CAPÍTULO
VIII
AL
BORDE DEL ABISMO Y OTROS ACONTECIMIENTOS
1. Encuentro con la comunidad afgana de Madrid
El acto comenzó con un concierto de música afgana tradicional cantada y acompañada al estilo árabe y terminó con la proyección de dos cortometrajes de denuncia contra la violencia y el dolor producidos por los fundamentalistas árabes de Afganistán. La película Stoning de Latif Ahmadi puede resumirse así. En esta película se muestra la imagen de la sociedad tradicional musulmana donde los hombres son los amos y señores de la guerra y de las mujeres. A estas les toca siempre la peor parte hasta extremos trágicos inimaginables. Una mujer es violada por un pistolero y ella intenta ocultar lo sucedido dando a luz clandestinamente en un establo de ovejas. Pero el violador da orden de que sea lapidada y se casa con su hermana de trece años de edad. La película termina tristemente mostrando la imagen de la adolescente viviendo con el pistolero y el contexto religioso y social que lo permite con toda normalidad.
En Kabul Cinema Mirwais Rekab denuncia la destrucción de obras de cine por parte de los fundamentalistas afganos. Un muchacho ha visto muchas películas y se siente fascinado por el cine. Un día el cine es destruido por un cohete durante la guerra civil. El chico recoge los trozos rotos y quemados de películas y maquinaria cinematográfica y organiza un cine móvil. Invita a los niños y a las niñas y le hace el amor a una de ellas. Cuando los talibanes se enteran de lo ocurrido destruyen la maquinaria, le pintan al muchacho la cara de negro y lo exhiben ante la gente por toda la ciudad acusándole de idolatría. Estaba previsto que al final de la sesión Jasmine dispusiera de tiempo para conversar con ella y me presentara a sus familiares allí presentes. Pero terminamos muy entrada ya la noche y me pareció que no era el momento oportuno para esta presentación por lo que, terminada la sesión, me marché a casa sin despedirme de Jasmine. Algunas de las reflexiones que me hice al filo de esta celebración fueron las siguientes.
El concierto me resultó aburrido por el carácter iterativo del tema con su escala tonal específica, pero agradable por el predominio melódico. Las imágenes que aparecían de fondo en la gran pantalla durante la actuación de los músicos me resultaron impresionantes por los contrastes orográficos del agua y la desértica sequía. Contemplando esas fotos resulta inevitable pensar en cómo la naturaleza humana ha podido subsistir en esos lugares. Lo cual resulta más difícil de comprender teniendo en cuenta la tiranía de la religión islámica impuesta por los grupos religiosos fundamentalistas como los talibanes. En este sentido la película sobre la lapidación de las mujeres en nombre de Dios resultó estremecedora. Esa y otras formas de conducta fundamentalistas de inspiración islámica constituyen un insulto a los sentimientos más elementales de humanidad y, paradójicamente, a Dios mismo, al que invocan para justificarlas. Al final de este acto me reafirmé en la convicción de que, sin libertad religiosa para seguir los dictados de la propia conciencia para elegir una denominación religiosa u otra, sin temor a ser castigados, resulta prácticamente imposible incrementar la calidad humana de la convivencia humana entre las personas y entre las naciones. En mi opinión, los fanatismos políticos y religiosos están en la base de las mayores calamidades que afligen a la humanidad.
Todo comenzó el día de mi conferencia en Madrid en la sede de la Universal Peace Federation, O.G. Al terminar la sesión Jasmine pidió entrevistarse conmigo aparte y así comenzó nuestra linda amistad. Almorzamos juntos varias veces en restaurantes de Madrid y nuestra comunicación telefónica fue constante. Y todo ello no sin asombro por mi parte al constatar su forma de comunicarme sus inquietudes y problemas desde su mundo familiar y cultural árabe. El estado de mi salud en constante declive y sus problemas personales, familiares y laborales impidieron que nuestros contactos en directo se repitieran con la frecuencia deseada por ambas partes. “¿Cómo le va todo, Niceto? Espero ansiosa nuestro encuentro. Reciba un abrazo enorme de mi parte y mis cariños.” YO: “Jasmine, mi salud va razonablemente bien pero despacio. No obstante, puedes venir a casa cuando te apetezca porque sólo salgo para las revisiones médicas. Dime cuándo vas a venir y yo te explico la forma. Desde la plaza de Castilla hay buses que te dejan en la puerta de casa. O bien tomas un taxi y yo lo pago. ¿Cómo se encuentra tu padre después de su crisis de salud? Os recuerdo mucho con cariño y admiración. Niceto. Y de nuevo: perdona que me haya retrasado en felicitarte y desearte lo mejor para ti desde lo más hondo de mi corazón. Yo espero a que me confirmes el día en que puedes venir a mi casa. Para mí tu visita será un honor y una felicidad en estos momentos en que, por razones de edad y de salud, entiendo que se acerca mi encuentro con Dios nuestro Padre, fuente suprema de todo ser, de la vida y del amor verdadero.
Su respuesta no se hizo esperar. “Señor Niceto, me ponen muy triste sus palabras acerca de su encuentro con Dios. No sé qué decir en estos momentos, lo único que deseo es verlo lo antes posible y hablar con usted sobre muchas cosas, abrir mi corazón y tener el gran honor de recibir su bendición. Creo que es el mejor regalo que puedo tener de usted. Dígame si le parece bien el jueves después de comer podemos vernos sobre las 16 horas”.
YO: Jasmine, te espero mañana jueves hacia las 16:00 h. Me hace mucha ilusión verte. Hasta mañana y muchos besos por adelantado. Por desgracia, no pudo cumplirse nuestro deseo de encontrarnos en mi casa ese día a causa de una crisis estomacal que la obligó a Jasmine a ir a urgencias y ser hospitalizada. La crisis se había producido a causa de dos úlceras, pero, aunque por teléfono me comunicó que estaba “muy malita”, afortunadamente volvió a casa pronto para continuar su vida normal. Gracias, Jasmine. YO: Jasmine, mi salud no es buena, pero ello no me impide tenerte en el corazón, lo cual es un honor y una felicidad para mí. Buenas noches y que tus molestias de estómago desaparezcan definitivamente. Besos y cariños. Luego publiqué en facebook un link que remite a mi blog titulado El mal de amor, y Jasmine respondió con las siguientes palabras: “Sr. Niceto, es una foto maravillosa. Recuerdo con mucho cariño ese día. Ojalá pronto se mejore de salud para volver a tener esos ratos agradables en su compañía. Un abrazo. Jasmine Abdul”. En la foto aludida y publicada en el blog aparecemos Jasmine y yo almorzando juntos en un restaurante iraní en Madrid. A mí también me encanta dicha foto por su significado humano y la belleza de Jasmine que se refleja en la misma.
2. Con un pie en la otra orilla
¿Cuánto tiempo duró mi estado de inactividad cerebral y somática? Ciertamente este tiempo debió ser muy corto, pero no puedo calcularlo por más que lo he intentado. Perdí totalmente la conciencia de mí mismo, pero no tuve ninguna sensación de dolor ni quedó rastro alguno de heridas o traumatismo en mi cuerpo a causa de la caída. Al recobrar la conciencia me encontré sentado en el suelo como quien despierta de un dulce sueño rodeado por el personal sanitario. Me pregunté interiormente a mí mismo dónde estaba y en décimas de segundo tuve conciencia perfecta de todo lo que había ocurrido. A mi lado estaba ya la silla de ruedas, me sentaron en ella y así llegué ante el mostrador de recepción donde presenté yo mismo la documentación sanitaria y expuse el motivo que me había llevado hasta allí. Poco después me encontraba en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) atendido por el equipo sanitario que puso a mi disposición todos los medios de emergencia propios del caso. Cuando todo estuvo bajo control llamaron al P. Fernando para informarle de mi situación y pudiera hacerse una idea exacta de la misma. Yo lo tenía todo muy claro y me parecía lógico y normal que mi hora de descansar en la casa del Padre había llegado por lo que aproveché su presencia para despedirme de todo y de todos ante su persona.
Ya instalado en la cama con todo el equipamiento médico que requería el caso, informé al P. Fernando sobre el lugar y la forma de encontrar en mi habitación las cosas que pudieran ser administrativamente útiles o necesarias en caso de mi fallecimiento. Luego le pedí que, de regreso en casa, despidiera de mi parte a mis compañeros por si no había lugar para que lo hiciera yo personalmente. Por último, yo daba por supuesto que en un buen hospital como en el que yo me encontraba debía haber alguien responsable de los servicios religiosos para las personas que lo solicitan. Por ello le pedí que solicitara esos servicios para mí. Pero rectifiqué inmediatamente al darme cuenta de que no tenía sentido pedir un servicio a la institución sanitaria que el P. Fernando podía prestarme allí mismo sobre la marcha sin pérdida de tiempo. Él comprendió que yo me estaba despidiendo de todo y de todos y con lágrimas en los ojos me dio la absolución.
La primera noche en la UCI fue toledana. Me pusieron un tratamiento de choque contra la tormenta de arritmias cardiacas que se había desatado presuntamente en el ventrículo izquierdo, pero sin resultado inmediato satisfactorio. La alarma no cesó de sonar durante toda la noche ante lo cual decidieron añadir un tratamiento solapado complementario el cual empezó a dar buenos resultados, aunque más lentamente de lo deseable. Los mareos se repetían, pero no hasta el punto de perder el sentido. Cada mareo se producía cuando la sangre no llegaba de una forma regular y continuada al cerebro. Yo preveía que en uno de esos instantes de discontinuidad sanguínea se apagara la dinámica cerebral y me preparaba para asumir el hecho mediante un diálogo permanente y puntual con la Trascendencia. Quiero decir, con Dios a través de Jesucristo muerto y resucitado. Entre la muerte de Cristo y la mía, pensaba yo, había algo en común que era el dejar este mundo. Pero El murió mucho más joven que yo, paradójicamente asesinado por ser bueno y soportando grandes dolores. Yo, en cambio, había cumplido 73 años de edad, sin más dolores que las pequeñas molestias de estar en la UCI y no clavado en una cruz. Por el contrario, estaba asistido por un equipo médico de gran competencia profesional rodeado de cariño por parte familiares, amigos y colegas de profesión. Nunca mejor dicho: el que no se consuela es porque no quiere y tengo la impresión de que no hay mayor consuelo en este mundo que el que viene de Dios en los momentos críticos de la vida, aunque parezca que no existe, que está sordo o se ha olvidado de nosotros. Por fin las arritmias y los mareos fueron cediendo y empecé a pensar que todavía existía alguna posibilidad de superar la crisis si continuaba en la UCI en lugar de vagar por las habitaciones de planta del hospital. Pero nada tenía yo seguro, por lo que no había que bajar la guardia en el diálogo con la Trascendencia para que el final resultara lo más dulce y feliz posible. Quedaba todavía el rabo por desollar. Me explico. Aún en la hipótesis de que la tormenta de arritmias quedara totalmente apagada, cabía pensar con fundamento que el corazón quedara tan cansado y abatido que desfalleciera y dejara de latir por agotamiento. Pero esta hipótesis no se cumplió y comenzó así la segunda etapa de mi continuidad en la UCI. Había que investigar ahora la causa de las arritmias ventriculares mediante estudios exploratorios y eventualmente terapéuticos de cateterismo. Era una nueva etapa que tampoco estaba exenta de riesgos graves. A parte el seguimiento que yo hacía de los acontecimientos el Dr. Eduardo Castellanos y su equipo me tuvieron siempre informado sobre el estado y evolución de mi enfermedad y las medidas que se tomaban para salirle al paso.
Durante esta segunda etapa tuvieron lugar tres exploraciones de cateterismo con vistas a conocer con precisión el origen físico de las arritmias y proceder a su curación mediante catéter ablativo. Los dos primeros catéteres se llevaron a cabo con sedación local y el tercero con sedación total. Antes de proceder a estas intervenciones el Dr. Eduardo Castellanos y yo mantuvimos un breve diálogo informativo y estuvimos en total acuerdo en la forma de proceder. Obviamente él fue más prudente que yo tratando de ir paso a paso de forma graduada en lugar de proceder inmediatamente al cateterismo ablativo previsto como solución de última instancia. En primer lugar, había que llegar al ventrículo izquierdo por un atajo para evitar tocar la prótesis mecánica felizmente implantada en la aorta hacía veinte años. Por otra, cuando llegó el momento de proceder a la tala o eventual cauterización, según el caso, de las células responsables de las descargas eléctricas que daban lugar a las arritmias, y después de cuatro horas de camino, me despertaron y me dijeron que habían descartado esa intervención quirúrgica radical que habíamos previsto por considerarla innecesaria optando por un tratamiento convencional. Ante la imposibilidad de provocar extrasistolia ventricular de manera más frecuente para poder mapear su dinámica, decidieron dar marcha atrás optando por un tratamiento farmacológico específico en lugar de proseguir con el cateterismo terapéutico o ablativo como habíamos convenido.
El Dr. Eduardo Castellanos fue siempre realista y prudente en sus informaciones sobre mi situación crítica y yo traté de corresponder a su preocupación con el siguiente razonamiento. No recuerdo si con estas mismas palabras u otras equivalentes, lo que le dije fue lo siguiente. Ustedes están haciendo todo lo que está de su parte para sacarme adelante y lo peor que puede ocurrir es que no puedan conseguirlo y yo me muera. Pero si esto ocurre, ello sólo significa que a mí me ha llegado la hora de dejar este mundo y ustedes podrán tener la conciencia tranquila por haber cumplido responsablemente con su deber profesional. Lo demás, dejémoslo en las manos de Dios el cual de seguro que no me va a dejar por ahí tirado. Creo que este razonamiento le convenció y no hablamos más del asunto. Ahora tocaba que el equipo médico continuara poniendo profesionalmente toda la carne en el asador y yo me pusiera en el lugar que me correspondía como paciente. El día 17 de diciembre del 2010 me comunicaron que podía abandonar el hospital y marcharme a casa. Contra todas mis previsiones, en la noche de Navidad animé con el magnífico órgano de la iglesia la solemne celebración de la Misa tradicional de medianoche en honor del nacimiento de Cristo y tuve en mis manos los primeros ejemplares de mi libro La cátedra de la vida, que yo había dado por póstumo.
Lo que ocurrió aquella noche memorable puede ser comparado con un seísmo. Como es sabido, la gente que vive en zonas sísmicas conoce los signos que preanuncian los terremotos. Es la etapa primera del evento telúrico durante la cual los habitantes de la zona toman las debidas precauciones para salvar sus vidas del abismo. La segunda etapa consiste en el estremecimiento de la tierra desde un lugar determinado llamado epicentro. Los efectos destructivos de los terremotos o seísmos están en proporción de las cautelas tomadas durante la etapa previa de avisos, su intensidad y el tiempo de duración. El gran terremoto de Chile del año 2010, por ejemplo, fue de 8º en la escala de Ritter y tres minutos de duración. A pesar de su magnitud el mundo entero quedó asombrado por el número relativamente bajo de víctimas humanas ante el gran cataclismo que devastó las zonas más próximas al epicentro. La tercera etapa se refiere a las denominadas réplicas. Después del gran temblor, siguen otros nuevos de menor intensidad durante los cuales pueden producirse nuevos derrumbamientos y muertes humanas. Aplicando esta metáfora a mi caso cabe hacer las consideraciones siguientes.
a) Etapa previa a mi terremoto cardiaco del 28 de noviembre del 2010
En el mes de septiembre rechacé la invitación para participar en una gran fiesta religiosa y social en Carei, Rumania, donde tendría la oportunidad de reencontrarme con muchas personas conocidas y amigos entrañables. Pues bien, por aquellas calendas no me sentía yo seguro de mí mismo y tomé la precaución de quedarme en casa en lugar de aceptar la invitación. Para el mes de diciembre estaba prevista la consulta médica convencional y presentía yo que el médico tendría que tomar alguna decisión nueva sobre el tratamiento clínico que había seguido hasta entonces. En el mes de octubre mis presentimientos fueron en aumento, sobre todo desde el día en que asistí al acto cultural de la comunidad afgana en el cine Callao de Madrid a mediados de noviembre. Fue la etapa de las cautelas previas ante la posibilidad de que el terremoto cardiaco pudiera producirse, como así ocurrió, antes incluso de la fecha prevista para la consulta médica programada.
b) Explosión del terremoto en la puerta de los servicios de urgencia del Hospital de Madrid/ Norte Sanchinarro
Los mareos matutinos en casa que me aconsejaron marchar sin tardanza a los servicios de urgencia fueron el primer aviso de que el gran seísmo estaba a punto de producirse y había que buscar refugio sin tardanza en los servicios clínicos de urgencia. De hecho, la explosión se produjo cuando estaba entrando ya en el refugio cayendo al suelo fulminado con pérdida total de mi conciencia psíquica y sensitiva.
c) Réplicas de menor intensidad durante dos semanas en la UCI
Sobreviví al primero y espectacular temblor en la puerta de las urgencias del hospital. Pero podía haber sucumbido después durante las réplicas que siguieron produciéndose durante las 24 horas siguientes. O incluso, como he dicho antes, al término de éstas por agotamiento natural de energía después de la dura prueba a la que el corazón había sido sometido. Cosa que sorpresivamente no ocurrió. Dicho lo cual me parece oportuno terminar este relato con las reflexiones complementarias siguientes.
