jueves, 17 de marzo de 2022

MI VIDA RESUMIDA VI

 

CAPÍTULO VI

 EN LA RECTA FINAL

              1. Yo y mis circunstancias

            El yo o ser personal permanece, pero las circunstancias vitales cambian. En marzo del año 2010 me pareció oportuno destacar tres circunstancias que marcaron mi vida de forma notable durante los últimos ocho años. En primer lugar, la muerte de mi padre en diciembre del 2000. Su larga enfermedad seguida de su muerte significó un antes y un después en mi vida. El segundo acontecimiento significativo fue mi jubilación laboral en la Universidad Complutense de Madrid el 30 de septiembre del 2003. Cabría pensar que, con la terminación de estos trabajos y obligaciones, hasta entonces ineludibles, comenzaría para mí una etapa de tranquilidad y preparación serena para rematar con dignamente el viaje de mi existencia. Pero no fue así. Durante los años inmediatos tuve que dedicar la mayor parte de mi tiempo a cuidar de mi salud. De hecho, tuve que someterme a dos intervenciones quirúrgicas importantes y en el invierno del 2007 estuve a punto de dejar este mundo a causa de una neumonía. Un domingo me encontraba celebrando la Eucaristía en la Residencia Nuestra Señora de la Paz y sentí tal debilidad que solicité la ayuda del sacerdote ortodoxo Ghiorgui Tansanu para que distribuyera la comunión. Me senté y recité la oración final con gran dificultad. Al pretender caminar para salir de la Capilla me dejé caer dulcemente en el suelo con la sensación de que mis energías habían tocado a su fin. Fui plenamente consciente del momento y los asistentes a la celebración me rodearon con grandes muestras de cariño tratando de ayudarme. Entre ellos, como digo, se encontraba el sacerdote ortodoxo Ghiorghi Tansanu. Me recuperé lo suficiente para volver a casa y ser llevado a urgencias. A pesar de todo, fui saliendo adelante y pude realizar algunos trabajos pastorales e intelectuales que me es grato recordar con 83 años cumplidos.

             2. Encuentro de profesores de filosofía en Roma             

              En abril del 2003 tuvo lugar en la Universidad Santo Tomás en Roma un encuentro internacional de profesores dominicos de filosofía con el fin de compartir experiencias sobre la enseñanza de la filosofía en nuestro tiempo y las actitudes que los miembros de la Orden de Predicadores deberíamos adoptar frente a las grandes dificultades que impiden el ejercicio de la reflexión filosófica y las consecuencias negativas que de ello se derivan para la vida personal y la convivencia social. No dudé en aceptar la invitación a este encuentro por parecerme original e interesante. Por una parte, hacía bastantes años que no había vuelto yo por Roma y me hacía ilusión volver. Por otra, mi sobrino David Blázquez, hijo de mi hermano Ángel, estaba por entonces entusiasmado con el estudio de la filosofía, por lo que le invité a que me acompañara. Aceptó con mucho gusto la invitación y nos desplazamos a Roma para participar en el evento. Nos alojamos en nuestra casa de via Condotti 41, residencia de nuestros estudiantes dominicos, que a la sazón eran todos orientales. David estaba feliz de estar allí y todos en casa quedaron encantados con él. Por fin llegó el momento del encuentro en el Angelicum, promocionado por Decano de Filosofía. Primero hicimos nuestra presentación personal y ahí surgió la primera sorpresa.

              David se presentó como estudiante laico de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y todos le miraban con simpatía. En una de las sesiones pidió la palabra para hacer unas observaciones cuyo contenido he olvidado por completo. Sólo recuerdo que me impresionó su forma madura y competente de hablar como si fuera un filósofo curtido en los avatares de la filosofía. Las discusiones se polarizaron mucho en la forma de hacer presente el pensamiento filosófico de Tomás de Aquino en la cultura actual como ayuda sólida para resolver las grandes cuestiones de la vida moderna en la que la reflexión sobre las últimas causas y el sentido último de la vida humana tiene cada vez menos aceptación. También se discutió sobre la forma de que los jóvenes dominicos conozcan la gran tradición intelectual dominicana a lo largo de ocho siglos de historia, como signo de identidad social, lo cual exigiría que todos los aspirantes dominicos conozcan el magisterio esencial de Tomás de Aquino.

              Durante el debate sobre esta cuestión, un veterano profesor de filosofía norteamericano sugirió que se exigiera a todos los aspirantes a la Orden Dominicana el conocimiento de una antología de textos fundamentales entresacados de las obras de santo Tomás y justificó esta propuesta apoyándola en su prolongada experiencia como profesor de filosofía y predicador. Personalmente dijo sentirse muy satisfecho de la utilidad del pensamiento del Aquinate para actuar con acierto en los diversos foros de la vida intelectual y apostólica. Todo sería cuestión de conocer y manejar bien ese tesoro intelectual legado por santo Tomás. En contrapartida le respondió otro dominico y joven americano diciendo que hasta el momento él no había sentido necesidad ninguna de esos conocimientos profundos sobre el pensamiento de santo Tomás.

              Entre estos dos extremos prevaleció la opinión favorable a que los aspirantes dominicos conozcan lo esencial de la tradición intelectual dominicana, pero sin imponer un manual ideológico tomista a los aspirantes como condición para su incorporación a la Orden de Predicadores. Lo contrario iría contra la propia doctrina del Aquinate, abierta siempre a la verdad universal, que ha de ser buscada de forma libre y responsable. Esta fue la primera vez que yo participaba en un encuentro internacional de intelectuales en el cual no se planteó para nada la cuestión clásica sobre el idioma a utilizar durante las exposiciones y debates. Nos encontrábamos en Italia, pero, de hecho, se constituyeron tres grupos de trabajo en inglés, francés y español. Y lo que es más. En las sesiones generales cada cual presentaba su ponencia y preguntaba o respondía a las preguntas de los demás en uno de estos tres idiomas sin necesidad de traductores. En tiempos no lejanos el idioma oficial para celebrar un encuentro de esta naturaleza hubiera sido el latín. Confieso que para mí fue una experiencia muy grata constatar que conociendo estos tres idiomas los intelectuales podemos hablarnos y entendernos en cualquier parte del mundo. Como dije en el capítulo tercero, la multiplicación de los idiomas y el afán por imponer aquellos que naturalmente tienden a su desaparición es una desgracia y no un signo de progreso en la comunicación humana.

              Pero mi sobrino David, además de participar en el encuentro de filósofos en el Angelicum, tenía particular interés en conocer Roma y el Vaticano. En consecuencia, hicimos una visita turística visitando los lugares más emblemáticos de la ciudad, descansando en los parques y cervecerías y almorzando en uno de los restaurantes más populares junto al Vaticano. Fue una jornada feliz y agotadora. Yo, un hombre ya entrado en años y de vuelta de muchas cosas. Él, un joven profundamente inquieto y con su futuro por delante. En un momento dado de nuestra gira turística rompimos el silencio. Yo le hice unas observaciones inspiradas en la experiencia y él me expuso con pocas palabras su situación personal de presente y visión de futuro. Entonces comprendí que lo mío era escuchar y no aconsejar. Por fin llegamos a las puertas del Vaticano. David estaba emocionado y tomándome de la mano me confesó que era una alegría para él penetrar por primera vez en su vida en aquel impresionante y emblemático recinto de la cristiandad. No le contesté, pero he de confesar que recibí aquella confidencia como un gran honor para mí por parte de mi sobrino, cuya nobleza de sentimientos e ideales fueron siempre la nota sobresaliente de su personalidad inteligente y bondadosa.                           

              3. La “Cátedra Sto. Tomás” en Ávila 

              La Cátedra Santo Tomás tuvo su origen en el año 2003 en el histórico convento dominicano de Santo Tomás en Ávila, España. Los fundadores de dicha Cátedra se propusieron como objetivo principal de sus actividades fomentar la reflexión permanente sobre las relaciones entre cultura y religión. Muchos de los problemas de la sociedad actual tienen, en efecto, un trasfondo religioso y la presencia de las religiones monoteístas en la formación de la cultura occidental ha sido tan determinante, que es imposible entender cómo somos y quiénes somos al margen de estas tradiciones religiosas. De ahí la necesidad de profundizar en los valores de nuestra cultura para resolver muchos de los problemas de la sociedad actual. Es conveniente una vuelta rigurosa y sosegada al mundo de la religión, no con el fin de catequizar al mundo sino de comprenderlo mejor y mejorarlo. Para este fin El Real convento de Santo Tomás de Ávila fue considerado como un lugar ideal para una cita actualizada e inteligente entre ética y estética, religión y cultura. La Cátedra Santo Tomás recupera y actualiza así la historia del pensamiento que secularmente ha caracterizado a este convento emblemático de los dominicos españoles y le pone a disposición de la sociedad para desentrañar los rincones más ocultos o detectar los peligros que amenacen lo más necesitado. No podemos cerrar los ojos o mirar para otro lado ante la magnitud de los problemas que amenazan la existencia y la convivencia humana. Ante esos problemas la indiferencia intelectualmente responsable no tiene justificación ninguna. Al poner en marcha la “Cátedra santo Tomás” sus promotores quisieron recuperar la larga tradición de estudio y docencia que había existido en el convento de santo Tomás de Ávila hasta los años sesenta del siglo XX, como Universidad y como Estudio General de la Orden de Predicadores, popularmente conocidos como “los dominicos”. Yo mismo, como queda dicho más arriba, inicié mis estudios de filosofía en las antiguas aulas universitarias de dicho convento dominicano. En el documento fundacional de la Cátedra puede leerse textualmente: “La Cátedra Santo Tomás tiene como objetivo la reflexión permanente sobre la relación entre cultura y religión. Muchos de los problemas de la sociedad actual tienen un trasfondo religioso. La presencia de las religiones monoteístas en la formación de la cultura occidental ha sido tan determinante que es imposible entender cómo somos y quiénes somos al margen de estas tradiciones. De ahí que, para profundizar en los valores de nuestra cultura y también para desactivar muchos de los problemas de la sociedad actual, es conveniente una vuelta rigurosa y sosegada al mundo de la religión y, esto, no con el fin de catequizar al mundo, sino de comprenderle y mejorarle”.

              Los promotores de este proyecto fueron los dominicos Marcos Ramón Ruiz, O.P, Felicísimo Martínez, O.P y Manuel Reyes Mate, antiguo miembro de la Orden Dominicana, los cuales no sólo formularon el proyecto, sino que buscaron y consiguieron los apoyos financieros para que pudiera realizarse. Al cabo de tres años de rodaje tuvo lugar una reunión decisiva en el convento de los dominicos ubicado en la madrileña calle Conde de Peñalver 40, en la cual se discutió de nuevo sobre la marcha de la Cátedra mirando al futuro. A la reunión fui yo también convocado y allí se decidió dar un giro importante hacia el diálogo con judíos y musulmanes, como queda reflejado en mis crónicas publicadas en la revista Studium de los años 2007, 2008 y 2009. En el año 2010 las actividades de la Cátedra siguieron su curso normal a pesar de la crisis económica desatada en España durante la administración del Gobierno socialista. En cualquier caso, la reunión de Madrid fue un balón de oxígeno interno. Se decidió la creación en el contexto de la Cátedra de un Centro para el Estudio de la Religión hoy. En las Actas puede leerse lo siguiente: “El Centro para el estudio de las religiones es una creación de la Cátedra Santo Tomás en Ávila, que tiene los siguientes objetivos. El Centro quiere ser un lugar de encuentro de personas interesadas en conocer más a fondo y dialogar libremente sobre las distintas tradiciones y confesiones religiosas. Pretende ser un lugar de encuentro y de diálogo para personas, creyentes y no creyentes, que desea poder hablar y escuchar conjuntamente en torno a las religiones y cuestiones adjuntas. Quiere ser un lugar de diálogo y no de confrontación. El Centro quiere ser un espacio para reflexionar y profundizar en las cuestiones religiosas, ya sea para adentrarse en el conocimiento de las distintas religiones, ya sea para actualizar el conocimiento de las mismas. La búsqueda de la verdad es un volver críticamente sobre los conocimientos ya adquiridos y un abrirse incesantemente a nuevos conocimientos. El Centro quiere ser un lugar en el cual se puedan analizar y debatir abierta y libremente la dimensión religiosa de los acontecimientos y conflictos que configuran el actual momento de la humanidad. Si el fundamentalismo, en cualquiera de sus versiones, especialmente en su versión religiosa, es uno de los grandes problemas hoy para la convivencia entre los grupos y los pueblos, el diálogo se ha vuelto absolutamente urgente”.

              Yo me identifiqué sin dificultad con el contenido de este texto y de ahí mi insistencia durante los encuentros que tuvieron lugar después con judíos y musulmanes en la necesidad de que se promueva desde las altas jerarquías religiosas la libertad interna religiosa entre los miembros de las diversas confesiones. Dentro del cristianismo se han hecho importantes progresos en este sentido, pero no así por parte de judíos y musulmanes. A la altura del 2010 sigo siendo pesimista a este, por más que algunos intelectuales musulmanes hayan manifestado muestras de interés por entrar en diálogo serio con los cristianos. El fanatismo religioso sigue tan activo en los países de predominio islámico como el fanatismo político en todas las partes del mundo. En mi opinión lo único que es posible hacer es mitigar de alguna manera esos fanatismos y la “Cátedra Santo Tomás” ha apostado por colaborar en tan noble proyecto.  

              4. Cuando la tierra tiembla y el mar ruge 

              1) El hombre propone y la naturaleza decide 

              El viernes del día 26 de febrero el 2010 me encontraba yo celebrando un feliz encuentro con el profesor Juan Andrés Medina y su esposa Ana María en una cafetería de Madrid. Durante el curso de la conversación me informó sobre la marcha de la Universidad Católica de Concepción. A mi pregunta sobre los cursos de doctorado desde la Pontificia de Salamanca, a los que me he referido antes, me respondió lacónicamente que tales cursos se habían suspendido por falta de alumnos. No hubo comentarios sobre esta decisión. Pero sí me habló largo y tendido sobre el proyecto de celebrar en la católica de Concepción un Congreso Internacional sobre el Bicentenario, de cuya organización le habían encargado a él. La idea me pareció oportuna y convinimos sin dificultad en los criterios a seguir para la elección de los ponentes. Estos deberían ser historiadores profesionales de pura raza y no ideólogos políticos. Igualmente estábamos de acuerdo en que tenía que haber una reflexión filosófica seria y responsable sobre los datos objetivos de la historia. La fecha de celebración barajada para el evento era la última semana del próximo mes de agosto del año en curso 2010. Esta fecha me pareció muy precipitada, pero guardé silencio sobre el asunto.

              ¿Financiación del proyecto? Era el otro tema a resolver. En este sentido hablamos del financiero chileno Máximo Pacheco, recién ubicado en Bruselas, como una de las personas que podrían ayudar a encontrar recursos. Por último, me preguntó si yo estaría dispuesto a participar en el evento con una reflexión filosófica sobre la memoria histórica del Descubrimiento. Esta propuesta me gustó mucho y la acepté, aunque no muy seguro de que su realización fuera a tener lugar. Así las cosas, llegó el momento de despedirnos. Tan pronto regresé a casa me puse en contacto telefónico con la persona más indicada para informarla del encuentro que terminábamos de celebrar en la cafetería, y consultarla sobre su posible mediación ante un familiar suyo como potencial cooperador financiero del proyecto de Congreso sobre el Bicentenario.

              Esta conversación tuvo lugar ya bien entrada la noche en Madrid. Antes de retirarme a descansar, sin embargo, saludé al Maestro General de la Orden Dominicana (R.P. Carlos Alfonso Azpiroz) que terminaba de llegar a casa. Se interesó por mis trabajos en el campo de la bioética y durante la pos-cena mantuvimos una conversación a fondo sobre los problemas de la bioética animada por su Asistente, especialista en la materia, el R.P. Bernardino Pella O.P. Nos retiramos todos a descansar y a la mañana siguiente empezamos a recibir noticias de un terremoto espantoso ocurrido a las tres de la mañana en Chile. Me apresuré a llamar al hotel donde se alojaban D. Andrés Medina y su esposa Ana, pero ya se habían marchado. Sólo después de varios días supe de ellos que estaban vivos y reunidos con los suyos sin tener que lamentar cosas peores de las ocurridas. Durante todo el día intenté conectar por teléfono y correo electrónico con alguien en Chile sin ningún resultado.

              El día 2 de marzo logré hablar con el P. Francisco Quijano, O. P, quien me informó de primera mano sobre la situación satisfactoria de los frailes dominicos y hermanas dominicas residentes en Chile, así como de los daños materiales causados en las casas y en los templos. Luego conecté con el P. José Luis de Miguel, O. P, residente en Chillán. Fue una conversación larga y emotiva. Su descripción del fenómeno telúrico era serena, objetiva y resignada. En estos casos, comentaba, “sólo te acuerdas de las personas a las que quieres para buscarlas y ayudarlas. Todo lo demás, libros, ordenadores y otras pertenencias no sirven para nada”. La idea de fondo era que frente a la fuerza bruta de la naturaleza lo único que queda es la persona humana al desnudo con su bagaje de humanidad más o menos rico. El P. José Luis matizó que el seísmo había durado tres minutos, que los presos se habían puesto en la calle complicando aún más la seguridad y que la gasolina había sido puesta a disposición de los servicios oficiales. Uno de los laterales de nuestra iglesia de Concepción se había desplomado y el miedo era el denominador común. Por fin el día 7 de marzo conseguí hablar por teléfono con los PP. Ramón Ramírez y Pedro Mancebo en Concepción. Mientras hablaba con ellos afloraban a mi memoria los muchos y lindos momentos que habíamos compartido juntos durante mis anteriores visitas. Ambos me informaron de la situación vivida con serenidad, realismo y fortaleza moral. Por otra parte, conseguí hablar también con D. Francisco Escandón. “Gracias a Dios, me dijo, estamos todos a salvo. De todo esto algo bueno tiene que salir”. Esta fue la conclusión a la que llegó después de hacer una descripción serena, pero patética, de los desastres que el mar había producido en la ciudad de Talcahuano, que quedó prácticamente desaparecida. Cuando redacto estas líneas todavía no sé nada de la suerte que hayan corrido mis entrañables amigos, oficiales de la marina, Cristian Rubilar y Carlos Araya. Tampoco he podido restablecer los contactos con otras personas amigas, pero doy por supuesto que todas se encuentran a salvo. El día 11 de marzo tuvo lugar la toma de posesión como nuevo presidente de Chile electo Sebastián Piñera. Ese mismo día se produjo un nuevo temblor de 7,2 por lo que la ceremonia de investidura tuvo que celebrarse de forma precipitada y anómala en los jardines ante el pánico de los asistentes chilenos y de los delegados extranjeros, entre ellos el Príncipe de España D. Felipe. Por otra parte, recibí un llamado telefónico de D. Andrés Medina, el cual terminaba de regresar a Concepción. Sólo quería comunicarme que había encontrado a los suyos sanos y salvos a pesar de la catástrofe que se había cernido sobre la región. Esta llamada significó para mí un nuevo balón de oxígeno contra la adversidad de tantas personas que estaban afrontando en Chile las consecuencias del terrible terremoto. Algunos testimonios inmediatos al evento son los siguientes.    

                         2) Mensajes para la historia

     Timoteo Merino, O.P, en calidad de secretario Provincial, escribió desde Hong-Kong: “Hola, Enrique. Todo parece indicar que la comunicación por teléfono no está expedita. Espero que tengáis Internet. Nos gustaría saber cómo estáis los dominicos y en qué medida os ha afectado el seísmo. Si es posible, agradecería tu información. Esperamos que todos estéis bien. Timoteo”.

              - Respuesta de Enrique González Riloba (marzo/1/2010):

              “Hola Timoteo. El terremoto nos ha pillado algo dispersos por ser los últimos días de vacaciones de verano en Chile. Ninguno hemos sido afectado por el infernal sismo. Sí han sufrido grietas, desprendimientos y mucha caída de cascajo y cornisas nuestros templos (3 en Santiago, en Chillán, Concepción y Quillota). Parece que el más afectado es el templo de Concepción a 500 kms. al sur de Santiago, donde están Pedro Mancebo y Ramón Ramírez. Además, que fue muy difícil comunicarnos con ellos. Tanto que desde Chillan, a 100 kilómetros, se arriesgaron a ir a visitarlos con unas carreteras semi-cortadas, para enviarnos información a Santiago y sosegarnos con la noticia de que a ellos nada les había sucedido. La zona central del país es la que más destrucción ha sufrido, tanto de personas como de edificios antiguos. Santiago está casi normal, excepto algunas zonas que carecen de electricidad y agua. El metro ya se ha repuesto en algunos de sus recorridos. Acabo de usarlo para ir a visitar al P. Manuel Acuña que se encuentra enfermo en el hospital de la universidad católica. Mañana tenía que iniciarse el nuevo curso académico y de momento lo han atrasado, así que nos dedicaremos a limpiar la Iglesia de los escombros. Sigue aumentando el número de víctimas en la zona central. Gracias por vuestra preocupación. Enrique G. Riloba O.P”.

              Este mensaje fue inmediatamente difundido desde Hong-Kong y me apresuré a responder con estas palabras: “Enrique, gracias por tus noticias. Soy Niceto Blázquez y he estado muy preocupado por vosotros. He tratado de comunicarme por teléfono, pero sin lograrlo. Una antigua alumna mía de Santiago consiguió dar conmigo y me puso al corriente de su situación personal y la situación general en Santiago y el resto del país. Pero después no he conseguido conectar con nadie más, frailes o no frailes. Ni siquiera por Internet. Durante la cena he sabido del mensaje de Félix al P. General, que se encontraba aquí en casa y antes de acostarme me he encontrado con tu mensaje. Por cierto, pocas horas antes de que se produjera la catástrofe me encontraba yo hablando con el profesor Andrés Medina, de la Universidad de Concepción, en una cafetería del centro de Madrid, sobre la celebración de un Congreso Internacional con motivo del Bicentenario de Chile. Cuando supe por la mañana lo ocurrido en Concepción, llamé al hotel, pero ya se había marchado con su esposa y los perdí de vista. A pesar de los pesares, demos gracias a Dios por poderlo contar y sigamos en contacto en la medida de lo posible. Necesitaba sincerarme contigo para expresarte mi fraterna preocupación por todos. Un abrazo inmenso y buenas noches. Niceto”.

              - Respuesta de Enrique G. Riloba: “Gracias, Niceto, por tu fraternidad. Se la comunicaré a los compañeros. Creo que se suspendió un Congreso al que pensaba acudir el Rey Juan Carlos. Poco a poco se restablece la normalidad, al menos en Santiago. Un abrazo. Enrique”. Nota aclaratoria. El Congreso del que hace mención aquí Enrique es distinto del que el prof. Medina y yo estábamos proyectando desde Madrid pocas horas antes del terremoto.

              - Al habla con Antonieta Cerdá Vergine: “Toñy, estoy siguiendo las noticias sobre el terremoto. Por teléfono es muy difícil conectar contigo. Espero que Internet te funcione y podamos estar en comunicación. Besos y ánimo. Niceto”. Respuesta inmediata: “Gracias mi Niceto querido. Dios nos ama y eso cada día lo agradezco. Lo ocurrido no es más que recordarnos que somos frágiles y debemos ser más humildes. Te envío una foto de mi Javita hermosa - es de la semana pasada- quien está lejos, pero está bien. Besos y un enorme abrazo. Te quiero mucho. Toñy”. Respuesta: “Toñy, ¡qué balón de oxígeno me has dado! Estaba esperando tu mensaje con gran ansiedad y, por fin, llegó. De hecho, tenía como fondo de escritorio del ordenador una de tus últimas fotos con Javita. A pesar de los pesares hay que dar gracias a Dios como hacía Cristo mientras se producía el seísmo lento de su propia Pasión. Y aquel seísmo lo podían haber evitado quienes lo provocaron. Gracias, Toñy, por la felicidad del amoroso regalo de tu mensaje. Seguimos en contacto. Besos y cariños sin fin para ti y Javita. Os quiero mucho. Niceto”. El día 3 de marzo: “Niceto, estamos bien. Yo estoy en la IX región a 200 kms. de Concepción hacia el sur y lo sucedido la madrugada del sábado fue realmente horrible. Un acontecimiento que, si acá lo sentí tan fuerte, debo imaginarme el horror de los pueblos que quedaron en el suelo. Recién el domingo a medio día pude comunicarme con Javita y recién en ese momento mi corazón se tranquilizó. La casa de mis tíos resistió bien. Tuvo algunas pérdidas en la cocina y, debido al corte general de energía eléctrica y agua, estuvimos incomunicados, pero no han sufrido mayores problemas. Yo no he podido viajar y es poco probable que pueda hacerlo. Más que mal la vida seguirá su curso normal y ya antes de este acontecimiento tenía claro que no podría hacerlo. Hoy solo me queda comunicarme de mejor forma con Javita cuando en Concepción se normalicen los servicios de energía y comunicación. Muchos cariños y gracias por preocuparte de nosotras. Besos. Toñy”.

              - Antonieta: “Mi querido Niceto, gracias a Dios, y a pesar de no poder estar con mi Javi, estamos bien. Fue realmente horrible, yo que vivo a 200 kms. de Concepción, viví un terremoto de 7,5 °, pero estoy bien. Recién ayer lunes logré comunicarme con ella y está bien. Muy asustada, pero bien. Realmente esto fue horrible. Como se había cortado la luz no sabíamos qué era lo que había sucedido y cuando el domingo recuperamos la energía y logramos informarnos ahí pude ver lo que había sucedido. Ante lo sucedido y haber hablado con mi Javi, puedo dar gracias a Dios nuevamente porque ante el horror y la pérdida que han sufrido tantas personas, nosotras estamos bien. Y ahora viene el trabajo de reconstrucción y hay que seguir luchando. Muchos besos. Toñy”.

              De nuevo Antonieta el día 7/III/2010: “Mi querido Niceto, estamos bien, mi Javi en Concepción y yo acá. Pero ya la pude ir a ver y abrazarla y dar gracias a Dios porque pude tenerla en mis brazos. Pero la vida sigue y debí volver a donde hoy estoy. Lamentablemente mi situación actual me impide ayudar económicamente. La vida seguirá y el orden es fundamental para poder cumplir con lo que debo cumplir. Mañana veré si puedo llamarte por teléfono desde mi oficina. Trataré de hacerlo a eso de las 12 del día acá en Chile. Un gran abrazo. Toñy”. El día 19 de marzo me envió fotografías muy impactantes sobre el terremoto: “Estas son algunas imágenes - reales - de lo sucedido en Chile y sinceramente puedo decir que agradezco a Dios que tanto mi Javi y familia estén bien y pido su misericordia para quienes sufrieron pérdidas. Hoy todos vivimos las consecuencias y debemos, necesitamos darnos fuerzas diariamente para creer que podemos reconstruirnos”.

