viernes, 18 de marzo de 2022

IDEOLOGÍA DE GÉNERO

 

IDEOLOGÍA DE GÉNERO


Y USO PERVERSO DE LA INTELIGENCIA


 NICETO BLÁZQUEZ, O.P.

                 ABSTRACT: El autor comienza con una breve introducción histórica a la ideología de género y el contrato contrasexual para llamar la atención del lector sobre los aspectos más novedosos y preocupantes de dicha ideología en el contexto histórico de otras conocidas y no olvidadas en la historia del pensamiento filosófico occidental. Pone en alerta después sobre todo en relación con la pretensión de desvincular el uso de la razón de la naturaleza biológica del ser humano, lo que lleva consigo el uso endiablado de la razón, en su lucha ideológica, política, educativa y jurídica para pervertir las coordenadas naturales más obvias de la dinámica sexual entre hombre y mujer, del amor humano personal y la convivencia social. El autor destaca también la pronta reacción de la Iglesia en esta materia, habida cuenta del interés de los ideólogos e ideólogas de este movimiento en imponer sus irracionales ideas en futuros proyectos educativos para las nuevas generaciones, sin excluir amenazas solapadas contra los eventuales opositores a la politización y judicialización de dicha ideología de género.

                 1. Estado de la cuestión

 

                 A la altura del año 2022, nos encontramos con novedades importantes respecto de las diversas formas de entender y practicar el amor humano en el pasado. Me refiero a la denominada “ideología de género” y el “manifiesto contrasexual”. Y todo ello cuando la pandemia del Covid/19 o coronavirus, infectó a la entera humanidad.

                 ¿Será paradójicamente el Covid/19 una vacuna eficaz contra las corrupciones del amor sexual tradicional, platónico, romántico o reducido a solo enamoramiento? O, por el contrario. ¿No habrá sucedido esta desgracia contagiosa y mortífera del coronavirus para poner de manifiesto la necesidad que todos tenemos de amarnos como personas y no como simples animales domesticados? Ante estos interrogantes provocativos acerca del Covid1/19, pienso que urge más que nunca en el pasado, insistir sobre la necesidad del amor personal, que es el que practicó Cristo y nos legó como testamento vital a toda la humanidad[1]

                 Pero detrás de la pandemia del Covid/19 late la amenaza política y jurídica de acabar con el sexo y las relaciones humanas inspiradas en los sentimientos genuinos que brotan de nuestra naturaleza humana racional. Ante esta situación, cabría pensar que nuestra propuesta de amor personal no tiene futuro, si llegan a imponerse política y jurídicamente la ideología de género en gestación avanzada y el manifiesto contrasexual, anunciado como su apéndice cultural y político.

                 La aristocracia de la ideología de género y del manifiesto contrasexual pretende heredar el legado de Simone de Beauvoir, pero en realidad lo que hacen es enturbiar el pensamiento de esta influyente mujer. “El segundo sexo”, o sea, la mujer, es un ensayo filosófico existencialista en la línea del pensamiento ilustrado, del que toma sus aspectos positivos de emancipación de la mujer, sobre todo en lo que se refiere a la concepción igualitaria de los seres humanos, pero dando por supuesto que la diferencia de sexos no altera su radical igualdad de condición humana.  O lo que es igual, que la igualdad esencial entre hombre y mujer no implica la negación de la diferencia natural y biológica de los sexos masculino y femenino, aunque parezca insinuarlo en su famosa sentencia: “On ne naît pas femme, on le devient”.

                 La propia Simone de Beauvoir terminó enamorándose de Nelson Algren como cualquier mujer romántica de su tiempo, y a nadie se le ocurrirá pensar ahora que sus amoríos posteriores con el filósofo Paul Sartre estaban fundados en la negación de lo obvio, como es la diferencia sexual entre ambos. Iguales como personas, sí, pero desiguales y diferentes por su formato biológico sexual correspondiente.

                 José Antonio Marina publicó una obra de 400 páginas que comienza con una antología de cartas de amor y termina convirtiéndose en una auténtica antología de los distintos tipos de amores históricamente más conocidos desde tiempos antiguos hasta nuestros días.

              Primero diseña algo así como un mapa del amor, dibujado con la ayuda de textos epistolares de todos los tiempos. Se trata de historias humanas de amor de personas célebres concretas y bien conocidas desde los albores de la historia, pasando por Grecia, Roma, la Edad Media y los amores más románticos del siglo XX.

              La segunda parte es un muestrario selecto de biografías amorosas rematado con un epílogo con conclusiones extraídas de la lectura y análisis de las cartas[2].

              Esta obra viene a confirmar sin pretenderlo lo que yo he dicho y repetido en todos mis escritos sobre el tema, tanto en prosa como en verso, acerca de la necesidad urgente de superar el reduccionismo tradicional del amor humano al intercambio irresponsable de favores sexuales y al estado de enamoramiento. En todo ese largo historial amoroso nos encontramos siempre dentro del cerco del sexo y del enamoramiento. La cuestión que ahora está en el candelero es cómo podríamos irnos liberando de ese acoso tirano del sexo crudo y del enamoramiento irracional.

              Pues bien, la ideología de género, con su epílogo práctico contrasexual significa hoy día una amenaza mortal para cualquier intento de mejorar la calidad del amor humano. Por ello me parece oportuno indicar aquí, aunque sólo sea brevemente, cómo se va imponiendo esa forma de pensar y vivir contra-naturam como réplica diabólica al amor personal, que parece ser la alternativa más razonable a los extremos tradicionales y ahora ultramodernos en esta materia.

 

              2. Hacia el endiosamiento y perversión de la razón

               A lo largo de la historia del pensamiento occidental el uso de la razón ha tenido muchos altibajos hasta nuestros días, en que es manejada por muchos como una espada de doble filo para cortar su relación con la naturaleza y pegarla a la irracionalidad más perversa jamás conocida, cual es la ideología de género. No puedo detenerme aquí analizando de forma pormenorizada este fenómeno, pero no me resisto a recordar algunos episodios históricos del pensamiento occidental más significativos sobre esta cuestión a modo de aperitivo o introducción histórica a la ideología de género rampante en nuestros días.

            De la razón académica tradicional cabe decir coloquialmente que tiene siete vidas como los gatos. Unos la desprestigiaron y otros la ensalzaron, pero nunca murió. En el siglo XIV europeo, por ejemplo, fue humillada hasta el polvo por el voluntarismo. En el siglo XVI se recuperó obligada por la escisión protestante y el descubrimiento de América. Pero durante el segundo renacimiento el uso de la razón académica se puso al servicio incondicional del arte y del poder político. Los protagonistas renacentistas fueron antes que nada artistas, científicos sentimentales, políticos maquiavélicos e idealistas. En el orden filosófico se recuperó la confianza en la razón mediante la vuelta apasionada a la cultura griega.

              Pero una vez marginada la visión antropológica teocéntrica medieval, los pensadores concentraron su atención en la naturaleza y en el hombre, al que consideraron como la medida de todas las cosas. Con la vuelta a la antigüedad se recuperó ciertamente la razón, pero al servicio siempre de la imaginación artística y del poder político sin excluir una dosis notable de perversión. Se institucionalizó el maquiavelismo al mismo tiempo que el amor a la vida y a la belleza estética. Es la fascinación más increíble por el arte y la ciencia sin perder todavía la perspectiva cristiana de la vida, pero mucho menos comprometida que durante el renacimiento carolingio, que fue de inspiración totalmente cristiana. El segundo renacimiento mantiene esta fuente de inspiración, pero fascinado por la razón científica y el progreso moderno en perspectiva. El clásico conflicto entre fe y razón filosófica comienza a perfilarse como conflicto entre fe y razón científica. Al segundo renacimiento siguió luego el endiosamiento de la razón absoluta con otro nuevo fracaso ante la razón científica emergente.

            El uso de la razón filosófica renacentista, además, se secularizó totalmente. Esto significa que trató de desentenderse de la razón teológica tradicional optando por el empirismo y el estudio de las matemáticas aplicadas al conocimiento apasionado de la naturaleza. Se empieza a hablar así de derechos naturales, religión natural y moral natural. La religión natural se refería a lo que el hombre siente de Dios prescindiendo de la revelación, los dogmas religiosos y de las tradiciones. Y se hace hincapié en los derechos del hombre por su sola condición de hombre, sin contar con los elementos supra-naturales provenientes de la razón teológica tradicional. Esta esperanza puesta en la razón no carecía de fundamento si tenemos en cuenta que por aquellas fechas renacentistas comenzaron a aparecer instrumentos de trabajo científico como el microscopio y el telescopio, y con el descubrimiento de América se abrió un horizonte fascinante para toda clase de ciencias estrechamente relacionadas con las matemáticas. Por si esto fuera poco, los acontecimientos empezaron a ser ampliamente divulgados, gracias a la invención de la imprenta.

            Pero al mismo tiempo asistimos a una crisis profunda de la razón teológica, la cual deriva hacia actitudes místicas, en las que lo más importante no es saber sino sentir y actuar. Con el resurgimiento vigoroso de la cultura helénica, la naturaleza y el hombre al natural con el nuevo enfoque de la razón acapararon todo el interés, incubándose así el pretencioso empirismo científico moderno y el abuso más descarado de la razón o racionalismo. Por otra parte, con la revolución protestante, el foso abierto entre la actividad científica y la vida cristiana se hizo más profundo. Según Lutero, todo lo que sale del hombre está viciado. La filosofía es una ambición de divinizarse y la razón algo sórdido, impío y sacrílego. En este orden de cosas la actitud filosófica renacentista y la forma luterana coinciden sólo en lo negativo.

            Los teólogos protestantes no conocieron la complementariedad y armonía entre fe y razón descubierta por Alberto Magno y Tomás de Aquino. Conocieron sólo lo más negativo de la teología del siglo XIV. El protestantismo se quedó así en el texto bíblico caprichosamente interpretado. Paradójicamente, el segundo renacimiento se quedó sólo con la cultura griega y romana al margen de la Biblia, aunque sin llegar a la rebelión religiosa. El renacimiento cultural glorificó a la razón humana y al hombre de una forma intramundana y naturalista. El protestantismo, en cambio, como movimiento espiritual revolucionario, despreció la reflexión filosófica destacando sin pudor la presunta pecaminosidad constitutiva del hombre.

              En el ámbito del poder civil empezaron a crecer los sentimientos nacionalistas europeos, con lo cual se potenciaron las posturas naturalistas y secularizadoras. Es la hora de los artistas, de los científicos debutantes y de los políticos insaciables de poder. Si el uso de la razón sirve para algo, es para servir pragmáticamente a esos ideales relegando a un segundo plano la verdad como objeto propio e inmediato de la inteligencia. 

            Otro impedimento muy serio para el uso correcto de la razón fue el teosofismo iluminista protestante, equivalente a una exaltación religiosa sentimental. Según el iluminismo protestante de aquel tiempo, a Dios se llega únicamente por senderos extra-racionales. El hombre no debe esperar nada de la razón o de la naturaleza, sino del misterio y del milagro. Según Sebastián Franck, por ejemplo, la religión es algo infalible en la medida en que ni requiere una profesión de fe, ni se apoya en instituciones históricas o sociales como la Iglesia. Lo esencial es la conversión interior de la persona al margen del uso de la razón y de la mediación de instituciones religiosas. Lo importante es vivir y sentir convirtiéndose cada uno en sacerdote de sí mismo. Lutero fue acusado de traicionar a la revolución protestante con la aceptación de los pastores protestantes, y Valentín Weigel, por su parte, insistía en que cada cual va a Dios por sí solo sin ayuda de nada ni de nadie. Sólo dos cosas bastan: la salvación interna y el rechazo del egoísmo.

            Constatamos, por una parte, cómo los nuevos renacentistas sintieron la necesidad de volver al uso de la razón rehabilitando a Platón y Aristóteles. Pero una vez más se decantó su presunta inutilidad. La ruptura protestante es una demostración más de lo mal que se usó la razón en aquellos tiempos fascinantes, turbulentos y apasionados. Todo parece indicar que el mal uso que de ella hicieron unos, y el rechazo visceral profesado por otros, contribuyó eficazmente a hacer imposible el logro de una vida más humana y feliz. Se olvidaron de que el ser humano no es sólo razón ni sólo voluntad, sentimiento o pasión. Cuesta mucho aceptar que los abusos de la razón legitimen los abusos de los sentimientos en bruto, aunque estos vengan envueltos en el papel plateado de la mística y la religiosidad morbosa.

              Por otra parte, el uso de la razón en clave reflexiva derivó hacia la razón científica lanzada por nuevos derroteros. Uno de los hechos más importantes renacentistas fue el nacimiento de un nuevo concepto de ciencia a partir del uso del telescopio. Hasta entonces casi toda la atención estuvo centrada en los aspectos cualitativos del ser en un plano especulativo. A partir de ahora empieza a predominar entre los intelectuales la dimensión cuantitativa y mecánica del hombre y del cosmos. Es el mundo de la denominada física moderna.

            Otro matiz interesante del nuevo derrotero del uso de la razón se refiere a los estudios destinados a la orientación profesional y la especialización científica. Merece la pena recordar a este respecto el famoso título de la obra de Juan Huarte (1529-1588), que reza así: “Examen de los ingenios para las ciencias. Donde se demuestra la diferencia de habilidades que hay en los hombres y el género de letras que a cada uno corresponde en particular”.

               Como el propio autor advierte en el prólogo, su intención es “distinguir y conocer estas diferencias naturales del ingenio humano y aplicar con arte a cada uno la ciencia en que más ha de aprovechar… para la buena administración de la República y gloria de Dios”. Reconoce la necesidad de la especialización profesional ya que existen dotes individuales indiscutibles. De ahí que cada ciencia sólo pueda ser poseída de forma satisfactoria y eminente por cierto tipo de ingenios. Este célebre galeno, formado en Alcalá y que ejerció la profesión en Baeza, tenía muy claro el aforismo popular salmantino de que hay dotaciones personales con las que cada uno de nosotros nacemos y es inútil perder el tiempo buscándolas en las aulas de Salamanca sin no hemos nacido con ellas. Quod natura non dat, Salmantica non praestat.

            Por lo demás, la observación y la experimentación son absolutamente necesarias para el progreso de las ciencias físicas. “El filósofo natural –decía- que piensa que una proposición es verdadera porque la dijo Aristóteles, sin buscar otra razón, no tiene ingenio, porque la verdad no está en la boca del que afirma, sino en la cosa de que se trata, la cual está dando voces y grita enseñando al hombre el ser que la naturaleza le dio y el fin para el que fue ordenada”. La fuerza de la razón filosófica, pues, estriba en la evidencia objetiva de la que se nutre la inteligencia y no en la autoridad personal de nadie.

              Otro hombre digno de memoria histórica fue el médico español Miguel Servet, víctima de la irracionalidad religiosa de su época. Médico y teólogo, resulta difícil qué admirar más en su vida, si la valentía místico-cristiana o la fabulosa erudición de un fugado del manicomio. Calvino, su enemigo mortal, le condenó a morir en la hoguera con el aplauso de sus secuaces protestantes, y Melanchton no dudó en calificar este crimen como un “piadoso y memorable ejemplo para la posteridad”. ¡Sin comentarios!

            Pero no olvidemos a otra víctima de la irracionalidad del corte y talante de Giordano Bruno, representante del panteísmo trágico renacentista. “Cuando se ha abrochado mal el primer botón de una sotana ya no se puede abrochar bien los demás”. La frase es del mismo Bruno y a partir de ella podría explicarse de alguna manera el significado de este enigmático personaje. Cabe pensar que el ingreso a los 15 años en la Orden Dominicana fuera su primer botón mal abrochado. Su forma de vivir en el convento fue siempre chocante y conflictiva y es de suponer que algún plomo de la psique del joven Giordano se había fundido para siempre.

              A pesar de todo, fue ordenado sacerdote –otro botón mal abrochado-, pero muy pronto abandonó la Orden dominicana y comenzó a llevar una vida errante entre éxitos clamorosos y persecuciones por parte de la Inquisición. Cuando abandonó el célebre convento romano de la Minerva (prisión angosta y negra del convento), tenía 28 años de edad. Por el norte de Italia se ganaba la vida como profesor de gramática y cosmografía para adolescentes. Después de viajar por Europa terminó en la cárcel de la Inquisición donde permaneció durante siete años. De allí salió sólo para ser devorado por las llamas de la Inquisición en el Campo de Fiori el 17 de febrero de 1600. Su muerte y la brillantez apasionada de sus escritos le granjearon la fama después de muerto. Los librepensadores le erigieron una estatua en el lugar del suplicio en 1889. En el discurso inaugural del monumento se le llamó libertador de las cadenas medievales y fue considerado mártir de la nueva ciencia y religión en la que ya no hay profetas sino filósofos. El 7 de enero de 1865 la “Italia libre” le erigió otra estatua en Nápoles. Durante la ceremonia de inauguración un grupo de estudiantes quemó la encíclica de Pío IX del 8 de diciembre de 1864.

            No cabe duda de que Giordano fue un desequilibrado. En todos los aspectos de su vida desconoció el sentido de la prudencia. Ciertamente no fue un ejemplo en el correcto uso de la razón. Vistas las cosas con objetividad, no es exagerado suponer que la mayoría de los botones de su sotana estuvieron todos en algún momento mal abrochados. Por si esto era poco, la muerte de este tipo de personas era aceptada por un sector abrumador de la sociedad. La Inquisición católica ordenó quemar a Giordano Bruno y la calvinista mandó a la hoguera a Miguel Servet. En ambos casos por fanatismo religioso. Pero tampoco nos llamemos a engaño. Este tipo de criminalidad legalmente instituida no ha cambiado sustancialmente en el siglo XXI, con la honrosa excepción de la Iglesia católica oficial.

              En aquella época seguían condenando a muerte a los considerados herejes, de acuerdo con las diversas creencias religiosas (católicos, ortodoxos, protestantes, judíos, islámicos etc.). Actualmente se sigue condenando a muerte a disidentes políticos, delincuentes comunes por motivos raciales, a niños en el seno de sus madres mediante prácticas abortivas, ancianos y enfermos seleccionados con la eutanasia. O mandando al crematorio y centros de investigación los embriones humanos obtenidos científicamente en el laboratorio mediante técnicas avanzadas de reproducción artificial. Por las calendas renacentistas se usaba mal la razón y ello dio lugar a las atrocidades humanas referidas. Ahora no es sólo que se use mal la razón. La razón es usada, pero de manera perversa en máximo grado, como lo hacen los ideólogos/as de la ideología de género.

            Si en nombre de la razón se pudo ejecutar a Miguel Servet y a Giordano Bruno, actualmente habría que reservar muchas hectáreas de terreno sólo para sepultar a los nuevos profesionales de la muerte en nombre de la justicia común, de los fanatismos políticos y religiosos y del progreso científico. Bruno, como tantos otros, proclamó el amor al mundo y a sus encantos. En esto tenía buena parte de razón. Pero no supo o no pudo llevar esta postura hasta sus últimas consecuencias de una forma razonable y humana. Lo cual no significa que sus enemigos y verdugos fueran más razonables y civilizados. Al contrario, fueron tal vez más brutos aún e incivilizados.

