REFLEXIONES VESPERTINAS
SOBRE EL AMOR
(Niceto Blázquez, OP)
INTRODUCCIÓN
Al atardecer de la vida me examinarán del amor,
reza una bella litúrgica canción. Es un eco del canto paulino a la caridad del
que los grandes humanistas y místicos cristianos como S. Juan de la Cruz
tuvieron buena cuenta. Esta dimensión del amor es la culminación de otras
etapas de la vida amorosa, como he explicado en diversas ocasiones, pero en las
segundas vísperas o crepúsculo de mi vida me ha parecido oportuno revisar este
tema, corregirlo y enriquecerlo de forma monográfica y breve para destacar que
el verdadero amor humano tiene por objeto propio la dignidad o excelencia de
las personas y no los rasgos de sus respectivas personalidades. El amor
personal es el quicio sobre el que han de girar todas las formas de amar
culturalmente conocidas para evitar que algunas se conviertan en un manantial
permanente de frustración e infelicidad. Amar y ser amados es una aspiración
natural y, por lo mismo, una necesidad y un derecho de todo ser humano. Pero en
las formas de satisfacer esa necesidad y legítima aspiración, mucha gente no
acierta a encontrar la clave de interpretación y satisfacción de la misma de
forma responsable y digna del ser humano. Me daría por satisfecho si las
reflexiones que siguen sirven para ayudar a encontrar el verdadero camino del
amor a quienes lo buscan con sincero corazón.
El
tema del amor es repetitivo en mis escritos, pero en esta ocasión deseo
perfilar lo mejor posible mi experiencia humana y sacerdotal sobre el mismo. En Al atardecer de la vida, Madrid 2012, hablé de la naturaleza del
amor humano y divino, de las formas de amar y las dificultades que impiden el
disfrute del amor personal sin el cual la vida puede resultar tan desagradable
como el menú de hospital sin sal ni vino. El amor es la sal y el azúcar de la
vida, pero hay que aprender a descubrirlo y consumirlo sin adulteraciones y en
la dosis adecuada, lo cual se va aprendiendo con la experiencia de la vida y el
correcto uso de la razón.
En el presente texto pretendo demostrar
cómo es posible mantener diálogos personales amorosos entre dos personas sin
caer en la trampa del amor sexo, del amor de enamoramiento o de ambos al mismo
tiempo. Se trata pues de poner en práctica los principios teóricos expuestos en
los dos capítulos primeros descendiendo después a la realidad concreta de las
personas y sus circunstancias en el tercero.
¿Cómo y de qué manera? No es un arte fácil,
pero es posible en la vida real y deseable. El tema es de capital importancia
para todo ser humano, pero reviste particular interés para quienes ejercen
profesiones relacionadas directamente con la intimidad de las personas y sus
sentimientos más delicados. Tradicionalmente las dos profesiones de más riesgo
de caer en dicha trampa del amor sexual o de enamoramiento eran aquellas relacionadas
con la medicina, el ministerio sacerdotal y la abogacía. Pero existen otras muchas
profesiones en las que el enamoramiento y los favores sexuales contribuyen a
que las relaciones humanas se corrompan y resulte imposible tener una experiencia
feliz del amor personal, tan deseado como necesario para la felicidad humana.
Por eso me ha parecido oportuno
reconsiderar una vez más el tema del amor presentando en el capítulo tercero un
ejemplo práctico de mi propia cosecha, para demostrar que es posible y deseable
llegar a ese nivel de amor personal, sobre todo en el ejercicio del ministerio
sacerdotal.
A medida me voy acercando al final de
mi periplo existencial en este mundo, me convenzo más de la conveniencia de
recordar la necesidad de destacar hasta qué punto el amor personal es la clave para llevar a cabo unas relaciones
humanas felices y un ministerio sacerdotal afortunado. Por ello y por el
interés suscitado por mis escritos relacionados con el tema, he decidido reincidir
sobre el mismo, revisando y mejorando su tratamiento. Con ello sólo pretendo
demostrar con ejemplos prácticos que es posible garantizar la felicidad en este
mundo, y aún la del mundo venidero fuera del tiempo, del espacio y de las leyes
de la corporeidad, si logramos amarnos los unos a los otros con amor personal.
El lector constatará la presencia
mayoritaria de mujeres en mis diálogos. ¿Por qué? La respuesta es la siguiente.
Durante mi larga vida de trato pastoral tuve la oportunidad de dialogar
verbalmente y por escrito con hombres y mujeres de todas las clases sociales y
edades, sobre todo en momentos críticos culminantes de dolor e infelicidad.
Este hecho me autoriza a sostener con sólido fundamento que dicho diálogo
amoroso y personal resulta particularmente difícil cuando, por razones
profesionales u otros motivos, los interlocutores son un hombre y una mujer.
Sobre todo, cuando la mujer confía sus secretos y problemas personales a un
hombre en el campo de la medicina o del ministerio pastoral de los sacerdotes
cristianos. Igualmente cabe decir que el diálogo de hombre a hombre en el
ministerio sacerdotal no reviste particular dificultad, siempre y cuando el
sacerdote sea una persona psicológicamente madura, caritativa y teológicamente
competente en su trabajo.
En el diálogo hombre y mujer, en
cabio, los factores afectivos y sentimentales complican mucho las cosas y
juegan un papel decisivo. El enamoramiento, así como los favores sexuales son
un riesgo permanente ya que el estado de enamoramiento se sale de los cauces
normales de la razón y de la libertad, y, por ende, constituye un riesgo cosntante
de echar a perder el trabajo pastoral. Riesgo que aumenta cuando la mujer desea
prestar algún favor sexual como forma de agradecer los buenos servicios de
caridad recibidos. O el sacerdote, el médico y otros profesionales de la
intimidad pierden la cabeza y reclaman de alguna manera el favor sexual como
moneda de cambio a la mujer que les ha pedido alguna ayuda para solucionar sus
problemas espirituales, económicos o de salud corporal.
La casuística en esta materia es muy
variada y compleja. Pero no quiero entrar aquí en ella, lo que nos llevaría muy
lejos, sino sólo destacar el hecho de que, a pesar de las dificultades para
llegar a producirse ese deseado y saludable diálogo de amor personal en el
ejercicio del ministerio sacerdotal y en otras profesiones, en las que está en
juego la vida íntima de las mujeres, dicho diálogo es afortunadamente posible y
deseable.
Así pues, en los capítulos primero y
segundo destacamos la primacía del amor personal sobre las formas tradicionales
de amor a la carta, y en el tercero, reproducimos un ejemplo de dialogo amoroso
hombre-mujer como botón de muestra de esa posibilidad fascinante de amor
personal[1].
1. La cultura dominante sobre el amor
Amor es un término gastado y
adulterado. A pesar de ello, el amor es la salsa de
la vida. Sin amor la vida sabe a poco y en determinadas circunstancias a nada.
Los suicidas y los desesperados son una prueba contundente de que vivir sin
amar y ser amados es como un menú amargo psicológicamente intragable. Algo así
como un menú de hospital sin sal y sin vino. Por muy rico y saludable que sea
en vitaminas, proteínas y otros ingredientes dietéticos, con el tiempo termina
produciendo un desagrado difícil de superar. El amor es la sal y el azúcar de
la vida. Pero ¿qué es el amor realmente humano y cómo vivirlo? Esta es la
cuestión. Ahora bien, en la
cultura actual predominante no hay más cera que la que arde y cuando se habla
de amor, la mayor parte de la gente asocia el amor de forma espontánea e
inmediata al sexo y el enamoramiento entre hombre y mujer (heterosexuales),
entre mujeres (lesbianas) y entre hombres (homosexualidad). Sin excluir las
relaciones sexuales y sentimentales con los animales o sodomía. Lo cual no es
una novedad, ya que la literatura universal de todos los tiempos avala esta
afirmación.
Es
verdad que el antiguo eros griego y el erotismo sufrieron una significación
semántica importante con la irrupción histórica del cristianismo y la
introducción de los términos amor, en latín, y ágape o amor de
caridad en griego. Pero la tónica general es la que termino de indicar. Por
ello, y para no perder el tiempo en disquisiciones innecesarias sobre la
literatura amorosa y las diversas formas de interpretarla en clave de
sentimientos específicos y géneros literarios, vayamos directamente al grano.
Hay
mucha gente del común de confesores que confunde el amor con las relaciones
sexuales. Según esta mentalidad, hay amor cuando hay intimidad sexual y donde
no hay intimidad sexual no hay amor. Como es obvio, el incentivo natural del
amor sexual es el placer, con el cual la naturaleza ayuda generosamente para
afrontar los quehaceres de la procreación. En la década de los años 60 del
siglo XX, sin embargo, surgió la denominada revolución sexual. La novedad de
este movimiento consistió en desvincular las relaciones sexuales de la
procreación considerando el cuerpo humano como una mera herramienta de placer,
solitario o compartido, con hombres y mujeres. En el año 1978 la ciencia dio
una vuelta de tuerca a la cuestión mediante la reproducción in vitro
demostrando que las relaciones sexuales entre hombre y mujer no han perdido su
valor, pero son en sí mismas innecesarias. Con lo cual, el disfrute del placer
sexual al máximo posible termina convirtiéndose en autónomo, siendo buscado apasionadamente
sólo como un derecho irrenunciable de hombres y mujeres para liberarse, dicen, de
las ataduras de la reproducción humana. En el contexto de esta mentalidad hay
mujeres que aceptan prestar sus favores sexuales a los hombres con vistas a
ganarlos como posibles maridos. Otras veces la mujer busca a cualquier precio a
un hombre para tener un hijo y, una vez alcanzado este objetivo, tal hombre no
la interesa más para nada. Por el contrario, hay hombres que se casan para
tener mujer y usarla sexualmente y no para tener hijos. Para responder a esta
actitud se han institucionalizado legalmente las prácticas abortivas para así
quitar del medio a los hijos no deseados sin menoscabo del presunto derecho a
las prácticas sexuales irresponsables.
Hay
otro tipo de gente que separa de un modo peculiar el sexo del amor. El caso más
extremo y emblemático lo tenemos en las prostitutas y sus clientes. La relación
sexual en este contexto es un contrato comercial que se realiza al margen del
amor, sin excluir el desprecio personal, el odio e incluso el asesinato de la
pareja que defrauda o hace la competencia. Tanto las prostitutas como sus
clientes saben que el amor humano es una vivencia que nada tiene que ver con
las relaciones sexuales. Estas personas piensan que el amor es algo que se hace
y el hacerlo tiene un precio. ¿Hacemos el amor? ¿Cuánto cobras? O bien, ¿te
gusta sexualmente este hombre o aquella mujer? Todos estos y estas que así
piensan y actúan lo hacen siendo conscientes de que no existe vínculo ninguno necesario
entre sexo y amor. En este mismo contexto, cuando se habla de educación sexual,
en realidad se está hablando, antes que nada, de enseñar a practicar técnicas
sexuales placenteras sin riesgos para la salud, la convivencia con terceras
personas o para la economía.
Lo
más preocupante de esta mentalidad es que el amor humano es brutalmente
confundido con relaciones sexuales diversas, sin excluir las más degeneradas y
humanamente perversas. Es una forma muy elemental y primitiva de entender el
amor, que termina poniendo a las personas fuera del uso correcto de la razón,
que es la primera nota ontológica de humanidad. El ejercicio del sexo crudo, de
la homosexualidad, del lesbianismo, de la sodomía y la prostitución, en sus
múltiples y sofisticadas formas modernas de expresión, dan una idea aproximada
de la degeneración del amor humano polarizado en el ejercicio bruto de la
sexualidad y cualquier persona medianamente culta sabe que esta
confusión del amor humano con las prácticas sexuales es tan vieja como la
humanidad.
Lo
novedoso está ahora en que dicha mentalidad es
idealizada y promovida de forma prodigiosa con la ayuda de los poderosos
medios modernos de comunicación. Primero se potenció con el cine, la radio y la
televisión. Últimamente Internet se ha convertido en la cátedra universal del
sexo crudo más variado y explícito a la que pueden asistir desde los
adolescentes hasta los más viejos sin salir de casa ni pisar la calle. Muchas
emisoras de radio, por su parte, emiten en horas especiales programas sobre
experiencias y prácticas de amor sexual que fomentan abiertamente la corrupción
de menores y aumentan e idealizan la de los adultos. Y todo ello impunemente en
nombre de la libertad de expresión.
Por
otra parte, muchos medios de comunicación social escritos y gráficos, como la
prensa y las revistas, obtienen pingües beneficios económicos por la
divulgación publicitaria de la prostitución clásica y otras formas afines de
explotación sexual de hombres y mujeres. Ahora bien, cuando hay dinero por
medio, la razón enmudece y las buenas razones sobran. Por ello sigamos adelante
sin más consideraciones acerca del amor sexual servido como sexo crudo o
aliñado de erotismo. Dicho lo cual ahora viene lo más sorprendente.
En el
contexto de la ideología de género se ha puesto ya en marcha a la altura
del siglo XXI la revolución contra-sexual, echando por tierra jurídica y
políticamente las relaciones sexuales tradicionales, negando hasta lo más obvio
y natural como es la diferencia biológica entre hombre y mujer. Pero no es mi
propósito analizar y valorar aquí el significado brutal de esta revolución
destructiva del sexo biológico y espiritual, sino de poner al lector en guardia
contra los misiles dialécticos, pedagógicos y políticos de sus ideólogas e
ideólogos actualmente en campo de batalla.
En un contexto ya más civilizado, el amor es asociado inmediatamente al estado de enamoramiento de las personas. Según esta forma de pensar, el amor es la actividad propia de los enamorados. Así pues, hay amor cuando hay enamoramiento y cuando éste desaparece se entiende que ha desaparecido también el amor. Un hombre y una mujer se casan, tienen hijos y esperan a que estos crezcan para divorciarse porque, dicen, el amor entre ellos ha terminado. O lo que es igual, la etapa de enamoramiento ha pasado o no existió nunca.
Esta
identificación del amor con el enamoramiento, es una de las principales causas
del fracaso de las parejas y origen de sufrimiento humano. Eso que comúnmente
llamamos enamoramiento sume a los enamorados en un estado emocional asociado al
mundo de las obsesiones. Los enamorados, en efecto, son poseídos por una mezcla
de manía, demencia y obsesión que los margina respecto de sus amigos y de sus
familias. Se observan en ellos y ellas formas de comportamiento que inducen a
pensar que han perdido parcial o totalmente el uso de la razón. Por ello
algunos analistas no dudan en catalogar el fenómeno psicológico del
enamoramiento en clave patológica como una especie de psicosis asociada a la
obsesión. De ahí también que el enamoramiento tenga un precio alto que afecta
seriamente a la libertad de nuestros actos y forma correcta de pensar. Mucha
gente se ha suicidado como desenlace fatal del enamoramiento patológico. En el
lenguaje coloquial de la gente sencilla esta enfermedad letal del enamoramiento
fuera del control racional y de la libertad se denomina mal de amores, que
es más frecuente de lo que cabría pensar a raíz de sus profundas depresiones
por algún desplante sentimental, que en los casos más extremos suele terminar
en suicidio.
El
enamoramiento, psicológicamente hablando, es un estado de atracción y pasión de
corta duración, con excepciones que rayan en lo patológico. Sin necesidad de
recurrir a análisis científicos, pronto nos damos cuenta de que el
enamoramiento está estrechamente asociado por la naturaleza al instinto natural
de procreación y es análogo al estado de celo entre los animalitos. Durante esa
etapa, los enamorados se obsesionan con la persona amada queriendo estar a su
lado el mayor tiempo posible y a cualquier precio. Es como un hechizo
fisiológico que nubla su razón y los vuelve adictos al objeto deseado.
El
estado de enamoramiento induce a distorsionar la realidad proyectando una
imagen idealizada de la persona amada. Los enamorados están tan cegados por el
torbellino emocional, que sienten en su corazón que no ven al otro tal como es
sino como les gustaría que fuese. En base a esta visión deformada de la
realidad, muchas personas se casan o toman decisiones equivocadas determinantes
de su probable fracaso afectivo. Pero, una vez que se desvanecen los efectos
del enamoramiento, los amantes empiezan a verse tal y como realmente son. Una
cosa es querer y otra, amar. No es lo mismo apetecerse que amarse. Queremos,
cuando sentimos un vacío y una carencia que creemos a ciegas que el otro debe
llenar con su amor. En cambio, amamos cuando experimentamos la abundancia y
plenitud en nuestro interior y nos convertimos en cómplices del bienestar de
los demás.
De
ahí que, a menos que cada uno de los amantes se responsabilice de ser feliz por
sí mismo, la relación puede convertirse en un campo de batalla. De hecho,
muchas parejas terminan encerrando su amor en la cárcel de la dependencia
emocional, creyendo erróneamente que el otro es la única fuente de su
felicidad. Es entonces cuando aparece en escena el apego tiránico del uno al
otro creyendo que sin el otro no se puede vivir. Aparecen igualmente los celos
al sentir miedo a perder al compañero o compañera sentimental, tratándolo como
un objeto de propiedad. Sin excluir el rencor y el odio cuando una de las partes
siente rabia hacia la otra considerándola como la fuente de todos sus males.
Aunque
lo que termino de decir deja poco lugar a dudas en los estudios más objetivos de
la psicología humana, no es necesario acudir a esos estudios especializados
para constatar con el sentido común y la experiencia de la vida, que el
enamoramiento es un estado psicológico en el cual la persona enamorada es
víctima de una dependencia sentimental obsesiva por otra persona al margen de
toda razón. En los casos extremos la imagen sentimental de esa persona se graba
con tal fuerza en la imaginación de la persona enamorada, que excluye
cualquiera otra imagen en competencia. Si ese estado sentimental no madura
filtrándolo en la razón, las consecuencias pueden ser imprevisibles y casi
siempre nefastas. Todos los crímenes pasionales de la historia y finales
trágicos entre personas enamoradas tienen una explicación en el hecho de que
cuanto más se intensifica el estado de enamoramiento, más se debilita el uso de
la razón. De ahí también que los verdaderos amigos se quieren, pero no se
enamoran. El enamoramiento, se ha dicho con ironía y realismo, es el triunfo de
la imaginación sobre la inteligencia.
El
enamoramiento corrompe la amistad y dificulta el uso correcto de la razón,
mientras que la verdadera amistad y el amor auténtico, que es el personal,
ayudan a madurar el uso de la razón y el ejercicio responsable de la libertad
individual de los enamorados. El enamoramiento suele ser en la práctica enemigo
de la verdadera amistad porque es ciego y nos impide ver y querer a las
personas como realmente son. Es como un estado febril placentero que, o
desaparece o termina arruinando la salud mental de los enamorados. En el
lenguaje coloquial se expresa todo esto cuando se dice que tal persona está
“chalada” o “loca” por otra. No en vano en inglés enamorarse de una persona es
“to fall in love”, con lo cual se sugiere la idea de “caída”. Caída, sin duda,
del uso de la razón en el abismo de un estado emocional obsesivo, que impide a
los enamorados verse a sí mismos y el mundo que los rodea con objetividad.
Los
amigos y los que realmente se aman, por el contrario, se aprecian en un
contexto emocional que no pone en peligro su libertad personal. La amistad hace
posible que nuestro afecto sea compartido felizmente con muchas personas al
mismo tiempo sin que para ello sea obstáculo el sexo o el estado social. El
enamoramiento, en cambio, constriñe el afecto de una manera obsesiva a una
persona concreta. Con el enamoramiento termina la amistad propiamente dicha y
se genera otro tipo de relaciones personales que sólo impropiamente son
comparables a la verdadera amistad. Los verdaderos amigos se quieren sin
enamorarse nunca. De ahí que la amistad sea posible entre personas del mismo
sexo, del sexo contrario y con muchas personas al mismo tiempo sin que se
produzcan conflictos emocionales o celos. Cuando esto ocurre significa que
alguna de las partes no ha entrado en el verdadero ámbito de la amistad o se ha
salido de él. En cualquier caso, las mejores amistades se corrompen cuando se
enfatiza lo emocional sin pasarlo por el filtro de la razón. La vida está
plagada de amistades perdidas entre personas, y de familias destrozadas por
causa del enamoramiento.
Hay un
enamoramiento normal, que se educa y madura pasándolo por el filtro de la
razón. Cuando tal sucede, el enamoramiento madura y desaparece con normalidad
dejando un poso de experiencia feliz. Pero con mucha frecuencia el
enamoramiento degenera en una patología de muy difícil, si no imposible
curación. Hay enamoramientos patológicos que requieren un tratamiento especial
para evitar que terminen en tragedia. Ni el enamoramiento normal ni el
patológico son opciones personales de libertad sino estados emocionales que
surgen en nosotros al margen de nuestra voluntad. De ahí el riesgo de que los enamorados se vuelvan caóticos y absurdos hasta
extremos indeseables e imprevisibles.
Lo que
termino de decir podría bastar para hacernos una idea aproximada de lo que es
el amor de enamoramiento. Pero, dada la importancia de este fenómeno humano,
vale la pena insistir un poco más en el mismo. En psicología, el enamoramiento
es descrito como un estado de ánimo que desencadena la experiencia amorosa, la
cual puede ser compartida o no por la otra persona. Cuando tiene lugar la
respuesta esperada por parte de la persona amada, la vivencia del amor se
convierte en una especie de éxtasis. Lo cual significa que para los amantes
recíprocos no existen barreras, como si nada tuviera mayor sentido que ellos
mismos. Basta pensar en la actitud de una pareja de enamorados sentados o
tumbados en un jardín público. Cuando, por el contrario, no existe una
correspondencia, el deseo y la frustración generan un estado de tristeza
profunda. La energía emocional que genera el enamoramiento, al no encontrar
respuesta, se vuelve contra uno mismo generando sentimientos de
autodestrucción. En los amores imposibles por falta de respuesta, la persona
enamorada pierde la alegría y hasta el deseo de vivir, pensando, por ejemplo,
que algo malo ha hecho para que no le quiera, o que tiene algún defecto
importante que hace retraerse a la persona amada.
La
persona enamorada puede sentir sensaciones diversas como de frío o calor; tener
taquicardia, ponerse a temblar o enrojecer con solo oír el nombre de la persona
amada. A todo esto, cabe añadir la sensación de inseguridad y tristeza por el
miedo al abandono del ser amado. El pensamiento de los enamorados es obsesivo
en el sentido de que necesitan recordarse e intercambiar gestos de afecto y de
fidelidad incondicional de forma permanente e iterativa.
Por
otra parte, su comportamiento propende a ser compulsivo en el sentido de que
sienten un impulso intermitente de frecuentar los mismos lugares frecuentados
por la persona amada y a hablar constantemente de ella resaltando sus
características físicas y demás rasgos de su personalidad. El amante se siente
totalmente seducido por la persona amada y todo cuanto dice o hace es valorado
como maravilloso. Si la persona amada es físicamente normal o poco destacable,
el amante la atribuye gracia, inteligencia, valor, honradez y coherencia. En
caso de que la familia o los amigos aconsejen alguna prevención con la persona
amada, el amante tiene siempre la respuesta fácil de que no conocen bien a esa
persona y que, en cualquier caso, los defectos que tenga serán subsanados con
el tiempo. Nace así lo que en psicología denominamos el complejo de redención.
La persona enamorada está convencida de que hará cambiar para bien la conducta
de la persona amada. Cosa, digámoslo todo, que la experiencia de la vida suele
desmentir.
El enamoramiento
puede producirse bruscamente. Cuando esto ocurre, decimos que se ha producido
el flechazo, lo cual puede ocurrir de forma inesperada y fortuita en algún
encuentro social o familiar. O simplemente a raíz de una conversación
espontanea. Pero con frecuencia el flechazo no es más que el término final de
una relación que se inició como amistosa. Sea ello como fuere, lo cierto es que
cuando dos personas están enamoradas, desean estar el máximo tiempo posible
juntas y buscan contactos a través del tacto y la mirada buscando su proximidad
física y el intercambio afectuoso de su sentir y energía vital. Los enamorados
dan la impresión de estar en otro mundo, que es el de su fantasía. No se ven
como realmente son sino sólo con aquellas cualidades o virtudes deseadas. La
persona enamorada convierte a la persona amada en la pareja ideal e interpreta sus
formas de comportamiento en base a los cánones propios de la fantasía. En
consecuencia, los enamorados imaginan dotes de personalidad excelentes en su
pareja que con frecuencia terminan en desencanto y frustración. De ahí
expresiones como estas: ¿Cómo me pude enamorar de esta persona? ¿Cómo no me di
cuenta antes de cómo era? Antes no era así. La respuesta es sencilla: porque él
o ella estaban enamorados y el estado de enamoramiento no les permitía ver objetivamente
la realidad. Es la idealización del ser amado.
Durante
el periodo de enamoramiento cualquier defecto de la persona amada, detectado
por los familiares y amigos, carece de importancia. En este período se altera
la manera de vivir el tiempo y el espacio como si no existiera otra realidad
que la del ser amado. De ahí que el tiempo de estar juntos les parezca demasiado
corto y muy largas las ausencias.
Los
síntomas del estado de enamoramiento son fáciles de detestar a través del
lenguaje corporal, la forma de mirar al otro, de escucharle y sonreírle. Los
enamorados experimentan una profunda sensación de placer y se vuelven
sensualmente más receptivos, hasta el punto de que son capaces de detectar
sutiles cambios de voz, de la mirada y de los gestos. Igualmente, su organismo
se revitaliza de alguna forma al sentir más intensamente esas emociones. El
estado de enamoramiento aumenta también la autoestima de los enamorados al
sentirse ellos más seguros, importantes y queridos. Digamos que los enamorados
se sienten de repente hermosos, útiles, inteligentes, fuertes y deseados
convirtiéndose así en todo aquello que desean ser o que cree el otro que somos.
Pero
estos sentimientos y creencias sentimentales no están a salvo de la duda, que
puede echarlo todo a perder. Me refiero a la supuesta certeza de que la otra
persona, la amada, ha de corresponder a los sentimientos y pretensiones de la
persona amante. La persona enamorada considera que la no correspondencia esperada
es un acto de injusticia y desprecio. En los casos más extremos, esta no
correspondencia puede llevar a la parte desencantada a la depresión profunda y
el suicidio. Otras veces no llega la sangre al río, pero se producen rupturas
muy violentas con sentimientos de rencor y de posibles venganzas. En el mejor
de los casos, la tristeza y melancolía amorosa se enseñorean, al menos por
algún tiempo, de la persona enamorada y no correspondida. La historia de
personas famosas por su belleza y dotes artísticas, que acariciaron la idea del
suicidio o de hecho se suicidaron, es tristemente larga y frecuente.
Cuando
el amante llena las aspiraciones de la amante, de tal suerte que ambos deciden
compartir sus vidas, los rasgos de personalidad que suelen provocar el
enamoramiento pasan a segundo plano prevaleciendo el encuentro personal y
dignidad de la persona amada. Hasta tal punto de que los defectos naturales o
adquiridos de personalidad no hacen peligrar la unión amorosa de las personas.
Al contrario, esos defectos son motivo de mayor preocupación mutua y de ayuda
para capear los temporales de la vida codo a codo en las duras y las maduras,
en las penas y en las adversidades.
