, no lo sé, pero sí sé que en adelante es un poco más difícil. He tenido sensaciones de verdadero pánico ante mi real situación. Querido, perdona, dada la delicadeza de tu espíritu. Mabel”.

         - “Mi queridísimo Niceto, qué bellas y sinceras palabras me dedicas. Primero, Felicidades por el cumpleaños y tu vida bien aprovechada al servicio de Dios y los demás y la sabiduría en búsqueda de la verdad. Plenitud creo yo deben producirte ambas cosas, y paz y serenidad en tu trayecto vital.  Estoy asombrada de tu amor. "Al atardecer de la vida te examinarán del amor". No lo he escuchado todavía, pero, amigo del alma, me siento suspendida con la carga de mi edad y el peso de no haber gestionado bien mi vida, sin saber a dónde voy.

         Quiero tener fe, esperanza y caridad y acercarme a Dios. Sé que me ha perdonado y también mis padres, pues no sabía yo lo que hacía. Amigo mío, querido, qué difícil se me presenta presentarme a la vida desde mi realidad, dentro de la cual lo más bello ahora sois el ángel de mi madre y tú. ¡Amigo, rozante de mi pequeña alma, el que me acerca al Altísimo! Cuando te hablo me confieso también contigo y me siento como el Quijote, que cuando le llega el buen uso de la razón es postrero. A él le esperaba el descanso que yo te deseo y a mí la dura realidad personal y contextual. Soy egoísta y quiero que tu salud te permita estar siempre presente con nosotros, conmigo, a pesar de la distancia y sin contacto. El amor alivia. Niceto, continuaré mi especial recuerdo para ti el 1 de octubre en compañía de alma, corazón y razón. Mi amor siempre para ti. Tú lo sabes y lo sientes como yo y te seguiré hablando. Mereces ser feliz, Olga”.

         - “Olga, reina. Vale la pena llegar a los 75 años de edad, aunque sólo fuera para escuchar palabras tan bellas y amorosas como las tuyas. Gracias, corazón. Hablas de mi atardecer y del tuyo. Yo pienso que los descubrimientos que tú estás realizando reflexionando sobre la trayectoria de tu vida no son tardíos, sino que se producen en la plenitud de tu inteligencia y grandeza de alma. Nunca es tarde si la dicha es buena. Yo mismo he tardado mucho tiempo en llegar a tener ideas claras y firmes sobre muchas cosas. Lo importante en el viaje de la vida es llegar felizmente a su término, aunque durante el trayecto se hayan producido accidentes.

         A mí me queda un trayecto ya muy corto por recorrer, pero a ti te queda todavía mucho camino por andar. Has descubierto ya la pista de la Verdad y del Amor. El resto vendrá por añadidura. No tengas miedo a Dios e introduce a Jesucristo amorosamente en tu corazón como aquellas mujeres que le conocieron en esta vida y tantas otras que le descubrieron después en los avatares de su historia personal.

         Me impresiona felizmente cuando me pones a la misma altura amorosa del "ángel" de tu madre. Sin duda que es una gran mujer, sufrida, comprensiva y siempre dispuesta a ayudar. No tengas reparo en escuchar sus consejos porque será una satisfacción inmensa para ella como madre y para ti una ayuda personal en todos los sentidos para terminar felizmente el segundo tramo de tu vida. Olga, preciosa, gracias una vez más por tu felicitación de cumpleaños. Te quiero.

         - “Gracias Niceto, estoy llorando de emoción. Tú nunca serías mi abuelo porque siempre eres jovial, curioso e inquieto. Con propia luz y mirando siempre hacia adelante con energía y buena predisposición: todo un ejemplo con tu corazón de carne. Jamás te ha faltado la ilusión y la contagias. Estoy segura que estás más joven que yo. ¡Ni lo dudes! Te doy mi besito de buenas noches. Me despido del ordenador, no de ti. Te quiero. Olga”.

         - “Felicidades y bien llegado a tu buena llegada edad terrenal. En lo celeste imagino que no hay edad. Tienes una vida plenamente laborada y te diriges a la bella Transcendencia con serenidad, fe, esperanza y mucho amor. Hoy, con motivo de tu cumpleaños, sólo quiero enviarte mis muchos y buenísimos deseos en todo lo que mejor te haga sentir, mi inmensísimo amor, admiración y gratitud, y me despojo de lo menos grato de mí para que con el corazón más inundado de amor sea un apoyo para la obtención de lo que más necesites o desees. Todo mi amor para ti, amigo del alma. Hoy especialmente tuya, Olga”.

         - “Queridísimo Niceto, amigo del alma, amor für immer, por siempre. Deseo profundamente tu bienestar. Tú dices que tu tramo es corto y me animas a seguir el mío, tal vez más largo. Eso es lo que me asusta: a dónde voy, con qué sentido y cómo sobrevivo -trabajar- en esta convulsiva crisis económica con mis barreras como son la salud física y psíquica, el idioma, la edad, la falta de recursos y la falta de perspectivas. La verdad es, amigo mío del alma, que le doy gracias a Dios por tenerte a ti en éste -como tú dices- segundo tramo de mi vida que no se presenta nada alentador ni apetecible, a veces ni siquiera tolerable. Yo soy yo -lo que va quedando- y mis circunstancias, y he de salvar mis circunstancias para salvarme yo. Reza, pero el tema es: cómo salvo mis circunstancias que me vienen de fuera, es la realidad. Querido, siempre he dudado últimamente -por tu salud y serenidad- hablar claro de la infraestructura, que al fin y al cabo es el pan nuestro de cada día, para no violentar tu sensibilidad exquisita, pero al final me he atrevido hoy porque tú me has dicho que no tenga miedo acercarme a Dios y tú me acercas a Él.

         Él ya sabe todo. Yo ni se lo cuento, ya sólo le digo que se haga en mí su voluntad porque me siento agotada hasta para pensar. De verdad que estoy muy arrepentida por mis faltas de amor (que sintetiza todo) y procuro de ahora en adelante sumergirme y emerger en el descubrimiento y dejar ese margen más amplio de mi vida los problemas de supervivencia, lo más elemental y primario como es una vida mínimamente digna, que con los tiempos que corren, pueden observarse sí desde otra perspectiva, pero no dejan de estar ahí. Esto es el dolor y la impotencia y una lucha en ocasiones inútil y a ciegas. Querido, en este valle de lágrimas, somos nada, pero ésa nada es mucho dolor y dentro de él, la vida, la belleza de la vida es como una película. Quiero creer que todo irá a mejor, tener fe, paciencia, caridad, ya te lo dije. Recibe mi más efusivo abrazo por leerme. Mi amor siempre. Y mi pensamiento constante. Besos. Tuya, Olga”.

         -  Olga, corazón. Como respuesta inmediata a tu confesión de angustia vital se me ocurre lo siguiente que podíamos resumir en esta consigna: Ama y no tengas miedo. Tú has descubierto ya la importancia del amor, que es mucho. Ahora sería cuestión de que, en lugar de dar vueltas a las circunstancias, aquello negativo que ha acaecido o acaece en torno a tu persona, encuentres la forma de materializar ese amor descubierto buscando la forma de sentirte útil a los demás. Ama a Dios y no le tengas miedo. El amor y el miedo son incompatibles como el agua y el fuego. Antes o después, o se evapora y desaparece el agua o se extingue el fuego. Ya has descubierto el amor como dimensión esencial de la vida humana. Intenta ahora, en el segundo tramo de tu vida, implicarte en obras y acciones que te lleven a sentirte útil haciendo obras humanitarias por amor. Hay instituciones sociales en las que esa posibilidad la tienes siempre abierta y no cuesta mucho encontrarlas. El amor a Dios pasa por el amor al hombre y viceversa. Pienso que si entras en esa dinámica tu angustia vital puede encontrar gran consuelo. Ama y no tengas miedo. Lo demás vendrá por añadidura. Olga, tesoro, dadas mis circunstancias personales, yo sólo puedo decirte que te quiero con toda mi alma y deseo que Dios te ilumine por los senderos del amor. Besos y cariños.

         - “Ama y no temas. Gracias Niceto. Todo mi corazón contigo. Eres alivio y me reconfortas. Te agradezco tu amor y tus reflexiones en torno a mí, teniendo en cuenta tu estado de salud terrenal. Lo que me dices, desde las instancias del corazón, lo interiorizo sinceramente. Ahora mismo estoy con antidepresivos tratándome la boca. Peso 35 Kg, y no estoy en disposición social pero sí personal y en mi entorno. Estoy obligada, Niceto, a buscar trabajo, no tengo ingresos y sí gastos. No pago alquiler ni comida, pero no puedo ser una carga para Oliver que literalmente no puede ayudarme más y que me paga también la Seguridad Social. Llevo cuatro inviernos en Viena y salvo alguna clase privada de spanisch, no he conseguido más trabajo. Ya vamos para el 5 invierno y estoy desnuda frente al frio y no tengo expectativas por causa del idioma y la edad. Amigo del alma y dulce consuelo.