              Al fin de cuentas, equivocado o no, Bruno declaró la batalla con la palabra hiriente y razonamientos más o menos acertados o simplemente falsos. Pero no pidió nunca que se sepa la vida de nadie. Sus enemigos, por el contrario, pidieron la sangre de Bruno para saciar su sed absurda de justicia. Por ambas partes se prestó un mal servicio a la razón, pero si hubiera que optar necesariamente por Giordano o por sus perseguidores, yo optaría por Bruno. Ciertamente que éste usó mal la razón, pero sus perseguidores pisotearon los sentimientos de humanidad burlándose arrogantemente de la inteligencia en nombre de la justicia penal. Lo cual no significa descalificar a todos los grandes pensadores, artistas y científicos renacentistas, que también los hubo. 

               Vistas las cosas desde la perspectiva del tiempo, se comprende que el uso de la razón científica fuera adquiriendo un protagonismo imparable hasta convertirse en el pedestal sobre el cual se iba a adorar después a la diosa razón sin más. 

              3. Otras formas clásicas de irracionalidad             

              De forma muy breve voy a enumerar sólo algunas de ellas significativas como aperitivo histórico de la ideología de género rampante en el siglo XXI. 

               1) La razón al poder y su perversión maquiavélica           

              Hemos visto cómo el uso de la razón derivó con paso seguro hacia la razón científica en el sentido más moderno de la expresión. Pero no podemos olvidar su otra vertiente hacia el poder. Para Francis Bacon (1561-1626), por ejemplo, saber es poder. Inglés de origen y renacentista por cultura, intentó construir un sistema orgánico de pensamiento moderno, llevando la reflexión filosófica al campo del conocimiento, basado principalmente en la experiencia directa de las cosas y de la vida. Bacon es el filósofo por antonomasia del método empírico, convencido de que, para bien o para mal, saber es poder y, por lo tanto, nuestros conocimientos y saberes han de regirse por la utilidad de los mismos. Saber es poder significaba para Francis Bacon que, en adelante, el saber ya no está marcado por la búsqueda de la verdad y la contemplación de los valores, sino por su utilidad técnica. Según él, este saber tecnológico debería ser la base de la moderna civilización, en la cual las cuestiones metafísicas tradicionales deberían ser condenadas al olvido. El saber pragmático significa que la razón se usa para poder y no para buscar la verdad, hablar de ella o enseñarla a los demás. Es la proclamación del pragmatismo puro y duro.

            Según Francis Bacon, como es sabido, con la aplicación del método inductivo-experimental habría que hacer desaparecer los cuatro ídolos o prejuicios siguientes.

              1) Las ideas que retenemos en la memoria sólo por ser patrimonio escolar y se aceptan por pura tradición sin tener en cuenta los hechos. Son aquellas enseñanzas que definen o distinguen a una escuela de otra.

              2) El hombre, además, es proclive a repetir las cosas que oye sin reflexionar sobre ellas ni desentrañar personalmente su significado.

              3) Existen también los ídolos o prejuicios de la caverna. Son aquellas ideas propias o favoritas en las que nos encerramos queriendo ver todas las cosas a través de ellas sin pensar antes si son válidas o no.

              4) Los ídolos de la tribu o prejuicios humanos mediante los cuales subjetivamos lo objetivo antropomorfoseando las cosas. Aquí se censura el culto a la autoridad de Aristóteles, al que Bacon consideró como un déspota del pensamiento, y a la antigüedad clásica como la infancia de la humanidad. Pero no basta soslayar esta idolatría de ideas preconcebidas y de los prejuicios. Para que la inducción sea veraz es preciso además que sea completa. Sólo así es posible conocer la causa real de los fenómenos. Sin esta experimentación de base, los razonamientos filosóficos todos serían tan inútiles como perjudiciales.

              Francis Bacon sacrificó el uso de la razón filosófica y teológica al logro del poder sobre la naturaleza y el poder político en el horizonte. Cualquier cosa menos usar la razón para buscar la verdad última de las cosas y la sabiduría de la vida más allá de las contingencias de este mundo. 

            El paso del saber al uso de la razón como instrumento al servicio del poder político lo dio Nicolás Maquiavelo (1469-1527). Secretario de la segunda Cancillería florentina, nostálgico de la antigua grandeza romana y consciente de la debilidad de las pequeñas repúblicas italianas, se convirtió en un patriota fanático, oportunista y amoral. Su obra emblemática es El Príncipe, que dedicó a Lorenzo de Médicis, al cual exhorta a liberar a Italia del yugo extranjero con vistas a crear un Estado nacional. El principio basilar del pensamiento político de Maquiavelo es que en la acción política no hay que tener en cuenta lo que las cosas deben ser sino la eficacia y efectividad para conseguir y conservar el poder. Esto es lo que él llama realismo político o ciencia política. Cualquier cosa menos las utopías platónicas o sentimentales. “Me ha parecido conveniente -escribe- buscar la efectiva verdad de las cosas y no la imaginación de las mismas. Muchos han imaginado principados o repúblicas que no se han visto jamás ni se ha conocido ser verdaderas, porque hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debiera vivir que aquel que deja lo que se hace por lo que se debiera hacer, antes procura su ruina que su conservación. El hombre que quiere hacer en todo de bueno, ha de arruinarse entre tantos que no lo son”. La vida humana y el acontecer histórico están condicionados por la suerte y la fortuna personal. Por ello, el hombre de Estado tiene que aprender a manejar sin escrúpulos la fuerza de los acontecimientos a favor del poder.

            Recordemos los principios basilares maquiavélicos de la acción política:

               1) El estadista debe partir del hecho de que los hombres son malos. A esta triste conclusión debió llegar Maquiavelo después de haber sido testigo de muchas injusticias e hipocresías en la Cancillería de Florencia.

               2) Para mantenerse en el poder hay que aprender el arte de no ser bueno y aprovechar las oportunidades.

              3) El estadista ha de ser más temido que amado usando, si es preciso, de la crueldad. Y, si llega el caso, quebrantando los tratados y convenios.

              4) Pero debe también saber ser hipócrita aparentando ser piadoso y sincero. Sin olvidar, claro está, que tanto la piedad como la sinceridad pueden resultar perjudiciales.    5) Lo ideal sería que el hombre de Estado tenga tantas caras como exijan las circunstancias y ser malo, cruel o bestia cuantas veces lo considere oportuno. El estadista debe ser marrullero como la zorra y sanguinario como el león.

               6) Jamás debe dar medias soluciones, vacilar entre el bien y el mal, el derecho o la fuerza. Por lo mismo, el catolicismo, que propugna la mansedumbre y la humildad es para la política anti práctico e inútil.

              7) Para subsistir socialmente y vencer, a una fuerza dada hay que presentar otra igual o mayor. En esto el maquiavelismo político es una aplicación práctica de la dimensión cuantitativo-mecanicista de la nueva física renacentista en el ámbito de las relaciones humanas.

              8) El hombre y el Estado, según Maquiavelo, son un mero mecanismo de fuerzas cuyos elementos en juego son las pasiones humanas.

               9) Maquiavelo es un mitólogo del Estado absolutista. Al Estado hay que supeditar todos los valores, la familia, la religión y la moral. Maquiavelo puso las bases de la escisión entre política y moral. Lo cual significa que al Estado y al pueblo se los ha de tratar de modo distinto que a las personas en particular.

            Maquiavelo fue sin duda un hombre amargado que puso al vivo la dialéctica de las pasiones humanas en el campo de la política. En la vida real las personas honradas o débiles suelen ser maltratadas por los desaprensivos y moralmente degenerados. Se tiene la impresión a veces de que medio mundo está para engañar al otro medio. Como si la sociedad no fuera otra cosa que una horda de pillos y granujas, con lo cual ha de contar el Príncipe para agarrar al toro por los cuernos.

              El modo descarado y lapidario de hablar en El Príncipe suscitó reacciones desde la admiración hasta el desprecio más explícito. La verdad es que leyendo atentamente esta obra podemos percatarnos cómo debían estar las cosas de la política en la Italia de su tiempo. Cabe pensar que El Príncipe es más que otra cosa un análisis descriptivo y confidencial de la corrupción política reinante y que él conoció en directo desde dentro. Bodino no dudó en tomar en serio el maquiavelismo llegando a decir que el poder estatal debe ser supremo y absoluto y sólo responsable ante Dios y la Ley natural. En este absolutismo temporal se han inspirado después todas las modernas dictaduras. Si analizamos la conducta de muchos políticos modernos considerados como democráticos, resulta sorprendente el maquiavelismo solapado que inspira muchas veces sus formas de comportamiento. Diríase que, así como cuando los perros domésticos prueban la sangre se vuelven violentos, muchos políticos, cuando prueban el poder, se vuelven maquiavélicos. Se puede decir sin exagerar que el maquiavelismo ha sido el catecismo universal de todos los dictadores modernos y que, junto con el marxismo, constituye un ejemplo emblemático del uso perverso de la razón.             

              2) El uso de la razón y las utopías sociales         

               Junto a la razón política maquiavélica surgió también la razón política comunista. Tomás Moro (1480-1535), por ejemplo, fue un ilustre Lord de la Cancillería británica y víctima, como es sabido, de la brutalidad e irracionalidad de Enrique VIII. Su Utopía es una novela política en la que expone una nueva conciencia comunista de inspiración platónica como alternativa a la sociedad inglesa de su tiempo. En su forma de razonar condenó la acumulación de bienes en manos de una minoría mientras otros se ven condenados a vivir en la indigencia abatidos por el trabajo. Según él, los reyes europeos deberían distribuir más justamente las riquezas en lugar de malgastarlas en guerras y conquistas. Sólo así se lograría que la ciudadanía se encontrara satisfecha evitándose las guerras y cuanto de brutal se sigue de ellas. A no ser que se trate de defender las propias fronteras, las fronteras de los países amigos o de los pueblos sometidos a regímenes tiránicos. Para evitar la codicia abogó por la supresión de la moneda y el fomento de un comercio de intercambio. Para evitar la acumulación de riquezas sugirió un horario de trabajo de seis horas diarias dedicando el resto del tiempo disponible al cultivo del espíritu y de la ciencia. Los esclavos y criminales realizarían los trabajos más duros y la pena de muerte debería ser abolida.

            En el régimen comunista propuesto por Tomás Moro, los que niegan la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la justicia en la otra vida, deberían ser considerados como seres humanos de segunda clase. Igualmente, los fanáticos religiosos deberían ser expatriados o reducidos a esclavitud. Desde el punto de vista político exigió la libertad religiosa de los no fanáticos. A nadie se puede impedir que en su interior piense lo que quiera si bien sólo a los que hacen buen uso de la razón religiosa se les debe permitir que ostenten cargos públicos. Los templos deberían se numerosos, espaciosos, con poca luz y sin imágenes con el fin de facilitar el recogimiento y la verdadera libertad de espíritu. La religión debe promocionarse por la fuerza intrínseca de sí misma y nunca por la fuerza. Los intolerantes y fanáticos religiosos han de ser tratados con severidad. A Tomás Moro le tocó vivir uno de los momentos históricos más tristes de Inglaterra bajo la irracionalidad y brutalidad de Enrique VIII. Maquiavelo describió y recomendó el uso corrupto de la razón en materia política y no se jugó nada. Tomás Moro fue más lejos mirando a lo que las cosas deberían ser y, como es sabido, se jugó la vida. En ningún caso el uso de la razón sirvió prácticamente para nada.

            En la misma línea de la razón utópica en el campo de la política merece la pena recordar a Tomás Campanella (1568-1639). La corrupción interna en el seno de la Iglesia, la influencia del luteranismo visceral, la amenaza turca, lo que él llamaba sofística aristotélica, la hipocresía maquiavélica y otros factores ambientales de su tiempo contribuyeron al forjamiento del carácter conflictivo y de Tomás Campanella. Desde su ingreso en la Orden Dominicana se destacó por su inteligencia poco común y su actitud inconformista. La cárcel fue su morada casi habitual y la política su obsesión dominante. Se consideró a sí mismo víctima y profeta. La política de Campanella expuesta en La ciudad del sol es el polo opuesto del individualismo astuto de Maquiavelo.

            Es como un sueño comunista en el que propone un socialismo agrario inspirado en el platonismo, el cristianismo primitivo y la doctrina de Tomás Moro. En esta sociedad ideal todo debería estar regulado por un orden único de principios garantizado por la autoridad suprema del Papa. Por lo mismo, la religión y la fe deberían ser la piedra angular de la unidad y de la autoridad. Según Campanella, la propiedad privada no tiene fundamento ninguno natural. El ejercicio de la propiedad privada no sería otra cosa que una concesión forzada por la iniquidad de los hombres. Tampoco debería haber libertad de fe religiosa. Tomás Campanella pensaba que el rey francés debía juzgar a todos los herejes europeos y el español al resto del mundo. Como buen renacentista, admitía una religión natural, otra consensuada por los legisladores y, finalmente, la cristiana. Esta última debería ser reconocida como la única verdadera y necesaria para no errar en esa materia. Se comprende que la Academia de Moscú de la antigua Unión Soviética ordenara la traducción al ruso de La ciudad del Sol. Pero ello no deja de ser paradójico si tenemos en cuenta que la fuente de inspiración de la razón comunista de Campanella nada tiene que ver con las fuentes de inspiración de la razón comunista soviética. Lo que está bastante claro es que el uso de la razón va a bandazos del individualismo egoísta al colectivismo social más absurdo. Unas veces se afirman los derechos de las partes destruyendo los bienes más comunes a todos, y otras, se afirman los derechos más comunes anulando a las personas. En este contexto dramático Hugo Grocio (1583-1645) presentó como alternativa la llamada “razón de Estado”.

            Grocio fue holandés de origen, educado en Francia y condicionado mentalmente por las guerras crueles de su tiempo. Históricamente representa un correctivo a las ideologías despóticas renacentistas, pero veamos cómo y de qué manera. En su célebre obra De iure ac pacis libri tres, in quibus ius naturae et gentium, item iuris publici praecipue explicantur, sostiene que el derecho natural se deriva de los principios intrínsecos de la naturaleza humana, de tal suerte que, aún en la hipótesis absurda de que Dios no existiera, dichos principios no perderían su validez sociológica. Esta convicción revela el valor que Grocio reconoció al buen uso de la razón en los asuntos políticos. Desde esta perspectiva trató de justificar el derecho a la legítima defensa entre personas particulares, pero dejando bien claro que, una vez constituido el Estado, corresponde a éste y no a los particulares la puesta en práctica de ese derecho. No admitía bajo ningún concepto que las personas privadas por su cuenta y riesgo se rebelen contra el Estado. Una vez que el pueblo ha transmitido la soberanía al Estado, pierde el derecho a rebelarse incluso cuando dicta leyes injustas y ejerce la tiranía, salvo casos de necesidad extrema. Lo contrario acarrearía en la práctica muchos problemas de difícil solución. Por el contrario, el Estado puede actuar contra las personas privadas según justicia en nombre del bien común.

              Según Grocio, la auténtica guerra tiene lugar cuando se enfrentan dos Estados. Cuando esto ocurre, todo está permitido si bien evitando violar los principios universales de humanidad. En lo religioso, como buen renacentista, admite una religión natural que todo el mundo debe respetar. Ello implica el reconocimiento de la existencia de Dios creador y su naturaleza superior. A todo esto, la revelación cristiana añade otros valores religiosos que sólo con la ayuda divina pueden ser adoptados y comprendidos. Por lo mismo, ni la religión natural ni la revelada pueden ser impuestas a nadie por la fuerza y menos aún por las armas. 

            Además de la razón de Estado, está la razón o soberanía del Pueblo. Al igual que Roberto Belarmino, Francisco Suárez y los escolásticos renacentistas, Grocio sostiene que la potestad suprema del Estado reside en el Pueblo, el cual la ha recibido de Dios. El Príncipe, pues, no recibe el poder directamente de Dios, como propugnaba la teoría absolutista de Jacobo I de Inglaterra, sino por gracia del Pueblo. Eso sí, una vez transmitido el poder al Estado, Grocio no era partidario del derecho a la resistencia, ni por parte de las personas privadas ni de los magistrados subalternos ya que lo contrario sería dejar todas las puertas abiertas al desorden. Reconoce, no obstante, que el tirano pierde su autoridad por el hecho mismo de ser tirano, ya que la voluntad de dirigir es incompatible con la de destruir. Algunos han considerado a Grocio como el fundador del derecho internacional moderno. Sin embargo, parece más razonable pensar que esta nueva criatura nació en la escuela de Salamanca con Francisco Vitoria y sus discípulos más aventajados. 

              3) El uso de la razón entre el desencanto y la esperanza 

            Los grandes representantes del segundo renacimiento atizaron el fuego de grandeza y orgiástica expectación en un futuro mejor para la razón que en tiempos pasados. Los guiños de una ciencia incipiente deslumbraron a muchos. Pero la vida seguía siendo dura. El recurso a Dios al estilo medieval para aliviar las penas de este mundo perdió interés y el progreso de las ciencias modernas seguía siendo demasiado insuficiente para encarar los problemas cotidianos de la vida y de la muerte. Con este telón de fondo se comprende mejor la mezcla de desilusión y esperanza en el uso de la razón que ha prevalecido hasta nuestros días. Pero vayamos despacio para verlo mejor. 

               Luis Vives y la razón pedagógica

              Este ilustre humanista valenciano estudió primero en Valencia y después en París. Luego enseñó en Lovaina y Oxford. Enrique VIII le nombró preceptor de la princesa María y lector de la reina Catalina. A raíz de los escándalos del rey marchó a Brujas donde murió el 6 de mayo de 1440 poco después de haber sido visitado por Ignacio de Loyola.

              Luis Vives fue un hombre bueno comprometido con la renovación de la ciencia aplicando una pedagogía nueva. Como humanista, criticó resueltamente a la razón escolástica de una manera global sin que él aportara ideas con contenidos mejores. Les reprochaba, por ejemplo, el enseñar las doctrinas antiguas sin el conocimiento adecuado de los respectivos idiomas clásicos. Por lo mismo, se servían de códices inseguros y no de las fuentes. Les reprochaba igualmente de buscar más el éxito personal que la verdad de forma objetiva y desinteresada. Como buen renacentista, tenía muy claro que al interior del conocimiento de las cosas se llega entrando por la puerta de los sentidos.

              Luis Vives puede ser considerado como el padre de la razón pedagógica y psicológica moderna. En esta línea aporta muchas experiencias personales interesantes. Su derivación en la pedagogía y la psicología se produce a partir de dos preguntas sobre el alma humana: qué es y qué hace. A nadie se le oculta la importancia que en el pensamiento moderno han tenido la psicología y la pedagogía, pero paradójicamente, se tiene la impresión de que se da más importancia al modo de enseñar que a la calidad de lo que se enseña. Es el reemplazo de la metafísica y de la teología por la psicología y la pedagogía.