Pero
no todo el monte es orégano. Otras veces el estado de enamoramiento termina en
desamor y ruptura pacífica o violenta de relaciones. El enamoramiento dura un
período más o menos largo, tras el cual, o concluye o se transforma. En el
primer caso, el amante deja de idealizar a la persona amada y constata que
dista mucho de lo que era en su fantasía y expectativas de relación. El amante
se percata de que tiene pocos valores o expectativas en común con la persona
amada. Sobre todo, cuando se descubren mutuamente sus diversas formas de
entender la vida. Cuando tal ocurre, desaparecen la magia, la vibración de los
cuerpos y la seducción de los encantos de personalidad. O lo que es igual, se
acaba la seducción y se produce el desenamoramiento.
El
final del enamoramiento puede desembocar en vivencias violentas de desamor o
shock sentimental. Es un período de duelo durante el cual uno tiene que
adaptarse a vivir y a ser feliz de nuevo sin la persona que antes quería y
deseaba con toda su alma. La ruptura suele tener fases. La inmediata a la
ruptura los protagonistas suelen vivirla con mucha tristeza y sentimientos de
culpabilidad. Es la etapa masoquista porque ambas partes se preguntan con
ansiedad si las cosas no hubieran ido mejor con otras formas de comportamiento.
Luego empieza la etapa de rencor y entonces es él o ella exclusivamente quien
tiene la culpa de la ruptura. Estas fases se alternan con frecuencia, pero en
ningún caso se ve la realidad como es. A veces ocurre que una de las partes no
comprende bajo ningún concepto que la otra haya puesto fin a la comunicación y
los contactos. Las razones pueden ser
obvias para cualquier persona normal con sentido común, pero la persona
enamorada no entiende de razones y sigue preguntándose desconsolada y
despechada por qué. Es verdad que el tiempo lo cura todo, pero en materia de
enamoramiento, suelen quedar flecos sentimentales que, a pesar del paso del
tiempo, son causa de conflictos sentimentales serios fuera de tiempo y de
lugar. Este tipo de conflictos constituye un capítulo complementario del
enamoramiento que abarca el enamoramiento tardío y el re-enamoramiento. Estos
dos aspectos son muy interesantes, pero no hay aquí lugar para ocuparnos de
ellos. Igualmente dejo abierta la cuestión sobre las personas enamoradizas y
las que piensan que para querer a otra persona hay que enamorarse de ella, y
ponen todos los medios seductivos a su alcance para lograrlo con resultados
siempre negativos o indeseables.
Desde
el punto de vista psicológico cabe hacer el resumen final siguiente. En el
sujeto enamorado podemos observar una valoración exagerada y exclusivista de la
persona amada, y la negación tozuda de aquellos rasgos de ésta que ponen en
peligro su elección. Si él es un hombre con problemas personales serios, ella
piensa que la gente exagera o que no comprenden a esa persona como ella, la
cual está convencida de que lo hará cambiar para bien. Si, por ejemplo, ella
está seriamente enferma, él dirá que su salud es delicada.
Se
aprecia también una represión de los propios rasgos de carácter para lograr
convertirse en el objeto de amor del otro. Cada enamorado trata de poner a un
lado todo aquello que pudiera causar rechazo por parte de su persona amada. El
enamorado, además, tiene la creencia obsesiva de que sin la persona de la que
está enamorado aquí y ahora no podrá ser feliz nunca en el futuro. En el estado de enamoramiento hay una
gran dosis de codicia, celos, envidia y egoísmo. Estos ingredientes dan lugar a
otras emociones que se observan en las personas enamoradas como son la
sensación de posesión del objeto, inseguridad en el objeto y admiración ciega
por el mismo. Las patologías agrandan lo que sucede en las funciones normales y
así ocurre que los enamorados desean poseer a la persona amada de forma
absoluta, incondicional y excluyente. Cuando no están juntos, se produce en
ellos un estado de inseguridad, que los lleva a hacerse preguntas como esta:
¿Dónde estará? Cuando están en pleno enamoramiento y uno de ellos se deja ver
poco, pueden surgir estas otras: ¿Por qué no me llama? ¿Le gusto? ¿Me quiere?
Los enamorados so como los niños cuando se les cuenta un cuento, quieren que se
lo cuenten una y otra vez y jamás se cansan de escucharlo.
Por
otra parte, los enamorados hacen promesas y juramentos de no defraudarse,
aunque se hunda el mundo. Suele decirse que nadie miente más y dice más
tonterías que dos personas enamoradas. Se prometen amarse durante toda la vida,
tener muchos hijos y mil cosas más, pero la experiencia demuestra que cuando se
apaga el enamoramiento y se enfrentan al desnudo a la cruda realidad de la
vida, todas esas promesas juradas se van al traste con la incomprensión mutua,
las infidelidades, los divorcios y hasta las agresiones personales, sin excluir
el rencor y muerte. La convicción taxativa entre los enamorados de que su
persona amada es el único aliciente de su vida y a la que desean amar durante
toda la vida, se viene abajo cuando el estado de enamoramiento no madura con el
descubrimiento del amor personal. Cuando esto ocurre, el enamoramiento
desaparece o se pervierte.
Una
nota muy característica de los enamorados consiste en convertirse en padres de
sus hijos de una manera ciega e irresponsable. Los enamorados no tienen sentido
adecuado de la realidad y de la responsabilidad al no filtrar sus deseos y
sentimientos en la razón, lo cual puede conducir a verdaderos estados de
irracionalidad y locura. Los enamorados son capaces de mentir por las nubes, no
por malicia, sino por falta de juicio. Sobre los enamorados hay chistes y
dichos populares en gran cantidad acerca de las mentiras que dicen, a veces
rayando en la crueldad en clave de humor.
Según
la filosofía de Platón, el amor es el impulso que lleva al conocimiento de la
Forma de la Belleza y contemplación de la misma. Esta orientación se produce de
forma progresiva y graduada a partir de la apreciación de la apariencia de la
belleza física de una persona, continúa con la apreciación de la belleza
espiritual – belleza del carácter y del alma- incluyendo la belleza de las
leyes y las costumbres en la vida social, la que se encuentra principalmente en
las artes y las ciencias. Todos estos pasos psicológicos han de ser superados para
llegar a alcanzar el punto culminante del proceso, a saber: el conocimiento
apasionado, puro y desinteresado de la esencia de la Belleza en-sí, que
se mantiene incorruptible y siempre igual a sí misma. O sea, el conocimiento de
la Idea de Belleza en cuanto es lo único que es bello en sí mismo y por sí
mismo, y en cuanto aquello que es causa de que todo lo bello sea bello. En esto
consiste la "idealidad" del amor platónico, en amar las Formas o
Ideas eternas, inteligibles y perfectas. No hay en absoluto elementos sexuales
ya que el auténtico amor para Platón no es el que se dirige a una persona, sino
el que se orienta hacia la esencia trascendente de la Belleza en-sí. Esta sería
la definición descriptiva del amor platónico en sentido propio.
Cabe
destacar ya dos notas esenciales de esta peculiar forma de entender el amor,
que ha cuajado profundamente en nuestra cultura occidental. Así de claro: el
amor platónico en sentido filosófico y propio, no es ni personal ni sexual. Tal
vez por esta lastimosa confusión platónica, en el lenguaje común al uso, la
expresión amor platónico es asociada al amor personal no correspondido o
por razones diversas imposible de alcanzar. Tres casos espigados en mi archivo
profesional pueden ayudar a comprender el fenómeno lamentable de los amores
imposibles.
Caso primero. Se trata de un hombre al
que tuve que ingresar en el hospital, donde murió muy pronto en la pobreza
material más extrema. Tuve la impresión de que toda su riqueza en el momento de
morir se reducía a una módica cantidad de dinero que llevaba consigo en
efectivo para andar por la calle. Después supe que el dinero de su sueldo
laboral era disfrutado en su mayor parte por un hermano suyo. Este hombre murió
en la plenitud de su vida, materialmente pobre y psicológicamente abatido por
la nostalgia y desconsuelo de no haber poseído a la mujer de la que siempre
estuvo enamorado.
Caso segundo. Se trata de una mujer,
también en la plenitud de su edad, la cual estaba atrapada sentimentalmente a
un hombre por el enamoramiento y cuya posesión consideraba imposible. La cosa
llegó hasta el extremo de encerrarse en su casa para vivir esta triste
experiencia en su fantasía abandonando su cuidado personal y dependiendo de la
caridad o simple curiosidad de los visitantes.
Caso tercero. Ahora se trata de una
mujer casada y enamorada de otro hombre distinto de su marido, con el que
deseaba rabiosamente compartir en profundidad sus sentimientos amorosos. Estos
tres casos son ejemplos prácticos reveladores de eso que se denomina amor
imposible, cuya raíz del mal está en el fenómeno del enamoramiento que se
desarrolla fuera del control de la razón y que puede degenerar en una patología
psicológica muy grave si no se lo trata a tiempo y con mucho tacto.
El
amor romántico, por su parte, es una pasión erótica que, al contrario del amor
platónico, exige carne y hueso. Es un amor apasionado en extremo y que campea
en las películas, telenovelas y literatura del romanticismo europeo del siglo
XIX. La historia de Eloísa y Abelardo en la edad media, y de Julliette Drouet y
Víctor Hugo en el siglo XIX, pueden servir de modelo para desentrañar la
esencia del amor romántico en sentido estricto y normal.
El
amor romántico es erótico en el sentido griego de la palabra y muy apasionado.
En su dinámica juegan un papel prioritario la belleza física y moral de las
personas, así como la intensidad del deseo de poseerse en profundidad y en
exclusiva. Es una pasión sentimental fuera de razón y suele saltar de forma
repentina como un flechazo. Pero puede desaparecer también con la misma
prontitud que se produce. En muchos casos, el sentimiento erótico que se tiene
hacia otra persona es tan intenso que se sale de los parámetros de lo razonable
y puede conducir al suicidio. El pensamiento en la persona románticamente amada
es recurrente y obsesivo en extremo. La melancolía es también connatural al
amor romántico, así como el sufrimiento masoquista buscando placer en el
sufrimiento en forma de humillación o dolor físico. Al masoquista romántico
le gusta infligirse daño a sí mismo lamentando la imposibilidad de poseer en
exclusiva y con seguridad a la persona amada, de carne y hueso, y no sólo de
una forma idealista asexual e impersonal, al modo platónico.
El amor realmente humano es el amor personal. Para ayudar a entender correctamente el alcance de esta afirmación, me parece oportuno hacer unas aclaraciones conceptuales. Entiendo por amor personal al reconocimiento incondicional de la dignidad o valor superior de toda persona humana con transferencia de aprecio, de afecto o de ambas cosas a la vez. La transferencia de aprecio es esencial en toda forma de amor humano. Apreciar a una persona consiste en reconocer su dignidad y grandeza con la mente. En términos coloquiales es lo que denominamos tener un gran concepto de una persona, lo que demostramos hablando bien de ella con sinceridad y sin engaño, abiertamente y sin determinados gestos sentimentales o afectivos concretos. Puede bastar un apretón de manos, un aplauso, una inclinación de cabeza u otra forma social de buena educación, de acuerdo con las costumbres y tradiciones de los pueblos.
Sin
este aprecio mental de la persona, no tiene sentido después hablar de amor a
ella. Lo que ocurre es que el amor sólo apreciativo sin transferencia afectiva,
hace que nuestras relaciones personales resulten ciertamente respetuosas, pero
distantes y frías. La transferencia afectiva
no es esencial, pero es muy importante en la vida real. Sin esa transferencia
de afecto, el amor resulta meramente especulativo y abstracto. Igualmente cabe
advertir que el amor meramente afectivo o
sentimental corre el riesgo de degenerar en enamoramiento y desencanto.
El
arte de amar correctamente consiste en aprender a expresar nuestro respeto a
las personas con la dosis adecuada de aprecio y afecto de acuerdo con las
circunstancias en las que se encuentra cada una de ellas. Esto es fundamental
sobre todo en la vida matrimonial y de familia y, por supuesto, en las
relaciones entre amigos
Para
poner las cosas en su sitio, me parece indispensable distinguir entre lo que es
una persona, objeto propio del amor
humano, y lo que es su personalidad,
sobre la que puede recaer nuestro rechazo o desamor al mismo tiempo. La persona
humana es algo perfecto que subsiste en la naturaleza racional y que
identificamos mediante un nombre sustantivo personal, como Pedro, Juan, María o
Jasmine. La persona es el sujeto o individuo humano titular del DNI. La función
esencial de nuestro documento nacional de identidad consiste precisamente en
identificar a cada persona de tal forma que no sea confundida con ninguna otra
y no errar en la atribución de los méritos o responsabilidades que corresponden
a cada una de ellas. A este individuo de la especie humana es al que
denominamos persona, que comienza a existir en el momento matemático de la
singamia e instauración del código genético tal como aparece ya diseñado en el
CIGOTO, y que continúa siendo el mismo, distinto de cualquiera otro cigoto de
la misma especie, hasta la muerte. La persona es lo que somos y a cuyo nivel
todos somos iguales. Nadie es más o menos persona que otra. Como personas, lo
mismo antes que después de nacer, durante la adolescencia, juventud y
ancianidad, sanos o enfermos, hombres o mujeres, somos todos iguales en
dignidad o valía.
¿Y
qué es eso tan valioso y excelente que somos como personas y que no pierde su
calidad ni siquiera con la enfermedad a lo largo de la vida? Esa grandeza
deriva del hecho de que toda persona humana, en cuanto persona, es imago Dei, o sea, imagen o reflejo de
Dios por estar dotada de inteligencia independientemente del uso, no uso, bueno
o mal uso que cada cual hagamos o podamos hacer de ella. Como personas, pues,
somos siempre el mismo sujeto humano y todos somos iguales en dignidad o
excelencia ontológica. Pues bien, la persona
así entendida es el sujeto propio del amor.
La
personalidad, en cambio, es todo
aquello que sobreviene o acaece a la persona, bueno o malo. Así, el que una
persona sea alta, baja, iracunda o amable, bondadosa o perversa, enferma de
nacimiento o dotada de buena salud, guapa o fea, culta o analfabeta, dotada de
cualidades artísticas o intelectuales, pertenece al ámbito de la personalidad. La
personalidad significa todo aquello que adquirimos o perdemos a lo largo de la
vida, para bien o para mal. Mientras la persona es siempre algo perfecto en su
género e inmutable, la personalidad admite más y menos, es cambiante y lo mismo
puede darse en lo bueno que tenemos que en lo malo. Es correcto decir que una
persona tiene más o menos personalidad que otra, pero es falso decir que una
persona es más o menos persona que otra. Persona es lo que siempre somos en
grado perfecto, y personalidad lo que llegamos a ser lo mismo en lo bueno que
en lo malo.
En consecuencia, cuando se habla de amor personal, queremos decir que lo que amamos es la persona y no la personalidad. Por lo demás, es obvio que el amor personal es compatible con el sexo y el enamoramiento, pero no se confunde con ellos. Más aún, la experiencia de la vida enseña que por la vía sexual o del enamoramiento pocos llegan al amor personal y con muchas dificultades. Por el contrario, por la vía del amor personal las relaciones sexuales se dignifican y embellecen y el enamoramiento deja un poso de experiencia feliz compartida. Al contrario de lo que dije antes acerca del amor de enamoramiento, el amor personal es una opción de libertad en la cual intervienen el uso correcto de la razón y la reflexión. Pero el amor personal tiene una forma de expresión muy importante en la vida humana. Me refiero a la amistad. Antes, sin embargo, me parece oportuno hacer unas reflexiones sobre las consecuencias negativas de confundir platónica y románticamente el amor a las personas con la admiración de la belleza.
7. Belleza, erotismo y amor en conflicto permanente
En estrecha relación con el amor se encuentra nuestra forma de entender la bondad de las personas, de las cosas y su belleza. También en esto hay errores culturales importantes muy difíciles de corregir. Para nuestro caso cabe hacer las siguientes observaciones.
Hemos
dicho que la confusión cultural del amor con el sexo y el enamoramiento es
fuente inagotable de sufrimiento humano. Pues bien, tal sufrimiento podría ser
atenuado corrigiendo otro error cultural muy grave, que consiste en
confundir lo bello con lo bueno. La gente, si se deja llevar por sus
impulsos emocionales y por la cultura dominante, tiene una tendencia
irresistible a conformarse con admirar la bondad de las personas y a enamorarse
de su belleza externa. Sólo algunos ejemplos para ilustrar lo que termino de
decir, tomados de mi experiencia profesional.
Caso
primero. Se casaron y durante el viaje de
novios se destapó la sucia historia de infidelidad e irresponsabilidad del
marido, terminando el estrenado matrimonio en ruptura definitiva. Conocida la
tragedia por una persona del entorno familiar de la joven esposa traicionada,
comentó: ¿cómo es posible que esto haya sucedido siendo ella tan guapa?
Caso segundo. Durante la celebración de
un almuerzo alguien me hizo notar la presencia de una hermosa señora con estas
palabras: es la nueva esposa de mi hermano. Seguidamente me comentó que su
hermano no había hecho bien recambiando a su esposa pero que, habida cuenta de
la escasa belleza de la primera, comparada con la belleza de la segunda, era
comprensible que su hermano hubiera tomado la decisión de cambiar la primera
por la segunda.
Caso tercero. Un señor conoció a una
joven japonesa de cuya belleza física quedó fascinado hasta el punto de
considerar como objetivo prioritario de su vida hacerla suya con el matrimonio.
Y lo consiguió, en efecto, pero con el paso del tiempo aquella belleza
desapareció por completo y perdió todo su interés por la mujer agraciada. Como
persona, comentaba el caballero, no la había conocido nunca y como belleza no
le causaba ya ningún atractivo. Convivía fríamente con ella por sentido de
responsabilidad, pero ni sentía afecto por ella ni la convivencia le reportaba
felicidad alguna.
En
estos tres casos, que podían multiplicarse, hay un error muy grave de
principio. Dicho error consiste en la ausencia total del amor personal, tal
como lo hemos descrito más arriba, al confundir la belleza física o estética
con la bondad humana de las personas. ¿Dónde está la confusión? La respuesta,
desde el punto de vista del discurso analógico, resulta fácil. En los tres
casos se han enamorado de la belleza física y no de sus respectivas personas.
No han entendido que la belleza física es sólo objeto de admiración y no de
amor. La belleza física de las cosas y de las personas ha de ser admirada pero
jamás amada. La belleza, en todas sus formas, constituye el objeto de nuestra
admiración y solamente el bien o bondad de las personas es objeto de amor. La historia
cultural de esta confusión de los objetos propios de la admiración y del amor
en la cultura occidental ha encontrado siempre su presunta legitimidad
educativa en la filosofía de Platón, el cual, como queda dicho, pensó que entre
la belleza y el amor existe una relación ontológica.
Según
Platón, el objeto propio del amor es la belleza en sí misma e ideal. Pero la
puesta en práctica de tal forma de pensar sólo ha contribuido a convertir el
enamoramiento en una fuente de desgracias cuando debería serlo de felicidad. La
experiencia de la vida enseña que sólo las personas han de ser amadas y no su
belleza física, que ha de ser simplemente admirada como un rasgo de la
personalidad. Por consiguiente, si el amar a las personas nos produce
trastornos morales, ello significa que no sabemos amar. Igualmente, si la
admiración de la belleza, sea cual fuere, nos crea problemas morales, es que no
sabemos admirar. La conclusión de todo esto es que hemos de aprender a amar a
las personas y no conformarnos con admirarlas por algún rasgo de su
personalidad, y a admirar la belleza de las personas y de las cosas sin
enamorarnos de ellas. Gran error es en confundir el objeto del amor, que es lo
bueno, con el objeto de la admiración, que es la belleza.
El
amor humano tiene que ser antes que nada personal y no sexual, de
enamoramiento o simplemente ideal romántico o platónico. El amor personal no
requiere necesariamente el ejercicio sexual o estar enamorados, ni excluye las
relaciones sexuales y el enamoramiento. Pero tampoco se confunde con esas
formas inferiores de amar, sino que, cuando éstas tienen lugar en el contexto
del amor personal, se embellecen y dignifican. Por el contrario, cuando tienen
lugar fuera del contexto del amor personal, se degradan y deshumanizan. Ahora
bien, hablando de amor resulta obligado hablar de la amistad como un capítulo
aparte en el contexto del amor personal. La amistad es un bien escaso pero muy
necesario para la vida feliz y las buenas relaciones sociales. Digamos de
entrada que es una forma de amor personal sui generis incompatible con
el enamoramiento. Pero vayamos por partes.
La amistad (del latín amicus = amigo) implica una relación afectiva peculiar entre dos o más personas y la mayoría de los seres humanos siente por ella gran estima. La amistad nace cuando las personas se relacionan en base a algo que hay en común entre ellas generosamente compartido. Hay amistades que son como la flor del almendro, nacen pronto y desaparecen rápidamente. Otras, en cambio, tardan en fraguarse, pero después duran toda la vida. Los amigos comparten con agrado actividades, gustos y recuerdos. Cultivan la confianza mutua y la sinceridad en sus formas de tratarse interesándose recíprocamente por su bien mutuo. Se ayudan según sus posibilidades y se alegran por sus éxitos. Los amigos son comprensivos entre sí, pero sin imponerse mutuamente sus opiniones, errores o aciertos en la vida. La comprensión entre amigos no significa, por tanto, aprobación indiscriminada de sus formas de ser y de pensar. La amistad no se basa sólo en las semejanzas o rasgos de personalidad compartidos sino también y sobre todo en el respeto mutuo de su dignidad personal. La amistad es el milagro que hace posible el intercambio de unas relaciones personales entrañables de las que tanto necesitamos para dignificar la convivencia social, aliviar las penas de la vida y satisfacer el deseo de felicidad que brota de lo más íntimo del ser humano.
Pero las relaciones personales de amistad tienen matices propios muy peculiares. Dos personas, por ejemplo, pueden profesarse gran respeto y admiración sin que por ello se consideren amigas. De hecho, la amistad es una forma de amor humano muy especial y difícil de cultivar con éxito. Hay ciertamente muchos simulacros de amistad, pero amigos verdaderos, pocos. La amistad es el arte de querer desinteresadamente a las personas sin enamorarse de ellas. Por lo mismo, la amistad es una perla que todo el mundo busca a su modo, es difícil de encontrar, pero indispensable para la convivencia humana y la felicidad personal[2].
9. La enemistad y el desamor
El
vicio opuesto a la virtud de la amistad es la enemistad, que consiste en la
aversión entre dos o más personas. Las personas enemistadas se aborrecen y no
desean verse ni tratarse. En casos extremos la enemistad conduce a las
agresiones verbales y a intimidaciones sin excluir las agresiones físicas si
llega el caso. Mucha gente disfruta haciendo alarde de su enemistad tratando
por todos los medios a su alcance de hacer la vida imposible o desagradable a
los demás. En los casos más extremos la enemistad de una persona o de un grupo
social hacia una persona puede resultar tan insoportable que la persona
aborrecida no descarta la idea del suicidio como forma de liberación. En las
enemistades, el odio y el resentimiento tienen el campo abonado y se impone el
desamor, desde las simples faltas de respeto personal hasta el odio más
profundo y rencoroso.
El
odio es un sentimiento de profunda antipatía, aversión y repulsión hacia una
persona, incluso hasta destruirla. El odio es el punto opuesto más alejado del
amor y la amistad entre las personas y los grupos sociales. Pero este
sentimiento nefasto no ha de confundirse con el “odio” o indignación que la
gente honrada siente hacia personas y organizaciones que disfrutan o amenazan
con hacer sufrir a los demás. Por analogía decimos que odiamos todo aquello que
se opone a nuestra salud y bienestar. Decimos, por ejemplo, que odiamos el
tabaco o los excesos en la comida y la bebida. Hay cosas y formas de conducta
que consideramos odiosas como la esclavitud, el racismo, el genocidio, la
guerra, o la producción artificial de seres humanos para ser destruidos después
por razones sentimentales, legales o científicas.
En
lenguaje coloquial se utiliza también el término odio para enfatizar que tal
estilo arquitectónico, un tipo de gente, un artista o nuestro propio trabajo no
nos gusta. Cuando un muchacho o una muchacha quieren expresarse un afecto de
forma espectacular, utilizan a veces la expresión “te odio” y otras similares. En
las sociedades modernas avanzadas los fenómenos sociales que más suscitan odio
o rechazo extremo por parte de las personas honradas suelen ser, entre otros
muchos, el racismo, los fanatismos políticos y religiosos, los asesinatos y la
violencia en general. Últimamente se ha impuesto una forma de enemistad y
desamor que produce sentimientos de odio específicos. Me refiero al fenómeno
del terrorismo y de los nacionalismos sin olvidar la guerra. Antes de la guerra
suele ser útil enseñar a la población a odiar a otra nación o régimen político.
De una u otra forma la enemistad en clave de odio sigue siendo el principal
motivo de los conflictos armados como la guerra y el terrorismo. El amor y la
amistad personal son incompatibles con estos sentimientos de irracionalidad y
desamor. La enemistad es el término que expresa de forma adecuada esa oposición
e incompatibilidad. Con las personas que se complacen en hacer la vida
desagradable a los demás o son rencorosas es prácticamente imposible mantener
relaciones de verdadera amistad.
10. La envidia y la desconfianza
La envidia
consiste en sentir tristeza por el bien ajeno. El envidioso, en efecto, no
soporta que a los demás las cosas les vayan bien. Justamente lo contrario de lo
que siente el buen amigo, que disfruta con lo suyo y desea lo mejor para el
amigo. La base psicológica de la envidia hay que buscarla más en el afán de
poseer que en el deseo de privar de algo al otro. Pero, como no haya otra
alternativa frente a un objeto disponible, el envidioso no tolera que se lo
arrebate nadie, ni familiares ni amigos. El envidioso tiene la sensación de que
lo suyo es suyo y lo de los demás también. La envidia nos hace muy mezquinos ya
que impide que seamos felices con lo nuestro y nos hace sufrir con la
prosperidad de los demás. Por eso la envidia produce una sensación muy
desagradable y nada propicia para la amistad. Se puede afirmar sin exagerar que
los envidiosos están psicológicamente incapacitados para ser amigos de nadie.
Lo mismo cabe decir de los desconfiados. Tan pronto se produce el más leve
resquicio de desconfianza entre amigos, o se restablece pronto la confianza
perdida o la amistad se va al traste. Lo cual no significa que cuando se
aprecian síntomas evidentes de desconfianza en el amigo estos deban ser
sistemáticamente pasados por alto como si nada ocurriera. A esto se lo llama
ingenuidad. Las amistades, como todas las relaciones humanas, pueden
corromperse y cuando tal ocurre lo mejor es abandonarlas. Es triste perder una
amistad, pero lo es más mantenerla como una moneda falsa con el gusano dentro
de la desconfianza.
11. El acoso a la intimidad del amigo
Los
buenos amigos comparten intimidad y se informan de asuntos íntimos que no están
dispuestos a tratar con otras personas. Hay cosas sobre las que se habla con
más objetividad y libertad con un amigo o profesional que con los miembros de
la familia. El tema de la intimidad es muy delicado. En primer lugar, no con
todos los amigos se puede y debe hablar de las mismas cosas. Cada amigo tiene
su personalidad, sus convicciones, sus creencias y su forma de entender la
vida. Por tanto, cuando los amigos son muy diferentes unos de otros, hay que
tener en cuenta esas diferencias de personalidad para acertar en la forma de
tratar con ellos de asuntos íntimos o muy personales. Un error grave que puede
echar a perder la mistad consiste en pretender introducirse en la intimidad del
otro. La intimidad de una persona es como el recinto familiar. Cuando vamos a
casa ajena lo lógico es llamar primero a la puerta y esperar a que nos abran.