         Mis problemas son muy básicos. Amo, pero la vida que tengo me asusta y lo que está por venir no parece alentador. No es que tenga miedo, a veces es puro pánico. Amar y no tener miedo es magnífico, pero la realidad, Niceto, me llena de lágrimas. Sólo sé que Dios las cuenta. Estoy muy cansada y no sé cómo salir adelante. Tengo que traer a Dios a mi realidad y cada día soy consciente de ello lo cual me reconforta. No obstante, las circunstancias son adversas y no sé cómo hallar soluciones. Regresar a B no es solución y sería una carga para mi madre. Amigo mío del alma, gracias por la foto. Queda poco de aquella Olga. La esencia permanece, pero el viento se llevó lo demás. No me estanco en el pasado, sino que cuando me viene a la memoria procuro aprender de mis errores. Quiero mirar adelante -siempre te digo lo mismo- con fe, esperanza y caridad.

         Hablo contigo más cercano -humanamente- que con Dios y sé que cuando me lees Él te escucha y cuando escribo te describo mi desnudez ante el mundo. Dios me ama, Cristo murió por mí, pero mientras tanto tengo que vivir aquí con muchas dificultades. Así es la vida. Mi dolor ha sido descubrir que tal vez porque yo no traté bien a la vida ésta tampoco a mí y Dios me redime, lo sé. Gracias, porque, como comentó ésa bella mujer que habla de ti, "cuando hablo contigo es como si hablara con Jesucristo", en definitiva, con Dios. De verdad, y sin buscarla, siento desde lo más profundo de mi ser que soy como una pluma ligera que intenta refugiarse de lo duro de este mundo en la cuna suave y tierna del amor y en la esperanza de que Dios baja a esta tierra a estar conmigo y busco un poco de fuerza y alivio para salir adelante, aunque yo no sepa cómo. Estoy muy agradecida a Dios por tenerte conmigo tan cerca de suerte que la distancia física entre nosotros es accidental.

         Amigo, sé que estás conmigo y que le pides a Dios que me ilumine pues lo necesito mucho. En cualquier caso, que Dios me pilla confesada. ¿Ves? Sólo el dirigirme a ti me hace sentir mejor. Gracias, Niceto, amigo mío del alma. Gracias, no hallo palabras de agradecimiento. Cómo tú dices, Dios te lo pagará con creces. Gracias desde lo más inimaginable. Cuídate y no te apures conmigo, tu salud es importante y sólo con que me leas es ya todo un privilegio. Tú conoces este mundo y llamas al pan, pan y al vino, vino. Por ello me cuesta menos andarme con eufemismos. De todas formas, joven amigo, siempre joven, Dios se me hace ver por tenerte a ti. Te lo digo como lo siento palpitar en mí. Cuídate, mereces paz, serenidad y felicidad y quiero decirte que sólo tengo amor para ti y te siento tan humano como cercano. Besos amigo. Millones, cosmológicos y próximos. Gracias por tu pronta respuesta, insisto, pero no te apures y sigue tu ritmo, con que me leas basta. Te amo. Olga”.

         - “Amigo del alma, queridísimo. Sólo unas líneas para enviarte todo mi buen amor y mis amorosos deseos de bienestar y felicidad. Permanecemos contactados supraestructuralmente. Besitos. Olga”.

         - “Olga, amor. He tardado en contestar a tu último y cariñoso mensaje en el que me cuentas a corazón abierto tus penas existenciales. Me dejas anonadado cuando me dices que mis mails te consuelan y acercan al Dios que es la fuente del amor y consuelo en las penas de este mundo. En el atardecer de mi vida tus palabras son para mí también fuente de felicidad y consuelo. Puedes decir con fundamento que con tus amorosas palabras has contribuido a la felicidad de un hombre en este mundo, que soy yo. Gracias, reina. Ya he agotado mi vocabulario, el cual se reduce a dos palabras: gracias y amor. Me ocurre esto contigo y con todo el mundo que me conoce o me sigue de cerca. Estas dos palabras me salen de forma espontánea y natural como si no hubiera otras en mi pobre diccionario al uso. A propósito de tu decisión radical de no volver al lado de tu madre para no ser una carga para ella, pienso que nunca hay que poner puertas al campo. Pudiera suceder también que, después de la muerte de tu padre, ella se sintiera mejor con tu compañía. Como me faltan palabras para decirte que estás en mi corazón, aunque no en la misma medida grandiosa que tú me llevas en el tuyo, te adjunto unas imágenes y flores mensajeras. Ánimo. Te quiero.

         - “Gracias amigo mío del alma por tus benditas y consoladoras palabras. No te preocupes en absoluto por tus respuestas. Para mí -te dije en otra ocasión- el solo hecho de que me leas y escuches es ya una inmensa alegría y felicidad. Tú estás muy cerca de Dios y con tu amor a mí me acercas a Él. Niceto querido, mi vida me resulta muy difícil y el hecho de pensar que tengo un tramo por delante me entristece pues no hallo cómo salir adelante. En cuanto a regresar a Burgos: mi hermano y Blanca viven en casa y trabajan eventualmente. Yo no tengo ingresos y mi madre cobra una pequeña pensión. El tema es la falta de trabajo y de expectativas. También me preocupa volver desnuda y rota después de rotundos fracasos, sin ser nada cuando tanto se esforzaron mis padres para darme una vida mejor.

         He decepcionado todas sus esperanzas. Por otro lado, estoy tranquila pues mis tres hermanos cuidan muy bien a mi madre y mi padre me dijo en su momento que le cuidaban muy bien también a él. Obviamente no pongo puertas al campo, no estoy en situación de poner ninguna puerta a nada ni a nadie. Amigo queridísimo, no sé cómo salvar mis circunstancias. Todo mi amor para ti. Gracias amor, también mis palabras se sintetizan siempre -aunque hay una inmensidad de bellos matices- en amor y gracias. Es un gran honor para mí que quieras estar en mi pobre alma. Tuya, Olga”.         

         - “Amigo mío, en este momento sólo quiero desearte lo mejor de lo mejor y enviarte, ahora así con pocas palabras, todo mi inmenso amor y mis inmensos buenos deseos”.

         - Olga, bonita. Hace tiempo que no te escribo mientras tú no cesas de enviarme mensajes de agradecimiento sin yo merecerlo. Con frecuencia me acuerdo de ti con tus penas y sufrimiento moral. ¡Cómo me gustaría poderte ayudar a salir de esa situación que describes! En cualquier caso, si para ti es un honor que yo te quiera y acepte que me lleves en tu alma, para mí es una felicidad estar dentro de ella. Aunque la describes como "pobre alma", yo, en cambio, tengo la impresión de que tu alma es hermosa y grande. Por ello, si mi amor de viejo amigo sirve para aliviar o atenuar tus penas, por esa parte puedes estar tranquila de que mientras yo viva no te faltará. Además del corazón biológico, que sólo sirve para bombear la sangre e irrigar el cuerpo humano, tengo otro corazón para amar y en ese es donde yo te tengo a ti. Lo demás, Dios dirá. El librito "Al atardecer de la vida" está en marcha de edición y aparecerá antes de Navidad. Tan pronto aparezca haré que te llegue lo antes posible.   Como de costumbre, a falta de palabras te adjunto una bella imagen mensajera por aquello de que vale más una imagen que mil palabras. Te quiere tu amigo del alma.         

         - “Querido Niceto, mi gran alivio y consuelo. Te envío ahora muchísimos besos y pronto te escribo más ampliamente. Tienes siempre todo mi amor y mi cariño. Besos y hasta pronto. Tuya, Olga”.