            Gómez Pereira y las sensaciones animales

              ¿Y qué pensar sobre la preocupación moderna por los animales? Hay muchas personas que derivan hacia los animales la afectividad que razonablemente deberían otorgar a las personas. Pero no parece que encuentren muchos apoyos racionales en el ilustre médico y filósofo español Pereira (1500-1555). Nacido en Medina del Campo, estudió en Salamanca y se hizo famoso con su obra Antoniana Margarita. La obra es una amalgama de psicología y metafísica. Ya en su tiempo llamó mucho la atención su tesis sobre el automatismo de los animales. Según él, los animales carecen de sensación y sus movimientos se explican todos ellos mediante factores mecánicos que describe minuciosamente. Cabe imaginar que actualmente Gómez Pereira no sería un buen amigo de la Sociedad Protectora de Animales.

            Su pensamiento sobre los problemas humanos tiene un fondo platónico, pero al mismo tiempo es un preludio del uso cartesiano de la razón. Es interesante constatar las coincidencias de Descartes con Pereira. ¿Conoció Descartes la Antoniana Margarita de Pereira publicada en 1554? Cronológicamente no hay nada en contra, toda vez que el Discurso del Método de Descartes vio la luz en 1637. Por otra parte, las coincidencias son muchas y casi literales. Ambos, por ejemplo, parten de la sola razón como si las verdades religiosas no existieran. Pero, sobre todo, el famoso “pienso, luego existo” (cogito, ergo sum) cartesiano es la traducción abreviada de lo que dice Pereira: “Nosco me aliquid noscere, et quidquid noscit est, ergo ego sum”. Conozco que sé algo, y lo que conoce existe, luego yo existo”. ¿Qué diferencia hay entre decir “pienso, luego existo” y “conozco, luego existo”? Ambos coinciden igualmente en considerar a los animales como simples autómatas, máquinas especiales que actúan mecánicamente impulsados por agentes externos.  

            ¿Concordismo o resignación intelectual?

              Sebastián Fox Morcillo (1528-1559) fue sevillano de nacimiento y estudiante en Lovaina. Lamentablemente murió muy joven en un naufragio cuando volvía a España para ocuparse de la educación de Carlos I. Creo que, a pesar de sus limitaciones, fue uno de los hombres razonables de su tiempo. Trató de conciliar el pensamiento de Platón y Aristóteles con las verdades de la fe cristiana.  Al margen de los escasos o nulos resultados obtenidos, demuestra que fue consciente de que el uso de la razón no puede sustraerse a la reflexión sobre la trascendencia. Lo cual no le impidió iniciar el “método geométrico” mediante la aplicación de axiomas, definiciones e hipótesis. Cuando estudia el problema de las relaciones cuerpo y alma se tiene la impresión de que está ya dándole pistas a Descartes. Su afán de concordia entre la razón platónica y aristotélica puede dar pie a pensar en la falta de originalidad respecto del pasado. Pero en la época de Fox Morcillo cabe pensar que fue una opción por la razonabilidad cuando el uso de la razón se encontraba ya en franco y serio desprestigio. 

            Francisco Valles y la embriología humana (1524-1592).

              Natural de Covarrubias (Burgos), ejerció la medicina en la cámara de Felipe II con tal competencia que se ganó el calificativo de “divino” por parte del rey. Fue un pensador independiente con chispazos de originalidad en el campo teológico al estilo del viejo Pedro Abelardo. En su época era comúnmente admitido que el embrión humano posee primero alma sensitiva y después alma humana propiamente dicha. De acuerdo con esta mentalidad, Valles sostenía que el alma no es acto del cuerpo en cuanto cuerpo sino en cuanto sentiente e inteligente. Sólo cuando el cuerpo ha adquirido la adecuada disposición Dios infunde la vida, que es al mismo tiempo sensitiva e intelectiva. Pero antes ha habido ya otras formas inferiores. El alma como principio de la vida estaría asentada en el cerebro.

              Por otra parte, según Valles, entre el animal y el hombre sólo habría una diferencia gradual y no sustancial por cuanto que el hombre es capaz de llegar a la sabiduría. Llama la atención el que esta forma de pensar sea sostenida aún hoy día por muchos expertos en embriología moderna avanzada a contrapelo de los datos científicos que obran en su contra. La teoría de la animación retardada, en efecto, propia de épocas pasadas y superadas por los conocimientos modernos más avanzados sobre el embrión humano, es utilizada contra toda razón para legitimar la producción y uso destructivo de embriones en el campo de la bioética y de las investigaciones biomédicas. Algo que, sin duda no habría aceptado Valles de haber dispuesto de los avances científicos de la moderna embriología.    

            Escepticismo y resentimiento intelectual

              El escepticismo como indiferencia despreciativa del uso de la razón suele ser el estado intelectual de transición propio de personas todavía sensatas aturdidas por el desorden de las opiniones arbitrarias y los intereses mezquinos de los sistemas escolares. El paso siguiente al escepticismo suele ser el resentimiento intelectual frente a verdades fundamentales, o la credulidad ridícula en cosas banales. Por otra parte, así como desde la cumbre de una montaña se divisa la cúspide de otras, así también, desde la cumbre de la total desconfianza en la razón se empieza a divisar la orgía racionalista (uso abusivo de la razón) capitaneada por Renato Descartes. Pero hemos de descender hasta el suelo antes de comenzar la escalada. Para hacernos una idea de este fenómeno me parece oportuno recordar algunos nombres emblemáticos y sus actitudes frente al uso de la razón.

            La decepción de Cornelio Agripa (1486-1535)

               Cinco años antes de morir publicó “De incertitudine et vanitate scientiarum atque artium”. Nada más y nada menos que sobre la incertidumbre y vanidad de las ciencias y las artes. Según Agripa, todas las ramas de las artes y de las ciencias profanas son poco más que un conjunto de errores dañinos. Todos esos presuntos conocimientos no son más que engaño e incertidumbre. Sí, la gramática, la retórica y la dialéctica son muy útiles. Pero sólo para engañar más y mejor a los demás. La cabalística, las ciencias adivinatorias y las matemáticas no van más allá de la superstición. La alquimia es una impostura y la medicina no tiene más fundamento que las trapacerías de los médicos y la credulidad de los pacientes, que buscan el milagro de su curación, aunque venga del diablo. La administración del derecho, insistía, se ha convertido en una apología de la fuerza y la teología de La Sorbona en sofística y logomaquia. Se revuelve también contra la vida clerical, el culto, el lujo de los edificios y el celibato eclesiástico. No sé si se cumplió la orden, pero la Facultad de Teología de La Sorbona mandó quemar el libro de Agripa. Es obvio que este hombre no supo usar bien la razón. Pero su actitud personal es una prueba más de que tampoco sus opositores y líderes del presunto progreso renacentista la usaron mejor.

            Miguel Eyquem, señor de Montaigne (1533-1592)

              Aristócrata él de abolengo judío, alcalde de Burdeos y viajero empedernido, Montaigne, más que un pensador o filósofo fue un charlista que mezcla agradablemente sus experiencias de viaje con una vasta y desordenada cultura sin asimilar. En moral es un perfecto estoico y en religión un conformista sin escrúpulos. La razón médica debe dejar que las enfermedades sigan su curso por la simple razón de que las intervenciones médicas son inútiles. Es una peste creer que es posible el verdadero conocimiento. Según él, no hay motivo ninguno sólido para creerlo y la experiencia demuestra que incluso nuestros sentidos nos engañan. El mundo está dominado por fuerzas ocultas que van de la vida a la muerte. Por ello, para aprender a vivir hay que aprender a morir. El hombre es miserable, pero orgulloso de sí mismo. Esta es su enfermedad crónica.

            Por más que nos hagamos ilusiones, nuestras diferencias con los animales son mínimas y lo mejor que podemos hacer es refugiarnos en la conciencia tratando de alcanzar lo que nos salga al paso de una manera desapasionada y estoica. Sólo así alcanzaremos un mínimo de independencia y seguridad en la vida. Todo es relativo y ninguna ley existe para todos los hombres. Todo depende del tiempo y los lugares. Una forma de conducta, por ejemplo, que en un lugar es considerada criminal, en otros puede ser considerada como virtud o heroísmo.

              El Sr. De Montaigne me causa la impresión de un hombre desengañado de la vida y de las promesas fáciles de los pensadores y científicos de su tiempo. Según él, en lugar de halagar a los demás con falsas promesas de conocimiento y felicidad, lo más correcto sería que cada uno de nosotros nos preguntáramos: ¿qué sé yo? Y la respuesta más probable sería que muy poco o casi nada de útil y provechoso para resolver los grandes problemas de la vida. La actitud personal de este hombre superculto no es de miedo a pensar, como en los tiempos actuales, sino de pérdida total de confianza en el uso de la razón.

                 Pierre Charron, el canónigo analfabeto (1541-1603)

              Fue parisino de nacimiento, abogado, sacerdote, canónigo y predicador de la reina Margarita. Fue amigo de Montaigne y más extremado aún en su desconfianza en la razón humana. La verdad, decía, no es patrimonio del espíritu humano ya que los errores tienen siempre las puertas abiertas. Oponía el sentimiento moral al saber dogmático y, lo mismo que su amigo Montaigne, pensaba que una misma forma de conducta puede ser virtuosa en un lugar y viciosa en otro. Nuestro ilustre canónigo no sólo se preguntaba si sabía algo, sino que respondía categóricamente: yo no sé nada.

              En la misma onda se encontraba Francisco La Mothe-Le-Vayer (1588-1672)

              Protegido de Richelieu y Mazarino, ahondó más aún la fosa del escepticismo y falta de confianza en la razón. La verdad de las cosas, decía, nunca llega a nosotros. La historia, por ejemplo, por lo general es pura fábula. Las buenas historias son como esos medicamentos raros que antes de usarlos hay que esperar mucho tiempo hasta que son adecuadamente preparados para su consumo. De las cosas más serias, decía, la más segura es dudar. A pesar de considerarse un cristiano convencido, no dudó en dedicarse al libertinaje. Nada extraño cuando no se hace uso correcto de la razón.

              La crítica despiadada de Francisco Sánchez (1550-1623)

              Nos encontramos con otro galeno español que a los 24 años de edad era ya doctor en medicina por la Universidad de Montpellier. En su obra “Nada sabemos” (Quod nihil scitur) hay mucho ímpetu juvenil, realismo y desilusión frente a las grandes promesas renacentistas. Ya se conocían las obras antiguas y se había mejorado las formas de expresión escolástica y literaria. Y ahora ¿qué? Pues que la vida continuaba implacable como antes. La gente seguía muriéndose y tan infeliz como siempre. La física aristotélica era aún presentada en forma silogística desvinculada de la experiencia y de las matemáticas. Lo mismo ocurría con las imaginarias cosmovisiones inspiradas en el platonismo, en la cábala y el ocultismo. Hastiado y desilusionado, el joven galeno Sánchez se ensañó cuanto pudo contra esas formas de usar la razón optando por dudar de todo y no quiso construir una filosofía mejor a partir de la duda, como hará después Descartes, ni fundamentar una certeza primordial. Lo único que pretendió fue ridiculizar el estado lamentable de la ciencia de su tiempo.

            En el prólogo de su obra no pudo ser más claro y explícito: “Desde niño, era yo muy aficionado a la naturaleza y a darme cuenta de las cosas de mi alrededor. Al principio contentábame con cualquier explicación, hasta que me invadió el prurito criticista, y tanto, que, puesto a explicarlo todo, en nada encontraba ya reposo. Cansado de consultar libros y de interrogar maestros, encerréme en mí mismo, comencé a dudar de todo, como si todo se hallara inédito y díme a la inquisición de las cosas”.

              Como es obvio, esta es la actitud normal de los adolescentes cuando, siguiendo el orden de la naturaleza, empiezan a cuestionar todo lo que han aprendido hasta entonces de los adultos y en los centros educativos. Conocemos los efectos nefastos que produce en ellos el constatar que la enseñanza que han recibido no se corresponde con la realidad de la vida, sino que obedece sólo a tradiciones culturales que hay que conservar, o que son impuestas por grupos dominantes por razones políticas o culturales ajenas a la verdad de la vida. Este drama ha existido siempre y existe hoy día. Francisco Sánchez lo vivió en su propia carne. Denunció con pasión juvenil el hecho del mal uso que en su tiempo se hacía de la razón. ¡Lástima que se conformara con refugiarse en la duda, como medida de prevención, en lugar hacer una demostración práctica sobre el uso correcto de la misma!

            Después de estos testimonios descorazonadores cabría pensar que el uso de la razón había sido sepultado por su inutilidad para resolver los grandes problemas de la vida. Pero no fue así. La razón se sintió muy herida, pero reaccionó rabiosamente levantándose con el santo y la limosna. El duelo entre el racionalismo (abuso de la razón) y el sentimentalismo (abuso de los sentimientos) va a cobrar una actualidad insospechada con el correr del tiempo hasta nuestros días. Veámoslo, aunque sólo sea de forma breve y esquemática para desembocar en la ideología de género y el contrato contrasexual en marcha en nuestros días.   

            4. El abuso ilustrado de la razón  

           La declaración de una guerra equivale siempre a un fracaso de la razón. Mientras las partes en conflicto son capaces de hablarse y de razonar, las armas esperan. Cuando la razón deja de luchar con el arma de la palabra razonable se ponen en acción los cañones y los misiles.  Una vez declarada la guerra, ninguna de las partes beligerantes tiene ya razón. Todos la han perdido o la usan perversamente para destruir al presunto enemigo. Como es sabido, a lo largo de los siglos XVI y XVII Europa fue asolada por las llamadas guerras de religión. El hambre, la peste y las guerras fueron siempre una prueba de fuego para los cultivadores del uso de la razón. Pero no menos los conflictos religiosos. La escisión protestante entre los cristianos europeos significó otro fracaso más del uso de la razón teológica y una de sus nefastas consecuencias fue la absurda guerra de familia que duró 30 años. Y como la pérdida de la razón por mucho tiempo termina resultando insoportable, llegó el tratado de Westfalia en el que pueden leerse algunos párrafos que ponen de manifiesto los males que se derivan de la pérdida de la razón en los asuntos públicos y los bienes que se derivan de las buenas razones, aunque esta lección se aprenda demasiado tarde. Sólo cuando la razón se impuso al odio y a las armas fue posible decir algunas cosas como las que fueron escritas en el histórico tratado de Westfalia del 24 de octubre de 1648.

              La situación política en el continente europeo se estabilizó con dicho tratado, pero el uso de la razón había quedado una vez más muy desprestigiado. En su lugar surgió un ambiente de agitación, que tendía a centrar las nociones de fe y mística en las revelaciones individuales como fuente principal de conocimiento y sabiduría. La mística y el fideísmo suelen ser siempre el refugio de quienes han sido defraudados por el uso perverso de la razón, como suele ocurrir después de las grandes contiendas bélicas. Baste recordar el renacimiento espiritual en Europa surgido, aunque por poco tiempo, al término de las dos guerras mundiales. Paralelamente surgieron también movimientos humanamente degenerativos entre aquellos y aquellas que fueron testigos o sufrieron las consecuencias sin haber podido olvidarlas o sublimarlas.

            La Ilustración, como es sabido, fue un movimiento cultural originalmente europeo en el siglo XVIII, caracterizado por su afán de iluminar todos los aspectos de la vida humana con la sola luz de la razón desterrando todo tipo de superstición y tiranía. Se llegó a idolatrar la razón y la libertad individual considerándolas como los dos valores supremos de referencia. Los tiempos pasados fueron considerados como infancia de la razón humana, que con la nueva rehabilitación de la razón se trataba de superar para siempre.

              Este movimiento abogaba por la razón como la forma de establecer un sistema cultural autoritario en todas las esferas del saber humano. Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraron a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía. Este movimiento creó el marco intelectual de la revolución francesa y americana, así como del auge del capitalismo que, a su vez, propició el nacimiento del socialismo que desembocó después en el despotismo comunista. Es la denominada «Era de la Razón», en nombre de la cual se trató de imponer una filosofía basada en axiomas sobre los cuales asentar la edificación de un sistema de conocimiento universal en clave absolutista como garantía segura de objetividad científica y de estabilidad social.

             Racionalismo quiere decir abuso de la razón. Lo cual es inevitable cuando se proclama el uso de la razón a ultranza por encima de todo. Todo se reduce a la razón y la experiencia sensible. En consecuencia, nada que previamente no haya sido sancionado por la razón debe ser creído. Hasta tal extremo que durante la Revolución Francesa se llegó a rendir culto a la «diosa Razón», que se asocia con la luz y el progreso del espíritu humano. Desde el altar de la razón endiosada algunos no dudaron en tratar las pasiones y sentimientos humanos como un mal en sí mismos.

              En todos los modelos racionalistas cabe destacar un denominador común que consiste en la confianza que todos ellos depositan en el supuesto poder ilimitado de la razón humana. Igualmente, todos adaptan el método lógico-matemático para explicar sus razonamientos, y el empírico para confirmarlos cuando ello es posible. Paradójicamente, se recuperan doctrinas clásicas como el atomismo al modo Gassendi, el fatalismo al modo Spinoza y el platonismo gnoseológico al modo leibniano. Los historiadores de la filosofía, por su parte, han informado cumplidamente sobre el moderno racionalismo capitaneado por Renato Descartes a la cabeza. La universalización de la duda metódica cartesiana condujo al racionalismo exagerado que culminó en el endiosamiento de la razón. Su obsesión por las ideas claras y distintas le llevó a confundir su talento matemático con la reflexión humana buscando siempre evidencias matemáticas en nombre de la razón.

            Con el racionalismo cartesiano llegamos de la mano al panteísmo monístico de Baruc Spinoza (1632-1677). Nacido en Amsterdan de padres sefarditas oriundos de España, fue educado por un rabino influenciado por Maimónides y la cábala medieval. Quedó fascinado por el racionalismo cartesiano subyacente en las ideas claras y distintas de Descartes y es considerado como el teórico por antonomasia del panteísmo moderno. Spinoza padece el vicio de la idea clara y distinta cartesiana que desarrolla hasta el extremo de confundir la naturaleza de Dios (naturans) con la naturaleza mundana (natura naturata).

              Lo cual equivale a un panteísmo determinístico en toda regla. Spinoza tenía una fe en la razón cuasi religiosa llevando el racionalismo cartesiano hasta las últimas consecuencias. Por ejemplo, propugnando el uso de la razón filosófica contra la religión cristiana como única medida para llegar a la paz social y a la práctica de una piedad verdadera. En nombre de la razón promovió la independencia absoluta entre la razón filosófica y la teología, así como del Estado y la Iglesia abogando por una religión de la humanidad sin dogmas ni culto. Es la diosa razón que harán suya el positivismo, el racionalismo sectario y la masonería. Nos hallamos ante un racionalista cartesiano en clave hebrea. El hecho de que Spinoza abogue por estas independencias y libertades es comprensible para cualquier observador razonable que conozca el contexto histórico en que tiene lugar. Lo que llama mucho la atención es que tales propuestas se hagan como expresión del culto a la razón humana por encima de la cual no se reconoce ninguna instancia superior. 