              - Antonieta: “Mi querido Niceto, gracias por tu cariño. La experiencia de vivir un acto de la tierra, un acto de la naturaleza es algo que no se puede manejar, solamente entregarse a Dios e intentar seguir adelante. Gracias a Dios, ni a mi Javi ni a mí nos afectó con pérdidas - de ningún tipo - pero sí a muchísima gente y es extraño pues siempre es a la gente más humilde, y eso provoca la pregunta: ¿Por qué siempre es la gente más necesitada la que sufre? Este terremoto mostró lo peor de nosotros, el individualismo en el que estamos hoy, y marcó las grandes diferencias sociales. La gente con dinero no está preocupada del más pobre, son sólo algunas excepciones los que hacen algo. Hoy hay mucha incertidumbre, en las regiones afectadas ya comienzan los despidos laborales, hay muchas empresas dañadas y otras que no lo están mal usan los "beneficios que les da la ley". Un terremoto no es sólo un movimiento de tierra, sino que conlleva un gran remezón social, para lo cual no estamos preparados. Un gran abrazo. Toñy”.

              - Timoteo Merino desde Hong-Kong: “Acabo de recibir este correo, amplio y estremecedor, uno más sobre las consecuencias del terremoto de Chile, enviado por José Luis desde Chillán, a menos de 100 km. del epicentro”.

              - “Hola, Timoteo:

              ¿Qué tal va la Cuaresma? Ya ves, aquí, en Chile, este año la hemos comenzado en serio un poco más tarde, y no sólo por estar más al occidente sino por la repentina sorpresa que nos estaba preparando la madre naturaleza. Lamento no haberte contestado antes, así como a todos los hermanos que han expresado su preocupación, han pedido noticias, han orado por nosotros. ¡Cómo se agradece, sobre todo en algunos momentos, ese recuerdo ante Dios!

              Quedamos hasta hace solamente unas horas sin luz, sin teléfono, celular (móvil) e inalámbrico y sin Internet. ¡Y casi sin templo! Nuestra Iglesia - y también la de Concepción- ha sufrido daños muy severos. Esperemos que no definitivos que exijan su demolición. Pero, ¿qué es eso para lo que uno ha visto alrededor, lo que oímos, lo que nos amenazaba? Sólo aquí en Chillán, a unos 80 kms. del epicentro, y sin el azote del Tsunami, son 5.000 las viviendas, centros comerciales, etc., destruidas, miles las dañadas, miles las paredes derrumbadas, millones las acciones de gracias por "estar vivos".

              Un terremoto, intensidad 8.8 en la escala Richter, está muy cercano a lo que se ha solido pintar como la descripción de la desolación más extrema, que remite al fin de los tiempos. Duró, además, algo más de 3 minutos, que son eternidad, porque se viven en la sensación de la impotencia más absoluta, sin nada más que hacer, pensar, o sentir; la sensación de que ha llegado el final, zarandeado como un muñeco de trapo, de un lado a otro, como en un juego, inédito y cruel, de niños. Es también el momento en que más en profundidad se vive la humilde confianza, hecha esperanza, de la llamada de Dios: varios de los pocos hermanos de la comunidad nos limitamos a decirle serenamente que se hiciera su voluntad.

              Veo que ya fr. Enrique te/os comunicó que los hermanos estamos bien. También los de Concepción, muy sacudida por el terremoto-maremoto, aunque, al no poder comunicarnos en modo alguno con ellos, nos llevamos un gran susto, pues sí se había oído que la Iglesia del convento se había derrumbado. ¡Fue una gran emoción, cuando nos encontramos y nos abrazamos! Otra vivencia compartida es que un hecho de ese calibre te hace entender vivencialmente que las cosas, en sí solas, apenas tienen valor alguno. Las ves, incluso las que más has acariciado, por el suelo y no significan nada. Se busca al hermano, la vida... ¡lo importante! Es una constante, cuando se pregunta a las personas: "¿Qué tal por casa?" La contestación más común es: "Bien. Gracias a Dios estamos todos vivos". "Perdimos casi todo, pero eso ya se recuperará. Lo importante es que estamos todos bien, o casi bien; todos vivos".

              Ya sabes que muchos cientos de personas no lo podrán decir más. El tsunami, sobre todo, fue despiadado y apocalíptico. En algunos casos el mar se adentró en las poblaciones hasta 500 metros, con sorpresa, furia y destrucción, dejando desolación hasta el lugar más recóndito. Quienes se apresuraron a huir a las colinas, para salvar sus vidas, fueron testigos tristes y desesperados de cómo el agua se llevaba sus casas, frecuentemente con alguno de sus familiares dentro. En algunos casos partiéndolas y llevándose la mitad de la familia en cada mitad y en diferentes direcciones, camino al oscuro horizonte, al abismo. Nosotros apenas nos enteramos de todo esto. Es seguro que desde la lejanía estabais más al tanto que quienes nos encontrábamos a solamente unos kilómetros de la inmensa tragedia.

              Hay testimonios desgarradores, cientos de desaparecidos, mucha gente que vive a sobresaltos, que duermen a la intemperie, por miedo a encerrarse, hundidos en el temor, sin ganas de continuar el camino. Y otros, los más, que parecen haber encontrado fuerza en la adversidad; fuerza para re-comenzar, para re-construir una vez más. Continúan las réplicas, unas imperceptibles (miles de ellas), y otras todavía aterrorizadoras, con hasta 6.1 grados Richter de intensidad, a un promedio de unas diez por día. Se oye el ruido de las máquinas excavadoras, las sirenas, y hasta de algún que otro canto. ¿Cuánto tiempo durará la recuperación del ritmo ordinario de vida? ¿Qué habrá quedado por el camino, además de los escombros? ¿Qué está germinando para hacerle frente al futuro? Chile es un país sísmico (uno de los más notorios en el mundo), y los chilenos, la mayoría de ellos, pueden pasar por esta experiencia varias veces en su vida. Se sobrepondrán una vez más a la adversidad, aunque esta vez les haya probado de modo especial su estima. Es el momento de mirar al horizonte, amplio y profundo como sus costas y su cordillera, con optimismo, acrecentando la solidaridad. La hora de la reflexión y de la escucha. La hora también del silencio, siempre misterioso, de Dios. Mil gracias a todos los que nos habéis escrito, llamado, orado por nosotros. El terremoto, como el desierto de antaño, como los momentos de las largas partidas, y las largas ausencias, son tiempo privilegiado para la memoria, los grandes momentos, para lo que perdura. En los terremotos afloran los nombres, los rostros, la luz de la esperanza. Acompañadnos ahora, mientras intentamos consolar y acompañar a estas gentes, a todos, y buscamos un lugar, medianamente adecuado, para que puedan seguir viniendo los fieles a contarle sus penas a la Virgen, amparados contra las inclemencias del tiempo y de las amenazas de sus propios sinsabores. Estoy seguro, que esta crisis, a su vez, se convertirá en una nueva oportunidad para mirar al futuro con fortaleza y esperanza. Gracias, de nuevo, a todos. Un abrazo. José Luis, OP”.

              - De nuevo el P. José Luis de Miguel, O.P, al habla. Han intentado conectar desde Hong-Kong por teléfono con Chillán sin lograrlo. En este contexto el P. José Luis responde: “Hola, Timoteo: ¿Qué tal seguís todos? Mira, no te preocupe no haber respondido a mi anterior correo tan pronto como deseabas. La idea era, como puedes imaginar, informarte "in situ" de un fenómeno sobrecogedor por su fuerza y que podía preocuparos, máxime fuera del contexto que tú conoces bien, pues en la falda de los Andes estuviste también tú, cobijado. Estamos en un trabajo de reconstrucción (¡y unos minutos, te dicen que hay muchas cosas, valores, etc., que reconstruir!), que, en nuestro caso, será sobre todo de aspectos más bien superficiales, no estructurales, de la Iglesia. Hay que cambiar programas, planes, orientación momentánea de nuestra actividad apostólica, etc. La situación de mucha gente es muy preocupante, sobre todo porque continúan las réplicas, en algunos casos hasta de 7.3 Richter, que ya tiene suficiente categoría para cualificar como verdaderos terremotos. Hoy hemos tenido tres de estas réplicas, intensidad 7.3, 6.9 y 6 grados (de hecho, uno tiene la sensación de que navega en barco durante todo el día y la noche; ¡una de ellas fue mientras el nuevo presidente tomaba posesión del cargo!). Para mucha gente es el temor de que lo poco que en algunos casos les queda, se venga abajo en una nueva sacudida.

              Los chilenos tienen una cultura sísmica y en su gran mayoría saben cómo comportarse en estas situaciones; lo que, tal vez, explique el por qué haya habido relativamente tan pocas víctimas, salvo en la costa, a causa del tsunami. Hoy, por ejemplo, a las 11, 45 horas, cuando íbamos a iniciar la eucaristía, sentimos esa primera sacudida, con todo lo que conlleva. Les pregunté cómo veían ellos el continuar o no con la celebración de la misa, y en su inmensa mayoría dijeron que de todas las maneras: "son réplicas, nosotros estamos acostumbrados". Tuvimos la misa, aunque apenas iniciada, vino la 3ª de estas réplicas. De hecho, uno tiene la sensación de que navega en barco durante todo el día y noche (¡pero no se llega a ningún sitio!). Estamos distribuyendo cajas de alimentos a los más necesitados, que no son pocos. No es gran cosa, pero les mitiga la necesidad familiar de al menos unos días. Y eso es todo. De nuevo, agradecemos tu/vuestra preocupación por nosotros. Una vez más, la adversidad nos une a todos no sólo en la vocación común, sino en la común humanidad. Uno se pregunta por la utopía de una sociedad más fraterna y humana, y más cristiana también, como es la del nuevo reino inaugurado por Jesús. Y se siente tan lejos... Pero también se perciben brotes numerosos de vida, de comunión, de cercanía, etc., que, en situaciones como estas, nos gritan su verdad. Lo que deberíamos ser. Pero hay que dejar camino para que la redención obrada por Jesús se siga realizando, día a día, hasta aquel momento glorioso de su plenitud. Gracias, Timoteo, por el hermoso servicio que nos prestas y por la gracia de hacer de puente entre los hermanos, "del uno al otro confín". Cuídate. Y que sigáis todos bien. Un abrazo. José Luis”.

              - Otro mail de antología. Ahora del P. Víctor Martín, O.P, desde Santiago: “Queridos hermanos: A todos los que me habéis escrito que sois muchos, os doy las gracias de verdad. No os he podido escribir antes porque no ha funcionado el Internet. Todo cortado, averiado, destruido, menos la esperanza y las ganas de vivir de los que estamos vivos. Todos los frailes y miembros de la familia dominicana, bien, gracias a Dios. Estructuras dañadas, algo, pero concretamente a los de la familia dominicana en cosas menores nos ha afectado. El terremoto ha sido terrible. En la ciudad de Santiago menos. En el Sur, terrible. El número de muertos, no ha sido tan grande, gracias a Dios, pero el País ha quedado la mitad destruido. Yo en mi primera experiencia de terremoto de esta magnitud, se me disparó la culebrilla y viví doble terremoto y doble maremoto. Gracias por vuestro interés solidario. Dios os pague y ahora hacer lo que podamos para ayudar a reconstruir este país. Los saqueos, pillaje, frustración, desorden social, etc. etc. ¿y dónde no? A todos, un abrazo. Víctor”. Este mail está fechado el día 2 de marzo cuando la naturaleza estaba todavía en el clímax de su enojo telúrico y oceánico.

              - Prof. Carmen Gloria Fraile: “Muy querido y recordado P. Niceto. Lo primero, gracias a Dios que mi familia y cercanos sin daños físicos, lo demás, como es verdad, recuperable. Ya estamos comenzando a ponernos anímicamente en pie. Sin duda, Padre, hay zonas absolutamente destruidas que invitan fuertemente a la solidaridad pero que generan infinitas preguntas e inquietudes, pero no es ahora el momento adecuado para responder a esas preguntas, luego se pedirán explicaciones. Padre, gracias por su preocupación, no sabe lo que me he acordado de usted, pues cuando estuvo con nosotros en Arauco, se tomó una foto con los restos de la torre de la antigua iglesia que quedó luego del terremoto del año 60. Eso, que era el símbolo de la ciudad, se terminó de destruir. Si busca entre las fotos seguro que se acuerda, creo que esa foto se la tomó con Carlos Valenzuela, uno de los médicos de la entonces Unidad de Bioética. Padre, le cuento que toda la familia de bioética, teología, filosofía y familias están bien, así como sus amigos Antonieta, el profesor Escandón, Moncada, Ignacio M, Padre Luis etc. Todos bien, aunque no los he visto ni me he comunicado con todos, pero por todos he consultado y les he seguido en rastro.

              Mi madre, aunque estaba sola, la Providencia la protegió. Yo estaba en un 5º piso y nada pasó. Solo muchos golpes y cosas quebradas, pero el edificio sería habitable. Padre, gracias por sus oraciones, seguro que ha pensado mucho y ha ofrecido misas por el pueblo de Chile. Se lo agradecemos infinitamente, como por las víctimas del terremoto, que, como siempre, afecta más a quienes viven en condiciones más precarias, los pescadores y campesinos en este caso. Continúe rezando para que nuestra respuesta supere en generosidad y esperanza a los daños causados. Le quiero mucho, Padre, y lamento que la distancia atente en cierto modo contra el cultivo de la amistad. Un gran abrazo. C. Gloria. Ojalá nos dé la noticia de que viene por aquí en algún momento. Carmen Gloria”.

              - Prof. Juan Andrés Medina:                                                              

              “Estimado Niceto,

              Un cariñoso saludo de Ana María y mío esperando que te encuentres bien. Estamos intentando desarrollar nuestra actividad después del verdadero cataclismo que se vivió en nuestra zona centro sur. En verdad que lo ocurrido resulta difícil de asimilar para quién no ha vivido un terremoto, pero pasará un tiempo no menor para reconstruir lo destruido. Ahora bien, debemos dejar atrás lo sucedido y continuar trabajando con ánimo y esperanza en el Altísimo. En este sentido nosotros continuamos planificando el Bicentenario y de acuerdo a lo que conversamos, lo que ahora y producto de esta fatalidad pudiera ampliarse a otros ámbitos de aporte, me interesa saber si has tomado contacto con la amiga que te iba a visitar y que es familiar del Sr. Pacheco Matte. Quiera Dios puedas realizar el contacto para concretar de buena forma eventos académicos de nivel, que sin duda ayudan a mantener y fortalecer la naturaleza de la institución aún en los momentos complicados por los que pasamos. Querido Niceto quedo a la espera de tus noticias y te enviamos nuestro recuerdo cariñoso y esperamos que, Dios mediante, estés bien. Un abrazo. Andrés”.

              Respuesta: “Andrés, gracias por tu mensaje y me alegro de que, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza no hayan sido afectadas. Guardé tus números de teléfono y ahora no los encuentro. Por favor, envíamelos cuando puedas. Respondo a tu pregunta. Tan pronto regresé a casa la tarde de nuestra entrañable entrevista en Madrid me puse en contacto con la persona en cuestión y la encontré dispuesta a mediar. Pero matizó diciendo que el financiero era pro-concertación y no pro- alianza, aunque esto no sería obstáculo para contar con su colaboración. Pero me advirtió de que sin el proyecto ya elaborado en mano y con tiempo suficiente para estudiarlo, no sería fácil para él satisfacer tu deseo.

               3) Reflexiones ante el seísmo de la Pasión de Cristo

             El día 19 de marzo, festividad de S. José, mantuve una larga conversación telefónica con el P. José Luis de Miguel, residente en Chillán. Me ilustró de palabra algunos de los aspectos relatados en su mensaje electrónico con matizaciones añadidas de gran valor testimonial humano. Ante situaciones como estas la vida es todo y las desgracias nos fuerzan a ser más sensatos, realistas y humanos. Aparte los desórdenes inevitables y comprensibles ante la necesidad de seguir viviendo y las miserias humanas habituales, la gente normal y corriente no se queja a Dios de nada y celebra el hecho desnudo de haber sobrevivido a la calamidad. “Lo hemos perdido todo, pero estamos vivos”. ¿Qué más se puede pedir a Dios? Dos caballeros, que habían vivido mucho tiempo enemistados, al encontrarse juntos vivos contemplando el desastre del seísmo se fundieron en un abrazo de reconciliación. La naturaleza ha sido creada por Dios y tiene sus leyes, las cuales, paradójicamente, nos hacen reflexionar sobre los designios amorosos de Dios. De ahí la vigencia de las bienaventuranzas evangélicas, según las cuales, se cumplirá la promesa de felicidad hecha a aquellos que, a pesar de las injusticias sufridas en este mundo y el dolor padecido a causa de los fenómenos de la naturaleza o del desamor por parte de nuestros semejantes, no culpan a Dios de sus desgracias ni rompen su lealtad amorosa con Él. Quienes así se comportan vencerán la muerte y resucitarán a una vida nueva de infinita mayor calidad que la que tiene lugar en este mundo. Los mensajes telefónicos y electrónicos que termino de reproducir se encuentran en esta órbita del realismo y de esperanza cristiana. Como matizaba por teléfono el P. José Luis, esta actitud no se debe a una convicción intelectual sino a una experiencia vivida de alto voltaje humano.

              En esta misma fecha logré hablar también por teléfono con la señora que cuida a los PP. Ramón Ramírez y Pedro Mancebo, O.P, en Concepción. Al presentarme y oír su nombre se emocionó mucho. Lo que menos imaginaba era que yo me acordara de ella y menos aún de su nombre personal. Nelly es una mujer amorosa y hacendosa que me preparaba con mucho cariño las comidas más apropiadas a la condición de mi salud durante mis estadías en Concepción. Hablaba poco, pero sus palabras eran sustantivas y constructivas. La conversación fue larga, realista y tupida de emoción contenida. En el fondo de su corazón latía un sentimiento de gratitud profunda a Dios por la vida, a pesar de los terribles acontecimientos provocados por el seísmo. Me dijo que todavía conservaba el recuerdo del terremoto del año 1960 cuando ella tenía sólo 13 años de edad. Pero, insisto, su estado de ánimo agradecido a Dios por la vida, y la alegría de que yo la hubiera saludado directamente invocando su nombre, fue un hecho altamente gratificante también para mí. Después de este preámbulo me es grato hacer algunas reflexiones al filo del terremoto en cuestión sobre la actitud de Cristo ante Dios Padre al sentirse víctima del seísmo de su Cruz.

              Según Lucas en el capítulo décimo tercero, Jesús fue informado de la masacre perpetrada contra unos galileos mientras ofrecían los sacrificios rituales en el Templo de Jerusalén. La masacre se había llevado a cabo por orden de Poncio Pilato. Como es sabido, este tipo de brutalidades cometidas por los procuradores romanos no eran una sorpresa para nadie. También le informaron a Jesús sobre el desplome de la torre de Siloé con el balance de dieciocho personas muertas. Pues bien, según la creencia ambiental de la época, toda desgracia humana era interpretada como castigo de Dios por algún pecado cometido. De acuerdo con esta mentalidad, tanto los galileos masacrados en el Templo como las víctimas del desplome de la torre recibían la paga justa a su presunta mala conducta. Así las cosas, Jesús retó a sus interlocutores echando por tierra esa forma de pensar e interpretar los acontecimientos. ¿Pensáis, les dijo, que esos galileos masacrados y las personas muertas por el desplome de la torre eran peores que los que quedaron a salvo? La respuesta de Jesús a esta pregunta fue negativa. Ni aquellas muertes ni otras calamidades como la ceguera de nacimiento (Jn 9) estaban vinculadas necesariamente a ninguna culpa o mala conducta sino a los designios misteriosos de Dios. No por morir éstos eran más culpables que los demás galileos o gentes de Jerusalén. En los designios de Dios hay tiempos y horas que hemos de respetar todos, malos y buenos, para aprender a vivir con dignidad.

              La muerte, natural o violenta, los terremotos, las enfermedades y todas las calamidades humanas que acaecen en este mundo tienen su propia dinámica, más allá de la cual se encuentra para hacer justicia, prodigar consuelo, esperanza y misericordia para los que mueren y para los que sobreviven. Dios creó la tierra, por ejemplo, pero no los incidentes que tienen que producirse en ella durante su proceso evolutivo de consolidación y deterioro, entre los cuales se encuentran los seísmos. Dios creó el fuego – es otro ejemplo- pero no es el responsable de los incendios provocados por los pirómanos ni de las consecuencias nefastas que de tales incendios puedan seguirse. Dios es el creador de la naturaleza y el consolador supremo en medio de las calamidades que tienen lugar en ella y no el responsable de dichas calamidades.

              En los mensajes escritos y testimonios verbales que he reproducido acerca del terremoto de Chile prevalece esta mentalidad realista y cristiana sobre la inocencia y misericordia de Dios y no la mentalidad judía desautorizada por Cristo. Paradójicamente, ante la gran catástrofe, la gente se felicita y da gracias a Dios por estar vivos sin que en ningún caso se culpe a Dios de lo ocurrido ni se trate de vincular las muertes producidas a formas de conducta menos ejemplares que otras. En esta actitud frente al dolor y las desgracias humanas se refleja felizmente el espíritu de las Bienaventuranzas, según las cuales, todos los que sufren en este mundo de cualquier forma que sea, serán consolados con creces en el Reino de los Cielos, donde Dios, su amor, su justicia y su misericordia no tienen límites.

              La demostración más convincente de esta realidad la encontramos en la forma de asumir Cristo el seísmo de su propia Cruz. Cristo contempló la llegada del seísmo de su propia muerte transformándola en una prueba de amor humanamente incomprensible. De hecho, la mayoría de los judíos de su tiempo no podían entender que el “justo” o bueno sufriera. Para ellos, la prueba más convincente para no aceptar la personalidad mesiánica de Cristo era el haber muerto como un delincuente. Esta misma mentalidad perdura en el Islám. Pero los hechos terminan echando por tierra los prejuicios. Ya en el libro de Job se planteó esta cuestión a cara descubierta pero el judaísmo oficial no ha aprendido todavía la lección. Cristo encarnó amorosamente la tesis final del libro de Job con su muerte y resurrección. Cristo contempló la llegada de su muerte con los mismos sentimientos comprensibles y humanos que cualquier persona normal contempla el movimiento sísmico que terminará con su vida. ¿No se podría haber evitado esto? ¿Qué mal hemos hecho para que Dios nos castigue de esta forma? Esta pregunta es comprensible, pero sin olvidar que Cristo se mantuvo en todo momento fiel a su conciencia mesiánica asumiendo su propia muerte por amor al Padre y los designios de salvación universal. Cristo no culpó a Dios de nada, ni siquiera a sus propios verdugos para los que incluso pidió perdón. Esto equivalió a ratificar en la práctica su proyecto de amor extensible a los propios enemigos. Por otra parte, la naturaleza es una criatura limitada e incapaz de razonar. Por eso mismo cuando nos sorprende con sus movimientos imprevisibles o incontrolables por nuestra parte nosotros nos refugiamos en Dios como única fuente de consuelo en medio de las calamidades naturales.

              Si releemos los testimonios que he reproducido relacionados con el terremoto de Chile, tanto escritos como verbales, resulta consolador constatar hasta qué punto la actitud de Cristo frente al seísmo de su propia muerte como humano se ha activado en el alma de los autores y autoras de dichos testimonios. Las calamidades naturales nos ayudan a reflexionar con más sensatez y realismo, a discernir entre las cosas esenciales y secundarias y, sobre todo, a respetar y amar la vida de todo ser humano por encima de intereses egoístas y mezquinos. Las catástrofes naturales, el terrorismo, la enfermedad y la muerte son acontecimientos que afectan a ricos, pobres, buenos y malos, lo mismo que cuando llueve o hace sol. Pero no todo termina ahí. Más allá de los acontecimientos está Dios para hacer justicia poniendo a cada cual en su sitio. Los profesionales del bien, los justos o personas de buen corazón, serán compensados con una vida futura, fuera del tiempo y del espacio y de mejor calidad que la que dejaron en este mundo caduco. Los profesionales del mal, por el contrario, recibirán el pago justo a su maldad de corazón. En la literatura semita se expresa metafóricamente esta enseñanza diciendo que los buenos serán acomodados a la derecha de Dios y los malos a su izquierda. Con lo cual se quiere destacar el hecho de que la salvación del hombre después de la muerte sólo es viable por la senda de la bondad en este mundo al modo como la practicó Cristo como rostro visible de Dios. He dicho antes que Dios, de acuerdo con el lenguaje propio de la Biblia, es el creador del cielo y de la tierra. Esto significa en el lenguaje teológico occidental que Dios hizo posible el salto o tránsito misterioso de la nada al ser. Pero, una vez encendida la antorcha de la existencia, las cosas tienen su propio curso de consolidación, apogeo y ocaso natural y es durante ese proceso evolutivo cuando tienen lugar las catástrofes naturales, como los terremotos o los volcanes, las enfermedades y la misma muerte.

              Cabe pensar con fundamento que Dios creó unas cosas ya terminadas, y otras de forma sólo seminal sometidas al proceso evolutivo de su consolidación durante el cual se producen constantes transformaciones de perfeccionamiento, en unos casos, y de trastornos fatales en otros. Está claro, según la Biblia, que Dios está por encima de esas eventualidades como recurso supremo de consuelo y compensación por parte de los seres humanos inteligentes y bien nacidos. Pero queda siempre pendiente la pregunta: ¿por qué no creó Dios la naturaleza, y todo cuando hay en ella, vacunada ya contra esas calamidades naturales, que lo mismo golpean a los justos que a los pecadores? El propio Cristo, viendo cómo se producía lentamente su muerte de forma tan injusta e inhumana, se desahogó emocionalmente ante Dios preguntándose si no habría otra forma de llevar a feliz término su mediación mesiánica sin necesidad de pasar por el suplicio horrible de la cruz. De hecho, hubiera bastado que Él personalmente se hubiera retractado ante las autoridades judías de su mediación mesiánica. Pero había que acatar los designios de Dios, que, paradójicamente, estaban inspirados en el amor y no en la venganza contra nadie, ni siquiera contra los enemigos.

              Ante este hecho la mente humana no acierta a comprender lo que ocurre y por ello hablamos de “misterio” y “designios de Dios” que quedan fuera del alcance científico y de la pura reflexión humana. Pero la no comprensión del hecho misterioso no impide la inteligencia del mismo. Así, por ejemplo, por más que resulte científica y filosóficamente incomprensible que los buenos sufran, los malos triunfen en esta vida y todos seamos tocados por la enfermedad y la muerte sin respetar edades ni condiciones sociales, y por las catástrofes naturales como los seísmos, con un mínimo de sentido común, de realismo vital y de correcta reflexión pronto entendemos o nos damos cuenta de que no podemos culpar a Dios de nuestra suerte. Por el contrario, Él es el único que está por encima de estas eventualidades de la vida como fuente de consuelo y de esperanza en otra vida mucho más linda que la que dejamos en este mundo. ¿Cómo será esa nueva vida? La respuesta está envuelta también en el misterio, pero no por ello deja de ser una meta de esperanza razonable en medio de las calamidades. Lo que termino de decir tiene además un soporte contundente en el hecho de la muerte y resurrección de Cristo.