         - Olga, corazón. El tiempo va pasando sobre mí como una brisa ligera, pero con la persuasión de que lo que el viento se lleva será dejado ante la presencia de Dios, fuente del ser, de la vida y del amor. Durante esta espera tú me acompañas con tu amor y tu cariño. Gracias sin fin por tu generosidad conmigo. Dios te lo recompensará como mereces. No hay lágrima humana derramada con amor que no tenga la respuesta adecuada por parte del que ES la fuente misma del amor. Ahora te cuento que la editorial BAC ha decidido publicar un original mío con el título Filosofía de S. Agustín. Me han comunicado que el lunes próximo estarán las primeras galeradas listas para su revisión. Yo pensaba que este libro iba a ser póstumo, pero, si en un mes no se deteriora mi estado de salud, a lo mejor tengo la satisfacción de verlo publicado en una editorial tan prestigiosa, convencido de que puede ser útil para quien lo lea. ¡Y tú cómo estás, reina preciosa! En mi situación lo único que puedo hacer por ti es pedir a Dios por mediación de Jesucristo que se haga sentir en tu corazón en los momentos tristes de tu vida como una ola de amor salvadora en medio las tempestades del océano de esta vida terrenal sometida a las leyes implacables del tiempo, del espacio y de la corporeidad. Besos y cariños. Te quiero como el amigo de tu alma, como tú misma me consideras. Te adjunto unas rosas mensajeras para que te digan con su belleza y su perfume lo que yo no alcanzo a decirte con palabras.

         - “Queridísimo Niceto, gracias con todo mi ser por tus palabras tan consoladoras como necesarias. ¡Y tan bellas! ¡Gracias! No me des tú las gracias ya que eres para mí en estos momentos mi mayor fuente de consuelo, sabiduría y acercamiento a lo espiritual, a la búsqueda de un sentido y sobre todo una apertura a la esperanza cuando me encuentro desnuda ante las circunstancias de la vida en todos los sentidos. Existe una belleza sin parangón cuando sé y siento que al hablar contigo el Altísimo me oye mejor. Amigo del alma, del total del amor, debe ser dulce la espera de todo lo que ha sido una entregada y amorosa vida dedicada al bien supremo que te hará llegar a él cuando sea el momento. Debe ser bella la paz interior y la felicidad que proporciona el trabajo bien hecho. Eres un trabajador imparable y tus obras, desde luego, son testimonio vivo y reflexivo de "utilidad" para aquellos que se acercan a ti, no lo dudes. De hecho, tu Cátedra ha sido para mí fuente de paz y un filtro de visión amorosa ante la vida. Querido, comencé a escribirte en la mañana y se me ha borrado casi todo. Ahora te envío besos y estamos en contacto. Tuya siempre, Olga”.

         - “Sobre todo, imparable trabajador, amigo mío del alma, dulce y amoroso consuelo como una ola salvadora. Sólo unas breves palabritas, querido Niceto, para enviarte mi amor y congratulaciones por tus útiles y necesarios trabajos. Recibe mi amor. Tuya, Olga. PS: te quiero siempre”.

         - Olga, reina preciosa. Son las 22 horas, pero no quiero retirarme a descansar sin darte las buenas noches. Mañana espero terminar de revisar las primeras pruebas del libro que la editorial BAC tiene interés en publicar antes de fin de año. Lo he titulado Filosofía de S. Agustín. Esto me hace recordar mis tiempos jóvenes cuando yo investigaba ansiosamente sobre los asuntos más importantes de la vida humana. Es un texto que se publicó en 1984 y que ahora lo he revisado y notablemente mejorado para que aparezca en esta prestigiosa editorial. En principio, su publicación estaba programada para el 2013 y, debido a mis últimas crisis de salud, yo lo daba por póstumo. Pero la editorial, no sé por qué, ha decidido adelantar su publicación. De tus últimos mensajes, aparte de sentirme muy feliz con el amor que tan magnánimamente me profesas, te diré que cuando me dices que hablando conmigo te sientes más cerca del Altísimo, esto me deja felizmente anonadado y sin palabras. Lo único que se me ocurre decirte en este momento es que desde lo más hondo de mi corazón pido a Dios que te inunde con su amor y sientas la dulzura de quererle por encima de todas las cosas. Cada día estoy más convencido de que el amor a Dios como fuente primera del ser y de la vida es la mejor inversión que podemos hacer los mortales. Olga, corazón, te adjunto un beso de buenas noches.

         - “Querido Niceto, dulce compañía. Gracias por tu e-mail. Me congratulo muchísimo por la publicación de esos tesoros de libros que serán transcendentes. Estoy convencida de que serán de mucha utilidad e interés. Recuerdo que, de los primeros escritos tuyos, que generosamente me regalaste, figuran textos sobre S. Agustín y santo Tomás y últimamente me he deleitado, he aprendido y mucho consolado con tu Cátedra y Filosofía de la vida. Es para mí un honor y un placer leer tus textos: con contenido, claros, precisos y con mensaje. Los adoro. Gracias por tus postales. Precisamente hace poco leí otra vez la historia de Abelardo y Eloísa en tu blog. Desde mi corazón te envío siempre mensajes positivos acerca de tu salud y pienso a la vez en lo dulce que debe ser esperar lo transcendente cuando se ha tenido una vida dedicada por completo al ser que nos llama. Debe ser muy dulce y te imagino trabajando a tu ritmo y preparando tu ser para lo máximo que está por llegar. Egoístamente espero que sea muy tarde ya que privarme de ti sería altamente sin palabras. De hecho, pensé que si iba en Navidades a Burgos te iría a visitar. Pero creo que no vamos a ir y no por falta de ganas.  Gracias también por contactar conmigo a las 22.00 horas que aquí es muy tarde. NO DEJES DE DESCANSAR ¡BITTE! Debes cuidarte al máximo. Sé que estás activo y es buenísimo. Pero intercala muchas pausas y momentos gratos, ¡BITTE!  Yo, como cuando hablo contigo hablo también con el Altísimo, necesito tiempo y espacio para comunicarme con Él con un mínimo de concentración y deseo profundamente, lo necesito, que "me inunde con su amor" para poder sentir la parte, sino dulce, menos ingrata del principio de realidad.

         En estos días llegué a tener la sensación física, corpórea, de estar al límite, de no poder más ni conmigo misma. Hoy 4 días después francamente, no sé cómo me siento. Reflexiono y procuro rezar todas las noches y quiero sentir que fluya comunicación, que al menos en las alturas me miren y quisiera tener esa fe que mueve montañas y me ayude a mover en positivo mis circunstancias. Quiero confiar para poder continuar. El amor del Creador es inmenso, así como su imaginación y sus deseos y ya no sé qué decir al que todo lo sabe y ve. Sólo me queda ponerme a su disposición. Disponerme al amor, llenarme y dar, dar y llenarme. Amigo mío del alma y sabio de mi corazón, ahora me siento más cerquita del Altísimo, perfumada y un poco más amorosa y así me voy despidiendo del día con tu e-mail. Gracias por tu gran significado para mí.  Es increíble pero tu amistad es para mí fuente de felicidad. Te quiero mucho y te escribo pronto. Buenas noches, querido amigo del alma, dulce consuelo y compañía, ángel de superior sabiduría y conexión con el amor. Besos y un fuerte abrazo. Tuya, Olga”.

         - “Querido Niceto, deseo que estés estupendamente. Te imagino trabajando, dando los últimos toques a tus obras, sobre todo en paz y tranquilidad en la dulzura del reposo del batallador, con una vida reposada junto con tus hermanos. Algo un poco idílico, ¿por qué no? Tienes bien merecido el oasis, la felicidad, la dulzura y todo aquello que nos hace la vida más grata. Sé que estás bien y deseo con toda mi alma que tu salud te deje tranquilo para disfrutar del día a día en el oasis del amor, que, como tú dices, es nuestra mejor inversión.

         No sé por qué, después de haber alcanzado anímicamente algo de mejoría física y psíquica, estos últimos días han sido de sensaciones dolorosas. Me he sentido literalmente abandonada de la mano de Dios. Sé que en su magnanimidad me ha perdonado y me acoge en su seno, pero no sé por qué, aunque mi razón confía enormemente en ello, no lo siento. Tú me dijiste: ama y no temas. Desde mi lugar, entorno y mis circunstancias procuro ejercitar el amor, pero me da miedo la vida, continuar. ¿A dónde?  Y, sobre todo -tal vez mi mayor drama- la no visión de futuro, el no saber cuál es mi lugar en el mundo y la falta de expectativas me paralizan y me dejan helada. Me siento totalmente desprotegida en el presente y ante el futuro.

     Si bien el vacío total de mis circunstancias, permiten que me llene y procuro hacerlo de amor, la realidad de la vida se me presenta muy triste. Mi vida es reducida a mi habitáculo y aunque empleo bastante tiempo en la búsqueda de trabajo, no hallo nada. Hasta para limpiar piden muchísimo alemán y no sé realmente a qué me puedo dedicar. Cuanto he intentado ha sido infructuoso. También siento que mi vida lo ha sido. Estoy en la más absoluta desesperanza. Deseo tener por encima de todo, fe, esperanza y caridad. Alguna vez fugazmente lo he sentido, pero se va y no viene. Y mira que procuro atraerlo y retenerlo.