Una vez dentro de la casa, de seguro que, si es la primera vez que la
visitamos, tendrán interés en hacérnosla conocer. Para ello nos irán
introduciendo en las diversas dependencias abriendo puertas y ventanas.
Pues bien, sería sorprendente y desagradable que nosotros por nuestra cuenta abriéramos alguna puerta cerrada, o el cajón de alguna mesa, para conocer lo que hay dentro. A lo más preguntaremos dónde se encuentra el servicio, si es que se han olvidado de decírnoslo al entrar. De forma parecida hay personas que hacen inmediatamente incursiones en la intimidad de los amigos como si estos tuvieran la obligación de desvelarles todos los secretos de su vida. Esta imprudencia no sólo impide el desarrollo de una verdadera y sólida amistad, sino que es la causa también de muchas rupturas matrimoniales. Cuando una persona trata de hacer incursiones indiscriminadas en la vida íntima de los demás, está poniendo en peligro el desarrollo y maduración de la verdadera amistad. Al amigo hay que escucharlo con verdadero interés, pero sin hacerle preguntas que no espera, o a las que él mismo va a responder sin que nadie se las haga. El interés por ayudar a los amigos es esencial a la amistad, pero el acoso a su intimidad con preguntas indiscretas o imponiéndoles nuestros gustos, creencias y convicciones, puede terminar dinamitando las relaciones amistosas.
12. Amistad y enamoramiento
Después
de lo dicho se comprende que el fenómeno psicológico del enamoramiento tenga repercusiones
negativas en la amistad. Nunca se insistirá lo suficiente en el hecho de que
los enamorados son poseídos por una mezcla de manía, demencia y obsesión que
los margina respecto del mundo que los rodea. Sus formas de comportamiento son
de todos bien conocidas e inducen a pensar con razón que en algunos momentos los
enamorados han perdido parcial o totalmente el uso de la razón. El estado
sentimental de enamoramiento, cabe insistir, tiene mucho que ver con la
dinámica patológica de las obsesiones. Todos los crímenes pasionales y finales
trágicos entre personas enamoradas tienen alguna explicación en que cuanto más
se intensifica el estado de enamoramiento más se debilita el uso de la razón.
Los
verdaderos amigos, por el contrario, se quieren, pero no se enamoran. De ahí
que con la amistad madure el uso de la razón, así como el ejercicio responsable
de la libertad personal. El enamoramiento, en cambio, suele ser enemigo de la
verdadera amistad porque es ciego y nos impide ver y querer a las personas como
realmente son. Es como un estado febril placentero que, o desaparece o termina
con la salud mental de los enamorados. En el lenguaje coloquial, cabe insistir,
se expresa esta misma realidad cuando se dice que tal persona está “chalada” o “loca”
por otra y que no en vano en inglés enamorarse de una persona es “to fall in
love”. Con lo cual se apunta a la idea de “caída”. Caída, sin duda, del uso de
la razón en el abismo de un estado emocional obsesivo que impide a los
enamorados verse a sí mismos y el mundo que los rodea con objetividad y
realismo.
Los verdaderos
amigos, por el contrario, se aprecian en un contexto emocional que no pone en
peligro su libertad ni su capacidad para usar correctamente la razón. El
enamoramiento constriñe el afecto obsesivamente a una persona mientras que la
amistad hace posible que nuestro afecto sea compartido libre y felizmente con
muchas personas al mismo tiempo sin que para ello sea obstáculo el sexo o el
estado social.
Con el
enamoramiento termina la amistad propiamente dicha y se genera otro tipo de
relaciones personales, que sólo impropiamente son comparables a la verdadera
amistad. Los verdaderos amigos, se quieren sin enamorarse nunca. De ahí que la
amistad verdadera sea posible entre personas del mismo sexo, del sexo contrario
y con muchas personas al mismo tiempo sin que se produzcan conflictos
emocionales o celos. Cuando esto ocurre significa que alguna de las partes no
ha entrado en el verdadero ámbito de la amistad o se ha salido de él. En cualquier
caso, las mejores amistades se corrompen cuando se enfatiza lo emocional sin
pasarlo por el filtro de la razón. El verdadero amigo nunca interfiere en los
afectos particulares y específicos del amigo por razón de su condición personal
o social. La vida está plagada de amistades que terminan mal a causa del
enamoramiento patológico o simplemente inmaduro.
13. Los favores sexuales y el dinero
Otro tema
interesante asociado a la amistad es la cuestión de los favores sexuales. Quien
exige favores sexuales a cambio de amistad o de ayuda económica, laboral o
cualquiera otro motivo, no es un amigo sino un explotador egoísta sin pudor. El
chantaje sexual es un recurso muy frecuente y no es necesario insistir en ello.
Cuando tal ocurre no tiene sentido hablar de amistad. Eso que llaman parejas
sentimentales, es cualquier cosa menos una verdadera amistad. Menos aún son
expresión de verdadera amistad las ayudas para promocionarse en la vida, al
precio de pactados favores sexuales. En ocasiones, el favor sexual surgió
psicológicamente disfrazado de gratitud por algún gran favor recibido. El
sentimiento de gratitud en estos casos es tal que la persona agraciada se
considera en el deber de pagar con esa moneda al bienhechor. Este sentimiento
de gratitud como tal es comprensible y de suyo nada tiene de reprochable. El
problema empieza y se consuma cuando ese sentimiento original de gratitud no es
pasado por el filtro de la reflexión y al tiro es ejecutado. Cuando tal ocurre,
lo más frecuente es que con el favor sexual ofrecido y aceptado surjan nuevos
problemas incompatibles con los cánones de la verdadera amistad. Otras veces el
favor sexual es pactado en términos de la más absoluta generosidad por ambas
partes. Este fenómeno no es infrecuente y está muy relacionado con lo que se
denomina “transferencia afectiva” como forma también de gratitud. Tal fenómeno
puede ocurrir sobre todo en el ámbito de las relaciones personales específicas
de algunas profesiones muy cercanas a la intimidad personal.
En
cualquier caso, la realidad de la vida práctica enseña que cuando el favor
sexual es la moneda de cambio exigida por el presunto amigo, la verdadera
amistad deja de existir para dar lugar a la explotación egoísta y desvergonzada
del amigo o de la amiga. Cabe, sin embargo, la posibilidad de que el favor
sexual que comenzó por un genuino sentimiento de gratitud, sea después
rectificado convirtiéndose en una fuente de experiencia y motivo profundo de
amistad. Cualquier equivocación en la vida puede ser transformada con el
correcto uso de la razón en una fuente de experiencia positiva de la vida. En
la vida se aprende también de los errores cometidos. En cualquier caso, el
favor sexual, tal como queda descrito, corrompe de inmediato cualquier amistad.
Pero si el error es rectificado a tiempo y no se repite, cabe también la
posibilidad de que renazca una amistad verdadera. Lo cual sólo tiene lugar en
la práctica a título de excepción entre personas curtidas por la experiencia de
la vida y que han alcanzado una madurez racional importante. Por desgracia, no
es infrecuente que en estos casos las partes implicadas terminen olvidándose o
aborreciéndose cuando tales favores dejan de existir. Ni se excluyen los
finales trágicos. La sabiduría popular lo tiene claro: Poderoso caballero es
don dinero. Y si quieres perder a un amigo, dale sexo o dinero.
Cuando
hay dinero por medio, las relaciones humanas cambian de significado. Las
disputas por las herencias pueden destruir las mejores familias y los mejores
amigos desaparecen cuando tienen la oportunidad de medrar en nombre de la
amistad. El abuso de la amistad tiene un nombre de gran actualidad: amiguismo.
Los políticos, por ejemplo, lo cultivan a manos llenas favoreciendo a sus
“hombres de confianza” y poniendo fuera de circulación a las personas más
honradas y competentes para el desempeño de cargos y responsabilidades públicas.
Cuando se dice que tal o cual función pública es un “cargo político” todos
sabemos que el agraciado es pagado para que ejecute ciegamente las órdenes
recibidas del jefe sin tener en cuenta la naturaleza justa o injusta de las
mismas. La respuesta del agraciado es simple: “me pagan para eso” y uno tiene
que ganarse la vida.
Cuando
hay dinero por medio, prestigio social, votos o posibilidad de escalar el
poder, las amistades se tornan automáticamente en interesadas y egoístas. Otras
veces simplemente desaparecen, si es que no derivan en abierta enemistad. Es
obvio que existen amistades basadas en el placer y en el provecho material
representado universalmente por el dinero. Pero el refranero popular, la
Biblia, Aristóteles y Tomás de Aquino, nos recuerdan que tales amistades, por
más que así se llamen, no son propiamente amistad. Los amigos que sólo están
unidos por la conquista del dinero y del poder, cuando la competencia o la
honradez profesional los salen al paso, terminan olvidándose para siempre si no
aborreciéndose. La ambición de dinero y el ansia de poder hacen amigos falsos y
peligrosos. Sólo excepcionalmente hay personas capaces de cultivar la verdadera
amistad sin dejarse contaminar por el dinero y el poder. La mistad verdadera no
se vende ni se presta a nadie, sino que se regala y reparte desinteresadamente
a todos.
La
amistad, insisto, ha sido buscada desde que existe la humanidad como una joya
de gran valor para la convivencia social y la felicidad personal. En la
antigüedad el filósofo Aristóteles (384-322 antes de Cristo) dejó escrito en La
ética a Nicómaco que sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera
todos los demás bienes. Hasta los ricos y los que ejercen el poder sienten la
necesidad de tener amigos. Aristóteles se preguntó sobre la posibilidad de la
amistad entre los hombres y los dioses paganos. Su respuesta fue negativa. En
el Nuevo Testamento, por el contrario, se afirma la posibilidad real y cercana
de las relaciones de amistad más entrañables entre Dios y los hombres. La Última
Cena de Cristo con los suyos, por ejemplo, fue una cena de despedida entre
amigos que comparten intimidades y gestos insólitos de afecto en nombre de
Dios.
En el
siglo XIII Tomás de Aquino (1225-1274) razonó la posibilidad de esa amistad
entre Dios y los hombres. La esencia de la caridad, dejó escrito, consiste en
hacernos amigos de Dios en tanto que Él es la fuente de nuestra felicidad. No
hay prueba más evidente del amor de Dios que el hecho de que Él, Creador de
todas las cosas, se haya hecho criatura; dueño de todo, se haya hecho nuestro
hermano y siendo Hijo de Dios, se haya hecho Hijo del hombre. Con la mediación
de Cristo, en efecto, se acortaron las distancias entre Dios y el hombre
haciendo posible entre ambos una relación de amistad con todas sus ventajas y
gratificaciones.
La
literatura sobre la amistad es amplia, así como los refraneros y aforismos
populares. Pero ¿por qué un tesoro tan grande es buscado por todos siendo
encontrado relativamente por pocos y con tantas dificultades? Tengo la
impresión de que la clave para crear y mantener relaciones de verdadera y
perdurable amistad consiste en aprender el arte de querer a las personas
desinteresadamente sin enamorarnos nunca de ellas. La amistad me abrió muchas
puertas a instituciones y personas que de otra forma no habría podido
franquear. A través de relaciones amistosas tuve ocasión de conocer por dentro
muchas situaciones relacionadas con los antiguos regímenes comunistas, lo cual
me sirvió para abrir los ojos a la triste realidad humana y social a la que
esos regímenes dieron lugar.
Por la amistad verdadera se llega también a la intimidad de las conciencias y a los problemas personales antes y mejor que por la vía profesional. Dicho lo cual, he de decir igualmente que la amistad es un arma de doble filo, que hay que manejar bien para evitar fracasos personales y profesionales. La amistad genera confianza, abre muchas puertas y proporciona felicidad, pero cuando se abusa de ella degenera fácilmente en basura humana. Cuando esto ocurre se cumple aquello de que el mejor vino se convierte en el peor vinagre.
14. Modos, tiempos y formas de amar
De lo dicho hasta aquí resulta obvio que el
amor es un término universal que se aplica a formas de conducta diversas.
Obviamente, desde el amor a Dios a “hacer el amor” con una prostituta hay una
distancia semántica abismal. La tendencia actual predominante en la cultura
occidental es muy propensa a confundir el amor humano con el amor sexual
infecundo y a la aceptación de la espontaneidad sexual sin pasar por el filtro
de la razón. Tanto es así que elementos humanos tan importantes como la
fidelidad y la estabilidad amorosa son interpretados como ataduras opresivas de
culturas presuntamente llamadas a desaparecer. En este contexto psicológico se
considera aún más extraña la dimensión cristiana del amor, que nos sitúa en una
perspectiva de esperanza extraterrenal y de perdón a los enemigos. En la vida
práctica, cuando alguien pronuncia la palabra amor hay que poner en marcha el
sentido de la prudencia para no caer en alguna trampa. La gente tiene una
propensión brutal a sobreentender que se trata de amor sexual o, en el mejor de
los casos, de enamoramiento.
En el
otro extremo están quienes estiman que el término amor ha de ser liberado de
cualquier connotación sexual o estado emocional relacionado con el
enamoramiento. Tampoco faltan quienes piensan y se comportan en materia de amor
como si en el amor sexual, de enamoramiento u otras formas de amar no hubiera
ningún elemento vinculante fuera del placer de satisfacer los instintos brutos
de la naturaleza al margen del uso correcto de la razón. La realidad de la
vida, por el contrario, muestra otro rostro más humano del amor cuando se
tienen en cuenta lo que hay en común en todas esas formas de amar y más aún las
diferencias. La experiencia castiza de la vida nos enseña que el amor sexual y
el enamoramiento, a pesar de su enorme importancia en el desarrollo feliz de la
vida humana, ni son ni han de ser confundidos jamás con la esencia del amor. De
hecho, con frecuencia son la muerte del mismo y causa de muchos sufrimientos.
Igualmente, lo que es realmente caridad es también amor, pero no todo lo que es
amor es caridad. El elemento común a todas las formas verdaderas de amor es el
respeto personal, la fidelidad en la estabilidad y la prioridad del bien de las
personas a las que amamos frente a los propios intereses.
Por
lo que se refiere a las formas de expresar el amor, cada momento de nuestra
vida exige la suya propia. Formas humanas de expresar el amor a una edad
determinada, por ejemplo, pueden resultar ridículas y hasta ofensivas en
circunstancias personales y sociales diferentes. Analógicamente hemos de ver y
saber en cada momento qué es lo que debe continuar igual o cambiar en nuestra
vida amorosa. Me refiero a qué es lo esencial y pasajero, lo vegetativo,
egoísta e inhumano y lo realmente humano y divino, como dicen los poetas. Ni el
amor es cualquier cosa ni puede ser reducido a sexo o enamoramiento. Tampoco
puede decirse que, por el hecho de que el amor humano de mayor calidad no
requiera ejercicio sexual ni enamoramiento, por ello todo esto no tenga nada o
poco que ver con el amor. En la vida real el amor personal, tal como lo hemos
descrito más arriba, eleva y dignifica el ejercicio de la vida sexual y los
estados sentimentales de enamoramiento.
Por el contrario, el amor sexual por sí solo y el enamoramiento, insisto, suelen ser una de las causas más frecuentes de sufrimiento por la falta del amor personal o corrupción del mismo. Como el enamoramiento no es una opción de libertad personal sino un estado emocional, que surge al margen de la razón, hay quienes se enamoran prematuramente y quienes, por el contrario, se sienten enamorados en edades muy avanzadas. En ambos casos se trata de tiempos inapropiados, lo que da lugar a los denominamos “amores imposibles” de los que he hablado más arriba. Esta circunstancia de tiempo impertinente contribuye de forma alarmante a que el amor, en lugar de ser fuente de felicidad, lo sea de problemas familiares y sufrimiento personal.
CAPÍTULO II. SOBRE EL AMOR DIVINO Y
CRISTIANO
1. Aclaración conceptual importante
El calificativo de divino es la
traducción literal de divus, divinum
asociado a Dios (Deus). Durante la época del Imperio romano surgieron el culto
y la veneración de algunos emperadores considerados como dioses, después de su
muerte. Pero Domiciano no tuvo reparo en declararse a sí mismo dios mientras
vivía, lo cual fue interpretado como un escándalo y desvergüenza. No obstante,
el hacer que ciertos emperadores fallecidos fueran tratados como dioses después
de su muerte se convirtió en una rutina y elemento prominente de la religión en
el Imperio romano durante el Principado, hasta el punto de que algunos
parientes de emperadores fueron también deificados con el título de divus, si era hombre, y diva, si era mujer. El culto a los
emperadores se practicó hasta el siglo IV en que lo hacen desaparecer el
emperador Constantino I y la presencia dominante del cristianismo. De hecho,
una de las razones alegadas anteriormente para la persecución de los cristianos
fue que estos se negaban a dar culto al Emperador. El trato al emperador como divus o divino tenía esencialmente un
sentido más político que religioso y favoreció lo que actualmente llamamos
culto a la personalidad.
En la edad media cristiana occidental el título de divus o divino se utilizó para destacar la personalidad relevante
de algunos artistas y teólogos. Se generalizó así entre los grandes pensadores
y teólogos la forma protocolaria de referirse a Santo Tomás de Aquino citándole
o refiriéndose a él como divus Thomas,
el divino Tomás. Obviamente se trata de un título enfático y honorífico que
nada tiene que ver con la política ni la religión. En el contexto platónico
divino es todo lo más grande y maravilloso que podemos conocer y amar,
especialmente la idea de belleza. En el lenguaje usual corriente cuando no
encontramos ya calificativos más adecuados para describir la grandeza o belleza
de personas o cosas decimos que está divina o divino. Divino es sinónimo de
sublime en grado máximo. Dicho lo cual advierto que cuando aquí se hablamos del
amor divino se trata del amor personal de Dios al hombre transmitido por
Jesucristo. Veamos cómo y de qué manera se ha manifestado ese amor.
Hace
dos mil años que se viene hablando del amor cristiano. Cristiano es todo
aquello relacionado con la persona de Cristo y resulta particularmente
interesante la forma en que Cristo entendió el amor humano. De hecho, toda su
vida estuvo marcada por el amor a Dios y a los hombres. Por ello, me parece
obligado recordar algunos textos cristianos en los que el amor es proclamado y
enaltecido de una forma taxativa y contundente. Durante la celebración de la
última cena, por ejemplo, según el relato de Juan (13,15), hubo dos momentos
particularmente significativos a este respecto. El primero se refiere al gesto
de Jesús lavando los pies a sus apóstoles. Al final de la escena, ante el
estupor de todos, sobre todo de Pedro, Jesús les dijo que aprendieran la
lección de amor que les había dado. Jesús no pronunció una bella conferencia
sobre el amor para después discutir con ellos sobre si hay que amar y cómo a
los demás. Realizó una prueba de amor con ellos sin dejar margen para
discusiones dialécticas y estériles. Lo que Él hizo como signo de amor ellos
tenían que hacerlo con todo el mundo sin necesidad de hacer discursos ni pedir
explicaciones. Así de claro: “Este es el mandamiento mío, que os améis los unos
a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida
por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn
15,12-13).
Todo hace pensar que en este mundo el principal signo social de identidad cristiana debe ser el amor sin excluir la cruz. Los cristianos han de amarse entre ellos y amar a los demás como Cristo los amó primero reflejando el amor que existe entre Dios y Cristo. Los cristianos deben estar unidos por el mismo amor que une a Cristo con Dios Padre. Las dos cartas de Juan evangelista son una ratificación de esta primacía del amor personal por encima de cualquier otro signo distintivo socialmente idealizado como criterio de humanidad. Paradójicamente el Jesús crucificado constituye un caso único en el que la muerte es transformada en un acto de amor jamás conocido en el cual son incluidos sus propios enemigos. De hecho, el mismo Cristo es presentado en el Nuevo testamento con sus hechos y dichos como la personificación viviente de Dios comprensivo y amoroso en contraposición con el Dios justiciero y terrible del Antiguo Testamento. En estos textos hay un mensaje de humanidad y civismo jamás conocido hasta que Cristo lo desveló y proclamó como programa de su vida al servicio salvador de la entera humanidad. Pero esta afirmación requiere una explicación[3].
3. El vacío de amor
en el ritualismo religioso judío
En la segunda parte del capítulo
quinto del relato evangélico de Mateo aparece la actitud de Jesús frente a la
Ley judía, que en ocasiones incumplía materialmente o la interpretaba con
autoridad propia. Por ejemplo, haciendo milagros en sábado, o censurando con
dureza el materialismo leguleyo de los fariseos. En los relatos evangélicos se
aprecia un enfrentamiento constante entre Jesús y los fariseos por la forma
diversa de interpretar la Ley. Esta pelea continuó después entre judíos y
cristianos hasta nuestros días. Cristo fijó con claridad su posición frente a
la Ley de Moisés diciendo que no vino a abolir la Ley de Moisés sino a
perfeccionarla. ¿En qué sentido? En el sentido de que interpreta el verdadero
significado del Antiguo Testamento al tiempo que añade cosas nuevas de las
cuales hablan los textos del Nuevo. Digamos que Cristo perfeccionó la Ley de
Moisés superándola con su forma de interpretarla más acorde con los designios
de Dios tal como puede apreciarse en los relatos evangélicos.
La Ley de Moisés cumplió con una
función específica hasta la ley mesiánica, pero Jesús no habla de cumplir
materialmente toda la Ley antigua sino de darle vida con un espíritu nuevo. El
espíritu nuevo se refiere al amor que ha de prevalecer sobre el mero
cumplimiento material de leyes y normas rituales y sociales existentes. Las
leyes son cumplidas correctamente cuando hay amor y no cuando son aplicadas
materialmente en su totalidad y detalle. Es en este contexto del “espíritu
nuevo” que hasta el más mínimo detalle de la Ley antigua conserva su valor. En
caso contrario, la interpretación material de muchas prescripciones del Antiguo
Testamento, de acuerdo con la interpretación de Jesús, deben ser suprimidas.
Mateo relata diversos momentos en los que Cristo se pronunció públicamente
sobre el Decálogo, que era como el corazón mosaico de la Ley de Moisés.
En el quinto precepto del Decálogo,
por ejemplo, se prohibía matar. Jesús ratifica dicho precepto, pero lo
interpreta y perfecciona diciendo que también lo viola quien se enoja
injustamente contra alguien o falta al respeto a una persona profiriendo
insultos contra ella. Así las cosas, ¿cómo se puede justificar la muerte
deliberada y directa de cualquier ser humano, aunque sea delincuente, sin
violar el mandamiento cristiano del amor extensivo a los propios enemigos? El
Decálogo condena el adulterio. Pero Jesús matiza que no sólo es adúltero el que
comparte favores sexuales físicamente cuerpo a cuerpo con otra mujer que no es
su esposa, sino también quienes se solazan con el solo deseo de hacerlo, aunque
físicamente no puedan o no les interese llevar a cabo sus propósitos
adulterinos. La infidelidad matrimonial se consuma con la unión de los cuerpos,
pero nace de la infidelidad ya existente en los corazones. La Ley de Moisés
propiciaba el repudio de la mujer por motivos banales y caprichosos por parte
del marido. Jesús matiza que el que se aprovecha de la mujer injustamente
repudiada comete también adulterio. El segundo precepto del Decálogo prohibía
el perjurio. Jesús va más lejos y condena todo tipo de juramento invitando a
llamar a las cosas por sus nombres; a lo blanco, blanco y a lo negro, negro. En
la Ley de Moisés estaba en pleno vigor el “ojo por ojo y diente por diente”. O
sea: la “ley del talión”, o lo que se conoce como la pena de muerte como
supremo castigo legal. El propio Cristo fue víctima de esta prescripción legal.
La respuesta exegética de Cristo a esta prescripción de la Ley de Moisés es
tajante: NO. “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo
os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla
derecha, ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte
la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete
con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le
vuelvas la espalda” (Mt 5,38-42). Así de claro. Cristo no tiene nada en contra
de las leyes penales justamente establecidas y humanamente aplicadas. Pero
condena de forma tajante la ley del talión con un lenguaje irónico y
típicamente oriental. No se trata de abolir las leyes penales justas pero la
pena de muerte no tiene cabida en el humanismo proclamado por Cristo. Esta
incompatibilidad se hace plenamente patente en los dichos y hechos de Cristo relacionados
con la forma de entender y llevar a la práctica el mandamiento troncal del
humanismo cristiano sobre el amor.
4. Perfeccionamiento cristiano de la Ley de
Moisés
La Ley de Moisés es perfeccionada por
Cristo de una forma original y contundente a propósito del amor a los enemigos
(Lc 6,27-35; Mt 5,44. 39-40. 42; 7,12; 5,46.45). Jesús, como buen judío,
visitaba la sinagoga siempre que tenía oportunidad de hacerlo para participar
en las lecturas bíblicas y exponer su pensamiento. Sus intervenciones llamaban
mucho la atención por las cosas que decía con autoridad propia prescindiendo de
la autoridad tradicionalmente atribuida a los rabinos de oficio más famosos.
Uno de esos días, dijo lo siguiente: “Pero a vosotros, los que me escucháis, yo
os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a
los que os maldicen, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una
mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues
la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome de lo tuyo, no se lo
reclames. Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten. Si amáis a
los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que
los aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis?
¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes
esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los
pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos;
haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa
será grande y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los
desagradecidos y los perversos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.
No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad
y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida y
rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con
que midáis se os medirá”. Mateo, 5,43-44, matiza: “Habéis oído que se dijo:
Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros
enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre
celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos”.
La
gente estaba acostumbrada a oír aquello de “amarás a tu prójimo y aborrecerás a
tu enemigo”. En la Ley de Moisés se preceptuaba, efectivamente, el amor al
prójimo. Pero el término “prójimo” no se refería a todos los hombres, a todo
ser humano, sino al que era considerado judío. En Lv 19,34 se recomienda y
manda el amor al extranjero peregrino, pero no se trata de personas de tránsito
sino de gente advenediza que terminaba incorporándose al pueblo judío. Por otra
parte, la Ley de Moisés preceptuaba taxativamente el exterminio de los pueblos
idólatras (amalecitas, amonitas, moabitas, madianitas y cananeos), para los
cuales se prescribe (Nm 35,31) la venganza de sangre y la prohibición de
aceptar compensación económica por el eventual rescate de sus gentes (Nm
31,31).
De la exclusividad del amor al judío
y de estas prescripciones terribles contra los no judíos se llegó a la
conclusión de que la ley del amor en la Ley de Moisés no se entendía en sentido
universal sino en beneficio exclusivo de los judíos y exclusión total de los
demás. Las palabras “odiarás a tu enemigo” reflejan la mentalidad rabínica en
los tiempos de Cristo. En el Lv 19,18 se condena al odio de judíos contra
judíos y sólo judíos. El amor al prójimo, según la mentalidad rabínica de la
época de Jesús, excluía, en efecto, a los samaritanos, alienígenas, prosélitos
o no conversos. Según los estudios de Strack-Billerbeck, la Sinagoga en tiempo
de Jesús entendía la noción de prójimo, lo mismo que en el Antiguo Testamento,
aplicada sólo y exclusivamente a los israelitas. Todos los demás, los no
israelitas, quedaban fuera del concepto de prójimo. En la Mishna, de hecho, se
legitima explícitamente la venganza y el rencor contra “los otros”, es decir,
contra los no judíos y extranjeros.