            5. Endiosamiento de la razón y fortalecimiento de la irracionalidad 

            No se trata aquí de Atenea, la diosa griega de la razón y la reflexión frente a los impulsos pasionales. Según la mitología, Atenea surgió de la cabeza de Zeus y en Roma tomó el nombre de Minerva. De acuerdo con la mitología, fue hija indeseada de Zeus y Metis, y vino al mundo armada de lanza, casco y égida con el objetivo de convertirse en la diosa protectora de la razón y así presidir las artes, la literatura, la filosofía y toda actividad inteligente que enalteciera al hombre mediante la sabiduría y las artes. Pero no es a esta diosa de la mitología a la que ahora se ensalza por las nubes sino a la inteligencia humana en sí misma como única luz verdadera capaz de iluminar a las generaciones del futuro en todos los avatares de la vida. Ahora ya no es la diosa Atenea sino la diosa razón, quien corta el bacalao.

             Los hombres y mujeres de la Ilustración supervaloraron tanto a la razón humana que la convirtieron en un talismán con el que creyeron poder llegar a desvelar todas las incógnitas de la existencia. Fue una escena de locura muy significativa en el contexto de la revolución francesa. Introdujeron en la Catedral de París, sobre una gran bandeja, a una prostituta desnuda coronada de flores, como símbolo de entronización en su propio templo de la nueva diosa Razón. Se institucionalizó así, sobre todo en Francia, un verdadero culto religioso a la razón o intelecto humano. En tal sentido se introdujeron también un conjunto de fiestas cívico-religiosas que se celebraron durante la etapa jacobina (1793-1794). Después siguió el sincretismo del siglo de las Luces, de inspiración volteriana y rousoniana.

            Esas celebraciones eran espectáculos carnavalescos y ceremonias iconoclastas que culminaron en París con la fiesta de la Libertad en la catedral de Notre Dame. En 1793, bajo el culto a la razón, la catedral fue desvalijada con destrucción de muchos objetos y robando otros de sus tesoros hasta quedar convertido el templo en un almacén de alimentación. En 1871, durante el corto ascenso de la Comuna de París, la catedral fue convertida una vez más en telón de fondo de las turbulencias sociales con riesgo incluso de ser incendiada. La historia ha confirmado que el endiosamiento de la razón lleva fatalmente a las utopías más absurdas y a los totalitarismos más devastadores. Y es que, como decía Popper, enemigo de utopías y totalitarismos, la diosa Razón tiene la cabeza en las nubes y los pies bañados de sangre.

              Pero, como siempre ocurre, los extremos se provocan entre sí y el endiosamiento de la razón provocó la reacción opuesta de los defensores de la voluntad y de la libertad contra el despotismo de marca racionalista. Surgieron así los movimientos propensos al irracionalismo como rechazo de todo lo que nos viene impuesto por la razón. A principios del siglo XXI podemos afirmar sin temor a exagerar que el uso de la razón no ha vuelto a recuperarse salvo en una honrosa minoría de pensadores condenados al ostracismo. 

            El término irracionalismo puede aplicarse a toda forma de conducta que se produce al margen de los dictados de la razón. Por ejemplo, cuando actuamos exclusivamente bajo el impulso químico de los instintos primarios de conservación y reproducción de forma similar a como esto ocurre entre los animales. La vaca entra en celo, busca al toro, se juntan y hacen lo que tienen que hacer impulsados por la fuerza del instinto, y asunto terminado. Pero tratándose de personas humanas, el instinto bruto de reproducción debe pasar por el filtro de la razón antes de ponerlo en ejecución. Lo mismo cabe decir del comer y del beber en el ámbito del instinto de conservación individual. Cuando la razón no interviene en estas situaciones vitales se dice coloquialmente que nos comportamos como los animales.

            Pero el término irracionalismo se aplica también a todas las tendencias filosóficas que anteponen el ejercicio de la voluntad y de los impulsos vitales al uso previo de la razón y de la comprensión real y objetiva de las cosas. En el fondo de esta irracionalidad filosófica se encuentra una afirmación de la vida como valor troncal de la existencia. De ahí que los historiadores hablen a veces indistintamente de irracionalismo y vitalismo, lo cual no es siempre correcto.  Recordemos dos botones de muestra de esta desconcertante actitud irracional como afirmación anárquica de la vida contra el uso despótico de la razón.

            El voluntarismo pesimista de Arturo Schopenhauer (1788-1860)

            Contrapone el principio de la voluntad ciega e irracional a los hechos objetivos, que, según él, no pueden modificar esta tendencia de los seres humanos. Para comprender el voluntarismo pesimista de Schopenhauer es preciso tener en cuenta su historia personal como hijo de padres ricos y un contexto familiar de enfermos mentales. En 1804 murió su padre y se sospecha que se suicidó. A partir de este momento las relaciones personales fueron muy conflictivas, abandonó las actividades comerciales de su padre y se dedicó apasionadamente al estudio de la filosofía y la vida frívola. Murió célibe y obsesionado con la presunta conspiración de silencio que los profesores de filosofía habían decretado contra él. Su encuentro con las filosofías orientales contribuyó a consolidar su visión pesimista de la vida. El dolor lo penetra todo. Nuestra existencia está marcada fatalmente por el dolor y no encuentra perspectiva ninguna de solución real. La esencia del mundo, según él en su Filosofía de la vida, es la voluntad y ésta se nos manifiesta como voluntad de vivir. Por encima de todo deseamos y queremos vivir y la vida acompaña a la voluntad como la sombra al cuerpo. Donde hay voluntad hay vida y, por lo mismo, a la voluntad de vivir le está asegurada siempre la vida.

            ¿Y qué es la voluntad? La voluntad es un impulso inconsciente, ciego e irresistible como se aprecia en la vida inorgánica y vegetal. Pero tiende con gran fuerza hacia formas superiores de vida hasta que adquiere en el hombre conciencia de su querer y de aquello que quiere. Por otra parte, la vida no es más que la manifestación del mundo como representación de la voluntad de vivir. La voluntad de vivir sería, según Schopenhauer, la única expresión verdadera del ser último del mundo y que se manifiesta como un impulso tumultuoso a la vida. Esta voluntad de vivir es eterna e inmortal. En contraste con esta exaltación de la voluntad de vivir Schopenhauer reconoce que la lucha voluntariosa por la vida es dolorosa. En esencia toda vida es dolor y por ello, tanto por su origen como por su esencia, la voluntad está condenada fatalmente al dolor. Es la misma mentalidad del budismo. En coherencia con la exaltación de la voluntad de vivir piensa que el egoísmo es el apetito fundamental de la voluntad de vivir. El egoísmo, el dolor y el placer alcanzan su mayor grado de intensidad y conflictividad en los seres humanos cuando estos buscan malvadamente el dolor y daño ajenos por puro placer y sin provecho alguno personal.

            ¿Soluciones para esta trágica situación de la vida con la voluntad atormentada? No acepta el suicidio ya que el suicida, lejos de negar la voluntad de vivir la afirma. El suicida no quiere vivir de una manera peculiar dolorosa, pero quiere vivir de otra presuntamente mejor. La destrucción violenta de la vida no suprime la voluntad de vivir. Tampoco acepta el recurso a las supersticiones religiosas. El hombre, piensa él, se ha inventado sus dioses y demonios para resolver el problema, pero sin resultado alguno positivo. Nuestro filósofo se inclina favorablemente por la imperturbabilidad estoica frente a la voluntad de vivir contrariada por el dolor, para desembocar en el nirvana búdico. Así de claro: “No hay verdadera salvación ni redención de la vida y del dolor sin una completa negación de la voluntad”. Schopenhauer se declara ateo de solemnidad, pero refleja la influencia del pesimismo trágico de la teología luterana y acusa al cristianismo de haber presentado al mundo como un valle de lágrimas. En resumidas cuentas, se entrega al voluntarismo sin condiciones para decirnos después que hay que destruir la voluntad misma de vivir, lo cual tampoco es posible. Cualquier cosa menos hacer uso de la razón en la solución de los problemas. De ahí su irracionalidad filosófica y su imagen triste y pesimista de la vida.

              La voluntad de poder de Federico Nietzsche (1844-1900)

            Cree en la voluntad de poder y en la imposibilidad del conocimiento ya que, según él, el mundo no tiene dirección objetiva. De la lectura de su biografía cabe pensar que Nietzsche no fue un hombre razonable y psicológicamente equilibrado. Huérfano de padre en la tierna edad, fue criado entre hermanas y tías con rigorismo luterano en casa y en el liceo. En contrapartida, se hizo acompañar después de gente frívola, fue un buen bebedor y renegó de su ascendencia eclesiástica luterana. Es uno de los casos más claros en los que su filosofía es un reflejo fiel de su vida interior destrozada. Sus escritos tienen la fuerza y el atractivo de su desgarrada sinceridad rayando a veces en la de un enajenado mental.

              La filosofía de Nietzsche es la expresión de su personalidad y de su vida. Él mismo llegó a decir que toda gran filosofía debe ser la confesión de su autor a modo de memorias involuntarias. Hacer filosofía para él era manifestar el modo original de pensar y de vivir. No en vano tiene escritos autobiográficos y en el resto de sus obras su yo aparece por doquier. Es más, hay personajes que son dobles de sí mismo. En medio de sus devaneos de cabeza la idea flotante de todo su pensamiento es que hay que echar por tierra todos los valores tradicionales, sobre todo de inspiración cristiana, mediante la voluntad de poder con el único objetivo de producir lo que él llama el “superhombre”. Todo lo que en la cultura occidental se significa con los términos conocimiento, verdad, metafísica, moral, religión y otros similares debe ser mandado a paseo para ser sustituido por la vida y los valores en ella enraizados. A todos los valores hay que oponerse con la voluntad de dominio, la fidelidad a la tierra, el arte y la inocencia del ser. Lo cual sólo será posible mediante la muerte de Dios y la abolición de la moral cristiana.

            Matar a Dios significa desterrar su recuerdo de la conciencia humana. Tal deicidio se justifica porque la conciencia del hombre no puede soportar a un Dios omnipresente y testigo de todo. Tampoco soporta el hombre que haya un ser superior a él ya que esto le llevaría a perder la confianza en sí mismo. Por lo tanto, el hombre debe matar a Dios condenándole al olvido más absoluto con el fin de dejar bien claro que los valores, si los hay, son creación del hombre y no de Dios.

            La abolición de la moral cristiana sería otra condición indispensable para que el hombre pueda triunfar en la vida. Según Nietzsche, la moral cristiana es una moral de esclavos y resentidos. Su único y real fundamento sería el resentimiento de los débiles, los cuales se imaginan que triunfan en la vida refugiándose en el ascetismo, el desinterés, la caridad, la humanidad y todas las virtudes predicadas por el cristianismo. La moral cristiana es un atentado contra la vida y por ello a los moralistas habría que colgarlos a todos. Más allá del bien y del mal está la vida. Por otra parte, si no hay Dios ni otra vida después de esta terrenal, es obvio que no hay más realidad que esta única vida terrenal. De ahí la necesidad de proclamar la fidelidad a la tierra. La realidad del hombre se reduce a su cuerpo dominado por el en sí mismo que le impone placeres y deberes. Y cuando se siente ya incapaz de superar sus límites, se precipita en la muerte.

            Otra cuestión neurálgica en el pensamiento de Nietzsche se refiere a la vida y la voluntad de dominio. La vida, según él, nada tiene que ver con la felicidad ni con el amor al prójimo. La vida se reduce toda ella a la voluntad de dominio o ansia de poder. Por lo mismo, es bueno todo lo que significa a la vida y malo lo que significa no a la vida. Lo cual significa, según Nietzsche, que lo bueno no es la paz sino la guerra, el poder y no la resignación, que haya poderosos y no gente débil. La contrapartida a la moral es el arte. El arte es proclamado por nuestro filósofo irracional como la expresión más alta del hombre en tanto que afirma lo problemático y más terrible de la vida. El arte es una herramienta estupenda para el ejercicio práctico de la voluntad de dominio. Por último, la inocencia del ser. Llama así a lo que quedaría después de haber abolido todas las categorías culturales de Occidente. A saber: todo lo estético sin valores objetivos, sin racionalidad y sin finalidad ninguna por encima del orden moral, del bien y del mal. Nos encontraríamos así ante la inocencia original de todas las cosas. Ahora bien, a estos niveles sólo pueden llegar los señores y poderosos con su voluntad de dominio. Los débiles no van a parte ninguna.

            Como es sabido, para Nietzsche la ética de los señores es la moral de los poderosos por su superioridad vital. Este tipo de ética se caracteriza por la afirmación de los impulsos vitales. Según él, en todas las razas fuertes existe la “bestia rubia” capaz de perpetrar con gozo toda clase de crímenes. Siente pasión por los personajes poderosos de la historia como César Borgia, Iván el Terrible o Maquiavelo. En Napoleón encontraba la síntesis de lo inhumano y sobrehumano como símbolo de la voluntad de vivir, de poder y de verdad. Por otra parte, están, según él, los sacerdotes inventores del espíritu que se encargan de movilizar a los débiles y desgraciados contra los poderosos. El prototipo de pueblo sacerdotal y rencoroso sería el pueblo judío. La Judea vencida y subyugada por Roma se levantó contra ésta invirtiendo los valores del mundo antiguo al ser conquistada por el cristianismo. Luego llegó la revolución francesa cuyos protagonistas habrían jugado una baza decisiva para la moral de los esclavos al entregar el triunfo a los mediocres dando así lugar al nacimiento de las democracias modernas dominadas por el igualitarismo y los plebeyos.

            Es interesante la simbología nietzschiana de Apolo y Dionisios. Apolo es presentado como el símbolo de la Grecia clásica que destacaba la serenidad, la claridad, la medida y la racionalidad. Dionisios, en cambio, es presentado como el representante de lo impulsivo, excesivo y desbordado, lo vital, erótico y falto de razón. Es la orgía del a la vida por encima de la razón y a pesar del sufrimiento. Estos dos extremos se hallan en permanente hostilidad y la filosofía no sería otra cosa que la sabiduría trágica de esa lucha original apolo-dionisiaca tras la cual late el fondo vital informe que lo engendra todo y todo lo destruye. La filosofía, según Nietzsche, es la intuición de la eterna lucha entre la unidad y la multiplicidad, entre la cosa en sí y los fenómenos, entre la embriaguez y el sueño. La unidad es la vida y la multiplicidad son todas las cosas que tienen lugar en torno a la vida. Dionisios es la vida misma inundada de placeres y dolores, de protección y de intemperie. El Crucificado (Cristo), en cambio, sería el símbolo del sufrimiento sin más, el cual renuncia a este mundo terrenal optando por otro ultramundano.

            Para Nietzsche Dios ha muerto y, por lo mismo, no tiene sentido ninguno hablar ya de su posible existencia, del alma inmortal, de la verdad o del bien. Y si Dios no existe, tampoco existen valores transcendentales. Lo único que queda a la vista de todos es este mundo en el que vivimos y la vida irracional, que se desarrollan en círculos concéntricos. Es un caos de fuerzas que se afirman a sí mismas repitiéndose circularmente en un ayer, hoy y mañana. En este círculo fatal lo único sustantivo sería el yo quiero del hombre como señor y destino de sí mismo. Como es obvio, dentro de ese juego circular impulsado por la voluntad de autoafirmación no queda margen para el uso de la razón responsable ni para la libertad personal.

            La meta final del ciego y eterno retorno es el “superhombre”, y el sentido final de la tierra la aceptación de la vida. El hombre no es más que un puente sobre el abismo. Así las cosas, Nietzsche lo tenía claro: tenemos que barrer a Dios de la memoria histórica, así como todos los valores heredados de la tradición cultural de Occidente, mediante la voluntad de poder sin compasión con los débiles. La victoria final consistiría en alcanzar esa etapa de “superman”, privilegio exclusivo de las razas nobles y de la clase social de los señores, que crean ellos mismos los valores que reconocen y adoptan. La grandeza de la humanidad, insistía Nietzsche, se mide por el grado de apertura al mundo. De donde se infiere que tanto más se acerca el hombre a la categoría suprema de “superhombre” cuanto más se adentra en este mundo terrenal afirmando su voluntad de poder. Como, por otra parte, se da por supuesto que Dios ya no existe, al alcanzar el hombre la categoría de “superhombre” queda automáticamente instalado como dueño y señor de la tierra y de la vida. El hombre realizado termina sentándose en el trono que la tradición cultural de Occidente había asignado al mismísimo Dios.

            Por lo que termino de decir ya se ve que este hombre tenía poco o nada de razonable. Pero no me resisto a recordar que su irracionalidad discursiva puede apreciarse también por el odio que sentía hacia el cristianismo. Uno puede ser ateo, agnóstico o no cristiano y ser una persona razonable. Nietzsche odiaba visceralmente al cristianismo. Según él, Cristo en la cruz es una maldición contra la vida y una invitación a huir de ella. Aborrece el denominado amor cristiano, la humildad, la abnegación y la compasión. Sus expresiones son a veces brutales.

            La irracionalidad de ese odio ha recibido diversas explicaciones, incluida aquella que tiene en cuenta la muerte prematura de su padre y la educación recibida durante la infancia en el rigorismo luterano. Pero no es mi propósito detenerme aquí en esta cuestión, sino sólo destacar el contraste entre el endiosamiento de la razón, por parte de unos, y el desprecio visceral de la misma por parte de otros, entre los cuales Nietzsche es un ejemplo proverbial. La voluntad de poder y su manía del Superhombre son el reverso de sus complejos patológicos de inferioridad y limitación humana no integrados en un concepto correcto de la realidad. De todos modos, y a pesar de su voluntarismo irracional como actitud personal, su afirmación de la vida como valor radical merece todos los respetos. ¡Lástima que el rechazo previo del uso de la razón le impidiera deducir las consecuencias lógicas y saludables que cabría esperar de una convicción tan importante! 

       6. El uso light de la razón posmoderna 

            Hemos hablado de las dificultades personales congénitas y concomitantes que dificultan el uso correcto de la razón, y que últimamente se han incrementado y agravado. Por una parte, no se renuncia del todo a la razón porque es psicológicamente imposible. Pero se hace uso de ella de una manera desvirtuada de la eficacia que le corresponde. Tras el desencanto producido por el racionalismo moderno se impuso la mentalidad posmoderna en la que todos los valores son relativizados e infravalorados. Por otra, se ha impuesto el imperio de los medios de comunicación social en los cuales los valores transcendentales a la luz de la razón son suplantados por el espectáculo comercial y el lavado cerebral masivo. A la asincronía genética de la razón y las dificultades congénitas individuales se añaden ahora más dificultades culturales y ambientales derivadas de la cultura posmoderna y mediática. El fenómeno posmoderno tiene como referente de fondo el modernismo como antesala europea de la primera guerra mundial. Para nuestro propósito en relación con el uso de la razón cabe destacar, entre otros, los aspectos siguientes.