              Para terminar esta cuestión, que nos llevaría muy lejos, sólo quiero matizar que la creación, mediante la cual Dios hizo posible el tránsito de la nada absoluta al ser, no debe ser confundida con el creacionismo, como suele ocurrir. En el acto creador Dios permanece siempre por encima de todo en el amor y la inocencia. En el creacionismo, por el contrario, se hace a Dios responsable de todo lo que ocurre durante la evolución de la naturaleza, lo mismo bueno que malo. De esta forma hacemos a Dios responsable de nuestras calamidades olvidando nuestra propia responsabilidad. Pero sin salirnos del sentido común y del sano juicio sobre las cosas y los acontecimientos, entendemos sin gran dificultad que, como suele decirse en sentido metafórico, la naturaleza es sabia. Existe la ley universal de la compensación y equilibrio de fuerzas y energías de tal suerte que la desaparición de unas cosas contribuye al surgimiento de otras nuevas evitando el efecto de saturación. Los antiguos formularon esta experiencia ancestral con el aforismo siguiente: la corrupción de unas cosas lleva consigo la generación de otras. O el aforismo popular: unos mueren para que otros vivan. Sigue el misterio o incomprensión total del por qué la vida es así y no de otra manera. Pero sí es relativamente fácil entender que todo tiene su por qué, aunque nosotros no lleguemos a comprender las correlaciones últimas de causa a efecto de los acontecimientos

              La Biblia en general y los hechos y dichos de Cristo en particular nos remiten a Dios como fuente de consuelo y esperanza en medio de las calamidades humanas que tienen lugar en este mundo, unas veces provocadas por nosotros mismos, y otras que tienen lugar al margen de nuestra voluntad. Ese es el gran misterio de la realidad en la que estamos inmersos sin más razón aparente que el capricho de quienes, por motivos justificados o injustificados, nos arrojaron a la existencia sin contar con nosotros. Pero, una vez prendidos en la existencia, a nosotros ya no nos queda otra alternativa que mantener y avivar su fuego hasta que él solo se extinga o la fuerza bruta de otras personas o de la naturaleza ciega nos ponga fuera de combate en este mundo. Con lo cual se refuerza paradójicamente el consuelo y la esperanza en un ser que esté por encima de estas eventualidades, al cual llamamos Dios.

              Este fue el trasfondo antropológico que se refleja en los testimonios anteriormente reseñados con motivo del terrible terremoto/maremoto que tuvo lugar en Chile en la madrugada del día 28 de febrero de 2010. Según esos testimonios, a pesar de lo ocurrido hay que dar gracias a Dios por seguir viviendo y porque murieron menos personas de las que cabía esperar, habida cuenta de la magnitud del seísmo. Igualmente, hay que recuperar la esperanza y las fuerzas necesarias (psicológicas, morales y económicas) para la reconstrucción del país sin perder de vista a Dios como fuente inagotable y segura de consuelo en medio de las calamidades de esta vida como preparación para alcanzar, cuando llegue el momento, esa otra vida feliz que Él nos tiene prometida más allá de la historia, del tiempo y del espacio. Paradójicamente, las penas suelen hacer más sensatos a los seres humanos que las alegrías porque nos obligan a reflexionar sobre la inocencia y bondad de Dios que subyace como fuente de consuelo y esperanza en medio de las calamidades de esta vida. El dicho popular, según el cual “no hay mal que por bien no venga”, no es una aceptación fatalista del mal sino la confesión sincera de que lo malo no tiene consistencia por sí mismo y que hay que afrontarlo desde la perspectiva del bien. Al final de una conferencia telefónica, alguien me dijo que estaba convencido de que algún bien tendría que surgir de los males causados por el terremoto. En línea con lo que termino de decir relacionado con el terremoto de Chile cabe añadir lo siguiente. En la primera semana de abril del 2010 murió en un accidente de avión en Ucrania el presidente de Polonia y varias decenas de personas de la administración pública polaca. Pues bien, el triste acontecimiento unió a todos los polacos como una piña en torno a su presidente muerto olvidándose por el momento de las duras y amargas diferencias políticas internas y con Rusia. Por las mismas fechas la crisis económica de Grecia puso en jaque a toda la Comunidad Europea. Pues bien, ambos acontecimientos contribuyeron a que toda Europa se sintiera unida frente al dolor como factor positivo surgido de la desgracia. Los analistas políticos más lúcidos coincidieron en que estas dos calamidades tenían que ayudar a mejorar las relaciones entre los diversos grupos políticos polacos y a enterrar para siempre los odios generados en el pasado por el nazismo germano y el comunismo soviético. 

              6.  Confinado entre Madrid y la Sierra de Gredos 

              1) Madrid/Sanchinarro 

              En septiembre del año 1958, como queda dicho, llegué a Madrid para continuar mis estudios de filosofía y teología. Por aquella época el entorno de la casa era un arrabal de Madrid con tierra cultivable y pastos para ovejas. Años más tarde dicho entorno terminó convirtiéndose en un vertedero público y escombrera comunal. Sin olvidar los problemas de seguridad que iban surgiendo a causa del chabolismo circundante y la invasión de drogadictos. La propia estructura arquitectónica de la casa favorecía la apertura a todo, incluso a lo peor. De ahí que muy pronto fue necesario cercar la propiedad y poner puertas de seguridad por todas partes.

              Pero a partir de 1990 la zona empezó a ser urbanizada a lo grande hasta el punto de que diez años más tarde se había convertido en un barrio residencial ultramoderno, conocido como el barrio Sanchinarro, habiendo desaparecido por completo la orografía de cincuenta años atrás. Esta promoción urbanística de la zona salvó la casa ya que, habida cuenta de la lejanía del centro de Madrid, había perdido protagonismo y algunos no descartaron la idea de venderla. Pero con la promoción urbanística de Madrid la zona se revalorizó enormemente, por lo que se procedió a una mejora significativa de las condiciones de habitabilidad y adaptación de la casa a las nuevas circunstancias sociales y actividades pastorales. En este nuevo contexto se aceptó la conversión de la bella iglesia en parroquia y con ello el compromiso de un servicio pastoral permanente y más amplio a favor de los habitantes de Sanchinarro.

              Los servicios religiosos y asistencia espiritual se incrementaron para corresponder a la creciente demanda de una población en aumento y relativamente joven. En este ambiente se produjo mi jubilación académica en la Universidad Complutense de Madrid y mi vuelta a la normalidad en casa, después de seis años a caballo entre Madrid y Ávila, compaginando la asistencia a mi padre enfermo con la docencia universitaria en Madrid. Comenzó así una etapa nueva de mi vida mirando ya más a terminar lo mejor posible mis días en este mundo que a realizar nuevos proyectos como lo había hecho en el pasado. Por otra parte, mi estado de salud me obligó a reducir actividades drásticamente fuera de casa. A pesar de todo, en el año 2010 me sentí algo fortalecido y traté de seguir recordando cosas del pasado inmediato como una forma de seguir viviendo al servicio de los demás de la forma más realista y digna posible. Con estos sentimientos he redactado los últimos seis capítulos de estas memorias o recuerdos. Creo haber dicho ya que a lo largo de mi vida académica y pastoral me he sentido mucho más satisfecho de mis contactos personales y confidenciales con la gente que hablando en público. Igualmente, me he sentido más propenso a la predicación escrita que a la oral. Las consultas particulares blindadas por el secreto profesional y mis escritos me han reportado grandes satisfacciones personales y cada vez me gusta más pasar públicamente desapercibido. En este sentido mi “confinamiento” en el convento dominicano de S. Pedro Mártir, en Madrid, ha sido el coronamiento de una experiencia que me permite confesar que, a pesar de mis limitaciones personales y debilidades humanas, soy un viejo dominico feliz en este mundo. ¿Cuánto tiempo va a durar esta situación? Es obvio que no podrá durar mucho tiempo, pero eso es lo de menos. Lo importante es que el remate final de la cuesta de mi vida resulte tranquilo y esperanzado como así lo espero.             

              2) Escrutinio de la biblioteca y cátedra del Blog             

              Una de mis decisiones importantes tomadas en esta nueva situación fue la de despojarme de la biblioteca particular. Pero vayamos por partes. Comencé mi trabajo de profesor con la estantería de mi habitación casi vacía y había que rellenarla, aunque sólo fuera por estética. Pero no era ese mi caso. Los libros para mí eran una herramienta indispensable de trabajo y no podía permitirme el lujo de adquirir libros sólo para adornar paredes. Afortunadamente el convento de S. Pedro Mártir contaba con una valiosa Biblioteca General donde yo podía salir al paso de mis necesidades académicas con sólo descender unos pasos de escalera. Por aquella época no existían los Ordenadores, Internet y los libros electrónicos. Pero en la Biblioteca General disponíamos de libros muy valiosos de consulta e investigación, así como de una entrada de revistas amplia y de gran calidad que me ponían en contacto permanente con las novedades científicas de la época. Paralelamente yo fui rellenando la estantería de mi habitación privada con toda suerte de libros complementarios o de interés exclusivamente personal. Fue para mí un verdadero placer adquirir libros para conocer las ideas y los pensamientos más interesantes de mis contemporáneos, considerados útiles para estructurar yo mi propio pensamiento sobre los problemas esenciales de la vida. Cuando viajaba visitaba con placer las librerías de las ciudades y en la medida de mis siempre limitadas posibilidades, compraba libros y volvía a casa con ellos como si fueran un rico botín conquistado.

              Había libros que, una vez usados, los pasaba inmediatamente a la Biblioteca General. Pero de lo que quiero hablar ahora es del escrutinio final de mi biblioteca particular a raíz de mi jubilación académica y la aparición arrolladora de las nuevas tecnologías de la información. Lo mismo que durante cuarenta años sentí la necesidad de acumular libros como herramientas indispensables de trabajo, ahora sentí la satisfacción de deshacerme de casi todos ellos. Eran herramientas ya gastadas que ocupaban espacio y exigían un trabajo de conservación que ya no era para mí rentable. Su rentabilidad había quedado reflejada en mis publicaciones. Por aquellos años de saturación libresca una de mis satisfacciones cuando entraba en las bibliotecas y grandes librerías era constatar la cantidad de libros que ya no necesitaba leer ni estudiar. Con el paso del tiempo y mi experiencia de la vida empecé a tener la impresión de que el tiempo dedicado a leer libros ajenos era a costa de restar tiempo para escribir los míos propios. En realidad, había llegado a ese momento de la vida en que se lee cada vez menos y se piensa más. Así las cosas, el proceso del escrutinio de mi biblioteca particular fue el siguiente.

              Primero separé y destruí yo mismo todo el material impreso y no impreso que consideré de nulo interés para nadie. Esta operación fue muy delicada y laboriosa ya que corría el riesgo de que con el montón de paja inútil fuera destruida también alguna porción, aunque mínima, de grano limpio. El paso siguiente consistió en separar el material impreso y no impreso que suele considerarse como material de archivo. Yo mismo lo seleccioné y trasladé al Archivo que existe en el convento dominicano de santo Tomás, en Ávila. Realizada esta operación, clasifiqué los libros restantes en dos grupos. En el primero coloqué dos secciones de obras especializadas en ética de la comunicación social y bioética.

              Este lote de obras quedó técnicamente fichado en la Biblioteca General, con lo cual el fondo que ya existía sobre estas materias se vio notablemente incrementado y enriquecido. El resto de libros lo dejé embalado en cajas clasificadas de forma que los funcionarios de la Biblioteca pudieran en el futuro incorporarlos al depósito común con relativa facilidad. En mi habitación privada dejé algunos libros relacionados con la persona de Cristo y la Sagrada Escritura, además de un ejemplar de cada uno de mis libros publicados. Como obras valiosas decorativas mantuve conmigo la Suma de santo Tomás, las obras completas de Xavier Zubiri y LA BIBLIA DE BLAJ de 1795, en eslavo y rumano. Leyendo ahora diversas versiones de la Biblia he llegado a la conclusión de que hay razones sobradas para afirmar que ni la ciencia ni la piedad son el camino adecuado para desentrañar y entender el valor real y objetivo de la Biblia como fuente de humanidad. La etapa final del escrutinio consistió en lo siguiente. Todos los libros míos que conservaba en mi biblioteca particular fueron a parar al archivo parroquial de Hoyocasero, así como algunas carpetas que consideré oportuno conservar. Otros libros los regalé a amigos y familiares sin olvidar que también algunos fueron destruidos por considerarlos superados con publicaciones posteriores. Así las cosas, en el momento de redactar estas páginas sólo quedaron en mi habitación algunos libros para decorar la pequeña estantería. Eso sí, sigo usando la computadora para suplir lo que en tiempos pasados sólo se podía hacer con el manejo directo de los libros editados o realizando viajes para visitar las bibliotecas clásicas.

              Otro aspecto muy importante en mi recta final de la vida fue la posibilidad de transmitir mi pensamiento aprovechando las nuevas tecnologías de la comunicación social. Mis últimas publicaciones no hubieran tenido lugar sin el uso de estos medios, sobre todo mediante el correo electrónico y los blogs. Estos dos lugares de la Red fueron mi cátedra de jubilado a la que accedí sin tener que pasar por humillantes concursos académicos de competencia. Desde esta cátedra abierta al mundo entero pude llevar a cabo un trabajo fácil y agradable de docencia académica y de predicación escrita. Entre las ventajas de estas tecnologías cabe destacar la facilidad que ofrecen para redactar los textos y divulgarlos de forma estética. Para mí la redacción de los textos al estilo clásico usando las venerables máquinas de escribir llegó a ser un verdadero calvario. Aquella forma de trabajar me producía un cansancio insoportable. Llegó un momento en que el solo ver la máquina de escribir me producía ya cansancio habida cuenta de los problemas que esa forma de trabajar acarreaba a la columna vertebral. Con la llegada de las computadoras surgieron otros problemas importantes pero el trabajo de escribir y divulgar los escritos se facilitó enormemente. Por otra parte, estaba la ventaja de hacer llegar el propio pensamiento a todos los rincones del mundo en un record de tiempo jamás conocido. Como he dicho ya, mi responsabilidad de escritor nació y se incrementó al darme cuenta de que lo que yo escribía podría ser leído dónde y por las personas que yo menos podía imaginar. Ahora esta posibilidad es casi ilimitada y de ahí la necesidad de afinar aún más el sentido de responsabilidad sobre lo que se escribe para ser transmitido por cualquiera de las opciones que ofrece la Red.

        Dos matizaciones más. La primera se refiere a la pérdida de la intimidad en las comunicaciones personales. Imaginemos que el cartero clásico, antes de distribuir la correspondencia a sus destinatarios a domicilio, abriera y leyera el contenido de cada una de las cartas. Pues bien, esto es lo que ocurre con el correo electrónico. De hecho, hay correos que no llegan a sus destinatarios porque la empresa distribuidora considera que pudieran ser perjudiciales. O lo que es igual, existe una censura previa sobre la correspondencia personal que enviamos y recibimos por Internet. Incluso se advierte a veces sobre el carácter privado o confidencial del contenido del mensaje. Con el correo electrónico se ha perdido la intimidad de la correspondencia y se ha introducido una censura automática sobre la misma. ¿Ventaja o desventaja? Sea cual fuere la respuesta a esta pregunta, lo cierto es que antes de enviar un correo electrónico o de publicar algo en la Red hay que revisar bien lo que se ha escrito y antes de enviarlo pensar dos veces sobre el contenido del mismo.

              La gran ventaja del blog consiste en que uno puede publicar su pensamiento y sus opiniones sin necesidad de someterse a los trámites impuestos por los clásicos editores de libros y revistas. El que tiene algo que decir se dirige directa e inmediatamente al público sometiéndose sólo a unas condiciones muy reducidas y fáciles de aceptar. Si lo desea, puede dejar abierta la posibilidad de que los lectores respondan y se produzcan debates. Pero también es posible expresar uno su pensamiento sin otro interés que el de darlo a conocer evitando los debates o enfrentamientos personales con nadie. Por otra parte, por cantidades de dinero asequibles a cualquier persona con ingresos económicos modestos, es posible escribir y publicar el propio pensamiento sin censuras previas ni las limitaciones editoriales de otros tiempos.

             Mi criterio sobre el uso del correo electrónico y del blog como nueva cátedra de pensamiento ha sido el siguiente. Es obvio que por Internet circula mucha basura informativa y de pensamiento. De esto no cabe la menor duda. Pero, precisamente por ello, hay que sembrar en la Red información y valores de calidad humana. De lo contrario, los internautas, que en un futuro próximo serán la casi entera humanidad, sólo encontrarán basura para ahogarse en ella. De la misma forma que en otros tiempos había que promocionar los valores humanos mediante publicaciones e informaciones escritas de calidad, como alternativa a las informaciones y libros clásicos basura, de modo análogo hay que diseminar por doquier en la Red informaciones y pensamientos de calidad. De lo contrario, los internautas sólo recibirán informaciones y mensajes de baja calidad cuando no abiertamente corrupta. Así las cosas, pensé que había que perder el miedo y me decidí a diseminar mensajes de humanidad por toda la Red mediante el correo electrónico y los blogs. Empecé creando un blog en el que introduje el concepto de BIOTANASIA como el reverso negativo de la bioética, al que fui añadiendo otros sobre amistad, cristología, memoria histórica, la Biblia, el uso de la razón, la biotanasia de Estado, la existencia de Dios y otras cuestiones susceptibles de aportar algún mensaje importante sobre la vida humana. Todos los blogs iban ilustrados con alguna o numerosas fotografías relacionadas con el tema tratado. Así, por ejemplo, el blog sobre la amistad incluía un elenco de varios centenares de fotografías en las que aparecían personas que de una u otra forma y en diversas partes del mundo alegraron mi vida con el regalo de su amistad. Las fotografías son un complemento agradable para el destinatario del blog y al mismo tiempo la expresión de mi feliz recuerdo y gratitud pública a las personas representadas. En cualquier caso, me es grato constatar en la vejez que fue un placer y una satisfacción la adquisición de libros primero, y el desapropio de ellos después de haberlos utilizado al máximo como herramientas de investigación de la verdad y de apostolado intelectual. Igualmente fue una oportunidad providencial nunca prevista por mi parte el poder continuar en la cátedra de Internet, después de abandonar por ley natural la cátedra de la docencia clásica, aprovechando la posibilidad de utilizar los medios de comunicación electrónicos más avanzados.              

              3) Almería y su Índalo             

          El mes de agosto del año 1985 decidí trasladarme a Almería para reponer fuerzas junto al mar. Mi hospedaje tuvo lugar en el convento dominicano de santo Domingo, sede de la Patrona de Almería, la Virgen del Mar. Como superior de la comunidad me recibió el P. Vicente López, O.P, al que ya había tenido la suerte de conocer en Cádiz en diciembre de 1974. Por aquella época todo me resultaba novedoso en aquellas tierras desérticas, pero con un futuro ya prometedor a causa de la promoción de las nuevas tecnologías de regadío. En la zona norte de la provincia almeriense se encuentra la comarca de los Vélez conocida por sus famosas pinturas rupestres. Según cuenta la leyenda, las pinturas halladas en la cueva de los letreros datan del 4500 A.C., y allí fue encontrado el Índalo o representación de un dios prehistórico sujetando un arco iris y ofreciendo protección frente a posibles diluvios. Se dice que desde entonces en Almería llueve menos y es el lugar con más luz de toda la península ibérica. El Índalo recibe su nombre en honor a San Indalecio, significa ‘mensajero de los dioses’ y se encuentra pintado en numerosas casas de la población almeriense de Mojácar por creer que protege de las tormentas, del rayo, del ‘mal de ojo’ y otros males. Según una vieja leyenda popular, el poder benefactor de este símbolo es más efectivo cuando el totem está hecho con oro almeriense de Rodalquilar, lugar por donde presuntamente entró por primera vez la luz del Evangelio de Cristo en la península ibérica con San Indalecio, uno de los llamados Varones Apostólicos. Según una tradición muy antigua, S. Pedro y S. Pablo habrían enviado a predicar el Evangelio en la península ibérica a los siete discípulos siguientes: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio. Los artistas almerienses indalianos lo adoptaron como tótem, y el filósofo Eugenio d'Ors, que fue en vida Indaliano de Honor, dijo que el Índalo es la "supervivencia substantiva de una sub-historia traslúcida a través de las veladuras de la historia y los tonos brillantes de la cultura".

              Durante el mes de agosto la ciudad de Almería vivía con ilusión la celebración de la gran Feria coronada con la semana dedicada a la Virgen del Mar y el convento de los PP. Dominicos era el corazón de estas fiestas religiosas. Su historia me pareció gloriosa y trágica al mismo tiempo. El gran convento original data del siglo XVI, pero sufrió las vicisitudes de la desamortización y, sobre todo, las consecuencias del odio y el fuego de la guerra civil del siglo XX. Presumiendo que el templo pudiera ser pasto de las llamas, la imagen original de la Virgen del Mar fue escondida en una casa particular y en su lugar pusieron una imitación. Me dijeron que pocos días después vieron acercarse dos hombres con un cubo de gasolina e incendiaron impune y alegremente el templo. Terminada la contienda bélica el templo fue reconstruido, y devuelta a su lugar la talla original de la Virgen con todos los honores. La fiesta es celebrada todos los años en la última semana de agosto con la participación directa de las autoridades religiosas, civiles y militares de la ciudad. Las fiestas de la Virgen del Mar es un motivo de alegría y encuentro para todos. Oficialmente el Prior de turno del convento de los dominicos es el guardián y responsable principal del templo y de todas las actividades pastorales y de formación teológica que tienen lugar con motivo de las fiestas en honor de la Virgen del Mar. Por aquella época había un hermano fraile no sacerdote, conocido popularmente como Fray Paco, que ejercía fielmente y con total entrega los servicios de sacristán en el templo de la Patrona. En una de las salas contiguas a la iglesia dentro del convento había erigido un pequeño altar alternativo a la Virgen del Mar para su devoción particular y pensaba que en el templo había que poner todos los medios disponibles para que las celebraciones en la iglesia resultaran lo más solemnes y pomposas posibles. Por otra parte, le gente era muy generosa en expresiones de afecto a la Virgen del Mar. Una de esas expresiones de afecto consistía en inundar el altar de flores, especialmente nardos. Así las cosas, la celebración de la Eucaristía resultaba para mí un problema a causa del calor y la intensidad del perfume de las flores. Para combatir el calor había unos ventiladores que lanzaban el aire sobre el altar, con lo cual corría yo el riesgo de coger un resfrío. Por otra parte, el perfume de las flores era tan intenso que apenas podía soportarlo. Había momentos en que tenía la sensación de mareo. Nunca ocurrió nada, pero ante esa incomodidad yo deseaba terminar la celebración litúrgica lo antes posible. Pero ¡quién era yo para decirle a Fray Paco que moderara el aire de los ventiladores o que rebajara la cantidad de flores, o las alejara del área de la celebración?

              Por las noches, después de cenar, era un respiro subir a la terraza. Fray Paco era un charlista de primera categoría. Había sobrevivido a la guerra civil no por su ciencia sino por su instinto vital y astucia contra los malhechores. Sus “historias”, creencias y convicciones estaban marcadas por su experiencia de supervivencia a la guerra civil, un amor entrañable e ingenuo a la Virgen María y su admiración a las personas piadosas y de buen corazón que había conocido. Era un hombre simple sin estudios, como suele decirse, pero con mucho sentido común y amor a la vida. Y, por supuesto, enemigo declarado de cambiar las cosas del pasado con el pretexto de mejorarlas. Por el año 1985 no había ascensor en la casa y la terraza se encontraba en el cuarto piso. Él era uno de los más entrados en edad y necesitado del ascensor. Obviamente, había que ponerlo y lo pusieron. Pocos meses después tuve que hacer un viaje relámpago a Almería y le expresé mi satisfacción por el alivio que suponía el uso del ascensor. Me respondió con acento andaluz profundo: “A mí no me gustan estas modernanzas”(sic).

      Los otros polos de mi atención durante aquella primera e histórica estadía en Almería fueron la Alcazaba y el mundo árabe, la amabilidad de la gente que conocí y la bonanza del mar. La Alcazaba era un punto de mira muy adecuado para meditar sobre África y el mundo musulmán con sus luces y sombras. Era inevitable admirar el uso maravilloso que hacían del agua y la jardinería como contrarréplica a la aridez y crudeza del desierto, pero sin olvidar el fanatismo religioso islámico. El trasiego marítimo entre Almería y Marruecos era otro centro de mi atención. Por otra parte, el templo de la Virgen del Mar fue un lugar de encuentro permanente con los almerienses castizos y profundos y pronto me percaté de lo fácil que era hacer amistades sin pretenderlo. Tampoco me pasaban inadvertidos sus problemas personales y sociales marcados por un contexto histórico y geográfico muy especial. Contemplando el entorno desértico de la región me preguntaba con frecuencia cómo pudieron sobrevivir allí sus antepasados. Paradójicamente, sin embargo, tuve la satisfacción de ver cómo se iban aplicando las nuevas tecnologías agrícolas hasta el punto de convertir en fértiles las arenas del mar. Me refiero a la implantación de los famosos invernaderos. Pero mi objetivo principal era no sólo seguir conociendo la tierra y sus habitantes con sus tristezas y alegrías, sino también aprovechar los beneficios del mar para mi salud. Por ello planificaba mi tiempo de forma que, además de prestar alguna ayuda pastoral en el Santuario de la Virgen del Mar, pudiera disponer del mayor tiempo posible para pasear por la playa y hacer ejercicios de natación. Estas horas diarias en la playa me permitían también observar mucho a la gente que, como yo, acudía allí buscando descanso y salud. Todo allí, la belleza del mar y los diversos comportamientos de las gentes, era una invitación a la reflexión profunda. En Almería hice amistades muy lindas que se perpetuaron después. Sería largo hablar de esas maravillosas personas. Algunas terminaron sus días en este mundo y otras siguen luchando por la vida. Pero lo mismo las que se fueron como las que quedaron, sin perder jamás su maravilloso estatuto de dignidad humana y cristiana.

      Por razones pragmáticas me parece oportuno evocar la memoria de una señora octogenaria cuyo nombre he olvidado, pero no la grandeza de su persona. En una consulta confidencial me explicó su forma de ver la vida después de haberse entretenido durante la juventud en la poesía. Emigró a Argentina y publicó numerosos escritos poéticos. Pero al llegar a la década de los ochenta años de edad se hacía preguntas a sí misma sobre todo como una adolescente que había pasado su vida entretenida con sus encantos juveniles y satisfacciones literarias. Después de exponerme lo sustancial de su currículo literario me dijo que los libros que había publicado no la habían aportado nada sobre el sentido de la vida. Al contrario, el entusiasmo que había puesto en su composición la había distraído de la reflexión profunda sobre el sentido de la vida, que era su gran preocupación cuando veía ya cercano el ocaso de la suya propia. Así las cosas, decidió volver a la Iglesia después de muchos años de alejamiento, convencida de que la religión cristiana tenía la misión fundamental de ayudar a la gente a ser buena. Según ella, esta debería ser la misión esencial de todas las religiones. La conclusión implícita de todo su discurso sobre la presunta inanidad de sus escritos poéticos y el valor radical de la bondad humana era otra cosa que el resultado de la experiencia de una mujer octogenaria, realista e inteligente.