Pues bien, frente
a esta mentalidad Cristo presenta su enseñanza propia sobre el amor. El amor no
sólo no ha de ser excluyente de nadie, sino que ha de ser universal hasta el
extremo de incluir a los propios enemigos. Los judíos no sólo han de perdonarse
entre sí, como manda la Ley vieja, sino que han de perdonar ellos mismos
también a los demás sin excluir a nadie, ni siquiera a los propios enemigos. El
amor y el perdón a todo ser humano sin exclusiones raciales, religiosas o
culturales es una meta del cristianismo que en parte estaba incoada en el
Antiguo Testamento en función de los intereses judíos, pero que Cristo
interpretó de una forma nueva y humana susceptible de fascinar a los espíritus
más nobles y civilizados. A todo esto hay que añadir los gestos de Cristo ratificando
su ley del amor y que culminaron transformando su propia muerte ignominiosa en
un acto de amor universal de amor salvador de los seres humanos. Pero no quiero
terminar esta meditación sin referirme a la explicación psicológica y pastoral
de S. Pablo del mandato nuevo del amor contrapuesto a los preceptos rituales y
legales del Antiguo Testamento que Cristo revisó y perfeccionó rectificando la
idea del Dios terrible de la Ley de Moisés sustituida por el Dios del Amor
revelado en Cristo.
5. El canto de S. Pablo al amor
Pablo de Tarso escribió unas palabras
sobre la primacía del amor personal en la vida y enseñanza de Cristo que se han
convertido en una página magistral de la literatura universal. Me refiero al
capítulo trece de su primera carta a los corintios. Como aclaración previa digo
que el término amor adquiere un significado nuevo que se expresa con el término
caridad. Dice así: “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles,
si no tengo caridad soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque
tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia;
aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad
nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas,
si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente y servicial; no
es envidiosa ni jactanciosa ni se engríe. La caridad es decorosa, no busca su
interés ni se irrita; no toma en cuenta el mal ni se alegra de la injusticia y
se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera y
soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las
lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial
nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto desaparecerá lo parcial. Cuando yo
era niño hablaba como niño. Pensaba como niño. Razonaba como niño. Al hacerme
hombre dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo en enigma.
Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial pero entonces
conoceré como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad.
Estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1Cor 13).
En el primer párrafo Pablo afirma la
necesidad que tenemos todos del amor. Una persona puede estar dotada de
cualidades humanas excepcionales. Si carece del amor ante Dios no le servirán
para nada. Cuando hay una gran sequía es corriente oír este comentario: podemos
vivir careciendo de muchas cosas menos del agua. Cuando ésta falta es cuando
nos damos cuenta de la absoluta necesidad que tenemos de este elemento. De modo
análogo, una persona puede rebosar de bienes y privilegios de la naturaleza.
Pero si no es buena persona se irá en el mejor de los casos al archivo del
olvido en este mundo y de los rechazados en el mundo venidero. Este párrafo es
un canto al amor teniendo en cuenta al ser humano en todas sus dimensiones y
aspiraciones más profundas de felicidad. En el segundo párrafo Pablo hace una
descripción psicológica magistral de las propiedades o características del amor
personal resaltando su belleza y dignidad moral.
En los trabajos y contratiempos la caridad es paciente y
agradable. Personas hay que se dicen buenas, pero
olvidan fácilmente que su compañía resulta desagradable. Las personas realmente
caritativas o amorosas se preocupan de hacer grata su compañía prestando más
atención a los intereses de los demás que a los suyos propios. Es incompatible
con la envidia. No es difícil encontrar gente que se alegra de todo corazón
cuando a los demás las cosas les van mal. Cuando esto ocurre tenemos la prueba
más evidente de que no hay amor. Alegrarse del mal ajeno es una vileza humana
muy frecuente. Por el contrario, quien ama disfruta con lo suyo y se alegra
generosamente de que a los otros las cosas les vayan bien. Sin pretenderlo
disfruta con la felicidad propia y con la ajena.
La caridad
no es jactanciosa ni se crece ante los demás. Lo
cual es incompatible con la arrogancia y el culto a la propia personalidad. La
caridad nos invita a no hablar arrogantemente de nosotros mismos como si
fuéramos los reyes del mundo. Esta fea costumbre con frecuencia no es más que
el resultado de falta de reflexión o poca inteligencia. Es característico de
los cortos de inteligencia hacer de sus vidas un éxito incomparable. Lo
contrario de las personas bien dotadas, que contrastan sus éxitos con sus
fracasos y limitaciones. La caridad nos enseña a ser realistas valorando lo que
somos sin menguarlo y reconociendo lo que no somos sin exagerarlo. La caridad
no prescinde de la inteligencia, sino que la presupone y perfecciona.
La caridad
es cortes y desinteresada. Antes de hacer o decir
algo, además de pensarlo dos veces, hemos de tener en cuenta a los demás para
evitar de antemano no causarles algún daño. Igualmente, no debemos buscar
ninguna utilidad inmediata en beneficio propio. Las auténticas obras de amor
suelen reportar compensaciones importantes incluso en esta vida. Pero otras
veces ni siquiera provocan una palabra de gratitud. Cuando tal ocurre, la
persona caritativa o amorosa no retracta su acción como respuesta a la
ingratitud. Tampoco pierde los estribos (no se irrita) cuando las cosas no
salen a su gusto. Del bien hecho no hay que arrepentirse nunca.
La caridad
es absolutamente incompatible con los sentimientos de venganza bajo ningún
pretexto. Por ejemplo, camuflando ese instinto
maligno con pretextos de justicia. Un caso histórico podría ser la pena de
muerte como forma de castigo público contra criminales de rango superior en
nombre del derecho a la legítima defensa. A nivel personal hay gente que
disfruta ajustando cuentas a los demás por cualquier cosa baladí. Existe un
viejo grupo social bien conocido para el cual sólo hay justicia cuando se ha
vengado al delincuente. Es el polo opuesto del amor cristiano que postula, no
sólo la ausencia de venganza en la administración de la justicia, sino el
perdón al mismísimo enemigo. En este mismo sentido la caridad no se alegra de la injusticia que otros puedan cometer,
aunque ello pudiera reportarnos alguna ventaja momentánea. Esto nos trae a
la memoria las trapisondas en la especulación financiera y las corrupciones
políticas y administrativas. Me refiero a esas operaciones que realizan muchos
políticos y financieros para enriquecerse ellos a costa de los demás. Hay gente
que las conoce y no las ven mal mientras se puede sacar partido de ellas.
La caridad
no legitima el disfrute de las injusticias. Por
el contrario, se complace en la verdad y en que las cosas discurran de forma
honesta y por el buen camino. Por otra parte, no niega los defectos del prójimo,
pero no se ceba en ellos. Al contrario, busca disculpas y atenuantes para
ayudar a curar las heridas en lugar de agrandarlas. La caridad nos impulsa a creer lo que otros nos dicen, a esperar lo que
nos prometen y a ser tolerantes con los débiles e impertinentes. Lo cual no
es una invitación a ser ingenuos predisponiéndonos para ser fácilmente
engañados o molestados. Significa que, mientras no haya pruebas en contrario,
como actitud primera hemos de suponer la buena intención de nuestros
interlocutores, darles un margen de confianza y, si las cosas no salen bien, no
descorazonarnos y echarlo todo por la borda. La gente necesita ser escuchada
con interés y paciencia incluso cuando dice o hace tonterías. De hecho, una de
las formas de caridad más apreciadas hoy día es la de aquellos que saben
escuchar pacientemente a las personas que lo único que necesitan es desahogarse
con alguien en medio de sus penas y soledades.
En
el párrafo tercero Pablo hace una proclama emotiva de la validez permanente del
amor. Con la muerte desaparecerán de un golpe todas las dotes personales que
nos hayan acompañado durante la vida. Sólo la caridad permanecerá eternamente
disfrutando de la unión directa y estrecha con el objeto amado. Conoceremos a
Dios a la manera como somos conocidos por Él, a saber, con conocimiento
inmediato, directo y eterno. Sólo en este ágape teológico tiene sentido aquello
de que “el amor no muere nunca”. En Pablo de Tarso esta afirmación tiene
sentido real y efectivo y no meramente poético o sentimental como en el
platonismo o el romanticismo. El amor personal, más allá del amor/sexo o el
amor/enamoramiento, es una realidad humana dinámica y gratificante y no una ilusión
sentimental o una idea platónica congelada en el espacio sin transferencia
afectiva. Este descubrimiento del amor personal, que Cristo puso como piedra
angular de la felicidad humana y de la esperanza más allá de la muerte, es una
novedad gozosa que se encuentra reseñada por escrito sólo en la Biblia y de ahí
que, a pesar de la dificultad de su lectura, este libro singular siga siendo
tan estudiado y editado. Las fiestas de Navidad y Pascua de Resurrección son
los momentos culminantes en los que siglo tras siglo la humanidad se reconforta
con el recuerdo gozoso de este descubrimiento. Según Jn 13,34-35, Cristo se
despidió de los suyos con palabras como estas: “Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis
también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”.
A
propósito de estas palabras cabe hacer las siguientes matizaciones. En primer
lugar, no se trata de una simple recomendación sino de un mandato taxativo o
condición indispensable para profesar el humanismo cristiano. Las novedades que
Cristo introduce con la primacía del amor son las siguientes. 1) Debe ser un
amor universal hacia toda persona humana y no restringido al pueblo judío. 2)
Es un amor al modo de Dios, es decir, esencialmente personal y no sexual o de
enamoramiento. 3) Debe ser universal, incluidos los enemigos. 4) Este tipo de
amor, que culminó en el reciclaje de la basura moral humana de todos los tiempos,
es la verdadera y definitiva señal social del humanismo cristiano. De hecho,
esta primacía y forma de entender el amor en clave personal por encima de las
fronteras étnicas, del sexo y del enamoramiento, es lo que fascinó al mundo
pagano según los testimonios autorizados de Tertuliano y de Minucio Félix.
CAPÍTULO III. CASO PRÁCTICO DE AMOR
PERSONAL
Hasta aquí hemos hablado de la
necesidad y naturaleza del amor humano sin el cual el deseo natural de
felicidad resulta prácticamente imposible y más aún el encuentro feliz del
hombre con Dios fuera del espacio, del tiempo y de la ley de la gravedad. La
cuestión ahora es saber si ese amor personal definido en teoría es posible
lograrlo realmente en la práctica de las relaciones humanas. El siguiente diálogo
con mi entrañable alumna y amiga Olga Sancha Arauzo, de la que hablé en el tomo
VI de mis Memorias, pp. 69-72, es sólo un botón de muestra de que la
respuesta es consoladoramente afirmativa. El amor personal dialogado tiene
lugar más allá de los rasgos de personalidades diferentes y muchas veces
contrapuestos de los dialogantes. Nos hallamos ante un diálogo de persona a
persona con un mensaje siempre explícito de aprecio intelectual y afectivo recíproco
y saludable. Veamos cómo y de qué manera.
1. Crónica de una historia
OLGA: “Queridísimo Niceto, no te
olvido, aunque no tengas noticias de mí. Apenas piso la calle y mi salud está
resentida. En casa me tratan con pies de plomo porque piensan que estoy un poco
loca. Por otra parte, no me siento a gusto en esta ciudad sin independencia
personal y como hija pródiga. En fin, Niceto, pienso mucho en morir, pero me
acuerdo de lo que tú me dijiste en una ocasión y me freno. Pero me siento muy
mal, no tengo ilusión ni expectativas. Se dice que mientras hay vida hay
esperanza. ¡Pero qué vida sin esperanza! También echo mucho de menos mi
matrimonio. No he superado el divorcio. A X, el cual no quiere ya saber de mí,
lo agoté, lo quemé. Es como si todo hubiese pasado como agua entre mis manos y
no retuve nada. Me refugio en el trabajo. Trato ahora de escribir la biografía
de una mujer lesbiana, prostituta y madre. Lo cogí porque era un trabajo, pero
me está resultando arduo y difícil. Te tengo que preguntar cosas. Mi idea es
pagar deudas cuando cobre y después ya veré. Perdona que me manifieste así tan
sincera y tétrica. Es como ahora estoy: perdida, sin rumbo y de vuelta de un
artificio donde creo que sufrí un subidón de antidepresivos. Apenas salgo y
estoy enclaustrada por voluntad propia. Escribo y tomo notas. Es mi refugio. Me
veo lejos de este mundo y no comprendo ni los periódicos. T me dice que me
quiere, pero a distancia y X no quiere saber de mí. Me encuentro muy sola”.
- “Querido Niceto, muchas gracias por
tu bello e-mail. R se ha retrotraído de lo dicho e insiste en que no me paga y
me insta a retirar mi registro. No me preocupa especialmente. Lo que sí me
preocupa y mucho, Niceto, es qué voy a hacer con mi vida. La verdad es que
estoy muy triste y más todavía desde anteayer que recibí un SMS de X en el que
me dice que no quiere ningún tipo de relación conmigo y que ni le llame ni le
escriba. Me dice adiós para siempre. Me ha dolido muchísimo y me ha puesto
triste a más no poder porque lo amé y lo sigo queriendo y siento como si ya no
tuviese pasado. Por otra parte, la vida en casa no me resulta fácil. Tengo
tiempo y no sé cómo emplearlo. Mientras escribía me sentía bien, pero escribir
por escribir no me llena. Busco trabajo en la prensa, pero tampoco hallo nada.
Niceto, deseo que me aconsejes. Al leer tus "retazos" sentí que leía
sobre un gran hombre. Yo me siento muy honrada porque me quieras y me tengas
por amiga, especialmente porque en T ya no me quiere nadie, excepto L, a quien
dedicaste un ejemplar de tu libro. Otro amigo artista me pidió alejarme también
de él. La verdad es que pienso que, aunque el instinto vital es, en parte,
irresistible, no tiene por qué ser deseable. Reflexiono sobre si no es mejor
morir que vivir sin esperanza e ilusión. ¿Qué puedo hacer? Muchos besos. Ánimo con tu nuevo libro, creo que necesitaré
leerlo pues no sé si razono bien. A veces pienso que la vida es demasiado
dolorosa y también que pago por mis errores. La vida no es fácil para nadie. Si
puedes dedicarme algún pensamiento, dime, amigo, ¿qué puedo hacer? ¿Qué debo
hacer? Me siento muy perdida, sin expectativas, sin pasado y sin ilusión para continuar.
Gracias por todo. Prometo escribirte pronto y ser más positiva. Muchos besos
¡gran hombre!”.
- “Querido Niceto, espero que todo te
vaya muy bien, que tu salud sea estupenda y tus proyectos se proyecten. Amigo,
he sufrido una pérdida muy grande. Mi padre falleció el 28.II.2012 y pude estar
con él tres días antes de su fallecimiento. En familia todo bien, pero ahora
que estoy en mi rutina, es cuando me viene el bajón. Lo tengo en una foto y le
pongo velas y flores. Tuve la sensación de que lo había perdido aquí en la
tierra, pero que lo había ganado en el cielo. Cuídate mucho, Niceto, que
siempre tienes razón: la vida es un hilito muy fino. Hazme saber de ti. Besos
infinitos”.
YO: Olga, cielo. Lamento el
fallecimiento de tu padre, pero celebro tus sentimientos tan nobles hacia él.
Sí, la vida es un hilo que se rompe con suma facilidad. Lo importante es
tratarla bien y estar siempre abiertos a sus designios. Yo me encuentro bien
dentro de lo que cabe, pero soy muy consciente de la debilidad del hilo vital.
Ha aparecido un libro nuevo y tengo otros dos listos para ser publicados, pero
a veces pienso que serán póstumos. Te recuerdo con más cariño y amor que nunca.
Ánimo, que la vida no engaña y tiene siempre grandes y bellos secretos por
descubrir. Besos y cariños de tu "amigo del alma", como tu
amorosamente me has definido. Te quiero mucho.
- “Gracias, amigo del alma, tus
palabras siempre están llenas de sabiduría y con ella cierta esperanza. Cuídate
muchísimo que la vida es el único valor que tenemos. Tú eres muy fuerte y al
final sucede lo que Dios quiere, aunque no coincida con lo que nosotros
queramos. Ahora me siento un poco "zombie" en mi vida normal y
cotidiana. Procuro tratar bien a la vida, aunque me siento ahora muy extraña.
Quiero pensar en positivo y ello siempre supone estar luchando y me agoto. Tú,
por el contrario, siempre productivo, pero no me gusta que pienses en obras
póstumas, verás su luz porque tiene que ser así. Te dedicas a poner sabiduría y
sentido común en este loco mundo que tanto necesita de intelectuales sabios y
tú eres un sabio. Cuídate, Niceto. Ojeo tus dos últimos libros y me serenan.
Millones de besos y abrazos. Mi cariño y mejores deseos te acompañan siempre”.
- “Querido Niceto, tú siempre activo,
en movimiento. Me encantó escucharte tan bien. Eres incansable luchador y de
naturaleza muy fuerte. Además, sabes cuidarte. Niceto, mi amigo siempre... El
fallecimiento de mi padre ha sido una puerta abierta a la reflexión de muchas
cosas. Reflexiones que no he buscado, sino que ellas se me han presentado.
Niceto, me he sentido y me siento fatal con mi vida y mi situación actual
(salvando el amor). Pagamos por nuestros pecados. Tengo mucho cansancio vital
(tomo extras de vitaminas) y con 50 años de edad soy un fracaso. Tengo la
sensación de fracaso desde hace muchos meses y sé que debo salir adelante pero
no tengo fuerzas. En fin, amigo, debo cuidarme el cuerpo y el alma. Gracias
porque puedo aliviarme contigo, me das paz solo de pensar en ti. Cuídate. Para
mí es muy grande saber, cuando me siento tan mal conmigo misma, que alguien
como tú me quiere siempre. Millones de
Besos”.
- Olga, corazón. Perdona que no haya contestado
a tu penúltimo mensaje. Sufrí de nuevo una crisis de salud y tuve que estar
algunos días hospitalizado. Pero ya estoy otra vez en forma. Comprendo tu
cansancio vital. Hasta de vivir nos cansamos y más cuando la vida es dura como
la tuya. Pero estás en la etapa de plenitud humana cuando afloran con fuerza
los interrogantes más profundos sobre el valor y sentido de la vida. Por ello,
no te asustes porque estás a tiempo para encontrar las respuestas adecuadas a
esos interrogantes. ¿Te acuerdas cuando me abordaste por primera vez en la
Universidad para hablar conmigo? Fue el primer día que yo iniciaba en la Complutense
mi actividad como profesor. Al terminar la clase me seguiste y al entrar yo en
el despacho me di cuenta de que venías detrás de mí. Me sorprendiste con tu
belleza y la naturalidad con la que me solicitaste hablar conmigo sin pérdida
de tiempo. Pronto me percaté de que eras una gran mujer con vocación para la
reflexión filosófica. Si mal no recuerdo, te propuse que te matricularas en la
Facultad de Filosofía, pero me respondiste que ya habías programado tu vida en
Ciencias de la Información y no te parecía oportuno cambiar en aquellos
momentos. Recordando aquel encuentro y teniendo en cuenta el cariz de los
interrogantes vitales que siguen entristeciendo tu preciosa vida, se me ha
ocurrido adjuntarte un texto del filósofo español Manuel García Morente, el
cual encontró la luz de su vida en el momento más triste de su existencia. Sin
más comentarios te paso este texto con unas observaciones mías sobre el mismo.
En otra ocasión te adjuntaré otro texto más breve sobre la experiencia amorosa
de las mujeres que conocieron personalmente a Cristo.
Como me hablas de la necesidad de
consuelo y fuerza moral para subir la escarpada cuesta de la vida, me ha
parecido que estos textos te pueden ayudar a fortalecer el espíritu. Por lo
demás, ya sabes que mi cariño y mi amor personal para ti son incondicionales.
Te quise y admiré mucho desde el primer momento en que te conocí hace más de
dos décadas y puedo decirte ahora en las segundas vísperas de mi vida que te
quiero y admiro más que nunca. Besos y cariños sin fin.
- “Querido Niceto, deseo estés cada día
más recuperado. De crisis en crisis vas sorteando todas con tu entereza de
ánimo, tu fortaleza de cuerpo y espíritu, con animosidad y predisposición a lo
que Dios disponga. Sé que tengo tu cariño, Niceto, y me hace sentir muy bien.
Niceto, no son los interrogantes de mi vida lo que me preocupa o la reflexión.
Me encuentro fatal por los resultados de lo que hasta ahora ha sido mi vida. Es
decir, en franco retroceso. Tengo 50 años y no tengo nada (ni seguridad social
en estos momentos). Me siento como una pecadora pagando por sus pecados y, como
te dije en el pasado, Dios pasa más intereses que los bancos. También me digo:
si Él te perdona, ¿quién eres tú para no hacerlo? Ahora no tengo mucha fuerza
ni mucha energía, hago lo que debo y me agoto enseguida. Gracias por tu e-mail,
como todos, reconfortante. En cuanto al texto lo he ojeado, tengo que leerlo
detenidamente poco a poco. Gracias, es muy bueno reconfortar el alma, y en
ocasiones necesario absolutamente. Perdona amigo que mi respuesta haya sido tan
larga. La verdad es que he pensado mucho en ti, pero no quería ponerme a
escribirte en cualquier instante sino con más tiempo y disposición. Niceto,
vivir es difícil. Amigo mío del alma, fuente de mi consuelo -si lo hallo-, sé
que te cuidas y que transmitir tu sabiduría escribiendo libros nos hace bien a
todos. Gracias por tu cariño y tu impagable amistad. Siempre estás en mi
corazón. Todo mi amor. Cuídate más y más y más”.
- Olga, cielo. Sí, mi cuerpo es frágil,
pero, gracias a Dios, no tanto mi espíritu. Como tú sospechas con buen
fundamento, estoy preparado de antemano para dar el paso de este mundo al
Padre, como decía Jesucristo. Cuento además con el amor y el cariño de personas
maravillosas como tú que me agasajáis a corazón abierto. Vuestra amistad y
vuestro amor es el verdadero capital de mi vida con el que viajo hacia la casa
del Padre. Dicho lo cual como expresión de gratitud y de amor hacia tu persona,
permíteme unas breves reflexiones al filo de tus confesiones de tristeza.
En primer lugar, tengo la impresión de
que estás convencida de que Dios te está castigando por algo que no has hecho
bien en el pasado. La creencia de que la buena salud, la riqueza y larga vida
es siempre un premio de Dios y, por el contrario, la enfermedad, la pobreza,
las contrariedades y corta vida es castigo de Dios, es una creencia nefasta
heredada del judaísmo más antiguo y que Jesucristo rechazó tajantemente. Sin
entrar en más complicaciones basta usar el sentido común y hacer buen uso de la
razón para ver que no es necesario recurrir a la autoridad de Cristo para
convencernos de que esa creencia judaica es desmentida también por la propia
experiencia de la vida. Cuando llueve o sale el sol, decía Cristo, llueve y
sale el sol para todos por igual, ya sean buenos o malos, ricos, pobres, guapos
o feos, hombres o mujeres. Y cuando se produce un seísmo, los que están más
cerca del epicentro y menos prevenidos mueren igualmente sin discriminación
entre buenos y malos.
¿Qué hace Dios entonces? Dios consuela
a quienes recurren amorosamente a Él y les abre las puertas de la esperanza
para una vida fuera del tiempo y del espacio mucho más bella y duradera que
esta vida terrenal o valle de lágrimas. Lágrimas que son la consecuencia lógica
y natural de nuestros errores humanos, del uso irresponsable de la libertad o
simplemente de las limitaciones de la condición humana. Por favor, Mabel,
abandona esa creencia de que Dios te está castigando por algo y piensa más bien
en su comprensión, su amor y su perdón. Pienso que no me resultaría difícil
vincular algunas de tus dificultades en la vida con equivocaciones que tuviste
con la mejor fe y voluntad del mundo, pero que esas equivocaciones son las que
ahora te pasan factura, y no Dios, el cual está siempre abierto al corazón de
todo el mundo.
Esta es la imagen que de Él nos dejó
Jesucristo, la que yo he tenido siempre en cuenta y me ha resultado muy bien.
En alguna ocasión me dijiste que cuando eras muy joven todavía tomaste parte en
unos ejercicios espirituales ignacianos los cuales no te sentaron nada bien.
¿Te importaría describirme en unas líneas cómo fue aquella experiencia tan
prematura y desagradable? Mabel, reina, que tengas mucho ánimo. Tienes mucha
vida por delante y mucho amor de lo bueno por experimentar. Besos y cariños sin
fin. Te quiero.
- “Querido amigo, gracias por tu pronta
respuesta. Disculpa no sea yo tan rápida. Niceto, tengo muy claro que han sido
mis errores (y malas gestiones de mi vida y oportunidades) y no el castigo de Dios,
la causa de mi actual situación. Arrastro el peso de mi propia culpa. Lo sé, yo
también miro a Cristo siempre como el maximum de amor, tanto que bajó
hasta nuestro nivel para después de mucho sufrir en este valle de lágrimas
volver junto al Padre.
Produce mucha tristeza descubrir a los
50 que no has gestionado bien tu vida. Sé que me entiendes. Yo también te
entiendo a ti, amigo del alma, que te querré siempre dentro y fuera de este
mundo. También me consuela al máximum saber que Dios es amoroso y perdona. El
perdón es el gran triunfo y la resurrección es el gran consuelo y la gracia de
nuestras creencias, entre otras muchas cosas. Me pides que te comente sobre los
ejercicios ignacianos. En realidad, si no me lo recuerdas, no he reparado mucho
en ello. Te lo comento con más precisión en otro momento porque ahora estoy muy
cansada y el tema merece más matices. Sé que te cuidas, sé que estás preparado:
has cumplido con Dios y con el mundo y más que cumplido te has sobrepasado.
Pero no acepto que te vayas todavía porque me tienes que durar mucho, amigo del
alma. Miles de besos y hablamos pronto. Normalmente no trabajo, pero ahora me
han salido algunas clases y ya te dije que estoy muy débil. Te tomo como
ejemplo para mirar hacia adelante y, amigo, me refugio en Dios y es mi
consuelo. W. James pragmático, decía: no importa si existe o no Dios, pero si
me resulta más positiva su creencia yo creo. Besos, querido amigo. Hablamos. Te
quiero y no quiero perderte. Besos elevados a millones”.
- “Querido Niceto, espero lo primero y
lo deseo cuando te pienso, que estés bien, cada día mejor. Me pedías que te
relatara mi experiencia sobre los ejercicios ignacianos de espiritualidad.
Situación: 16 ó 17 años, en BUP. Recuerdo que los ejercicios eran duros. Por
ejemplo, en una tarde no nos comunicábamos con nadie, debíamos estar solas en
la habitación y en las comidas no podíamos hablar con las compañeras. Otro
ejercicio consistía en ponernos una venda en los ojos y reconocer a las otras
personas por el tacto, sin hablar y tratar de comunicarnos. No recuerdo mucho
más, sino que fueron muy fuertes e intensos. Yo hacía el BUP en un colegio de
religiosas francesas en Burgos y su filosofía era jesuítica. No recuerdo mucho
más, lo siento. A veces pienso mucho en el pasado y me duele tanto que prefiero
no hacerlo. Mi madre antes de cumplir los 50 me dijo que "qué
desaprovechados" y tiene razón porque yo pienso lo mismo.