            Agnosticismo kantiano de fondo

               Como es sabido, Kant confinó el conocimiento de la razón teórica al mundo de los fenómenos, o sea, de las cosas que aparecen sin capacidad para franquear sus límites. En consecuencia, rechazó el valor de la reflexión metafísica propiamente dicha que nos lleva a plantear cuestiones relativas a las causas últimas del ser y de la vida. La reflexión metafísica clásica es equiparada al intelectualismo ridículo e inútil y el modernismo estricto implica la negación de toda intervención de Dios en la historia de la humanidad.

            El principio de la inmanencia vital

              Cerrada la puerta a la filosofía razonable en sentido estricto, cobra vigor la dinámica de los sentimientos. Los sentimientos suplantan a las razones. Dios, la fe cristiana y la religión en general son reducidos a sentimientos diversos inmanentes que brotan de lo más oscuro de la conciencia. Por esta vía se llega al fideísmo religioso o religión fideísta del sentimiento. Los sentimientos terminan suplantando a las razones en todos los ámbitos de la vida de las personas. Tratándose de la Iglesia católica, los modernistas la definieron como un producto de la conciencia colectiva vitalmente dependiente de Cristo considerado como primer creyente de referencia. En realidad, el modernismo supuso un golpe mortal sobre todo para el uso de la razón teológica a partir del agnosticismo kantiano. También contra la unidad y coherencia del saber humano al proclamar la total separación e independencia entre la fe religiosa y los conocimientos científicos. La modernidad denigró a la razón teológica y dejó en mal lugar a la razón científica. La posmodernidad ha pretendido suplir esos defectos, pero hay dos guerras mundiales por medio con lo cual el uso de la razón se ha deteriorado aún más.

             El término posmodernismo se refiere a un amplio número de movimientos artísticos, culturales y filosóficos del siglo XX, definidos por su oposición o superación del modernismo que propugnaba la ruptura total con la tradición intelectual cristiana de Occidente por considerarla irreconciliable con el nuevo rumbo de la ciencia. Histórica, ideológica y metodológicamente las diversas corrientes posmodernas comparten la idea de que la renovación radical de las formas tradicionales en el arte, la cultura, el pensamiento y la vida social, impulsada por el proyecto modernista, fracasó en su intento de lograr la emancipación de la humanidad y de que un proyecto de tal envergadura es prácticamente imposible de realizar. Los movimientos posmodernos abandonan el compromiso riguroso con la innovación y el progreso, al que consideran una forma refinada de teología autoritaria, y por ello defienden la hibridación, la cultura popular, la descentralización de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes discursos sobre el mundo y la vida humana. Insisto, hay de por medio dos guerras mundiales y cada guerra es un fracaso más de la razón. O lo que es igual, la guerra es siempre un insulto a la dignidad de la persona humana que el posmodernismo trataría de compensar en alguna medida. La posmodernidad se aprecia muy destacadamente en el arte en general y en la filosofía. Como rasgos más destacables del arte posmoderno cabe recordar la valoración de las formas industriales y populares, el debilitamiento de las barreras entre géneros y el uso deliberado de la intertextualidad. El cine, la televisión y la mayoría de los medios de comunicación son hoy día el espejo donde las masas ven nítidamente reflejada la mentalidad posmoderna. Por ejemplo, cuando la verdad es sustituida por el espectáculo, la realidad por las apariencias, las certezas por las opiniones, el bien por el mal, lo bello por lo grotesco y la razón por la sinrazón y los sentimientos.

            Según Gianni Vattimo, en el pensamiento posmoderno lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones. Así como el tiempo depende de la posición relativa del observador, la certeza de un hecho no es más que una verdad relativamente interpretada y, por lo mismo, incierta. El modelo determinista de la causalidad, de la verdad absoluta y de la teoría del tiempo lineal o la vigencia de la geometría euclidiana, fueron hasta hace poco tiempo paradigmas ahora superados por el conocimiento de un espacio de cuatro dimensiones, en el cual la variable tiempo entonces no había sido tomada muy en serio.

              La posmodernidad abarca a todos los sectores de la vida humana contemporánea, pero en algunos campos su influencia es devastadora. Por ejemplo, en la propuesta de una ética carente de valores morales en la que se manifiesta un relativismo sin fronteras y la creencia de que nada es totalmente malo ni absolutamente bueno. La moral posmoderna es presentada como una moral crítica del cinismo religioso predominante en la cultura occidental y hace énfasis en una ética basada en la intencionalidad de los actos y la comprensión cultural de corte secular de los mismos.

              La ética no es una cuestión de valores sino de intenciones e influjo histórico de culturas. Las consecuencias de esta forma de pensar son importantes porque se tiene la impresión de que el uso de la razón ha perdido su aura a favor de lo brumoso, esotérico, mágico o de astrologías. La razón es suplida por los horóscopos, el mundo de las sectas, los medios de comunicación menos fiables y el desmadre de la sensibilidad. Cualquier cosa menos usar correctamente la razón. La razón es como la cerveza: light, débil e ineficaz. Y cuando se usa es de forma perversa al servicio del poder y de la violencia.

            La Razón es grande pero muy limitada en sus posibilidades. Y al comprobar que a pesar del desarrollo científico y tecnológico que ha tenido lugar, los grandes problemas de la vida y de la muerte siguen sin resolver, abdican de ella para botarla al pozo del olvido y el ostracismo. Los racionalistas habían esperado, soberbiamente, demasiado de ella. La endiosaron y se sintieron dioses con ella capaces de resolver de una vez por todas todos los misterios de la naturaleza y del hombre. ¿Resultado de este endiosamiento racionalista? Primero vino la etapa de la «sospecha» en general y sobre la propia razón. Luego la crisis de las ideologías y, por último, el «desencanto». Y aquí nos encontramos al principio del siglo XXI. La modernidad racionalista nacida a finales del siglo XVIII cedió el paso a la posmodernidad de la segunda mitad del siglo XX. Se pasó así del uso abusivo de la razón a su olvido o bien a su uso perverso. Por ello estamos desorientados después de dos guerras mundiales e incluso asustados ante las perspectivas de futuro si no nos volvemos más sensatos y razonables.

              Al desconfiar hoy día tanto de la razón, muchos caen en las redes de lo ilógico o de la evasión sustituyendo el uso de la razón por la droga, la obnubilación y los falsos paraísos. Con el uso light o posmoderno de la razón se fue perdiendo a pasos agigantados el respeto a la vida humana, la esperanza de encontrar la verdad, la felicidad que reporta el bien y la alegría del placer estético. No en vano están por los suelos valores como la vida, la inteligencia discursiva, la libertad personal, la verdad, la belleza y la paz. El racionalismo endiosó estos valores y el posmodernismo los ha infravalorado hasta tal extremo que apenas merece la pena levantar una paja del suelo para poseerlos. Así las cosas, cabe preguntarnos si no nos estamos jugando a una sola carta nuestra felicidad y la de nuestros hijos. Con la razón funcionando bajo mínimos no se va a parte ninguna como no sea al precipicio de la sinrazón y de los sentimientos desmadrados. Habíamos entrado en un período de «posmodernidad», sin saber a dónde íbamos, pero los teóricos de la posverdad y de la ideología de género, como veremos después, nos lo han empezado a decir de una forma taimada, subliminal y temerosa. 

               7. El engaño marxista y los nuevos filósofos             

              El uso de la razón marxista puede ser considerado como un insulto superlativo a la inteligencia humana. La inteligencia fue utilizada perversamente para borrar la verdad histórica no favorable a los regímenes comunistas y atropellar impunemente la dignidad de la persona humana sacrificándola programáticamente al totalitarismo político más vergonzante y humillante que haya existido. Paradójicamente, hasta la teología de la redención cristiana fue interpretada en categorías de opresión y liberación política en clave marxista. En el fondo de la corriente teoló­gica, conocida como “giro antropológico”, se encuentra el ateísmo de Feuerbach, de todo lo cual algunos teólogos ni siquiera se dieron cuenta. Lo malo es que algunos fueron plenamente conscientes de ello e hicieron el caldo gordo a los regímenes marxistas de la segunda mitad del siglo XX.

            Dentro de este contexto cultural y filosófico desconcertante surgió el movimiento de los denomina­dos “nuevos filósofos”. Se trata en su mayor parte de líderes de la izquierda política extremada, muchos de los cuales participaron en los acontecimien­tos de París en mayo de 1968. Algunos de ellos fueron los que después no se conformaron con interpretar a Marx de una u otra forma, sino que rechazaron de plano a Marx y a la ideología alemana que se remonta hasta Fichte pasando por Nietzsche, Freud y Hegel. Rechazaron abier­tamente la viabilidad de una alternativa socialista como solución política válida y deseable para resolver los problemas sociales. Lo cual llevaría consigo la desgermanización de la filosofía occidental, de la que nos habrían venido los mayores despotis­mos intelectuales y políticos de nuestro tiempo. Sin los sistemas idea­listas alemanes y sin Hitler, su ejecutivo más cumpli­do, la situación actual del mundo sería muy distinta.

            Los filósofos alemanes más influyentes han arruinado a la filosofía y el nazismo hitleriano acabó entregando a los comunistas la hegemonía despótica del mundo. Si no hubiera existido Hitler, Marx hubiera sido ya olvi­dado y los problemas sociales y económicos hubieran seguido probablemente otros caminos de solución más humana que la que ofrecieron los grandes colo­sos del período inmediato a la segunda guerra mundial. Esta fue la conclusión implícita del análisis fundamental que se llevó a cabo en el movimiento de los denominados “nuevos filósofos”. En consecuencia, se propusieron recuperar la libertad perdida en las “ideologías” y en el sistema marxista. Ni Marx es la “verdad” ni el socialismo es el “paraíso”. Los “nuevos filósofos” reconocieron que alguien les había abierto los ojos a estas realidades y estaban dispuestos a actu­ar en consecuencia revisando incluso sus propias con­vicciones del pasado próximo. 

            La libertad socialista exige poner la libertad personal en poder del Estado, lo cual es inaceptable y frustrante. Quieren recuperar la libertad intelectual primero, y la personal y social, después. Piensan que les ha tocado a ellos la misión histórica de ponernos en alerta contra el sueño dogmá­tico en el que reposamos desde hace siglos, especial­mente desde que aparecieron los grandes idealismos alemanes y el marxismo. Estos nuevos filósofos serían los discípulos de Sócrates de nuestra época llamados a destruir los mitos filosófi­cos en boga y dar paso a la renovación. Esta actitud de rechazo frontal del marxismo y de la filosofía idealista alemana por parte de quienes fueron primero sus adictos incondicionales, tiene un valor histórico importante. Es el signo del hastío desesperado que la filosofía alemana más influyente y el marxismo causaron dentro de sus propias filas.

              Lo más triste fue que cuando los mismos marxistas empezaron a estar de vuelta del uso marxista de la razón, otros empezaron a sentir fascinación por Marx. Cuando en los países del antiguo telón de acero el ideal de los más sensatos consistía en encontrar la libertad su­perando el despotismo marxista, en los países del Ter­cer Mundo prendió como fuego en un matorral. Era el de­sequilibrio de las personas y de las culturas, pero sobre todo de la deshonestidad de los que sólo buscaban saciar el ansia de poder, para lo cual el sistema mar­xista les parecía el más adecuado, cuando se contaba con la inexperiencia histórica de los pueblos y el subdesarrollo cultural de las gentes. Yo pienso que en el siglo XXI estamos ya en condiciones de poder decir con conocimiento suficiente de causa que el sistema marxista de pensamiento ha sido uno de los engaños más grandes de la historia de la humanidad. Con la caída del marxismo europeo nos hicimos algunas ilusiones, pero su supervivencia subliminal política en el contexto nuevo de la ideología de género y de la posverdad, empieza a ser otra vez muy preocupante.           

                8.  De la razón débil a la razón de los bajos fondos 

              Como reacción de desencanto surgió la figura del hombre y de la cultura “light”, es decir, cansada, floja, ligera, fragmentada y deshidratada. Así como el café hay que servirlo descafeinado y la cerveza tomarla sin alcohol, las verdades deben ser servidas de forma fragmentada sin coherencia racional y sin certezas. A la vida humana sólo se le reconoce un valor relativo y utilitario. No se admiten verdades objetivas de valor universal como tampoco realidades objetivas en el campo de la estética y de la ética. Para el hombre “light” la verdad es sólo apariencia subjetiva, la belleza una cuestión de gustos personales y la bondad humana asunto de hábitos y costumbres socialmente aceptados o rechazados por las mayorías democráticas al margen de la razón. Se reconoce que se ha progresado algo, pero malamente. Los logros conseguidos en el campo de la informática, de las comunicaciones sociales, de la biotecnología, de las ciencias exactas e incluso de las relaciones políticas tras la caída de la ideología marxista son evidentes. Pero, al mismo tiempo, decepcionantes.

               ¿Qué hacer ante esta situación? Cualquier cosa menos ser más realistas y razonables que nuestros antepasados para salir del desencanto. Paradójicamente se ha adoptado una postura emocional previa que luego se trata de justificar. Este hombre “light” o flojo de convicciones y falto de ideales, puede ser descrito en sus rasgos psicológicos del modo siguiente. Es fruto del tiempo y su pensamiento es débil. De hecho, no tiene convicciones firmes de nada, es aséptico en sus compromisos e indiferente a todo como no sea por curiosidad y entretenimiento. Su ideología es el pragmatismo y la norma de conducta moral el éxito social y la moda. En ética sustituye la conciencia moral por las estadísticas y rehúye cualquier compromiso estable y responsable de por vida. No siente entusiasmo desmedido por nada. Por el contrario, es frío, tiende a ponerlo todo en duda y cambia alegremente de opinión de acuerdo con las circunstancias.

            Pero eso sí, es muy sensible al poder, a la fama y al buen nivel de vida. Los medios de comunicación son su fuente de conocimiento y la renuncia a la reflexión profunda la norma de su vida. En consecuencia, la cultura “light” promovida por estos hombres y mujeres favorece:

                       a) El materialismo en el sentido de que el valor básico de referencia sea el dinero. 

            b) El hedonismo. La falta de grandes ideales y de sentido de la vida se suple con la búsqueda de sensaciones nuevas y excitantes.

               c) Relativismo. Se absolutiza el aspecto cambiante de las cosas pasando por alto lo que hay en ellas de permanente y siempre válido.

               d) Consumismo libertario. La posibilidad de acumular y consumir bienes materiales y de trastocarlo todo sin orden ni concierto representa la fórmula posmoderna más usual de la libertad. Para la filosofía, lo más negativo de la posmodernidad es el rechazo sistemático de las certezas y el miedo a pensar entre las generaciones más jóvenes. Todo lo demás viene por añadidura.

       En el contexto de la razón “ligth” o posmoderna, cabe recordar a la filosofía de los bajos fondos o underground. Estos pensadores representaron una reacción sentimental contra el autoritarismo racionalista y se destacaron por dos características peculiares: son irracionales y no buscan la verdad de nada sino tener experiencias psicológicas fuertes. En lugar de razonar buscan un estado de ánimo específico fusionando los conceptos mentales con el estado físico del cuerpo que contribuya a tener una experiencia psicosomática emocional nueva. Los términos peculiares de su lenguaje son: energía, vitalidad, placer, gozo y serenidad. Nada se pretende demostrar con razonamientos y argumentaciones intelectuales sino mediante vivencias personales vinculadas con las tradiciones filosóficas no socráticas con el objetivo de humanizar los excesos del uso de la razón y de la tecnología moderna. Las filosofías underground son continuadoras de la tradición del pensamiento heterodoxo transmitido de forma paralela y subterránea a lo largo de la historia cultural de Occidente.

            Se han detectado dos tendencias fundamentales. Una de ellas se destaca por la solidaridad mundial, los recortes del poder, así como la distribución, producción e información de las organizaciones autoritarias. Se favorecen las posturas de ayuda, el asociacionismo voluntario, la descentralización del poder y el federalismo. Intentan crear una mentalidad planetaria tratando a todas las culturas y formas de vida por igual, adaptándolas a los gustos de las personas y de los grupos. Nos hallamos ante un sincretismo multicultural pragmático y acrítico. La otra tendencia básica insiste en enfrentarse a las organizaciones sociales autoritarias ensayando las comunas como medio de producción y las cooperativas como medio de distribución. Y todo ello contando con la prensa y el arte como medios de información.

            Por la década de los años 60 del siglo pasado, de esta tradición universalista, libertaria y descentralizadora surgió la así denominada “contracultura”, caracterizada por su implicación a fondo en la música rok, el mundo de las drogas, las comunas y la fascinación por las filosofías exotéricas y orientales. Las filosofías orientales han sido utilizadas para compensar los dualismos, los individualismos, el activismo y el presunto monopolio del racionalismo del pensamiento europeo. La filosofía y el mundo de las drogas ha sido una reacción de rechazo contra los dogmatismos del positivismo científico.

            Tres parecen haber sido los afluentes de las filosofías “underground”. Por una parte, las filosofías individualistas, románticas, anarquistas y amorales. Por otra, las filosofías orientales con una visión del mundo bastante distinta de la occidental de cuño judeo-cristiano. Finalmente, las filosofías psicodélicas, nacidas de los experimentos realizados con sustancias capaces de inducir determinados estados de la conciencia y a tener una visión relativista de la realidad. Son filosofías irracionales en desafío contra el monopolio del racionalismo despótico cuyo dominio se ejerce desde lo más íntimo del cerebro humano.

              En este contexto cabe destacar también los diversos movimientos ecologistas y las sociedades protectoras de animales, cuando la preocupación por el ecosistema o naturaleza cósmica, ocupa el primer lugar relegando a un segundo plano la preocupación por el hombre. Este tipo de razón de los bajos fondos tiene una influencia social cada vez más operativa y eficaz a través de personas con un coeficiente dudoso de identidad sexual y ocupan cargos públicos importantes. Los programas nocturnos de radio y televisión están infectados por la razón de los bajos fondos con la apoyatura poderosa de internet y el ascenso vertiginoso de este tipo de personas por la senda de las instituciones públicas en las que se toman decisiones importantes para la vida social.

 

                 9. La posverdad y la mentira como método 

              El origen del término posverdad lo encuentran usado los analistas por primera vez en dos hechos políticos ocurridos en el 2016, cuales fueron el Brexit o salida del Reino Unido de la Unión Europea, y la elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU. Este término se refiere a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales. O lo que es igual, un mundo en el cual la verdad no es considerada como un valor realmente importante y relevante.

