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MISERICORDIA DIVINA
MISERICORDIA DIVINA
En
la república carpetovetónica,
Había
costumbre muy hermosa,
De
orar a Dios y con frecuencia,
Ofreciéndole
como el rosal rosas.
La
rosa más hermosa de todas,
Era
la de una oración humilde,
Que
muchos habían aprendido,
De
una anciana llamada Matilde.
Misericordia
por tu gran bondad,
Mi
Dios del amor y de la piedad,
Ten
compasión de esta tu sierva,
Aunque
haya pecado por demás.
Soy
una pecadora buscando amor,
He
pecado contra Ti y mi prójimo,
Y
sólo encuentro en tu consuelo,
La única felicidad que yo conozco.
Pecadora
me concibió mi madre,
Y
Tú serías justo destinándome,
A
morir de pena y desesperanza,
De
noche, de mañana y de tarde.
Pero
Tú conoces bien mi corazón,
Y
sabes que te lo entrego entero,
Para
que quede limpio con amor,
Y
poder ver tu rostro placentero.
Sé
que los esfuerzos más humanos,
No
te gustan sin la salsa del amor,
Enséñame
a amarte, yo te lo ruego,
Porque
quiero vivir en tu corazón.
No
me arrojes de tu rostro divino,
Ni
me veas como Justo implacable,
Sino
con ojos amorosos de madre,
Pues
sólo tu amor puede salvarme.
La
oración humilde de la anciana,
Fue
aprendida por la joven Mabel,
La
cual se la enseñó a sus amigos,
Que
la rezaban con mucho placer.
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