Amigo, me encuentro en momentos
bajísimos de salud y de moral y de ilusión y de todo y sólo sobrevivir día a día
me supone un gran esfuerzo. Ahora a ver si arreglo mi Seguro Social aquí
-que lo tengo inactivado- y visito al médico y al dentista y a haber si hallo
fuerzas para seguir luchando para sobrevivir que ya es bastante. Vi un poco por
internet tus antologías y me resultó una lectura muy atractiva. Sólo vi un
poquito. Por lo demás aquí la vida sigue. Procuro hacer lo que debo, aunque me
cueste. Rezo mucho y cada noche espero que al día siguiente esté con mejor
ánimo para continuar. A veces me asalta la duda y no veo futuro para ni aquí ni
en España. Tampoco tengo ahora cabeza para el alemán. En fin, amigo, perdona
que te cuente estas cositas, quiero creer en los milagros para ver si alguno se
acerca a mí. Sé que no he hecho cosas bien y la vida -mis equivocaciones, no el
castigo de Dios- pasa factura. Arrastro el peso de mis culpas y espero un nuevo
y dulce amanecer algún día. Cuídate mucho, nunca te olvido, aunque no te
escriba pues no abro el ordenador a menudo ya que me estresa. Millones de besos
y siempre estás en mi corazón. Te quiero”.
- Olga, reina. Termino de regresar a
casa del hospital donde he permanecido ingresado durante la última semana y al
abrir el correo me he encontrado contigo. No contesté a tu último mensaje
porque tuve que ir de urgencia al hospital a causa de una nueva crisis cardiaca.
Curiosamente los dos nos encontramos luchando para sobrevivir de una u otra
forma. Como tú bien sabes, yo ya tengo asumido y estoy preparado para dar el
salto del tiempo y del espacio al PADRE, como decía Jesucristo de sí mismo
cuando era muchos años más joven que yo y veía las cosas venir. Quiero decirte
a corazón abierto y con la sinceridad que tú y yo hemos tenido siempre, que
durante mi estancia en el hospital he podido repasar muchos pasajes del Nuevo
Testamento, en los que la figura de Cristo como espejo vivo en el que se
refleja el amor de Dios, me dio una fuerza y serenidad increíble para dar
felizmente el paso definitivo de lo caduco y mortal a la Trascendencia donde no
hay más ley que el amor personal alimentado de forma perdurable por Dios.
A mí me ha impresionado siempre mucho
el hecho de la resurrección de Cristo y su permanencia en este mundo con su
espíritu del bien, que es el mismo espíritu de Dios. De ahí la denominación de
Espíritu Santo como fuente de consuelo en medio de las tribulaciones. Dicho lo
cual como desahogo confidencial contigo, te digo con la misma sinceridad que yo
también te llevo a ti en mi corazón para desearte paz y felicidad y amarte en
lo más profundo de tu ser como Cristo nos mandó que nos amáramos los unos a los
otros. En estos tiempos la edad de 50 años es una edad de madurez y con mucho
futuro todavía por delante. Ten ánimo y no te entretengas en dar vueltas a los
errores del pasado. Pido a Dios de todo corazón que ese día luminoso de paz y
esperanza lo encuentres lo antes posible. ¡Cómo me gustaría poderte ayudar en
esta empresa! Pero lo único que está ahora en mis manos es decirte lo mucho que
te quiero y agradecerte todo lo que me has querido siempre desde que nos
conocimos. Yo sólo puedo decirte gracias, pero con la seguridad de que Dios
compensará con creces tu amor. Besos y cariños.
- “Querido Niceto, ahora querido,
siempre querido. Deseo estés mejor, por lo menos que no sufras. Ir a una mejor
vida es muy bueno. Tú has cumplido con Dios y con el mundo. Estás preparado, lo
sé, pero, aun así, los que te queremos no queremos perderte. Tus palabras son
una fuente de consuelo y sabiduría, también de paz. Sé que en el corazón
siempre estás conmigo. Te deseo una feliz recuperación y te mando siempre en
pensamientos buenos y positivos deseos junto con mi inmenso cariño, y no quiero
que te me vayas nunca. Sé que te cuidas. Recibe todo mi amor. Gracias por las
flores. Te quiero”.
- “Amigo del alma, he pensado en ti
estos días. Te deseo paz y felicidad. Sé que estás sereno y feliz porque sabes
que lo que viene es lo sumo. Tus palabras y tus mensajes son fuente de consuelo
siempre. Son lo mejor del computer. Tienes todo mi amor y cariño, tú nunca me
fallaste. Sé que no te perderé, sino que te ganaré en el mejor de los lugares
posibles. Niceto, amigo del alma, te quiero siempre y te pienso a menudo
últimamente. Te he llamado al fijo con la extensión, pero me salía un
contestador en francés. Me alegro infinito que vayas superando tus crisis. Eres
fuerte de cuerpo y espíritu y los que te queremos no queremos perderte. Al
final siempre, o sólo, se cumple la voluntad de Dios. Te pienso a menudo y le
pido a Dios que te quedes con nosotros.
Después de la muerte de mi padre, Niceto,
sería muy duro perderte a ti. En mi juventud fui egoísta e inconsciente y tú
siempre has estado sin réplica y acogedor conmigo. Te deseo mucho éxito en la
operación y sobre todo que tu ánimo y energía no decaiga para sobrellevar todo
lo mejor posible. Yo a veces siento que me recupero y al día siguiente estoy
sin energía ninguna. Lo más simple me cuesta un mundo, sobre todo siento mucho
cansancio vital y agotamiento. Pero procuro levantarme cada día, tú me das
ejemplo. Ya quisiera tener yo tu energía y sabiduría. Te quiero mucho y te
deseo lo mejor. Siempre te pienso y te envío mis mejores deseos. Millones de
besos y la energía del sol. Te quiero. Más abrazos”.
- Olga, cielo. ¡Cómo me gustaría tener
fotos tuyas de nuestro tiempo en la universidad! Me dijiste en alguna ocasión
que las habías perdido todas. De todos modos, supongo que te has hecho algunas
después, al menos para tus documentos de identidad, que las conservarás en
alguna parte. Mira por tus bolsos y carpetas a ver si encuentras alguna y me la
envías. Te paso cuatro mías que han aparecido en la computadora de diversos
momentos de mi vida como mensajeras de mi cariño y amor para ti.
- “Niceto, te deseo mucho éxito en la
operación. Gracias por las fotos. De móvil a móvil he intentado enviarte las
fotos mías, pero no me resulta posible. No tengo muchas fotos, pero con tiempo
miraré y trataré de enviarte alguna del móvil. En esto soy un desastre total.
Lo importante es que te cures y enfrentes con renovada energía y salud los
aconteceres que Dios disponga. Todo mi ánimo, mi cariño y mis mejores deseos.
Millones de besos. ¡Avanti! Amigo, te recuerdo siempre en mi corazón y te deseo
salud y felicidad. No te olvido nunca, aunque no te escriba ya que el ordenador
me estresa mucho ahora. Amigo Niceto, siempre mi corazón está contigo y mis
mejores deseos te acompañan. Todo mi amor”.
- Olga, gracias por llevarme en tu
corazón. Termino de regresar del hospital donde he permanecido confinado
durante casi un mes y tu amoroso mensaje ha sido una bienvenida muy
reconfortante. Nada mejor para una convalecencia que un amor como el tuyo.
Aunque mi corazón de carne esté roto, no te preocupes porque tengo reservado
otro corazón para quererte a ti. Te quiero mucho.
- “Querido Niceto, eres fuerte como
nadie, tu vitalidad es envidiable y tu corazón un gran luchador. Te aseguro que
tienes más energía y vitalidad que yo. Dios quiere que no me dejes sola. Yo
sabía que te recuperarías. Sé que tienes que estar entre nosotros todavía un
tiempo más. Tus emails siempre son fuente de consuelo y alivio, así como tus reflexiones
en la Filosofía y la Cátedra de la vida, que los repaso mucho últimamente y me
ayudan y reconfortan. Sé que eres incansable, pero mima tu corazón, está en el
mundo tu sabio legado y has vivido -vives- siempre haciendo el bien de modo que
puedes ocuparte ahora un poco más de ti y dar reposo a tu "corazón de
carne. Amigo querido, no tengo muchas novedades. Ya te contaré. Quiero que
sepas que mi ánimo, mi corazón, mis mejores deseos y mi más agradecido cariño
están siempre contigo. Millones de besos ¡Hasta pronto! Permaneces en mi
pensamiento”. - - “Amigo del alma, te deseo lo mejor
de lo mejor. Cuídate mucho. Siempre y a menudo pienso en ti. Te deseo paz,
felicidad y que permanezcas en tu mejor estado. Millones de buenos pensamientos
y cariñosos besos. Cuídate amigo, tu corazón "de carne" preserva tu
transcendente corazón escatológico. Besos. Te quiero.”.
- “Querido Niceto, espero que todo
marche bien con tu salud. Has de saber que te pienso y te deseo paz, felicidad
y todo lo mejor. Cuídate mucho. Un fuertísimo abrazo y muchísimos besos.
Siempre tuya, Mabel”.
-
Olga, amor. Gracias por pensar en mí con tanto cariño inmerecido. Nunca
olvido aquel momento histórico en que me seguiste los pasos hasta el despacho
en la Universidad al terminar la primera clase y me abriste tu corazón como si
nos hubiéramos conocido de toda la vida cuando en realidad era la primera vez
que nos veíamos cara a cara. Pronto me percaté de que eras una gran mujer muy
bella e inteligente que pagabas la factura de tu grandeza con la vivencia de
los problemas propios de tu tierna edad y de la época que nos tocó vivir a
todos por aquellos años. Con el paso del tiempo nuestra linda amistad se ha
consolidado hasta el punto de que no encuentro ya otra palabra más adecuada
para definirla que amor. Yo ya estoy muy entrado en años y con la salud en
estado muy precario, pero no quiero dejar pasar ninguna oportunidad para
seguirte dando las gracias por el tesoro de tu amistad y lo mucho que me
quieres. Dios, que es la bondad y el AMOR por excelencia te lo pagará con
creces.
- “Querido Niceto, cómo me alegran tus
e-mails, me dan paz, algo que últimamente me falta. Pocas personas del pasado
permanecen en mi vida. Tú eres un tesoro que has estado siempre y jamás me has
fallado. Gracias de corazón. Me alegra infinito que tu salud se vaya
recuperando. Tal vez sea un poco "precaria" pero eres un infatigable
luchador y posees una energía desbordante. También siempre tienes proyectos
nuevos e ilusión. Eres un sabio, un autor prolífico y es un gran honor para mí
que seas mi amigo, que me quieras. Saber que puedo contactar contigo me da
mucha paz y una dulce certeza de que alguien que me quiere mucho me escucha con
amor y paciencia, y eso –créeme- es muy grande e impagable. Amigo del alma, sé
que te cuidas, mímate un poco más. Dios está contigo y tú siempre me envías un
poco de su aliento divino, que lo necesito y mucho. Te pienso a menudo y deseo
tu bienestar y felicidad. Mi vida ahora la veo de otra manera -tal vez más
realista- y la verdad es que es bastante "penosa" y no hallo solución
para un cambio. Confío en Dios. Es muy duro sobrevivir con una edad y sin
expectativas ningunas. No sé qué hacer ni cómo empezar. Perdona que te lo
comente, es que no sé qué hacer. Siempre empezar es muy duro y agotador. En
fin, qué te voy a decir a ti, vencedor de mil batallas y un gran ejemplo. Deseo
decirte que te quiero y te pienso mucho y que te necesito también mucho
presente en mi vida. Estamos en contacto. Por cierto, envíame tu dirección
postal porque he pensado escribirte por correo. El e-mail me pone nerviosa para
temas muy personales. Me produce bienestar tu bienestar, de verdad, y saberte
es un gran consuelo y fuente de paz para mí. Te quiero. Hasta ahora mismo,
siempre. Besos y abrazos.”
- “Querido Niceto, cuídate mucho. Los
que te queremos te tenemos siempre presente. Espero que estés muy bien, amigo.
Pienso en ti a menudo y te envío todo mi aliento, cariño, amor y
agradecimiento. Millones de besos y abrazos”.
- Olga querida, gracias una vez más por
tus lindas palabras en las que descubro la grandeza de tu alma. A veces pienso
que pocos hombres habrán tenido la suerte de recibir palabras tan hermosas y
amorosas como las que tú me diriges a mí. Me llamas amigo del alma y piensas en
mí con amor. Quiero que sepas que yo me siento muy feliz sabiendo que me llevas
contigo en tu pensamiento y en tu corazón y estoy seguro de que Dios te va a
premiar con creces esta generosidad sin fronteras conmigo. Yo sólo puedo
corresponderte dándote públicamente las gracias y llevándote también con amor
en mi corazón.
Soy consciente de ser una persona
entrada en años a punto de emprender definitivamente ese gran viaje de la vida
que todos tenemos que hacer. Mi salud funciona relativamente bien después de la
última gran crisis y cada vez estoy más convencido de que, al final, sólo nos
queda en limpio lo poco de verdad que hemos descubierto durante la vida y lo
que hemos amado a las personas que hemos encontrado en el camino. Dios nos
juzgará del amor. De esto no me cabe la menor duda. Pero del amor personal del
que hablaba y practicaba Jesucristo y no de esos falsos amores que poco o nada
tienen que ver con el verdadero amor personal que va más allá de la
personalidad decorativa de cada uno.
Este es el amor que no muere nunca y
será capaz de vencer incluso a la muerte, como ocurrió en el caso de
Jesucristo. Olga, reina, he terminado de redactar la segunda parte de La cátedra de la vida. Ya me ha visitado
mi mecenas editorial, el cual ha visto el trabajo y me ha ordenado que gestione
cuanto antes la publicación del mismo. Como era obligado, hay un apartado de
nombres propios en el que tu nombre no podía faltar, por lo que has significado
y significas para mí con el tesoro de tu cariño y admiración.
- “Querido amigo, no veas la paz y
sosiego que llena mi alma cuando veo tus e-mails. Me tranquiliza verte bien y
tan activo, eres imparable. Aún con tu precaria salud corporal (que no mental,
espiritual) sigues escribiendo sin pausa. No veas cómo envidio tu energía y
arrojo ante las circunstancias, ojalá yo también lo tuviera.
Hoy voy al médico ya que mis
neutro-transmisores necesitan un gran empujón químico pues estoy muy deprimida
y por mis propios medios es imposible salir de esta situación. Si tú vieras,
amigo, las circunstancias que me rodean lo entenderías. Mi vida aquí es difícil
en todos los sitios, pero lo peor de todo es no tener expectativas, y sin
ilusión ni esperanza es aterrador mirar hacia adelante.
Quiero salir de mi estado, que arrastro
desde que cumplí los 50, y se agravó con la muerte de mi padre. No he ido al
médico antes pues no tenía seguridad social y lo he estado arreglando. En fin,
amigo, no te voy a hablar a ti de salud, tú que eres un luchador imparable. Tal
vez tu corazón de carne se resintió un poco pues lo has usado mucho junto con
el otro espiritual. Quiero que sepas que contar con tu amistad y tu cariño es
lo más grande que tengo y me emociona saber que alguien como tú me quiere tanto
y tan bien, con ese amor del bueno del que tú hablas. Siempre, en todo caso, el
gran honor es mío. En realidad, el amor tiene grandes poderes. Cuídate, Niceto,
que te noto muy activo en tus quehaceres, mímate y date las pausas que
necesites, no te estreses, no vale la pena. Amigo del alma, siempre estás en mi
corazón y con buenos deseos permaneces, nunca sales. Eres mi fuente de paz y no
es necesario que me compense Dios porque ya lo haces tú. Te escribiré más
adelante y te contaré. Gracias, amigo, por todo: por tus palabras, tu cariño,
tu dedicación. Gracias de corazón. Cuídate, por favor, y no seas exagerado con
tus actividades. Millones de besos y abrazos”.
Respondí a estas amorosas palabras con
una acción de gracias decoradas con una fotografía suya de cuando era
estudiante enmarcada en un arco de rosas. Su respuesta no se hizo esperar.
- “Gracias, amigo del alma. Se me ha
ocurrido que tengo que resucitar lo que es más difícil que en la foto cuando
sólo tenía 28 años de edad. Ahora soy más mayor y no es lo mismo. Pienso en tu
libro y en cuanto mi corazón y mi pluma estén ágiles, enviaré algo para que lo publiques
en él. Te lo enviaré, aunque sea por e-mail ya que, amigo mío, soy de la
"vieja escuela" y lo emocional lo tengo que redactar siempre a mano
de mi puño y letra. Cuídate mucho. Te quiero siempre. Besos y gracias por el
regalo tan bonito que hoy he recibido y que me da esperanza. Gracias de
corazón. Ojalá estuvieras más cerca físicamente.”
- “Gracias, amigo, eres siempre un
alivio para mi alma. Me cuesta concentrarme, pero he escrito el texto prometido,
aunque lo importante -como tú bien dices- es la comunicación profunda que
tenemos. Niceto, tú eres lo más próximo a mi alma y en estos momentos su mayor
alivio. Claro que verás publicado tu libro ¡seguro! Te envío el texto. No
importa si se publica o no. Lo escribí para ti porque tú sin lugar a dudas, sí
mereces el esfuerzo por mi parte ya que me has pedido siempre muy poco y
siempre me has dado muchísimo. Estas son mis palabras testimoniales por si
todavía llegan a tiempo para ser publicadas.
- “Mi querido Niceto me ha enseñado
muchas cosas a nivel humano e intelectual, con sus correspondientes mensajes
emocionales entrelazados, pero sobre todo ¡y lo más grande -en el banquete de
la vida- ha sido la amistad! cuyo gran significado ha dejado de ser teórico
porque prodigiosamente Niceto con su proceder humano siempre me la ha hecho
visible y tangible. ¿Qué decirte, amigo del alma? En nuestros plenos
aconteceres de la vida siempre nos hemos encontrado. Tú siempre has estado ahí
cuando me he dirigido a ti y cuando no. Hemos permanecido en "frescas y
vivificantes" olas durante más o menos durante treinta años y ahora nos
hallamos unidos en una amorosa amistad la cual es para mí fuente de paz y
sabiduría por cuanto transcurres con ánimo sereno ante las incertidumbres que
conoces de la vida y con inmensa generosidad ante nosotros porque nos lo
transmites. En tus libros también nos das parte de tu alma. Tu espíritu sabio
acompaña tus palabras. Besos, besos y besos, Niceto. Lo importante es que
transcurras lo mejor posible sin perturbaciones. ¿Sabes? Cada e-mail tuyo es mi alegría. Tienes razón,
son abrazos y besos físicos también. Recibe mi presencia con mucho amor.
¡Cuídate! Sé que lo haces. Mímate, no sé si lo haces. Niceto, te quiero.”
- “Querido Niceto, como siempre mi
deseo es que te encuentres físicamente bien, pues estoy segura que
espiritualmente gozas de plenitud y tranquila serenidad. Tengo la Filosofía y
Cátedra de la vida como libros de cabecera, los leo a dosis, son mi paz y
reflexión. Tal vez lo que yo creí amor no era sino la utilización del término,
es una pena que la vida la aprendamos cuando ya ha pasado. El hecho de tu
cariño sincero, de tu amor hacia mí me levanta la autoestima, me hace sentir
mejor. ¿Sabes amigo?, en mi caso "morir" sería lo fácil; a veces lo
pienso. La opción de rendirse no existe. Amigo, tú lo sabes: es difícil la
vida. Sé que tú esperas paciente y sereno la Transcendencia y debe ser bello
saber dejar este mundo cuando se ha sabido vivir bien. En este último tiempo,
con tus e-mails en el fondo, lo que he comprendido más ha sido el significado
del amor. He mirado atrás y he visto que "no he sabido" amar. Amigo
mío del alma, imparable trabajador, inigualable amigo. Te quiero y te envío
muchos besos y abrazos. Sé que te cuidas, mímate y no hagas nada que te produzca
stress. Te quiero, tuya, Mabel”.
- “Querido Niceto, me asusto si no te
llega mi e-mail. Espero, de todo corazón y con todas mis fuerzas, que te
encuentres bien con tu salud de este mundo. Sé que te encuentras abierto a la
transcendencia y al dulce reposo que te está esperando con lo más inimaginable
bello y bueno. Es para mí un gran honor de los más grandes de mi vida y un
tesoro incomparable tenerte siempre como amigo del alma, que siempre me has
dado amor del bueno. Niceto, ahora saboreo tus textos en breves ratitos. Deseo
lo mejor para ti. Te lo mereces con exceso. Millones de besos y abrazos. Te
quiero”. “Querido amigo del alma, sólo decirte que te quiero. Sé o presiento
que Dios te espera siempre con los brazos abiertos. Soy egoísta y no te quiero
perder. Sé que jamás te perderé y que siempre podrás observarme y darme tu gran
cariño y aliento. Recibe mi amor y mis soplos de buenísimos deseos. Un
fuertísimo abrazo, Niceto, mi amigo del alma, nunca la expresión tan acertada.
Besos”.
Olga, tesoro. Yo también he mirado
hacia atrás y me he afirmado en la idea que me formé de ti cuando tuve la
suerte de conocerte. Detrás de aquella muñeca preciosa que eras descubrí a una
gran mujer. Además de bella, te encontré inteligente y profunda. Ahora, después
del correr de los años, me alegra que hayas hecho un gran descubrimiento propio
de la profundidad de tu inteligencia. Me dices a corazón abierto, como siempre
que hablas conmigo, que, echando una mirada al pasado has descubierto que no
has sabido amar. No te preocupes, cielo. La golondrina no hace su nido en un
solo día. Igualmente, a amar no se aprende en un solo día sino a lo largo de la
vida. Lo importante, como es tu caso, es descubrir la clave del amor en
cualquier momento de la vida. Como tú sabes, culturalmente unos confunden el
amor con la intimidad sexual y otros más civilizados con el enamoramiento. Son
dos errores culturales muy difíciles de eliminar, sino imposible, para la
mayoría de la gente. El amor verdadero que todos buscamos de una u otra manera
se refiere al amor personal. Esto significa que el objeto de nuestro amor es la
persona y no la personalidad. Como personas todos somos iguales en grandeza y
dignidad. La persona es lo que somos siempre desde que somos engendrados hasta
la muerte.
La personalidad, en cambio, es todo lo
que tenemos de añadido como la belleza física, la mayor o menor dotación
intelectual, nuestras virtudes y nuestros vicios. Así hay personalidades
diferentes en lo bueno y en lo malo.
Aplicando estas consideraciones al tema
del amor, está claro que el amor humano verdadero o personal va más allá de las
experiencias sexuales y del enamoramiento hasta el extremo de que puede existir
sin ejercicio sexual y sin enamoramiento. No excluye estas formas primarias de
amor, pero no se identifica con ninguna de ellas y cuando tienen lugar dentro
del contexto del amor personal adquieren una belleza y una dignidad que de por
sí carecen.
En fin, sería muy largo seguir hablando
de este tema. Lo que quiero decirte es que has hecho el gran descubrimiento del
amor personal, lo que considero un acontecimiento muy importante para tu vida.
Te sugiero que conviertas este descubrimiento en la piedra angular de tu vida
futura. Verás que desde esa perspectiva amorosa personal la vida y sus
problemas se ven de forma diferente y cambia también la manera de relacionarnos
con nuestros semejantes de forma más civilizada y humana. Mabel, reina,
enhorabuena por tu descubrimiento y gracias por haberlo compartido a corazón
abierto conmigo. Besos y amor para ti.
- “Querido amigo, siempre me deleito
leyéndote, leo tus e-mails varias veces y me reconfortan muchísimo. No me des
las gracias por compartir mi cariño contigo pues lo he aprendido de ti. En los
últimos 6 meses he tenido la oportunidad (tiempo y soledad) de interiorizar un
poco dentro de mí y descubrir el porqué de algunos aconteceres importantes de
mi CV vital. He traspasado el profundo dolor de la culpa, viendo claros los
errores, que, al final, todos son una falta de amor, a uno mismo y en su
relación con todos y todo lo demás. Lo positivo es que de ahora en adelante
procuraré desde dentro de mí y hacía el exterior de mí ejercitar este nuevo
descubrimiento, que es también una fuerza motora. Tengo las mismas
circunstancias, pero puedo y tengo que observarlo de otra manera más positiva,
humana y constructiva. Amigo del alma, tras la reflexión procede la acción, que
es lo más difícil porque conlleva esfuerzo, autodominio, voluntad de hierro y
todo anti-hedonismo. Soy débil y "tendré que acudir a las alturas".
Por
cierto, nunca te lo he comentado, pero creo muy firmemente en el Ángel
Custodio, de la guarda. En cierta ocasión peligrosa (Guatemala de noche en un
lugar muy inseguro y sin salida) pensé cuál sería la posible solución: un taxi.
En una ráfaga de consciencia pensé en mi Ángel, giré la cabeza, vi luces y bajo
ellas taxis. Sentí muy claro que mi vida corría peligro, que la solución era
inoperable y mi Ángel me presentó la operable solución del taxi. Es un
sentimiento que me ha acompañado siempre y en mis oraciones suelo dirigirme a
mi Ángel de la guarda. Tengo la certeza instintiva de que me acompaña, aunque
yo le ignore. Ahora le pido consejo en su inteligencia superior. Niceto, es una
vivencia personal que comparto contigo, una interpretación muy personal que en
cualquier caso es bella y reconfortante.
Sobre
mi vida real, mi cotidianeidad, el entorno dónde se desenvuelve y cómo mi salud
está un poco débil te diré que procuro que se fortalezca mi cuerpo y mi alma.
Mi situación no es para nada idílica, pero procuro estar tranquila, asumirla y
restaurarme. Me he sentido como un edificio en ruinas que precisa restauración,
remodelación y cambio. Gracias amigo por escucharme. Hablo contigo como
conmigo. Eres grande en tu amor personal, en tu persona. Eres una conexión para
mí con el Altísimo. Siempre que hablo contigo me siento más cerca de Él.
Es un honor tu amor, me honra tu
cariño. Perdóname, amigo mío, esos fallos egoístas que he tenido contigo. Sé
que lo has hecho ya. Eres una bella persona y Dios me ha regalado el haberte
conocido y lo que más importante: que me quieras. Eso ahora es muy importante
para mi propia autoestima que se ha resentido por falta de cuidados. Más allá,
lo que descubro contigo, a saber, que con tu ejemplo siempre ha sido demostrable
y empírico el amor, el amor del bueno.
Amigo
mío del alma, la distancia kilométrica no impide que te abrace fuertemente con
todos mis mejores sentimientos y todo mi suave e inmenso cariño hacia ti, un
alma de Dios, parte de mi propia alma, mi instructor en la amistad y en el buen
pensar. Hemos permanecido unidos en la amistad a lo largo de muchos años, pero
yo sé que lo seguiremos estando siempre. Amigo mío, has sido muy
"productivo" en toda la extensión de la palabra (ora et labora) y te
corresponde darte los "mimitos" que no te has dado. Cuidarte y deja
que te cuiden pues tienes un alma espléndida y en tu entorno lo saben. Tú sabes
que siempre y sin horario te puedes comunicarte conmigo. Tú hora fortaleces mi
vida y mi alma. Eres mi tesoro. Un fuertísimo abrazo y gracias, gracias,
gracias porque te puedo tener. Tuya, Olga”.