      El año 2003 volví a Almería para tomarme unos días de descanso antes de iniciar el viaje a Chile, del que he hablado más arriba. El P. Vicente López, OP, había fallecido y el Prior de la comunidad dominicana era el canonista P. Agustín Turrado, OP. También el popular Fray Paco había fallecido y le había reemplazado Manuel Villarreal. OP, después de su periplo de misionero en África. Todos habíamos crecido en edad y disminuido en capacidades físicas y psicológicas. En lugar de permanecer todo el mes de agosto sólo estuve las dos primeras semanas. La ciudad de Almería estaba en pleno desarrollo urbanístico, pero eché de menos a personas entrañables. Los años no habían pasado en balde. Me hubiera gustado prolongar mi estadía de descanso todo el mes de agosto, pero me habían solicitado desde el otro lado del Atlántico y me sentía como en el deber moral de responder al llamado sacando fuerza de flaqueza. No volví a Almería hasta el verano del 2006, pero antes de reanudar el discurso almeriense me parece oportuno hacer un inciso sobre mi estadía en Cádiz durante el mes de agosto del 2005.

      Efectivamente, volví a Cádiz para disfrutar del mar y recordar tiempos pasados de los que ya he hablado. Pero las circunstancias esta vez no me fueron favorables. Para empezar, encontré al P. Ildefonso Gutiérrez, OP en estado terminal por causa de un cáncer. Tuve la satisfacción de constatar que me reconoció y se alegró de mi visita. El paciente necesitaba de asistencia total y era asistido en casa fraternalmente por los frailes dominicos de la comunidad con la ayuda amorosa e indispensable de María Luisa Quílez Cervera, una de las protagonistas del capítulo séptimo de estos recuerdos. Cuando llegaba la hora de asistir al enfermo todos poníamos de nuestra parte lo que estaba a nuestro alcance bajo la guía experta de María Luisa. Al día siguiente de mi llegada nos encontrábamos prestando los servicios de rigor al paciente y fue en esa circunstancia cuando nos saludamos en presencia del enfermo. Su rostro me resultó familiar pero no terminaba yo de identificar a su persona. También ella me miró como quien terminaba de encontrarse con una persona no del todo desconocida. Nos habíamos visto con frecuencia en la iglesia del convento y en alguna celebración social durante mi estadía en Cádiz hacía una década y, como suele decirse, ¡qué pequeño es el mundo! Nos reencontrábamos ahora por sorpresa tratando de ayudar a un enfermo en los últimos días de su existencia. ¡Así es la vida!

      Terminados los servicios al enfermo María Luisa me preguntó si disponía yo de cinco minutos para dedicárselos a ella. ¡Faltaría más! Nos sentamos en un banco del claustro del convento y me contó brevemente su vida con alegrías y penas. A partir de aquel momento se convirtió para mí en una amiga amorosa y entrañable. Desde el momento en que la observé cuidando al enfermo tuve la impresión de que había descubierto a una gran mujer semejante a aquellas que seguían de cerca los pasos de Jesús de Nazaret y el tiempo me dio la razón. Antes de regresar a Madrid tuve que pasar un día por los servicios de urgencias médicas a donde me acompañó fraternalmente el P. Pascual Saturio, OP, a la sazón Prior del convento dominicano y sede de la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz. El problema se resolvió felizmente y regresé a Madrid con toda normalidad. El P. Ildefonso falleció pocos meses después y el convento fue sometido a una remodelación importante con el fin de habilitarlo como Residencia para enfermos que requieren cuidados y servicios médicos especiales. Personalmente pienso que esta decisión fue sabia y venía a corregir otra decisión tomada en un Capítulo Provincial poco realista de cara a afrontar los problemas derivados de la edad y las enfermedades de los frailes dominicos en Andalucía.

      Comenzaron pues las obras en el convento de Cádiz y esta fue la causa inmediata que me llevó de nuevo a Almería en agosto del año 2006. La novedad más destacable en casa había sido la muerte del Prior Agustín Turrado, víctima de un cáncer acelerado. Le había sucedido el P. Justo Cubero, OP, el cual me agasajó como era costumbre en aquella casa. Años atrás Agustín Turrado había impartido clases de Derecho Canónico en nuestro Instituto de Teología de Madrid y durante ese tiempo vivió en la habitación contigua a la mía. Cuando llegó a Almería el obispo D. Adolfo González Montes le encomendó responsabilidades docentes y pastorales importantes en la diócesis. Pero la vida tiene su curso natural y hay que respetarlo.

      A Justo Cubero, su sucesor, yo no le conocía personalmente, pero había vivido durante un año académico en el convento de Santo Tomás en Ávila y allí fue testigo de anécdotas domésticas ocurridas entre los estudiantes de teología y el Maestro de Estudiantes de turno. Recordaba con gran aprecio al P. Teodoro González OP, y me relató con precisión y buen humor dichas anécdotas estudiantiles que reflejaban muy bien la personalidad y carácter del Maestro de Estudiantes. El P. Teodoro González me ratificó, también con sentido del humor, todo lo que el P. Justo me había contado. Con el paso de los años el realismo de la vida nos hace ver el pasado con humor y más comprensión las debilidades humanas que no son fruto de la maldad del corazón. El P. Justo era un hombre muy bien dotado para las relaciones públicas y asumir la responsabilidad de presidir y orientar las solemnes celebraciones relacionadas con la Patrona de Almería, la Virgen del Mar. De dichas celebraciones, en las que participaban las autoridades religiosas, civiles y militares de la ciudad, encabezadas por el Obispo, el alcalde y el jefe militar de la zona, quedó un archivo gráfico muy interesante. Yo mismo colaboré con él en este quehacer para la historia.

      El día de la ofrenda floral a la Virgen del Mar era un espectáculo de cariño a la madre de Cristo y de belleza artística impresionante. No había gremio ni profesionales sociales que no enviara alguna representación bellamente engalanada para rendir homenaje a la Virgen del Mar. La segunda persona clave en casa para la asistencia del Santuario era Fray Manuel Villarreal, OP. Como dije antes, había sido misionero en África y era un placer oír sus relatos y aventuras pastorales y humanitarias. Un día de abril del 2010 le llamé por teléfono desde Madrid para pedirle un pequeño currículo personal con el fin de insertarlo en estas páginas. Su respuesta fue que mejor sería que volviera yo a Almería y me lo decía directamente de palabra. Y añadió con gran naturalidad: “Pide a Dios por mí”. ¿Qué ocurre?, le pregunté. Bueno, replicó, me han diagnosticado un cáncer en la garganta y piensan que hay que salirle al paso con sesiones de quimioterapia.

      Al almuerzo de honor que se celebraba en el convento con motivo de las fiestas patronales nunca asistió el Obispo. La razón de su ausencia estaba justificada por el deber de acompañar a su padre de avanzada edad y que dependía de sus cuidados. Llegó a Almería de Ávila donde tuve la ocasión de conocerle y tratarle personalmente. En Almería, como en Ávila, tenía prestigio de ser un hombre muy inteligente e intelectual pero muy largo en sus homilías y en ocasiones poco ajustadas a la audiencia que tenía delante. Por ejemplo, con un calor ambiental asfixiante en la iglesia abarrotada de gente con motivo de las fiestas patronales, el Obispo pronunció una homilía magistral de casi veinte minutos criticando con argumentos contundentes el relativismo contemporáneo denunciado por el Papa. Una señora, que, entre otras cosas muy pintorescas, escribía con placer artículos en la prensa animando las fiestas de la Virgen del Mar, calificaba al obispo como orador diciendo que era “empachosamente culto”. La forma de predicar la homilía dominical, en efecto, ha sido siempre un asunto de gran trascendencia y es bueno escuchar a la gente para corregir defectos que impiden el interés y la comprensión de los temas tratados en ese tipo de predicación. Volví a Almería durante cuatro años consecutivos en el mes de agosto y sería muy largo hablar de mis vivencias del mar, paseos de reflexión por la ciudad y de los contactos personales con la gente. No obstante, no me resisto a dejar constancia histórica de algunos eventos y recuerdos personales.

      En agosto del año 2006 se encontraba también en el convento de Santo Domingo disfrutando de unos días de descanso el ilustre bibliotecario de S. Gregorio de Valladolid, P. Justino OP. Pues bien, uno de los frailes quiso agasajarnos a ambos con una gira turística por algunos lugares emblemáticos de la región. Esto ocurrió un domingo por la tarde después de haber terminado los servicios religiosos dominicales. Nuestro generoso invitante manifestó en dos ocasiones que estaba cansado, pero ello no sólo no fue obstáculo para ponerse al volante del coche, sino que puso particular interés en pasearnos por los lugares y monumentos que él consideró pudieran resultar más interesantes para nosotros. Finalizado felizmente el proyecto de visitas programado y de regreso a casa, se me ocurrió a mí mencionar el Cabo de Gata diciendo inocentemente que nunca había estado allí. Al oír esto nuestro caritativo anfitrión se consideró obligado a llevarnos a conocer sobre el terreno aquel lugar y, sin más preámbulos, en lugar de continuar hacia Almería giró con toda decisión hacia el Cabo de Gata.

      El P. Justino aceptó más resignado que convencido y no hizo ningún comentario. Yo, por el contrario, no me resistí a preguntar si no era ya demasiado tarde para realizar esa visita. En realidad, más que la hora lo que me preocupaba era que yo sentía necesidad de volver a casa cuanto antes y no me apetecía hacer ese viaje de visita relámpago cuando estaba oscureciendo, las condiciones de tráfico eran malas y el conductor no podía disimular los signos de cansancio. Por fin llegamos al Cabo de Gata y nuestro anfitrión me presionaba para que accediera a los miraderos y contemplara las maravillas del lugar sin reparar en el peligro que ello suponía a causa de la oscuridad que se cernía ya sobre el lugar. Salimos de allí ya entrada la noche y ocurrió lo que yo presentía que podría ocurrir con toda probabilidad. En un momento dado el conductor perdió el control del coche y estuvimos a punto de perecer los tres.

      Era ya entrada la noche y nadie en casa sabía dónde estábamos ni cómo nos encontrábamos. Afortunadamente salimos ilesos nosotros y el coche y pudimos continuar el viaje de regreso a casa. Todo ocurrió en cuestión de pocos segundos. El conductor comentó: “¿Veis?, la Virgen del Mar nos protege”. Yo, en cambio, pensé sobre lo importante que es ser prudentes y no temerarios en la vida. El cansancio es siempre mal consejero y nuestro caritativo agasajador había tomado una decisión imprudente en un momento de cansancio. Llegamos a casa como si nada hubiera ocurrido y jamás se habló después de este asunto. A lo largo de mi vida he visto varias veces la muerte muy cercana y en esta ocasión casi nos dimos la mano. La conclusión de esta experiencia es que hay que usar la razón para ser prudentes y no dejarnos arrastrar a la primera de cambio por el cansancio y los sentimientos, aunque estos sean nobles.

      En el verano del 2006 observé pronto que la presencia de los árabes se había potenciado considerablemente. En la zona del puerto marítimo había numerosas tiendas de moros, cafeterías y restaurantes. Incluso había un local que servía de mezquita para orar.  Todos los días daba un paseo por la zona y en ocasiones me tomaba un té moruno. Por otra parte, las condiciones del puerto habían mejorado mucho y habían desaparecido las lastimosas colas de otros tiempos para el embarque hacia Marruecos. Al poco tiempo de mi llegada ya me conocían en todos los pequeños comercios donde se podían adquirir productos de primera necesidad y recuerdos del mundo musulmán a precios muy razonables. Es verdad que las condiciones de salubridad, orden y limpieza en aquellos mercadillos moros no eran envidiables, pero me interesaba mucho ver a la gente, observar sus formas de comportamiento y reflexionar sobre sus problemas personales.

      En ocasiones llegaba la policía y todo me hacía pensar que las condiciones legales y de seguridad de aquellos locales no ofrecían muchas garantías. Con el tiempo el pequeño local que hacía de mezquita se cerró, pero aparecieron los servicios de Internet. Uno de los jóvenes que se ocupaban de los clientes era muy religioso y muy amable conmigo. Cuando yo entraba en el local me trataba con mucha deferencia y amabilidad. Pero un día llegué y le encontré en pié como si estuviera distraído mirando algo extasiado. Tan pronto yo irrumpí en el local, un compañero suyo me abordó inmediatamente para informarme de que mi amigo estaba en aquel momento haciendo oración y no podía ocuparse de mí. Por aquel local de servicios de Internet pasaba mucha gente misteriosa y ello me estimulaba más para visitarlo. El local del té moruno fue a donde invité a un joven estudiante de Derecho para celebrar con él una entrevista sobre su eventual ingreso en la Orden de Predicadores. Hicimos una gran amistad y por ello, aquel día y lugar se convirtió en un referente obligado de nuestra memoria. Este joven inició los trámites para incorporarse en el momento oportuno a los dominicos, pero sorpresivamente ingresó en el Seminario diocesano. Posteriormente perdí los contactos con él y supe que había abandonado también el Seminario diocesano. ¿Qué habrá sido de él? No entré más en el local del té. Me atraía la hierbabuena, pero no me convenía la cantidad excesiva de azúcar con la que se hace el té moruno. Por otra parte, me apetecía seguir visitando el lugar, pero alguien me aconsejó que no abusara de mi presencia por allí para evitar que mis visitas pudieran ser interpretadas como sospechosas. A la altura del 2006 ya no había entrada libre al Puerto marítimo con lo cual suspendí también las visitas a una cafetería desde la cual se podía seguir de cerca los movimientos internos del puerto y el comportamiento de la gente que embarcaba y desembarcaba.

      La ciudad de Almería había evolucionado mucho urbanísticamente durante los últimos años. También la playa había mejorado en lo que se refiere a los servicios de limpieza y conservación. Por razones de comodidad yo solía aprovechar la mañana temprano y un par de horas por la tarde para tomar el sol y hacer ejercicios de natación al lado del antiguo Cargadero, obra emblemática de Eiffel. A ese lugar accedían personas muy pintorescas cuyas conversaciones y formas de comportamiento dentro y fuera del agua resultaban a veces para mí un laboratorio de observación humana. Las escuchas de esas conversaciones de playa en voz alta darían lugar para escribir un libro interesante de antropología poco conocida. Entre esos pintorescos personajes me parece oportuno recordar a una señora de aspecto exterior insignificante. La conocí al final de una celebración eucarística en la iglesia de los dominicos cuando se acercó a mí para felicitarme por la homilía. De hecho, era todo un personaje bien conocido en Almería. Escribía en la prensa y se paseaba mañana y tarde por la playa. Tenía un hijo casadero y vivía de la caridad de la gente. Hacía lo posible por estar presente en todos los eventos religiosos y festivos de la ciudad, pero era pobre de solemnidad. Lo que la mayoría de la gente no sabía era que vivía en una casa grande sin muebles junto a la playa rodeada por media docena de gatos sobre los que volcaba toda su afectividad. Cuando me habló de su situación personal la hablé sobre la conveniencia de que hablara con su hijo y tomaran juntos una decisión para afrontar el futuro a partir de la ventajosa propiedad de la que disponía junto a la playa.

      De joven fue enfermera, pero abandonó la profesión e invirtió sus bienes viajando por Asia fascinada por las filosofías orientales, especialmente el yoga. De hecho, daba algunas clases de yoga en su casa y trató de publicar un libro sin éxito sobre el tema para salir al paso de sus necesidades materiales. Un día me dijo que deseaba salir de allí y marcharse a vivir a otro lugar. pero no veía cómo. Su mundo, me confesó, eran los gatos, los cuales, como criaturas de Dios que eran, no podían ser abandonados echándolos de casa; la meditación sanadora contemplando el mar en la playa y, como remate del día, las visitas a las iglesias de la ciudad. Alguien me dijo que esta era una mujer extraña rayando en lo peligroso. Yo, en cambio, pensé que era una mujer psicológicamente de estudio, pero moralmente con buenos sentimientos. En base a esta convicción no dudé en prestarle alguna ayuda económica con mi dinero de bolsillo para que por lo menos no incurriera en anemia. Se conformaba con cualquier cosa, aunque fuera mínima, y la aceptaba con profundo sentimiento de gratitud. Esta mujer contribuyó a confirmar mi vieja opinión según la cual los sentimientos religiosos y humanitarios no cimentados en el uso correcto de la razón desestabilizan e impiden fatalmente el desarrollo y maduración de la personalidad.

      Durante el siglo XX muchos países de Europa oriental vivieron décadas bajo regímenes comunistas sin libertad religiosa y con grandes dificultades de subsistencia material. En algunos países como Ucrania y Rumania, la Iglesia católica de rito bizantino fue brutalmente ilegalizada. Las razones económicas y el deseo de integrarse en la nueva Europa motivaron en los comienzos del siglo XXI una fuerte corriente migratoria hacia España, procedente en su mayor parte de Rumania y Ucrania. Las migraciones de países de Oriente Medio obedecían principalmente a una situación bélica, inestabilidad política e intransigencia musulmana. En consecuencia, las Iglesias católicas orientales, especialmente las de Rumania y Ucrania, se vieron en la necesidad de atender pastoralmente a sus emigrantes mediante sacerdotes del propio rito que, además, conocieran el mundo de la emigración y la propia lengua. Una de las numerosas comunidades de rito greco-católico procedentes de Rumania se constituyó en Almería. El año 2008 el Obispo de Almería D. Adolfo González Montes y el de Oradea, D. Virgil Bercea, inauguraron canónicamente la parroquia de rito greco-católico almeriense con el P. Gheorghe Boros como párroco a la cabeza.

      Yo había visto antes una fotografía en la prensa de Madrid al P. Boros acompañado por su esposa y sus hijos. En otra ocasión, paseando por la playa almeriense alguien me hizo notar la presencia de la familia Boros. Pero fue un año después cuando decidí encontrar la oportunidad de saludarle personalmente. Fui a su iglesia ubicada en el número 24 de la céntrica calle Reyes Católicos, pero me encontré con una información en la puerta anunciando la clausura de servicios religiosos durante el mes de agosto. Pero pasé por allí antes de terminar el mes y me encontré con uno de sus hijos el cual me facilitó algunas informaciones útiles entre ellas el momento justo en que podría encontrar allí a su padre. Dicho y hecho. Le encontré y ambos nos alegramos mucho de nuestro encuentro. Nos hicimos las fotografías de rigor con el bello iconostasio de fondo. Pero cuando yo esperaba poder conversar con él sobre algunos temas, me pidió disculpas porque tenía que dejarme inmediatamente. En aquel preciso momento tenía que llevar a su hijo de pocos meses de edad al médico en ausencia de su esposa, que estaba trabajando. Su hijo mayor estudiaba en el seminario diocesano de Almería con vistas a ordenarse sacerdote como su padre. Una vez más pasó por mi pensamiento el tema de los sacerdotes casados y sobre el cual me he pronunciado en diversas ocasiones.

 

      4) Julián Marías

     

      El día 15 de diciembre del 2005 falleció en Madrid a los 91 años de edad el filósofo y escritor español Julián Marías. Los ecos de su muerte fueron en su mayoría laudatorios y todos los que se precian del uso de la razón en la búsqueda del sentido del ser y de la vida los recibieron con particular emoción. Conocí personalmente a Julián Marías en una casa de libros antiguos en el centro de Madrid. Si la memoria no me falla, éramos los dos únicos clientes que nos encontrábamos en aquel momento en el interior de una estancia recóndita del local. Obviamente él no tenía motivos para conocerme a mí, pero yo le reconocí a él inmediatamente. Al principio me abstuve de distraerle, pero al cabo de pocos minutos me decidí a saludarle interrumpiendo su lectura. Me olvidé de los libros, me acerqué a él, le saludé por su nombre y me presenté. Fue un acierto. No sólo no se sintió molesto por la interrupción inesperada, sino que me trató con admirable respeto y cortesía.  Estoy convencido de que debió agradarle el hecho de verme joven y caminando por la senda de la investigación buscando la verdad como él. El encuentro entre los buscadores de verdad nunca es fortuito y siempre gratificante. Hoy, cuando seguro que él ya encontró la meta de la verdad hacia la que caminaba, me resulta más significativo aquel fortuito y feliz encuentro cara a cara sin la mediación de los libros.

      En 1982 fue Julián Marías había sido designado por Juan Pablo II miembro de la Academia Pontificia de la Ciencia por él fundada. Fue el primero y único español llamado por el Pontífice para formar parte del equipo científico de tan prestigiosa institución. Pues bien, tras la celebración de un acto académico en la sede de la Biblioteca de Autores Cristianos en Madrid Julián Marías aprovechó el momento oportuno para decirme confidencialmente que tal nombramiento había constituido párale una de las mayores satisfacciones de su vida. Se sentía profundamente gratificado en lo más profundo de su ser. En aquellos momentos no alcanzaba yo a entender el calado de esta satisfacción. Hoy si lo comprendo teniendo en cuenta su casta de filósofo genuino y su probada fe cristiana. En otra ocasión una Universidad chilena deseaba cursarle una invitación para cerrar con broche de oro unas jornadas intelectuales y al tratar de encontrar un exponente magistral del pensamiento filosófico pensaron en él y me encargaron a mí que hiciera de intermediario para conseguir que aceptara la invitación. No recuerdo exactamente sus palabras textuales, pero sí su contenido. La respuesta fue la que cabía esperar de un hombre entrado en años, realista ante la vida y con la cabeza en su sitio. Primero, que agradeciera de corazón a los organizadores del acto académico el hecho de haberse acordarse de él. Y segundo, que, en razón de su edad, se veía obligado a restringir sus actividades por lo que pedía comprendieran las razones por las que se veía constreñido a declinar la invitación. Dicho lo cual como recuerdo cariñoso del ilustre finado, voy a intentar hacer algunas observaciones sobre las críticas vertidas en su contra y el valor testimonial de su vida como filósofo cristiano.

      A Julián Marías le tocó vivir entre los embates del nazismo alemán, del comunismo soviético, del franquismo español y de todos los extremismos ideológicos y políticos del siglo XX. En una situación así se encontró ante el problema de la supervivencia, por lo que, como a todos nos ocurre en circunstancias similares, no le quedó otra alternativa honesta que la independencia en su forma de pensar y de vivir. Como consecuencia de lo cual, le llegaron los golpes de todas partes. Marías encontró la fórmula de su independencia intelectual y política convirtiéndose en el abanderado de José Ortega y Gasset. Lo cual tampoco le favoreció. Ortega no estaba bien visto en España ni por marxistas ni por cristianos. Para los primeros era un reaccionario y para los segundos un peligro para la ortodoxia del nacional-catolicismo español. Es obvio que este engrudo circunstancial no podía tener cabida en la cabeza de un filósofo de raza como Julián Marías. Con estas observaciones sólo quiero destacar el hecho de que todos somos en buena parte hijos de nuestro tiempo y que, antes de hacer valoraciones críticas precipitadas, hay que tener en cuenta estas circunstancias y situaciones. Dicho lo cual sigamos adelante.

      Comprendo que en 1982 su hijo Javier Marías escribiera una “resentida” requisitoria a favor de su padre recordando el trato recibido como filósofo y escritor universal hasta entonces. Lo que entiendo menos es que en el año 2005 reprodujera el mismo artículo como si desde 1982 al 2005 no hubiera ocurrido nada. A pesar de los pesares y aunque demasiado tarde, durante los últimos veinte años de su vida Julián Marías se ganó un respeto muy notable como filósofo lúcido y brillante capaz de tratar con racionalidad y cordura cualquier asunto de actualidad con un lenguaje asequible y cercano. Tanto fue así que muchos no dudaron en considerarle como el representante más cualificado de la filosofía auténtica del siglo XX. Tampoco es verdad que los medios de comunicación infravaloraran la noticia de su muerte. Cuando murió Ortega y Gasset, por ejemplo, los medios de comunicación recibieron instrucciones de la Administración sobre qué y cómo había que dar a conocer que el filósofo había pasado a mejor vida sin pena ni gloria. En la muerte de Julián Marías, en cambio, salvo anécdotas pintorescas y trasnochadas, tengo la impresión de que, tanto en España como fuera de España, no se escatimaron palabras de reconocimiento y elogio hacia su figura. Me cuesta creer que haya habido un silencio mediático táctico. Otra cosa es la ignorancia. La filosofía no cotiza socialmente y nada tiene de extraño que a muchos la muerte de un filósofo como Julián Marías les tenga sin cuidado. Pero este es ya otro cantar. 

      A Julián Marías se le ha tildado de antimarxista incondicional y de fanatismo orteguiano. Sobre lo primero no vale la pena perder el tiempo discutiendo. Ningún pensador lúcido y libre podía simpatizar, y menos aún apoyar, al marxismo, el cual puede ser considerado hoy día como el mayor timo o engaño intelectual de la historia. Tampoco vale la pena tener en consideración las críticas por su alergia al nazismo, al socialismo de baja estopa como el español, o de los círculos del viejo franquismo. Todo eso pertenece al pasado y Marías tuvo que soportarlo para poder sobrevivir como hombre que usó la cabeza y los sentimientos más nobles. Para sobrevivir en un contexto adverso hay que pactar con la vida y aprender a convivir sin rencor con personas y regímenes políticos inaceptables.  Sobre el orteguismo de Marías yo mismo estuve convencido durante algún tiempo de que era exagerado. Incluso llegué a pensar que el ser discípulo tan fiel de Ortega y Gasset le había impedido ser él mismo un filósofo más creador y maestro de la razón. Pero siguiendo su trayectoria he cambiado de parecer. Hoy comprendo que a los 18 años de edad Marías quedara fascinado por la claridad y brillantez expositiva de Ortega y su teoría “vitalista”.

      Probablemente lo más notable del pensamiento orteguiano sea su intuición y convicción sobre el valor de la vida humana como punto de partida sólido y término feliz de cualquier discurso racional digno de tal nombre. Julián Marías hizo suya con pasión esta convicción, pero completándola después con las certezas de la fe cristiana de las que Ortega Gasset carecía. Por eso no es verdad que Marías fuera un mero repetidor de Ortega. Otra cosa es el método de la cortesía expresándose en un lenguaje llano y accesible a cualquier persona de cultura media. En esto su fidelidad a Ortega constituye un mérito. Pero en Julián Marías hay mucho más contenido filosófico y de más calidad que en Ortega. Baste recordar su preocupación constante por los problemas específicos del cristianismo. Ortega perdió la fe cristiana mientras que Marías la incorporó a su vida como una ventana siempre abierta a la trascendencia y la esperanza. Sobre la marginación académica de Julián Marías en el contexto universitario español no encuentro nada sorprendente. Su delito, tanto para la aprobación de su tesis doctoral como para acceder después a la cátedra universitaria, consistió en no declararse oficialmente a favor del régimen franquista de turno. Por aquellas calendas había dos condiciones indispensables para acceder sin problemas a las cátedras universitarias. Una, ser políticamente franquista sin fisuras. Otra, ser intelectualmente tomista. Marías no hizo profesión oficial ni de lo uno ni de lo otro y pagó las consecuencias.