En un lugar como es la UCI es lógico y comprensible que en los servicios de menor importancia se produzcan olvidos o errores sin consecuencias mayores. Tanto más cuanto que a veces hay estudiantes de medicina y enfermería que están aprendiendo a hacer las cosas. Pero esto es un aspecto anecdótico que hay que asumir con normalidad sin dar demasiada importancia a las pequeñas molestias a que puedan dar lugar esos comprensibles olvidos y errores por parte del personal sanitario en rodaje profesional. Mi impresión positiva sobre el trabajo realizado en la UCI durante mi tiempo de permanencia en aquel lugar se incrementó cuando algunos y algunas aprovecharon algunos de los escasos momentos de que disponían para hacerme preguntas relacionadas con la bioética y mi experiencia de la vida. El Dr. Eduardo Castellanos debió comentar entre los miembros del equipo algo sobre mi dedicación a la bioética y ello dio lugar a este tipo de sabrosas conversaciones esporádicas y furtivas.
Pero en la UCI de cualquier centro hospitalario hay un tema que está actualmente sobre el tapete. Me refiero a la práctica de la eutanasia. ¿Se practicaba la eutanasia en la UCI donde yo me encontraba? Mi impresión es que no, por más que había enfermos que recibían el tratamiento que corresponde para paliar el dolor de forma eficaz sin perjuicio del uso de las facultades mentales del enfermo y no con la intención y la dosis necesaria para dar al paciente la puntilla como a un toro en el ruedo y mandarle al otro barrio. La Unidad de Cuidados Intensivos, creo yo, no puede ser confundida con una plaza de toros donde se remata elegantemente al animal y se lo arrastra después con todos los cuidados para que no sufra o deje señales desagradables de sangre. Mi impresión de que no se practicaba la eutanasia en aquel lugar quedó reforzada por el trato cariñoso, asiduo y prolongado que estaba recibiendo un enfermo vecino mío y la conversación mantenida con un médico de turno el cual me expresó el deseo de permanecer en contacto conmigo para conocer mi modo de entender la bioética como amor y servicio a la vida, especialmente la de los más débiles e indefensos. El otro aspecto que es de justicia resaltar durante mi permanencia en la UCI del Hospital de Madrid/Sanchinarro/Norte se refiere al trato personal que recibí del personal sanitario con muestras explícitas de cariño. No quiero decir que yo recibiera un trato de privilegio por relación a los demás enfermos. De hecho, ese trato cariñoso era la constante general del personal de enfermería con todos los pacientes. Pero es de justicia que yo agradezca públicamente sus gestos cariñosos conmigo y esto es lo que pretendo. Otros enfermos lo harán de la forma que crean más conveniente. Para demostrarlo y ello sirva de referente para otros equipos sanitarios me parece oportuno dejar constancia de algunos de esos gestos y palabras que quedaron grabados en mi memoria.
Durante las dos semanas que permanecí en la Unidad de cuidados intensivo nunca perdí el control de mí mismo y esto suscitó la admiración del personal sanitario. Uno de los doctores de turno se ofreció en repetidas ocasiones para facilitarme algo para leer o algún medio auditivo para escuchar música. Estaba sorprendido de que no me deprimiera o estuviera aburrido al contemplar durante tanto tiempo el desagradable espectáculo de una Unidad de Cuidados Intensivos. Le agradecí su oferta, pero no la acepté alegando que prefería observar el ambiente que allí reinaba y reflexionar sobre los misterios de la vida humana. En tono de humor le dije también que la UCI era comparable a una sala de fiestas abierta las 24 horas en la que había la oportunidad de asistir a espectáculos muy variados. Me replicó que yo era un estoico consumado y que me declaraba enfermo de honor en aquel lugar. Otro día este mismo doctor me habló de sus preocupaciones profesionales y deseo de profundizar en los problemas de la bioética para lo cual me expresó el deseo de seguir en contacto conmigo en el futuro. En otra ocasión una doctora me definió ante otro doctor como la paciencia infinita. Ni faltó quien relacionó mi actitud como enfermo en aquel lugar con la conducta de los santos. Y termino esta acción de gracias con la anécdota siguiente. Una de las jóvenes que formaban parte de aquel precioso coro de enfermeras se acercó a mi cama, vestida ya de calle, y me dijo que se marchaba de vacaciones y deseaba despedirse de mí. La verdad es que no era esta encantadora muchacha con la que más había yo conversado mientras me prestaba los servicios de rigor. Nos limitábamos a las palabras necesarias exigidas por el servicio prestado y las rituales de agradecimiento por mi parte. A pesar de todo, desde el primer momento que nos encontramos ella me causó la impresión de ser una joven mujer con mucha personalidad. Me miró dulcemente y me dijo: me marcho por algún tiempo con motivo de las próximas fiestas de Navidad, pero no quiero hacerlo sin despedirme antes de ti. Como es obvio, le agradecí el gesto y la deseé como pude lo mejor para ella. Intercambiamos algunas palabras más y sentenció mirándome fijamente con cariño: “Niceto, eres un hombre maravilloso”. Le prometí que no la olvidaría nunca y desapareció. El día en que anunciaron mi salida de la UCI para instalarme en una habitación normal del hospital, alguien me sugirió que no abandonara el centro sanitario sin pasar antes por la UCI y despedirme del personal. El día 17 de diciembre del 2010, el médico de turno me comunicó que podía marcharme a mi casa cuando lo deseara. Le pregunté a qué hora debía dejar libre la habitación y me respondió que nadie me ordenaba marchar del hospital y que decidiera yo el día y la hora más de mi agrado. Así lo hice, pero antes me presenté en la UCI vestido de calle como si allí nada hubiera ocurrido conmigo. La despedida no pudo ser más emocionante. Me cubrieron de besos y abrazos y no escasearon las lágrimas de alegría. La razón de esta despedida feliz estaba clara para todos. Entré allí con el corazón roto y ellas y ellos me lo habían devuelto restaurado con profesionalidad clínica y cariño. Desde lo más profundo de ese corazón restaurado, a vosotras y a vosotros, gracias.
Pasó algún tiempo, y recordando la despedida de la enfermera antes mencionada, compuse dos breves canciones de agradecimiento con música y letra salidas de mi corazón, que en buena parte era también suyo. Este fue el texto de la canción general: Amorosas vosotras, enfermeras del Sanchinarro hospital Madrid. Muchas gracias daros yo quisiera por tanto amor vuestro para mí. Y a todos vosotros el personal sanitario, también yo gracias quisiera dar, por vuestro celo y competencia y tan bien a todos medicar. Departamento de cardiología, expertos en problemas del corazón, gracias a vuestra gran tecnología, aplicada con mucha ciencia y amor. El texto de la otra canción es este: Esperanza Miró, Esperanza mi amor. Esperanza sin ti, yo no puedo vivir. Esperanza Miró, Esperanza mi amor, qué sería sin ti, Esperanza mi amor. Esperanza Miró, esperanza mi amor, muchas gracias te doy por tu gran corazón. Esperanza Miró, Esperanza mi amor. Que te bendiga Dios y te colme de amor. La musicalización del segundo texto puede verse en Niceto Blázquez, O.P., Música jubilar, Madrid 2014, p. 31.
4. Diálogo vital con la Trascendencia
Una de las preguntas que recibí con mayor ansiedad por parte de algunas personas que tuvieron conocimiento de mi situación en la UCI fue si no tuve miedo ante la eventualidad de la muerte. Para que se comprenda mejor mi respuesta a esta comprensible pregunta me parece oportuno hacer una precisión conceptual previa. El miedo es un estado emocional que se produce cuando nos hallamos ante un mal inminente o ya presente. Pues bien, hay gente que tiene miedo con solo pensar en la muerte. Otros se sienten en ese estado de ánimo cuando están enfermos y piensan que pueden morirse. De otras personas se dice que no tienen miedo ni a la muerte. Pero aquí hay mucha tela que cortar. A veces esa presunta pérdida del miedo a la muerte sólo es consecuencia de un lavado cerebral previo al modo como tiene lugar en la educación militar o en los que son preparados para perpetrar atentados terroristas lo mismo de signo político que religioso. Llamamos miedo, insisto, a ese estado de ánimo que se produce en nosotros cuando nos hallamos ante un mal presente. Suele decirse que el miedo es libre para tenerlo por unos motivos o por otros. Por ejemplo, sentimos miedo ante la presencia de un terrorista que termina de asesinar a una persona, ante una gran tempestad desatada en la tierra o en el mar o al sentir los pasos de quienes vienen a buscarnos para llevarnos a la muerte por razones políticas o de pura venganza humana. En el lenguaje ordinario muchas veces no se distingue entre el miedo y el temor, pero existe una diferencia importante entre estos dos estados emocionales.
El temor es un estado de ánimo que surge ante un mal posible pero que lo vemos como todavía lejano. Así, por ejemplo, todo el mundo teme ante la muerte ajena, pero pocos se hacen a la idea de que esta les puede salir al paso también a ellos en cualquier momento. Este temor no perturba el ritmo normal de sus vidas y después de enterrar al muerto se consuelan diciendo que la vida continúa porque ven la muerte propia como un mal siempre lejano, sobre todo entre la gente joven. El miedo, sin embargo, tiene lugar cuando nos percatamos de que un gran mal nos viene encima de forma inminente o que ya lo estamos palpando.
La máxima expresión de ese estado emocional tan desagradable como inevitable es lo que denominamos terror. Hay quienes viven habitualmente en estado de miedo y de terror ante situaciones de desgracia que sólo tienen lugar porque hay personas o instituciones políticas o sociales que están interesadas en que existan. Hechas estas aclaraciones, mi respuesta a la pregunta planteada sobre si tuve miedo a morirme durante la estadía en la UCI es negativa. No recuerdo haber tenido miedo en el sentido que termino de definirlo. Temí o me pareció lógico y razonable que mi muerte se produjera en cualquier momento por falta de la irrigación sanguínea cerebral, que era impedida por la tormenta de arritmias. Temí incluso con fundamento que, apagada la tormenta, el corazón dejara de latir por agotamiento natural. Este temor era muy razonable, lo tuve en todo momento y por ello me despedí de todo y de todos. Pero, insisto, no recuerdo haber vivido las sensaciones del miedo propiamente dicho. Lo cual tiene la explicación psicológica siguiente.
Desde el primer momento en que sentí la necesidad de solicitar los servicios médicos de urgencia, se activó en mí el diálogo interior con la Trascendencia, al que estaba habituado. Esta fue la etapa previa del seísmo cardiaco que se manifestó en la puerta del centro sanitario. A partir de ese momento todos los acontecimientos que siguieron en la UCI sirvieron para no bajar la guardia del diálogo. Por una parte, la mente estuvo siempre lúcida, lo que me permitió asumir con natural realismo la eventualidad cercana de la muerte. Así las cosas, se comprende sin dificultad que entre este seguimiento racionalizado de los acontecimientos y el diálogo con la Trascendencia no quedara margen o espacio psicológico para el miedo hasta el extremo de que lo único que me importaba era descansar lo más dulce y amorosamente posible en Dios, convencido de que, como Padre bueno y misericordioso que es, no me iba a dejar tirado en el camino del más allá como no lo hizo con Cristo muriendo en la cruz sino que, a pesar de las apariencias humanas, de hecho estuvo siempre con Él. Cuando uno conserva la mente lúcida analizando lo que le acaece y embarcado al mismo tiempo en un diálogo abierto y amoroso con Dios no queda espacio psicológico para el miedo. Una cosa es temer que uno pueda morirse aquí y ahora y otra cosa muy distinta sentir miedo ante muerte. Los sentimientos de temor ante la muerte son razonables y hasta el propio Cristo los padeció. Pero el miedo, insisto, no tiene cabida o espacio psicológico cuando entra en juego el diálogo directo con la Trascendencia bien entendida.
Una matización importante a lo que termino de decir es que ese diálogo debe iniciarse cuando estamos sanos y en pleno uso de nuestras facultades mentales y no dejarlo para cuando es ya demasiado tarde. Me parece oportuno decir también que, según mi experiencia, el Dios de la vida real, y no sólo de los conceptos filosóficos o teológicos de despacho académico, se hace presente en los momentos críticos de la vida sobre todo como CONSOLADOR. El mensaje teológico del Sermón de la Montaña está transido de esta realidad que es fácil de verificar en la vida cotidiana. Pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, más allá de las injusticias humanas, del desprecio, el odio y la muerte, Dios está a nuestro lado sin percepción sensible por nuestra parte, pero de una forma tan real y eficazmente consoladora como lo fue para el propio Cristo, para los verdaderos mártires del cristianismo y todas las personas intelectualmente sanas y de buen corazón. La parábola evangélica del hijo pródigo refleja esta misma realidad de una manera literaria muy bella y teológicamente realista.
5. Arritmias cardiacas y morales
El diálogo abierto, amoroso y confiado con la Trascendencia es indispensable para afrontar la muerte con auténtica dignidad humana, y de ahí la conveniencia de que ese diálogo se inicie lo antes posible. Este diálogo puede hacerse a nivel científico, filosófico y teológico durante los años de plenitud biológica y psíquica. Es claro que ni la ciencia, ni la reflexión filosófica ni teológica ofrecen una imagen satisfactoria del Dios vivo cercano a los seres humanos y a sus problemas. Pero si ese diálogo se ha iniciado alguna vez de forma intelectualmente honesta y sin prejuicios gratuitos, cabe pensar también que el resultado termine siendo feliz. El hombre pone su vida y su buena voluntad y Dios, antes o después, de una u otra forma, termina poniendo el resto. Soy consciente de que el iniciar pronto y mantener ese diálogo con la Trascendencia encuentra actualmente serias dificultades para muchas personas a causa de los fanatismos científicos, culturales, políticos y religiosos. Pero es inútil dar coces contra el aguijón. La vida termina igualándonos a todos con la muerte y, como reza el refrán, al final el que se salva sabe y el que no se salva no sabe nada. O, como decía Jesucristo, el que tenga oídos para oír, que oiga. En cualquier caso, tampoco es demasiado lo que se requiere para entablar ese diálogo consolador con la Trascendencia. Basta un mínimo de buen corazón sin arritmias morales y no enquistarse cerrilmente en meros análisis científicos, conceptos filosóficos o teológicos de despacho, o lo que es peor, en fanatismos políticos, religiosos o ambas cosas a la vez.