- “Querido Niceto, hoy lo he pasado
leyendo tu "Filosofía y cátedra de la vida" y no veas cómo me alivia
el espíritu su lectura. Sobre todo, porque te siento cerca de mí. Te quiero
mucho. Soy egoísta también y te necesito mucho. Espero que tus días sean
agradables y gozosos. Hasta pronto, besos. Tuya, Olga”.
- Olga, cielo, en este momento sólo
pretendo decirte que he leído tu último mensaje. Te escribiré más despacio y
descansado comentado las palabras maravillosas que me dedicas desde lo más
profundo de tu alma. Ten ánimo. A amar se aprende a lo largo de la vida y tú
tienes todavía mucha vida por delante. Millones de besos y cariños para ti. Te
imagino paseando por esas pistas de tulipanes respirando su aroma de paz y
amor.
- “Querido amigo, se me ha borrado lo
que con toda mi alma te había. Aprendo mucho de ti. Eres muy humano y racional.
Y lo verdaderamente importante: eres cercano. Siempre en tus e-mails y en tus
libros encuentro mi gran consuelo. Desprendes calor suave y lleno de paz como
un oasis en este laberíntico mundo que es nuestro contexto, amigo. No te
preocupes por el calendario y escríbeme cuando tu corazón te acerque y punto.
Debes descansar (a mí el computer me estresa y suelo tener agendas y libritos
monos de notas) y pensar en ti ya que el amor bien entendido comienza con uno
mismo. Sabes que te quiero mucho y últimamente estamos, a pesar de la distancia
kilométrica que nos separa, más cerca que nunca. Pero siento que siempre he
aprendido muchísimo de ti y ahora me viene condensado tu amor que nunca ha sido
en vano, te lo aseguro. Sólo te pido, amigo que has comprendido la vida, que te
mimes, aunque sé que te cuidas. Siempre tienes mis besitos y mis dulces y
cálidos sentimientos de bienestar y paz en tu reposo y en tu actividad. Siempre
has sido y eres muy prolífico personal y profesionalmente en buen sentido de la
palabra. Amigo, soy un desastre con el computer. Te doy mis besitos y cuando te
pienso, que es a menudo, te soplo buenos deseos. Un fuerte abrazo, hasta pronto
y siempre en nuestros corazones. Tuya, Olga”.
- Olga, mi reina, estoy en deuda
contigo por los mensajes tan bellos que me envías y en los que me trasmites
retazos de tu corazón. Me gustaría seguir con más intensidad este diálogo de
amor personal, pero, como tú sabes, las fuerzas físicas ya no me acompañan como
antes. Ya sé que me lo perdonas, pero ello no me exime a mí de darte las
gracias por tu comprensión con todo mi cariño y amor. Cuando me dices que mi
amistad te sirve de conexión con el Altísimo me has dicho lo más grande tal vez
que un hombre puede oír de una mujer. Sobre todo, teniendo en cuenta mi
profesión sacerdotal que tiene por objeto acercar a los hombres a Dios como
fuente del ser y de la vida. Esto me ha hecho pensar en la confesión de otra
gran mujer, como tú, y que habla también en mi nuevo libro, cuando escribe que
después de haber hablado conmigo acerca de sus penas y dolores tuvo la
sensación de que había hablado con el mismo Jesucristo.
Son confesiones éstas de gran calado
humanístico y teologal, sobre todo cuando proceden de mujeres, no enamoradas
sino inteligentes, realistas y agradecidas a corazón abierto. Gracias, Olga,
una vez más por tu amor, tu cariño y admiración. Dios te premiará tanta
generosidad como te mereces. Por mi parte sólo me queda insistir en que mi
único objetivo en estos momentos críticos de mi vida es no dejar deudas de amor
con nadie para lograr un encuentro feliz con Dios nuestro Padre amoroso, fuente
del ser y de la vida. Con estos sentimientos te envío una tonelada de besos y
cariños al tiempo que pido a Dios que te ilumine con su luz e inunde todo tu
ser con su amor.
- “Niceto, amigo, mi mayor deseo es tu
bienestar; ¡te lo tienes bien ganado! No te preocupes por tus respuestas pues
sé que cuando me piensas quieres que Dios me ilumine y ello es más grande que
todo. Sobre tu salud, pensé: los médicos están muy satisfechos de sus
expectativas. Y la verdad, amigo, es que, aún con tus "arritmias" has
sido extremadamente prolífico humana e intelectualmente, rindes al extremo en
tus talentos y tienes un gran legado para nuestras almas. Cuando leo tus
palabras me envuelve la paz y reflexiono sobre mi interior. Hace años que no lo
hacía, amigo mío del alma. Gracias, gracias, gracias por tu amor infinito, por
enseñarme tantas cosas, aunque en mi ignorancia las descubra tarde. Te ruego
que estés atento a tu salud y no te esfuerces con el ordenador. A mí misma me
resulta estresante abrirlo y de hecho lo abro siempre por tus palabras, que a
gotitas releo, amigo Niceto. Cuando me piensas es ya para mí un gran honor y le
das un toquecito a Dios para que me ilumine, ello es grandísimo. De verdad,
amigo, que te envío siempre mi amor y admiración y sé que reposas en Dios con
la satisfacción merecida por tu vida bien empleada a su servicio y al nuestro.
¡Qué privilegiada soy! Realmente nunca me despido de ti porque en el corazón no
hay distancias. Felices instantes. Gracias por tu esfuerzo respondiendo a mi
mensaje, pero no lo vuelvas a hacer ya que para mí lo importante es el cuidado
merecido de tu salud, de tus fuerzas y de tu estrés. Tengo tu amor y me llena.
Tengo tus palabras emanadas de tu corazón y me consuelan y alientan. En esta
etapa de mi vida trato de acercarme a Dios porque soy egoísta y sé que sin Él
todo me irá fatal. Es una inclinación surgida tal vez de mi indefensión humana.
Mabel, que te quiere siempre”.
- “Amigo mío del alma, sólo hacerte
llegar mis recuerdos amorosos y muchos besos. Decirte que estás presente
siempre y que mis mejores deseos suben hacia Dios para que, en cualquier caso,
no tengas dolores físicos. Millones de besos y abrazos. Mabel”.
- “Querido amigo, sólo unas líneas para
recordarte que no te olvido, que te tengo muy presente y cuando pienso en ti te
deseo lo mejor en el sendero por el que caminas hacía lo transcendente, bueno y
bello. Leo tu Cátedra para regocijo de mi alma y mi serenidad. Eres un gran
hombre y tu vida y caminar en este mundo ha sido altamente productiva: en tu
obra y sobre todo en amor, en la caridad y belleza del amor del Altísimo.
Aprendo mucho de ti y procuraré en adelante hacer mejor uso de la razón, motivo
por el cual no he aprovechado bien las oportunidades que he tenido, así como la
falta de saber amar. Niceto, tienes mi profundo cariño y admiración; le doy
gracias a Dios porque te he conocido y siempre deseo que mis mejores deseos te
acompañen. Besos y abrazos. Tuya, Olga”.
-
Olga, amor. Te contesto al tiro en un momento en que me encuentro en
forma dentro de mi lenta recuperación. En primer lugar, me resulta agradable
decirte que eso que tú denominas egoísmo porque te acuerdas de Dios en las
necesidades, en realidad es un "egoísmo de lo bueno" (como el
colesterol bueno) y no egoísmo en el sentido literal y peyorativo del término.
Nuestro recurso a Dios en los avatares de la vida se basa en el principio de
necesidad por nuestra parte y en el de generosidad y amor por parte de Dios. O
lo que es igual: cuando nada ni nadie puede consolarnos en este mundo, Dios aparece
en nuestro horizonte como el único que puede consolarnos en esta vida con la
esperanza puesta en su comprensión y amor. Muchos de los problemas humanos los
creamos nosotros y somos nosotros quienes tenemos que tratar de resolverlos, al
menos en parte.
Ahora bien, cuando nos parece que todo está
perdido y que no hay tormenta seguida de serenidad y seguridad, Dios, insisto,
emerge en el horizonte como fuente de consuelo y amor. Toda la vida humana
terrenal está transida de tensión y ansiedad y, como decía S. Agustín y enseña
la experiencia, nuestro corazón estará siempre insatisfecho hasta que descanse
en Dios. Ahora bien, ese descanso tan deseado sólo será una realidad efectiva
en clave de amor. El encuentro personal amoroso con Dios a través de la
humanidad de Cristo (Rostro visible de Dios) sólo es viable en clave de amor. Olga,
esto es lo que espontáneamente ha salido del corazón del que tú consideras
amorosamente amigo de tu alma. Te quiero.
- “Amigo, estoy contigo de alma y
corazón. Te acabo de escribir largo y tendido y se me ha borrado lo escrito.
Soy una torpe, pero, en fin, lo más importante es el amor. Te escribo en otro
momento con más tiempo y espacio. Besos, ¡insuperable querido mío!”
-
Olga, corazón. Me dices que me escribiste largo y tendido y que se borró el
texto. Mira a ver si se archivó automáticamente como borrador y lo rescatas. Me
encantaría leerlo. Gracias, reina, por tu amor.
De acuerdo contigo en que esto es en fin de cuentas lo más importante. Te
quiero.
“Amigo mío del alma. En primer lugar,
espero que estés dulcemente bien, lo demás es secundario. Tenemos nuestro amor.
Pues bien, he mirado en los borradores y en la papelera y nada. Soy negada a
las tecnologías. Largo y tendido te venía a decir -sintetizando- que soy una
primeriza en el acercamiento a Dios, y que lo de mi vida -que no la vida- tal
vez son problemas estructurales, no supra-estructurales, pero que con una
visión más amplia se sobrellevan mejor. En esencia, que te quiero mucho y te
escribiré con más tiempo y lucidez. Besos a millones. Tuya, Olga”.
- “Queridísimo Niceto, te tengo
presente y siempre aprendo de ti. Leyendo la Cátedra he pensado que tu
vida es un gran ejemplo de acercamiento a la sabiduría y de amor por los demás,
y ello con tu delicada salud. Eres admirable. Como siempre, te deseo dulzura y
felicidad, aunque sé que la tienes. Debe ser dulce la sensación de satisfacción
de haber hecho lo que debías y tener fe y esperanza en lo mejor que está por
venir. Sé que te cuidas y te cuidan. Recibe todo mi cariño y mi enorme
admiración y amor. Es un honor, un privilegio ser querida por ti. Un fuertísimo
abrazo. Te quiero. Olga”.
- “Olga, reina. Qué lindo es oír las
amorosas palabras que brotan de tu tierno corazón. En un mensaje reciente te
declarabas satisfecha porque decías: "tenemos nuestro amor", que es
lo más importante. ¡Y qué amor tan lindo el tuyo!, añado yo. Hay una canción
popular muy bella cuyo estribillo es: "Al atardecer de la vida me
examinarán del amor". El mensaje de esta canción coincide con la
conclusión a la que por caminos diversos hemos llegado tú y yo. Se trata de ese amor que tiene por objeto
propio la grandeza y dignidad de la persona humana, sea cual fuere su
personalidad. La canción a la que hago referencia puedes oírla en Internet en
versiones de interpretación diversas. En este sentido dices que tú y yo tenemos
nuestro amor. Qué alegría me produce que tú, como mujer, me hagas esta
confesión tan sencilla como significativa y humanamente profunda. No en vano
cuando tuve la suerte de conocerte, siendo tú una muñeca adorable, me percaté
de tu inteligencia reflexiva y te sugerí la idea de cambiar de carrera, cosa
que ya era demasiado tarde.
Me dices también que es un honor para
ti que yo te quiera. Pues bien, quede bien claro ante la humanidad que para mí
es una fuente de felicidad el que tú me quieras a mí en ese nivel de
profundidad en el que se encuentran dos personas conscientes de su dignidad. Olga,
en el atardecer de mi vida agradezco tu amor y te amo desde lo más profundo de
mi corazón. Yo, al que tú consideras como el amigo de tu alma.
- “Buenas noches, amigo querido. En
principio sé que cualquier buen deseo mío está cumplimentado aquí y allí. Sé,
amigo querido del alma, que todo transcurre en orden y paz. Tus bellas palabras
-de corazón- dignifican mi persona. Ambos estamos en nuestros
"atardeceres”. Tú, más afortunado hacia la esperada Transcendencia y yo,
no lo sé, pero sí sé que en adelante es un poco más difícil. He tenido
sensaciones de verdadero pánico ante mi real situación. Querido, perdona, dada
la delicadeza de tu espíritu. Mabel”.
- “Mi queridísimo Niceto, qué bellas y
sinceras palabras me dedicas. Primero, Felicidades por el cumpleaños y tu vida
bien aprovechada al servicio de Dios y los demás y la sabiduría en búsqueda de
la verdad. Plenitud creo yo deben producirte ambas cosas, y paz y serenidad en
tu trayecto vital. Estoy asombrada de tu
amor. "Al atardecer de la vida te examinarán del amor". No lo he
escuchado todavía, pero, amigo del alma, me siento suspendida con la carga de
mi edad y el peso de no haber gestionado bien mi vida, sin saber a dónde voy.
Quiero tener fe, esperanza y caridad y
acercarme a Dios. Sé que me ha perdonado y también mis padres, pues no sabía yo
lo que hacía. Amigo mío, querido, qué difícil se me presenta presentarme a la
vida desde mi realidad, dentro de la cual lo más bello ahora sois el ángel de
mi madre y tú. ¡Amigo, rozante de mi pequeña alma, el que me acerca al
Altísimo! Cuando te hablo me confieso también contigo y me siento como el
Quijote, que cuando le llega el buen uso de la razón es postrero. A él le
esperaba el descanso que yo te deseo y a mí la dura realidad personal y
contextual. Soy egoísta y quiero que tu salud te permita estar siempre presente
con nosotros, conmigo, a pesar de la distancia y sin contacto. El amor alivia.
Niceto, continuaré mi especial recuerdo para ti el 1 de octubre en compañía de
alma, corazón y razón. Mi amor siempre para ti. Tú lo sabes y lo sientes como
yo y te seguiré hablando. Mereces ser feliz, Olga”.
- “Olga, reina. Vale la pena llegar a
los 75 años de edad, aunque sólo fuera para escuchar palabras tan bellas y
amorosas como las tuyas. Gracias, corazón. Hablas de mi atardecer y del tuyo.
Yo pienso que los descubrimientos que tú estás realizando reflexionando sobre
la trayectoria de tu vida no son tardíos, sino que se producen en la plenitud
de tu inteligencia y grandeza de alma. Nunca es tarde si la dicha es buena. Yo
mismo he tardado mucho tiempo en llegar a tener ideas claras y firmes sobre
muchas cosas. Lo importante en el viaje de la vida es llegar felizmente a su
término, aunque durante el trayecto se hayan producido accidentes.
A mí me queda un trayecto ya muy corto
por recorrer, pero a ti te queda todavía mucho camino por andar. Has
descubierto ya la pista de la Verdad y del Amor. El resto vendrá por añadidura.
No tengas miedo a Dios e introduce a Jesucristo amorosamente en tu corazón como
aquellas mujeres que le conocieron en esta vida y tantas otras que le
descubrieron después en los avatares de su historia personal.
Me impresiona felizmente cuando me
pones a la misma altura amorosa del "ángel" de tu madre. Sin duda que
es una gran mujer, sufrida, comprensiva y siempre dispuesta a ayudar. No tengas
reparo en escuchar sus consejos porque será una satisfacción inmensa para ella
como madre y para ti una ayuda personal en todos los sentidos para terminar
felizmente el segundo tramo de tu vida. Olga, preciosa, gracias una vez más por
tu felicitación de cumpleaños. Te quiero.
- “Gracias Niceto, estoy llorando de
emoción. Tú nunca serías mi abuelo porque siempre eres jovial, curioso e
inquieto. Con propia luz y mirando siempre hacia adelante con energía y buena
predisposición: todo un ejemplo con tu corazón de carne. Jamás te ha faltado la
ilusión y la contagias. Estoy segura que estás más joven que yo. ¡Ni lo dudes!
Te doy mi besito de buenas noches. Me despido del ordenador, no de ti. Te
quiero. Olga”.
- “Felicidades y bien llegado a tu
buena llegada edad terrenal. En lo celeste imagino que no hay edad. Tienes una
vida plenamente laborada y te diriges a la bella Transcendencia con serenidad,
fe, esperanza y mucho amor. Hoy, con motivo de tu cumpleaños, sólo quiero
enviarte mis muchos y buenísimos deseos en todo lo que mejor te haga sentir, mi
inmensísimo amor, admiración y gratitud, y me despojo de lo menos grato de mí
para que con el corazón más inundado de amor sea un apoyo para la obtención de
lo que más necesites o desees. Todo mi amor para ti, amigo del alma. Hoy
especialmente tuya, Olga”.
- “Queridísimo Niceto, amigo del alma,
amor für immer, por siempre. Deseo
profundamente tu bienestar. Tú dices que tu tramo es corto y me animas a seguir
el mío, tal vez más largo. Eso es lo que me asusta: a dónde voy, con qué
sentido y cómo sobrevivo -trabajar- en esta convulsiva crisis económica con mis
barreras como son la salud física y psíquica, el idioma, la edad, la falta de
recursos y la falta de perspectivas. La verdad es, amigo mío del alma, que le
doy gracias a Dios por tenerte a ti en éste -como tú dices- segundo tramo de mi
vida que no se presenta nada alentador ni apetecible, a veces ni siquiera
tolerable. Yo soy yo -lo que va quedando- y mis circunstancias, y he de salvar
mis circunstancias para salvarme yo. Reza, pero el tema es: cómo salvo mis
circunstancias que me vienen de fuera, es la realidad. Querido, siempre he
dudado últimamente -por tu salud y serenidad- hablar claro de la
infraestructura, que al fin y al cabo es el pan nuestro de cada día, para no
violentar tu sensibilidad exquisita, pero al final me he atrevido hoy porque tú
me has dicho que no tenga miedo acercarme a Dios y tú me acercas a Él.
Él ya sabe todo. Yo ni se lo cuento, ya
sólo le digo que se haga en mí su voluntad porque me siento agotada hasta para
pensar. De verdad que estoy muy arrepentida por mis faltas de amor (que
sintetiza todo) y procuro de ahora en adelante sumergirme y emerger en el
descubrimiento y dejar ese margen más amplio de mi vida los problemas de
supervivencia, lo más elemental y primario como es una vida mínimamente digna,
que con los tiempos que corren, pueden observarse sí desde otra perspectiva,
pero no dejan de estar ahí. Esto es el dolor y la impotencia y una lucha en
ocasiones inútil y a ciegas. Querido, en este valle de lágrimas, somos nada,
pero ésa nada es mucho dolor y dentro de él, la vida, la belleza de la vida es
como una película. Quiero creer que todo irá a mejor, tener fe, paciencia,
caridad, ya te lo dije. Recibe mi más efusivo abrazo por leerme. Mi amor
siempre. Y mi pensamiento constante. Besos. Tuya, Olga”.
- Olga, corazón. Como respuesta inmediata a tu
confesión de angustia vital se me ocurre lo siguiente que podíamos resumir en
esta consigna: Ama y no tengas miedo. Tú has descubierto ya la importancia del
amor, que es mucho. Ahora sería cuestión de que, en lugar de dar vueltas a las
circunstancias, aquello negativo que ha acaecido o acaece en torno a tu
persona, encuentres la forma de materializar ese amor descubierto buscando la
forma de sentirte útil a los demás. Ama a Dios y no le tengas miedo. El amor y
el miedo son incompatibles como el agua y el fuego. Antes o después, o se
evapora y desaparece el agua o se extingue el fuego. Ya has descubierto el amor
como dimensión esencial de la vida humana. Intenta ahora, en el segundo tramo
de tu vida, implicarte en obras y acciones que te lleven a sentirte útil
haciendo obras humanitarias por amor. Hay instituciones sociales en las que esa
posibilidad la tienes siempre abierta y no cuesta mucho encontrarlas. El amor a
Dios pasa por el amor al hombre y viceversa. Pienso que si entras en esa
dinámica tu angustia vital puede encontrar gran consuelo. Ama y no tengas
miedo. Lo demás vendrá por añadidura. Olga, tesoro, dadas mis circunstancias
personales, yo sólo puedo decirte que te quiero con toda mi alma y deseo que
Dios te ilumine por los senderos del amor. Besos y cariños.
- “Ama y no temas. Gracias Niceto. Todo
mi corazón contigo. Eres alivio y me reconfortas. Te agradezco tu amor y tus
reflexiones en torno a mí, teniendo en cuenta tu estado de salud terrenal. Lo
que me dices, desde las instancias del corazón, lo interiorizo sinceramente.
Ahora mismo estoy con antidepresivos tratándome la boca. Peso 35 Kg, y no estoy
en disposición social pero sí personal y en mi entorno. Estoy obligada, Niceto,
a buscar trabajo, no tengo ingresos y sí gastos. No pago alquiler ni comida,
pero no puedo ser una carga para Oliver que literalmente no puede ayudarme más
y que me paga también la Seguridad Social. Llevo cuatro inviernos en Viena y
salvo alguna clase privada de spanisch, no he conseguido más trabajo. Ya vamos
para el 5 invierno y estoy desnuda frente al frio y no tengo expectativas por
causa del idioma y la edad. Amigo del alma y dulce consuelo.
Mis problemas son muy básicos. Amo,
pero la vida que tengo me asusta y lo que está por venir no parece alentador.
No es que tenga miedo, a veces es puro pánico. Amar y no tener miedo es
magnífico, pero la realidad, Niceto, me llena de lágrimas. Sólo sé que Dios las
cuenta. Estoy muy cansada y no sé cómo salir adelante. Tengo que traer a Dios a
mi realidad y cada día soy consciente de ello lo cual me reconforta. No
obstante, las circunstancias son adversas y no sé cómo hallar soluciones.
Regresar a B no es solución y sería una carga para mi madre. Amigo mío del
alma, gracias por la foto. Queda poco de aquella Olga. La esencia permanece,
pero el viento se llevó lo demás. No me estanco en el pasado, sino que cuando
me viene a la memoria procuro aprender de mis errores. Quiero mirar adelante
-siempre te digo lo mismo- con fe, esperanza y caridad.
Hablo contigo más cercano -humanamente-
que con Dios y sé que cuando me lees Él te escucha y cuando escribo te describo
mi desnudez ante el mundo. Dios me ama, Cristo murió por mí, pero mientras
tanto tengo que vivir aquí con muchas dificultades. Así es la vida. Mi dolor ha
sido descubrir que tal vez porque yo no traté bien a la vida ésta tampoco a mí
y Dios me redime, lo sé. Gracias, porque, como comentó ésa bella mujer que habla
de ti, "cuando hablo contigo es como si hablara con Jesucristo", en
definitiva, con Dios. De verdad, y sin buscarla, siento desde lo más profundo
de mi ser que soy como una pluma ligera que intenta refugiarse de lo duro de
este mundo en la cuna suave y tierna del amor y en la esperanza de que Dios
baja a esta tierra a estar conmigo y busco un poco de fuerza y alivio para
salir adelante, aunque yo no sepa cómo. Estoy muy agradecida a Dios por tenerte
conmigo tan cerca de suerte que la distancia física entre nosotros es
accidental.
Amigo, sé que estás conmigo y que le
pides a Dios que me ilumine pues lo necesito mucho. En cualquier caso, que Dios
me pilla confesada. ¿Ves? Sólo el dirigirme a ti me hace sentir mejor. Gracias,
Niceto, amigo mío del alma. Gracias, no hallo palabras de agradecimiento. Cómo
tú dices, Dios te lo pagará con creces. Gracias desde lo más inimaginable.
Cuídate y no te apures conmigo, tu salud es importante y sólo con que me leas
es ya todo un privilegio. Tú conoces este mundo y llamas al pan, pan y al vino,
vino. Por ello me cuesta menos andarme con eufemismos. De todas formas, joven
amigo, siempre joven, Dios se me hace ver por tenerte a ti. Te lo digo como lo
siento palpitar en mí. Cuídate, mereces paz, serenidad y felicidad y quiero
decirte que sólo tengo amor para ti y te siento tan humano como cercano. Besos
amigo. Millones, cosmológicos y próximos. Gracias por tu pronta respuesta,
insisto, pero no te apures y sigue tu ritmo, con que me leas basta. Te amo. Olga”.
- “Amigo del alma, queridísimo. Sólo
unas líneas para enviarte todo mi buen amor y mis amorosos deseos de bienestar
y felicidad. Permanecemos contactados supraestructuralmente. Besitos. Olga”.
- “Olga, amor. He tardado en contestar
a tu último y cariñoso mensaje en el que me cuentas a corazón abierto tus penas
existenciales. Me dejas anonadado cuando me dices que mis mails te consuelan y
acercan al Dios que es la fuente del amor y consuelo en las penas de este
mundo. En el atardecer de mi vida tus palabras son para mí también fuente de
felicidad y consuelo. Puedes decir con fundamento que con tus amorosas palabras
has contribuido a la felicidad de un hombre en este mundo, que soy yo. Gracias,
reina. Ya he agotado mi vocabulario, el cual se reduce a dos palabras: gracias
y amor. Me ocurre esto contigo y con todo el mundo que me conoce o me sigue de
cerca. Estas dos palabras me salen de forma espontánea y natural como si no
hubiera otras en mi pobre diccionario al uso. A propósito de tu decisión
radical de no volver al lado de tu madre para no ser una carga para ella,
pienso que nunca hay que poner puertas al campo. Pudiera suceder también que,
después de la muerte de tu padre, ella se sintiera mejor con tu compañía. Como
me faltan palabras para decirte que estás en mi corazón, aunque no en la misma
medida grandiosa que tú me llevas en el tuyo, te adjunto unas imágenes y flores
mensajeras. Ánimo. Te quiero.
- “Gracias amigo mío del alma por tus
benditas y consoladoras palabras. No te preocupes en absoluto por tus
respuestas. Para mí -te dije en otra ocasión- el solo hecho de que me leas y
escuches es ya una inmensa alegría y felicidad. Tú estás muy cerca de Dios y
con tu amor a mí me acercas a Él. Niceto querido, mi vida me resulta muy
difícil y el hecho de pensar que tengo un tramo por delante me entristece pues
no hallo cómo salir adelante. En cuanto a regresar a Burgos: mi hermano y
Blanca viven en casa y trabajan eventualmente. Yo no tengo ingresos y mi madre
cobra una pequeña pensión. El tema es la falta de trabajo y de expectativas.
También me preocupa volver desnuda y rota después de rotundos fracasos, sin ser
nada cuando tanto se esforzaron mis padres para darme una vida mejor.
He decepcionado todas sus esperanzas.
Por otro lado, estoy tranquila pues mis tres hermanos cuidan muy bien a mi
madre y mi padre me dijo en su momento que le cuidaban muy bien también a él.
Obviamente no pongo puertas al campo, no estoy en situación de poner ninguna
puerta a nada ni a nadie. Amigo queridísimo, no sé cómo salvar mis circunstancias.
Todo mi amor para ti. Gracias amor, también mis palabras se sintetizan siempre
-aunque hay una inmensidad de bellos matices- en amor y gracias. Es un gran
honor para mí que quieras estar en mi pobre alma. Tuya, Olga”.