              Según el Diccionario de Oxford, el término posverdad se usó por primera vez en un artículo de Steve Tesich publicado en 1992 en la revista The Nation, hablando de la primera Guerra del Golfo. Tesich lamentaba ya entonces que “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”, es decir, un mundo en el que la verdad ya no es importante ni relevante.

              En diccionario de Oxford cita también un artículo del Independent, publicado antes de las elecciones estadounidenses del 2016 en el que se destacaba el hecho de que tras las elecciones hemos pasado a vivir en la sociedad de la posverdad: “La verdad se ha devaluado tanto que ha pasado de ser el ideal del debate político a una moneda sin valor”. Cita también un artículo del The Economist, titulado El arte de la mentira, en el que se dice que “Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que se sienten como verdaderas, pero que no tienen ninguna base real”.

              Del análisis de estos dos acontecimientos políticos antes mencionados y otros anteriores similares, se llegó a la triste conclusión de que la verdad se había devaluado ya tanto que había dejado de ser el ideal del debate político para convertirse en una moneda de cambio de escaso o nulo valor referencial. Se impuso así el arte de mentir en base a que las afirmaciones políticas se sienten como verdaderas, pero sin base objetiva en la realidad.

              En la discusión política no se tiene en cuenta la realidad pura y dura, sino que se escogen unas ideas muy precisas y luego se buscan argumentos con los cuales sostenerlas prescindiendo de la verdad objetiva. Da igual que se hayan desmentido con anterioridad; una vez que se dice algo, se mantiene lo dicho con descaro, aunque sea falso. Y no es cuestión de opiniones posibles y cambiables acerca de la realidad, sino que estos discursos se presentan como relatos de hechos acontecidos sin tener en cuenta para nada si son o no son conformes con lo que realmente con las cosas y los acontecimientos.

              Desde mi infancia sentí profundamente la necesidad de conocer la verdad de las cosas y de la vida separada de las mentiras. Con estos sentimientos surgió en mí el amor incondicional a la verdad que pude satisfacer después en la Orden de Predicadores, cuyo lema institucional es Veritas, la verdad. Durante mi carrera de profesor estudié apasionadamente como un peregrino de la verdad, pensando en las necesidades básicas de mi inteligencia y de mis alumnos.

              De joven estuve durante mucho tiempo persuadido de que todo el mundo buscaba la verdad como yo, pero en los años maduros llegué a la conclusión de que a mucha gente no le interesa la verdad como tal, sino sólo en la medida en que el conocerla y decirla les resulte útil para algo. Hay personas que ni siquiera quieren oír hablar de ella. En este curioso contexto surgió una frase emblemática para distinguir entre lo políticamente correcto o incorrecto. El significado práctico de la expresión, esto es o no “políticamente correcto”, es que, tanto en el contexto político como en cualquiera otro orden de la vida, el que sabe la verdad de algo debe callarse o decir otra cosa hasta que se levante la censura. Miente, que algo queda. Este viejo aforismo expresa muy bien la apología de la mentira como norma de vida.

              Pues bien, de todo esto se ha pasado a la denominada pos-verdad, que, como queda dicho, es el vocablo consagrado por el Diccionario de Oxford en el 2016, reconociendo oficialmente ese neologismo, cuyo significado inicial es el que he descrito antes. Luego, recogiendo el significado usual del mismo como imperio de la mentira sobre la verdad, publiqué con carácter sentencioso en mi página de FB las siguientes líneas críticas. ¿Quieres tener éxito social y admiradores? Habla mucho diciendo mentiras grandes mentiras como si fueran verdades. ¿Quieres no tener amigos o perder los que tienes? Habla poco y di la verdad.

              A los pocos instantes la Fraternidad Laical Jordán de Sajonia (De la Orden de Predicadores) a través de Carlos Cárdenas, publicó un mensaje de respuesta con estas palabras. “El suscrito jordaniano cumple años también el 1 de octubre (como yo) y está de acuerdo con sus dos grandes preguntas y sus respectivas respuestas, porque la verdad nos hace libres, pero molesta a los que no buscan la libertad. De todos modos, hay que cultivar la amistad, aunque alimentándola de verdades”.

               Confieso que este comentario me alegró mucho y me apresuré a responder con estas breves palabras improvisadas. “Totalmente de acuerdo. De acuerdo con mi experiencia, la mentira tiene los pies muy cortos y sólo la verdad termina poniendo a cada uno de nosotros en nuestro sitio, incluso con satisfacciones impensables, incluso cuando nos parece que la mentira desplaza a la verdad, como indica el neologismo post-verdad. Al final la verdad termina quedando siempre por encima de la mentira como los pies sobre el suelo que pisamos”.

              En febrero del 2017, la ilustre periodista Ángela Vallvey (La Razón, 1/II/2017) publicó un breve artículo de opinión sobre la verdad desplazada por la mentira, siempre dentro del campo político, pero que me animó a seguir planificando un libro analizando el calado humano y universal de este travestismo corrupto de la verdad en mentira, en todos los órdenes de la vida. La mentira política, según esta ilustre analista, suele ser efectiva a corto plazo. Es fruto de un estilo de vida expresado mediante una retórica que de momento fascina a los frívolos, ingenuos e ignorantes. Estos políticos se sirven de la retórica para disfrazar sus “verdaderas” intenciones de poder sobre los demás. En este sentido la autora no duda en afirmar lo siguiente:” El «problema de la verdad» no es un asunto nuevo sino, obviamente, más viejo que el sol”. La novedad consiste en que ahora casi nadie reclama el derecho a saber la verdad objetiva de las cosas y de los acontecimientos, sino el presunto derecho a mentir.

              Desde que existe la humanidad existen la mentira en todos los órdenes de la vida, las patrañas y el engaño, pero lo grave ahora es que todo eso se lo acepta más como un derecho humano fundamental que como una equivocación o pecado contra la naturaleza humana. Así las cosas, el silo XXI habría nacido, no como un siglo de luces sino de oscuridades. La era de la pre-verdad habría terminado para dar paso a la denominada era de la pos-verdad. Análogamente, habría terminado la era cristiana y habría comenzado la era pos-cristiana. 

              El Diccionario de Oxford, como he dicho antes, dedicó su palabra emblemática del año, posverdad, a Trump y al Brexit. Lo cual significa que en el debate político lo importante no es la verdad, sino ganar la discusión y unas elecciones políticas. El reino del algoritmo, de los automatismos y de la falta de periodismo objetivo y verdadero abren el camino a la dictadura de la posverdad, un neologismo elegido, como digo, por el diccionario Oxford como palabra emblemática del 2016, año histórico del auge del populismo político. Su definición se adapta muy bien a las falsedades con las que nace la primera presidencia viral: “Circunstancias en las que los hechos objetivos son menos decisivos que las emociones o las opiniones personales a la hora de crear opinión pública”.

              Así las cosas, Amy B Wang, en 2016, sentenció: “It's official: Truth is dead”. Oficialmente, la verdad ha muerto. Las trapacerías y las mentiras prefabricadas, los chismes y bulos, la manipulación de los datos informativos y toda suerte de enredos caben en la posverdad. El espíritu maquiavélico clásico (el fin justifica todos los medios) podría formularse ahora así: la mentira justifica la conquista del poder, del prestigio social y del dinero. No es que la mentira siga lógicamente a la verdad. El verdadero significado de la posverdad no es que la verdad deje de ser un valor referencial prioritario para políticos y profesionales de la información, sino que el lugar de la verdad ha sido ocupado por la mentira magistralmente prefabricada. Ya no se trata de saber quién dice la verdad sino quién miente más y mejor para que la mentira sea aceptada sumisamente como verdad. Ahora no es cuestión de meter hábilmente gato por liebre, sino de hacernos comer carne corrupta de gato descartando de buena gana la carne de liebre. Todo es cuestión de que los cocineros sepan aliñar esa carne corrupta de la mentira con la salsa de la verdad.

              Partiendo siempre de que el término posverdad se ha acuñado principalmente en el terreno de la política, con la complicidad de los medios informativos, Ángela Vallvey hizo unas observaciones críticas en el artículo mencionado que me parece oportuno recordar aquí. La mentira política, decía esta analista, es la única que jamás ha precisado tener buena memoria ya que los políticos que mienten declaran nobles principios que luego se apresuran a desmentir incluso con sus actos inicuos. Por lo general y a corto plazo las cosas les suelen salir bien según sus objetivos, gracias al uso que hacen de la retórica para disfrazar sus «verdaderas» intenciones, a veces inconfesables.

              Al filo de estas observaciones me viene a la memoria un aforismo atribuido a S. Agustín, que yo no he encontrado literalmente en sus escritos, pero que sí está en la línea de su pensamiento por el significado del mismo. Suena más o menos así: He conocido a muchos hombres que desean engañar a los demás, pero ni uno sólo que desee ser engañado. San Agustín no tuvo empacho en declarar que en su etapa de joven profesor de retórica enseñó esta disciplina como un arte sofisticado para engañar a la audiencia, al estilo clásico heredado de cínicos, sofistas y otras hierbas helénicas y romanas. Luego cambió de tercio e hizo uso de su genialidad dialéctica para expresar la verdad con el riesgo siempre de ser incomprendido y hasta vapuleado. Si el Hiponense levantara hoy día la cabeza, quedaría sorprendido al constatar que hay mucha gente a la que no sólo no le interesa la verdad, sino que se siente cómoda en la mentira como el loro en la jaula engullendo pipas e insultando a sus ingenuos admiradores. 

              El problema de la verdad es un asunto tan viejo como la humanidad. Sin embargo, resulta curioso que cuando actualmente se reclaman nuevos derechos, a nadie se le ocurra exigir el derecho a la verdad. Siempre es posible hacer manifestaciones reivindicando bienes tangibles como vivienda, trabajo y tantos otros, o intangibles como son la libertad, seguridad, las creencias políticas o religiosas. Pero resulta muy raro que se reclame solemnemente el derecho a la verdad. Aunque en ocasiones se haya podido pedir «el derecho a saber» sobre algún asunto más o menos controvertido, la pretensión de la verdad como derecho fundamental de orden político, observa esta analista, no se suele explicitar legalmente en las Cartas Magnas de los Estados.

              Las mentiras de los políticos causan indignación, sobre todo cuando se trata de asuntos de dinero. Pero no es fácil encontrar personas descontentas porque no se hable del derecho a la verdad por sí misma. Al contrario, de acuerdo con el concepto expuesto de posverdad, los ciudadanos desean conquistar el derecho a la mentira, olvidándose cada vez más de su derecho a la verdad. Según Ángela Vallvey: “Así concluye la era de la «preverdad»: sabiendo que, en todo caso, el imperio de la verdad nunca ha existido, ni existirá. Sí hubo un siglo denominado de “las luces,” pero ahora se tiene la impresión de que el siglo XXI podría muy bien pasar a la historia como el siglo de las sombras en la medida en que las mentiras socialmente aceptadas terminen usurpando los derechos de la verdad en todos los sectores de la vida”.

              Y así llegamos a la ideología de género de rampante actualidad. Unos dicen que no existe y otros que no tendrá ningún efecto importante en el futuro. Lo cierto es que, como todas las ideologías malsanas del pasado, dejará su poso cimentado en la historia del pensamiento después de haber producido víctimas en víctimas inocentes y culpables a su paso fugaz por la historia del pensamiento filosófico.[3] 

              10. Ideología de género

                

                 El tremebundo fenómeno de la ideología de género se presenta al público moderno como una corriente de pensamiento que pretende imponer despóticamente sus dogmas revolucionarios, que son los siguientes:

              1. No se nace hombre o mujer. O lo que es igual, no nacemos con un sexo determinado biológica, anatómica y cromosómicamente, sino que éste se aprende y se constituye social y culturalmente, denominándose sexo.

                  2. La sexualidad es polimórfica, tiene muchas formas y lo que importa es cómo deseamos auto-percibirnos, pudiendo elegir entre una amplia gama de posibilidades, que incluye ser trans-especie y/ o trans-generacional.

                  3. La familia es un invento natural, nuclear y heterosexual decadente que necesita ser reformulado, así como todos los valores que la sustentan.

                  4. Los hombres son el problema. Todas las desigualdades, la violencia y las injusticias, son causadas por los hombres. El machismo es la génesis del mal en la humanidad y las mujeres son moralmente superiores.

                  5. La violencia es unidireccional. Se da, única y exclusivamente, de parte del hombre hacia la mujer y nunca a la inversa. Todos los hombres son violentos y potenciales criminales.

                  6. El matrimonio es opresivo. El matrimonio y la maternidad son instrumentos siniestros, diseñados por los hombres para oprimir y subyugar a las mujeres limitando y restringiendo sus libertades, oportunidades y derechos.

                  7. El modelo Hombre/Mujer produce todas las desigualdades y por ello se necesita una reingeniería social.

              Dicen los analistas de esta ideología que comenzó en El Cairo en 1994, cuando alguien utilizó el término género para avisar a quienes no acepten la dimensión cultural que complementa a la biológica, escindiendo sexo de género.

              Pero al año siguiente, 1995, tuvo lugar la IV Conferencia de la Mujer en Beijing y allí, quién lo diría, prendió la ideología de género como una cerilla en un rastrojo. El concepto de “género” quedó como el referente o forma en que todas las sociedades deben determinar las funciones, las actitudes, los valores y todas las relaciones que conciernen al hombre y a la mujer. Mientras el sexo hace referencia a los aspectos biológicos derivados de las diferencias sexuales, el género es una definición de las mujeres y los hombres, como un totum revolutum, construido culturalmente con repercusiones y exigencias políticas urgentes. En la configuración de este movimiento fue decisiva la Declaración de los Principios de Yogyakarta, en el 2007, donde quedaron ya establecidos los estándares legales para el reconocimiento de la identidad de género auto-percibida.

              El orden natural así amenazado comenzó a preocupar seriamente a los intelectuales y gente responsable, y tanto Benedicto XVI como Francisco, no han perdido ocasión de alertar al mundo entero acerca de esta nueva epidemia de la ideología de género, calificada como la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura[4].

              La preocupación por la amenaza de la ideología de género llegó al extremo de que la Congregación para la Educación Católica publicó en el 2019 un texto específico dando criterios y pautas pastorales para abordar este asunto de la ideología de género habida cuenta del peligro de su irrupción en el ámbito educativo de niños, adolescentes y jóvenes.[5] 

              11. Manifiesto contrasexual. Principios de la sociedad contra-sexual 

              La contrasexualidad, escribe la especialista Beatriz Preciado, no es la creación de una nueva naturaleza sino el fin de la Naturaleza al estilo clásico, como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros. La contrasexualidad pretende ser, primero, un análisis crítico demoledor de la diferencia de género y de sexo, tradicionalmente admitida como producto del contrato social heterocentrado, cuyas performatividades normativas han sido inscritas y grabadas en los cuerpos como verdades biológicas.

              En segundo lugar, la contrasexualidad apunta más bien a sustituir este contrato social denominado Naturaleza por un contrato contrasexual, en cuyo marco los cuerpos se reconocen a sí mismos, no como hombres o mujeres, sino como cuerpos hablantes, y reconocen a los otros como cuerpos hablantes. Se reconocen a sí mismos la posibilidad de acceder a todas las prácticas significantes, así como a todas las posiciones de enunciación, en tanto que sujetos, que la historia ha configurado como masculinas, femeninas o perversas. Por lo mismo, renuncian no sólo a una identidad sexual cerrada y determinada naturalmente, sino también a los beneficios que podrían obtener de una naturalización de los efectos sociales, económicos y jurídicos de sus prácticas significantes.

                 La nueva sociedad, puntualiza Beatriz Preciado, toma el nombre de sociedad contrasexual de dos formas. Una, de manera negativa, en el sentido de que la sociedad contrasexual se dedica y compromete a la “deconstrucción sistemática de la naturalización de las prácticas sexuales y del sistema de género”. Y otra, de manera positiva en tanto en cuanto la sociedad contrasexual proclama la equivalencia (y no la igualdad) de todos los cuerpos-sujetos hablantes que se comprometen con los términos del contrato contrasexual dedicado a la búsqueda del placer-saber[6].

                  Continuación reproduzco los 13 artículos o dogmas en los que se pronostica el futuro Estado o República Contrasexual. Estos artículos son como una profesión de fe religiosa y atea al mismo tiempo.

                 Artículo 1. La sociedad contra-sexual demanda que se borre de las denominaciones «masculino» y «femenino” correspondientes a las categorías biológicas (varón/mujer, macho/hembra) del carné de identidad, así como de todos los formularios administrativos y legales de carácter estatal. Los códigos de la masculinidad y de la feminidad se convierten en registros abiertos a disposición de los cuerpos parlantes en el marco de contratos consensuados temporales.

                 Artículo 2. Para evitar la reapropiación de los cuerpos como femenino o masculino en el sistema social, cada nuevo cuerpo (es decir, cada nuevo contratante) llevará un nuevo nombre que escape a las marcas de género, sea cual fuese la lengua empleada. En un primer momento, y con el fin de desestabilizar el sistema heterocentrado, es posible elegir un nombre del sexo opuesto o utilizar alternativamente un nombre masculino y un nombre femenino. Por ejemplo, alguien que se llame Julio utilizará el correspondiente femenino Julia, y viceversa. Los José Marias podrán utilizar María José, y viceversa.

                 Artículo 3. Tras la invalidación del sistema de reproducción heterocentrado, la sociedad contra -sexual demanda:

                     • la abolición del contrato matrimonial y de todos sus sucedáneos liberales, como el contrato de parejas de hecho o el PACS (equivalente legal común para homosexuales y heterosexuales en Francia}, que perpetúan la naturalización de los roles sexuales. Ningún contrato sexual podrá tener como testigo al Estado.

                  • la abolición de los privilegios sociales y económicos derivados de la condición masculina o femenina -supuestamente natural- de los cuerpos parlantes en el marco del régimen heterocentrado.

                     • la abolición de los sistemas de transmisión y el legado de los privilegios patrimoniales y económicos adquiridos por los cuerpos parlantes en el marco del sistema heterocentrado. 

                    Artículo 4. La re-significación contra-sexual del cuerpo se hará operativa con la introducción gradual de determinadas políticas contra-sexua­ les. Uno, la universalización de las prácticas estigmatizadas como abyectas en el marco del heterocentrismo. Dos, será necesario poner en marcha equipos de investigación contra-sexuales hightech, de manera que se puedan encontrar y proponer nuevas formas de sensibilidad y de afecto. Se pondrán socialmente en marcha una serie de prácticas contrasexuales para que el sistema contra-sexual tenga efecto:

                      • Resexualizar el ano (una zona del cuerpo excluida de las prácticas heterocentradas, considerada como la más sucia y la más abyecta) como centro contra-sexual universal. • difundir, distribuir y poner en circulación prácticas subversivas de re-citación de los códigos, de las categorías de la masculinidad y de la feminidad naturalizadas en el marco del sistema heterocentrado.