6. Experiencias oníricas
a) Secuencias de un precioso sueño matinal (Madrid/27/IX/1998)
Primera escena. Me desperté bastante pronto con signos de cansancio. Pero hacia las 7 horas de la mañana empecé a dormir satisfactoriamente, aunque por poco tiempo y soñando. En la escena onírica me encontraba con mi hermano Ángel, el cual trataba de facilitarme una copia de dos artículos de periódico que me interesaban. Alguna persona más estaba en escena, pero se me ha borrado de la memoria. Al tratar yo de conseguir dicho texto, éste se transformaba en mis manos en una prenda de vestir con lo cual se desvaneció la secuencia onírica. Segunda escena. No me desperté y a continuación siguió, como en una película virtual, la secuencia siguiente. De pronto me vi al lado de la cama de mi padre Emiliano, enfermo en la Residencia de Ávila. A su derecha, en la cama y frente a frente conmigo, apareció el rostro de mi madre Delfina con cuya mirada vigorosa y dulce se cruzó la mía. Tercera escena. Yo tenía a mi padre abrazado, como cuando le sujetaba en la cama para que mi hermana María le hiciera los servicios asistenciales, y me apresuré a colocarle de forma que se encontrara frente a mi madre para que se vieran. Mi emoción fue grande cuando me di cuenta de que se habían cruzado sus miradas, al tiempo que mi padre, no pudiendo hablar, le respondía a ella con un gesto de conformidad con la cabeza. Mi alegría fue inmensa al ser testigo de este encuentro y trataba yo de llamar a mi hermano Ángel para que también él lo fuera. Pero en vano. Mi voz era la de un dormido y no podía articular sonidos reales. Intenté entonces forzar mi voz para que Ángel pudiera oírme y con el esfuerzo me desperté. Cuarta escena. Al despertarme me sentí cansado, pero pronto volví a quedarme dormido. Ahora nos encontrábamos mi hermana María y yo, como de costumbre, a un lado y otro de la cama de nuestro padre, dulcemente emocionados como si ya hubiera fallecido. Esta secuencia debió durar décimas de segundo y no consigo recordar más de su contenido onírico.
b) Secuencias de otro sueño con mi padre como protagonista del mismo (Madrid, noche del /26-27/III/1999)
1) Fui, como de costumbre, a la Residencia de mi padre para asistirle encontrando la estructura del edificio muy cambiada. 2) A pesar de ello, yo seguí por unos pasillos, que tampoco me resultaban del todo extraños, hasta dar con mi padre en su habitación. 3) De pronto me encontré sentado con él en su cama teniéndole abrazado con mi brazo derecho. 4) En esta posición le miré de frente y me percaté de que hablaba con naturalidad. Me pareció oírle decir con toda claridad y como admirado de sí mismo algo así: "Es lo primero que digo después de dos años enfermo". 5) Ante la evidencia de que estaba hablando, me apresuré a llamar a mi hermana María, que se había ausentado por unos momentos, para que no se perdiera esta oportunidad de oír hablar de nuevo a nuestro padre. 4) Con la emoción desperté e inmediatamente traté de retener lo esencial de este feliz momento onírico.
c) Secuencias de otro sueño (22-23/julio/2011)
1. Mientras celebrábamos en casa un evento cultural me percaté de la presencia de un hombre sentado y tomando notas al final del acto. Al verle me pareció que era José Ortega y Gasset lo cual me causó alegría por la posibilidad que se me ofrecía de saludarle. Luego me pareció que había otros dos señores que podían ser confundidos con José Ortega y Gasset por su gran parecido físico, pero no dudé de que Ortega y Gasset era el primero que yo había visto sentado tomando notas, y no los otros, sobre todo al ver que el P. Marcos Fernández Manzanedo le estaba saludando.
2. En aquel momento me dirigí a mi habitación con el fin de tomar un par de libros míos y dedicárselos con unas palabras de agradecimiento por su visita. Pero, desafortunadamente, por más que los buscaba apresuradamente y con ansiedad en la estantería de mi habitación, antes de que D. José se ausentara, no lograba encontrarlos. Entonces decidí volver a donde le había descubierto para saludarle allí de palabra. Por otra parte, me parecía poco verosímil que aquel personaje fuera José Ortega y Gasset el cual supuestamente había muerto muchos años antes. No obstante, yo no quería perder la oportunidad de saludarle convencido de que realmente era él.
3. La siguiente secuencia del sueño me llevó al Puerto del Pico, en Ávila, donde me encontraba contemplando un panorama muy bello mirando hacia el sur. Pero bajando del puerto por la vertiente norte reapareció la figura de Ortega y Gasset intercambiando saludos con unas personas sentadas. Fue entonces cuando, a pesar de mis dudas sobre su identidad, pero con mucho contento, me quedé a solas hablando con él. D. José, me permite el honor de darle las gracias…Y sin terminar yo de hablar me dijo algo como si me recordara de nuestros tiempos de la Universidad. Yo le dije con satisfacción que había vivido la experiencia de la filosofía como una vocación personal muy feliz haciendo uso correcto de la razón. Y él, también con satisfacción, hizo un comentario en voz baja destacando lo que la filosofía significa como ejercicio mental dando vueltas a las cosas y pensando en profundidad sobre ellas.
4. Luego intenté preguntarle si él había dicho alguna vez que la fe le había abandonado, como yo había leído en una historia de la filosofía. Igualmente deseaba comentarle que yo había tenido la oportunidad de almorzar con su nieta Inés Ortega en casa de una amiga común americana. Pero al intentar hablar me desperté. Eran las 7 de la mañana y traté de reconstruir el sueño por escrito antes de que se borrara totalmente del disco duro del inconsciente.
d) El sueño de la muerte
Esta experiencia onírica tuvo lugar durante una de mis gravísimas crisis de salud de las que he hablado en La cuesta de la vida y El otoño de la vida. Imagínese el lector la falda de una escarpada colina cubierta con un inmenso plástico resbaladizo en forma de tobogán. Pues bien, después de un día con mi estado de salud al borde del abismo en el hospital y ya entrada la noche quedé profundamente dormido cuando comenzó el espectáculo cuyas características esenciales fueron las siguientes. En primer lugar, a pesar de estar dormido, yo estaba convencido de que había muerto y que me encontraba ante una nueva realidad fuera de del tiempo y del espacio en este mundo. Luego empecé a deslizarme por la pendiente, no sin tropiezos en el camino, sin saber dónde ni cómo iba a terminar aquello. Por fin llegué al final del inmenso tobogán y me encontré con la gatita que vivía en el jardín de mi casa y a la que yo acostumbraba a prodigar caricias cuando me salía al encuentro. Al intentar decir algo a la gatita desperté y me di cuenta de que yo no había muerto, sino que todo lo ocurrido había sido un sueño.
Como observaciones importantes a lo que termino de describir me parece oportuno destacar lo siguiente. 1) Durante el descenso con obstáculos por el gigantesco tobogán antes descrito no sentí en ningún momento la presencia del miedo por lo que estaba ocurriendo o pudiera ocurrir después de mi imaginada muerte. 2) Igualmente no experimenté ninguna sensación de dolor. 3) Al despertar pensé si aquel sueño no era una confirmación “sui generis” de la existencia de una dimensión nueva de la existencia humana después de la muerte. La ausencia del miedo y del sufrimiento me llevó a reafirmarme en la convicción que tengo de que a esa nueva dimensión trascendente de la vida humana sólo será posible tener acceso por la vía del amor personal a Dios y a los hombres, tal como enseñó y practicó Jesucristo. Pero, como decía el poeta, los sueños, sueños son, por lo que no hay que darles demasiada importancia. 4) Mucho se ha escrito sobre la interpretación de los sueños y la Biblia es un lugar privilegiado de casos e historias importantes relacionadas con los sueños. A este respecto yo sólo quiero destacar aquí que, según mi experiencia, hay sueños que son una prolongación inconsciente de los problemas y grandes preocupaciones pendientes con los que nos vamos a la cama. Otras veces los sueños son una satisfacción psicológica en el inconsciente de grandes deseos que no se han podido satisfacer en la vida real. La característica común de los sueños es que al quedarnos dormidos se desactiva la razón y nuestros sentimientos y deseos encuentran la forma psicológica de presentarse al margen de la realidad y de la razón. Por esto, cuando se dice que los sueños no son más que eso, sueños, se pone de manifiesto la necesidad de no confundirlos con la realidad. Pero al mismo tiempo los sueños son un fenómeno psicológico real que nos ayuda conocer la dinámica de la conciencia y del inconsciente en relación con nuestras vivencias más profundas. ¡Soñar, imaginar! Sí, pero con los pies en la tierra y pasando nuestros sentimientos y emociones por el filtro de la realidad y de la razón.
A primera hora de la mañana mi sobrino David Blázquez estaba esperándome con el coche a la puerta de mi casa para viajar juntos a Durón. David había llegado recientemente de París después de terminar felizmente el curso especial que había recibido en la Sorbona. Hacía años que no nos veíamos y el bautizo de su sobrino Gonzalo propició este encuentro. Durante el viaje hablamos de sus proyectos de futuro teniendo en cuenta que había conseguido una beca para la universidad de Harvard. En este orden de cosas surgió la cuestión acerca de su tesis doctoral y sobre esto quisiera hacer las reflexiones siguientes. Recordando mi larga experiencia académica me permití hacer un comentario sobre la conveniencia de no retrasar la redacción de la tesis doctoral ya que este tipo de trabajo académico, si no se hace a tiempo, lo más probable es que no se haga después nunca, bien por falta de tiempo disponible, o simplemente porque a medida que avanzamos en edad resulta humillante someternos a que otras personas dictaminen sobre el valor de nuestro trabajo intelectual. David estuvo totalmente de acuerdo conmigo en este punto y me aseguró que su tesis estaba en marcha, aunque sin descartar que en Harvard surgieran perspectivas mejores, lo cual se iba a saber muy pronto. Llegados a este punto le pregunté sobre el tema de su tesis doctoral y me sorprendió muy gratamente cuando me informó sobre su orientación hacia la filosofía política. Esta sorpresa requiere una breve explicación.
Mis contactos con la Universidad Católica de Concepción, Chile, fueron una oportunidad de oro para expresar mi convicción de que la clase política ha de ser regenerada mediante la formación de élites universitarias capaces de romper con la herencia corrupta de los políticos tradicionales de una forma natural y civilizada sin necesidad de recurrir a la violencia. Tradicionalmente la mayor parte de los políticos que hemos conocido han sido profesionales del poder y no buenos gobernantes y administradores de los auténticos bienes comunes a todos los ciudadanos, como son la vida humana, la paz, los bienes materiales y la libertad responsable. Mi opinión sobre este delicado asunto puede resumirse diciendo que, en la actualidad, sobran políticos y faltan buenos gobernantes. La cuestión es cómo reemplazar a los malos políticos con buenos gobernantes de forma humana y civilizada sin recurrir a la violencia tradicional.
Mi respuesta es que la mejor forma de lograr este noble objetivo es mediante la formación de jóvenes inteligentes en una nueva mentalidad sobre la legitimidad del ejercicio del poder público y la forma de administrarlo rompiendo con los esquemas tradicionales en vigor. El arma mejor y más eficaz, a medio y largo plazo, contra los abusos de los poderes públicos es la inteligencia bien educada de los ciudadanos. No en vano los regímenes autoritarios y dictatoriales lo primero que tratan de controlar es la educación de los ciudadanos para subyugarlos despóticamente en función de sus objetivos de poder. Por otra parte, nadie es eterno en este mundo. Los malos políticos también se hacen viejos y mueren de muerte natural cuando no son matados por sus adversarios, las enfermedades y los accidentes de tráfico. Otros terminan sus días suicidándose. O lo que es igual, los malos líderes políticos de turno desaparecen irremisiblemente y han de ser sustituidos por otros. De líderes políticos que se consideraron indispensables y casi inmortales están las tumbas llenas. Pero, como reza el refrán, a rey muerto, rey puesto. De ahí la necesidad y urgencia de formar nuevos líderes políticos con otra mentalidad más justa y humana que la heredada de nuestros antepasados con el fin de que estos jóvenes se vayan introduciendo de forma democrática y pacífica en las estructuras del poder para transformarlas desde dentro sin las violencias y brutalidades a las que nos tienen acostumbrados los líderes políticos tradicionales.
Ahora bien, a estas élites políticas hay que formarlas creando centros de formación específicos, o bien en las Universidades que no dependen directamente de las administraciones públicas del Estado. Lo dicho sobre la formación de los futuros líderes políticos es aplicable al mundo de las finanzas. Actualmente resulta difícil separar el poder político del poder económico. Ambos se complementan y mutuamente se corrompen. De ahí la urgencia de formar también economistas con una mentalidad nueva como servicio a los bienes comunes de los ciudadanos y no sólo para convertirlos en burros de carga y de consumo en provecho propio. Estas ideas, como he insinuado antes, las había desarrollado yo en Chile y en Méjico años antes de que se produjera el fenómeno de los “indignados” acampados en la Puerta del Sol de Madrid en mayo del 2011. Mi indignación contra la praxis política que me ha tocado vivir viene de lejos y no he desaprovechado ocasión para expresarla de forma razonable y civilizada.
Por ello, ni me sorprendió el fenómeno de la Puerta del Sol, por lo que a la indignación se refiere, ni me hice ilusiones. Detrás de aquella comprensible “indignación” contra los políticos había también mucha corrupción e irresponsabilidad sumergida, como muy pronto se puso en evidencia. En cualquier caso, me es grato dejar constancia aquí de la satisfacción que me produjo el enfoque de la tesis doctoral de mi sobrino David como un proyecto orientado a esa regeneración humanizada de la clase política actual que tanto echamos de menos.
Una de las protagonistas del encuentro en Durón era mi sobrina Alejandra (Sandra) Blázquez. Digo protagonista porque era la madre de Gonzalo, uno de los dos niños bautizados. Sandra recibió una formación humanista de calidad y ocupaba un puesto importante de responsabilidad en la Comunidad Autónoma de Madrid en el área de los servicios sociales y de la educación. Aprovechando un momento de privacidad me confesó que trabajaba mucho pero que se encontraba muy contenta con el trabajo que estaba realizando con otra joven mujer bien conocida por su implicación directa en la política. Esta confesión me produjo mucha alegría porque venía a ratificar lo que he dicho antes sobre la necesidad, forma y tiempo de preparar gente nueva capaz de transformar desde dentro las instituciones políticas y financieras en servicio público y no en meras instancias de poder despótico y corrupto al estilo tradicional.
En otro momento del encuentro en Durón mi sobrino Miguel Ángel Blázquez me propuso la idea de celebrar un acto cultural destinado a recuperar la memoria histórica del filósofo español Manuel García Morente. Ya habíamos hablado en otra ocasión sobre la singularidad del proceso de conversión cristiana de este pensador a raíz de la vivencia mística que experimentó en el contexto de una audición musical, como queda dicho más arriba. Miguel Ángel estaba muy interesado en promover mediante actos culturales la vida de personajes importantes que encontraron en la belleza artística una vía de acceso feliz a Dios. Era el 25 de junio y Miguel Ángel estaba comprometido con la organización de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con Benedicto XVI en Madrid y que tendría lugar en el inmediato mes de agosto. Así las cosas, me pidió que le remitiera un esquema inicial de proyecto para estudiarlo a partir del mes de septiembre y realizarlo lo antes posible. Respondí al tiro a su petición y recibí la respuesta siguiente: “Gracias tío. Lo estudio y hablamos. Sería importante pensar en qué instituciones o empresas pueden estar interesadas en divulgar la figura de Morente. Se me ocurre que la misma Facultad de Teología San Dámaso podría ser un patrocinador de la exposición y teniendo en cuenta que Javier Prades es el actual decano quizá sea más fácil intentar una financiación, pero tú sabes mejor si es viable o no una institución como San Dámaso.
También podemos hablar con la Asociación Universitas de Profesores con quienes hemos hecho ya algunas exposiciones. Bueno, ahora lo que podemos ir haciendo es trabajar en el contenido para a partir de septiembre cuando acabo con la JMJ. Podemos preparar un proyecto definitivo y empezar a moverlo. Un abrazo. Miguel” (26/VI/2011). A vuelta de correo le contesté con estas palabras: “Miguel, me hablas de Javier Prades y de la Asociación Universitas. El primero tiene la ventaja de que no le resultaría difícil organizar un acto académico sencillo centrado en García Morente. Con la Asociación Universitas ya tienes tú experiencia y es cuestión de que veas la forma de presentar este proyecto aprovechando tu experiencia y buenas relaciones con esa Asociación. Por lo demás, yo pienso que no es cuestión de organizar un acto académico o cultural complicado y costoso sino algo sencillo e inteligible con la mayor divulgación posible”.
El encuentro en Durón dio de sí para muchas reflexiones interesantes por el contexto ecológico y familiar en que tuvo lugar. Por razones obvias tengo que abstenerme de entrar en ellas, pero me quedaría insatisfecho si no dijera algo acerca de D. Hilario Téllez Gajero, párroco de Budia, Alucen y Durón. Pilar y Félix, los abuelos de Guillermo, uno de los niños bautizados, y D. Hilario, prepararon gozosos la celebración del histórico bautizo en la Ermita de Nuestra Señora de la Esperanza, dado que no era posible hacerlo en la barroca iglesia parroquial por impedirlo las obras de restauración que estaban en curso. Ambos monumentos son obra del siglo XVII. Habían transcurrido cinco años desde que se iniciaron las obras de restauración, pero se encontraban paralizadas por haberse disparado el presupuesto inicial, pero principalmente a causa de la crisis económica general del momento. D. Hilario estaba muy preocupado, pero encontró tiempo para desplazarse a Durón para recibirme y después para despedirme.