- “Amigo mío, en este momento sólo
quiero desearte lo mejor de lo mejor y enviarte, ahora así con pocas palabras,
todo mi inmenso amor y mis inmensos buenos deseos”.
- Olga, bonita. Hace tiempo que no te
escribo mientras tú no cesas de enviarme mensajes de agradecimiento sin yo
merecerlo. Con frecuencia me acuerdo de ti con tus penas y sufrimiento moral.
¡Cómo me gustaría poderte ayudar a salir de esa situación que describes! En
cualquier caso, si para ti es un honor que yo te quiera y acepte que me lleves
en tu alma, para mí es una felicidad estar dentro de ella. Aunque la describes
como "pobre alma", yo, en cambio, tengo la impresión de que tu alma
es hermosa y grande. Por ello, si mi amor de viejo amigo sirve para aliviar o
atenuar tus penas, por esa parte puedes estar tranquila de que mientras yo viva
no te faltará. Además del corazón biológico, que sólo sirve para bombear la
sangre e irrigar el cuerpo humano, tengo otro corazón para amar y en ese es
donde yo te tengo a ti. Lo demás, Dios dirá. El librito "Al atardecer de
la vida" está en marcha de edición y aparecerá antes de Navidad. Tan
pronto aparezca haré que te llegue lo antes posible. Como de costumbre, a falta de palabras te adjunto una bella imagen
mensajera por aquello de que vale más una imagen que mil palabras. Te quiere tu
amigo del alma.
- “Querido Niceto, mi gran alivio y
consuelo. Te envío ahora muchísimos besos y pronto te escribo más ampliamente.
Tienes siempre todo mi amor y mi cariño. Besos y hasta pronto. Tuya, Olga”.
- Olga, corazón. El tiempo va pasando
sobre mí como una brisa ligera, pero con la persuasión de que lo que el viento
se lleva será dejado ante la presencia de Dios, fuente del ser, de la vida y
del amor. Durante esta espera tú me acompañas con tu amor y tu cariño. Gracias
sin fin por tu generosidad conmigo. Dios te lo recompensará como mereces. No
hay lágrima humana derramada con amor que no tenga la respuesta adecuada por
parte del que ES la fuente misma del amor. Ahora te cuento que la editorial BAC
ha decidido publicar un original mío con el título Filosofía de S. Agustín.
Me han comunicado que el lunes próximo estarán las primeras galeradas listas
para su revisión. Yo pensaba que este libro iba a ser póstumo, pero, si en un
mes no se deteriora mi estado de salud, a lo mejor tengo la satisfacción de
verlo publicado en una editorial tan prestigiosa, convencido de que puede ser
útil para quien lo lea. ¡Y tú cómo estás, reina preciosa! En mi situación lo
único que puedo hacer por ti es pedir a Dios por mediación de Jesucristo que se
haga sentir en tu corazón en los momentos tristes de tu vida como una ola de
amor salvadora en medio las tempestades del océano de esta vida terrenal
sometida a las leyes implacables del tiempo, del espacio y de la corporeidad.
Besos y cariños. Te quiero como el amigo de tu alma, como tú misma me
consideras. Te adjunto unas rosas mensajeras para que te digan con su belleza y
su perfume lo que yo no alcanzo a decirte con palabras.
- “Queridísimo Niceto, gracias con todo
mi ser por tus palabras tan consoladoras como necesarias. ¡Y tan bellas!
¡Gracias! No me des tú las gracias ya que eres para mí en estos momentos mi
mayor fuente de consuelo, sabiduría y acercamiento a lo espiritual, a la
búsqueda de un sentido y sobre todo una apertura a la esperanza cuando me
encuentro desnuda ante las circunstancias de la vida en todos los sentidos.
Existe una belleza sin parangón cuando sé y siento que al hablar contigo el Altísimo
me oye mejor. Amigo del alma, del total del amor, debe ser dulce la espera de
todo lo que ha sido una entregada y amorosa vida dedicada al bien supremo que
te hará llegar a él cuando sea el momento. Debe ser bella la paz interior y la
felicidad que proporciona el trabajo bien hecho. Eres un trabajador imparable y
tus obras, desde luego, son testimonio vivo y reflexivo de "utilidad"
para aquellos que se acercan a ti, no lo dudes. De hecho, tu Cátedra ha sido
para mí fuente de paz y un filtro de visión amorosa ante la vida. Querido,
comencé a escribirte en la mañana y se me ha borrado casi todo. Ahora te envío
besos y estamos en contacto. Tuya siempre, Olga”.
- “Sobre todo, imparable trabajador,
amigo mío del alma, dulce y amoroso consuelo como una ola salvadora. Sólo unas
breves palabritas, querido Niceto, para enviarte mi amor y congratulaciones por
tus útiles y necesarios trabajos. Recibe mi amor. Tuya, Olga. PS: te quiero
siempre”.
- Olga, reina preciosa. Son las 22
horas, pero no quiero retirarme a descansar sin darte las buenas noches. Mañana
espero terminar de revisar las primeras pruebas del libro que la editorial BAC
tiene interés en publicar antes de fin de año. Lo he titulado Filosofía de
S. Agustín. Esto me hace recordar mis tiempos jóvenes cuando yo investigaba
ansiosamente sobre los asuntos más importantes de la vida humana. Es un texto
que se publicó en 1984 y que ahora lo he revisado y notablemente mejorado para
que aparezca en esta prestigiosa editorial. En principio, su publicación estaba
programada para el 2013 y, debido a mis últimas crisis de salud, yo lo daba por
póstumo. Pero la editorial, no sé por qué, ha decidido adelantar su
publicación. De tus últimos mensajes, aparte de sentirme muy feliz con el amor
que tan magnánimamente me profesas, te diré que cuando me dices que hablando
conmigo te sientes más cerca del Altísimo, esto me deja felizmente anonadado y
sin palabras. Lo único que se me ocurre decirte en este momento es que desde lo
más hondo de mi corazón pido a Dios que te inunde con su amor y sientas la
dulzura de quererle por encima de todas las cosas. Cada día estoy más
convencido de que el amor a Dios como fuente primera del ser y de la vida es la
mejor inversión que podemos hacer los mortales. Olga, corazón, te adjunto un beso
de buenas noches.
- “Querido Niceto, dulce compañía.
Gracias por tu e-mail. Me congratulo muchísimo por la publicación de esos
tesoros de libros que serán transcendentes. Estoy convencida de que serán de
mucha utilidad e interés. Recuerdo que, de los primeros escritos tuyos, que
generosamente me regalaste, figuran textos sobre S. Agustín y santo Tomás y
últimamente me he deleitado, he aprendido y mucho consolado con tu Cátedra y
Filosofía de la vida. Es para mí un honor y un placer leer tus textos: con
contenido, claros, precisos y con mensaje. Los adoro. Gracias por tus postales.
Precisamente hace poco leí otra vez la historia de Abelardo y Eloísa en tu
blog. Desde mi corazón te envío siempre mensajes positivos acerca de tu salud y
pienso a la vez en lo dulce que debe ser esperar lo transcendente cuando se ha
tenido una vida dedicada por completo al ser que nos llama. Debe ser muy dulce
y te imagino trabajando a tu ritmo y preparando tu ser para lo máximo que está
por llegar. Egoístamente espero que sea muy tarde ya que privarme de ti sería
altamente sin palabras. De hecho, pensé que si iba en Navidades a Burgos te
iría a visitar. Pero creo que no vamos a ir y no por falta de ganas. Gracias también por contactar conmigo a las
22.00 horas que aquí es muy tarde. NO DEJES DE DESCANSAR ¡BITTE! Debes cuidarte
al máximo. Sé que estás activo y es buenísimo. Pero intercala muchas pausas y
momentos gratos, ¡BITTE! Yo, como cuando
hablo contigo hablo también con el Altísimo, necesito tiempo y espacio para
comunicarme con Él con un mínimo de concentración y deseo profundamente, lo
necesito, que "me inunde con su amor" para poder sentir la parte,
sino dulce, menos ingrata del principio de realidad.
En estos días llegué a tener la
sensación física, corpórea, de estar al límite, de no poder más ni conmigo
misma. Hoy 4 días después francamente, no sé cómo me siento. Reflexiono y
procuro rezar todas las noches y quiero sentir que fluya comunicación, que al
menos en las alturas me miren y quisiera tener esa fe que mueve montañas y me
ayude a mover en positivo mis circunstancias. Quiero confiar para poder
continuar. El amor del Creador es inmenso, así como su imaginación y sus deseos
y ya no sé qué decir al que todo lo sabe y ve. Sólo me queda ponerme a su
disposición. Disponerme al amor, llenarme y dar, dar y llenarme. Amigo mío del
alma y sabio de mi corazón, ahora me siento más cerquita del Altísimo,
perfumada y un poco más amorosa y así me voy despidiendo del día con tu e-mail.
Gracias por tu gran significado para mí.
Es increíble pero tu amistad es para mí fuente de felicidad. Te quiero
mucho y te escribo pronto. Buenas noches, querido amigo del alma, dulce
consuelo y compañía, ángel de superior sabiduría y conexión con el amor. Besos
y un fuerte abrazo. Tuya, Olga”.
- “Querido Niceto, deseo que estés
estupendamente. Te imagino trabajando, dando los últimos toques a tus obras,
sobre todo en paz y tranquilidad en la dulzura del reposo del batallador, con
una vida reposada junto con tus hermanos. Algo un poco idílico, ¿por qué no?
Tienes bien merecido el oasis, la felicidad, la dulzura y todo aquello que nos
hace la vida más grata. Sé que estás bien y deseo con toda mi alma que tu salud
te deje tranquilo para disfrutar del día a día en el oasis del amor, que, como
tú dices, es nuestra mejor inversión.
No sé por qué, después de haber
alcanzado anímicamente algo de mejoría física y psíquica, estos últimos días
han sido de sensaciones dolorosas. Me he sentido literalmente abandonada de la
mano de Dios. Sé que en su magnanimidad me ha perdonado y me acoge en su seno,
pero no sé por qué, aunque mi razón confía enormemente en ello, no lo siento.
Tú me dijiste: ama y no temas. Desde mi lugar, entorno y mis circunstancias
procuro ejercitar el amor, pero me da miedo la vida, continuar. ¿A dónde? Y, sobre todo -tal vez mi mayor drama- la no
visión de futuro, el no saber cuál es mi lugar en el mundo y la falta de
expectativas me paralizan y me dejan helada. Me siento totalmente desprotegida
en el presente y ante el futuro.
Si
bien el vacío total de mis circunstancias, permiten que me llene y procuro
hacerlo de amor, la realidad de la vida se me presenta muy triste. Mi vida es
reducida a mi habitáculo y aunque empleo bastante tiempo en la búsqueda de
trabajo, no hallo nada. Hasta para limpiar piden muchísimo alemán y no sé
realmente a qué me puedo dedicar. Cuanto he intentado ha sido infructuoso. También
siento que mi vida lo ha sido. Estoy en la más absoluta desesperanza. Deseo
tener por encima de todo, fe, esperanza y caridad. Alguna vez fugazmente lo he
sentido, pero se va y no viene. Y mira que procuro atraerlo y retenerlo.
Realmente
desde la muerte de mi padre hay un antes y un después. Me tambaleó por completo
y me hizo descubrir todos y cada uno de mis pecados. Él me perdonó y era el
único que insistía para que fuera a casa, así sé que es Dios que me invita a
que acuda a Él porque creo, amigo mío del alma, que el dolor y el sufrimiento
máximos lavan nuestros pecados si nos arrepentimos sinceramente. Sé que debo continuar
que la rendición no existe en la praxis, pero ¿hacia dónde? La verdad es que
durante este año no he levantado cabeza y por algún momento creí que sí pero el
estar inmersa en la vida sin aliciente alguno me llena de intranquilidad y
cierto nerviosismo. Estoy segurísima de que eres mi vehículo más rápido para
conectar con Dios, tú que eres una persona amorosa, buena, bondadosa y muy
generosa creo fervientemente que intensificas la mirada de Dios hacia mí. Y
necesito mucho su mirada. Cuando hablo contigo hablo con Él y siempre espero la
ola de amor salvadora que necesito aquí y ahora. Tú escribiste que pedir
milagros es rebajar a Dios. Lo sé y lo entiendo, pero no obstante eso no evita
que cuando estamos al límite no los necesitemos de una u otra manera.
Especialmente cuando estamos desamparados, desnudos ante la vida en todos los
sentidos. Niceto mío del alma y del corazón. Te me representas como alivio y
consuelo y sé que desde las instancias de tu noble y grandioso corazón me
envías cariño y amor y pides a Dios que me ilumine. Gracias con todo mi ser.
Mi
madre me dijo que "me pusiera las pilas" y trabaje, aunque sea
limpiando y trabajar es lo que me corresponde, pero no hallo nada de nada. Eso
salvaría un poco mis circunstancias. Tiene razón, el tema real es otro y muy
descorazonador. En cuanto a mi personalidad procuro ajustarla y actuar conforme
he aprendido poniendo y dando más amor en mis reducidas, pero noto que avanzo,
no noto que nada cambie o vaya a cambiar, aunque siempre espero y deseo esperar
que algo bueno suceda. Lo bueno y maravilloso que tengo es mi familia, tú, mi
amigo del alma, y Oliver que siendo un hombre muy primario tiene un gran
corazón y en lo poco que puede me ayuda. Doy gracias a Dios, pero la vida es
personal e intransferible, así como los propios problemas y la solución de los
mismos, sobre todo porque la respuesta no puede venir de fuera. También he
buscado respuestas dentro de mí, cambios de actitud. Han sido meses con tiempo
para poder hacerlo hasta llegar a un punto límite totalmente corporeizado.
-
Queridísimo Niceto, no tengo palabras para agradecerte tus atenciones para
conmigo, pero, como tú dices, yo también te digo que Dios te lo reconocerá y en
su magnanimidad te recompensará con creces en esta vida y en la otra. También
quiero que veas que me levanto de esta situación y que mi vida gira
positivamente y con sentido en mis circunstancias más favorables. A mi padre,
en el recordatorio de su fallecimiento le escribí: "verás desde el cielo
lo que no has visto en la tierra", pero hay días que no me atrevo ni a
mirar su foto, convencida de que si me fallo a mí misma también a él. Y es que
hay días que "mejor no amanecieran" y otros que amanecen y pasan con
pena y sin gloria. Mi amigo, no sabía cuando comencé a escribirte hacia dónde
irían mis palabras. Sencillamente han fluido así y sé que no hieren tu
sensibilidad porque me miras amoroso y con sabiduría a manos llenas, que
pacientemente me escuchas desde tu Ministerio de comprensión del lado menos
claro de la debilidad humana y de tu amor infinitamente sincero hacia un ser
que soy yo, desnuda totalmente y sin ningún revestimiento de mi alma para
contigo. El poderme así dirigir a ti me da una paz y un consuelo en la
encrespada cuesta de mis días.
Deseo decirte que te quiero muchísimo y
contar contigo con tu presencia ausente pero vivísima, me acerca siempre a
Dios, así como tu ejemplo ante la vida y para con los demás. Decirte que todo
mi amor está presente cuando me dirijo a ti, como quiero que mi amor esté
presente cuando me dirijo a Dios, aunque no sepa qué contarle que Él no sepa,
salvo ponerme a su disposición, aunque me parezca que Dios no dispone nada
salvo rodar ante las mismas circunstancias. Gracias, queridísimo. ¡Gracias y
gracias! Te doy todo mi amor y cariño; quiero hacerte llegar siempre mis
mejores pensamientos y sensaciones. Gracias por tu lectura paciente de mis mensajes
porque así me siento confesada y más redimida por Dios. Más besos. Tuya, Olga”.
- “Amigo sin palabras, te envío mi amor
y buenísimos deseos para que tu salud mejore cada día. Cuando pienso en ti te
envío con soplos de mi pequeño aliento vendavales de amorosos deseos para que
te encuentres siempre bien. Un fuerte abrazo, Olga”.
- Olga, reina. Esta tarde me he
recreado interpretando discretamente una pieza clásica en el buenísimo órgano
de la Iglesia cuya adquisición propicié yo mismo hace algunos años. De vuelta a
mi habitación he abierto el correo y me he encontrado contigo. Lo cual
significa una satisfacción más añadida. Ha sido pues una tarde de sábado
dulcificada con música y tu amor. ¡Qué maravilla! Dicho lo cual se me ocurren
las siguientes reflexiones relacionadas con tu mensaje anterior. 1) Todo lo que
me has dicho sobre el descubrimiento del amor del bueno, como tú lo llamas
certeramente, no habría sido posible sin la asistencia misteriosa de Dios en
medio de tus penas y sufrimientos. Es un paso de gigante el que has dado en
este terreno desde que tuve la dicha de conocerte cuando eras una muñeca
adorable. 2) En los momentos en los que tengas la impresión de encontrarte en
la más absoluta soledad frente a la vida acuérdate de Jesucristo. De acuerdo
con el curso de los acontecimientos parecía haber sido abandonado al fracaso
hasta por el mismo Dios, su Padre.
Sin embargo, Dios estaba siempre
misteriosamente con Él y le dio la respuesta adecuada resucitándole de entre
los muertos para abrirnos las puertas de la esperanza a una dimensión nueva y
fascinante de la existencia humana fuera del tiempo, del espacio y de las leyes
de la corporeidad. 3) Esta obra hasta entonces desconocida se llevó a cabo
reciclando en el amor toda la basura humana del desamor, las injusticias y la
falta de respeto a la vida. 4) S. Agustín, cuya filosofía he estudiado y sobre
la cual aparecerá un libro mío antes de Navidad, pasó también por esa etapa
angustiosa de búsqueda del sentido de la vida padeciendo los efectos psicológicos
de la soledad ante el peligro. Después de mucho buscar al Dios real y verdadero
por todas partes sin encontrarlo, cuando lo encontró se quedó admirado de cómo
Dios había estado siempre a su lado y exclamó con gozo inenarrable: Nos
hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que, por fin,
descanse en TI. Olga, yo estoy convencido de que, a pesar de tu situación de
falta de independencia económica y a pesar de tus penas, la profesión de amor
que estás haciendo no quedará sin respuesta por parte de Dios. Lo que ocurre es
que Dios tiene un lenguaje distinto del nuestro y sus formas misteriosas
propias de hacerse presente. La forma más palpable de hacerse presente es como
CONSUELO y fuerza moral para no sucumbir en medio de las tribulaciones.
En el discurso de las Bienaventuranzas dejó
bien claro que, por encima del sufrimiento, de las injusticias y calamidades de
esta vida está Él, el cual ha vencido al mayor de los males, la muerte. Pero
todo esto fue una maniobra misteriosa de amor y de ahí que, lo único que nos
dejó como ley fundamental fue que nos amáramos los unos a los otros como Él nos
amó. A saber, con amor personal y no con otras formas de amar engañosas y
culturalmente dominantes. Olga, tengo la impresión de que tú estás ya en esta
autopista del amor del bueno y que llegarás felizmente a tu destino final.
Reina preciosa, te quiero.
- “Niceto, dulce consuelo y esperanza.
Sólo unas palabras ahora con todo mi amor, como siempre, para enviarte mis más
"divinos" deseos en pro de tu salud.
No he dejado de leer tu último e-mail, gracias inexpresables. Te quiero
mucho y te escribiré en otro momento con más tranquilidad. Te quiero siempre y
te pienso con amor. Cuídate. Sé que lo haces. Pero quiero que más. Besos. Olga”.
- “Queridísimo Niceto, todas y cada una
de tus palabras son una delicia y todo un compendio de sabiduría y muchísimo
amor personal. Tu último e-mail es de una clarividencia total. Gracias desde mi
alma por tu cariño de amor personal. Caminando contigo en estos últimos tiempos
he descubierto muchísimas cosas con el Altísimo. Tan alto y con otro lenguaje.
Me hace muy feliz encontrarte tan activo, pero con pausa y dedicándote a hacer
de tus días una obra de arte. Me encanta de ti tu amor por la vida y los placeres
de los buenos: música, lectura... Eres todo un creador y siempre con tiempo
para tus próximos y prójimos todo/s. Cómo me encanta sentirte bien en tu reposo
del guerrero, "tregua en el duro trabajo, descanso de nuestro
esfuerzo". Sabes y has sabido vivir bien, cultivar las virtudes y nuestros
dones hacen al hombre feliz y le dan paz. Te envío siempre en mis pensamientos
mis elevados deseos para tu gozo y felicidad y para que todos tus días sean
deliciosos en tu precioso marco, remanso de paz y sabiduría. Tenerte presente
me hace sentir bien, me da paz y consuelo. Gracias, ¡amigo del alma! por tu
dulce compañía. Te mando mis besos incontables para tu felicidad sin límites. Olga”.
- “Queridísimo Niceto, sólo unas
pequeñitas palabras para enviarte con todas las fuerzas de que dispongo todo mi
amor y todos mis buenísimos deseos para tu merecido bienestar. Quiero decirte
que reflexiono mucho sobre tus mensajes y que procuro incorporar a Dios en mi
vida. Sé que, sin darme cuenta tal vez, preocupada en sin-sentidos, no lo he
tenido presente en el pasado y ¡así me ha ido! Tú eres fuerza y alivio para mí
y deseo enviarte, siempre lo hago, lo mejor de mi cariño y de mi altísimo
afecto, en definitiva, todo mi amor personal del bueno para que te sientas muy
bien. Sé que es así porque eres hombre bueno, amante de la vida y predispuesto
a lo que Dios dispone. ¡Admiro tu paz! Amigo mío del alma, como yo siento tu
amor personal, quiero que sientas tú mi cariño y mis impulsos de bienestar. Te
deseo lo mejor, aun sabiendo que eres poseedor de ello en tu magna sabiduría y
ejemplar comportamiento en la vida. Eres para mí todo un ejemplo de vida
personal. Amigo Niceto, alma compartida, me quedo sin palabras para decirte
siempre que mi razón-emoción están contigo y que Cristo que mira hacia lo alto
traspasa mis buenos deseos para ti. Besos. Abrazos. Todo mi amor. Olga”.
- Olga, reina. No quiero retirarme a
descansar sin enviarte un mensaje entrañable de buenas noches después de
recibir tus últimos mensajes impregnados de amor y admiración en lo cual se
pone de manifiesto la grandeza de tu alma. Nunca he olvidado aquella tarde en
que debutaba yo como inexperto total en la Facultad de Ciencias de la
Información y al terminar la clase me seguiste los pasos hasta el despacho.
¿Qué encontraste tú en un novato como yo para que desde aquel primer encuentro
académico inaugural me atribuyeras virtudes de las que yo tengo una opinión
bastante modesta en razón de mis limitaciones personales de las que he sido
siempre muy consciente hasta el día de hoy? Lo único de lo que me siento
satisfecho es de haber querido a mis alumnos y alumnas por encima de todo.
Me encantaría saber qué encontraste en
mí tú para convertirme, como dices, en amigo de tu alma, consuelo y alivio en
tus penas. Dicho lo cual me resulta profundamente grato decirte que Dios no
dejará de recoger amorosamente tus sufrimientos para reciclarlos y
transformarlos en perlas preciosas de salvación. Esta vida es muy breve pero la
nueva dimensión de la existencia humana que Dios tiene reservada para los que
aman con amor personal del bueno es tan hermosa y felizmente insondable, pero
segura, que el propio S. Pablo se quedó sin palabras para describirla. En la
resurrección de Cristo, en el episodio de la transfiguración en el Tabor y las
formas de hacerse presente con nueva vida desde la mañana de la resurrección
hasta la escena de la Ascensión, hay ya marcada una pista bastante elocuente de
lo que será esa vida nueva fuera del tiempo, del espacio y de las leyes de la
corporeidad. Pero todo ello, creo yo, está condicionado al amor por encima de
las calamidades de esta vida. Mabel, tesoro, gracias una vez más por tu amor
tan lindo y que descanses. Te quiero.
- “Queridísimo Niceto, llevo varios
días sin abrir el PC, pero si yo hubiera sabido de tu e-mail, lo hubiera
abierto inmediatamente. Gracias con todo mi ser pues siempre eres para mí una
ilusión y leerte fortifica mi esperanza. Aquel día en la Facultad -recuerdo- lo
más impactante para mí fue cómo explicabas tan sencillamente las cosas y qué
bien transmitías los conocimientos. ¡Tan inteligiblemente tan claro! Y las
cuestiones filosóficas, los conceptos explicados por otros de palabra o en sus
libros de manera compleja y artificiosa, tú lo transmitías claro, sencillo y
muy asequible. Así has sido siempre en tu persona y en tus textos; tus mensajes
son claros y lúcidos para todos. Lo que sí está muy claro es que es una delicia
leerte y saborear tus palabras, que siempre están llenas de contenido. Lo
escrito con amor se percibe. Y, sobre todo, de aquel entonces, creo que fue
instintivo por mi parte seguirte porque desprendías humanidad y asequibilidad.
Y lo que es más y lo mejor de todo:
siempre desde entonces has estado presente en mi vida como un excelente amigo.
Ojalá te hubiera pedido consejo en algunos momentos clave de mi vida. Admiro tu
humanidad, amigo del alma, tu comprensión con las debilidades humanas (que al
final son nuestras miserias humanas), tu empatía, tu sabiduría, tus conceptos
claros, precisos, fruto de la reflexión y el estudio. Amigo mío, has trabajado
tus dones y Dios está muy satisfecho de ti. Tu vida es muy útil y necesaria. No
tengo palabras para expresarte lo que ahora eres para mí. Gracias a ti me
acerco a Dios y cuando hablo contigo le hablo a Él. Dices que esta vida es muy
breve. No sé, últimamente a mí me parece inacabable, larga. Miro la imagen de
Cristo y pienso que Él sufrió más y por mí. Aun así, no puedo evitar en
ocasiones sentirme como "dejada de la mano de Dios", aun sabiendo
perfectamente que no es así. Quiero incorporarle a mi vida. No quiero, amigo
querido, centrarme en mí, sino en tu bienestar, tus próximas publicaciones, tu
vida apacible como toda una obra de arte con tu generosidad insondable hacia mi
persona, tu amor sincero, tus pensamientos para mi alma... todo lo cual me
bendice y le doy gracias a Dios por poderte contar como alguien mío, muy mío, y
más que nada muy de Dios en mi vida.
Como si Dios no quisiera que sucumbiese
y te tengo a ti, que con tu amor me dices todo y con sabiduría me conduces al
único camino. Siempre que te pienso mi alma siente paz y aprende, me
reconfortas y siento vibrar benéficos impulsos por tu persona y tus mensajes.
Gracias amigo del alma. ¡Qué pequeños pasos para seguirte a un despacho y qué
larga andadura de sabiduría y amor! Dios me visita contigo. Besos. Abrazos.
Amorosos buenos deseos. Te quiero siempre, Olga”.
- “Niceto, como siempre, todo mi amor,
mi ilimitado respeto y cariño, mis ilimitados deseos de bienestar y felicidad
para ti, conquistada y merecida. Siento ahora un impulso enorme de comunicarme.
Amigo mío del alma, que me quieres aún, inmerecidamente. ¿Cómo no quererte yo
tanto? Hablar confidencialmente contigo se me presenta como mi acercamiento a
hablar con el Hijo y el Padre. Gracias. Besos, mi amor, admiración y el más
bueno del amor para ti. Te quiero. Si puedes, reza por mí pues lo necesito mucho.