      Paradójicamente las cosas no han cambiado sustancialmente con el paso de los años y los cambios políticos. Incluso en algunos aspectos han empeorado. Sí, algo ha cambiado. ¿Cómo no? En los tiempos de Julián Marías para ser promovidos en la Universidad española había que ser abiertamente franquistas o tomistas. Pero las generaciones posteriores no tuvimos mejor suerte. Para nada nos sirvió presentarnos con la ley en la mano y un currículo intelectual competitivo. Había que tener un buen “padrino” en el tribunal o militar en el socialismo marxista. Sin olvidar los casos en los que el estar en la cárcel por delitos de sangre se convertía a veces en una circunstancia favorable. Yo comprendo sin dificultad que Julián Marías optara por impartir sus magistrales enseñanzas en otros países en lugar de perder el tiempo opositando a cátedra en España. Puestos a encontrar aspectos discutibles sobre la trayectoria personal y legado filosófico de Julián Marías de seguro que los encontraríamos. Pero es curioso observar a este respecto hasta qué punto la polémica con Santiago Ramírez, entorno a Ortega y Gasset, ha sido unánimemente olvidada. La verdad es que no vale la pena volver sobre ella y me parece más útil destacar algunos aspectos positivos de capital importancia en sí mismos y su actualidad.

      Por ejemplo, la puesta al día de la teoría orteguiana de la razón vital. La vida humana en nuestros días es un valor a la baja y el uso de la recta razón lo menos frecuente. Razón vital significa que la vida humana es la piedra angular de todos los valores perceptibles por el hombre y que ésta no puede separarse del uso de la razón. La vida es instrumento de la razón. No es que haya una razón y una vida por separado, sino que la vida misma es el instrumento primario de la racionalidad. La razón es vital, es decir, está impresa formalmente en la propia vida del hombre. Vivir es razonar y razonar es fundirse con la vida. Por ello el hombre auténtico y cabal respeta su vida y usa la razón. Un comportamiento personal que se intenta después aplicar a los demás. Desde esta concepción vital de la filosofía y su apuesta por la esperanza cristiana Marías, por ejemplo, no dudó en calificar las prácticas abortivas protegidas por la ley como “el delito del siglo XX”. Nuestro filósofo fue un muro de contención inconmovible contra todos los detractores de la vida humana desde mediados del siglo XX en adelante. Otros dos temas fuertes que afrontó sin temblarle el pulso fueron los del dolor y la muerte. Aquí es donde proyectó más sus profundas convicciones cristianas. Tanto en su Antropología metafísica como en la Perspectiva cristiana sostiene que el hombre no es creador de su vida sino autor de ella. La vida en este mundo aparece como elección de la vida perdurable más allá de la muerte. Por ello los cristianos tienen la exigencia de vivir esta vida terrenal con la mayor intensidad y esmero posibles. Por otra parte, el dolor es una circunstancia personal que es preciso asumir y él supo dar ejemplo de esta afirmación durante los últimos meses de su existencia terrenal. Sobre la muerte Marías lo tenía todo claro. Si el amor ha sido la salsa de la vida, la muerte pasa automáticamente a un segundo plano. Donde hubo amor no puede haber destrucción total sino continuidad de vida.

      Para comprender el alcance de estas convicciones de Julián Marías hay que tener en cuenta, además de su fe cristiana, el amor y admiración que profesó siempre a su mujer. Cuando ella murió él se sintió emocionalmente desfondado. Pero de ningún modo desesperado o decepcionado. Al contrario, ella siguió siendo para él un horizonte de esperanza en otra vida mejor. He conocido un caso extremo en el que el amor de la esposa hacia su marido era tal que, cuando éste murió, ella perdió todo interés por la vida buscando la forma de suicidarse. Un Nobel de medicina ya fallecido amó tanto a su esposa que cuando ésta falleció él se hundió en una mar de desolación. En estos dos casos la persona amada se había convertido en un “ídolo” o dios falso. El caso de Julián Marías fue justamente todo lo contrario. El amor auténtico a su esposa le ayudó a no confundir los ídolos terrenales con el Dios verdadero. En coherencia con su teoría de la razón vital y de su fe cristiana, una de las preocupaciones más grandes durante sus últimos años de vida fue el fenómeno social del terrorismo organizado, la producción y consumo de drogas, así como la aceptación social de las prácticas abortivas, que, como dije antes, tipificó como el delito del siglo XX. Como hombre con gusto estético y amante de las artes y admirador de la belleza, lo mismo escribía artículos de crítica cinematográfica que periodísticos de primera calidad denunciando las manipulaciones y conductas impropias de los medios de comunicación social. Pongo fin a estas palabras de recuerdo agradecido a este caballero del pensamiento filosófico diciendo que amó la vida, la verdad y la belleza y murió con la esperanza merecida de quienes creyeron en el Dios verdadero y no en ídolos de su propia creación. 

     

      5) Alfonso López Quintás y María Dolores Vila-Coro

     

      El día 12 de noviembre de 2009 tuvo lugar en Madrid un acto de homenaje al mercedario y filósofo español Alfonso López Quintás. Cerca de doscientas personas nos dimos cita en la Universidad CEU San Pablo para rendir homenaje al fundador de la Escuela de Pensamiento y Creatividad. El acto fue organizado por la Fundación Universitaria San Pablo CEU y la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) de cuya sede en España López Quintás fue el principal promotor. Durante el acto varios ponentes universitarios y amigos ensalzaron la figura del P. López Quintás relacionándolo con el fundador de la asociación de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Werenfried Van Straaten. Yo conocía la faceta intelectual del homenajeado, pero desconocía hasta este momento su actividad desplegada en el campo de la obra humanitaria y social del P. Werenfried ayudando a los cristianos sometidos a la tiranía comunista con la generosidad incondicional que le era propia. Reconozco que esta faceta del P. López Quintás me pilló gratamente de sorpresa porque la desconocía en absoluto. Luego salí de mi sorpresa al reflexionar sobre el carisma de la Orden de la Merced. El P. López Quintás, como él mismo explicó con edificante modestia, no había hecho otra cosa que “ejercer el carisma mercedario liberador” en nuestro tiempo. El homenajeado dijo que se decidió a poner en marcha AIN en España porque se lo mandaron, pero que después, al ir conociendo mejor la naturaleza de la obra que le habían encargado, se entusiasmó con ella profundamente. El homenajeado insistió en destacar la figura del P. Werenfried Van Straaten que, según él, “tuvo como único capital el de una generosidad incondicional” destacando su “prontitud, agilidad y perspicacia” para salir al paso de los problemas de “los cristianos perseguidos, los sacerdotes vietnamitas que vagaban por el océano o aquellos rusos que, tras décadas de comunismo, habían olvidado ya hasta sus oraciones”.

      En esta celebración se demostró que López Quintás era considerado como una figura apreciada en el mundo católico, filosófico y de la creatividad. En su amplia trayectoria cabe destacar el ejercicio de la cátedra de Filosofía de la Universidad Complutense y su condición de miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. También formaba parte de L´Académie Internationale de l´art (Suiza) y la International Society for Philosophie. En lo que se refiere a su obra impresa, es autor de numerosos libros sobre temas filosóficos, estéticos, pedagógicos, artísticos y religiosos. Entre ellos cabe destacar algunos como: Descubrir la grandeza de la vida: una vía de ascenso a la madurez personal; Estética musical; Liderazgo creativo y El libro de los valores o Inteligencia creativa: el descubrimiento personal de los valores. En resumen, 80 años de vida al servicio de la verdad universal y del mensaje cristiano de salvación al mundo.

      Yo había conocido al P. Alfonso López Quintás en la Universidad Complutense. En una ocasión me invitó a su clase para que fuera testigo directo de su forma de enseñar. En otra ocasión le invité yo a pronunciar una conferencia en los Institutos de Filosofía y Teología dominicanos de Madrid y él me correspondió al gesto de confianza recomendándome para una intervención pastoral muy puntual. Por otra parte, en mi obra sobre la ética de la información aproveché lo más que pude sus lúcidos análisis sobre la manipulación de los medios informativos. El día de su homenaje él ya había cumplido los 80 años de edad y le encontré lúcido y brillante como siempre. Pasaron los años y no nos habíamos vuelto a ver hasta que falleció el P. Bartolomé Vicens, O.P, a cuyo funeral en mi convento de S. Pedro Mártir en Madrid acudió y nos felicitamos por nuestro reencuentro, aunque lamentando que fuera por un motivo triste. Tuvimos poco tiempo para hablar, pero no faltaron las alusiones a personas muy queridas por ambos como Xavier Zubiri.

      No mucho tiempo después de este reencuentro tuvo lugar la celebración del acto de homenaje del que vengo hablado y me sentí en la obligación de acompañarle. A pesar de su persistente brillantez era obvio que los años no habían pasado en balde. Dos matizaciones. Desde que le conocí yo tuve la impresión de que López Quintás era más brillante hablando que escribiendo. En mi opinión, sus conferencias y diálogos abiertos resultaban muy interesantes y persuasivos. Sus libros, en cambio, me parecían importantes por los temas tratados pero su forma de escribir me resultaba menos atractiva y gratificante que sus discursos orales. Por otra parte, durante su magistral respuesta de agradecimiento al homenaje del que era objeto, tuve la impresión de que empezaba ya a perder el sentido del tiempo mientras hablaba y se entretenía mucho en ideas y anécdotas ilustrativas que se van fijando de forma persistente y excluyente a medida que avanzamos en edad.

      El día 22 de enero de 2010 por la tarde tuvo lugar la celebración de una misa de funeral por el eterno descanso de María Dolores Vila-Coro Barrachina en la iglesia de San Francisco de Borja de los PP. jesuitas en la emblemática calle Serrano de Madrid. Se trataba de una mujer admirable por muchas razones entre ellas por su compromiso con la defensa personal y profesional de la vida humana desde el campo de la Bioética y del Derecho. En una ocasión coincidimos en unas jornadas relacionadas con la bioética y me expresó su alegría y agradecimiento por verse reflejada en un libro mío. Me sentía moralmente obligado a estar presente en este funeral y cumplí con mi deber. En la sacristía solicité autorización para concelebrar y la respuesta del sacristán fue que consultara con el presidente de la celebración, que era el P. Alfonso López Quintás. Su homilía sobre la muerte y la vida en Cristo fue magistral e interesante en extremo. La llevaba escrita y la bordó de palabra. Terminada la celebración me hizo un comentario sobre “La cuesta de la vida”, que yo había publicado recientemente. Le hizo ilusión encontrar en mi obra de recuerdos, descripciones, situaciones, inquietudes y trayectorias personales similares a las suyas. Nos habíamos conocido muchos años atrás en los aforos académicos universitarios y ahora nos volvíamos a encontrar en los aforos del recuerdo de un pasado irrepetible y un futuro feliz sin fin en Dios fuera de las vicisitudes del tiempo y el espacio.

      El día 29 de abril de 2010 tuvo lugar un solemne acto de homenaje póstumo a la Dra. María Dolores Vila-Coro Barrachina en la sede de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación en Madrid. En el mismo acto se hizo la presentación de un libro póstumo de la finada que yo ya conocía y del que había hecho una reseña para la revista Studium. La web anunció el acto con estas lacónicas y significativas palabras: “El próximo día 29 de abril, a las 19.00 horas, tendrá lugar en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (calle Marqués de Cubas, 13 – Madrid) un homenaje a la Dra. María Dolores Vila-Coro, fallecida el pasado mes de enero. Madre de ocho hijos y abuela de dieciocho nietos, fue directora de la Cátedra y del Doctorado de Bioética y Biojurídica de la UNESCO. Colaboradora de Profesionales por la Ética desde sus inicios, será siempre un ejemplo de compromiso con la vida y la dignidad humana. En el acto de homenaje intervendrán Ángel Sánchez de la Torre, Catedrático de Filosofía del Derecho y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Consuelo Vázquez, directora de Programas de la Agencia Española de Cooperación con la UNESCO, María Lacalle, directora de la Cátedra de Bioética y Biojurídica y Salvador Antuñano, Profesor Titular de Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria. Con ocasión de este acto será presentado el libro de la Dra. Vila-Coro “La vida humana en la encrucijada” (Ed. Encuentro, 2010)”.

      Sánchez de la Torre había sido director de la tesis doctoral de la finada la cual le había sido recomendada por Alfonso López Quintás. Me sorprendió gratamente cuando comparó sus discusiones con ella con las de Domingo Soto y Melchor Cano, O.P, calificando a este último como maestro consumado de la metodología teológica en su famosa obra De locis. Sánchez de la Torre aconsejaba a su doctoranda María Dolores, siguiendo el consejo de Domingo de Soto a Melchor Cano, recomendándola que no buscara utopías y se ajustara al justo medio donde se encuentra la realidad. También recordó el consejo del maestro Francisco de Vitoria: saca agua de tu propio pozo. Pero María Dolores tenía una admirable tendencia a la radicalidad y la originalidad sobre los temas relacionados con la vida humana y su dignidad.

      Salvador Antuñano hizo un encendido y emocionado elogio de la finada, de la que se sentía discípulo privilegiado, presentando al público el admirable currículo académico y humano de la misma. Todo su trabajo había estado marcado por el amor a la vida humana y su dignidad, proyectado en la Bioética. Pero no desde la cátedra de los libros y de las meras convicciones intelectuales abstractas, sino desde la cátedra de su propia vida como madre admirable de ochos hijos y abuela de dieciocho nietos. Podía hablar con autoridad de la necesidad de enfocar las cuestiones bioéticas porque sabía por propia experiencia lo que significa crear vida y amarla hasta el extremo. Según dijo el ponente, uno de sus proyectos que María Dolores tenía “in mente” era escribir un libro testimonial sobre su experiencia como mujer cristiana.

      Sobre el libro póstumo de María Dolores VILA-CORO, La vida humana en la encrucijada. Pensar la bioética, Madrid 2010, yo había escrito ya las siguientes palabras de recensión para la revista Studium: “La profesora Vila-Coro ha pasado a la historia con los honores de quienes vivieron para la cultura de la vida y no de la muerte en el campo de la bioética, donde introdujo el concepto de bio-derecho. El presente libro tiene un valor objetivo y testimonial incalculable sobre la necesidad de respetar y amar la vida humana en el campo de la bioética con las apoyaturas de la reflexión filosófica y de la corrección jurídica. Es el caso de una mujer comprometida amorosamente y sin fisuras con la vida propia y la de los demás. El presente libro es una muestra de esta actitud vital que tanto se echa de menos en el campo de la bioética y de la bio-jurídica imperante”. La directora de Programas de la Comisión Española de la UNESCO, Consuelo Vázquez Rueda, hizo una descripción de la historia y actividades específicas de la UNESCO para ayudar entender cómo y de qué manera llegó María Dolores a ese foro internacional y logró asumir la responsabilidad de la Cátedra de Bioética para España. En este contexto leyó en su ausencia excusada un mensaje del que fuera director General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, elogiando la personalidad de la finada. Por su parte, María Lacalle Noriega, sucesora de la Dra. Vila-Coro en la Dirección de la Cátedra de Bioética y Biojurídica, se comprometió a seguir fielmente en el espíritu de su ilustre predecesora y presentó su programa de acción inmediata. Se decantó por la bioética personalista en base al respeto incondicional a la dignidad de toda vida humana desde todos los ámbitos del saber y de la cultura. O lo que es igual, la bioética ha de ser la garante siempre fiel del respeto a la dignidad de la vida de cada persona desde que es biológicamente engendrada, para lo cual hay que aprovechar los conocimientos verdaderos de todas las ciencias relacionadas con la vida humana. Esto es lo que significa interdisciplinariedad. Al final de la sesión tuve la ocasión de comentar con Sánchez de la Torre sus alusiones a Domingo Soto y Melchor Cano y de entregar a la nueva directora de la Cátedra de Bioética y Bio-jurídica un ejemplar de mi libro Bioética y Biotanasia.

      Durante la celebración del acto de homenaje eché de menos la presencia de José Carlos Abellán Salort, del cual recibí después el mensaje siguiente: “Querido Niceto, no pudimos saludarnos en el acto de la Cátedra UNESCO, así que contesto a tu amable saludo con este mensaje, esperando que sea un éxito tu libro, que me encantará leer este verano. Ahora tengo el gusto de informarte de que me he complicado la vida accediendo a la Dirección de un valioso programa de formación en Bioética en mi Universidad, la Universidad Rey Juan Carlos. Se trata del III Master oficial en investigación bioética y programa de doctorado en bioética universidad rey Juan Carlos, que se impartirá desde septiembre 2010 en Alcorcón (Madrid), y del que te envié un díptico informativo, al que te ruego des la máxima difusión que te sea posible. Es una gran oportunidad la que tenemos de formar buenos profesionales sanitarios y docentes, con un Máster oficial de Bioética ofrecido desde una universidad pública con la colaboración de la U. S. Pablo-CEU. No tenemos recursos materiales ni económicos para darle publicidad y su pervivencia depende de que amigos como tú me echéis una mano, en esta edición, a través de los medios que tengáis para darlo a conocer. Los profesores son extraordinarios (M. López Barahona, E. Postigo, J. Poveda, J. San Román, T. Cid, R. Del Río, J. M Serrano, etc.); el enfoque personalista, muy práctico, con itinerarios de especialización muy atractivos (Clínico-sanitario; Humanidades; Medioambiental), y con la ventaja de ser programa oficial que habilita para el doctorado.

      Se están matriculando médicos, enfermeras, biólogos, ecólogos, profesores de enseñanzas medias, sociólogos, y algún filósofo, pero necesitamos un empujón con el número de preinscritos. Te vuelvo a enviar el díptico informativo, agradeciéndote de antemano lo que puedas ayudarme. Un abrazo. José Carlos Abellán Salort”. El libro mío al que se refiere es Bioética y Biotanasia. Yo esperaba encontrarme con José Carlos en la celebración del acto académico referido y llevaba un ejemplar del libro para él. Le contesté felicitándole y animándole por el trabajo que está realizando en el campo de la bioética a favor de la vida humana depreciada y me respondió a vuelta de correo con estas palabras: “Gracias, Niceto. Cuento con tus oraciones para servir adecuadamente a la causa que compartimos. En cuanto al libro, te lo agradezco muchísimo, me será de gran ayuda. Tus dos manuales anteriores ya lo han sido, siempre los referencio en las bibliografías de todas mis asignaturas. Ya que eres tan amable de enviarlo, lo mejor es que lo hagas a la dirección de la Universidad, en Fuenlabrada, es lo más seguro”. Para mí constituye una gran satisfacción constatar que jóvenes profesores y profesoras de bioética y disciplinas afines se interesan por mis libros y siguen con interés mi enfoque global de la bioética y de los graves problemas que la bioética suscita relacionados con la vida humana.

 

      6) Ghiorgui Tansanu

     

      Una de mis preocupaciones durante algunos años después de la jubilación académica fue la situación personal del sacerdote ortodoxo Ghiorghi Tansanu. Estaba casado, tenía un hijo y era párroco de un pueblecito rumano de Moldavia. La situación económica del país y de su parroquia en particular le llevó a tomar una decisión drástica que le costó después muchos sufrimientos. Llegó a tal situación que decidió emigrar a España, como tantos otros rumanos, en busca de mejor vida para él y su familia. El abandono de la parroquia para emigrar en busca de trabajo fue una decisión comprensible para mí, que conocía la historia dramática de Rumania bajo la dictadura comunista y la situación caótica que dejaron los comunistas a sus compatriotas. Pero al mismo tiempo tuve siempre la impresión de que el P. Tansanu se precipitó al abandonar la parroquia sin contar con todos los avales de su obispo. Su intención fue trabajar en España durante algún tiempo para regresar económicamente reconfortado a su trabajo pastoral. Pero pasaba el tiempo y su obispo se desentendió de él y su situación laboral en Madrid fue en muchos aspectos penosa. En algún momento se encontró entre la espada y pared. Por más que enviaba cartas a su obispo pidiendo ser tenido en cuenta en el trabajo pastoral éste, o no le respondía, o recibía una respuesta disuasiva diciéndole que esperara su turno. Un turno que no llegaba nunca. Por otra parte, su esposa esperaba de él más ayuda económica en lugar de restricciones cuando surgían problemas laborales. Llegó un momento en que tanto su esposa como yo pensamos que estaba convencido de la conveniencia de regresar a Rumania para buscarse allí la vida ejerciendo el ministerio pastoral, que era su verdadera vocación.

      Yo le tramité cartas y recomendaciones constantemente para que volviera a Rumania, pero sin ningún éxito. Tanto más cuanto que descartó absolutamente la idea del regreso y trató por todos los medios de encontrar en alguna parte de España la licencia canónica ortodoxa para ejercer el ministerio. En algún momento temí por su salud psíquica. Por fin llegó la crisis económica en España y fue la ocasión para poner los pies en la realidad. Desde el punto de vista pastoral, le dije, tengo la impresión de que ni a tu obispo ni a ninguno otro le interesas para nada. Y desde el punto de vista económico tu futuro económico en España es muy negro. De hecho, muchos de los que habían llegado de Rumania se estaban marchando y él se encontraba ya en paro permanente. Terminó convencido de que había que buscar otras alternativas y fue entonces cuando un obispo ortodoxo griego dio muestras de aceptarle para compensar la crisis de sacerdotes ortodoxos en Grecia. Así como antes tuvo que aprender el español, hora tenía que aprender el griego. Y a Grecia emigró con la ilusión de reintegrarse al ministerio pastoral y encontrar también una casa para su esposa y su hijo. La historia de este hombre es admirable y dramática.

      Yo me limitaba a escucharle en los momentos más tristes que fueron muchos. El sólo hecho de desahogarse conmigo contándome sus penas en su propio idioma le aliviaba y seguía casi con devoción religiosa mis observaciones y consejos. En ocasiones le encontré físicamente abatido por el trabajo, con dolores físicos y al borde del caos psicológico de su mente. Para él yo era su padre espiritual y como tal preguntaba por mí cuando venía a casa. A veces llegaba cuando yo mismo me encontraba cansado y el solo escuchar sus penas era para mí un peso añadido. Temí mucho por su salud psíquica pero mis temores afortunadamente no se cumplieron. Era un hombre bueno a prueba de sufrimiento, pero muy emocional e ingenuo. Tenía mucha sensibilidad con la gente sencilla y los pobres y sus sentimientos de gratitud hacia mí fueron notorios y sinceros. No pude ayudarle como hubiera sido mi deseo en lo material, pero aceptaba cualquier pequeño detalle de ayuda como un tesoro inmerecido por su parte. Me queda la satisfacción de haber contribuido a que tuviera un techo digno para dormir y la mesa puesta para comer en la Residencia “Nuestra Señora de la Paz” regida por el anciano y benemérito Hermano Antonio Zarzosa, el cual me prometió que Ghiorghi Tansanu tenía asegurada allí su casa hasta que se resolvieran sus problemas. Por fin se convenció de que, con la crisis económica surgida en España durante la administración socialista, lo más realista era regresar a Rumania. Pero antes quiso probar suerte, como he dicho, en Grecia, donde un Obispo ortodoxo estaba dispuesto a recibirle. En caso de que las cosas tampoco le fueran bien en Grecia no descartaba la opción de pedir su incorporación al rito greco-católico.

      El encuentro en Madrid con este sacerdote ortodoxo casado me dio materia para escribir un libro dramático y desde muchos puntos de vista interesante. Pero mi propósito es dejar constancia de su nobleza de espíritu y capacidad cristiana para sobrellevar los problemas y calamidades de la vida. Durante los años que duró este encuentro yo estuve convencido siempre de que había cometido dos errores importantes en su vida. El primero, en mi opinión, consistió en querer compaginar los deberes del matrimonio con el ministerio sacerdotal. Y vive Dios que se casó con una mujer hermosa, buena e inteligente a más no poder. Obviamente nunca cometí la imprudencia de manifestarle esta mi opinión. El segundo error consistió en abandonar su parroquia “a la francesa” sin quemar antes todos los cartuchos con su obispo. Sería muy largo explicar y comprender estos dos errores. Al final de su inolvidable visita de despedida antes de marcharse a Grecia me prometió que tan pronto estuviera instalado en su casa con su esposa e hijo me invitaría para que la conociera y disfrutara allí de un tiempo de descanso. Yo le respondí que sí, que cuando le nombran Obispo de la Iglesia Ortodoxa aceptaría con mucho gusto su invitación para asistir a la ceremonia. A lo cual replicó con gran sentido del humor: “Qué cosas tienes, ¿no ves que yo estoy casado y no puedo ser Obispo? Así las cosas, no podría invitarme nunca. Me pidió que le bendijera y desapareció muy agradecido y emocionado. ¿Qué habrá sido de él? ¿Se habrán cumplido sus sueños o, por el contrario, los sueños habrán degenerado en pesadillas?

 

      7) Encuentro de Obispos dominicos en Madrid y Caleruega

     

      Del 25 al 30 de septiembre de 2009 tuvo lugar en Caleruega, España, un histórico encuentro de estudio e intercambio de experiencias de un grupo de obispos dominicos convocados por el Maestro de la Orden, Carlos Azpiroz Costa O.P., y sus colaboradores de la Curia General. Por razones comprensibles de agenda y otras circunstancias sólo pudieron asistir al encuentro 17 de los 35 obispos de la Orden Dominicana repartidos por los cinco continentes, de los cuales dos eran Cardenales y otros dos los secretarios de las Congregaciones para la Educación Católica y para el Culto Divino. Según las previsiones organizativas del encuentro la casa que los recibía a su llegada a Madrid y de regreso a sus países de origen fue el convento dominicano de San Pedro Mártir en Madrid, donde tuvimos el honor y la oportunidad que convivir y hablar del cielo y de la tierra con la libertad que sólo puede hacerse cuando uno se encuentra en su casa liberado de formalismos y controles oficiales. Yo tenía particular interés en tener en casa en esta ocasión al Cardenal arzobispo de Viena Christopher Schöenborn, OP., que fue uno de los que, por las comprensibles razones de agenda no pudieron acudir a la cita. El P. Schöenborn llegó a Viena como arzobispo en un momento muy difícil por los antecedentes personales de su predecesor. Su carrera intelectual es muy brillante y está dotado de cualidades notables para las relaciones públicas y la comunicación. Fue reconocido como un candidato para suceder a Juan Pablo II en la Sede de Pedro. Se rumoreó que algunos le consideraban todavía demasiado joven y que declinó sus votos a favor del que había sido su profesor de teología el entonces cardenal Ratzinger. En abril del 2010 el cardenal arzobispo de Viena, Christopher Schöenborn invitó a varias víctimas de abusos sexuales a contar sus experiencias durante una misa especial para pedir perdón por estos graves pecados. Benedicto XVI y algunos obispos habían aprovechado homilías de misas para pedir perdón y condenar esos delitos, pero nunca se había incluido el testimonio de las víctimas dentro de la ceremonia.