         Realmente desde la muerte de mi padre hay un antes y un después. Me tambaleó por completo y me hizo descubrir todos y cada uno de mis pecados. Él me perdonó y era el único que insistía para que fuera a casa, así sé que es Dios que me invita a que acuda a Él porque creo, amigo mío del alma, que el dolor y el sufrimiento máximos lavan nuestros pecados si nos arrepentimos sinceramente. Sé que debo continuar que la rendición no existe en la praxis, pero ¿hacia dónde? La verdad es que durante este año no he levantado cabeza y por algún momento creí que sí pero el estar inmersa en la vida sin aliciente alguno me llena de intranquilidad y cierto nerviosismo. Estoy segurísima de que eres mi vehículo más rápido para conectar con Dios, tú que eres una persona amorosa, buena, bondadosa y muy generosa creo fervientemente que intensificas la mirada de Dios hacia mí. Y necesito mucho su mirada. Cuando hablo contigo hablo con Él y siempre espero la ola de amor salvadora que necesito aquí y ahora. Tú escribiste que pedir milagros es rebajar a Dios. Lo sé y lo entiendo, pero no obstante eso no evita que cuando estamos al límite no los necesitemos de una u otra manera. Especialmente cuando estamos desamparados, desnudos ante la vida en todos los sentidos. Niceto mío del alma y del corazón. Te me representas como alivio y consuelo y sé que desde las instancias de tu noble y grandioso corazón me envías cariño y amor y pides a Dios que me ilumine. Gracias con todo mi ser.

         Mi madre me dijo que "me pusiera las pilas" y trabaje, aunque sea limpiando y trabajar es lo que me corresponde, pero no hallo nada de nada. Eso salvaría un poco mis circunstancias. Tiene razón, el tema real es otro y muy descorazonador. En cuanto a mi personalidad procuro ajustarla y actuar conforme he aprendido poniendo y dando más amor en mis reducidas, pero noto que avanzo, no noto que nada cambie o vaya a cambiar, aunque siempre espero y deseo esperar que algo bueno suceda. Lo bueno y maravilloso que tengo es mi familia, tú, mi amigo del alma, y Oliver que siendo un hombre muy primario tiene un gran corazón y en lo poco que puede me ayuda. Doy gracias a Dios, pero la vida es personal e intransferible, así como los propios problemas y la solución de los mismos, sobre todo porque la respuesta no puede venir de fuera. También he buscado respuestas dentro de mí, cambios de actitud. Han sido meses con tiempo para poder hacerlo hasta llegar a un punto límite totalmente corporeizado.

         - Queridísimo Niceto, no tengo palabras para agradecerte tus atenciones para conmigo, pero, como tú dices, yo también te digo que Dios te lo reconocerá y en su magnanimidad te recompensará con creces en esta vida y en la otra. También quiero que veas que me levanto de esta situación y que mi vida gira positivamente y con sentido en mis circunstancias más favorables. A mi padre, en el recordatorio de su fallecimiento le escribí: "verás desde el cielo lo que no has visto en la tierra", pero hay días que no me atrevo ni a mirar su foto, convencida de que si me fallo a mí misma también a él. Y es que hay días que "mejor no amanecieran" y otros que amanecen y pasan con pena y sin gloria. Mi amigo, no sabía cuando comencé a escribirte hacia dónde irían mis palabras. Sencillamente han fluido así y sé que no hieren tu sensibilidad porque me miras amoroso y con sabiduría a manos llenas, que pacientemente me escuchas desde tu Ministerio de comprensión del lado menos claro de la debilidad humana y de tu amor infinitamente sincero hacia un ser que soy yo, desnuda totalmente y sin ningún revestimiento de mi alma para contigo. El poderme así dirigir a ti me da una paz y un consuelo en la encrespada cuesta de mis días.

    Deseo decirte que te quiero muchísimo y contar contigo con tu presencia ausente pero vivísima, me acerca siempre a Dios, así como tu ejemplo ante la vida y para con los demás. Decirte que todo mi amor está presente cuando me dirijo a ti, como quiero que mi amor esté presente cuando me dirijo a Dios, aunque no sepa qué contarle que Él no sepa, salvo ponerme a su disposición, aunque me parezca que Dios no dispone nada salvo rodar ante las mismas circunstancias. Gracias, queridísimo. ¡Gracias y gracias! Te doy todo mi amor y cariño; quiero hacerte llegar siempre mis mejores pensamientos y sensaciones. Gracias por tu lectura paciente de mis mensajes porque así me siento confesada y más redimida por Dios. Más besos. Tuya, Olga”.

         - “Amigo sin palabras, te envío mi amor y buenísimos deseos para que tu salud mejore cada día. Cuando pienso en ti te envío con soplos de mi pequeño aliento vendavales de amorosos deseos para que te encuentres siempre bien. Un fuerte abrazo, Olga”.

         - Olga, reina. Esta tarde me he recreado interpretando discretamente una pieza clásica en el buenísimo órgano de la Iglesia cuya adquisición propicié yo mismo hace algunos años. De vuelta a mi habitación he abierto el correo y me he encontrado contigo. Lo cual significa una satisfacción más añadida. Ha sido pues una tarde de sábado dulcificada con música y tu amor. ¡Qué maravilla! Dicho lo cual se me ocurren las siguientes reflexiones relacionadas con tu mensaje anterior. 1) Todo lo que me has dicho sobre el descubrimiento del amor del bueno, como tú lo llamas certeramente, no habría sido posible sin la asistencia misteriosa de Dios en medio de tus penas y sufrimientos. Es un paso de gigante el que has dado en este terreno desde que tuve la dicha de conocerte cuando eras una muñeca adorable. 2) En los momentos en los que tengas la impresión de encontrarte en la más absoluta soledad frente a la vida acuérdate de Jesucristo. De acuerdo con el curso de los acontecimientos parecía haber sido abandonado al fracaso hasta por el mismo Dios, su Padre.

         Sin embargo, Dios estaba siempre misteriosamente con Él y le dio la respuesta adecuada resucitándole de entre los muertos para abrirnos las puertas de la esperanza a una dimensión nueva y fascinante de la existencia humana fuera del tiempo, del espacio y de las leyes de la corporeidad. 3) Esta obra hasta entonces desconocida se llevó a cabo reciclando en el amor toda la basura humana del desamor, las injusticias y la falta de respeto a la vida. 4) S. Agustín, cuya filosofía he estudiado y sobre la cual aparecerá un libro mío antes de Navidad, pasó también por esa etapa angustiosa de búsqueda del sentido de la vida padeciendo los efectos psicológicos de la soledad ante el peligro. Después de mucho buscar al Dios real y verdadero por todas partes sin encontrarlo, cuando lo encontró se quedó admirado de cómo Dios había estado siempre a su lado y exclamó con gozo inenarrable: Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que, por fin, descanse en TI. Olga, yo estoy convencido de que, a pesar de tu situación de falta de independencia económica y a pesar de tus penas, la profesión de amor que estás haciendo no quedará sin respuesta por parte de Dios. Lo que ocurre es que Dios tiene un lenguaje distinto del nuestro y sus formas misteriosas propias de hacerse presente. La forma más palpable de hacerse presente es como CONSUELO y fuerza moral para no sucumbir en medio de las tribulaciones.

          En el discurso de las Bienaventuranzas dejó bien claro que, por encima del sufrimiento, de las injusticias y calamidades de esta vida está Él, el cual ha vencido al mayor de los males, la muerte. Pero todo esto fue una maniobra misteriosa de amor y de ahí que, lo único que nos dejó como ley fundamental fue que nos amáramos los unos a los otros como Él nos amó. A saber, con amor personal y no con otras formas de amar engañosas y culturalmente dominantes. Olga, tengo la impresión de que tú estás ya en esta autopista del amor del bueno y que llegarás felizmente a tu destino final. Reina preciosa, te quiero.

         - “Niceto, dulce consuelo y esperanza. Sólo unas palabras ahora con todo mi amor, como siempre, para enviarte mis más "divinos" deseos en pro de tu salud.  No he dejado de leer tu último e-mail, gracias inexpresables. Te quiero mucho y te escribiré en otro momento con más tranquilidad. Te quiero siempre y te pienso con amor. Cuídate. Sé que lo haces. Pero quiero que más. Besos. Olga”.

