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MÁS SORPRESAS DE MABEL
Mucho
cuidado con lo que comes,
Pero
no menos con lo que bebes,
Si
quieres disfrutar de buena salud,
Haz
en todas las cosas lo que debes.
La
ciencia consiste en saber bien,
Lo
que las cosas son sin engaño,
No
te alimentes de la posverdad,
Si
no quieres morirte temprano.
Están
cayendo los granizos de amor,
Pero
prefiero quedarme con el tuyo,
Refugiado
en tu alma tempestuosa,
Aunque
yo me muera en tu corazón.
Ella
hizo esta invitación provocativa:
El
lunes, café con amor y esperanza,
De
lunes a viernes, paz con ilusión,
Y
fin de semana, encuentro con Dios.
En
estas condiciones, alguien replicó:
Prefiero
vivir una semana así contigo,
Que
año entero desprovisto de amor,
Sufriendo
malos tratos como castigo.
Eres
adorable como una rosa blanca,
Quisiera
besarte pero no me atrevo,
Mis
labios son ya demasiado ásperos,
Para
besar tu corazón de terciopelo.
Pero
una amorosa y dulce azucena,
No
pudo ella más y al tiro protestó:
Eres
un mirlo adorable escondido,
En
lo más profundo de mi corazón.
El
mirlo se puso él luego nervioso,
Y
sólo pudo decir con gran pudor:
Tú
eres para mí ese ser adorable,
Porque
eres una diosa de mi amor.
Mabel
hizo un misterioso silencio,
Y
todos respiraron en profundidad,
Para
recobrar sus juveniles fuerzas,
Y
poder luego ellos mejor escuchar.
El
documento que comenzó en verso,
Terminaba
con una amorosa prosa,
Escrita
con dolor y amor compartido,
Entre
un viejo rosal y una blanca rosa.
Hola,
corazón. Perdona mi tardanza en contestarte. He estado en baja forma estos
días, física y emocionalmente muy cansada. Mi marido lo está pasando mal en el
trabajo, y como es normal y comprensible, trae su preocupación a casa. Un día
me dijo: “vivo amargado por el trabajo y os amargo a vosotros la vida en casa”.
Yo intento siempre tener buen humor y quitar hierro al asunto con comprensión.
Pero a veces me hundo y me quedo callada
sin ganas de hablar. También
esto es normal. Pero tú no te preocupes por nosotros. ¡Ya mejorarán las cosas!
A pesar de los pesares, no podemos quejarnos con la suerte que tenemos. Normal.
Te quiero mucho.
Y el desconocido e interpelado al
tiro respondió con amor. Amorcito mío y mi tesoro del cielo. Te quiero y os
quiero. Ven a descansar en mi corazón. Duerme tú allí tranquila como un ángel.
Yo velaré tu sueño pidiendo a Dios que inunde tu alma con el consuelo de su
amor. En tu dolor déjame llorar contigo fundiendo mis lágrimas con las tuyas,
para que en tus penas, sean de los dos. Dios lo sabe todo y sabe que nos
amamos. Bienaventurados, dijo Jesús una vez, los que lloran porque ellos serán
consolados. Él también sufrió por amor y lloró, pero resucitó de la muerte y
con su resurrección fue consolado. Cielo mío, qué haría yo para convertir tus
lágrimas de dolor en lágrimas de felicidad y alegría! Sólo puedo ofrecerte mi
pobre corazón para que vivas en él. Yo te alojaré allí en un trono de amor y
del resto se encargará Dios. Buenas tardes, primavera del amor. Te quiero.
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