      En la misa de acusación y arrepentimiento, el cardenal dio la palabra a las víctimas. Por ejemplo, a una mujer que sufrió abusos en un convento en los años setenta y a un hombre ya anciano que manifestó continuar teniendo pesadillas por las noches sobre los abusos que había sufrido de chaval. La madre de una chiquilla que sufrió abusos a los siete años dijo sentirse todavía más ofendida por el hecho de que el párroco culpable no solo no fue castigado, sino que continuó trabajando con niños pequeños. Como consecuencia, dijo, "estoy furiosa con Dios, con la Iglesia y con los pederastas". El cardenal Schöenborn dijo entre otras cosas: "Reconocemos las culpas de la Iglesia, reconocemos haber ocultado los hechos. Estamos furiosos. Lo que ha sucedido no puede suceder". El arzobispo de Viena P. Schoenborn, OP., es considerado como el más destacado discípulo de teología del Papa Ratzinger. De hecho, fue el coordinador del Catecismo de la Iglesia Católica y, como he dicho, uno de los papables más cotizados en el cónclave del 2005 y su personalidad y su cercanía al Papa dan a sus gestos alcance mundial. Yo no le conocía personalmente y me hacía ilusión conocerle ahora en mi casa para hacerle preguntas y oírle hablar sobre algunos asuntos importantes de la Iglesia universal y sobre su experiencia episcopal en Viena.

      El otro cardenal dominico que no pudo asistir al encuentro fue el anciano P. Georges Marie Martin Cottier, OP. Tuve la suerte de conocerle personalmente en el histórico Symposium cristiano-marxista de Budapest, al que ya me he referido en el capítulo cuarto. Hemos llegado al año 2010 y todavía conservo en un sobre las fotos impresas suyas que se realizaron con mi cámara fotográfica con la intención de hacérselas llegar. ¡Qué lindo hubiera sido habérselas podido entregar durante este encuentro y recordar con él aquella experiencia compartida en Budapest! Pero el hombre propone y las circunstancias mandan.

      Sin embargo, a pesar de la lejanía y otras circunstancias poco favorables, el arzobispo de Cáceres, Filipinas, P. Leonardo Legazpi, OP, acudió al encuentro lo cual me alegró mucho. No nos habíamos vuelto a ver desde mis tiempos de estudiante en Roma, pero ha seguido siempre mi trayectoria intelectual con verdadero interés. Fue nombrado arzobispo de la Archidiócesis filipina de Cáceres siendo Rector de la Universidad de Santo Tomás de Manila. Nuestro reencuentro en Madrid fue un placer. Le encontré lúcido y brillante como siempre, pero algo cansado debido a las muchas y graves responsabilidades pastorales, intelectuales y administrativas que le ha tocado desempeñar. En Roma me hacía preguntas muy puntuales sobre cuestiones doctrinales. Ahora me consultó sobre cuestiones relacionadas con la Bioética. Se había comprometido a impartir una conferencia de regreso a Filipinas y me pidió, por favor, que le buscara material para prepararla. Busqué el material y se lo entregué. Al día siguiente durante el desayuno me confesó cariñosamente que ya tenía el problema de la conferencia resuelto pero que había estado hasta altas horas de la noche preparándola.

      Los obispos dominicos no se dieron cita en Caleruega para descansar sino para compartir experiencias como obispos y encontrar juntos soluciones a los gravísimos problemas que tiene que afrontar la Orden de Predicadores y la Iglesia en nuestros días. De hecho, tenían un programa de trabajo muy intenso alternando con visitas a los lugares emblemáticos de santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. Entre los ponentes en el encuentro se encontraba monseñor Jean-Louis Brugués, OP, arzobispo y secretario de la Congregación para la Educación Católica. Me parece oportuno destacar algunos puntos de su ponencia sobre el estudio, que es uno de los pilares de la Orden de Predicadores. Es necesario estudiar siempre, dijo, pues “el estudio hace bellos a los ancianos”. El estudio deja algo al fraile y entrega algo para nuevos descubrimientos. En la Orden dominicana encontramos la santidad de la inteligencia. La inteligencia es clave y las crisis de la inteligencia han sido las más duras. Las ciencias sagradas tienen prioridad y por ello el convento dominicano debe convertirse en escuela de teología. Los obispos, dijo, nos encontramos en un estado delicado porque nos solicitan para todo y tenemos el peligro de caer en la repetición. En el servicio a la Iglesia hay que resaltar la comunión, la obediencia y la fidelidad. En este contexto la “estudiosidad” debería ser el ejercicio de la atención más pura del Espíritu bajo el ejercicio del amor. Me identifico totalmente con esta forma de entender la búsqueda de la verdad vinculada al amor. Pienso que aprender a buscar y poseer la verdad con amor es uno de los quehaceres fundamentales de la vida y la garantía más segura de felicidad.

 

      8) Hans Rosenstock/Cristina Sorban

 

      Durante los días 28 y 29 de diciembre del 2009 recibí en Madrid una visita de cortesía de Cristina Sorban, hija de Raoul Sorban, y su marido Hans Rosenstock. Como queda dicho más arriba, conocí al señor Rosenstock en Transilvania y esta visita tuvo para mí un significado especial. Una vez fallecido Raoul Sorban, cambió el mapa y el protagonismo de mis viajes a Rumania. De Stoiana había desaparecido el patriarca Raoul Sorban y en su lugar tomaron la antorcha de los contactos su esposa Eva y su hija Cristina Sorban, la cual deseaba encontrar el momento oportuno para hacerme una visita en Madrid acompañada de su marido y nos pareció que la fecha ideal para este feliz encuentro eran los dos días indicados. Una vez instalados en un céntrico hotel madrileño, me llamaron para formalizar un horario de turismo y de contactos personales. Tan pronto informé sobre su llegada a mis primos Carmen y Manolo, estos programaron un almuerzo de bienvenida en un importante y céntrico restaurante madrileño. Era un día de lluvia, pero con una temperatura ambiental agradable, todo lo cual contribuyó a que el almuerzo resultara más cálido y entrañable. Los recogimos en el hotel y Carmen nos llevó con el coche al restaurante que Manolo había previamente reservado con la generosidad y gusto exquisito que le caracterizan.

      Comenzamos por los aperitivos y el intercambio de regalos. Terminado el animado y feliz almuerzo mi prima Carmen les dio un paseo turístico por Madrid con el entusiasmo y amor que ella pone siempre en sus agasajos a cuantos tenemos la suerte de ser objeto de sus cuidados. Me parece obligado recordar que mis primos Manolo y Carmen acogieron en su casa a Cristina Sorban durante el mes de julio de 1990. Ya he explicado el por qué y cómo de esta acogida, pero lo recuerdo ahora sólo para que el lector se haga cuenta del significado de esta visita. El primo Jesús, hermano de Carmen, habiendo sido informado también de la visita, se reservó por si era necesario que él organizara también algún acto de agasajo a nuestros visitantes. Estos, por su parte, expresaron el deseo de invitarnos a un almuerzo al día siguiente, pero a mí me pareció que el anfitrión del día siguiente debía ser yo. En efecto, vinieron a mi casa donde almorzamos y pasamos una tarde entrañable repasando nostálgicos recuerdos de nuestros encuentros en Rumania y visitando las dependencias del convento dominicano de S. Pedro Mártir. Quedaron gratamente impresionados por la Iglesia, la biblioteca y régimen de gobierno de la Orden Dominicana. El Sr. Rosenstock, de ascendencia protestante, se sintió en casa muy feliz, y tanto a mis primos como a mí nos invitó a devolverles la visita en Alemania. En la memoria de todos latía el recuerdo de Raoul Sorban cuya herencia de amistad y aprecio habíamos recibido como un tesoro histórico y humano que debíamos conservar.

     

       7. Sun Myung Moon/ María de las Mercedes González

     

      Un día recibí una llamada telefónica en nombre de la Universal Peace Federation, ONG. Alguien había dado mi nombre y teléfono para invitarme a celebrar en su sede de Madrid un acto cultural compartido. La coordinadora del acto era María de las Mercedes González, la cual se presentó y me causó una impresión muy agradable. Me dijo el nombre de la persona que me había recomendado, consulté mi agenda de trabajo y acepté su invitación. Acepté otras dos invitaciones porque me pareció que era una oportunidad de hacer llegar mis ideas a un mundo de gente hasta entonces desconocido. Desde el primer momento me sorprendieron dos cosas. Primero, el hecho de que a los conferenciantes invitados no se les preguntara cuáles eran sus honorarios. Se daba por supuesto que el servicio había que hacerlo gratuitamente, cuando por el ambiente que se respiraba cabía pensar que detrás de aquellas celebraciones había un presupuesto. Me llamó también la atención el estilo formalista y sofisticado de las celebraciones, así como la forma de hablar de usando un lenguaje muy calculado, alambicado y frío.

      Me invitaron de nuevo y fue entonces cuando busqué información en Internet acerca de esta ONG-familia asociada a las Naciones Unidas y vinculada al nombre del coreano Sun Myung Moon, converso al cristianismo protestante, perseguido por los comunistas, encarcelado por presuntos delitos monetarios, multimillonario y líder de masas. El ideal de fondo de este movimiento estaría legado a la búsqueda de la paz. Por otra parte, encontré en ProtestanteDigital una información específica sobre este personaje, fechada el sábado del 6 de enero del 2007, relacionada con las sectas religiosas: “Ban Ki Moon es el nuevo secretario general de la ONU. A lo mejor el nombre de este señor no les suena mucho, pero según los servicios de inteligencia es miembro de la secta de Sun Myung Moon. Sun Myung Moon es un multimillonario surcoreano que se autoproclama reverendo y está detrás de estas bodas multitudinarias donde se casan más de 10,000 personas a la vez. ¿Por qué es tan preocupante la relación del nuevo secretario General de la ONU con una secta como la de la Iglesia de Unificación? Porque los adeptos de esa “Iglesia alternativa” creen que su jefe (el reverendo Sun Myung Moon) es el verdadero Dios vivo en la Tierra. Y como Sun Myung Moon tiene un patrimonio de varios miles de billones de dólares, lo que dice y hace tiene muchísima importancia”. Y añade la nota informativa: “Según los archivos del Congreso estadounidense Sun Myung Moon ha dicho públicamente algunas de las siguientes perlas: Los miembros de la Iglesia de Unificación deben de trabajar activamente para que un día el coreano se convierta en el idioma más importante del mundo. Los miembros de la Iglesia de Unificación deben trabajar activamente para establecer una civilización unida, cuyo centro mundial será Corea. Además, este señor públicamente ha dicho que es el Mesías y que su objetivo final es trasformar a las Naciones Unidas en una organización religiosa mundial bajo su control. Si es así, la Iglesia de Unificación, acaba de hacerse con el sillón del jefe de este organismo”.

      Por otra parte, como principios de fondo del movimiento o secta fundada por Sun Myung Moon, son destacados los siguientes: “Existe una realidad máxima, Dios, quien es nuestro padre en común, así como la fuente primaria de amor y bondad. Los seres humanos, así como el cosmos, tienen tanto dimensiones espirituales como físicas. La paz está fundamentada en el principio y la práctica del vivir por el bien de los demás, que nos llama a sobrepasar las barreras de la raza, religión y nacionalidad. El respeto, la armonía y la cooperación interreligiosa e internacional son necesarios para alcanzar y mantener la paz”. La biografía de este hombre publicada en Internet ofrece datos que, si son verdaderos, facilitan mucho la comprensión de la vida y obra rocambolesca de Sun Myung Moon: un converso e iluminado religioso, perseguido por los comunistas y encantador de masas. Sobre este trasfondo psicológico hasta las ideas y proyectos más irracionales y absurdos son posibles.

      Así las cosas, ¿debía yo aceptar la nueva invitación recibida para hablar en este foro relacionado con los problemas de la familia? No dudé en aceptar dicha invitación y fue un acierto. Por una parte, yo consolidé mi convicción de que la mitificación fanática de los líderes políticos, sociales y religiosos es una equivocación grave, y, por otra, aproveché una oportunidad de oro para sembrar ideas y reflexiones sanas en el contexto de una ONG asociada a las Naciones Unidas. Ocurre a veces que un líder es una persona equivocada o incluso corrupta y, sin embargo, suelta ideas buenas que pueden ser aprovechadas por otros abstrayendo de la personalidad del líder. El oro es un valor que no se pierde porque lo distribuya un ladrón de joyas y hay que aprender a usarlo bien donde quiera que lo encontremos, abandonado o convertido en moneda falsa, en lugar de despreciarlo. Con este criterio acepté otra invitación el día 15 de mayo de 2010 con ocasión del Día Internacional de la Familia. El italiano Emilio Asti habló sobre el “Clan Familia en las Tradiciones Orientales y yo sobre La vida y el amor personal como valores troncales de la familia. Al día siguiente a primera hora de la mañana recibí una llamada telefónica de María de las Mercedes para darme las gracias por mi intervención y pedirme un resumen escrito de mi conferencia para satisfacer la demanda de la asamblea.

     

      8. Palabras de agradecimiento y Jasmine Abdul

 

      A vuelta de correo recibí el siguiente mensaje: “Respetado Padre Niceto: Infinitas gracias por sus palabras del 15 de mayo. Nos llegaron al corazón y mente. Sentimos todos en la audiencia un gran respeto por usted y por la gran labor que realiza diariamente para Dios y para los demás. Si tiene tiempo el 2 de octubre sábado a las 11:30 hrs., le esperamos de nuevo con gran anhelo. Siempre suyos, La Federación, los participantes y Mercedes” Mercedes González. Coordinadora en Madrid UPF/ Iniciativa Matrimonio & Familia”. El coloquio posterior fue cálido y entrañable en un ambiente de comunión interracial e interreligioso ejemplar. Como botón de muestra me es grato recordar el siguiente mensaje de una joven afgana presente en la celebración. “Estimado Sr. Niceto, el placer ha sido el mío de haber conocido a una persona tan agradable como usted y que al escucharle uno es capaz de emocionarse fácilmente. Me encantaría tener el honor de recibir su libro y tenerlo de recuerdo y que me acompañe durante mi viaje a mi país ya que los libros son la mejor compañía que uno puede tener. Pues yo el martes estaré en Madrid haciendo unas compras que me hacen falta para mi viaje y me gustaría mucho, si no le importa, quedar para almorzar y hablar un rato. Si le parece bien quedamos a las 14:30 si no es ninguna molestia. En espera de su respuesta, le mando un cordial saludo. Att: Jasmine Abdul”. El día 18 de mayo nos dimos cita en la madrileña Puerta del Sol a las 14 horas y almorzamos juntos en una casa tradicional de comidas.

      Los padres de Jasmine emigraron de Afganistán a España huyendo de los fundamentalistas islámicos. Su hermano mayor había sido asesinado. Ella se encuentra muy feliz en España con 25 años de edad cumplidos y haciendo proyectos de futuro para ayudar a las futuras generaciones de su país del que no reniega en absoluto. Es una mujer muy inteligente, amante apasionada de la libertad personal, buscadora de la verdad e interesada por conocer el cristianismo. Me dijo que marchaba por dos meses a Afganistán y que a la vuelta reanudaríamos nuestros contactos para que la informara sobre el cristianismo. Por iniciativa de ella nos sirvieron una bandeja de buen jamón mientras nos preparaban la paella. Yo dejé que ella llevara la iniciativa sobre el menú y después de haber pedido el jamón se acordó de la disciplina islámica que prohíbe la ingesta de carne de cerdo. Pero se sentía plenamente libre y sin escrúpulos. No obstante, yo comenté para su consuelo que hay cosas que no se pueden hacer delante de los hombres, pero sí delante Dios el cual conoce mejor que nadie nuestra mente y nuestro corazón. Tomamos gozosamente el jamón y no se habló más del asunto. La hice entrega de un ejemplar de mi libro La cuesta de la vida y me expresó su particular interés por conocer mi libro sobre El uso de la razón. Teníamos el tiempo muy justo y llegó el momento de la despedida con la esperanza por ambas partes de que después del verano reanudaríamos nuestros contactos para profundizar en temas de su interés.

      Otra de las mujeres que estuvieron presentes en la asamblea, Patricia Zúñiga Gainza, me dirigió el siguiente mensaje: “Siento en mi interior que usted y yo nos hemos conocido en alguna otra vida. Gracias por el encuentro tan bonito sobre la familia. Me encantaría poder quedar en algún lugar mágico para que podamos charlar con el corazón descubierto y poder conocer y comprender la vida que tenemos. Para mí es un regalo todos los días porque cada situación de dolor vivida han sido lecciones para fortalecerme y darme cuenta de que nada es casual y que en el universo todo está conectado con cada situación que yo debo vivir. La resistencia a los problemas sólo me traerá más problemas. Por lo tanto, me dejo llevar como el río que fluye sin interrupción. Trato de ser como el río, soy parte de él y de cada espacio de la naturaleza que con su belleza va fluyendo. Buscaré el lugar y el momento para que podamos quedar. Gracias por aparecer en mi vida. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Un fuerte abrazo. Patricia”. El día 22 de mayo nos encontramos en el madrileño parque del Retiro. Primero nos sentamos en un banco para conversar relajadamente disfrutando del ambiente primaveral de una mañana paradisíaca. Ella necesitaba hablar de cosas muy personales con alguien que no se cansara de escucharla sin sorprenderse de nada. Luego dimos un paseo por los jardines y nos sentamos en una terraza. Con una cerveza y unos cacahuetes delante reanudamos la conversación.

      Hablamos de Chile donde ella había nacido, de su familia y sus problemas familiares, de sus estudios y su trabajo actual en el campo de los discapacitados. También me facilitó información de primera mano sobre la vinculación del movimiento que coordina Mercedes González con la secta de Sun Myung Moon. Me aseguró que este movimiento figura entre las sectas religiosas y me habló de algunas de sus actividades de captación y su cimentación en un poderoso emporio económico del fundador. Patricia me explicó cómo y por qué había tropezado con esta gente, pero manteniéndose alejada de sus actividades y objetivos religiosos sectarios. Yo la expliqué también por qué había aceptado su invitación para hablar de la familia sin que mi nombre fuera asociado a la secta y estuvo totalmente de acuerdo con mi decisión. Ambos teníamos prisa y nos vimos obligados a interrumpir nuestro encuentro en el Retiro de Madrid en una mañana primaveral paradisíaca. Patricia se interesó por mis vacaciones estivales y me ofreció un piso que tenía en el Norte por si deseaba irme allí a descansar. La expliqué mi plan de vacaciones habitual por lo que no podía aceptar su generosa oferta, pero sí acepté visitar algún día el Centro donde ella trabaja con discapacitados. Me había hablado de su método de trabajo y me expresó su interés por que yo viera sobre el terreno cómo trataba de ayudar a estas personas y las dificultades con las que tropezaba.

 

      9. Trasiego entre Madrid y Hoyocasero

     

      Como queda dicho en el capítulo primero, nací en Venta del Obispo en el año 1937 y salí de Hoyocasero buscando la verdad de la vida en septiembre de 1950. A partir de aquel histórico momento mi presencia en Hoyocasero empezó a ser cada vez más infrecuente pero reconfortada con la presencia allí de mis padres. Con la muerte de mi madre Delfina en el verano de 1974 mi padre se convirtió en el motivo permanente y casi determinante de mis viajes a Hoyocasero. Con el paso de los años mi padre Emiliano estableció su residencia habitual en Baños de Monte Mayor, Mérida y Ávila, donde falleció a los cien años de edad. A partir del mes de noviembre de 1996 hasta diciembre del 2002 su enfermedad condicionó todos mis movimientos y aquellas visitas de placer a Hoyocasero, Baños de Monte Mayor y Mérida se convirtieron en un deber asistencial duro y desgastador sin otra compensación que la profunda satisfacción del deber filial cumplido, que es, pienso yo, uno de los quehaceres de la vida de todo hijo bien nacido. De esta experiencia he hablado brevemente en el capítulo octavo.

      Pero mi hermano Mariano falleció poco antes que mi padre a finales de julio del 2002 y este suceso y mi jubilación académica propiciaron de nuevo mis visitas frecuentes a Hoyocasero en busca de descanso en aquel lugar ecológicamente paradisíaco de la geografía española, donde era recibido y agasajado por Dominica, viuda de mi hermano, y sus hijos Martín y Carmen con su marido Jesús y sus hijos Jesús y Daniel, los cuales, aunque vivían en Madrid, se daban cita en Hoyocasero casi todos los fines de semana y durante las vacaciones de verano. Así las cosas, a veces yo me desplazaba de Madrid a Hoyocasero o regresaba a Madrid con mis sobrinos Carmen y Jesús. Por otra parte, dentro del complejo de la finca heredada de mis padres, mi sobrino había construido una hermosa casa en la que había espacio confortable para todos. Desde el comedor, por ejemplo, se pueden admirar desde el ecológico pinar de Hoyocasero hasta los nevados picos de Gredos. Mis visitas no solían durar más de dos días. Por regla general yo me desplazaba a Ávila en tren, visitaba a mi hermano Pelegrín y a los frailes dominicos del convento de santo Tomás, especialmente a los más ancianos y enfermos, y mi sobrino Martín y su madre Dominica se acercaban a Ávila para llevarme con ellos a Hoyocasero, donde cabía también la posibilidad de encontrarme con mi hermano Ángel y su familia, sobre todo en verano. En una ocasión ocurrió que, de regreso a Ávila, al llegar a la cima del puerto de Menga se averió el coche y, como suele decirse en estos casos, nos dejó tirados. Pero eso era lo de menos. Lo grave era que empezaba a oscurecer y a nevar. Afortunadamente, mi sobrino Martín, casi sin luz y blanqueado con los copos de nieve, consiguió hacer una “chapuza” de emergencia sobre la marcha y pudimos continuar el viaje a Ávila. En esta ocasión venía con nosotros Dominica y siempre que Martín decidía acercarme con su coche a Ávila, ella nos recordaba aquel incidente para evitar el paso del puerto después de la puesta del sol o con tiempo inestable.

      Durante la primera etapa de estas visitas distribuía el tiempo visitando a los familiares enfermos más cercanos, la celebración de la Eucaristía en la Iglesia parroquial y las conversaciones de calle y de buena vecindad recordando tiempos pasados y con la cámara fotográfica siempre disponible. Por las noches, después de cenar, siempre que el tiempo lo permitía, Martín y yo, antes de retirarnos a descansar, nos paseábamos por las calles de Hoyocasero hablando de problemas puntuales y haciendo comentarios sobre la evolución del pueblo y sus habitantes. Tales comentarios estaban asentados siempre sobre la siguiente realidad. En tiempos no muy lejanos, las casas para vivir y las formas de vida eran de ínfima calidad y había mucha gente viviendo en ellas. Ahora, en cambio, todas las casas del pueblo son excelentes pero la mayor parte de ellas están vacías. Sólo durante el verano y los fines de semana aparecían gentes nuevas para mí ya desconocidas. Si era invierno, por la mañana acompañaba a Martín a la dehesa, cerca de Arenas de San Pedro. El trabajo con la ganadería allí era duro y había que subir y bajar todos los días el puerto del Pico a merced de las inclemencias del tiempo. El lugar donde estaba ubicada la dehesa y pastaban las vacas era paradisíaco. Pero había que trabajar y quedaba poco o ningún tiempo para disfrutar del paisaje y del descanso. Al principio yo trataba de ayudar modestamente a Martín, pero pronto nos dimos cuenta de que, habida cuenta de mi edad, lo más prudente era que yo me limitara a acompañarle. Durante el verano las vacas remontaban el puerto del Pico dejando atrás el calor para pastar en la jurisdicción territorial de Hoyocasero.

      Posteriormente Martín consideró que había llegado el momento de abandonar la finca de pastos en la zona de Arenas de San Pedro y trasladó definitivamente las vacas para que pastaran en sus propiedades y en la jurisdicción territorial de Hoyocasero en plena sierra de Gredos. Durante el invierno pastaban en la zona más templada de Navalvillar y la cabecera del Alberche, al lado de Venta del Obispo, y en verano las subía a la parte alta de la Lastra y sus aledaños. Durante esta segunda etapa mi sobrino ahorró tiempo, preocupaciones y dinero. Pero la explotación de la ganadería se hacía cada vez más difícil hasta el punto de que empezó a estudiar la forma de venderla lo antes posible ya que la Comunidad Europea condicionaba la ayuda económica a estos ganaderos de forma a veces dramática y una cosa digna de destacar es que algunos de ellos, frente a la dificultad de seguir explotando las ganaderías en solitario, comenzaron a ayudarse generosamente entre ellos. Bajando el maravilloso puerto del Pico hacia el sur se encuentra el pueblo Las Cuevas del Valle, y a pocos kilómetros, a la izquierda, San Esteban del Valle. Estos dos enclaves me traen a la memoria recuerdos personales entrañables. Me refiero a José Antonio Fernández y el general José Buenadicha.

      José Antonio Fernández era natural de Las Cuevas del Valle, coincidimos por primera vez en la Mejorada como estudiantes y siempre fuimos buenos amigos. Pasaron los años y él fue enviado a estudiar a Francia e Italia. Se ordenó de sacerdote por la Orden de Predicadores y su aspiración inmediata era hacer estudios bíblicos en la prestigiosa Escuela Bíblica de Jerusalén. Pero su preceptor de estudios bíblicos en Roma, el dominico holandés Dunker, aconsejó que, dada la aguda sensibilidad política de José Antonio, no convenía por el momento que le enviaran a estudiar a Jerusalén por lo que fue nombrado profesor de Teología en Ávila dejando que el tiempo serenara las cosas. Eran los tiempos de la “guerra de los seis días” en Oriente Medio y del apogeo marxista. Empezó su nueva andadura intelectual en el Instituto Pontificio de Teología de Ávila demostrando como profesor la brillantez que le había caracterizado siempre como estudiante. Antes de empezar el curso académico, durante las vacaciones de verano, yo me encontraba en Hoyocasero y él en Las Cuevas, ambos descansando en las casas de nuestros respectivos padres. Así las cosas, nos dimos cita un día en Las Cuevas para reencontrarnos después de tanto tiempo sin vernos. Fue un día muy entrañable durante el cual no hablamos de problemas, sino que hicimos lo posible por disfrutar juntos de los agasajos de sus padres y del ambiente natural reinante.