Ahora mismo la única manera de sentir a Dios cerca es contigo. Besos. Te
quiero, amigo del alma. Siéntete bien y feliz. Las perlas de amor y salvación
las necesito mucho ahora. Tengo suerte de que seas mi amigo. Gracias, Niceto,
por tu impagable alivio, por tus dulcificantes y sabias palabras y tu esperanza
ilimitada. Te quiero muchísimo. Tuya, Olga”.
- Olga, reina. He leído tu último
mensaje y me apresuro a decirte sin pérdida de tiempo lo que se me ha ocurrido
espontáneamente al filo de la lectura. En primer lugar, pienso si habrá algún
hombre hoy día que haya recibido palabras tan amorosas y hermosas de una mujer
con las que tú me dedicas a mí. Sospecho que no serán muchos, si es que hay
alguno. Me gustaría poder corresponderte, pero en todo el diccionario de la
lengua española sólo encuentro dos palabras adecuadas para satisfacer mi deseo:
GRACIAS por el tesoro de tu amistad, y AMOR por lo que eres. Dicho lo cual
añado lo siguiente.
Después de leer tu mensaje me retiré a
descansar durante una media hora y terminé rezando, o lo que es igual,
conversando con Dios en mis pensamientos. Obviamente en esa conversación íntima
a solas con Dios saliste tú a relucir, como no podía ser de otra manera. Ya no
recuerdo lo que le dije, pero lo importante es que le hablé de ti y de tus
problemas, aunque Él no necesita informaciones de nadie. Pero hay más. Dos
recuerdos tuyos me han llevado a hacer las siguientes reflexiones. Como ya te
he dicho alguna vez, yo descubrí en ti desde el primer momento una vocación
filosófica indiscutible y me ofrecí para ayudarte a cambiar de tercio si
querías pasarte a la Facultad de Filosofía. Pero tú tenías planificada tu vida
en Ciencias de la Información y no se habló más del tema. Este recuerdo ha
evocado en mí la memoria de Edhit STEIN, que, como es sabido, fue judía de
nacimiento, filósofa por vocación, alumna y colaboradora de Edmund HUSSERL en
la cátedra de fenomenología, convertida al cristianismo, víctima del nazismo y
santa elevada a los altares. Quiero resaltar lo siguiente. Ediht Stein buscó la
verdad mediante la reflexión filosófica pero sólo cuando conoció un libro de
Santa Teresa de Ávila, curioseando en la biblioteca privada de un filósofo
amigo suyo cuando realizaba una visita a la viuda del mismo, su vida dio un
giro de 90 grados al descubrir el camino del amor personal que lleva
derechamente a Dios a través del seguimiento amoroso de Cristo.
En otra ocasión me dijiste que
aspirabas a ser una mujer famosa y que llevarías muy mal el descubrimiento de
alguna arruga en tu rostro. Yo diría con más precisión, en tu bellísimo rostro.
Esta anécdota me ha llevado a pensar también en otra mujer, que todavía vive, y
que se llama Sister Dolores Hart. Dolores Hart fue la bellísima estrella de
Hollywood que protagonizó el primer beso de una mujer a un hombre en el cine.
Cuando se encontraba en plena euforia de su esplendor y éxitos artísticos y
financieros echó todo por la borda y se hizo religiosa benedictina. Hoy es una
ancianita amorosa y feliz que dirige un famoso monasterio de monjas en Estados
Unidos y es miembro del Comité que otorga los óscares del cine. ¿Denominador
común de estas dos mujeres? No otro que la búsqueda apasionada de la verdad y
del amor mediante la reflexión filosófica, Edhit, y la belleza artística, Doli.
El punto de encuentro fue Cristo como rostro visible de Dios, fuente del ser,
de la vida y del amor. Esto es lo que se me ha ocurrido espontáneamente leyendo
tu último amoroso mensaje. En otro momento buscaré algunas fotos de Edhit Stein
y Dolores Hart y te las remito.
- “Queridísimo Niceto, gracias sin
límite por tu amor y tu amistad, fuente de gracia, consuelo y alivio en estos
momentos tan críticos de mi existencia. Ayer tuve mucha angustia y miedo. Fue
una especie de impotencia ilimitada y un sentir una percepción clarísima de
estar al límite físico, psíquico, de falta de esperanza y de todo. ¡Terrible
experiencia que es la segunda vez que me ocurre en los últimos tiempos y de las
primeras veces en mi vida! Después he reflexionado y he pensado que puede ser
el peso de mis cargas, de mis faltas graves de amor al ser y a la vida. Después
sentí impulso fuertísimo de comunicarme contigo o con Dios o con Cristo, a una
esperanza; tal vez a la fe que a mí me falta, aunque tanto necesito. Es todo un
privilegio de gracia divina poderme abrir a ti que tan bien comprendes lo
humano y sobre todo sentirme por ti querida hace que me valore más a mí misma
cuando soy muy consciente de todos y cada uno de mis pecados, que, sin la más
mínima mácula de duda, se pagan con dolor, sufrimiento y tormento e inactivan
para moverse uno y poder salir adelante. Gracias, Niceto, por hablar al
Altísimo de mí, Él lo sabe todo, pero yo -egoísta- sé que si un alma bella como
la tuya me nombra Él escucha mejor y me mira más complaciente. Hoy mi primer
pensamiento del día ha sido abrir el PC para encontrarte. Gracias, Niceto, como
tú dices, AMOR y GRACIAS a ti con todo mi ser. Poco, pero sobre todo con todo
aquello que nos hace grandes.
Respecto
a tus reflexiones quiero decirte de alma a alma que comparten amor. Jamás ha
habido ningún hombre al que yo tuviera tanto amor personal como a ti. Yo no
sabía amar sino sólo con emociones más o menos certeras y con más o menos
cualificaciones respecto al amor verdadero. Sólo al que fue mi esposo (un alma
bella al que no supe amar) le dije: "te amo". Se lo merecía mucho y
lo sigo queriendo. Él ha roto definitivamente conmigo y no quiere ni nombrarme.
Tú me has enseñado lo que es el amor, del que tengo que aprender y practicar
día a día y a cada momento. Ahora mismo, querido Niceto, eres el ser más
próximo y más cercano a mí, y todo se queda pequeño cuando consideramos otros
parámetros a los dados, lo cual contigo es posible. Deseo comentar más
detalladamente tu e-mail porque tus e–mails son para mí una auténtica
comunicación abierta con el amor de Dios, que en mí aparece con sólo pensarte.
He estado leyendo las biografías de estas mujeres impresionantes que me has
citado y me despido de momento pues ya he dejado de estar sola y necesito paz y
silencio para estar contigo. Como dijo Edith Stein: "Salve oh cruz, mi
única esperanza". Besos, mucho amor y todos mis buenos sentimientos para
ti. Sigo contigo en mis pensamientos lo cual es muy bueno para mi alma. Te
quiero de verdad. Olga”.
- Olga, mi amor. Estaba en deuda
contigo y quiero saldarla ahora mismo sin pérdida de tiempo. En relación con tu último mensaje se me
ocurren estas reflexiones. La mejor medicina contra el miedo es el amor
personal a Dios que terminas de descubrir. El miedo y el amor son como el agua
y el fuego: o se impone el fuego y se evapora el agua, o se impone el agua y se
extingue el fuego. No pueden cohabitar juntos en igualdad de circunstancias. De
modo parecido podemos decir que en el amor a Dios no queda margen psicológico
para el miedo. Otra cosa es el sufrimiento, que no es incompatible con el amor.
De hecho, Cristo, por ejemplo, cargó sobre sus espaldas el contenedor de toda
la basura humana del desamor de todos los tiempos y por ello sufrió mucho. Pero
en ningún momento tuvo la debilidad de tirar la toalla ni miedo a nada ni a
nadie. Aparentemente Dios se había olvidado de Él, pero realmente no fue así.
Estaba dentro de Él ayudándole silenciosamente a reciclar nuestra basura humana
mediante el amor.
La respuesta final de Dios Padre a las
súplicas de Cristo sufriente fue resucitarle de entre los muertos para abrirnos
a todos los seres humanos a la esperanza en otra vida de infinita mayor calidad
que la de aquella terrenal y temporal que dejamos atrás. Todo ello fue una obra
maestra de amor. De momento dejémoslo ahí ya que sería muy largo desglosar el
significado profundo y esperanzador de estos hechos protagonizados por Cristo
en clave de amor. Cuando me hablas de tu angustia existencial recuerdo aquella
época en que estaba de moda la filosofía existencialista más irracional y
extremada y que a ti te pegó fuerte sin darte cuenta de ello.
Otro punto muy interesante de tu
mensaje es la alusión explícita que haces a tu ex-marido. Me consuela
enormemente que no te arrepientas de haberle querido y seguirle queriendo,
aunque él no quiera saber ahora nada de ti. De amar es de lo único de lo que no
hay que arrepentirse ni retractarse jamás. Sobre todo, cuando se ha llegado,
como tú, al descubrimiento del amor personal. Lo importante en estas
circunstancias es que en el corazón no queden las malas hierbas del rencor y el
desprecio personal. Los corazones emponzoñados y rencorosos no son aptos para
amar a las personas y sin amor lo tenemos todo perdido. Mucho me alegra que en
tu precioso corazón no puedan ya echar raíces esas malas hierbas que envenenan
la existencia.
- “Queridísimo Niceto, gracias por tu
fotografía. Te encuentro estupendo como no podría ser de otra manera, dada la
fortaleza de tu alma grande y tu buenísima naturaleza. (¡Tu padre llegó a los
100!). Gracias de todo corazón por tu presencia en mi vida, por el milagro sin
denominación con las limitaciones del lenguaje de este mundo, que representas y
significas. Tu obra de amor y sabiduría conmigo es infinita y me siento honrada
por tu cariño impagable. He pensado que Dios hace las cosas por algo. Y estás
presente conmigo en esta actual andadura que tú dulcificas y alivias. Gracias
desde lo más profundo porque tú tocas a Dios y me lo transmites.
Querido amigo, cuando me dedicas tu
tiempo y espacio no tienes por qué disculparte de ninguna deuda conmigo. Tu
generosidad es ilimitada conmigo y dedicarme tiempo y espacio, y más allá de
nuestra comunicación, cuando me piensas con Dios, es para mí toda una gracia
desde arriba y eso ya me eleva de categoría personal. Niceto, no es que te diga
palabras bellas, es una realidad: por el sólo hecho de pensar en ti siento que
de algún modo me purifica. Quería enviarte mis fuertes ráfagas de buenísimos
deseos y decirte que te hablo en silencio y esto me hace sentir que el Altísimo
me mira. Gracias, Niceto, por estar aquí conmigo, por tu dedicación impagable.
Dios está contigo y tú conmigo lo cual es para mí todo un privilegio. Besos.
Mabel”.
- “Queridísimo Niceto, gracias por
estar conmigo. En este tramo de mi vida es todo un honor y privilegio tu amor
personal, y tú. No hallo palabras. Con tu amistad, que es más que un regalo de
Dios, teniéndote y a mi madre, sería injusto pensar que Dios no me mira o se
olvida de mí. Te quiero muchísimo y me duele no haberte "disfrutado"
más en tanto tiempo y en las circunstancias acaecidas desde que nos conocemos. ¡Tú
siempre has estado! He sido yo la ausente. ¡Lo que me he perdido!: algo grande,
muy grande, excelencias supremas. Niceto, esto es mi gratitud sin palabras,
como tú dices. Quiero enviarte ahora todo mi amor y mis más bellos deseos para
la belleza de tus días. Besos inmensos e indescriptibles. Te envío todo mi amor
y te escribo pronto. Un fuertísimo abrazo”.
- Olga, amor. Gracias por tu mensaje tan
lindo y entrañable. Aprovecho la ocasión para compartir contigo la satisfacción
que he tenido hoy de ver publicado un texto mío sobre la filosofía de S.
Agustín por la prestigiosa editorial BAC. En realidad, yo estaba convencido de
que esta pequeña obra sería póstuma, pero he tenido la alegría de recibir hoy
mismo los 10 ejemplares impresos que legalmente la editorial entrega al autor.
Si me mandas una dirección postal te puedo enviar un ejemplar como embajador de
mi corazón ante tuyo tan grande y amoroso. Yo espero con toda mi alma que irás
saliendo del túnel existencial en te encuentras y creo que saldrás felizmente
de sus oscuridades y estrecheces.
Has descubierto la pista del amor bueno
y tu razón te va guiando. Los problemas materiales agravan tu situación, pero
no hasta el punto de que te impidan seguir por la autopista de la Verdad y del
Amor, que es la única que al final nos lleva a buen puerto. Me impresionan
mucho tus palabras de afecto, sobre todo cuando me pones en el mismo plano de
amor que a tu maravillosa madre, o cuando me dices que mi amistad te consuela y
te ayuda a acercarte a Dios. Son palabras más que bellas que sólo Dios las
comprende adecuadamente. Realmente eres un amor y deseo de corazón que Dios
inunde todo tu ser con el suyo, que no tiene límites. Besos y cariños sin fin.
- “Queridísimo Niceto, ¡enhorabuena! y
me congratulo en infinito porque tu obra sale a la luz y puedes disfrutar de lo
que será sabiduría compartida. Tus obras son un regalo para todos, fruto de tu
estudio y una sabia utilización de la razón ¡siempre inteligible! No imaginas
cuán feliz soy compartiendo tu alegría que es la de los lectores también. Me
confesé el pasado domingo con un venerable padre Escolapio de 80 y más años. Me
dejó paz espiritual: "Dios perdona." Lo sé, pero ello no me impide
ver mis pecados clara y nítidamente. Ahora estoy llena de dudas y tengo miedo,
hasta tal punto que he hablado con mi familia y tal vez viaje a España. Mi
salud física y psíquica están fatales, amigo del alma. Tengo aquí cosas
pendientes, pero si, no puedo más, vuelo y ya nos comunicamos desde mi casa por
teléfono y dirección postal. Creo que es mejor pues necesito curarme y aquí no
tengo las condiciones precisas. Estoy llena de dudas y hasta me asusta viajar
sola. No sé, en cualquier caso, no podría dejar de comunicarme contigo.
Te digo y es verdad que, cuando me
dirijo a ti siento que Dios me mira y escucha. Gracias, amigo del alma,
conocedor del sufrimiento humano y de la redención y sensible conocedor de los
desvíos humanos. Me alejé del camino y las consecuencias se notan. El alma se
puede aliviar un tanto, pero las leyes de la corporeidad pasan factura. Debo
reconducir mi sendero y es muy difícil, queridísimo Niceto. Tus palabras son
muy generosas conmigo y siento que son inmerecidas. Saber el camino es una cosa
y seguirlo otra muy difícil. Dios perdona, pero me siento vacía de su gracia y
desesperanzada. Todo me da miedo (a veces tengo agorafobia) y sé que debo
curarme. Me siento como un bebé dependiente de todo, como si no supiera o
pudiera hacer nada con autonomía personal. Tengo muchos años de alto voltaje de
estress acumulado, y mi mente y mi cuerpo están hechos polvo.
Amigo, perdona que comente todo esto,
que es mi realidad actual y culmen de un proceso no bien llevado. Tus palabras
son siempre alivio, consuelo y dulzura. Que me quieras me dignifica (y quererte
sin duda). Significas mucho para mí y no existen palabras para expresarlo. No
tengo ningún mérito: desde la desesperación he mirado al cielo. Te quiero
muchísimo, Niceto, y me alegra muchísimo tu felicidad. Eres un alma bellísima y
delicadísima y es un honor que me cuentes entre los tuyos, ¡me engrandece!
Siempre estamos en contacto y siempre quiero mis mejores deseos para tus
felices días. Siempre para ti mi amor y mis vendavales fuertes de buenísimos
deseos. He pensado si me van a recoger a Madrid y verte, pero no sé nada
todavía, ni siquiera si viajaré de inminente. En cualquier caso, como no podría
ser de otro modo, estamos en contacto. Perdona, tengo dificultades de
concentración. Un fuertísimo abrazo. Te quiero. Gracias por todo. Besos”.
- “Queridísimo amigo del alma. Te
quiero muchísimo. Gracias por tus bellas e inmerecidas palabras. Me miras con
amor y se nota. Gracias en otro idioma más grande que sólo Dios conoce. Será un
honor recibir tu prestigiosa obra y deleitarme con su lectura. En estos últimos
tiempos he leído mucho tu "Filosofía y Cátedra..." y me han
reconfortado mucho a la vez que he obtenido sabios e impagables consejos. Estoy
ahora mismo en un impás de indecisión absoluta. Ni aquí tengo futuro alguno ni
en España y tanto en un sitio como en otro soy una carga. Mi familia me quiere
y ayuda, pero no me veo viviendo en casa dependiente lo mismo que aquí: soy
dependiente y esta situación no puede prolongarse mucho tiempo pues Oliver, que
me quiere y me lo ha demostrado, económicamente no puede ayudarme. Se acabaron
los tiempos de sólo ser "ama de casa", lo cual en una economía
pequeña es imposible y Oliver tiene un hijo de 15 años y responsabilidades. En
un auténtico ataque de pánico llamé a mi hermana G. y tengo dinero para ir a B cuando lo desee,
pero reitero que no me hallo en condiciones para ello. Por otro lado, mi salud
física y psíquica dejan mucho que desear.
Lo último que me ha dejado hecha polvo
es que fui a arreglarme la boca a Slovaquei, por ser más barato que en Viena, y
me han estafado 2500 euros que me dio mi madre y me han dejado la boca peor que
estaba y con menos piezas. Lo cual deteriora total mi autoestima. Caí en manos
de un especulador sin escrúpulos. Me digo que lo perdono cuando pienso en él,
pero me siento fatal. Perdí mucho dinero y mi salud dental está más
deteriorada. Ha sido lo último después de muchos meses en que el sentimiento de
frustración y depresión han sido mis habituales compañías. Ha sido la gota que
me ha desbordado el vaso. Estoy rota por todos los lados. Lo bueno es el amor
de mi familia, el tuyo, el de Oliver. He sentido que lo he tenido todo, pero al
no tener caridad, amor, "nada me ha aprovechado". Podría haber tenido
una vida preciosa y plena y por mis faltas de amor estoy dónde estoy.
Queridísimo, gracias por leerme con paciencia; Dios me mira cuando tú me miras.
Pero yo sé que he sido yo y sólo yo la que desvié mi sendero. Reconozco mis
pecados y mis culpas graves. Dios es amor y perdona y en su inmensa
generosidad, al lado de las calamidades que he de soportar, también me da
sabores buenos como tú. Te quiero”[4].
2. Reflexiones
finales
Para terminar este repaso teórico y
práctico del amor me parece oportuno destacar las siguientes reflexiones. En
el amor personal promulgado por Cristo nos percatamos de la calidad del
humanismo reflejado en los textos bíblicos del Nuevo Testamento. En la Biblia
encontramos el fundamento de la dignidad ontológica y moral del hombre. Nuestra
dignidad o excelencia como personas humanas radica en irrumpir en la existencia
como “imágenes de Dios”. En ese nivel, como personas todos somos iguales ante
Dios y ante los hombres. En consecuencia, nuestra dignidad o indignidad moral
radica en nuestra forma de vivir en clave de amor personal o desamor.
Desde la Biblia, a pesar de las
dificultades que entraña su lectura, se entiende con relativa facilidad la
igualdad ontológica de todos los seres humanos como personas y la desigualdad
individual por razón de nuestra forma de vivir, de una forma o de otra, en
clave de amor, desamor o amor corrompido. Como personas, cabe insistir, somos
todos iguales, lo mismo hombres que mujeres, pero al mismo tiempo desiguales
por razón de nuestra personalidad. Esa dignidad o excelencia personal es
diferente por razón de nuestra vida moral de la que depende en gran parte la
estructura de nuestra personalidad. La cuestión sobre la primacía del amor
personal sobre el amor sexual y de enamoramiento es patente y clara para
cualquier lector del Nuevo Testamento de cultura media y con un mínimo de
sentido común.
El amor cristiano ni se identifica con
el amor sexual o de enamoramiento ni lo excluye. Se trata de un amor
esencialmente personal en el que las
relaciones sexuales y el enamoramiento pueden o no existir en absoluto. Pero
cuando existen son elevadas y dignificadas hasta el extremo de hacer posible un
amor de tal calidad humana que abarca a todos, incluidos los enemigos. En el
ejercicio del amor cristiano existen dos filtros complementarios, uno racional
y otro teológico. La experiencia castiza de la vida, en efecto, y los hechos y
dichos de Cristo sobre el amor no se contradicen, sino que se complementan. El
amor personal dignifica y embellece el amor sexual y de enamoramiento, pero no
se identifica con esas y otras formas de amar de las que hemos hablado ni
necesita de ellas para nada.
La experiencia más castiza de la vida
no deja lugar a dudas sobre esta realidad consoladora del amor que tiene por
objeto a las personas y no se enreda en el culto sentimental a la personalidad,
que es siempre caduca, fascinante y muchas veces perversa y traidora. Ahora se
comprende mejor el aforismo de inspiración agustiniana: Ama y haz lo que
quieras porque quien ama, si calla, callará con amor; si grita, gritará con
amor; si corrige, corregirá con amor y si perdona, perdonará con amor. «Da quod
iubes et iube quod vis» (Confesiones,
X). Expresión que libremente traducida suena así: Dame, Señor, el amor que nos
has mandado practicar y mándame hacer luego lo que quieras porque nada querré
yo libremente hacer que no sea por amor a Dios y a los hombres. Si al atardecer
de la vida no hemos aprendido esta gran lección de humanismo, es urgente
aprenderla antes de que anochezca y sea ya demasiado tarde.
Un dato muy interesante para tener la seguridad de que
el intercambio de mensajes amorosos entre un hombre y una mujer, como los aquí
reseñados, es que, cuando se trata de amor personal y no sexual, o de
enamoramiento, ellas no se ponen celosas. Al contrario, se alegran por el hecho
de coincidir con otras mujeres en la expresión de su amor y amistad a la misma
persona, sea hombre o mujer. Esto no las sorprende, sino que lo consideran lógico
y normal. Cuando el amor, en cambio, es interesado, sexual o de enamoramiento,
los celos entre las mujeres son inevitables, así como la exigencia de
exclusividad, con lo cual la amistad resulta prácticamente imposible y puede
degenerar en aborrecimiento. Como ha podido apreciarse en los ejemplos aquí
expuestos, todas mis interlocutoras han compartido la alegría de agasajarme a
porfía con su amistad en lugar de ponerse celosas o de reprocharme el trato
amistoso con otras mujeres. El amor
personal es un amor felizmente compartido por las personas que se aman a
porfía sin celos ni envidias disfrutando todas con el mismo amor. El amor sexo
y de puro enamoramiento, por el contrario, es egoísta por naturaleza, envidioso
y excluyente.
Otra observación importante se refiere
a los límites del lenguaje amoroso. Los literatos, los poetas y pintores, así
como los protagonistas del folclore de los pueblos han creado un repertorio muy
extenso de palabras, frases, gestos e imágenes que han pasado a ser de uso
rutinario para expresar los sentimientos de amor. Además, con aplicación
indistinta a las diversas formas de amor que hemos descrito. De ahí también la
interpretación diversa que pueden recibir por parte de los destinatarios de
esas expresiones amorosas. Como el lector ha podido observar, en estos diálogos
aparecen de forma rutinaria palabras y expresiones de saludo y despedida
tomadas del común de la literatura amorosa de los enamorados y de los
protocolos sociales y formas de buena educación social. Dicho lo cual, y que es
evidente, cabe destacar que cuando se trata del
amor personal, como es nuestro caso, las expresiones verbales y gráficas
propias de enamorados se quedan a medio camino ya que no son capaces de
significar la naturaleza superior del amor
personal respecto del amor sexo y de simple enamoramiento.
Esa dimensión superior queda insinuada
con frecuencia con puntos suspensivos y expresiones como: “no tengo palabras”;
“sólo Dios sabe y comprende lo que te quiero”; Dios te bendiga y te colme de su
amor”; “besos y cariños sin fin”; “te quiero mucho”. O simplemente “te quiero”.
Lo mismo cabe decir de los saludos con los calificativos: rey, reina, corazón,
tesoro, mi amor y otros similares. Sin tener en cuenta estas limitaciones del
lenguaje amoroso difícilmente se puede comprender el significado personal y
humano de estos diálogos. En la dinámica del amor sexo, de enamoramiento o de
simples intereses, dicho lenguaje termina resultando de mal gusto, provocativo
e irrespetuoso. En el contexto del amor personal, en cambio, puede resultar
innecesario, demasiado iterativo y cansino. Pero entonces aparecen otras formas
de expresión amorosa como la compañía silenciosa, tanto física como espiritual,
y las despedidas felices por el mero hecho de haber convivido con las personas
reconociendo y respetando su grandeza y dignidad en las alegrías y en las
penas.
Para terminar, me parece oportuno
insistir una vez más en que el amor es la sal y el azúcar de la vida y por ello
hay que aprender a amar como es debido a la dignidad de los seres humanos.
Ahora bien, para que ese amor que da gusto y sabor a la vida sea verdadero y
provechoso ha de ser personal. O lo
que es igual, el objeto del amor humano
verdadero es la persona y no el ropaje natural o artificial de la personalidad
o de la belleza. Hemos de aprender a amar lo que somos como personas y no
lo que adquirimos, perdemos o imaginamos según nuestras respectivas
personalidades.
Sobre esta base han de asentarse las
diversas formas de amar en clave sexual, de enamoramiento y místico. Sólo
cuando el amor es personal los instintos primarios asociados al sexo y el
enamoramiento alcanzan belleza y dignidad. En caso contrario lo más probable es
que lo que debía ser sal y azúcar de la vida se corrompa y se convierta en
causa permanente de desencanto y sufrimiento. Sin amor verdadero la vida
humana, por muy saludable que parezca, como el menú de los hospitales sin sal
ni vino, termina resultando desagradable en extremo. Pero, por otra parte, hay que cuantificar razonablemente
la cantidad de sal y azúcar que consumimos y este es el nudo gordiano de la
cuestión. ¿Cómo aprender a manejar la razón para humanizar las diversas formas
de amar sin que los impulsos primarios amorosos neutralicen psicológicamente el
buen uso de la razón? En el acertar o errar en esta materia nos jugamos a una
sola carta el deseo natural humano de felicidad en este mundo y la esperanza de
perpetuarla con otra vida mejor fuera del tiempo y del espacio. Esta es una de
las conclusiones más importantes a las que yo he llegado a lo largo de mi larga
experiencia personal y profesional.
[1] Cf. Niceto Blázquez: Al atardecer de la vida,
Madrid, 2012. -Reflexiones sobre el amor: Studium (2012) 117-146. -La
aventura del amor, Madrid 2013. -Versos para pensar y meditar, Madrid 2016. -El
tesoro escondido del amor, Madrid 2017. -Versos
en clave de amor, Madrid 2018. -Vitaminas de amor, Madrid 2018. -Versos
de amor personal, Madrid 2019. -Recuerdos y sentimientos, Madrid 2021.
[2] Cf. Niceto Blázquez, Reflexiones e
imágenes sobre la amistad, Madrid 2015.
[3] Cf. Xabier Pikaza, Gran diccionario de la Biblia, término AMOR, Estella 2015, pp. 56-61.
[4] Cf. Bárbara María Hanych Sulma, Bárbara y Mabel. Metamorfosis del corazón, Madrid 2021.
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