         - “Queridísimo Niceto, todas y cada una de tus palabras son una delicia y todo un compendio de sabiduría y muchísimo amor personal. Tu último e-mail es de una clarividencia total. Gracias desde mi alma por tu cariño de amor personal. Caminando contigo en estos últimos tiempos he descubierto muchísimas cosas con el Altísimo. Tan alto y con otro lenguaje. Me hace muy feliz encontrarte tan activo, pero con pausa y dedicándote a hacer de tus días una obra de arte. Me encanta de ti tu amor por la vida y los placeres de los buenos: música, lectura... Eres todo un creador y siempre con tiempo para tus próximos y prójimos todo/s. Cómo me encanta sentirte bien en tu reposo del guerrero, "tregua en el duro trabajo, descanso de nuestro esfuerzo". Sabes y has sabido vivir bien, cultivar las virtudes y nuestros dones hacen al hombre feliz y le dan paz. Te envío siempre en mis pensamientos mis elevados deseos para tu gozo y felicidad y para que todos tus días sean deliciosos en tu precioso marco, remanso de paz y sabiduría. Tenerte presente me hace sentir bien, me da paz y consuelo. Gracias, ¡amigo del alma! por tu dulce compañía. Te mando mis besos incontables para tu felicidad sin límites. Olga”.

         - “Queridísimo Niceto, sólo unas pequeñitas palabras para enviarte con todas las fuerzas de que dispongo todo mi amor y todos mis buenísimos deseos para tu merecido bienestar. Quiero decirte que reflexiono mucho sobre tus mensajes y que procuro incorporar a Dios en mi vida. Sé que, sin darme cuenta tal vez, preocupada en sin-sentidos, no lo he tenido presente en el pasado y ¡así me ha ido! Tú eres fuerza y alivio para mí y deseo enviarte, siempre lo hago, lo mejor de mi cariño y de mi altísimo afecto, en definitiva, todo mi amor personal del bueno para que te sientas muy bien. Sé que es así porque eres hombre bueno, amante de la vida y predispuesto a lo que Dios dispone. ¡Admiro tu paz! Amigo mío del alma, como yo siento tu amor personal, quiero que sientas tú mi cariño y mis impulsos de bienestar. Te deseo lo mejor, aun sabiendo que eres poseedor de ello en tu magna sabiduría y ejemplar comportamiento en la vida. Eres para mí todo un ejemplo de vida personal. Amigo Niceto, alma compartida, me quedo sin palabras para decirte siempre que mi razón-emoción están contigo y que Cristo que mira hacia lo alto traspasa mis buenos deseos para ti. Besos. Abrazos. Todo mi amor. Olga”.

         - Olga, reina. No quiero retirarme a descansar sin enviarte un mensaje entrañable de buenas noches después de recibir tus últimos mensajes impregnados de amor y admiración en lo cual se pone de manifiesto la grandeza de tu alma. Nunca he olvidado aquella tarde en que debutaba yo como inexperto total en la Facultad de Ciencias de la Información y al terminar la clase me seguiste los pasos hasta el despacho. ¿Qué encontraste tú en un novato como yo para que desde aquel primer encuentro académico inaugural me atribuyeras virtudes de las que yo tengo una opinión bastante modesta en razón de mis limitaciones personales de las que he sido siempre muy consciente hasta el día de hoy? Lo único de lo que me siento satisfecho es de haber querido a mis alumnos y alumnas por encima de todo.

         Me encantaría saber qué encontraste en mí tú para convertirme, como dices, en amigo de tu alma, consuelo y alivio en tus penas. Dicho lo cual me resulta profundamente grato decirte que Dios no dejará de recoger amorosamente tus sufrimientos para reciclarlos y transformarlos en perlas preciosas de salvación. Esta vida es muy breve pero la nueva dimensión de la existencia humana que Dios tiene reservada para los que aman con amor personal del bueno es tan hermosa y felizmente insondable, pero segura, que el propio S. Pablo se quedó sin palabras para describirla. En la resurrección de Cristo, en el episodio de la transfiguración en el Tabor y las formas de hacerse presente con nueva vida desde la mañana de la resurrección hasta la escena de la Ascensión, hay ya marcada una pista bastante elocuente de lo que será esa vida nueva fuera del tiempo, del espacio y de las leyes de la corporeidad. Pero todo ello, creo yo, está condicionado al amor por encima de las calamidades de esta vida. Mabel, tesoro, gracias una vez más por tu amor tan lindo y que descanses. Te quiero.

         - “Queridísimo Niceto, llevo varios días sin abrir el PC, pero si yo hubiera sabido de tu e-mail, lo hubiera abierto inmediatamente. Gracias con todo mi ser pues siempre eres para mí una ilusión y leerte fortifica mi esperanza. Aquel día en la Facultad -recuerdo- lo más impactante para mí fue cómo explicabas tan sencillamente las cosas y qué bien transmitías los conocimientos. ¡Tan inteligiblemente tan claro! Y las cuestiones filosóficas, los conceptos explicados por otros de palabra o en sus libros de manera compleja y artificiosa, tú lo transmitías claro, sencillo y muy asequible. Así has sido siempre en tu persona y en tus textos; tus mensajes son claros y lúcidos para todos. Lo que sí está muy claro es que es una delicia leerte y saborear tus palabras, que siempre están llenas de contenido. Lo escrito con amor se percibe. Y, sobre todo, de aquel entonces, creo que fue instintivo por mi parte seguirte porque desprendías humanidad y asequibilidad.

         Y lo que es más y lo mejor de todo: siempre desde entonces has estado presente en mi vida como un excelente amigo. Ojalá te hubiera pedido consejo en algunos momentos clave de mi vida. Admiro tu humanidad, amigo del alma, tu comprensión con las debilidades humanas (que al final son nuestras miserias humanas), tu empatía, tu sabiduría, tus conceptos claros, precisos, fruto de la reflexión y el estudio. Amigo mío, has trabajado tus dones y Dios está muy satisfecho de ti. Tu vida es muy útil y necesaria. No tengo palabras para expresarte lo que ahora eres para mí. Gracias a ti me acerco a Dios y cuando hablo contigo le hablo a Él. Dices que esta vida es muy breve. No sé, últimamente a mí me parece inacabable, larga. Miro la imagen de Cristo y pienso que Él sufrió más y por mí. Aun así, no puedo evitar en ocasiones sentirme como "dejada de la mano de Dios", aun sabiendo perfectamente que no es así. Quiero incorporarle a mi vida. No quiero, amigo querido, centrarme en mí, sino en tu bienestar, tus próximas publicaciones, tu vida apacible como toda una obra de arte con tu generosidad insondable hacia mi persona, tu amor sincero, tus pensamientos para mi alma... todo lo cual me bendice y le doy gracias a Dios por poderte contar como alguien mío, muy mío, y más que nada muy de Dios en mi vida.

         Como si Dios no quisiera que sucumbiese y te tengo a ti, que con tu amor me dices todo y con sabiduría me conduces al único camino. Siempre que te pienso mi alma siente paz y aprende, me reconfortas y siento vibrar benéficos impulsos por tu persona y tus mensajes. Gracias amigo del alma. ¡Qué pequeños pasos para seguirte a un despacho y qué larga andadura de sabiduría y amor! Dios me visita contigo. Besos. Abrazos. Amorosos buenos deseos. Te quiero siempre, Olga”.

         - “Niceto, como siempre, todo mi amor, mi ilimitado respeto y cariño, mis ilimitados deseos de bienestar y felicidad para ti, conquistada y merecida. Siento ahora un impulso enorme de comunicarme. Amigo mío del alma, que me quieres aún, inmerecidamente. ¿Cómo no quererte yo tanto? Hablar confidencialmente contigo se me presenta como mi acercamiento a hablar con el Hijo y el Padre. Gracias. Besos, mi amor, admiración y el más bueno del amor para ti. Te quiero. Si puedes, reza por mí pues lo necesito mucho. Ahora mismo la única manera de sentir a Dios cerca es contigo. Besos. Te quiero, amigo del alma. Siéntete bien y feliz. Las perlas de amor y salvación las necesito mucho ahora. Tengo suerte de que seas mi amigo. Gracias, Niceto, por tu impagable alivio, por tus dulcificantes y sabias palabras y tu esperanza ilimitada. Te quiero muchísimo. Tuya, Olga”.

         - Olga, reina. He leído tu último mensaje y me apresuro a decirte sin pérdida de tiempo lo que se me ha ocurrido espontáneamente al filo de la lectura. En primer lugar, pienso si habrá algún hombre hoy día que haya recibido palabras tan amorosas y hermosas de una mujer con las que tú me dedicas a mí. Sospecho que no serán muchos, si es que hay alguno. Me gustaría poder corresponderte, pero en todo el diccionario de la lengua española sólo encuentro dos palabras adecuadas para satisfacer mi deseo: GRACIAS por el tesoro de tu amistad, y AMOR por lo que eres. Dicho lo cual añado lo siguiente.