Tuve la impresión de que era un hombre feliz entregado al servicio pastoral y querido por sus feligreses. Algo me dio a entender sobre las dificultades que había encontrado para consolidar su trabajo pastoral en aquella zona y de sus inquietudes intelectuales. Me resultó particularmente grato oírle hablar del ilustre dominico Manuel de Tuya, al que tuvo la oportunidad de tener como profesor de Nuevo Testamento en el Seminario de Sigüenza. Manuel de Tuya fue un biblista insigne que a pesar de su edad avanzada era invitado para impartir cursos especiales y conferencias. Al despedirnos le dí las gracias por su generosa acogida, pero se apresuró a decirme cariñosamente que las gracias me las debía él a mí por haber aliviado su trabajo. D. Hilario habló de la diversidad de gentes que tenía bajo su responsabilidad pastoral, del frío del invierno, del calor del verano y de las dificultades económicas para mantener en servicio los templos. A pesar de todo reflejaba vitalidad, cordura y felicidad personal.
8. Entrevista con el General Bruno Cadoré
El día 28 de junio del 2011 tuve la oportunidad de conocer y hablar personalmente con el Maestro General de la Orden de Predicadores Bruno Cadoré. Me parece oportuno decir dos palabras sobre la figura del nuevo Superior General de los Dominicos y el significado de mi encuentro con él en Madrid. Todas las Órdenes y Congregaciones religiosas católicas tienen un superior general como sucesor histórico y administrativo de su fundador. Así, por ejemplo, el superior general de los jesuitas es el sucesor directo de S. Ignacio de Loyola, el de los franciscanos lo es de S. Francisco de Asís y el de los dominicos lo es de Santo Domingo de Guzmán. Los dominicos fueron fundados en el siglo XIII y el P. Bruno Cadoré hace el número 86 como sucesor de santo Domingo. Tradicionalmente el Maestro General de los dominicos era elegido para un mandato de 12 años, pero después del Concilio Vaticano II se redujo a 9. Algunos datos más divulgados en las redes sociales sobre su personalidad son los siguientes.
El P. Bruno Cadoré, O.P, Nació el 14 de abril de 1954 en la ciudad de Le Creusot, Francia. Estudió medicina y se graduó en el 1977. Siendo un reconocido médico investigador en Estrasburgo, entró en la Orden de Predicadores en 1979 y fue ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 1986. Posteriormente, fue nombrado Maestro de Estudiantes, cargo que desempeñó durante siete años. Como especialista en bioética, en principio trabajó como miembro y luego como director del Centro de Bioética en la Universidad Católica de Lille, Francia, durante 17 años, tiempo en el que produjo cuarenta publicaciones médicas. En el 2008 fue nombrado por el presidente de la República Francesa miembro del Consejo Nacional del Sida. Y en 2001 fue elegido prior provincial de la Provincia dominicana de Francia, reelegido para un segundo periodo el 4 de julio de 2006, cargo que ocupó hasta el 2010. Ha sido presidente de la IEOP (Conferencia de Provinciales de Europa), lo que le ha permitido tener un conocimiento directo no sólo de la Provincia de Francia y de la Orden en Europa, sino también de los cinco vicariatos de su provincia, desde el norte de Europa al África Ecuatorial y el mundo árabe (Irak, Egipto y Argelia). El Capítulo General de los dominicos celebrado en Roma le eligió como Maestro de la Orden de Predicadores el 5 de septiembre de 2010. Fray Bruno Cadoré, que sustituye al dominico argentino fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa, elegido el 14 de julio de 2001, es superior de más de 6.000 dominicos. Durante su actividad en la Universidad Católica de Lille, fray Bruno Cadoré produjó más de cuarenta publicaciones médicas en seis años.
Mi encuentro personal con el P. Bruno Cadoré tuvo lugar en Madrid el día 28 de junio del 2011 con motivo de su visita informal y fraterna a los dominicos españoles. Dada su trayectoria en el campo de la medicina y de la bioética me pareció oportuno entregarle personalmente dos libros míos sobre bioética y biotanasia. En pocas palabras le expliqué el contenido de los mismos y no disimuló su profunda satisfacción con palabras y gestos por el obsequio. Pocos minutos después los que nos habíamos dado cita con él iniciamos una mesa redonda bajo su presidencia de carácter informativo y reflexivo sobre diversos asuntos y problemas importantes relacionados con la vida y trabajos pastorales de los dominicos en España. En principio yo sólo deseaba saludarle personalmente al P. Bruno, oírle hablar sobre los problemas de la Orden Dominicana y hacerle a lo más un par de preguntas. Pero comenzó la ronda de los informadores y me pidieron que tomara yo también la palabra.
Al cabo de hora y media de animado y fraterno coloquio mi tiempo disponible llegó a su fin y pedí disculpas para ausentarme. Mi pregunta antes de abandonar la sesión versó sobre su opinión acerca del proceso en marcha de reconversión de los dominicos de España y Portugal en una sola Provincia canónica. Su respuesta fue breve y clara. En su opinión, la unión de todos los dominicos de la península ibérica era un objetivo irrenunciable para bien de todos de cara al futuro y no había tiempo que perder en la consecución de dicho objetivo. Al contrario, en lugar de ralentizar el proceso iniciado, habría que seguir las pautas indicadas hasta el 2013 con vistas a que en el 2016 la reconversión de los dominicos de la península ibérica en una sola Provincia canónica sea un hecho consumado. Esto es lo que yo esperaba oír de él y abandoné la reunión con la satisfacción del deber cumplido. Supongo que sobre esta respuesta surgieron después, en mi usencia, otras preguntas sobre el mismo tema, pero yo quedé muy satisfecho al constatar que el nuevo Maestro General compartía abiertamente el punto de vista que yo venía sosteniendo desde hacía algunos años acerca de la deseada unidad canónica y administrativa de todos los dominicos de la Península Ibérica.
9. Almería, agosto de 2011
En casa, en el convento dominicano de Almería, se había producido una novedad importante y es que Manuel Villarreal O.P, el cual, después de haber dejado lo mejor de su juventud en Centro África y Zaire como misionero y haber cuidado con total dedicación y cariño el Santuario almeriense de Nuestra Señora la Virgen del Mar, había fallecido a causa de un cáncer. Tenía 68 años de edad y el P. Justo Cuberos, a la sazón Prior del convento, le dedicó unas palabras muy entrañables in memoriam. La última vez que compartimos juntos el mes de agosto en el 2009 le pedí que me hiciera por escrito una breve relación de su experiencia como misionero en África. Me respondió que le preguntara cuanto deseara pero que no se sentía con ánimo de escribir nada. Hecha esta pequeña digresión inicial me parece oportuno hacer memoria de algunos eventos relacionados con mi nueva presencia en Almería después de un año de interrupción.
10. A sus órdenes, mi sargento
Esta anécdota me permite decir una vez más lo que siempre he pensado sobre el hurto de información: que es una falta de respeto al público que cometen más que nadie los que ejercen cualquier tipo de autoridad. Por fin salimos de Madrid y cuando me pareció oportuno me desplacé de mi asiento hacia el servicio de cafetería. Durante mi ausencia el compañero de asiento se quedó felizmente dormido. Pasó el tiempo y volví de nuevo a la cafetería, pero esta vez sólo regresé a mi asiento para tomar el equipaje y bajar del tren en la estación de Almería. Con la particularidad de que, a pesar del retraso de salida en Madrid, el tren llegó a su destino a la hora prevista. Pero este tramo del viaje me resultó más corto y agradable de lo que yo podía imaginar al salir de Madrid. ¿Qué ocurrió? Aquí viene a cuento lo de “a sus órdenes, mi sargento”. Antes de terminar yo mi consumición llegó a la cafetería un señor quejándose de que en el área de su asiento el aire acondicionado no estaba bien regulado con el riesgo de que los viajeros fueran víctimas de un resfriado. Nos miramos e inmediatamente nos embarcamos en una animada conversación. Sobre el personaje y los temas de nuestra conversación de pie en la cafetería del tren me parece oportuno recordar lo siguiente.
Se presentó diciéndome que era militar francés con la graduación de sargento. Su padre había sido militar español republicano y su madre una mujer almeriense de pura cepa hasta el punto de que quiso tener siempre casa y morir en Almería. Su hijo hizo todo lo posible para satisfacer el deseo de su madre por lo que el ir y venir a Almería se había convertido en una rutina para él. A la edad de 19 años ingresó voluntario en el ejército francés y allí cursó los estudios regulares hasta obtener el título de sargento. Sus servicios militares más destacables tuvieron lugar en Argelia y me llamó particularmente la atención su dedicación a trabajos de investigación y elaboración de informes militares. Tan pronto se presentó como militar y me percaté de que necesitaba conversar con alguien que comprendiera sus claves de pensamiento y de acción, le hice una pregunta puntual sobre el proceso de independencia de Argelia.
Empezó diseñando una imagen detallada de los famosos “pieds noires” y los diversos grupos que se fueron sumando al movimiento reivindicativo hasta culminar en la situación política actual de Argelia, sus lazos y odios con Francia. Pero hablando de Argelia resultaba inevitable hablar de Marruecos. Francia, me dijo, comprendió que tenía que actuar conjuntamente con España y así lo hizo. Pero los jefes militares españoles, matizó el sargento, eran militares de salón y no expertos de la guerra en acción. Como dato para corroborar esta presunta incompetencia me describió con asombro cómo el ejército español instaló la maquinaria de artillería pesada y los moros se la robaron y la utilizaron después contra los soldados españoles que tuvieron que huir como pudieron los que consiguieron sobrevivir al desastre. Estas y otras muchas cosas, matizó el sargento, no las cuentan los historiadores, pero nosotros, los militares, las conocemos muy bien. En este mismo contexto el sargento evocó el terrible atentado del 11-M en Madrid. Según su versión, fue la culminación del conflicto con Marruecos por la isla o islote de Perejil. En su opinión, aquello sólo fue un tanteo o prueba de capacidad de reacción por parte de España con vistas a atacar Ceuta y Melilla. Por aquella época Marruecos gozaba de la simpatía de Estados Unidos, pero a los americanos no les interesaba apoyar este proyecto marroquí por lo que España pudo actuar contra Marruecos con el visto bueno y apoyo norteamericano. Así las cosas, en opinión del sargento francés, el terrible atentado del 11-M no fue más que el precio o factura islámica contra España por su reacción contundente ante la provocación marroquí en Perejil. Pero el sargento fue más lejos.
Según él, París había informado a Madrid de que estaba ocurriendo algo raro que hacía pensar con fundamento que se estaba preparando un atentado por parte de elementos islámicos. Este aviso no fue tomado suficientemente en serio por Madrid. Para demostrarlo el sargento me describió algunos detalles de la intervención policial en los que se apreciaban negligencias importantes por parte de los agentes de seguridad. Como no estoy seguro de poderlos describir con la debida precisión, prefiero limitarme a dejar constancia de que en opinión de este militar francés el aviso de París no fue tomado con todo el rigor que merecía y tanto la guardia civil como la policía española cometieron negligencias que facilitaron la perpetración del terrible atentado. La gran pregunta en el aire es esta: ¿Fueron negligencias razonablemente comprensibles o, por el contrario, estaban pactadas de antemano? Lo cierto es que el horroroso atentado fue perpetrado. El ministro del Interior español se apresuró a atribuir la responsabilidad a la banda terrorista ETA mientras que otros estaban convencidos de que la autoría del mismo correspondía a grupos islámicos. Entre estos últimos se encontraba el entonces ministro francés del Interior, Nicolás Sarkozy, el cual no consiguió convencer a su homólogo español. Pero esto no fue todo. Muchos tuvieron la convicción moral de que de alguna manera gente del partido socialista español había tenido arte y parte en el atentado. Me hubiera gustado conocer la opinión del militar francés sobre esta delicada cuestión, pero no me pareció prudente hacerle la pregunta. En un momento dado decidimos hacer un paréntesis en nuestra conversación para tomar café ya que estábamos en la cafetería. Es de justicia y gratitud decir que invitó y pagó él la consumición.
Por fin, la opinión del sargento sobre la revuelta de París/mayo/68 y del ex presidente socialista del Gobierno español Felipe González. Sí, el general De Gaule, a la sazón presidente de Francia, se ausentó de París para consultar con las fuerzas armadas francesas destacadas en Alemania. Los disturbios de mayo de 1968 iban a más y algunos estaban pensando ya en asaltar el Parlamento. Como resultado de la consulta unidades del ejército se posicionaron estratégicamente en los bosques de Vinncens y Boulogne dispuestas a intervenir manu militari en caso de que los manifestantes intentaran asaltar el Parlamento, circunstancia que, como es sabido, no llegó a producirse. En caso de que tal asalto hubiera tenido lugar, matizó el sargento, la intervención militar del ejército francés contra ciudadanos franceses hubiera sido una novedad nunca prevista en el pasado. Hicimos un paréntesis de silencio para contemplar el paisaje y en un momento dado apareció a nuestra vista una antigua mansión en ruinas ubicada en lo que en tiempos pasados debió ser un latifundio.
A pesar de la velocidad del tren ambos pudimos percatarnos bien de las ruinas y yo hice espontáneamente el siguiente comentario: ¡dónde estarán los que construyeron esa mansión en ruinas! Entonces el sargento hizo algunas observaciones sobre la presunta forma de acceso a caballo del dueño de la finca para controlar el trabajo de sus operarios y su género de vida en los dominios del “señorito” andaluz. En este contexto me dijo que una vez llegó un “señorito” a su finca y uno de los trabajadores le dijo que había hambre. A lo que el “señorito” replicó con naturalidad: es bueno tener apetito. Por último, me parece oportuno dejar constancia de la opinión del presidente socialista Francois Mitterrand sobre el entonces presidente del Gobierno socialista español Felipe González. Un agente de la seguridad del presidente francés había revelado al sargento que Felipe González tenía un affaire sentimental con la periodista de una popular revista francesa. Al principio el sargento no dio crédito a este presunto bulo difamador por lo que el agente de la seguridad presidencial francesa arregló las cosas para que el incrédulo sargento verificara personalmente la verdad de los hechos. Felipe González llegó a París y fue a saludar a Mitterrand, el cual le despidió con este comentario: “mon petit con”. Obviamente el presidente francés conocía las andanzas sentimentales de Felipe González en París y el sargento, mi compañero de viaje, tuvo la oportunidad de ver con sus propios ojos al presidente del Gobierno español con la agraciada periodista al abrigo de la seguridad oficial francesa. Estos viajes de doble filo, matizó mi compañero de viaje, los realizaba Felipe González utilizando el avión español presidencial.
Mi sobrina Maribel y yo decidimos ir a escuchar un concierto en el Auditorium. Vimos el programa y resultó que el plato fuerte del mismo era Brahams por lo que no dudamos en comprar las entradas. Pero ocurrió que la primera pieza de la primera y segunda parte del programa era una obra modernista, uno de cuyos autores se encontraba presente en el concierto. ¡Verlo para creerlo! En un momento dado de la interpretación de la primera pieza mi sobrina y yo nos miramos espontáneamente con una sonrisa de asombro por lo que estábamos escuchando y yo no pude evitar taparme los oídos por temor a que fueran dañados por el ruido insoportable producido por los músicos. El colmo de un concierto de música es que los oyentes tengan que taparse los oídos y esto es lo que a mí me ocurrió. Esta desagradable experiencia tan singular me lleva a hacer unas reflexiones sobre el arte y lenguaje musical. Para hablar con propiedad de música tiene que haber melodía, medida, armonía y ritmo. Estos cuatro elementos admiten un margen de modalidades y formas de expresión sin fronteras siempre que resulten estéticos, es decir, agradables y gratificantes a los sentidos, sobre todo a los oídos. Pero hay un límite natural que es el ruido y aquí está la paradoja de muchas piezas musicales que, analizadas fríamente, no son más que ruido con ritmo monótono y dañino para los oídos. La música en estos casos queda reducida a ruido rimado que impide el placer de oír y daña los oídos finos y bien temperados. Los oídos sanos como los míos no se acostumbran nunca al ruido rimado y corren el riesgo de ser dañados si no se los protege evitando escuchar esas piezas musicales desagradables y poniendo distancia a los irracionales espectáculos de discotecas como la que he mencionado antes.