                     La centralidad del pene, como eje de significación del poder en el marco del sistema heterocentrado, requiere un inmenso trabajo de re-significación y de deconstrucción. Por esto, durante el primer período de establecimiento de la sociedad contra-sexual, el dildo y todas sus variaciones sintácticas-tales como dedos, lenguas, vibradores, pepinos, zanahorias, brazos, piernas, el cuerpo entero, etc.-, así como sus variaciones semánticas -tales como puros, pistolas, porras, dólares, etc.-, serán utilizadas por todos los cuerpos o sujetos parlantes en el marco de los contratos contra-sexuales ficticios, reversibles y consensuados.

                     • Parodiar y simular de manera sistemática los efectos habitualmente asociados al orgasmo, para así subvertir y transformar una reacción natural ideológicamente construida. En el régimen heterocentrado, la limitación y la reducción de las zonas sexuales son el resultado de las definiciones disciplinarias médicas y psicosexuales de los supuestos órganos sexuales, así como de la identificación del pene y del supuesto punto G como centros orgásmicos. En todos estos puntos, la producción del placer depende de la excitación de una sola zona anatómica, fácilmente localizable en los hombres, pero de difícil acceso, eficacia variable e incluso existencia dudosa en las mujeres. El orgasmo, efecto paradigmático de la producción-represión heteronormativa que fragmenta el cuerpo y localiza el placer, será parodiado sistemáticamente gracias a diversas disciplinas de simulación y repeticiones en serie de los efectos tradicionalmente asociados con el placer sexual (ver las prácticas de inversión contra-sexuales).

                     La simulación del orgasmo equivale a una desmentida de las localizaciones espaciales y temporales habituales del placer. Esta disciplina contra-sexual se desarrolla en el sentido de una transformación general del cuerpo, similar a las conversiones somáticas, a las prácticas de meditación extrema, a los rituales propuestos en el body art y en determinadas tradiciones espirituales. Los trabajos de Ron Athey, Annie Sprinkle, Fakir Mustafa, Zhang Huan, Bob Flanagan, etc., constituyen ejemplos y anticipaciones de esta disciplina contra-sexual. -tales como dedos, lenguas, vibradores, pepinos, zanahorias, brazos, piernas, el cuerpo entero, etc.-, así como sus variaciones semánticas -tales como puros, pistolas, porras, dólares, etc.-, serán utilizadas por todos los cuerpos o sujetos parlantes en el marco de los contratos contra-sexuales ficticios, reversibles y consensuados.                

                 Artículo 5. Toda relación contra-sexual será el resultado de un contrato consensual firmado por todos los participantes. Las relaciones sexuales sin contrato serán consideradas como violaciones. Se pedirá a todo cuerpo parlante que explicite las ficciones naturalizantes (matrimonio, pareja, romanticismo, prostitución, celos...), que fundamentan sus prácticas sexuales. La relación contra-sexual será válida y efectiva por un período de tiempo limitado (contrato temporal) que nunca podrá corresponder a la totalidad de la vida de los cuerpos o sujetos de habla. La relación contra-sexual se funda en la equivalencia y no en la igualdad. Se requerirán la reversibilidad y los cambios de roles, de manera que el contrato contra-sexual nunca pueda desembocar en relaciones de poder asimétricas y naturalizadas. La sociedad contra-sexual instituye la obligación de prácticas contra-sexuales, organizadas socialmente en el seno de grupos libremente compuestos a los que cualquier cuerpo parlante puede incorporarse. Cualquier cuerpo tiene la posibilidad de rechazar su derecho a pertenecer a una o varias comunidades contrasexuales.

                 Artículo 6. La sociedad contra-sexual declara y exige la separación absoluta de las actividades sexuales y de las actividades de reproducción. Ningún contrato contra-sexual conducirá al acto de reproducción. La reproducción será libremente elegida por cuerpos susceptibles de embarazo o por cuerpos susceptibles de donar esperma. Ninguno de esos actos reproductivos establecerá un lazo de filiación parental «natural» entre los cuerpos reproductores y el cuerpo recién nacido. Todo cuerpo recién nacido tendrá derecho a una educación contra-sexual. Los métodos de contracepción y prevención de enfermedades se distribuirán por todas partes, siendo obligatorios para todo cuerpo parlante en edad de participar en la reproducción. El establecimiento de unidades sexuales de investigación sobre la prevención de enfermedades, así como la distribución gratuita y universal de los medios de prevención son las condiciones necesarias para crear y desarrollar un sistema contra-sexual de producción y reproducción.

                 Artículo 7. La contra-sexualidad denuncia las actuales políticas psiquiátricas, médicas y jurídicas, así como los procedimientos administrativos relativos al cambio de sexo. La contra-sexualidad denuncia la prohibición de cambiar de género (y nombre), así como la obligación de que todo cambio de género deba estar acompañado de un cambio de sexo (hormonal o quirúrgico). La contra-sexualidad denuncia el control de las prácticas transexuales por las instituciones públicas y privadas de carácter estatal heteronormativo que imponen el cambio de sexo de acuerdo con modelos anatómico-políticos fijos de masculinidad y feminidad. No hay razón política que justifique que el Estado deba ser garante de un cambio de sexo y no de una cirugía estética de nariz, por ejemplo. En la sociedad contra-sexual, las operaciones de cambio de sexo constituirán una especie de cirugía de utilidad pública, impuesta o elegida. Estas operaciones nunca servirán para que los cuerpos puedan remitir de nuevo a la idea de una coherencia masculina o femenina. La contra-sexualidad pretende ser una tecnología de producción de cuerpos no heterocentrados. Los equipos de investigación en tecnología contra-sexual estudian y promueven, entre otras, las siguientes intervenciones: • exploración virtual de los cambios de género y de sexo gracias a distintas formas de travestismo: cross-dressing, intemet-drag, identidad ciber, etc. • producción in-vitro de un ciber-clítoris para implantar en distintas partes del cuerpo. • transformación de diferentes órganos del cuerpo en dildo-injertos.

                 Artículo 8. La contra-sexualidad revindica la comprenswn del sexo y del género como cibertecnologías complejas del cuerpo. La contra-sexualidad, sacando partido de las enseñanzas de Donna Haraway, apela a una queerización urgente de la «naturaleza». Las sustancias llamadas «naturales» (testosterona, estrógeno, progesterona), los órganos (las partes genitales macho y hembra) y las reacciones físicas (erección, eyaculación, orgasmo, etc.) deberían considerarse como poderosas «metáforas políticas» cuya definición y control no pueden dejarse ni en manos del Estado ni de las instituciones médicas y farmacéuticas heteronormativas. La sofisticación de la mayor parte de las ramas de la medicina terapéutica y de la cibernética (xenotransplantes, prótesis cibernéticas visuales y auditivas, etc.) contrasta con el subdesarrollo de las tecnologías que permiten modificar los órganos (faloplastia, vaginoplastia ...) y las prácticas sexuales (tomemos, por ejemplo, la escasa evolución del preservativo en los últimos 2.000 años).

                     La meta de las actuales biotecnologías es la estabilización de las categorías heteronormativas de sexo y de género (que va de la erradicación de las anormalidades sexuales, consideradas como monstruosidades en el nacimiento o antes del nacimiento, a las operaciones en el caso de personas transexuales). La testosterona, por ejemplo, es la metáfora bio-social que autoriza el paso de un cuerpo denominado femenino a la masculinidad. Es necesario considerar las hormonas sexuales como drogas político-sociales cuyo acceso no debe ser custodiado por las instituciones estatales heteronormativas.

                     Artículo 9. El control y la regulación del tiempo son cruciales para la concepción y la mejora de las prácticas contra-sexuales. La sociedad contra-sexual decreta que las actividades contra-sexuales se considerarán como un trabajo social que, al mismo tiempo, será underecho y una obligación para cualquier cuerpo (o sujeto parlante), y que estas actividades se practicarán regularmente un cierto número de horas al día (a determinar según el contexto).

                 Artículo 10. La sociedad contra-sexual demanda la abolición de la familia nuclear como célula de producción, de reproducción y de consumo. La práctica de la sexualidad en parejas (es decir, en agrupaciones discretas de individuos de distinto sexo superiores a uno e inferiores a tres) está condicionada por los fines reproductivos y económicos del sistema heterocentrado. La subversión de la normalización sexual, cualitativa (hetero) y cuantitativa (dos) de las relaciones corporales se pondrá en marcha, sistemáticamente, gracias a las prácticas de inversión contra-sexuales, a las prácticas individuales y a las prácticas de grupo que se enseñarán y promoverán mediante la distribución gratuita de imágenes y textos contra-sexuales (cultura contra-pornográfica).

                 Artículo 11. La sociedad contra-sexual establecerá los principios de una arquitectura contra-sexual. La concepción y la creación de espacios contra-sexuales estarán basadas en la deconstrucción y en una re-negociación de la frontera entre la esfera pública y la esfera privada. Esta tarea implica deconstruir la casa como espacio privado de producción y de reproducción heterocentrada.

                 Artículo 12. La sociedad contra-sexual promueve la modificación de las instituciones educativas tradicionales y el desarrollo de una pedagogía contra-sexual high-tech con el fin de maximizar las superficieseróticas, de diversificar y mejorar las prácticas contra-sexuales. La sociedad contra-sexual favorece el desarrollo del saber-placer y de las tecnologías dirigidas a una transformación radical de los cuerpos y a una interrupción de la historia de la humanidad como naturalización de la opre3ión (naturalización de la clase, la raza, el sexo, el género, la especie, etc.).

                     Artículo 13. La sociedad contra-sexual demanda la consideración de todo acto de sexualidad potencialmente como un trabajo y, por tanto, el reconocimiento de la prostitución como una forma legítima de trabajo sexual. La prostitución solo podrá ejercerse entrando en un contrato libre y consensual en que una de las partes se define como comprador de trabajo sexual y la otra como vendedor de ciertos servicios sexuales. Todas los trabajadores y trabajadoras sexuales tendrán derecho al trabajo libre e igualitario, sin coacción ni explotación, y deberán beneficiarse de todos los privilegios legales, médicos y económicos de cualquier asalariado del mismo territorio. La contra-sexualidad busca generar una contra-producción de placer y de saber en el marco de un sistema de contra-economía contra-sexual. Por esta razón, la publicación de imágenes y de textos contra-sexuales (contra-pornografía). así como la contra-prostitución, se considerarán como artes y disciplinas. Se prevé la formación de centros universitarios destinados al aprendizaje de las diferentes disciplinas contra-sexuales. En el marco de la sociedad contra-sexual, los cuerpos parlantes se llamarán «postcuerpos» o wittigs.[7] 

                 12. Crítica de Benedicto XVI y Francisco 

                 He traído aquí estos textos para destacar la importancia de los mismos en el momento actual y no para entrar a fondo en una crítica sobre la irracionalidad de los mismos, que me llevaría muy lejos. Pero no me resisto a reproducir unas palabras del Papa Benedicto XVI del viernes 21 de diciembre de 2012, con motivo de las felicitaciones de Navidad a la Curia romana en la sala clementina.

                 “Si hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Una afirmación que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir es: «Mujer no se nace, se hace» (“On ne naît pas femme, on le devient”).

                 En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema «gender» como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía. La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear. Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: «Hombre y mujer los creó» (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad.

              La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo. En la actualidad, existe sólo el hombre en abstracto, que después elije para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente. Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Pero, en este caso, también la prole ha perdido el puesto que hasta ahora le correspondía y la particular dignidad que le es propia. Bernheim muestra cómo ésta, de sujeto jurídico de por sí, se convierte ahora necesariamente en objeto, al cual se tiene derecho y que, como objeto de un derecho, se puede adquirir. Allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre”.

              Por su parte, el Papa Francisco, en el prólogo a uno de los libros del Papa emérito, llama seriamente la atención sobre la falacia profunda que resulta de la ideología de género y la colonización de las conciencias. “Hoy, de hecho, más que nunca, se propone nuevamente la mismísima tentación del rechazo de toda dependencia del amor, salvo el amor del hombre por su propio ego, por el yo y sus caprichos; y, por tanto, el peligro de la «colonización» de las conciencias por parte de una ideología que niega la certeza de fondo según la cual el hombre existe como varón y mujer y a ellos se les asigna la tarea de la transmisión de la vida. Cuando se niega esta dependencia entre criatura y creador, esta relación de amor, se renuncia en el fondo a la verdadera grandeza del hombre, al baluarte de su libertad y dignidad[8]”.       

              Al referirse a la ideología de género, el Papa plantea que a través de ella se impone en la sociedad actual «la producción planificada y racional de seres humanos y que -tal vez por algún fin considerado bueno- llega a considerar lógico y lícito cancelar lo que ya no se considera creado, donado, concebido y generado», sino hecho por los propios hombres. Bajo esta óptica, Francisco señala que estos «aparentes derechos humanos» se orientan en realidad «hacia la autodestrucción del hombre» como apuntaba en su teología el Papa Benedicto XVI. De este modo, ha criticado que tienen un único común denominador que consiste en la «gran negación» de la dependencia del amor. Ese concepto rechazado es -según el Pontífice- «la negación de que el hombre es criatura de Dios, hecho amorosamente por Él a Su imagen». «Cuando se niega esta dependencia entre criatura y creador, esta relación de amor, se renuncia en el fondo a la verdadera grandeza del hombre, al bastión de su libertad y de su dignidad», ha determinado. En este sentido, Francisco ha especificado que la defensa del hombre y de lo humano «en contra de las reducciones ideológicas del poder» pasa en la actualidad de establecer en la obediencia del hombre a Dios «un límite de la obediencia al Estado». «Aceptar este desafío, en el verdadero cambio de época que estamos viviendo, significa defender la familia», concluye el Papa Francisco.

              Ya en marzo de 2016, en su Exhortación Apostólica Amoris laetitia, nº 56, sobre el amor en la familia, Francisco había alertado sobre la ideología de género con estas palabras: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica existente entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo». Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir, pero no separar».

 

              13. Significado de la teoría QUEER y el feminismo crítico

 

              El contenido de la teoría queer ha quedado literalmente descrito más arriba en los 13 complicados y provocativos artículos del contrato contra-sexual y me parece oportuno añadir ahora unas breves consideraciones acerca del significado semántico de dicha teoría y la opinión de dos mujeres desde el campo del feminismo más razonable.

              Según un estudio analítico y crítico serio de Carlos Fonseca Hernández y María Luisa Quintero Soto, la palabra inglesa queer, como sustantivo significa maricón, homosexual, gay; y se ha utilizado de forma peyorativa en relación con la sexualidad, para designar la falta de decoro y anormalidad de las tendencias lesbianas y homosexuales. Como verbo transitivo, queer expresa el concepto de desestabilizar, perturbar, jorobar o fastidiar. Las prácticas queer, pues, se apoyan en la noción de desestabilizar normas que están fijas. Por su parte, el adjetivo queer significa raro, torcido y extraño. La palabra queer la encontramos en las siguientes expresiones: to be queer in the head (estar mal de la cabeza); to be in queer street (estar agobiado de deudas); to feel queer (encontrarse uno indispuesto o mal); o también queer bashing (ataques violentos contra homosexuales).

              Pero el endiablado vocablo queer no existiría sin su contraparte straight, que significa derecho, recto, heterosexual. Queer refleja pues la naturaleza subversiva y transgresora de una mujer que se desprende de la costumbre de la femineidad subordinada; de una mujer masculina; de un hombre afeminado o con una sensibilidad contraria a la tipología dominante o de una persona que se viste con ropa del género opuesto y conductas similares. Las prácticas catalogadas queer reflejan siempre alguna transgresión de la heterosexualidad institucionalizada, que constriñe los deseos que intentan escapar de su norma. Dicho lo cual, reproduzco casi literalmente la conclusión final de este interesante trabajo descriptivo y a la vez crítico.

              Una crítica a la teoría queer es que al considerar al género y a la homosexualidad como sendas construcciones culturales, en el fondo no hace más que negar la existencia natural o intrínseca de la homosexualidad. Es decir, el sujeto homosexual no existe sustancialmente, sino sólo como un significado para los actos entre personas del mismo sexo. En otras palabras, la condición definitoria de lo homosexual no existe en sí misma; lo que hay son las distintas significaciones de dichos actos enmarcados en un contexto cultural. Sin cultura no hay homosexual. Algo así plantea el feminismo al eliminar las dicotomías masculino-femenino y proponer el cyborg o la liberación del yo como ente indomable.

              Al destruir el binarismo se extingue coyunturalmente a la mujer como sujeto. El cyborgno es real: es una metáfora más como lo son el homosexual o la mujer. Algunas propuestas de los planteamientos queer resultan convincentes, pero desde luego no resuelven la cuestión, e incluso resultan sospechosas ¿No se trata de deconstruir una categoría opresiva para construir otra igualmente asfixiante?

              La teoría queer también plantea el presunto derecho de todos a la autodeterminación de sus propias vidas y a ser felices dentro de un sistema que reconozca sus uniones erótico-afectivas. Igualmente, reconoce el derecho de caminar libremente sin ser víctimas de ataques de ninguna especie, así como al trabajo y a los puestos directivos. Ahora bien, ¿cómo vivir igualitariamente si no vivimos en una sociedad igualitaria? Para ser consecuentes con ese principio de igualdad hipotéticamente absoluta de hombres y mujeres, dicha teoría propone la destrucción de la familia tradicional, que todas las personas queer sean incorporadas legalmente a todas las áreas del mercado laboral, sobre todo a los espacios de visibilidad política, como sujetos que denuncien y acusen cualquier tipo de intolerancia de acuerdo con los trece cánones revolucionarios del contrato contrasexual que ya conocemos.[9]

              Pero digámoslo todo. Dentro del movimiento feminista existen también voces críticas contra las sinrazones de la teoría queer. Por ejemplo, Luisa Posada Kubissa y Rosa María Rodríguez Magda, antigua alumna del colegio de las MM dominicas en Valencia y analista del pensamiento contemporáneo. Según la teoría queer, el sexo sería un mero constructo cultural, igual que el género, con lo cual hombre y mujer no serían más que dos momentos entre las diversas opciones de un individuo. Pues bien, Rodríguez Magda propone abiertamente “evitar el término ‘género’ en el feminismo para volver a referirse a las ‘mujeres’, ya que considera que dicho concepto fue válido en un momento dado, pero “tenía trampa”. Por tanto, concluyó Rodríguez Magda en su intervención en un webinario organizado por Women’s Human Rights Campaign (WHRC), “volvamos a decir las cosas como eran: igualdad, hombres, mujeres, sexo, feminista, patriarcado. Porque de no decirlo ha venido la confusión actual y la suplantación actual del feminismo por el universo conceptual de la teoría queer”[10].

