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REMEDIOS CASEROS
Mabel
era constante y realista,
Observaba
con mucha atención,
Sacaba
luego sus conclusiones,
Y
ponía en marcha su corazón.
La
vida humana pasa sin aviso,
Los
años pasan como las nubes,
Las
horas se esfuman en el mar,
Y
en el jardín mueren las flores.
Pero
los lirios vuelven a florecer,
Y
el amor de las personas renace,
Con
recuerdos de familia tiernos,
Y
haciendo con todos las paces.
Mabel
usaba calificativos dulces,
Cuando
hablaba con los amigos,
Como
si ellos fueran bombones,
Para
vencer terribles enemigos.
Buenas
tardes, mi dulce bombón,
Me
encuentro hoy muy cansada,
Pero
mañana tengo que trabajar,
Como
las madres y amas de casa.
Cuando
Mabel leyó estos versos,
Los
oyentes reaccionaron cautos,
Por
aquello del dulce bombón,
Del
que nadie allí se sentía harto.
Pero
un admirador misterioso,
No
pudo contener su emoción,
Y
al tiro preguntó con modestia:
Mabel,
¿a caso soy yo el bombón?
Dame
una parte de ese tu dolor,
Para
compartirlo contigo juntos,
Porque
repartido entre los dos,
Ahorraremos
penas y disgustos.
Conozco
un calmante de rosas,
Que
tomado con amor y besos,
Calma
muchas penas de la vida,
Y
quita del alma grandes pesos.
La
audiencia aplaudió gozosa,
Sin
disimular su gran emoción,
Con
lágrimas libres en sus ojos,
Enviadas
con mensajes de amor.
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