      Como San Esteban del Valle estaba tan cerca, le hablé a José Antonio de un gran amigo de mi padre que allí vivía y que me gustaría saludarle. Poco tiempo después llegamos a San Esteban y preguntamos por José, popularmente conocido por “el Churro”. A los pocos minutos el “tío Churro” salió a nuestro encuentro y nos recibió como a dos jóvenes generales que volvían triunfantes de una guerra sin muertos. Al verse escoltado por nosotros nos presentaba a quienes encontramos por la calle con gran regocijo hasta que nos llevó a su casa. Su alegría fue muy grande y pronto diseñó un programa de visitas a personas y lugares emblemáticos del pueblo. Pero no disponíamos de mucho tiempo lo cual le obligó a ser selectivo en extremo. Cuando ya estábamos a punto de despedirnos, exclamó: “¡Ay, me cagüen la hostia; que me sa olvidao enseñaros lo más importante: la jurnia del santo!”.

      Se trataba de la urna en la que se conserva la cabeza de S. Pedro de Alcántara. No había más que discutir y volvimos a la Iglesia para contemplar la urna del santo. José, el “tío Churro” era un amigo de los de verdad de mi padre desde que se conocieron en África haciendo las milicias. Se trata de una historia de amistad linda y ejemplar en extremo. José era un hombre de cultura elemental y un corazón de oro. Al menos esta es la imagen que desde niño yo tenía de él. Cuando murió, mi padre comentó: “Ha muerto mi mejor amigo”. El regreso de San Esteban del Valle a Las Cuevas lo hicimos a pie y en la puerta de casa nos esperaba impaciente la abuela de José Antonio. Al llegar se dirigió a mí con estas lacónicas palabras: ¿Sabe Ud qué? Usted dirá, abuela, repliqué, soy todo oídos para escucharla. “Los vengo observando a los dos y tengo que decirle que mi nieto es más guapo que usted.” ¡Esta es una abuela!

      Al cabo de varios meses pasé por Ávila y José Antonio me invitó a dar un paseo. Me dijo que había decidido abandonar Ávila y marcharse a Chile sin pérdida de tiempo. Yo le dije que no se quemara la sangre prematuramente porque el tiempo cura muchas cosas, incluidos los eventuales conflictos que surgen con las personas. En el fondo yo sentía que José Antonio sacrificara con esta decisión un futuro intelectual brillantísimo en la Orden de Predicadores en aras de compromisos políticos de cuya calidad yo mismo tenía muchas dudas. Nos despedimos en la calle y no volvimos a vernos hasta el año 2009, de nuevo en Cuevas del Valle. Habían transcurrido más de cuarenta años y ahora, ambos jubilados y con los achaques propios de la edad, hablábamos de nuestro pasado anecdótico, jocoso y divertido. Además, agasajados amorosamente por su esposa. Mi sobrino Martín Blázquez, que me acercó con su coche a casa de José Antonio, quedó muy gratamente impresionado por la forma en que nos recibieron y agasajaron. Mi sobrino los invitó a un almuerzo en Hoyocasero y ellos aceptaron muy gustosos la invitación. En el momento de redactar estás páginas de recuerdo está todavía pendiente este reencuentro en Hoyocasero por aquello de que el hombre propone y Dios dispone.

      Después de esta histórica visita se produjo un incendio en la zona y tuvieron que ser evacuados de su linda casa durante algunas horas. El incendio constituyó una catástrofe ecológica en aquella zona paradisíaca de Gredos y fue opinión común que había sido provocado. Por otra parte, José Antonio y su esposa acostumbraban a pasar el invierno de España en Chile, donde se encontraban cuando se produjo el terrible seísmo del 2010. Sólo sufrieron el susto, pero así es la vida. Al final todos buscamos paz y tranquilidad, pero las guerras, las catástrofes naturales y las injusticias humanas nos persiguen por todas partes. Hacemos planes de hoy para pasado mañana sin saber lo que puede ocurrir en el día intermedio.

      En otra ocasión en que yo me encontraba en Hoyocasero mi sobrino Martín me recordó que teníamos pendiente una visita a San Esteban del Valle. Yo sabía que allí vivía retirado el general José Buenadicha, entre nosotros Pepe el hijo del tío Juan. El tío Juan era otro de los amigos de juventud de mi padre reclutados durante las milicias en África. Vivió en Navarredonda y falleció en Ávila bien entrado en años a pesar de haber sido víctima de un rayo en el curso de una tormenta cuando se encontraba en el campo. Tuvo dos hijos, Pepe y Moisés, ambos inteligentes y nobles a más no poder como su padre al que en mi casa llamábamos cariñosamente “tío Juanito” el de Navarredonda. Pepe hizo estudios para ordenarse de sacerdote, pero ocurrió un incidente que cambió el curso de su vida. Durante unas vacaciones se encontraba un día con un amigo manipulando la escopeta de caza cargada, con tan mala suerte que tuvo un descuido, se disparó el arma y quedó sin vida el compañero. Tras este incidente se frustró su ideal sacerdotal. Ingresó en el ejército donde fue ascendido en el escalafón hasta el grado de general del ejército de tierra. Se casó con una mujer bellísima de San Esteban del Valle, cuya madre había sido también una belleza de su tiempo. Llegado el momento de la jubilación el general Buenadicha se retiró con su esposa a San Esteban. No nos habíamos vuelto a ver desde que yo era un adolescente y venía a casa de mis padres en Hoyocasero. Cuando falleció su esposa no pude asistir al funeral. ¿Cómo te encuentras, Pepe?, le pregunté por teléfono. Estoy destrozado, me respondió, con el tono y forma de un general derrotado en combate. Tuve la impresión de que su esposa había sido una fuente de felicidad para él y su muerte le dejó perplejo y desconcertado. Dicho lo cual, me es grato añadir lo siguiente.

      Durante las idas y venidas a la dehesa de las vacas con mi sobrino Martín yo le había hablado del general Buenadicha, el cual, sospechaba yo, podría estar por allí. Estaba seguro de que mi visita le iba a causar alegría. Hoy tengo tiempo disponible, ¿por qué no damos una vuelta por San Esteban a ver a tu amigo? Dicho y hecho. Era un día climatológicamente muy agradable y una hora más tarde llegamos al pueblo. Preguntamos por el general al primero que encontramos y nos aseguró que, efectivamente, el general Buenadicha estaba allí en su casa de la plaza principal. A los pocos minutos estábamos llamando a su puerta. Nos llamó la atención que la puerta de la calle estuviera abierta y que nadie contestara al timbre. Entramos en el atrio y subimos por una escalera oscura hasta que dimos con la puerta de la primera planta. Por fin se abrió la puerta y con la oscuridad de la escalera no podíamos vernos bien las caras. Además, era una visita sin previo aviso. Sin perder tiempo me presenté: “Pepe, soy Niceto el hijo de Emiliano, y este es mi sobrino Martín, el hijo de mi hermano Mariano”. Al oír estas palabras nos fundimos silenciosamente en un abrazo. ¡Muchos años sin vernos, Pepe! Sí, replicó, muchos. Se encontraba solo viendo la televisión. Apagó el televisor, nos sentamos y se puso a servirnos de todo lo que tenía a mano.

      En frente pude contemplar un pequeño museo mural de fotografías de su carrera militar y dos bellísimas mujeres que eran su suegra y su esposa. Sí, musitó, ya sólo me quedan recuerdos. Y comenzó a hablarme de mi padre y de mis hermanos. Admiraba mucho a mis padres y recordaba todavía las meriendas de jamón serrano que le preparaba mi mna cuando era un joven lleno de vida y los visitaba en Hoyocasero. Yo conservaba de él aquella imagen exuberante del joven Pepe Buenadicha y me encontré ahora con un ancianito octogenario solo y triste pero tan valiente como siempre ante la vida. Por lo que he oído decir, su formación militar no había favorecido sus relaciones públicas con la gente de su entorno y esto también cuenta. Desde que se jubiló pasaba temporadas enteras en San Esteban del Valle, aunque manteniendo el domicilio en Madrid. Había encargado el mantenimiento de la casa a una señora y hacía las comidas en un bar vecino. Luego pasaba el tiempo leyendo o haciendo labores en el jardín. Su compañía permanente eran la soledad y los recuerdos de ese pasado glorioso que no retorna nunca. Al final, la vida nos va colocando a todos en el lugar que nos corresponde y pasa como un sueño, un frenesí o una ilusión. Y después ¿qué?  Me alegré mucho de haber realizado esta visita y tuve la impresión de que el viejo amigo y abatido general quedó muy reconfortado y agradecido. Ni él ni yo habíamos imaginado jamás que después de muchos años nos íbamos a encontrar en aquel lugar y en aquellas circunstancias, para contrastar nuestra adolescencia y juventud con nuestra ancianidad y deducir las oportunas conclusiones.

      En Hoyocasero se celebraban con notable solemnidad y entusiasmo las fiestas del Cristo y de la Virgen de las Angustias. Las gentes que emigraban llevaban esas fiestas en lo más íntimo de sus vidas y pude comprobar que ni el paso de los años ni las circunstancias sociopolíticas adversas habían conseguido acabar con esas fiestas religiosas. Al contrario, seguían siendo un motivo más de encuentro hasta el punto de que tanto la Iglesia parroquial como la Ermita del Cristo habían recibido esmerados y constantes servicios de promoción y conservación. La fiesta del Cristo se celebraba desde siempre el lunes inmediato al Domingo de Pentecostés y las fiestas patronales de la Virgen de las Angustias el día 15 de septiembre. Desde que salí de Hoyocasero en septiembre del año 1950 no recuerdo haber estado presente en estas fiestas, pero he conservado siempre un recuerdo muy entrañable y vivo de las mismas.  El año 2005 y 15 de mayo hice un esfuerzo por asistir a la fiesta del Cristo y disfruté mucho. Además de reavivar felices recuerdos de infancia, tuve el honor de presidir la celebración litúrgica de la fiesta con inmensa satisfacción. Como anécdota me es grato recordar que estaba previsto el que una niña, hija de la entonces portavoz de la guardia civil de Madrid, Mercedes Martín, recibiera su primera comunión en el contexto de la fiesta del Cristo. Esto para mí fue una sorpresa y para ella un contratiempo al encontrarse conmigo que era un desconocido. Hicimos lo que había que hacer y cuando me vio después en la Ermita del Cristo se acercó a mí para expresarme su deseo de hacerse una fotografía conmigo. Me llegó al alma la amorosa petición de la niña y a partir de aquel momento nació una linda amistad entre nosotros. La niña se llamaba María Azabal Martín, cuya abuela María era de mi edad y habíamos recibido juntos de niños la catequesis en la Iglesia parroquial.

      En Hoyocasero existió desde tiempo inmemorial la Cofradía de S. Pedro Apóstol cuya fiesta se celebraba el día 29 de junio. Dicha Cofradía dejó de existir, pero antes de su desaparición me informaron de que, según las normas establecidas, me tocaba el turno de presidir la fiesta. Mi hermano Mariano y mi cuñada Dominica me comunicaron la noticia matizando que, si yo no podía estar presente, ellos asumían la responsabilidad de presidir dicha fiesta del Apóstol para todos los efectos. Afortunadamente pude presidir la celebración litúrgica y ellos ofrecieron su casa para celebrar allí un convite fraterno con los cofrades y cambiar impresiones sobre diversos problemas. Durante el coloquio me hicieron muchas preguntas relacionadas con la homilía que les había dirigido sobre la personalidad de S. Pedro. Recuerdo que les hice una síntesis biográfica de la personalidad peculiar del Apóstol Pedro, lo cual llamó mucho la atención, incluso del párroco D. Victorio, que no se privó de hacerme algunas preguntas interesantes.

      Al parecer, mi homilía les había ayudado mucho a descubrir la grandeza de la personalidad de Pedro y la razón por la cual sus antepasados habían creado aquella cofradía en su nombre. Uno de los presentes confesó que se quedó muy impresionado cuando dije que Pedro fue “el primero de abordo después de Cristo”. Traigo esta anécdota simpática a colación para destacar la importancia de hacer las homilías dominicales y la predicación del evangelio en general, traduciendo la verdadera doctrina cristiana al lenguaje sencillo e inteligible de la gente que escucha. Los habitantes de Hoyocasero habían oído ciertamente muchos y buenos sermones piadosos sobre S. Pedro, pero desconocían su verdadera personalidad e importancia. Esta fue la conclusión que deduje de aquel entrañable e inolvidable coloquio con los cofrades de S. Pedro en casa de mi hermano Mariano.

      Hoyocasero fue lugar de encuentro también con la prestigiosa periodista y directora del programa radiofónico de la Cadena COPE “La tarde con Cristina”. Siendo alumna mía en el último curso de periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, un día al terminar la clase se mostró interesada por mi apellido el cual la resultaba muy familiar. Y no sin razón porque ya desde niña, me dijo, había conocido a la familia Blázquez de Hoyocasero donde acostumbraban a veranear sus padres. De hecho, mi cuñada Mari Cruz era íntima amiga de su madre Ingebor y su hermana Marina la futura esposa de mi sobrino Miguel Ángel, hijo de mi hermano Ángel. Nada sabía yo de esta historia y de ahí mi grata sorpresa.

      Mis alumnos de periodismo tenían que hacer aquel año un trabajo personal como parte de los deberes del curso académico y Cristina se ofreció a traducir del alemán al castellano un artículo relacionado con la ética periodística que yo había recomendado. Por aquella época Cristina trabajaba ya en el diario madrileño ABC y convinimos en que cuando el trabajo estuviera terminado fuera yo personalmente a recogerlo en la antigua redacción del emblemático rotativo de la calle Serrano. Con esta disculpa ella aprovechó la ocasión para introducirme personalmente en aquel mundillo fascinante e intrigante de periodistas. Por otra parte, ese mismo día mi hermano Ángel me invitó a almorzar con él, cosa que hacía con mucha frecuencia, pero recusé la invitación alegando que tenía un compromiso en la redacción del ABC. Supongo que, con Cristina, replicó. Sí, con Cristina López Schlichting, le contesté. Luego me informó en detalle sobre Felipe e Ingebor, los padres de Cristina, como visitantes habituales de Hoyocasero y de sus hijas, una de las cuales, Marina, la más pequeña, era la prometida formal de su hijo Miguel Ángel. Yo le expliqué que la hermana de Marina era alumna mía y cómo ella se había interesado por mi apellido. Los dos estábamos de acuerdo en lo pequeño que es el mundo. A partir de entonces se estrecharon nuestros lazos de amistad, pero en un contexto familiar.

      Tanto en Madrid como en Hoyocasero nuestros encuentros solían tener lugar en casa de sus padres y el objetivo no era otro que reforzar los lazos familiares que se habían creado entre nosotros y disfrutar del entorno familiar. Sólo de manera muy tangencial hacíamos alusiones a los problemas profesionales sin detenernos en ellos. Un día que nos encontrábamos los dos en Hoyocasero celebré yo la misa dominical y al final se apresuró a darme cariñosa y confidencialmente las gracias por la forma en la que yo había enfocado la homilía. En otra ocasión, con motivo de una fiesta familiar en casa de sus padres, y en plena polémica relacionada con la cadena COPE, Cristina me animó a que escribiera mis memorias y en relación con la cadena radial dejó caer esta frase: “Federico Jiménez Losantos va siempre a lo suyo”. El polémico Jiménez Losantos optó por marcharse de la COPE y crear una nueva emisora de radio, pero Cristina siguió fiel a su línea informativa y crítica en la COPE con gran satisfacción para su gran audiencia. Siempre que marcaba yo su número de teléfono particular quedé felizmente sorprendido por el cariño e interés con que me escuchaba y se interesaba por los asuntos de mis llamadas.

      Como testimonio de gratitud me parece obligado reproducir aquí las palabras que Cristina escribió prologando mi libro La prostitución: “Como reportera de prensa hace años que me sorprende la homogeneidad de las opiniones sobre la prostitución. A medida que la productividad y el dinero se van revelando como el motor de nuestra sociedad, se escucha una y otra vez que cada uno es dueño de hacer lo que quiera con su cuerpo -nuestra más íntima «propiedad»- y que, a excepción de los casos relacionados con la droga, las prostitutas ejercen libremente un oficio del que sacan pingües beneficios, muchas veces en ambientes refinados y selectos. La consecuencia evidente de esta convicción generalizada es que las putas están más solas que nunca, al menos en lo que a iniciativas institucionales se refiere. La derecha no se atreve a abordar el asunto, por temor a ser tachada de hipócrita y antiprogresista, y la izquierda tampoco lo hace porque tiene a gala la supuesta liberación sexual y un individualismo que tiene más de neoliberalismo cínico que de preocupación por las personas.

      Me permito estas duras críticas porque, en mis conversaciones con las prostitutas, estas siempre se han quejado de su «profesión». Y no sólo del frío, de las enfermedades o de las amenazas (que podrían en efecto solucionarse con instalaciones adecuadas y vigilancia médica, como apuntan algunos), sino del oficio en sí. De la chulería de muchos hombres, de su despecho larvado y de la constatación (esta confidencia me la hizo una chica de Capitán Haya, en Madrid) de que “cuanto más dinero tienen más viciosos son”. Sólo ellas saben de la evolución de las costumbres sexuales y de las tremendas exigencias a las que se ven sometidas y que, paradójicamente, no dejan de asombrarlas. Así pues, no cabe interpretar los ligeros comentarios sobre la libertad del “oficio” que mencionaba al comienzo más que como el fruto de una sociedad en la que el valor del cuerpo y de la intimidad se ha perdido. Naturalmente, hay quien se frota las manos.

      En el momento de escribir este prólogo, es noticia uno de los mejores reportajes jamás filmados sobre la trata de blancas, realizado por un equipo de Antena-3 Televisión y el diario El Mundo, cuyos reporteros se introdujeron en el negocio de la venta de dominicanas y llegaron a comprar una mujer en Santo Domingo, demostrando con pruebas fehacientes el sofisticado entramado internacional de falsificación de pasaportes, chantajes y amenazas de muerte que subyace a la comercialización de mujeres destinadas a la prostitución en España. La globalización está afectando también a este negocio. Las multinacionales del crimen exportan e importan seres humanos de una punta a otra del planeta y blindan sus mecanismos hasta hacerlos impenetrables. Como afirma Niceto Blázquez en este libro, «la prostitución, como el ejército, no está llamada a desaparecer o disminuir, sino a profesionalizarse y ser más productiva de acuerdo con los cánones de la modernidad». Como todos los guetos, el tráfico y el uso de mujeres suscitan cierta curiosidad morbosa. No podrá satisfacerla quien aborde la lectura de este libro. Por el contrario, quienes trabajen en contacto riguroso a él o, simplemente, intenten esclarecer su propio punto de vista sobre el mismo, contarán con una ayuda impagable. Doy fe de que Niceto Blázquez ha escrito la más completa relación de la historia de la prostitución, las discusiones sobre la misma, las investigaciones sobre sus raíces biológicas, sociales o psicológicas, hasta concluir en una posición definida y seria sobre un problema que empeora por momentos y que, al menos a quienes todavía creemos en la responsabilidad social, nos concierne” (Cristina López Schlichting. Periodista).

      Las tres edificaciones emblemáticas y de referencia para mí en Hoyocasero fueron la casa paterna de mi niñez, la escuela pública y la Iglesia. De la escuela, como queda dicho, no todos los recuerdos eran gratos. De casa de mis padres y de la Iglesia, en cambio, los recuerdos felices afloraban constantemente a mi memoria, sobre todo cuando paseaba a pie o en coche con mi sobrino Martín o le acompañaba a la dehesa para los trabajos puntuales que tenía que llevar a cabo con la ganadería. Los temas de conversación eran muy variados desde la evocación de personas fallecidas y recuerdos familiares hasta los problemas del momento relacionados con la buena o mala administración pública del pueblo por razones políticas o rencillas ancestrales. Durante algún tiempo uno de los alcaldes fue noticia de mal agüero en la prensa con riesgo de ser sentado en el banquillo de los acusados. En otra ocasión se produjo un sabotaje dañando la infraestructura del suministro del agua. Había sospechas fundadas sobre la persona presuntamente responsable del ataque, nadie acusó a nadie, se restableció el servicio y no se habló más del asunto. Por otra parte, se habían decantado dos grupos muy enconados por razón de una propiedad comunal denominada El Gencianal y la situación de los pocos ganaderos que quedaban en Hoyocasero, entre ellos mi sobrino Martín Blázquez, era problemática de cara al futuro, pero las condiciones materiales y la calidad de vida de todos ellos eran muy buenas por relación al pasado.

      La segunda etapa de la administración parroquial de D. Victorio Herráez, se caracterizó por su implicación en asuntos económicos desenterrando una vieja cooperativa que un ilustre predecesor suyo, D. José Almeida, había creado con gran sentido realista, pienso yo, como arma defensiva del pueblo frente a la ofensiva marxista de su tiempo. D. Victorio quiso hacer algo parecido teniendo en cuenta las nuevas circunstancias con la intención de hacer un servicio al pueblo de Hoyocasero, pero fracasó por completo en el intento con gran deterioro del prestigio personal y pastoral que había adquirido durante su primera etapa. Siempre he tenido la impresión de que es muy difícil compaginar la dedicación competitiva a la administración de bienes materiales con el ministerio pastoral. Muchas personas de la familia y situaciones humanas habían desaparecido y otras, otrora impensables, habían surgido en su lugar. Así las cosas, me parece oportuno recordar algunos de los nombres de mis familiares más cercanos sobrevivientes en Hoyocasero. Por ejemplo, el de mi primo carnal e hijo único del tío Alberto, Virgilio Blázquez, y Consuelo Díaz Fernández, única prima carnal sobreviviente por parte de mi madre.

      La visita a Virgilio y Consuelo eran obligadas. En torno a ellos cabía además la posibilidad de otros encuentros familiares fortuitos. Celestina Blázquez, la hija de mi primo Virgilio, tenía que desplazarse constantemente desde Madrid a Hoyocasero para ocuparse de sus ancianos padres y el encuentro allí con ella era siempre un motivo añadido de alegría para mí. Casi siempre que llegaba a Hoyocasero celebraba la Eucaristía en la Iglesia y aprovechaba la ocasión para saludar a la gente con palabras que me salían del corazón recordando a los últimos difuntos del pueblo y animando a la gente a seguir fieles a la Virgen de las Angustias y al Cristo de la Ermita con el cariño y entusiasmo que los había caracterizado siempre.

      En verano acudía mucha gente oriunda de Hoyocasero para disfrutar de sus vacaciones y también con motivo de los funerales de gente del pueblo. Con el tiempo los funerales se convirtieron en un motivo cada vez más frecuente para la cita en la Iglesia de gentes que no vivían habitualmente allí. Yo aprovechaba estas ocasiones para saludar a todos y compartir recuerdos entrañables de nuestra niñez y de nuestras respectivas familias. Mis visitas a Hoyocasero estaban condicionadas por los compromisos intelectuales y pastorales en Madrid. Por otra parte, con el fallecimiento de D. Victorio Herráez al cabo de 47 años de párroco, los servicios pastorales se planificaban desde Navarredonda, primero, y desde Burgohondo después. Durante los últimos seis años hasta el año 2005 el párroco titular fue el joven D. Juan Carlos Martín, que vivía en la comunidad sacerdotal de Burgohondo. Se había formado en la Universidad Pontificia de Salamanca y allí se hubiera quedado como profesor si no fuera porque sintió una vocación particular por la pastoral rural en cuyo ámbito había necesidad de gente joven y cualificada como él. Al cabo de los seis años y después de haberse ganado el cariño y la simpatía de todos, fue nombrado para reemplazarle otro joven de la misma talla humana y pastoral, D. Juan Manuel Manjón.

      El relevo oficial tuvo lugar el día 4 de octubre del año 2009 durante el curso de una entrañable e inolvidable concelebración eucarística. Tanto las palabras de despedida y gratitud de Juan Carlos como las de llegada y esperanza de Juan Manuel llegaron al alma de los fieles que, a su vez, correspondieron a ambos con palabras, acompañadas de regalos, también dignas de la historia. Al terminar la ceremonia una joven señora se acercó a mí muy emocionada y me hizo esta confesión: “He pasado todo el tiempo llorando como una tonta. Al principio, de pena por la despedida de Juan Carlos, y después, de alegría por la llegada de Juan Manuel”. Yo me sentí feliz aquel día y me acordaba con cariño y comprensión del viejo D. Victorio, el cual no se hizo nunca a la idea de jubilarse, convencido de que cuando faltara él se cerraría la Iglesia. ¡Cómo nos equivocamos todos cuando nos aferramos a la idea de que somos en algo indispensables!

      Pero estas escapadas a Ávila y Hoyocasero terminaron pronto debido a mi estado de salud cada día más precario. Como queda dicho, en el 2008 realicé el último viaje fuera de España invitado por el Obispo Bercea de Oradea, Rumanía. Por aquellas fechas ya no me encontraba yo seguro de mí mismo y sólo haciendo un esfuerzo grande acepté su invitación. Posteriormente fui invitado por Radu Filip de Carei, pero esta vez me pareció ya una imprudencia desplazarme hasta aquella población de Transilvania y presenté mis excusas, que fueron comprendidas sin dificultad. Luego suspendí mis vacaciones de verano en Almería a donde volví por última vez en el verano del 2011. Pero desde finales diciembre del 2011 y durante todo el año del 2012 mi estado de salud fue de mal a peor y sólo en la primavera del 2013 pude levantar la cabeza y redactar estas páginas. Y poco más porque ni siquiera me atrevía a celebrar la Eucaristía solo ni acompañado. Primero opté por sumarme a los fieles que acudían a la misa dominical en la Iglesia grande pero después me pareció más prudente acercarme a una linda Capilla privada que se encontraba ubicada a pocos metros de mi habitación en el convento de S. Pedro Mártir de Madrid. Entraba discretamente y tomaba la Comunión o simplemente hacía un gesto de respeto a la puerta del Tabernáculo y ante los pies de un crucifijo cercano, y me retiraba a mi habitación. A pesar de todo tuve siempre la satisfacción de poder concelebrar la Eucaristía de Navidad, del Jueves Santo y de Resurrección al tiempo que acompañaba los cantos litúrgicos con el Órgano. En ocasiones recibía también a personas que buscaban consuelo o simplemente deseaban recibir el sacramento de la Penitencia en los despachos pastorales de la Iglesia, aunque siempre sacando fuerza de flaqueza.

      Otro capítulo interesante de mi reclusión forzada en el convento de Madrid fue el de las visitas. Como norma general tomé la decisión de no aceptar las potenciales y amorosas visitas de familiares y amigos, incluso de quienes deseaban venir a verme desde fuera de Madrid y de España. Cuando por teléfono o el correo electrónico me expresaban su deseo de visitarme les explicaba los motivos por los que yo prefería que no vinieran a verme y todos me dieron la razón. La fórmula práctica para compensar esta excusa era muy sencilla de entender. Si me queréis, les decía yo, os ruego que no vengáis a verme ya que no me encuentro en condiciones de ocuparme de vosotros y esto me causa preocupación, que es lo que debo evitar mientras ello sea posible. En contrapartida les proponía que nos comunicáramos por teléfono y el correo electrónico, medios de comunicación maravillosos que yo podía todavía utilizar con relativa facilidad para comprobar que, a pesar de la distancia física, nos encontrábamos siempre juntos en el corazón. A pesar de todo, no pude evitar la visita amorosa de familiares y amigos que procuraban venir a verme en los momentos más oportunos a fin de causarme alegría y evitar las preocupaciones. De estas visitas de excepción quedaron algunos testimonios fotográficos muy entrañables y bellos.