A media tarde el P. Florencio Turrado (OP) nos acercó con el coche al emblemático lugar. Lo primero que hicimos fue realizar un paseo explorador por los lugares donde había higueras y cepas de uvas abandonadas, y pronto llenamos las bolsas que llevábamos con los deliciosos manjares que todavía ofrecía la naturaleza a pesar del abandono laboral que sufría la finca después de muchos años. Un abuelo de Genara llegó por aquellas tierras almerienses procedente de Navarra en calidad de ingeniero, compró aquellas fincas y las convirtió en vergeles y lugar de descanso. Pero los tiempos han cambiado y en la actualidad sería necesario hacer una inversión de capital muy grande para hacer producir aquellas tierras privilegiadas en medio del desierto almeriense como en tiempos pasados. Cabe pensar que los invernaderos modernos han puesto fuera de combate a los ricos latifundios del pasado. De ahí que las fértiles e irrigadas fincas del ingeniero navarro hayan terminado convirtiéndose en un paraíso perdido de descanso y recuerdos nostálgicos para sus nietos herederos. Terminado el recorrido recordando glorias pasadas y recogiendo higos y uvas, condenadas al robo o a la putrefacción natural, nos instalamos en la fachada de la cueva de una de las fincas donde disfrutamos de una suculenta merienda preparada por nuestra anfitriona al tiempo que conversamos relajadamente de temas diversos a la luz de la luna. Regresamos a Almería a media noche felices y contentos, pero no todo en el monte fue orégano, higos, uvas y granadas.
Al llegar a Almería dejamos a Genara en la puerta de su casa y el P. Florencio Turrado fue a dejar el coche en un garaje cercano mientras yo regresaba a casa solo. Pues bien, cuando me acercaba a la puerta un personaje con apariencia de borracho o drogado me salió al paso y me increpó desafiante pidiéndome dinero. Yo aceleré el paso para abrir la puerta principal y quedarme fuera de su alcance dentro del hall de entrada. Conseguí abrir aceleradamente la puerta, pero antes de que yo pudiera cerrarla y echar con llave para impedir su entrada el agresor se interpuso corporalmente al tiempo que sacó las llaves de la cerradura y se quedó con ellas. Obviamente, al robarme las llaves de casa me dejó totalmente desarmado e indefenso. Comprendí que tenía que negociar con él de forma pacífica para evitar males mayores y así lo hice prontamente y sin dificultad ya que la cantidad de dinero que me pidió fue mínima. Tan pronto se percató de que yo sacaba el monedero para pagar el precio del chantaje me devolvió las llaves y se fue al bar de enfrente. Entré en el pequeño hall que media entre la puerta de la calle y la de casa, pero el agresor no se iba del lugar por lo que, pensando en que el P. Florencio estaría a punto de llegar después de haber dejado el coche en el garaje, decidí quedarme allí hasta que él llegara previendo que le podría suceder lo mismo que a mí. Al cabo de pocos minutos el P. Florencio fue asaltado tal como yo había previsto. Salí inmediatamente en su defensa tratando de que no hubiera discusiones entre ambos, pero el agresor le sustrajo la gorra y con ella en su poder trató de chantajearle a él como a mí me lo había hecho con las llaves de casa. Conseguimos dejarle fuera del hall y cerramos con llave la puerta por dentro. En un momento dado el P. Florencio sacó el teléfono móvil y le amenazó con llamar a la policía y esta amenaza fue suficiente para que se alejara sin más botín que el de la gorra. ¿Borracho? ¿Drogadicto? La impresión que yo saqué después de observar sus movimientos durante casi un cuarto de hora, sin que él se percatara de ello, es que era las dos cosas. Así es la vida. Unos luchamos por hacer la vida amorosa y feliz y otros se encargan de echarlo todo a perder. Se pierden ellos y amargan la existencia de cuantos encuentran por el camino.
Los contactos telefónicos con Genara Ochotorena continuaron y eran siempre muy agradables. En marzo del 2012 recibí de ella un mensaje por correo electrónico que me parece oportuno reseñar aquí. “Queridos franciscanos de María, os escribo ya desde Madrid, lleno de alegría por los actos de estos días en Roma, que quiero compartir enseguida con vosotros. Ayer pudimos celebrar la Santa Misa en San Pedro, en el altar bajo el cual reposan los restos del beato Juan Pablo II. La emoción, como podéis imaginar, era enorme para el grupo de cincuenta que pudimos estar allí. Hoy recibimos el documento que ratifica de manera definitiva nuestros estatutos, de manos del cardenal Rylko y en presencia del cardenal Antonelli. Ha sido un momento histórico para nuestra pequeña familia del agradecimiento y, como decía el cardenal, simboliza la confianza que la Iglesia deposita en nosotros; el cardenal Rylko nos ha pedido que aumentemos nuestros esfuerzos para evangelizar, a fin de estar cada vez más en sintonía con la Iglesia, que está inmersa en esta tarea de la nueva evangelización; en los próximos días os iré diciendo los pasos que vamos a ir dando para conseguirlo. De momento, aparte de comunicaros mi alegría y agradeceros vuestras oraciones, os invito a que veáis el reportaje sobre nuestra familia que hemos puesto ya en nuestra televisión. Que Dios os bendiga siempre. P. Santiago”. Este mensaje tiene un valor histórico especial por tratarse del anuncio del reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de un movimiento cristiano nuevo de inspiración franciscana promovido por el ilustre periodista y sacerdote Santiago Martín. Aprovecho la ocasión para desear al P. Santiago Martín éxito y ayuda de Dios para que su movimiento sea levadura del pan del evangelio en este mundo por muchos años.
El 12 y 13 de agosto aparecieron dos artículos en la Voz de Almería relacionados con la hostilidad del Ayuntamiento republicano contra la salida de la procesión de la Virgen del Mar y su vuelta a las calles almerienses terminada la guerra civil. Los principales hechos descritos en dichos artículos, firmados por José de Juan Oña, son los siguientes. El 22 de agosto de 1931 el Ayuntamiento republicano de Almería prohibió la procesión de la Virgen del Mar. Hubo protestas y reclamaciones, pero no sirvieron de nada. Hubo que esperar al 12 de agosto de 1934 cuando el clamor popular triunfó y el equipo municipal de turno autorizó la procesión con carácter privado. Se prohibió la actuación de la Banda Municipal en la procesión, pero no se impidió que fueran invitados músicos de Úbeda e incluso asistieron algunos diputados a título particular. En la Crónica de aquel día histórico se refleja la emoción de la gente ovacionando a la Virgen del Mar después de varios años de represión. Pero la marea salvaje de la segunda república española iba en aumento y, ante el temor fundado de que el histórico camarín de la Virgen fuera incendiado, el P. Vallarín, O.P decidió llevarse por las noches la talla de la Virgen a su habitación y reponerla por las mañanas en su lugar antes de abrir la iglesia. Pero la situación empeoró por lo cual los frailes dominicos y D. Francisco Rovira Torres decidieron tomar medidas más seguras. ¿De qué manera? D. Francisco Álvarez Llorett y el P. Juan Aguilar, O.P, hicieron lo siguiente. Como expertos consumados que eran en la materia, hicieron una reproducción de la talla original y la pusieron en el camarín de forma permanente. De esta forma, pensaron, en caso de que prendieran fuego la iglesia, quedaría destruida la reproducción, pero no la talla original. Pero la persecución religiosa se recrudeció y el día 23 de mayo de 1936 Fr. Fernando de Pablos, O.P, sacristán del templo, envolvió la talla original en una tela de damasco y la llevó discretamente a casa de D. José y Dña. Agustina Pérez-Gallardo que ofrecieron generosamente su casa para guardarla en un lugar poco sospechoso como la carbonera de la cocina. Aquella casa vecina al convento fue refugio también de otras personas, entre ellas, el P. Aquilino, O.P. En el solar de la histórica casa demolida se alza actualmente el Sanatorio Virgen del Mar.
La iglesia fue incendiada, como era previsible, por la barbarie republicana intoxicada por el marxismo en julio de 1936. Fue destruida la reproducción de la talla, pero la original, como queda dicho, quedó a salvo en la carbonera de una cocina. La gran sorpresa llegó el día 1 de abril de 1939 cuando, terminada la guerra civil, la emisora Radio Almería anunció a los cuatro vientos que al día siguiente la Virgen del Mar saldría de la carbonera para pasearse de nuevo triunfalmente por las calles de Almería. Participaron en la procesión todas las autoridades religiosas y civiles de la región. Tras el icono de la Virgen iban los PP. Dominicos Vallarín y Aquilino, que habían permanecido escondidos en la misma casa de refugio. Hay dos fotografías impresionantes de aquellos momentos que invitan a la reflexión profunda sobre la barbarie de los perseguidores y la humanidad de los perseguidos por causa de la justicia durante la guerra civil española. Huelga decir que la feria y los festejos de la Virgen del Mar en la segunda quincena del mes de agosto constituyen un capítulo fundamental de la vida de los almerienses. La crisis económica se ha reflejado en la celebración de la feria, pero no se ha perdido el sentido humano y cristiano de la misma, que sigue celebrándose al compás y armonía con los festejos de la Virgen del Mar. Pude constatar que la mayor parte de los almerienses son partidarios de estas celebraciones tradicionales con la colaboración de las autoridades religiosas y civiles más civilizadas al mismo tiempo. Tanto sobre los solemnes festejos feriales como sobre las celebraciones religiosas en honor de la Virgen del Mar se publican todos los años fascinantes programas y reportajes escritos que son divulgados ampliamente en las redes sociales.
Al final de mi estadía estival en Almería quedó en mi recuerdo una pregunta inquietante sobre el futuro de la presencia secular de los dominicos en aquella ciudad. La pregunta era inevitable porque los frailes de dicha comunidad eran muy pocos y de avanzada edad. La gente observaba este fenómeno y algunas personas me expresaron su inquietud pensando en el futuro del liderazgo dominicano en relación con la dirección del santuario de la Virgen del Mar. No se hacían a la idea de que el liderazgo dominicano secular del santuario de la Virgen del Mar pasara a otras manos. Yo traté de restar importancia a esta eventualidad, pero dichas personas estaban turbadas ante la posibilidad de que los dominicos dejaran de estar presentes en Almería. En mi opinión, una de las cuestiones urgentes que tendrá que afrontar la nueva Provincia Dominicana que se está gestado, para afrontar la falta de personal de cara al futuro, consistirá en decidir qué casas o conventos han de ser cerrados y cuáles otros reforzados en lugares socialmente estratégicos de acuerdo con el personal disponible para realizar un trabajo apostólico de interés común y eficiente. En este sentido pienso que la comunidad de Almería debería ser reforzada con personal nuevo en lugar de cerrarla. Por lo demás, durante mi estadía en aquella casa tuve ocasión de conocer a muchas personas respetables y dignas de admiración, entre las cuales me es grato recordar algunos nombres como expresión de agradecimiento a todas ellas.
Mari Carmen Martínez Sola, por ejemplo, era historiadora y profesora universitaria. Sus lazos con la Orden Dominicana eran muy estrechos y pronto hicimos una bella amistad. Estaba muy preocupada por el futuro educativo de la juventud y sentía una vocación por los estudios históricos. Pero, desafortunadamente, sus muchas y graves obligaciones familiares no la permitían dedicar más tiempo a la investigación a la vez que crecía en ella la preocupación por temas tan vitales y actuales como la bioética y la formación teológica de la gente. Su mente estaba saturada de nobles proyectos intelectuales, pero tropezaba con la dificultad de compatibilizarlos con el cumplimiento escrupuloso, a veces doloroso, de sus sagrados deberes familiares. Por otra parte, tenía una madre entrada en la década de los noventa, que era un encanto de mujer. Hablar con ella era un placer por la lucidez de su mente, la bondad de su alma, su realismo y comprensión de la vida, así como la paz y serenidad frente al futuro. Era una mujer profundamente cristiana forjada en las dificultades de la vida sin la menor sombra de piadosismo sentimental y apocado. Mis conversaciones con M. Carmen y su madre en la terraza de su casa dejaron en mí un recuerdo de sabiduría de la vida y de cariño imborrable.
A Victoria Cassinello la había conocido antes y era también una mujer muy amate de santo Domingo y de sus frailes. Procedía de una familia emblemática de Almería con raíces venecianas. Su orientación primera hacia el estudio de la filosofía se reflejaba en el nivel de su conversación. Visitando la ciudad pude apreciar la huella de los Cassinello en una plaza que lleva su nombre y en la bella arquitectura de estilo colonial almeriense que progresivamente está desapareciendo a favor de edificaciones modernas con poco gusto estético. Victoria contempla este espectáculo con profunda nostalgia. Igualmente recuerda con nostalgia su antiguo liderazgo en los festejos de la Virgen del Mar por la que siente una admiración amorosa e incondicional.
Tampoco disimula su cariño hacia los frailes dominicos, lo cual no es obstáculo para que critique caritativamente sus presuntos defectos, si ello fuere menester. La primera vez que nos conocimos me invitó a almorzar en su casa del paseo Salmerón frente al puerto marítimo. Toda nuestra conversación, a parte de las aclaraciones sobre su interesante historia familiar, giró en torno a los dominicos almerienses y los asuntos relacionados con las fiestas de la Virgen del Mar. Acostumbrada a ver siempre las mismas caras y oír las mismas voces, mi irrupción por aquellos lares debió pillarla gratamente por sorpresa y pronto preparó un encuentro en su casa para hablar a corazón abierto de lo divino y de lo humano de una manera confidencial, gozosa y elegante.
Tan pronto tuvo noticia de mi vuelta a Almería el verano del 2011 se presentó en el convento para invitarme a cenar en su casa de la playa S. Miguel. Nos preparó el menú una joven señora rumana a la que trataba como amiga entrañable y no como simple trabajadora. La vista al mar desde un segundo piso a las 20 horas era impresionante. Primero recordamos nuestro primer encuentro años atrás en el paseo Salmerón junto al puerto y pronto entramos en materia. Esta vez la conversación giró primero en torno a su situación personal y familiar. Ella es la más pequeña de los hermanos y tiene problemas de salud. Pero sus hermanas son ya entradas en edad y, obviamente, no pueden ayudarla como ella ayudó antes a ellas y a su padre. Ahora tiene que afrontar su soledad cuando la edad la va invadiendo y síntomas preocupantes de salud la obligan a someterse a una exploración médica de envergadura. Así las cosas, ha decidido invertir sus ahorros pagando servicios de médicos y personas que la puedan ayudar a ante la nueva situación quedando en segundo plano la ayuda familiar. No disimula que la edad y los achaques de salud la preocupan profundamente. Se siente sola, tiene miedo, aunque no pierde el sentido positivo de la trascendencia. Mi pregunta es la siguiente. ¿Cómo es posible que una mujer maravillosa y profundamente cristiana como Victoria Cassinello tenga miedo? Me ha dicho por teléfono que la lectura de mi libro “Filosofía de la vida” la conforta mucho. Me alegro de ello y estoy seguro de que sus vivencias cristianas la van a ayudar mucho a afrontar con éxito su sensación de soledad en el atardecer de la vida.
Durante mi estadía en Almería tuve ocasión de tratar también con otras personas interesantes cuyo recuerdo es siempre motivo de satisfacción para mí. A todas ellas les quedo muy agradecido por la simpatía y amistad con que contribuyeron a que mis días de descanso resultaran felices. En ocasiones hablábamos de asuntos pintorescos y dignos de destaque. Por ejemplo, el P. Justo Cuberos, Prior del convento dominicano, me contó anécdotas de su experiencia como capellán militar cuando le tocó el turno de cumplir con el servicio militar. Pues bien, para poner las cosas en claro, el Ministerio del ejército envió una circular al Vicario General Castrense, para que la hiciera llegar a los capellanes de su jurisdicción, en la que se ordenaba la prohibición de hablar de política en las homilías. Pero, ¿qué hacer en caso de que el texto litúrgico diera pie para hablar o hacer algún comentario relacionado con la política? Cuando esto tuviera lugar, el documento proponía dos opciones: una, hacer de la homilía una catequesis bautismal; y dos, leer otro texto alternativo sin connotaciones políticas. O sea, como se decía cuando yo era niño: de política ni hablar bajo ningún concepto. El P. Justo matizó que el Vicario General Castrense no era obispo y que cuando le expresó su sorpresa por el contenido de la circular, el Vicario confesó que él era antes militar que sacerdote. Al oír esto yo me acordé del aforismo: ¡viva el clero, aunque sea castrense! Este aforismo refleja la mala fama atribuida a los sacerdotes que piden incorporarse al ejército como capellanes permanentes en lugar de trabajar pastoralmente en las diócesis a las órdenes de los obispos de turno. No he perdido la esperanza de que el P. Justo encuentre en alguna de sus carpetas viejas el texto de esta circular y me lo haga llegar para hacer un sabroso comentario acerca de su contenido.