         Después de leer tu mensaje me retiré a descansar durante una media hora y terminé rezando, o lo que es igual, conversando con Dios en mis pensamientos. Obviamente en esa conversación íntima a solas con Dios saliste tú a relucir, como no podía ser de otra manera. Ya no recuerdo lo que le dije, pero lo importante es que le hablé de ti y de tus problemas, aunque Él no necesita informaciones de nadie. Pero hay más. Dos recuerdos tuyos me han llevado a hacer las siguientes reflexiones. Como ya te he dicho alguna vez, yo descubrí en ti desde el primer momento una vocación filosófica indiscutible y me ofrecí para ayudarte a cambiar de tercio si querías pasarte a la Facultad de Filosofía. Pero tú tenías planificada tu vida en Ciencias de la Información y no se habló más del tema. Este recuerdo ha evocado en mí la memoria de Edhit STEIN, que, como es sabido, fue judía de nacimiento, filósofa por vocación, alumna y colaboradora de Edmund HUSSERL en la cátedra de fenomenología, convertida al cristianismo, víctima del nazismo y santa elevada a los altares. Quiero resaltar lo siguiente. Ediht Stein buscó la verdad mediante la reflexión filosófica pero sólo cuando conoció un libro de Santa Teresa de Ávila, curioseando en la biblioteca privada de un filósofo amigo suyo cuando realizaba una visita a la viuda del mismo, su vida dio un giro de 90 grados al descubrir el camino del amor personal que lleva derechamente a Dios a través del seguimiento amoroso de Cristo.

         En otra ocasión me dijiste que aspirabas a ser una mujer famosa y que llevarías muy mal el descubrimiento de alguna arruga en tu rostro. Yo diría con más precisión, en tu bellísimo rostro. Esta anécdota me ha llevado a pensar también en otra mujer, que todavía vive, y que se llama Sister Dolores Hart. Dolores Hart fue la bellísima estrella de Hollywood que protagonizó el primer beso de una mujer a un hombre en el cine. Cuando se encontraba en plena euforia de su esplendor y éxitos artísticos y financieros echó todo por la borda y se hizo religiosa benedictina. Hoy es una ancianita amorosa y feliz que dirige un famoso monasterio de monjas en Estados Unidos y es miembro del Comité que otorga los óscares del cine. ¿Denominador común de estas dos mujeres? No otro que la búsqueda apasionada de la verdad y del amor mediante la reflexión filosófica, Edhit, y la belleza artística, Doli. El punto de encuentro fue Cristo como rostro visible de Dios, fuente del ser, de la vida y del amor. Esto es lo que se me ha ocurrido espontáneamente leyendo tu último amoroso mensaje. En otro momento buscaré algunas fotos de Edhit Stein y Dolores Hart y te las remito.

         - “Queridísimo Niceto, gracias sin límite por tu amor y tu amistad, fuente de gracia, consuelo y alivio en estos momentos tan críticos de mi existencia. Ayer tuve mucha angustia y miedo. Fue una especie de impotencia ilimitada y un sentir una percepción clarísima de estar al límite físico, psíquico, de falta de esperanza y de todo. ¡Terrible experiencia que es la segunda vez que me ocurre en los últimos tiempos y de las primeras veces en mi vida! Después he reflexionado y he pensado que puede ser el peso de mis cargas, de mis faltas graves de amor al ser y a la vida. Después sentí impulso fuertísimo de comunicarme contigo o con Dios o con Cristo, a una esperanza; tal vez a la fe que a mí me falta, aunque tanto necesito. Es todo un privilegio de gracia divina poderme abrir a ti que tan bien comprendes lo humano y sobre todo sentirme por ti querida hace que me valore más a mí misma cuando soy muy consciente de todos y cada uno de mis pecados, que, sin la más mínima mácula de duda, se pagan con dolor, sufrimiento y tormento e inactivan para moverse uno y poder salir adelante. Gracias, Niceto, por hablar al Altísimo de mí, Él lo sabe todo, pero yo -egoísta- sé que si un alma bella como la tuya me nombra Él escucha mejor y me mira más complaciente. Hoy mi primer pensamiento del día ha sido abrir el PC para encontrarte. Gracias, Niceto, como tú dices, AMOR y GRACIAS a ti con todo mi ser. Poco, pero sobre todo con todo aquello que nos hace grandes.

         Respecto a tus reflexiones quiero decirte de alma a alma que comparten amor. Jamás ha habido ningún hombre al que yo tuviera tanto amor personal como a ti. Yo no sabía amar sino sólo con emociones más o menos certeras y con más o menos cualificaciones respecto al amor verdadero. Sólo al que fue mi esposo (un alma bella al que no supe amar) le dije: "te amo". Se lo merecía mucho y lo sigo queriendo. Él ha roto definitivamente conmigo y no quiere ni nombrarme. Tú me has enseñado lo que es el amor, del que tengo que aprender y practicar día a día y a cada momento. Ahora mismo, querido Niceto, eres el ser más próximo y más cercano a mí, y todo se queda pequeño cuando consideramos otros parámetros a los dados, lo cual contigo es posible. Deseo comentar más detalladamente tu e-mail porque tus e–mails son para mí una auténtica comunicación abierta con el amor de Dios, que en mí aparece con sólo pensarte. He estado leyendo las biografías de estas mujeres impresionantes que me has citado y me despido de momento pues ya he dejado de estar sola y necesito paz y silencio para estar contigo. Como dijo Edith Stein: "Salve oh cruz, mi única esperanza". Besos, mucho amor y todos mis buenos sentimientos para ti. Sigo contigo en mis pensamientos lo cual es muy bueno para mi alma. Te quiero de verdad. Olga”.

         - Olga, mi amor. Estaba en deuda contigo y quiero saldarla ahora mismo sin pérdida de tiempo.  En relación con tu último mensaje se me ocurren estas reflexiones. La mejor medicina contra el miedo es el amor personal a Dios que terminas de descubrir. El miedo y el amor son como el agua y el fuego: o se impone el fuego y se evapora el agua, o se impone el agua y se extingue el fuego. No pueden cohabitar juntos en igualdad de circunstancias. De modo parecido podemos decir que en el amor a Dios no queda margen psicológico para el miedo. Otra cosa es el sufrimiento, que no es incompatible con el amor. De hecho, Cristo, por ejemplo, cargó sobre sus espaldas el contenedor de toda la basura humana del desamor de todos los tiempos y por ello sufrió mucho. Pero en ningún momento tuvo la debilidad de tirar la toalla ni miedo a nada ni a nadie. Aparentemente Dios se había olvidado de Él, pero realmente no fue así. Estaba dentro de Él ayudándole silenciosamente a reciclar nuestra basura humana mediante el amor.

         La respuesta final de Dios Padre a las súplicas de Cristo sufriente fue resucitarle de entre los muertos para abrirnos a todos los seres humanos a la esperanza en otra vida de infinita mayor calidad que la de aquella terrenal y temporal que dejamos atrás. Todo ello fue una obra maestra de amor. De momento dejémoslo ahí ya que sería muy largo desglosar el significado profundo y esperanzador de estos hechos protagonizados por Cristo en clave de amor. Cuando me hablas de tu angustia existencial recuerdo aquella época en que estaba de moda la filosofía existencialista más irracional y extremada y que a ti te pegó fuerte sin darte cuenta de ello.

         Otro punto muy interesante de tu mensaje es la alusión explícita que haces a tu ex-marido. Me consuela enormemente que no te arrepientas de haberle querido y seguirle queriendo, aunque él no quiera saber ahora nada de ti. De amar es de lo único de lo que no hay que arrepentirse ni retractarse jamás. Sobre todo, cuando se ha llegado, como tú, al descubrimiento del amor personal. Lo importante en estas circunstancias es que en el corazón no queden las malas hierbas del rencor y el desprecio personal. Los corazones emponzoñados y rencorosos no son aptos para amar a las personas y sin amor lo tenemos todo perdido. Mucho me alegra que en tu precioso corazón no puedan ya echar raíces esas malas hierbas que envenenan la existencia.

         - “Queridísimo Niceto, gracias por tu fotografía. Te encuentro estupendo como no podría ser de otra manera, dada la fortaleza de tu alma grande y tu buenísima naturaleza. (¡Tu padre llegó a los 100!). Gracias de todo corazón por tu presencia en mi vida, por el milagro sin denominación con las limitaciones del lenguaje de este mundo, que representas y significas. Tu obra de amor y sabiduría conmigo es infinita y me siento honrada por tu cariño impagable. He pensado que Dios hace las cosas por algo. Y estás presente conmigo en esta actual andadura que tú dulcificas y alivias. Gracias desde lo más profundo porque tú tocas a Dios y me lo transmites.