      Uno de los doctores del equipo médico que me trataba solía decirme cuando le visitaba: “Niceto, qué difícil nos lo pones siempre”. Otro me miraba y comentaba: “Niceto, como tú bien sabes, hemos tocado ya todos los palillos de la ciencia para salir al paso de tus problemas de salud”. Nada nuevo, decía yo. Lo importante es que yo como enfermo cumpla con mi deber y ustedes como médicos cumplan con el suyo. El día 27 de mayo del 2013 el Dr. Eduardo Castellanos, después examinar a fondo el proceso de mis problemas cardiacos durante los últimos meses, dejó caer la idea de invitarme a dar una charla o conferencia coloquial a su equipo médico.

     

      10. Cien años de Ciencia Tomista

     

      La revista Ciencia Tomista es una honrosa publicación institucional de la Facultad de Teología de San Esteban, regida por los PP. Dominicos de la Provincia de España en Salamanca. Fue fundada en 1910 por Luis González Alonso-Getino OP (1877-1946). Se editó en Madrid desde su fundación hasta 1928 y desde esa fecha hasta nuestros días se editó en Salamanca. Según el Compendio de Metodología General del claretiano Narciso García Garcés, la Ciencia Tomista era por el año 1945 la única revista española entre las que publicaban estudios verdaderamente científicos al lado de otros de alta divulgación. En sus inicios fue bimestral y ya en el primer volumen se aprecia la intención de sus fundadores y primeros colaboradores de exponer el pensamiento de Tomás de Aquino en un momento en que los modernistas extremados rechazaban el magisterio del Aquinate. Durante sus cien años de andadura Ciencia Tomista se ha mantenido fiel a la línea del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, en un intento de renovación y actualización de su doctrina siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de los maestros dominicos de La Escuela de Salamanca, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Melchor Cano. No obstante, la Ciencia Tomista no nació para ser baluarte de ninguna escuela sino para acompañar la reflexión teológica y la vida de la Iglesia. En consecuencia, el espíritu y el magisterio del Concilio Vaticano II marcaron oportunamente el estilo de su quehacer teológico y el contenido de sus aportaciones.

      Ciencia Tomista quiere permanecer atenta a la ebullición de ideas y contribuir al quehacer teológico desde el cultivo de una ciencia que, como la vida misma, progresa y evoluciona. No quiere permanecer extraña a ninguna doctrina ni a ningún nuevo enfoque que pueda servir para que la Palabra de Dios penetre en el tiempo, en el que hoy nos corresponde a nosotros vivir. Al cumplirse los cien años de su fundación, la revista constaba de 136 tomos, correspondiendo este último al año 2009. Cada tomo, a su vez, tiene una media de 650 páginas. Desde 1981 la periodicidad de los fascículos empezó a ser cuatrimestral con secciones destinadas a artículos, notas, comentarios y bibliografía. La tirada de la revista es de 400 ejemplares y cuenta con 200 suscriptores en España y 101 en el extranjero además de 169 canjes con otras revistas españolas y extranjeras. Como es obvio, una institución de esta naturaleza con cien años de vida intelectual de alta calidad merecía una celebración, la cual tuvo lugar el jueves 27 de mayo del 2010 en el Salón de Actos del Convento de Santo Domingo el Real de los Padres Dominicos en Madrid. Los orígenes e historia detallada de Ciencia Tomista los escribió Jesús Díaz Sariego OP en el número 137 aparecido en el año 2010.

      Tal como estaba previsto, el día 27 de mayo del 2010 celebramos un solemne acto académico conmemorativo del que me es grato recordar lo siguiente. Presidió la mesa el M.R.P. Provincial de la Provincia Dominicana de España Francisco Javier Carvallo. A su derecha se encontraban el P. Charles Morerod, OP., Rector de la Pontificia Universidad Santo Tomás (Angelicum) y secretario de la Comisión Teológica Internacional; y el P. Manuel Ángel Martínez Juan OP., presidente de la Facultad de Teología de S. Esteban de Salamanca. En el ala izquierda de la mesa se encontraban el P. Bernardino Pella O.P., Asistente del Maestro General para la Península Ibérica y el director de Ciencia Tomista el P. Jesús Díaz Sariego OP., el cual tomó la palabra para explicar el significado de los términos memoria y esperanza relacionados con la celebración centenaria de la revista. Evocó los sus orígenes y la intuición sapiencial de sus fundadores al crear un proyecto de predicación intelectual actualizada siguiendo la pista de Tomás de Aquino, de Francisco de Vitoria y otros maestros dominicos de escuela de Salamanca. El orador se preguntaba si realmente hoy día sirve para algo una revista de teología como Ciencia Tomista y en la respuesta trató de hacer comprender a la audiencia que no sólo es útil, sino que es necesaria. En este sentido explicó cómo la revista se había adaptado a los tiempos y a los problemas de la vida real durante los cien años transcurridos con la esperanza de que esta actitud sapiencial inspirada en Tomás de Aquino y sus mejores discípulos siguiera prevaleciendo sobre cualesquiera otros intereses. Nada más actual y fascinante como la búsqueda apasionada de las razones últimas de nuestra existencia al estilo dominicano heredado de Santo Tomás y los grandes maestros de la escuela de Salamanca. Estos siguen siendo los maestros de la razón teológica dominicana centrados en la fe, la razón, la ciencia, la felicidad humana en este mundo y la salvación eterna anunciada en la revelación cristiana. Destacó el hecho de que la revista Ciencia Tomista había nacido como un proyecto común felizmente realizado durante cien años por lo que terminó su discurso con unas palabras muy sentidas de acción de gracias a todos sus colaboradores hasta nuestros días. La celebración de este acto académico, en Madrid, había sido precedido por otro similar en Salamanca. Pero, como he dicho antes, la revista nació en Madrid al lado de esta misma casa donde todavía viven algunos de sus colaboradores insignes. De ahí la decisión de repetir en Madrid este acto conmemorativo con un programa nuevo.

      Seguidamente el presidente de la Facultad de Teología de San Esteban hizo la presentación del conferenciante principal, P. Charles Morerod, O.P., leyendo un deslumbrante currículo intelectual. Me llamó la atención la síntesis que hizo de su semblanza diciendo que era un “filósofo apasionado por la teología y un teólogo apasionado por la filosofía”, lo cual se pudo comprar durante su magistral conferencia en español titulada Santo Tomás y el ateísmo contemporáneo. Su discurso fue un diálogo de gran altura intelectual entre los argumentos de algunos pensadores ateos actuales y el planteamiento de santo Tomás del problema de Dios como exigencia del discurso racional. Por descontado que fue una conferencia para minorías intelectuales selectas ya que, en los comienzos del siglo XXI los ateos al estilo tradicional son cada vez menos. Me explico. Actualmente no se aprecia interés por discutir el tema de Dios públicamente como en tiempos pasados. La mayoría de los intelectuales pasan de largo o simplemente no dan cabida a estos temas en sus planteamientos intelectuales. Por esto mismo me llamó muy positivamente la atención la naturalidad y rigor científico con que el ponente trató el tema sin complejos y con sentido realista de las cosas, en lo cual demostró ser un auténtico discípulo de santo Tomás el cual no hacía ascos ni tenía miedo a las buenas razones lo mismo desde la perspectiva teológica y creyente que desde el uso correcto de la razón aplicada a todos los campos de la realidad. El año 2013 el P. Marodó era Obispo de Ginebra, Lausana y Friburgo.

       A continuación, tomó la palabra el P. Bernardino Pella, el cual hizo un pequeño y bellísimo discurso en italiano en nombre del Maestro General de la Orden Dominicana, P. Carlos Aspiroz, destacando los cien años de Ciencia Tomista como un don o regalo de sus fundadores que teníamos que recibir y llevar adelante con profundo sentimiento de gratitud y esperanza pensando en el futuro. Por último, retomó la palabra el presidente de la celebración, P. Francisco Javier Carballo quien hizo una bella apología de la función de Ciencia Tomista a lo largo de los cien años transcurridos desde su fundación. La revista centenaria ha sido, dijo, por analogía con la celebración del centenario también de la madrileña “gran vía”, la gran vía dominicana que ha canalizado nuestro pensamiento a lo largo y ancho de medio mundo. Con la particularidad de que no sólo ha servido para difundir nuestro pensamiento, sino que otras muchas revistas nos han llegado con el suyo propio mediante el sistema de intercambio. Mirando al futuro, el orador matizó que la revista nació en el año 1910 coincidiendo con el cuarto centenario de la llegada de los dominicos a América y algunos de los artículos del primer número quedaban abiertos con vistas a ser completados con la conocida expresión: continuará. Este detalle le dio pie para hacer una calurosa invitación a la continuidad de Ciencia Tomista afrontando con entusiasmo los nuevos retos de la vida desde la razón teológica aplicada con sabiduría y eficacia a la solución de los problemas. La asistencia al acto académico fue plenamente satisfactoria y la alegría del encuentro fue celebrada con un generoso Cóctel en los salones de un hotel vecino. Me alegré mucho de haber podido estar presente en este histórico acto académico. El P. Francisco Javier Carballo, como Prior Provincial de la Provincia de España, me dio las gracias en privado por mi presencia y el director de Ciencia Tomista me prometió hacer una recensión de mi último libro Bioética y Biotanasia en la revista. De regreso a casa pensé que cien años de predicación escrita a través de la Ciencia Tomista valió la pena y había motivos para estar alegres.

      Pero, como casi siempre ocurre, no todo en el monte de esta vida es orégano. De vuelta en casa pensé que había fallecido el P. Felipe Pérez O.P., en nuestro convento del Rosario de Madrid, y al día siguiente tenía que asistir al funeral. Sí, me sentía en el deber moral de estar presente en esta despedida a un hombre bueno al que ya me he referido en el capítulo primero. Fue mi profesor de griego, mineralogía y música. Pocas semanas antes de morir me había llamado por teléfono para que el facilitara el teléfono del técnico del hermoso Órgano que había instalado en la iglesia de nuestro madrileño convento ubicado en la calle Conde de Peñalver 40. El rey de los instrumentos se había averiado seriamente y había que repararlo lo antes posible. Fue mi última comunicación personal con él. Poco tiempo después tuvo que ser ingresado en el hospital, pero falleció en casa dulcemente en el momento en que se disponía a ir a la primera revisión médica.

      Habíamos terminado el curso académico en Arcas Reales, Valladolid, y en el examen escrito de mineralogía un compañero y yo recibimos de él una calificación académica que ambos consideramos muy generosa. Este detalle nos hizo reflexionar de forma responsable y decidimos hacer un esfuerzo especial para que en el examen oral de griego que teníamos pendiente el P. Felipe quedara en buen lugar ante los miembros del tribunal. El funeral estaba previsto a las 11 de la mañana y a las 10: 30 ya me encontraba yo a la puerta de la iglesia conversando con Jaime Luengo y Emilio Olmos, antiguos compañeros míos de estudios y alumnos también del P. Felipe Pérez. En ese preciso momento fui requerido para que acompañara con el Órgano la ceremonia eucarística del funeral. Yo no había puesto nunca las manos sobre el hermoso instrumento y me veía obligado a improvisar. Primero traté de disculparme, pero instintivamente entré en la iglesia, me dirigí al órgano e improvisé las partituras litúrgicas que me había puesto delante el cantor. Mientras tanto recordaba yo aquellos momentos lejanos cuando el P. Felipe vigilaba mis ejercicios de piano. ¿Cómo podía imaginar yo entonces que un día aquellos ejercicios y consejos me servirían para homenajearle a él ahora en la celebración solemne de sus funerales de cuerpo presente? Dios sabe que lo hice con inmenso cariño y profundo sentimiento de gratitud. El P. Felipe Pérez fue uno de los hombres buenos que tuve la suerte de conocer y estoy seguro de que Dios le tiene en su gloria.   

     

      11. Una propuesta de Vida

 

      El día 28 de junio de 2010 tuvo lugar la presentación del libro JESUCRISTO, Una propuesta de Vida, escrito por el P. Jesús Espeja Pardo, OP. La celebración del acto tuvo lugar en el convento dominicano ubicado en Cañizares 4, en el corazón de Madrid. Intervinieron en el acto D. Jesús Espeja Pardo, OP, Autor del libro; Dr. Jesús Díaz Sariego, Profesor de Cristología en la Facultad de San Esteban (Salamanca) y Regente de Estudios, Dominicos de la Provincia de España; y D. Pedro Miguel García, subdirector ditorial de S. Pablo. Yo tenía particular interés en asistir a esta celebración para acompañar al ilustre teólogo dominico y autor del libro, saludar a la plana mayor de la editorial S. Pablo allí presente y, sobre todo, por ser Jesucristo el centro de la atención de todos. El subdirector de la editorial S. Pablo hizo una brillante presentación del autor y del contenido del libro. Nos encontramos, dijo, ante un especialista de lujo en cristología para los tiempos que corren. Con este libro la editorial abre una nueva colección titulada Frontera sobre temas sensibles y actuales. La obra no es un tratado clásico de cristología sino un libro breve, incisivo, sencillo y entrañablemente sólido sobre Jesucristo como fuente de esperanza y humanidad en una sociedad en la que los temas religiosos están perdiendo interés. En la presente obra el autor habla de Jesucristo presentando su estilo de vida de forma que ayuda a recuperar el sentido de la trascendencia de Dios como fuente de humanidad y esperanza contra los prejuicios existentes en esta materia. Jesús Díaz Sariego hizo una laude muy sentida del autor y del contenido del libro teniendo en cuenta que había sido alumno riguroso del autor y sucesor en la cátedra de cristología en Salamanca. El autor habló menos, pero con gran maestría explicando el significado de las palabras de la contraportada que reproduzco literalmente: “En nuestra sociedad son cada vez más los que viven como si Dios no existiera; fácilmente se consideran centro absoluto, falseando así su condición de criaturas y perdiendo el sentido de su existencia. Por otra parte, está siendo trabajoso a la Iglesia el diálogo con esta nueva situación cultural. En ese contexto este libro presenta la fe cristiana sobre Jesucristo, Dios-con-nosotros, que amplía el horizonte humano y es narración fundamental para la Iglesia, en continua reforma para mantener la identidad evangélica. Su objetivo no es demostrar verdades con argumentos concluyentes, sino más bien proponer un estilo de vida que seduce y contagia”. El autor insistió mucho en la conveniencia de plantear el problema de Dios en el mundo de hoy a través de la humanidad desbordante de Jesucristo proponiendo su estilo de vida sin desvincular el Cristo de la fe del Cristo encarnado en la naturaleza humana y en nuestra historia. Cristo no es una propuesta intelectual o cultural sino una propuesta de humanidad y felicidad desde la trascendencia como referente universal de humanismo.

      Al final de la celebración y repasando el libro durante el viaje de regreso a casa llegué a la conclusión de que esta obra se inscribe en el contexto de lo que yo he denominado biocristología, pero con solidez argumentativa, autoridad teológica y respeto eclesial. O sea, lo contrario de lo que encontramos en la mayoría de esos escritos que se han puesto de moda sobre Jesucristo y que he denominado “cristología basura”. Confieso que pasé una tarde feliz oyendo hablar de Jesucristo con competencia y cariño en medio de una gran audiencia en una casa de la Orden de Predicadores. Las claves de lectura de este libro de reflexión teológica y alta divulgación son las siguientes.

      Para conocer la divinidad de Cristo hay que evitar tropezar en errores del pasado. Por ejemplo, insistir tanto en su divinidad que quede marginada su humanidad. O viceversa, insistiendo tanto en su humanidad que su divinidad sea presentada como una invención de los creyentes. No podemos conocer la divinidad de Cristo sin pasar por su humanidad ya que la conducta humana de Cristo dice lo esencial sobre Dios mismo. Por otra parte, está la relación entre historia y fe. Así de claro: “No hay más que un Jesucristo, el Jesús de la historia, el que nació, vivió y murió en Palestina. En las fuentes que tenemos –escritos del Nuevo Testamento- van unidas la historia de Jesús y su identidad como Hijo de Dios”. Una presentación adecuada de la verdad sobre Jesucristo debe contar con estas dos referencias inseparables. La fe como encuentro personal con Cristo no puede prescindir de la conducta histórica de Jesús. O lo que es igual, la fe cristiana se apoya en un sujeto histórico identificable en un contexto geográfico, cultural, religioso y político; o sea, en el tiempo, en el espacio y en la cultura. Por otra parte, “toda la conducta histórica de Jesús –dichos y parábolas, obras y signos- es auto-comunicación de Dios a los seres humanos”. Esta confesión de fe cristiana no inventa los acontecimientos ni procede al margen de los mismos, sino que es entendida desde lo sucedido y constatado históricamente. Por lo demás, el autor deja claro que la resurrección de Cristo fue un acontecimiento real que irrumpió en la existencia de sus discípulos de forma inesperada y contundente. Como digo, se trata de una reflexión teológica basada en la fe bíblica, en la fe de las primeras comunidades cristianas que conocemos por los escritos apostólicos y en las confesiones oficiales de la Iglesia sobre Jesucristo.

      La nota publicitaria del libro, presuntamente redactada por el autor, rezaba así: “Los primeros cristianos vieron a un hombre a quien confesaron Hijo de Dios. Sin esa humanidad histórica la confesión en la divinidad de Jesucristo pierde su novedad. Por eso, en una primera parte de este libro, el autor nos aproxima a la historia de Jesús; consciente sin embargo de que en los evangelios historia y fe van inseparablemente unidas. En una segunda parte, Jesús Espeja nos ofrece la lectura o interpretación creyente de esa historia dada por los primeros cristianos y ratificada en la tradición viva de la Iglesia. Y como el Resucitado continúa escribiendo el quinto evangelio en los que se dejan alcanzar por su espíritu, la tercera parte se centra en la identidad cristiana como seguimiento de Jesucristo”. Esta reflexión teológica sobre Cristo como rostro visible de Dios no es un tratado académico de cristología sino una confesión razonada de la fe en Cristo que nada tiene que ver con esos escritos “basura” sobre Jesús de Nazaret, a los que me he referido en el capítulo doce, ni con la bio-cristología irresponsable que confunde las percepciones teológicas con ideologías y armas arrojadizas contra la Iglesia.

 

      12. Las incertidumbres de la vida

 

      Cuando regresé a mi casa, ya entrada la noche, abrí el correo y me encontré con un mensaje relacionado con lo que dije más arriba en este mismo capítulo sobre el proyecto de celebrar el Bicentenario de Chile en la Universidad Católica de Concepción en agosto del 2010. Un proyecto que no sólo no se suspendió, a causa del gran terremoto, sino que se pretendía celebrarlo a cualquier precio para que no decayera la moral de las personas después de la catástrofe. En este contexto me es grato reproducir aquí algunos textos de correo electrónico sobre la marcha del proyecto y mi situación personal dubitativa para desplazarme una vez más a Chile.  El 29 de marzo Juan Andrés Medina escribió: “Estimado Niceto, un cariñoso saludo de Ana María y mío, esperando te encuentres bien. Estamos intentando desarrollar nuestra actividad después del verdadero cataclismo que se vivió en nuestra zona centro sur. En verdad que lo ocurrido resulta difícil de asimilar para quién no ha vivido un terremoto, pero pasará un tiempo no menor para reconstruir lo destruido. Ahora bien, debemos dejar atrás lo sucedido y continuar trabajando con ánimo y esperanza en el Altísimo. En este sentido nosotros continuamos planificando el Bicentenario y de acuerdo a lo que conversamos, lo que ahora y producto de esta fatalidad pudiera ampliarse a otros ámbitos de aporte, me interesa saber si has tomado contacto con la amiga que te iba a visitar y que es familiar del Sr. Pacheco Matte. Quiera Dios puedas realizar el contacto para concretar de buena forma eventos académicos de nivel, que sin duda ayudan a mantener y fortalecer la naturaleza de la institución aún en los momentos complicados por los que pasamos. Querido Niceto quedo a la espera de tus noticias y te enviamos nuestro recuerdo cariñoso y esperamos que Dios mediante estés bien. Un abrazo. Andrés”.

      Mi respuesta: “Querido Andrés, hace pocas horas hablé por teléfono con K.F y me ha comunicado que ha recibido respuesta al tiro del posible mecenas, el cual se ha mostrado interesado en el proyecto. Dice que consultará con la ley de donaciones para estos casos y que pedirá ayudas a dos amigos suyos. Tan pronto haga estas gestiones comunicará el resultado de las mismas. De entrada, pues, se ha interesado por el proyecto, lo cual no es poco. Te remitido el texto de la carta del Vicerrector y del proyecto. Creo que está todo muy bien presentado. Un abrazo inmenso para ti y Ana María”.

      Juan Andrés Medina respondió: “Querido Niceto, un saludo con todo cariño de Ana María y mío. Hemos estado en contacto con nuestra intermediaria por teléfono y por e-mail. Se ha mostrado muy gentil y con afán de ayudar con el proyecto de Congreso Internacional. Le envié el proyecto y una carta de nuestro Vicerrector a M.P, presidente de una empresa internacional y quedó de interceder ante él para obtener un patrocinio. Te agradezco el contacto y sólo queda esperar del Altísimo su ayuda. Quiera Dios que resulte el contacto y de ahí podamos gestionar tu participación en ese evento, lo que sería una enorme satisfacción para los que tratamos de concretarlo. Gracias y un abrazo. Andrés Medina”.

      El 29 de marzo respondí a Andrés Medina: “Andrés, te contesto al tiro después de hablar con la Dra. Flanagan. Me dice que le pases el Proyecto a ella lo más detallado y explícito posible con una matización importante que es la siguiente: que la celebración del Bicentenario sea presentada como un buen pretexto coyuntural para mantener alta la moral de la gente después de lo acontecido en orden a fomentar la reconstrucción psicológica y moral en una región tan castigada por el seísmo. Ella queda a la espera de tus noticias. Un abrazo”.

      Respuesta de Andrés Medina: “Niceto, qué bueno saber de ti. Gracias por tus deseos y por iniciar la gestión. ¿Crees posible contactarme con tu amiga? El proyecto ya existe y de manera independiente que el Sr. Pacheco sea pro-concertación o pro-alianza, me da la idea que la ayuda redundaría en toda una comunidad que en momentos de crisis como la actual no debe apartarse de la cultura y de sus raíces. Eso al menos pretendemos. Andrés”.

      Mi respuesta: “Andrés, gracias por tu mensaje y me alegro de que, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza no hayan sido afectadas. Eran pocas horas antes del seísmo. K.F me manifestó su interés en el proyecto sobre el Bicentenario. Pero: 1) M.P era pro-concertación y no pro-Piñera. 2) En cualquier caso esto pudiera no ser obstáculo para su colaboración. 3) Pero sin el proyecto ya elaborado en mano y con tiempo suficiente para estudiarlo, no sería fácil que M.P se comprometiera a nada. 

       Nuevo mensaje de Andrés Medina: “Querido Niceto. Un abrazo de Ana María y mío con nuestros mejores deseos. Te cuento que estuve en Santiago y conocí personalmente a K.F. Me comentó que su cuñado estaba a la espera de la ley de donaciones que tú me comentabas en tu último correo para concretar el aporte al evento del mes de agosto. La ley salió la semana antepasada y se la había enviado. Confío en Dios que se concrete la ayuda y así poder extenderte una invitación a fin de que puedas acompañarnos. El tiempo de organización se está agotando para la elaboración del programa oficial, el cual debería estar listo el 15 de junio. Ojalá podamos contar con estos recursos. Nuestro cariño. Andrés”.

      Pero desde la cátedra de la vida, la vida manda sobre nosotros y no nosotros sobre la vida. En tiempos pasados yo habría estado deseoso de volver lo antes posible a Chile para acompañar a la gente en sus penas después del devastador terremoto que había tenido lugar pocos meses antes. En este sentido la celebración del Bicentenario me brindaba una oportunidad de oro para volver y continuar aquellos felices contactos intelectuales y pastorales que me habían permitido disfrutar de los mejores momentos de mi vida. Pero la edad no perdona y tengo que extremar la prudencia. En tiempos pasados los viajes me daban fuerza y ánimo para seguir adelante a pesar de mis debilidades en materia de salud. Ahora, sin embargo, el mero hecho de tener que preparar una bolsa de viaje, aunque este sea corto, me produce cansancio físico y psicológico. Y mucho más cuando el viaje lleva consigo nada más y nada menos que cruzar el Atlántico. Mi pregunta es esta: ¿quién me dice a mí que en lugar de viajar para ayudar a los demás en la solución humana de sus problemas no voy a ser yo mismo un problema más para los que me invitan y tan generosamente me reciben?

      Por una parte, el día en que Andrés Medina me habló en Madrid de mi participación en la celebración del Bicentenario, me comprometí a aceptar la ponencia destinada a la reflexión filosófica sobre el histórico evento, pero casi convencido de que dicho evento no podría celebrarse en la fecha fijada. Por otra parte, me quedaba la opción de participar a distancia enviando un texto escrito sin necesidad de viajar. Pero se produjo el terremoto y esta circunstancia me creó una preocupación moral. ¿No es justamente ahora cuando debo hacer un último esfuerzo para hacerme presente físicamente en el lugar de los hechos para estar con la gente compartiendo sus penas? Me encuentro así nadando entre dos aguas. La prudencia me aconseja suspender definitivamente los viajes largos que realizaba en el pasado, pero al mismo tiempo la conciencia moral no me deja plenamente libre para declinar la invitación de viajar a Chile después de la catástrofe sísmica. Una vez más se cumple en mí aquello de que el hombre hace planes y la vida manda lo que hay que hacer. A lo largo de mi vida personal estas incertidumbres existenciales han sido constantes y no me asustan. La vida, que da lugar a las incertidumbres, se encarga también de que los desenlaces de las mismas sean acertados siempre que la amamos y respetamos.

      No fue posible volver en esta ocasión a Chile por razones de edad y falta de recursos económicos, pero el Bicentenario se celebró y todos quedamos felices y contentos por haber hecho cada cual lo que estaba a nuestro alcance. Igualmente acepté en principio la invitación para asistir a la solemne inauguración de la Iglesia de Carei en Transilvania el día 12 de septiembre del 2010 pero el temor al cansancio fue el motivo principal, aunque no el único, por el que después consideré prudente renunciar agradecido a tan honrosa invitación. La vida nos va colocando cada día en el lugar que nos corresponde y lo más acertado es obedecerla sin mirar atrás ni pedirla explicaciones. Contra la vida no se llega a ninguna parte como no sea el precipicio de la muerte. Por el contrario, con el amor a la vida y la obediencia a sus leyes se puede llegar muy lejos incluso fuera de las fronteras del tiempo y del espacio desafiando a la muerte. NICETO BLÁZQUEZ, O.P.

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