14. Visita histórica a Almagro
El día 2 de septiembre a las 6:45 de la mañana estaba a punto de tomar el tren con destino Madrid cuando tuve la sorpresa de constatar que estaba lloviendo mansamente. La lluvia duró escasos minutos, pero me produjo una emoción especial. ¿Llover en Almería al comienzo del mes de septiembre? Me parecía increíble, pero fue una realidad. Otra novedad fue la decisión de visitar la ciudad de Almagro antes de llegar a Madrid. El motivo de esta visita puede ser calificado de histórico por dos razones. Una, porque no conocía el patrimonio artístico de Almagro; la segunda y más decisiva fue porque el convento de los dominicos de aquella bella población manchega estaba a punto de ser cerrado y la viuda del arquitecto D. Miguel Fisac vivía en su casa de Almagro y me había pedido que la hiciera una visita. Dicho y hecho. Llegué a Alcázar de San Juan y poco después tomé un tren regional que me dejó en Almagro a la hora del almuerzo. En la estación del ferrocarril me estaba esperando el P. Vicente Díaz, O.P con el coche y pocos minutos después nos encontrábamos almorzando en el convento de los Dominicos en compañía del P. Baldomero O.P, que era allí una institución. Hacía un día delicioso de septiembre, el almuerzo fue fraterno a más no poder y después de exponer mi programa el P. Baldomero me indicó la manera de llegar dándome un paseo hasta el número 2 de la calle de Las Cruces, donde me esperaba Ana María Badell, viuda del gran arquitecto español Miguel Fisac, en su domicilio almagrense. Hacía algún tiempo que me había invitado a conocer su casita-museo de Almagro donde vivía a raíz de la muerte de su marido y recibía con cariño a turistas y amigos. En su casa, me había dicho previamente por teléfono, había una habitación disponible para mí. Oferta que obviamente agradecí mucho pero no acepté por existir la comunidad de Dominicos, que era mi propia casa. A raíz de esta conversación telefónica me creí en el deber moral de hacer un alto en el camino en Almagro de vuelta de Almería a Madrid después de mis vacaciones estivales, y tuve la satisfacción de cumplir mi promesa.
Al llegar a la puerta de casa presioné tres veces el botón del timbre para que ella entendiera que era yo el que llamaba y pronto se abrió el portón y nos fundimos en un abrazo. Fue un encuentro emocionante por ambas partes. La encontré bella, lúcida y radiante después de haber superado serias dificultades a raíz de la muerte de Miguel Fisac. Estas dificultades afectaron seriamente a su salud física y estado de ánimo, como pude constatar la última vez que nos encontramos en Madrid. Pero algo había cambiado para bien en el entorno familiar y se reflejaba ahora en su salud y estado de ánimo lúcido y deslumbrante. Para empezar, me llevó por las dependencias de la casa, construida a capricho por Miguel Fisac en el antiguo solar de una cuadra de animales y aperos labriegos. Sobre aquellas bases rurales y labriegas construyó una bellísima casa-museo en la que pueden admirarse las estructuras originales campestres y algunos recuerdos entrañables de la feliz pareja, Ana María Badell y Miguel Fisac. Sobre el terreno comprendí sin dificultad la razón de haber construido esta casa en este lugar ya que Miguel Fisac nació en Aimiel y conocía bien la historia y el patrimonio artístico de Almagro. Por otra parte, la adquisición del solar había tenido lugar hacía varias décadas, cuando las posibilidades de comprarlo habían sido ventajosas y no desaprovechó la ocasión. No pregunté a Ana María Badell por el precio de compra, pero sí supe después que quien les vendió el solar labriego había sido un tío de la señora que trabajaba en el convento de los dominicos como guía de turismo. Esta amable señora me explicó con todo detalle cómo era aquel lugar antes de ser convertido por Fisac en casa-museo.
El diálogo con Ana María Badell en el salón de visitas de su histórica casa giró, en primer lugar, en torno a la situación actual de su hijo y de su hija. A raíz de la muerte de Miguel Fisac, Ana María tuvo que afrontar un periodo de tiempo marcado por la soledad. Pero ahora se habían cambiado las tornas y sus hijos se esforzaban por llenar ese vacío de su madre. Me habló de sus hijos y nietas como si los hubiera encontrado después de haberlos perdido a raíz de la muerte de su marido. Esta nueva situación feliz podía apreciarse en su estado de ánimo y hasta en su belleza física fortalecida a despecho de la edad. Terminado el tema familiar entramos en un diálogo a corazón abierto sobre la esencia del cristianismo y algunas formas de malentenderlo. Tenía muy claro que el mensaje esencial cristiano es el amor a todo ser humano y la esperanza amorosa e incondicional en las promesas de Cristo. Por ello, no tenía miedo a la muerte y estaba convencida de que lo que nos espera después será, sin lugar a dudas, mucho mejor que lo que dejamos aquí en este mundo. Ana María había leído algunos libros raros y a veces utilizaba vocablos y expresiones de culturas exóticas no cristianas. Pero terminaba siempre aterrizando en lo esencial de la fe cristiana. Hablando de sus hijos la felicité por la idea genial que tuvieron ella y su marido llamando a una niñera china para que desde la más tierna infancia enseñara a su hija a hablar en chino. Sí, fue un acierto, replicó con alegría. En la actualidad su hija ha logrado ser nombrada catedrático de chino y no hay asunto importante relacionado con China para el cual no cuenten con ella en España. Pero al filo de esta cuestión ella me habló de las dificultades que su hija encontró en el aprendizaje del chino y yo aproveché también la ocasión para expresarle mi opinión contra la promoción política de la diversidad de idiomas. Ana María Badell estuvo de acuerdo conmigo en que la diversidad de idiomas constituye uno de los muros psicológicos que más impiden la comunicación y comprensión entre las personas y los pueblos. Para terminar el recuerdo de este histórico encuentro me es grato destacar algunos aspectos relativos a las relaciones personales de Ana María Badell y su esposo fallecido, el gran arquitecto Miguel Fisac.
Ana María Badell me habló siempre que tuvo ocasión de su amor incondicional a Miguel Fisac a pesar de su temperamento irascible que el mismo Fisac confesaba abiertamente como un defecto personal crónico. Pues bien, en el muro de una de las habitaciones de la casa los visitantes pueden leer una carta abierta de Ana María Badell a Miguel Fisac y de cuyo texto me es grato destacar algunos aspectos de su contenido. La carta es un poema de acción de gracias a Miguel Fisac y a Dios. Por ejemplo, agradece a Miguel el regalo de un Ordenador que debió ser el símbolo moderno y actualizado de su afecto antes de morir. Ana María da gracias a Dios por haber conocido a Miguel, con el que reconoce que fue afectivamente fría, pero al que amó como persona con toda su alma. Conociéndolos a los dos, como yo los conocía, esta es la traducción correcta de la expresión: “He sido fría, pero te he querido”. Este amor personal, que está por encima del amor de enamoramiento y otras formas de amor inferiores, hizo posible el diálogo permanente entre ambos sobre las cuestiones fronterizas de la existencia humana como son la muerte y el más allá desde el punto de vista religioso y cristiano. He aludido antes al conocido carácter irascible de Miguel Fisac. Pues bien, Ana María nos sorprende con una constatación inesperada cuando se dirige a él cariñosamente como al que conoció “de siempre enfadado a nunca enfadado”. Según ella, Miguel Fisac murió con gran paz después de haber tenido siempre una sensibilidad muy marcada hacia los pobres y necesitados, y haber pedido que no le aplicaran tratamientos hospitalarios artificiales e inútiles, para morir en el momento preciso programado por la naturaleza. Por último, Ana María dice que sueña a veces con Miguel y que tiene la impresión de que después de la muerte seguirán siendo felices juntos. Obviamente, me he limitado a escucharla tratando de entender correctamente su lenguaje y sus vivencias religiosas llegando a la conclusión de que Miguel Fisac fue el hombre de su vida y Ana María Badell la mujer de la vida de Miguel Fisac. Todo ello con penas, equivocaciones y sufrimientos, pero con el consuelo final de la esperanza cristiana.
En mayo de 2008 Ana María Badell me escribió una carta de su puño y letra en la que, entre otras cosas, me decía lo siguiente: “La verdad es que echo mucho de menos a Miguel. Pero estoy segura de que está en muy buen sitio, y eso me ayuda a pensar y dar gracias a Nuestro Señor por haberme dado tanto. Realmente le doy vueltas a mi vida y pienso que he sido bastante tontita. Pero el vivir con Miguel me ha hecho mucho mejor persona y espero que él me ayude para saber morirme igual que lo hizo él”. De la carta que recibí en julio del 2011 me parece oportuno reproducir este párrafo: “Esta tierra (Almagro) me agobia. Los próximos años serán 80. Todos los días le pido a Nuestro Señor que me lleve”. Y en su carta fechada el 9 de septiembre del 2011: “Mi querido Padre Niceto. He recibido tu libro y he comenzado a leerlo. El primer capítulo me encanta. Da gusto cómo narras tu visita al prado y cuentas tu amor al arbolito. Seguiré leyendo tu Filosofía de la vida y te iré diciendo lo que me parece. En esta semana he empezado a ir a unas clases que imparten para niños anormales de Almagro, y te cuento que cuando llegué me tomaron por otra anormal y me dijeron que, si quería hacer pulseras con cuentas de collares, o si prefería colorear unas estampas. Así que les comenté que no sabía hacer ni lo uno ni lo otro y que prefería mirar. ¡Qué bien me viene tener un poco de humildad! He sido tan tonta a lo largo de mi vida. No dejes de rezar por mí. Estoy deseando llegar a ese espacio maravilloso”.
En algún momento he pensado escribir algo sobre la personalidad de Xavier Zubiri y de Miguel Fisac. Ambos tuvieron experiencias similares sobre la fe cristiana y contaron con el apoyo incondicional de sus esposas. Zubiri sufrió la presión de sus padres que le llevó a la ordenación sacerdotal sin vocación. Y Fisac sufrió la presión sin piedad de algunos miembros del Opus Dei para que se vinculara a esta institución, también sin vocación. Ambos consiguieron salir del cepo, pero no sin pagar un alto precio por su rescate. Me gustaría disponer de tiempo y fuerzas físicas para hacer un estudio comparativo de la experiencia cristiana de estas dos personalidades. Tuve la suerte de conocer a ambos a corazón abierto lo cual me permitiría deducir algunas conclusiones prácticas sobre la forma de convertir la fe cristiana en fuente inagotable de humanidad y no de sufrimiento moral. El deseo expresado cuando escribí este párrafo se ha cumplido en mi obra Personas y personalidades, (seis hombres y seis mujeres) aparecida en el 2013 en la Editorial Vision Libros.
El paseo turístico por Almagro con el P. Vicente Díaz (O.P.) fue agradable e instructivo a más no poder. Su pasión por los estudios históricos es bien conocida y en todos los lugares que visitábamos era recibido con agrado y cariño por los funcionarios del turismo. El hecho de que casi todas las iglesias y conventos religiosos de Almagro hayan terminado convirtiéndose en lugares culturales relacionados con el teatro fue un motivo oportuno para hablar sobre la “desamortización” de Mendizábal y los efectos de la guerra civil española. La historia de la presencia de los PP. Dominicos en Almagro es apasionante con un saldo final de varias decenas de mártires. Pero las circunstancias de la vida han cambiado mucho y ha llegado el momento de poner la iglesia y el convento a disposición del Obispado, que es el verdadero propietario de la finca después del vendaval de la desamortización de Mendizábal. Lo esencial de la fascinante historia de esta presencia dominicana en Almagro está ya escrita y sólo es cuestión de asumir el significado de los signos de los tiempos marchando a otra parte con el nido acuestas.
El día 3 de septiembre visité el convento de las monjas dominicas de clausura con el P. Baldomero y al día siguiente celebré la eucaristía dominical para las monjas y el pueblo. Terminada la misa pasé al refectorio para desayunar y saludar a las monjas. Eran sólo cuatro y surgió la cuestión sobre la conveniencia de que abandonaran aquella histórica y ruinosa casa del siglo XVI para irse a vivir a otra comunidad. Yo las informé sobre el proceso de refundación de una sola provincia dominicana en España de las tres existentes para la rama masculina, y la conveniencia de seguir el proceso de federación en marcha de los conventos femeninos. Con la cabeza fría entendían las razones de este proceso, pero sentimentalmente no disimularon la dificultad que encontraban para llevarlo a cabo sin añoranzas. ¡Tantos años de vida consumidos en aquel lugar al servicio de Dios y tener que abandonarlo ahora por falta de vocaciones! Como réplica a esta argumentación sentimental les hice la reflexión siguiente en tono de humor. Vamos a ver, cuando ustedes eran jóvenes dejaron con gusto y sin gran dificultad muchas cosas de este mundo por seguir más de cerca a Jesucristo mediante el voto de pobreza. De esto no cabe la menor duda. ¿Cómo es que ahora las cuesta tanto dejar cuatro paredes viejas para irse a vivir a otro convento con un futuro más venturoso? ¿Cómo compaginar el voto de pobreza por el que han renunciado ustedes a tantas cosas importantes de este mundo con el apego sentimental a estos muros ruinosos?
Esta reflexión en tono de humor las pilló de sorpresa y creo que fue oportuna. Tuve la impresión de que fue como una chispa de luz que las ayudó a reflexionar sobre su situación existencial enfocando el problema de su eventual abandono de aquel viejo convento desde el punto de vista de la pobreza evangélica y no en función de intereses efímeros o históricamente nostálgicos. Los recuerdos nostálgicos son comprensibles y edificantes, pero a condición de que no nos dejemos arrastrar por ellos tomando decisiones en desacuerdo con la realidad presente y el uso de la razón de cara al futuro.
15. La bioética desde Méjico, Colombia y República Dominicana
La bioética ha constituido una de las ocupaciones más importantes para mí durante los años últimos años de vida académica y pastoral. No era para menos ya que, como he dicho muchas veces, lo que está en juego en la bioética es la vida humana de los más débiles e indefensos. Mis escritos sobre esta materia suscitaron no poco interés y a continuación me es grato recordar dos botones de muestra desde Méjico y Colombia.
“Querido Fr, Niceto: Le saludo esperando se encuentre bien. Mi interés en escribirle es para ver la posibilidad de que pudiera acompañarnos a un Encuentro en Favor de la Vida y la Familia a realizarse en Guadalajara, Jalisco México. Estamos apenas estructurando las conferencias, pero sería para el próximo año por las fechas del mes de marzo. En cuanto tenga la fecha le avisaría. Sólo quisiera saber si usted está muy ocupado en el mes de marzo, o en qué fecha pudiera sugerirnos hacerlo. Sr. Fernando Vargas, O.P. Mi respuesta inmediata fue la siguiente: “Gracias, Fernando, por su mensaje de invitación. Me parece muy oportuno y necesario que traten ustedes de salir al paso de los atropellos contra la vida en el contexto de la bioética y me alegro mucho por ello. Por lo que se refiere a mi disponibilidad para estar con ustedes para ese fin en el mes de marzo próximo tengo que hacer la siguiente matización importante. Ya tengo 74 años de edad cumplidos y por razones de salud la prudencia me aconseja reducir mis actividades, sobre todo cuando ellas llevan consigo el tener que hacer viajes largos como sería el desplazamiento a Guadalajara. En cualquier caso, pienso que a lo mejor puedo colaborar en algo desde Madrid enviándoles textos específicos sobre la materia del encuentro, o incluso mediante alguna videoconferencia. Esto es lo que puedo decirle en este momento acerca de su propuesta. ¡Cuánto me gustaría poderle decir ya sí desde el principio! De todos modos, me encantaría que me enviara el programa de las actividades que piensan poner en marcha en favor de la vida. Un abrazo fraterno”.
Y a los pocos días: “¡Buenos días Fray Niceto! Apreciado hermano, reciba un cordial saludo en Cristo Jesús y Santo Domingo nuestro padre. Con gran alegría he descubierto sus aportes a nuestra misión de predicadores en los nuevos areópagos de la predicación, de los que sin duda alguna hace parte la bioética, "Nueva Ciencia de la Vida", como usted mismo le llama. Yo soy Fray Duberney Rodas G., O.P. padre Dominico, de la Provincia San Luis Bertrán de Colombia y estoy cursando maestría en Bioética. Al encontrarme con sus aportes en este campo me he interesado por hacer mi investigación de maestría orientado con dichos aportes y he dado el siguiente título al proyecto de investigación: "Dignidad de la Persona Humana y Calidad de Vida: posibilidad de encuentro entre teología y bioética. Una mirada teológica desde Niceto Blázquez OP". Estoy convencido, como usted mismo lo dice en su obra “Bioética la Nueva Ciencia de la vida”, que para que la teología moral no sea obstáculo para el debate bioético, ha de ser una teología no de recetas, sino discente, dialogante. Una teología de propuestas más que de respuestas. Ha sido un poco difícil adquirir la biografía y le agradezco mucho cualquier orientación y acompañamiento que me pueda brindar. Esperando su respuesta, para alimentar intelectualmente mi propuesta, ruego a nuestra Madre La Virgen del Rosario que le siga acompañando. Su hermano en Santo Domingo, Fray Duberney Rodas Grajales, O.P”.