         Querido amigo, cuando me dedicas tu tiempo y espacio no tienes por qué disculparte de ninguna deuda conmigo. Tu generosidad es ilimitada conmigo y dedicarme tiempo y espacio, y más allá de nuestra comunicación, cuando me piensas con Dios, es para mí toda una gracia desde arriba y eso ya me eleva de categoría personal. Niceto, no es que te diga palabras bellas, es una realidad: por el sólo hecho de pensar en ti siento que de algún modo me purifica. Quería enviarte mis fuertes ráfagas de buenísimos deseos y decirte que te hablo en silencio y esto me hace sentir que el Altísimo me mira. Gracias, Niceto, por estar aquí conmigo, por tu dedicación impagable. Dios está contigo y tú conmigo lo cual es para mí todo un privilegio. Besos. Mabel”.

         - “Queridísimo Niceto, gracias por estar conmigo. En este tramo de mi vida es todo un honor y privilegio tu amor personal, y tú. No hallo palabras. Con tu amistad, que es más que un regalo de Dios, teniéndote y a mi madre, sería injusto pensar que Dios no me mira o se olvida de mí. Te quiero muchísimo y me duele no haberte "disfrutado" más en tanto tiempo y en las circunstancias acaecidas desde que nos conocemos. ¡Tú siempre has estado! He sido yo la ausente. ¡Lo que me he perdido!: algo grande, muy grande, excelencias supremas. Niceto, esto es mi gratitud sin palabras, como tú dices. Quiero enviarte ahora todo mi amor y mis más bellos deseos para la belleza de tus días. Besos inmensos e indescriptibles. Te envío todo mi amor y te escribo pronto. Un fuertísimo abrazo”.

         - Olga, amor. Gracias por tu mensaje tan lindo y entrañable. Aprovecho la ocasión para compartir contigo la satisfacción que he tenido hoy de ver publicado un texto mío sobre la filosofía de S. Agustín por la prestigiosa editorial BAC. En realidad, yo estaba convencido de que esta pequeña obra sería póstuma, pero he tenido la alegría de recibir hoy mismo los 10 ejemplares impresos que legalmente la editorial entrega al autor. Si me mandas una dirección postal te puedo enviar un ejemplar como embajador de mi corazón ante tuyo tan grande y amoroso. Yo espero con toda mi alma que irás saliendo del túnel existencial en te encuentras y creo que saldrás felizmente de sus oscuridades y estrecheces.

         Has descubierto la pista del amor bueno y tu razón te va guiando. Los problemas materiales agravan tu situación, pero no hasta el punto de que te impidan seguir por la autopista de la Verdad y del Amor, que es la única que al final nos lleva a buen puerto. Me impresionan mucho tus palabras de afecto, sobre todo cuando me pones en el mismo plano de amor que a tu maravillosa madre, o cuando me dices que mi amistad te consuela y te ayuda a acercarte a Dios. Son palabras más que bellas que sólo Dios las comprende adecuadamente. Realmente eres un amor y deseo de corazón que Dios inunde todo tu ser con el suyo, que no tiene límites. Besos y cariños sin fin.

         - “Queridísimo Niceto, ¡enhorabuena! y me congratulo en infinito porque tu obra sale a la luz y puedes disfrutar de lo que será sabiduría compartida. Tus obras son un regalo para todos, fruto de tu estudio y una sabia utilización de la razón ¡siempre inteligible! No imaginas cuán feliz soy compartiendo tu alegría que es la de los lectores también. Me confesé el pasado domingo con un venerable padre Escolapio de 80 y más años. Me dejó paz espiritual: "Dios perdona." Lo sé, pero ello no me impide ver mis pecados clara y nítidamente. Ahora estoy llena de dudas y tengo miedo, hasta tal punto que he hablado con mi familia y tal vez viaje a España. Mi salud física y psíquica están fatales, amigo del alma. Tengo aquí cosas pendientes, pero si, no puedo más, vuelo y ya nos comunicamos desde mi casa por teléfono y dirección postal. Creo que es mejor pues necesito curarme y aquí no tengo las condiciones precisas. Estoy llena de dudas y hasta me asusta viajar sola. No sé, en cualquier caso, no podría dejar de comunicarme contigo.

         Te digo y es verdad que, cuando me dirijo a ti siento que Dios me mira y escucha. Gracias, amigo del alma, conocedor del sufrimiento humano y de la redención y sensible conocedor de los desvíos humanos. Me alejé del camino y las consecuencias se notan. El alma se puede aliviar un tanto, pero las leyes de la corporeidad pasan factura. Debo reconducir mi sendero y es muy difícil, queridísimo Niceto. Tus palabras son muy generosas conmigo y siento que son inmerecidas. Saber el camino es una cosa y seguirlo otra muy difícil. Dios perdona, pero me siento vacía de su gracia y desesperanzada. Todo me da miedo (a veces tengo agorafobia) y sé que debo curarme. Me siento como un bebé dependiente de todo, como si no supiera o pudiera hacer nada con autonomía personal. Tengo muchos años de alto voltaje de estress acumulado, y mi mente y mi cuerpo están hechos polvo.

         Amigo, perdona que comente todo esto, que es mi realidad actual y culmen de un proceso no bien llevado. Tus palabras son siempre alivio, consuelo y dulzura. Que me quieras me dignifica (y quererte sin duda). Significas mucho para mí y no existen palabras para expresarlo. No tengo ningún mérito: desde la desesperación he mirado al cielo. Te quiero muchísimo, Niceto, y me alegra muchísimo tu felicidad. Eres un alma bellísima y delicadísima y es un honor que me cuentes entre los tuyos, ¡me engrandece! Siempre estamos en contacto y siempre quiero mis mejores deseos para tus felices días. Siempre para ti mi amor y mis vendavales fuertes de buenísimos deseos. He pensado si me van a recoger a Madrid y verte, pero no sé nada todavía, ni siquiera si viajaré de inminente. En cualquier caso, como no podría ser de otro modo, estamos en contacto. Perdona, tengo dificultades de concentración. Un fuertísimo abrazo. Te quiero. Gracias por todo. Besos”.

         - “Queridísimo amigo del alma. Te quiero muchísimo. Gracias por tus bellas e inmerecidas palabras. Me miras con amor y se nota. Gracias en otro idioma más grande que sólo Dios conoce. Será un honor recibir tu prestigiosa obra y deleitarme con su lectura. En estos últimos tiempos he leído mucho tu "Filosofía y Cátedra..." y me han reconfortado mucho a la vez que he obtenido sabios e impagables consejos. Estoy ahora mismo en un impás de indecisión absoluta. Ni aquí tengo futuro alguno ni en España y tanto en un sitio como en otro soy una carga. Mi familia me quiere y ayuda, pero no me veo viviendo en casa dependiente lo mismo que aquí: soy dependiente y esta situación no puede prolongarse mucho tiempo pues Oliver, que me quiere y me lo ha demostrado, económicamente no puede ayudarme. Se acabaron los tiempos de sólo ser "ama de casa", lo cual en una economía pequeña es imposible y Oliver tiene un hijo de 15 años y responsabilidades. En un auténtico ataque de pánico llamé a mi hermana G.  y tengo dinero para ir a B cuando lo desee, pero reitero que no me hallo en condiciones para ello. Por otro lado, mi salud física y psíquica dejan mucho que desear.

         Lo último que me ha dejado hecha polvo es que fui a arreglarme la boca a Slovaquei, por ser más barato que en Viena, y me han estafado 2500 euros que me dio mi madre y me han dejado la boca peor que estaba y con menos piezas. Lo cual deteriora total mi autoestima. Caí en manos de un especulador sin escrúpulos. Me digo que lo perdono cuando pienso en él, pero me siento fatal. Perdí mucho dinero y mi salud dental está más deteriorada. Ha sido lo último después de muchos meses en que el sentimiento de frustración y depresión han sido mis habituales compañías. Ha sido la gota que me ha desbordado el vaso. Estoy rota por todos los lados. Lo bueno es el amor de mi familia, el tuyo, el de Oliver. He sentido que lo he tenido todo, pero al no tener caridad, amor, "nada me ha aprovechado". Podría haber tenido una vida preciosa y plena y por mis faltas de amor estoy dónde estoy. Queridísimo, gracias por leerme con paciencia; Dios me mira cuando tú me miras. Pero yo sé que he sido yo y sólo yo la que desvié mi sendero. Reconozco mis pecados y mis culpas graves. Dios es amor y perdona y en su inmensa generosidad, al lado de las calamidades que he de soportar, también me da sabores buenos como tú.  Te quiero”[4].