              Paradójicamente, la persona más crítica y realista contra la ideología de género, ha salido del movimiento feminista militante más radical de la revolución sexual de los años sesenta del siglo pasado. Me refiero a la socióloga, periodista y popular conferenciante internacional alemana, Gabrielle KUBY, con su obra en versión española La Revolución Sexual Global. La destrucción de la libertad en nombre de la libertad, Madrid 2017.

              En esta obra la autora describe críticamente sin pelos en la lengua los efectos que está produciendo la ideología de género con el apoyo de grandes colectivos internacionales, incluidas las Naciones Unidas y la Comunidad Europea. Esta malsana y corrupta ideología camina adelante gracias a la estrecha colaboración de ideólogos, políticos, juristas, financieros y educadores académicos irresponsables. Benedicto XVI dijo de ella lo siguiente: “La Sra. Kuby es una valiente guerrera contra las ideologías que, en última instancia, dan como resultado la destrucción del hombre”. Según Dauriusz Oko, “Kuby expone la verdad sobre la ideología de género en la misma medida que Kolakowki y Solzhenistsyn desenmascararon la verdad del comunismo”. Por lo demás, esta autora no se limita a ser una fiel cronista e informadora de la teoría de género, sino que hace una crítica valiente y razonada de la misma, aportando razones y formas concretas para salir al paso de sus sinrazones y amenazas políticas, jurídicas y pedagógicas contra sus opositores. 

              15. Reflexiones finales 

              Digamos resumiendo que nos encontramos hoy día ante una ideología con pretensiones filosóficas y sociales super- revolucionarias hasta ahora desconocidas, que pretende interpretar la sexualidad y la afectividad humanas como un hecho puramente psicológico y cultural con el objeto de anular pedagógica, política y jurídicamente toda influencia de las leyes de la naturaleza en la reflexión filosófica al modo tradicional. Las presuntas diferencias naturales entre varón y mujer no provendrían, según esta ideología, de la naturaleza biológica y psíquica del ser humano, sino de un constructo cultural y social convencional, a partir de los roles y estereotipos que tradicionalmente se han venido asignando a los sexos en el pasado. Por lo mismo, cada uno podría crear y exigir su propia identidad sexual, hombre o mujer, con derecho a que se lo reconozca en el Registro Civil.

              Obviamente, lo masculino o femenino de las cosas tienen que ver con la gramática, pero no con la sexualidad humana. Así, por ejemplo, la mesa, silla o la casa son de género femenino; y el vaso, el árbol y el carro, de género masculino, sin que tengan ninguna cualidad femenina o masculina, respectivamente. La mesa es mesa, sin que sea mujer; y el árbol es árbol, sin que sea varón.

              La ideología de género, por el contrario, aplica el concepto de masculino y femenino de las cosas a las personas para concluir que lo masculino y lo femenino pertenecen a lo cultural o social y que, por lo mismo, son meros constructos convencionales, o sea, fruto de un acuerdo de cada pueblo y época cultural y no algo dado por la misma naturaleza. La negación de lo obvio en la ideología de género se convierte así en un principio metafísico universal, que echa por tierra al principio lógico de contradicción y de realidad, inspirador de cualquier razonamiento humano y sensato.

              La ideología de género defiende una visión radicalmente fragmentada de la persona. Sostienen a pie juntillas que lo biológico nada tiene que ver con lo psicológico y lo cultural. El sexo "varón o mujer", con el que se nace -insisten sus responsables con terquedad de mulo- sería totalmente distinto del género masculino o femenino, que dependería sólo del sentimiento y de la voluntad de cada persona, de acuerdo con su orientación o preferencia sexual, como también de lo que la sociedad defina sobre tales realidades. Por lo mismo, el género podría cambiarse tantas cuantas veces lo decida cada individuo, optando por ser a su gusto heterosexual, homosexual (gay o lesbiana), bisexual, transexual, intersexual o cualquiera otra forma de género imaginable.

              La ideología de género pretende así dar un nuevo valor a la sexualidad humana, pero sin tener en cuenta para nada la naturaleza biológica y psicológica. La autonomía del género, según esta teoría, es tan absoluta que la cultura crea "la verdadera naturaleza" de varón o mujer al margen de la evidencia de los datos biológicos.

              Benedicto XVI nos ha recordado que el ser humano, con el ateísmo pretendió negar la existencia de Dios; con el materialismo, las exigencias de la libertad; y con la ideología de género, las de su propio cuerpo. Lo cual equivale a decir que el hombre moderno se declara un dios que se crea a sí mismo. Una pretensión que no tiene asidero en la vida real. Lo que se percibe con total obviedad es que lo masculino está relacionado con el cuerpo de un varón y lo femenino con el cuerpo de una mujer.

              Ahora bien, si se acepta con la ideología de género que cada cual puede construir su propio género, al margen del sexo biológico, cosa que no consta que haya ocurrido jamás en el pasado, tendríamos, entre otros, los resultados siguientes.

              Desaparecería la distinción entre varón y mujer. Todos seríamos iguales y cada cual independientemente de su sexo, optaría a su gusto por lo femenino o lo masculino. Pero esto habría que verlo antes para creerlo después.

              Todos los tipos de uniones humanas como el matrimonio varón y mujer, el concubinato, el intercambio de parejas, la poligamia, la poliandria, la prostitución, las uniones homosexuales, la promiscuidad, la pedofilia, la pornografía, la zoofilia, la necrofilia y otras similares, tendrían el mismo valor antropológico y social.

              Ahora bien, si se consideran iguales todas las relaciones humanas, las esporádicas y las permanentes, se destruye el matrimonio real llamando matrimonio a todo tipo de unión efímera y cobrando fuerza el divorcio, la unión de hecho y la unión homosexual. Sin olvidar la pérdida de autoridad de los padres en la educación de los hijos, lo cual constituye un golpe mortal contra el matrimonio nacido de la propia naturaleza humana. Con lo cual desaparecerían igualmente la familia, la sociedad y la cultura recibida a través de los siglos y se impondría la cultura del pensamiento único mecanizado y de un régimen político y jurídico totalitario en extremo.

              Termino recordando la intervención del arzobispo Bernardito Auza en la ONU sobre la ideología de género, el 20 de marzo de 2019.  “Antiguamente – dijo Mons. Auza – había una clara comprensión de lo que significaba ser una mujer, era una cuestión de cromosomas. Hoy en día, esta claridad se ha visto empañada por la ideología de género que hipotetiza una identidad personal desvinculada del sexo”. Sustituir esta identidad de género con el sexo biológico tiene fuertes repercusiones no solo en términos de ley, educación, economía, salud, seguridad, deporte, idioma y cultura, sino también en términos de antropología, dignidad humana, derechos humanos, matrimonio y familia, maternidad y paternidad, así como sobre el destino mismo de las mujeres y los hombres y especialmente los niños. Además, recordó cuando el Papa Francisco afirmó – en la rueda de prensa durante el vuelo de regreso de su viaje a Azerbaiyán el 2 de octubre de 2016 – “la dignidad y el derecho a no ser discriminados por quienes no se sienten representados por su sexo biológico” y en la que advirtió claramente sobre los peligros para los individuos y la sociedad derivados de la ideología de género.

              El prelado citó también el nº 56 de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, en la que el Papa enfatiza que la ideología de género niega “la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer” y sugiere “una sociedad sin diferencias de sexo y vacía la base antropológica de la familia”. El texto papal continúa: “Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer”. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, busquen establecerse como un pensamiento único que también determina la educación de los niños. No debemos ignorar el hecho de que el sexo biológico (sexo) y el papel sociocultural del sexo (género) pueden distinguirse, pero no separarse”.

              Por otro lado, la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, haciéndolo independiente de la relación sexual entre el hombre y la mujer. De esta manera, la vida humana y la crianza de los hijos se han convertido en realidades modulares y separables, principalmente sujetas a los deseos de individuos o parejas. Una cosa es entender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, otra es aceptar ideologías que pretenden dividir en dos los aspectos inseparables de la realidad". El párrafo concluye: "Estamos llamados a preservar nuestra humanidad, y esto significa, sobre todo, aceptarla y respetarla como ha sido creada". Nuestro sexo, así como nuestros genes y otras características naturales – observó Mons. Auza – "son datos objetivos, no elecciones subjetivas".

              El representante del Vaticano citó también el párrafo 155 de la Encíclica Laudato sì', donde el Papa afirma que la aceptación del propio cuerpo "es necesaria para coger y aceptar al mundo entero como un don", mientras que "una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se convierte en una lógica a veces sutil de dominación sobre la creación. Aprender a acoger el propio cuerpo, cuidarlo y respetar sus significados es esencial para una verdadera ecología humana. Incluso apreciar el propio cuerpo en su feminidad o masculinidad es necesario para poder reconocerse en el encuentro con otros diferentes a uno mismo”. El texto continúa: "Por lo tanto, una actitud que pretende borrar la diferencia sexual porque ya no sabe cómo enfrentarla no es saludable". Por otra parte, la ideología de género no hace que la sociedad sea más justa.

              En su discurso ante los obispos de Puerto Rico, el 8 de junio de 2015, el Papa enfatizó que la complementariedad del hombre y la mujer "es cuestionada por la llamada ideología de género en nombre de una sociedad más libre y justa. Las diferencias entre hombres y mujeres no son por oposición o subordinación, sino por comunión y generación". En cambio, es un "paso atrás", dijo el Papa en la audiencia general del 15 de abril de 2015, porque "la eliminación de la diferencia [sexual] en realidad crea un problema, no una solución".

              Bernardito Auza añadió que cuando se cuestiona la dualidad natural y complementaria del hombre y la mujer “se socava la noción misma de ser humano”, asegurando que “el cuerpo ya no es un elemento característico de la humanidad. La persona se reduce al espíritu y la voluntad y el ser humano se convierte casi en una abstracción”. El Papa Francisco – recordó el prelado – “está particularmente preocupado por el enseñamiento de la ideología de género a los niños, por lo que los niños y las niñas son alentados a cuestionar, desde la edad más temprana de su existencia, si son hombres o mujeres sugiriendo que "el sexo cada uno lo puede elegir". Estas son las palabras dirigidas por el Papa en Cracovia a los obispos polacos el 27 de julio de 2016: "¿Y por qué enseñan esto? Porque los libros son los de esas personas e instituciones que dan dinero. Son las colonizaciones ideológicas apoyadas por países muy influyentes", incluso en esos países y en esas culturas que se oponen a esta nueva y radical antropología.

 CONCLUSIÓN BREVE

   La ideología de género imperante,

  Corrompe el sano sentido común,

     Y el uso correcto de la inteligencia.

    Pervierte los sentimientos nobles,

        Y el progreso legítimo de la ciencia.

 Es como un incendio calcinante,

De nuestra humana naturaleza,

Que, si no lo apagamos pronto,

Lo abrasará todo sin vergüenza.

         El fuego de esta ideología de género,

           Arde en los cuatros puntos cardinales,

           Con nuevas ideas políticas y jurídicas,

        Educativas, económicas y sexuales.

     La rampante ideología de género,

      Nos promete un futuro fascinante,

    De mujeres y hombres de plástico,

 En contenedor de basura grande.

    Las ideologías políticas y religiosas,

        Son como un fascinante cementerio:

       Una vez que entramos en su recinto,

      Nos parece ser extraño monasterio.

               Para salir de allí hay que pedir permiso,

            A jefes grandes, chicos y subordinados,

            Que nos tratarán con toda su autoridad,

            Como a semivivos para ser enterrados.

           Los fanatismos ideológicos de género,

           Tienen un mal añadido y aumentado:

            Corrompen toda la naturaleza creada,

            Y nos imponen la dictadura de Estado.

 

      La ideología de género amenazante,

     Es como una larga sierpe venenosa,

       Que política y jurídicamente avanza,

      Y sin darnos cuenta se nos enrosca.

         Envía, Señor, tu Espíritu y renueva la faz de la tierra. O sea, la faz de las mentes y los sentimientos de las dos próximas generaciones, para que resuciten de la muerte cultural, política, jurídica y religiosa que está causando la ideología de género, como una nueva pandemia de cuerpo y alma hasta ahora desconocida, como la pandemia del Covid-19. Ni siquiera la ideología marxista politizada llegó a un grado de perversión tan elevado del uso de la razón, como lo está llevando a cabo actualmente la ideología de género desde los centros educativos de su jurisdicción hasta las más altas instancias políticas y jurídicas, contagiadas ya por esta nueva ideología rampante. Lo dicho hasta aquí en estas páginas podíamos sintetizarlo aún más en el siguiente comprimido histórico, para ser mental y reflexivamente digerido.

              Antes: Quod natura non dat, Salmantica (la cultura) non praestat.

              Ahora: Quod natura dat, Gender opinatio (la ideología de género) destruit.

                                                                                                    NICETO BLÁZQUEZ, O.P.



[1] Cf. NICETO BLÁZQUEZ, Reflexiones vespertinas sobre el amor, Ed. Liber Factory, Madrid 2021.

[2] Cf. SIMONE DE BEAUVOIR, El segundo sexo (t. 1 y 2), Ed. Siglo XX, Buenos Aires. JOSÉ ANTONIO MARINA, Palabras de amor, Ed. Temas de hoy, Madrid 2009. 

[3] Para situar la ideología de género en el contexto de las ideologías modernas y posmodernas, el lector queda remitido a ROSA MARÍA RODRÍGUEZ MAGDA, Hacia una teoría transmoderna. La sonrisa de Saturno, Barcelona 1989. Y recientemente, Información frente a la lógica de la posverdad, El País (16/X/2021). JOSÉ M. HERMIDA, La estrategia de la mentira. Manipulación y engaño de la opinión pública, Madrid 1993.

[4] Cf. JUAN VARELA, Ideología de género: Ed. AEE. JEAN-FRANCOIS BRAUSTEIN, La philosophie devenue folle. Le genre, l`animal, la mort. (Comentario de Alfonso Basallo).

[5] CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, “Varón y mujer los creó» para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación. Ciudad del Vaticano 2019.

[6] BEATRIZ PRECIADO, Manifiesto contrasexual, Barcelona 2011. Los 13 artículos del Manifiesto están tomados de esta obra. AA.VV., Teologia e questoes de género: Humanística e Teología 39 (2018) 13-126. JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ GUISASOLA, La ideología de género: génesis filosófica, desarrollo doctrinal e implicaciones éticas en el contexto jurídicoespañol, (Universidad Pontificia gregoriana) 2015. PAUL B: PRECIADO, Yo soy el monstruo que os habla: Informe para una academia de psicoanálisis, Barcelona 2020. Este Informe fue un discurso para psicoanalistas de las jornadas internacionales de l’École de la Cause Freudienne en París en el 2019.  Disyuntiva ante la que se encuentra el psicoanálisis: continuar trabajando con la antigua epistemología de la diferencia sexual y validar de este modo el régimen patriarco-colonial que la sustenta, haciéndose responsable de la violencia que este produce, o bien abrirse a un proceso de crítica política de sus lenguajes y de sus prácticas y confrontarse a la nueva alianza necro-política del patriarcado-colonial y las nuevas tecnologías fármaco-pornográficas. En este discurso para psicoanalistas se aprecia hasta qué extremo la ideología de género es invasiva y preocupante como una nueva pandemia contrala humanidad hasta ahora desconocida.

[7] Las reacciones críticas contra estas sinrazones desde el año 2007 en adelante fueron muchas y fuertes. Hay quienes piensan que la ideología de género resulta tan absurda y ridícula que tendrá poco futuro. Pero la realidad es que se va implantando hábilmente en muchas partes del mundo y constituye un peligro muy grande para las dos generaciones próximas por lo menos. A título de orientación, he aquí algunos nombres de referencia por orden cronológico con la titulación de sus obras y el año de aparición. Estos son algunos de esos nombres entre otros muchos: CARLOS FONSECA HERNÁNDEZ Y MARÍA LUISA QUINTERO SOTO, La Teoría Queer: La de-construcción de las sexualidades periféricas, en Sociológica (Méx.) vol.24 no.69. Versión On-line ISSN 2007-8358.J UDITH BUTTLER, El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad (2007). JESÚS TRILLO-FIGUEROA Y MARTÍNEZ CONDE, La ideología de género: La dictadura del hedonismo versus felicidad. Ponencia en el IX congreso católicos y vida pública (2007). La ideología de género (2009). NICOLÁS RIED, Contrasexualidad jurídica. Implicaciones de los marcadores de identidad de género en el sistema jurídico chileno: Derecho y Humanidades 21 (2013) 271-281. CLEMENTINO MARTÍNEZ CEJUDO, La ideología de género y la crisis de Occidente (2015). ALICIA V. RUBIO, Cuando nos prohibieron ser mujeres y nos persiguieron por ser hombres (2016). ALEX KAISER, La tiranía de la igualdad: Por qué el igualitarismo es inmoral y socava el progreso de nuestra sociedad (2017). JOSÉ ANTONIO ESCUDERO PERAL, la ideología de género y su impacto en la legislación española (2017). DENNIS RICARDO MORAN, Ideología de género: ¡La conspiración ideológica! (2018). GABRIEL J. ZANOTTI, La ideología de género contra la libertad de expresión, de religión y de enseñanza en Occidente (2018). CARME JIMÉNEZ HUERTAS, Estamos hechos de lenguaje: Descubriendo cómo se manipula el discurso con el lenguaje de la posverdad para impedir el discernimiento. Una propuesta hacia la libertad, la salud y la conciencia (2019). ESTHER HERRERA, Manual para entender y combatir la ideología de género (2019). JORDI PIGEM, Pandemia y posverdad. La vida, la conciencia y la Cuarta Revolución Industrial (Fragmenta Editorial, 2021. 

[8]  Cf JOSEPH RATZINGER / BENEDICTO XVI, Textos selectos volumen 2.  Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2018. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, “Maschio e femmina li creò”: Il Regno 64 (2019) 398-408. MOSCHELLA, M., Sexual Identity, Gender, and Human Fullfillment: Analyzing the “Middle Way” Between Liberal and Traditionalist Approaches: Christian Bioethics 25 (2019) 192-215. SALATIELLO, G., La differenza sessuale tra natura e cultura: Gregorianum 100 (2019) 175-190.

[9] Cf CARLOS FONSECA HERNÁNDEZ Y MARÍA LUISA QUINTERO SOTO, La Teoría Queer: La de-construcción de las sexualidades periféricas, en Sociológica (Méx.) vol.24 no.69. Versión On-line ISSN 2007-8358. RAFAEL MÉRIDA JIMÉNEZ, Sexualidades transgresoras. Una antología de estudios queer, Icaria, Barcelona 2002. 

[10] Cf ROSA MARÍA RODRÍGUEZ MAGDA, Femenino fin de siglo. La seducción de la diferencia Barcelona, 1994. Foucault y la genealogía de los sexos, Barcelona 1999. Transmodernidad, Barcelona, 2004. La mujer molesta. Feminismos postgénero y transidentidad sexual, Madrid 2019. La mujer molesta. Feminismos postgénero y transidentidad sexual, Madrid, 2019.

No hay comentarios:

Publicar un comentario