Mi respuesta inmediata a vuelta de correo: “Querido P. Duberney, su mensaje ha sido una grata sorpresa para mí. Le felicito por enfrentarse a los temas de la bioética en los que está en juego lo más importante que tenemos, la vida. Si en algo le puedo ser de utilidad en este campo me tiene a su disposición. Le recomiendo que conozca los dos libros mios más recientes titulados Bioética y Biotanasia y La Biotanasia, en los cuales encontrará con brevedad y precisión mi pensamiento sobre los temas centrales de la bioética, entre ellos, la función y lugar de la teología en el debate bioético. Estos libros se encuentran en Internet, pero, si no dispone ya de ellos, le ruego que me envíe su dirección postal para que yo pueda hacérselos llegar lo antes posible. Una pequeña observación de paso. Me refiero a las palabras que comenta como mías sobre si la teología ha de ser discente, dialogante y de propuestas y no de respuestas. Estas palabras las digo yo, pero no como expresión de mi pensamiento sino para ser después criticadas. Yo pienso que, si la teología no tiene una función docente, y no sólo discente, en los asuntos de la bioética, los teólogos claudican de su deber de estar siempre al lado de la vida de los más débiles e indefensos, sobre todo teniendo en cuenta el deslizamiento que se ha producido de la bioética hacia la biotanasia. Un abrazo fraterno y, de nuevo, enhorabuena por su sensibilidad hacia los temas relacionados directamente con la vida humana en los momentos más críticos de la existencia”. Años atrás este tipo de invitaciones las aceptaba yo a ojos cerrados y con profundo placer. Ahora la prudencia me aconseja reducir actividades y compromisos que no se ajustan ya a mi edad y estado de salud. A lo largo de mi vida he tratado siempre de ser animoso y hasta temerario, pero siempre dentro de los límites del principio de realidad. Esta estrategia me ha dado buenos resultados y no quiero ahora de viejo caer en la tentación del voluntarismo irresponsable abandonando la senda del sentido común y del buen uso de la razón.
Y a vuelta de correo también, entre otras cosas: “Qué alegría tan grande siento al recibir su respuesta. Muchas gracias por la aclaración sobre el papel de la teología en torno a la bioética. Con su palabra me ha llenado de expectativas para continuar por este camino mi investigación. He intentado buscar los libros que me has señalado, pero en Colombia ha sido difícil acceder a ellos físicamente y los archivos en donde los he encontrado no son de fácil acceso para mí, así que, aceptando su amable y generosa oferta, le envío mi dirección postal y a la vez le solicito me informe cómo puedo enviarle el valor de los libros. Le cuento que en la búsqueda de director de tesis me he contactado con el P. Guillermo Zuleta Salas, designado por Benedicto XVI como miembro de la Comisión Teológica Internacional, quien ha tenido la fortuna de ser vuestro discípulo. Cuando le compartí el título de la investigación se alegró mucho al escuchar el nombre de Fray Niceto. Agradezco a Dios esta bella oportunidad de poder contar contigo en este reto que nuestra vocación nos demanda. Fraternalmente, Fray Duberney”. YO: “Querido P. Duberney, termino de dar la orden de envío de los dos libros míos esperando que te sean de utilidad. La forma de pago es muy simple. Basta con que me comuniques por correo electrónico que los has recibido. Me causa alegría el que te hayas sensibilizado con estos problemas tan importantes relacionados directamente con la vida humana, y que suelen ser tratados con mucha ligereza y poca sabiduría. No te conformes con acumular erudición sobre opiniones ajenas y aumentar la cultura. Trata sobre todo de aportar razonamientos sólidos orientados a amar la vida humana y promocionar su dignidad en lugar de colaborar con quienes la pierden el respeto alegando falsos argumentos en nombre de la ciencia, del progreso y de la frivolidad humana. Ánimo, pues, y adelante con el trabajo que has emprendido”.
En diciembre del 2011 recibí el mensaje siguiente: “Distinguido sacerdote. Siempre me ha interesado el tema de la Bioética y en varias oportunidades he participado en cursos, seminarios y diplomados sobre la misma. En estas ocasiones me han sido de utilidad varios textos incluyendo el suyo sobre Bioética: La Nueva Ciencia de la Vida. Soy médico de profesión y he tenido una vida apegada a los principios éticos y morales de su ejercicio y a la cultura de la vida. No poseo su libro mencionado ni aparece en nuestras librerías dominicanas, y en la Biblioteca de Autores Cristianos se reporta como agotado. ¿Cómo puedo comprarlo y dónde? El ejemplar que utilizo es ajeno y propiedad de un sacerdote carmelita amigo, pero ya me lo reclama. Admiro sus otras obras y enfoques de la Bioética. Agradezco su información”. Dr. Bernardo Defillo Martínez. Mi respuesta inmediata fue la siguiente: “Estimado Dr. Defillo, me alegra mucho su preocupación personal por los problemas que se plantean en la Bioética. No es para menos una vez que lo que está en cuestión es la vida humana y la forma de tratarla con dignidad. Sobre la información que me pide le puedo decir que la obra a la que usted hace referencia está editorialmente agotada, pero en Internet puede usted encontrar Bioética y Biotanasia, en la que he mejorado y actualizado algunos aspectos de la primera. Igualmente puede encontrar La biotanasia, o el reverso de la Bioética, donde insisto monográficamente sobre el significado y contenido de la Biotanasia. Basta con que pregunte a Google por mis libros y los encontrará sin dificultad. Lo que no le puedo decir es qué tiene que hacer para leerlos o adquirirlos, si le interesan, por este medio electrónico. Hay también en la Red un blog titulado la Biotanasia. Esto es lo que se me ocurre de momento. En caso de que encuentre usted dificultades no dude en comunicármelo y yo haré lo que esté de mi parte para hacerle llegar un ejemplar de los libros indicados”.
La respuesta no se hizo esperar en estos términos: “Gracias por responder a mis inquietudes y por las sugerencias, pues poseo ya todos sus libros físicos indicados. Debo decirle que admiro su obra y trayectoria y que, en mi primera juventud (ya tengo 71 años) fui educado por jesuitas y luego dominicos, aunque nunca se me ocurrió ser sacerdote. Provengo de una familia de médicos y soy católico activo por lo que cumplo con los dones que se me otorgaron para dar buena cuenta de ellos. Acabo de participar como docente invitado en un Diplomado sobre Bioética y Sociedad en la Pontificia Univ. Cat. Madre y Maestra y el día de mañana esta estrenará su Comité Institucional de Ética cuyo diseño tuve la oportunidad de proponer. Laboro como Médico Internista y Cardiólogo en el Centro Corazones Unidos y Cedimat, y ha sido un gran orgullo recibir de Ud. sus notas. Considéreme un razonable admirador y usuario de sus textos y la pretensión de considerarme su amigo. Que Dios le bendiga. Bernardo Defillo”. Mi respuesta: “Querido D. Bernardo, gracias por sus palabras tan generosas. Me alegro mucho por su compromiso con la dignidad de la vida humana desde el campo de la medicina y la bioética cuando hay tanta gente que la desprecia y maltrata incluso en nombre de la ciencia y del progreso científico. Con ocasión de la celebración del nacimiento de Cristo como rostro visible de Dios me es grato brindar con usted por este acontecimiento y desearle paz y felicidad. Si en algún momento pasa por Madrid me encantaría poderle saludar personalmente.
A mediados de octubre del 2011 recibí el siguiente mensaje: “Estimado Niceto, ¿cómo se encuentra? Soy Marta Molina, directora de Comunicación de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y Redactora jefa en Revista Periodistas. Me pongo en contacto con usted a propósito del próximo número de la revista Periodistas, que editamos trimestralmente. El dossier central de esta publicación está siempre dedicado a un tema monográfico. Entre las distintas fórmulas que planteamos en la revista, cada número presentamos un debate o cara a cara entre expertos en la materia a abordar. El debate se realiza sin público con la única finalidad de publicarlo en esta publicación con una tirada de 17.000 ejemplares dirigidos a profesionales, entidades académicas y medios de comunicación, además de otras instituciones. Quisiéramos invitarle a participar en el próximo cara a cara de Periodistas cuya única finalidad, insisto, es publicar su resultado en las páginas de la revista. En cuanto día y hora, la fecha más conveniente de acuerdo a las agendas hasta ahora consultadas sería la tarde del próximo 26 de octubre. Celebraríamos el debate en la sede de la FAPE, situada en el número 50 de la calle María de Molina y no le robaríamos más de tres cuartos de hora. La mesa redonda estará moderada por Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y promotor de la Comisión de Quejas y Deontología de la FAPE, y en ella intervendrán: Milagros Pérez Oliva, defensora del lector de El País; José Antonio Martín Pallín, magistrado; Josep Pernau, promotor del Código Deontológico del Consejo de la Información de Cataluña; Yolanda Sobero, presidenta del Consejo de Redacción de RTVE; Josep Rovirosa, defensor del lector de ‘La Vanguardia’ y Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral.
Respuesta: “Marta, soy Niceto Blázquez. Gracias por invitarme al próximo cara a cara de Periodistas. Será para mí un placer estar con vosotros. Por lo tanto, si no surge ningún percance imprevisto que lo impida, puedes contar conmigo. Un abrazo y enhorabuena por el trabajo que realizas”. Respuesta: “Estimado Niceto, muchas gracias a usted por aceptar la invitación. El debate, a expensas de posibles cambios, se celebrará a partir de las 18 horas del 26 de octubre próximo. Si fuera tan amable de facilitarme un correo electrónico y/o un teléfono, se lo agradecería. Un afectuoso saludo”. Efectivamente, el encuentro “cara a cara” sobre la Autorregulación periodística tuvo lugar a puerta cerrada en el lugar y hora prevista en el Centro Internacional de Prensa de Madrid. Llegué el primero y pocos minutos después llegaron los demás invitados a excepción de Josep Pernau, Yolanda Sobero y Aurelio Arteta.
Durante toda la sesión, que duró dos horas y media, estuvo presente un reportero gráfico. De forma espontánea y sin protocolos González Urbaneja tomó la palabra para hablar de los problemas administrativos de la FAPE y de la forma de afrontar las diversas sensibilidades existentes en la institución. Como el resultado del coloquio será publicado en la revista Periodistas, me limito a dejar constancia aquí sólo de algunas impresiones personales. La que más habló fue la defensora del lector de El País. Y habló, a mi juicio, con mucho conocimiento de causa y buen criterio ético periodístico. El defensor del lector de La Vanguardia habló menos pero también con buen tino y salud deontológica informativa. El ex magistrado del Tribunal Supremo habló más y también “magistralmente” desde la atalaya de las leyes que atañen a la información. Lo cierto es que yo quedé encantado de oírlos a todos y tuve la impresión de que el planteamiento que yo hago en mis libros de la autorregulación deontológica en materia de información era plenamente compartido por los tertulianos.
Todos estuvimos de acuerdo en que asistimos a una crisis de valores profunda en el ejercicio de la información y que se ha agravado con la crisis económica, la cual afecta directamente a la calidad de la información. Por otra parte, las nuevas técnicas avanzadas de la comunicación facilitan la comunicación, pero en la misma medida favorecen las corrupciones profesionales. Por ello la necesidad de fortalecer la responsabilidad ética de los informadores mediante los códigos de conducta para garantizar que la libertad de expresión sea respetada y la credibilidad de los informadores, incrementada. Estuvimos igualmente de acuerdo en que los códigos éticos de la información, aunque se tenga la impresión de que en la práctica son poco tenidos en cuenta y que la mayor parte de los informadores no los desea, sirven para recordar que existen criterios racionales sólidos para saber quiénes son los informadores profesionalmente malos y buenos.
A la espera de que aparezca el último número de Periodistas (2011) para ver el balance que Marta Molina hace del “cara a cara”, me es grato dejar constancia de que este encuentro a puerta cerrada en el Centro Internacional de Prensa de Madrid dejó en mí un recuerdo muy agradable. A los pocos días falleció uno de nuestros invitados más ilustres cuya ausencia no sospechábamos que fue debida a su grave enfermedad. Conocida la noticia de su muerte me apresuré a enviar a Marta Molina el siguiente mensaje: “Marta, bonita, al conocer la noticia de la muerte de Josep Pernau me acordé que le habías invitado a participar en nuestra conversación para el "cara a cara". Yo comprendí sin dificultad que no se desplazara a Madrid, pero no sabía nada de su enfermedad. Enhorabuena por el nuevo número de la revista Periodistas, la cual sale siempre magistralmente de tus manos. Un abrazo. Niceto”. Respuesta inmediata de Marta: “Buenas tardes, Niceto. Hemos perdido a un gran periodista y maestro. Cuando invitamos a participar a Josep Pernau ya desde el Col.legi nos informaron de que se encontraba muy enfermo, pero yo desconocía la gravedad de su enfermedad. La revista llegará a su domicilio la próxima semana. Espero que se sienta usted tan satisfecho del resultado como yo de haber podido disfrutar de sus ilustres enseñanzas. Tengo pendiente la lectura de su libro, que emprenderé este mismo fin de semana y leeré con fruición. Un abrazo muy afectuoso Marta Molina”.
Josep Pernau Fue un referente para los periodistas catalanes e impulsó el primer Código Deontológico para periodistas en España. A los 10 años de edad escribió una crónica periodística sobre los bombardeos en Lleida presagiando su vocación de periodista competente y responsable. Las experiencias duras durante la infancia, si son felizmente superadas, suelen ser el detonante de inquietudes y formas de vida ejemplares. En este caso aquella redacción llevaba implícita una vivencia dramática. Pernau había convivido toda su infancia con una fotografía de Centelles tomada tras un bombardeo en Lleida y en la que aparecía una mujer arrodillada junto al cuerpo inerte de un hombre: su madre y su padre. Como digo, impulsó el Código Deontológico, el primero de España, y contribuyó a transformar la oficialista Asociación de la Prensa en colegio profesional. También fue presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa en España. El libro mio al que hace referencia Marta Molina es Filosofía de la vida y espero que la guste como ha ocurrido con todas las personas de las que tengo constancia de haberlo leído. A mediados de noviembre me llegó el anuncio siguiente:
“El número 26 de la revista Periodistas, que edita trimestralmente la FAPE, analiza el modelo de autocontrol periodístico aplicable en España y ahondan la constitución de la Fundación para la Comisión de Quejas y Deontología, órgano promovido por la Federación. MADRID, 14 de noviembre de 2011. El número 26 de la revista editada por la FAPE profundiza en el modelo español de autorregulación periodística, deshilvana sus orígenes y lo confronta con el exterior recorriendo los sistemas vigentes en los principales países de nuestro entorno. Periodistas explica el funcionamiento del órgano de autorregulación periodística de la Federación, su Comisión de Quejas y Deontología, cuya independencia se ha visto reforzada este verano tras la constitución de la Fundación para la Comisión, de la que están llamadas a formar parte entidades académicas y profesionales interesadas en la libertad de información. Para explicarlo, José Manuel González Torga entrevista a Manuel Núñez Encabo, presidente de la Comisión de Quejas y Deontología de la FAPE.
El número 26 de Periodistas se detiene en la composición de este cónclave de sabios-integrado por nueve miembros, a razón de tres periodistas, un tercio de juristas y una tercera parte de personalidades relevantes de la sociedad- y requiere su opinión sobre la conveniencia del autocontrol frente a la regulación externa en aras de un ejercicio periodístico de calidad y sometido a los dictámenes de la deontología profesional. La publicación trimestral de la FAPE analiza el papel de la Comisión de Quejas de la Prensa de Reino Unido, que faltó a su función vigilante en el escándalo de las escuchas telefónicas del diario News of the World conocido como caso Murdoch, en un texto que firma el vicepresidente de la Federación Nemesio Rodríguez, y ofrece otros ejemplos de mala praxis periodística en los que las alarmas también saltaron demasiado tarde. Fernando González Urbaneja modera el debate central de este número, con la participación de Milagros Pérez Oliva (defensora del lector de El País), Josep Rovirosa (defensor de lector de La Vanguardia), Niceto Blázquez (profesor de Ética y Deontología del Periodismo) y José Antonio Martín Pallín (ex magistrado del Tribunal Supremo). Dos secciones habituales, Oficio y Dos Generaciones, recogen respectivamente las enseñanzas de Rosa María Calaf y las coincidencias de José María Carrascal e Ignacio Escolar, tertulianos y columnistas, a quienes separan más de 40 años. El mundo contado por los anglosajones, reportaje de Cecilia Ballesteros, certifica cómo la desinversión de los medios de comunicación españoles en la información internacional refuerza una visión del mundo anglosajona y advierte de la pérdida de oportunidades para España. La FAPE vuelve a reclamar el fin de las cortapisas políticas al ejercicio periodístico ante la inminente celebración de comicios el 20 de noviembre y alerta del aumento del desempleo periodístico, tras nuevos cierres de medios de comunicación. La revista completa sus páginas con información sobre las actividades de las 48 asociaciones federadas y 14 vinculadas de la Federación, una recomendación de libros sobre periodismo y la selección de servicios a los que pueden acceder los profesionales con Carné FAPE. El texto ampliamente ilustrado relativo a mi intervención en la mesa redonda apareció el nº 26 (noviembre 2011) de la revista Periodistas.