 

         2. Reflexiones finales

 

         Para terminar este repaso teórico y práctico del amor me parece oportuno destacar las siguientes reflexiones. En el amor personal promulgado por Cristo nos percatamos de la calidad del humanismo reflejado en los textos bíblicos del Nuevo Testamento. En la Biblia encontramos el fundamento de la dignidad ontológica y moral del hombre. Nuestra dignidad o excelencia como personas humanas radica en irrumpir en la existencia como “imágenes de Dios”. En ese nivel, como personas todos somos iguales ante Dios y ante los hombres. En consecuencia, nuestra dignidad o indignidad moral radica en nuestra forma de vivir en clave de amor personal o desamor.

         Desde la Biblia, a pesar de las dificultades que entraña su lectura, se entiende con relativa facilidad la igualdad ontológica de todos los seres humanos como personas y la desigualdad individual por razón de nuestra forma de vivir, de una forma o de otra, en clave de amor, desamor o amor corrompido. Como personas, cabe insistir, somos todos iguales, lo mismo hombres que mujeres, pero al mismo tiempo desiguales por razón de nuestra personalidad. Esa dignidad o excelencia personal es diferente por razón de nuestra vida moral de la que depende en gran parte la estructura de nuestra personalidad. La cuestión sobre la primacía del amor personal sobre el amor sexual y de enamoramiento es patente y clara para cualquier lector del Nuevo Testamento de cultura media y con un mínimo de sentido común.

         El amor cristiano ni se identifica con el amor sexual o de enamoramiento ni lo excluye. Se trata de un amor esencialmente personal en el que las relaciones sexuales y el enamoramiento pueden o no existir en absoluto. Pero cuando existen son elevadas y dignificadas hasta el extremo de hacer posible un amor de tal calidad humana que abarca a todos, incluidos los enemigos. En el ejercicio del amor cristiano existen dos filtros complementarios, uno racional y otro teológico. La experiencia castiza de la vida, en efecto, y los hechos y dichos de Cristo sobre el amor no se contradicen, sino que se complementan. El amor personal dignifica y embellece el amor sexual y de enamoramiento, pero no se identifica con esas y otras formas de amar de las que hemos hablado ni necesita de ellas para nada.

         La experiencia más castiza de la vida no deja lugar a dudas sobre esta realidad consoladora del amor que tiene por objeto a las personas y no se enreda en el culto sentimental a la personalidad, que es siempre caduca, fascinante y muchas veces perversa y traidora. Ahora se comprende mejor el aforismo de inspiración agustiniana: Ama y haz lo que quieras porque quien ama, si calla, callará con amor; si grita, gritará con amor; si corrige, corregirá con amor y si perdona, perdonará con amor. «Da quod iubes et iube quod vis» (Confesiones, X). Expresión que libremente traducida suena así: Dame, Señor, el amor que nos has mandado practicar y mándame hacer luego lo que quieras porque nada querré yo libremente hacer que no sea por amor a Dios y a los hombres. Si al atardecer de la vida no hemos aprendido esta gran lección de humanismo, es urgente aprenderla antes de que anochezca y sea ya demasiado tarde. 

         Un dato muy interesante para tener la seguridad de que el intercambio de mensajes amorosos entre un hombre y una mujer, como los aquí reseñados, es que, cuando se trata de amor personal y no sexual, o de enamoramiento, ellas no se ponen celosas. Al contrario, se alegran por el hecho de coincidir con otras mujeres en la expresión de su amor y amistad a la misma persona, sea hombre o mujer. Esto no las sorprende, sino que lo consideran lógico y normal. Cuando el amor, en cambio, es interesado, sexual o de enamoramiento, los celos entre las mujeres son inevitables, así como la exigencia de exclusividad, con lo cual la amistad resulta prácticamente imposible y puede degenerar en aborrecimiento. Como ha podido apreciarse en los ejemplos aquí expuestos, todas mis interlocutoras han compartido la alegría de agasajarme a porfía con su amistad en lugar de ponerse celosas o de reprocharme el trato amistoso con otras mujeres. El amor personal es un amor felizmente compartido por las personas que se aman a porfía sin celos ni envidias disfrutando todas con el mismo amor. El amor sexo y de puro enamoramiento, por el contrario, es egoísta por naturaleza, envidioso y excluyente.

         Otra observación importante se refiere a los límites del lenguaje amoroso. Los literatos, los poetas y pintores, así como los protagonistas del folclore de los pueblos han creado un repertorio muy extenso de palabras, frases, gestos e imágenes que han pasado a ser de uso rutinario para expresar los sentimientos de amor. Además, con aplicación indistinta a las diversas formas de amor que hemos descrito. De ahí también la interpretación diversa que pueden recibir por parte de los destinatarios de esas expresiones amorosas. Como el lector ha podido observar, en estos diálogos aparecen de forma rutinaria palabras y expresiones de saludo y despedida tomadas del común de la literatura amorosa de los enamorados y de los protocolos sociales y formas de buena educación social. Dicho lo cual, y que es evidente, cabe destacar que cuando se trata del amor personal, como es nuestro caso, las expresiones verbales y gráficas propias de enamorados se quedan a medio camino ya que no son capaces de significar la naturaleza superior del amor personal respecto del amor sexo y de simple enamoramiento.

         Esa dimensión superior queda insinuada con frecuencia con puntos suspensivos y expresiones como: “no tengo palabras”; “sólo Dios sabe y comprende lo que te quiero”; Dios te bendiga y te colme de su amor”; “besos y cariños sin fin”; “te quiero mucho”. O simplemente “te quiero”. Lo mismo cabe decir de los saludos con los calificativos: rey, reina, corazón, tesoro, mi amor y otros similares. Sin tener en cuenta estas limitaciones del lenguaje amoroso difícilmente se puede comprender el significado personal y humano de estos diálogos. En la dinámica del amor sexo, de enamoramiento o de simples intereses, dicho lenguaje termina resultando de mal gusto, provocativo e irrespetuoso. En el contexto del amor personal, en cambio, puede resultar innecesario, demasiado iterativo y cansino. Pero entonces aparecen otras formas de expresión amorosa como la compañía silenciosa, tanto física como espiritual, y las despedidas felices por el mero hecho de haber convivido con las personas reconociendo y respetando su grandeza y dignidad en las alegrías y en las penas.

         Para terminar, me parece oportuno insistir una vez más en que el amor es la sal y el azúcar de la vida y por ello hay que aprender a amar como es debido a la dignidad de los seres humanos. Ahora bien, para que ese amor que da gusto y sabor a la vida sea verdadero y provechoso ha de ser personal. O lo que es igual, el objeto del amor humano verdadero es la persona y no el ropaje natural o artificial de la personalidad o de la belleza. Hemos de aprender a amar lo que somos como personas y no lo que adquirimos, perdemos o imaginamos según nuestras respectivas personalidades.

         Sobre esta base han de asentarse las diversas formas de amar en clave sexual, de enamoramiento y místico. Sólo cuando el amor es personal los instintos primarios asociados al sexo y el enamoramiento alcanzan belleza y dignidad. En caso contrario lo más probable es que lo que debía ser sal y azúcar de la vida se corrompa y se convierta en causa permanente de desencanto y sufrimiento. Sin amor verdadero la vida humana, por muy saludable que parezca, como el menú de los hospitales sin sal ni vino, termina resultando desagradable en extremo.              Pero, por otra parte, hay que cuantificar razonablemente la cantidad de sal y azúcar que consumimos y este es el nudo gordiano de la cuestión. ¿Cómo aprender a manejar la razón para humanizar las diversas formas de amar sin que los impulsos primarios amorosos neutralicen psicológicamente el buen uso de la razón? En el acertar o errar en esta materia nos jugamos a una sola carta el deseo natural humano de felicidad en este mundo y la esperanza de perpetuarla con otra vida mejor fuera del tiempo y del espacio. Esta es una de las conclusiones más importantes a las que yo he llegado a lo largo de mi larga experiencia personal y profesional.



[1] Cf. Niceto Blázquez: Al atardecer de la vida, Madrid, 2012. -Reflexiones sobre el amor: Studium (2012) 117-146. -La aventura del amor, Madrid 2013. -Versos para pensar y meditar, Madrid 2016. -El tesoro escondido del amor, Madrid 2017. -Versos en clave de amor, Madrid 2018. -Vitaminas de amor, Madrid 2018. -Versos de amor personal, Madrid 2019. -Recuerdos y sentimientos, Madrid 2021.

[2] Cf. Niceto Blázquez, Reflexiones e imágenes sobre la amistad, Madrid 2015.

[3] Cf. Xabier Pikaza, Gran diccionario de la Biblia, término AMOR, Estella 2015, pp. 56-61.

[4] Cf. Bárbara María Hanych Sulma, Bárbara y Mabel. Metamorfosis del corazón, Madrid 2021.

 

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