Miguel Ángel, soy Niceto. Sólo quería saludarte y decirte que el asunto sobre García Morente se puede simplificar mucho teniendo en cuenta que existe el Día Mundial de la Filosofía, decretado por la UNESCO, y la Fundación que lleva el nombre de García Morente. Ese día se celebra cada año el tercer jueves del mes de noviembre y este podía ser un buen motivo para que la Fundación se interesara por esta celebración dedicada precisamente a nuestro ilustre filósofo. Pienso yo que sería muy sencillo presentar tu proyecto a la Fundación para que lo hiciera suyo y nos facilitara realizar el trabajo sin complicarnos la vida. Se trataría de celebrar un acto académico preparado por nosotros con el respaldo y ayuda material para llevarlo a cabo con publicidad. Como quiera que, según consta, el presidente de esta Fundación es el cardenal Rouco, cabe pensar que tu proyecto le caiga bien y él nos facilite las cosas. Ya me dirás qué te parece esta sugerencia. Respuesta de Miguel Ángel: “Respecto de la Fundación ya tenía yo noticia. Estuve un rato con el cardenal hace dos semanas, pero no hablamos de este tema ya que creo que hasta no tener algo más maduro respecto al contenido de la propuesta, es mejor no abrir el melón del cardenal. Sin duda pienso que es algo que les puede interesar y tengo la sensación, por lo que he visto en la web de la fundación, que no han hecho nada parecido respecto a la figura de Morente.
Lo del Día Mundial de la Filosofía me parece un buen motivo para la celebración del acto académico que nos proponemos llevar a cabo. Mañana tengo reunión con la Delegación de Cultura de la Diócesis de Madrid. Entre otros está José Miguel García al que le avancé el otro día la idea y me dijo que contábamos con su apoyo por lo que, de momento, como ves, lo que estoy haciendo es todo el trabajo de relaciones que nos permita tener el respaldo necesario en función de lo que necesitemos/nos interese. Ahora salgo pitando a una reunión a la que llego tarde, pero te escribo con más datos en cuanto pueda. Un abrazo y gracias. Miguel Ángel”. (martes, 13 de diciembre de 2011). Posteriormente Miguel Ángel me informó sobre el proceso del proyecto y Rogelio Rovira, que preparó la edición de las obras completas de Morente, se comprometió a redactar el esquema inicial del proyecto. Miguel Ángel, por su parte se comprometió a presentarlo en la Fundación y posterior difusión.
El efecto de choque inmediato para controlar la tormenta arrítmica surtió efecto, pero mi situación clínica era crítica. En cualquier caso, el Dr. Eduardo Castellanos planteó inmediatamente la cuestión de hacerme el estudio fisiológico fallido el año anterior mediante el catéter ablativo. Una vez realizado este estudio con éxito se procedería a la implantación de un DAI como medida de seguridad añadida. Mi situación era muy crítica y el equipo médico trató de resolver los problemas burocráticos y administrativos de la forma más rápida y eficaz posible. ¿Llegaremos a tiempo? Yo tenía serias dudas de de ello, pero afortunadamente me equivoqué. La intervención quirúrgica mediante catéter ablativo duró cuatro horas largas sin anestesia total de suerte que yo pude seguir todo el proceso de la operación. El realizar el catéter ablativo sin anestesia total facilitó la identificación de las células responsables de las arritmias sorprendiéndolas en acción para ser destruidas, cosa que no ocurriría si quedaban adormecidas por la anestesia. Lo que ocurre en estos casos es que la mayoría de los pacientes soportan mal la entrada en el quirófano o tienen miedo y se ponen muy nerviosos por lo que tienen que ser anestesiados totalmente. De hecho, el paseo del catéter por los entresijos del corazón es indoloro y produce molestias sorprendentemente de poca importancia. Pero cada paciente tiene su propia sensibilidad y su actitud ante situaciones iguales varía enormemente. En mi caso ese problema del miedo y del nerviosismo no existió y, en opinión del equipo médico, fue un factor muy importante que facilitó su exitoso trabajo. Este éxito quirúrgico significó un antes y un después.
Antes de la operación yo tenía la convicción de que los minutos de mi vida en este mundo eran ya muy escasos. Cuando el Dr. Almendral (llamado por el Dr. Eduardo Castellanos para que pilotara con él la operación por tratarse de un especialista de gran talla y estaba dispuesto a poner toda la carne en el asador conmigo) me informó de lo que iban a hacer y me habló del riesgo potencial que corría mi vida. Yo maticé con humor que tal vez quiso decir “riesgo actual” y no sólo potencial. Ellos se miraron sin disimular su admiración por la conciencia que yo tenía de mi situación crítica y asintieron conmigo en que, realmente, el riesgo era actual. A pesar de las absurdas e inevitables esperas burocráticas por culpa de la administración sanitaria, llegamos a tiempo al quirófano para realizar el catéter ablativo. Ahora yo comencé a verme de otra manera. Antes tenía la impresión de que estaba a punto de tomar el último sorbo del chocolate de la vida y dejar la taza. Después del catéter ablativo me parecía que alguien había añadido más chocolate en la taza y que todavía quedaban más sorbos disponibles del chocolate de la vida. Esta sensación aumentó con la implantación posterior del Desfibrilador Automático Implantable (DAI). Cuando escribo estas páginas me encuentro en franca recuperación y sensación de bienestar. Pero, como dice el refrán castellano, a la tercera va la vencida. ¿Cuándo va a tener lugar el tercero y último envite? Todos hemos sido engendrados a la vida con fecha de caducidad. Esa fecha la podemos adelantar llevando una vida malsana o irracional, y la podemos prolongar llevando una vida sana y razonable. Pero en cualquier caso el dictamen de caducidad surte siempre efecto y lo importante es que, como también dice el refrán, Dios nos coja confesados; o lo que es igual, preparados para devolver a Dios la vida que Él generosamente nos ha regalado. Por último, me resulta grato dejar aquí constancia de mis sentimientos de gratitud a todo el equipo médico y sanitario que me ayudó a seguir tomando algunos sorbos más del chocolate de la vida. Y lo hago con esta canción espontánea dedicada a una de las enfermeras que me trataron en nombre de todas ellas.
Al hablar de la crisis anterior traté de explicar en qué sentido no tuve miedo a la muerte que llamaba con insistencia a la puerta de mi vida. Quisiera aclarar más lo que dije en aquella ocasión diciendo que cuando mantenemos el dominio de la inteligencia y la aplicamos a conocer la dimensión del peligro, sus causas y eventuales consecuencias, se siente ciertamente la incomodidad y desagrado que produce la enfermedad, pero se pierde el miedo a la muerte. Esta observación es útil para todos, pero más aún para los que han perdido el sentido de la trascendencia y llegan al final de sus días sin la esperanza en una dimensión nueva y feliz de la vida más allá de la muerte. El dolor intenso y persistente no favorece el uso correcto de la razón en estas circunstancias y de ahí la conveniencia de hacer todo lo posible para que la intensidad del dolor no se dispare. Pero igualmente hay que decir que la renuncia a profundizar en el sentido de la vida y la muerte, tratando de escudriñar sus misterios, es un error grande que se comete cuando el enfermo es entontecido con drogas para que, como suele decirse, no sienta ni padezca en los momentos más críticos de la existencia. Después de estas graves crisis tuve otras más con muy poco tiempo de intervalo entre unas y otras, pero he decidido no hablar más de ellas. Lo único que para mí fue importante de todas ellas es que sentí el consuelo de Dios en todo momento. Cuando llegaban esos momentos en que cabía pensar con sólido fundamento que había llegado mi hora de salir de este mundo para ir al Padre, mi actitud interior fue la de dar gracias a Dios por la vida y cuanto con ella he recibido de grande y hermoso como mi familia, la Orden Dominicana y el capital acumulado de amigos y amigas. Al final sólo me salían espontáneamente palabras o expresiones como estas u otras parecidas: “Señor, gracias por todo, disculpa mis debilidades humanas. O simplemente: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Te quiero. Durante uno de los ingresos en el hospital tuve también la satisfacción de disfrutar de los servicios religiosos cristianos ofrecidos por la capellanía del centro sanitario a quienes, como yo, los reclaman con cariño e ilusión. La recepción de la unción de los enfermos, del sacramento de la penitencia y de la eucaristía, cuando todo esto es ofrecido sin exceso de ritualismo y con profundo sentido teológico, resulta realmente saludable y reconfortante. Durante la semana que permanecí hospitalizado a finales de mayo del 2012 disfruté mucho reconstruyendo con la lectura del Nuevo Testamento la personalidad de Cristo y meditando sobre su mensaje salvador. Igualmente tuve un momento de inspiración y compuse un Coral a la Virgen María.
Pero me esperaba otra prueba importante. A finales de junio del 2012 la crisis volvió a repetirse y todo estaba listo para someterme a otro catéter ablativo y, en caso de que fallara una vez más, a una intervención quirúrgica clásica abriendo una ventana para tener acceso al corazón desde el pericardio. No consiguieron tampoco en esta ocasión destruir las células responsables de las arritmias, pero sí lograron información importante para ajustar mejor la medicación farmacológica adecuada. Contra todos los pronósticos regresé a casa donde siguió la convalecencia de forma normal y sin episodios alarmantes. ¿Cuánto tiempo va a durar esta situación? Mis pensamientos en este momento son los siguientes. He reflexionado mucho acerca de la imagen de Dios reflejada en la primera carta de S. Juan en la que el evangelista describe a Dios como Luz en medio de las oscuridades de la vida y AMOR misericordioso y esperanzado. Una de las conclusiones a la que llega es que el amor a Dios es incompatible con el miedo. Fue una felicidad para mí meditar sobre esta conclusión a la que yo había llegado ya desde mi propia experiencia. En efecto, en la medida en que amamos a una persona la perdemos el miedo. Por el contrario, tenemos miedo a las personas a las que hemos hecho algún mal o simplemente no las hemos hecho ningún bien. Cuando ese amor está centrado en Dios como fuente del ser, de la vida y de la misericordia, el miedo no tiene psicológicamente cabida. El miedo y el amor se repelen como el agua y el fuego. Una condición importante para que esto suceda felizmente es que nuestro amor a Dios y a las personas sea personal y no sexual o de enamoramiento. En diversas ocasiones he explicado el sentido en que ha de tomarse esta afirmación por lo que no creo necesario insistir aquí sobre ello. Sin embargo, sí me parece oportuno hacer referencia a un sueño que tuve una de las noches inmediatas a la gran intervención quirúrgica cuando mi situación era más crítica que nunca.
Esto es lo que he podido reconstruir de aquel sueño. Imaginemos una sábana inmensa de 500 metros cuadrados de extensión extendida de forma inclinada casi vertical por la cual yo me deslizaba superando obstáculos y sin saber cómo sería el término del descenso. Los tres factores que quiero resaltar durante la vivencia onírica de este episodio son los siguientes.
1) Yo era plenamente consciente de lo que estaba ocurriendo y esperaba un desenlace final feliz. 2) Así las cosas, tuve la plena convicción de que yo había muerto y me encontraba ya en el ámbito de la trascendencia fuera de los condicionamientos del tiempo, del espacio y de la ley de la gravedad.
3) En ningún momento tuve sensación de miedo ni de dolor. Todo lo que ocurría era comparable a lo que ocurre en un simulador aéreo donde el profesor provoca accidentes y situaciones conflictivas durante el vuelo simulado, para conocer las reacciones de los candidatos a pilotos de avión sin que nadie se asuste ni sienta dolor por los percances sufridos durante la prueba.
4) Durante esta prueba, que podíamos llamar “prueba simulada de la muerte”, (como los viajes realizados desde un simulador aéreo), llegué a la convicción de que la hora de mi muerte había llegado dejando atrás los avatares de este mundo y se sumaba el pensamiento relacionado con Dios como fuente del Amor y de la misericordia. Por fin desperté e hice un esfuerzo para fijar en mi memoria los datos que termino de describir antes de que se borraran por completo. Después de este episodio onírico me sentí muy reconfortado al afianzarse mí la vieja convicción de que amando a Dios por encima de todo como Él nos amó, y haciendo el bien que podamos a toda persona humana, el miedo no tiene lugar, ni siquiera frente a la muerte. Por ello pienso que el mejor remedio contra el miedo es el amor.
19. Preparando el gran viaje
María, mi queridísima y maravillosa hermana mía. Hoy te quiero contar una cosa muy personal porque sé que te va a causar satisfacción. Hace algunos días hablábamos por teléfono sobre la conveniencia de tener siempre preparada la bolsa espiritual de viaje para dejar este mundo con dignidad y ser recibidos amorosamente en la vida eterna por nuestro Padre celestial fuera del tiempo y del espacio. Como tú bien sabes, yo he tenido esto siempre muy claro y, en consecuencia, habida cuenta de mi edad avanzada y el conocido estado precario de mi salud, invité al Prior y Sub-prior del convento de S. Pedo Mártir (PP. José Montero y Fernando Mañero) a que vinieran a mi habitación para informarles puntualmente de mi situación. Primero les informé de la pequeña cantidad de dinero de bolsillo que hay en un sobre para uso privado y la forma de cobrar los 1.200 euros que hay todavía en mi cuenta corriente de la Universidad. Luego les indiqué la bolsa en la que está todo lo necesario para el caso de que tengan que llevarme otra vez urgentemente al hospital. Seguidamente le pedí al P. Fernando Mañero que me oyera en confesión, me hiciera las preguntas que considerara oportunas, me absolviera y me trajera la unción de los enfermos. Todo esto tuvo lugar en mi habitación con la más absoluta discreción. Después de un breve pero cálido y sustantivo diálogo nos despedimos con un abrazo fraterno. Con sentido del humor, pero muy en serio, le dije que si cuando yo muera quieren decir algo de mí, digan que Niceto Blázquez vivió lo mejor que supo y pudo y murió como cristiano feliz y dominico agradecido a la Orden de Predicadores.
La respuesta a esta información por parte de mi querida hermana fue la siguiente: “Mi querido hermano: Ya sabes que esto es lo que a mí más me gusta de cualquier persona cristiana y que se precie de serlo; pero si esto es además de un queridísimo hermano, como lo eres tú, pues no sólo es que me gusta, sino que me encanta. Es así de sencillo, sí, pero no se improvisa; de ninguna manera se improvisa es o que es uno de los problemas mayores, -yo creo que el mayor que se plantea el ser humano en su vida, como es el tema de la muerte, y que, además, no se resuelve nunca con los avances del progreso ni de la ciencia, ni nada que se le parezca. La verdad es que tenemos que dar muchas gracias a Dios por tener asumida esa realidad de trascendencia con tanta normalidad. Y mientras Dios nos quiera en este maravilloso mundo, -que no quita lo uno para lo otro- pues a disfrutar de las maravillas que hay en él, y esta es una, la del correo electrónico, del que estamos haciendo uso en este instante, ¿verdad? Un abrazo muy fuerte de Hermana más pequeña. María”. Las anteriores palabras de despedida fueron escritas el 9 de mayo del 2012. No imaginaba yo entonces que podría seguir escribiendo más ya que se produjo la gran crisis que yo preveía, pero el día 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen María, del mismo año, había salido de ella después de un largo internamiento hospitalario y la superación de una importante intervención quirúrgica. De momento la recuperación es muy lenta, pero sin regresiones. Tanto el equipo médico que me trata como yo mismo no salimos del asombro. ¿Cuánto tiempo durará esta situación? En cualquier caso, yo estoy preparado para emprender el gran viaje que todos hemos de hacer saliendo del tiempo y del espacio para adentrarnos en la feliz y eterna vida que Dios nos ha prometido en la persona de su rostro visible Jesucristo. NICETO BLÁZQUEZ, O.P.
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