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AL DESPERTAR DE LA AURORA
Un
día hermoso de primavera,
Se
despertaba perezosa una flor,
Descubriendo
sus tiernos pétalos,
Y
buscando algo en su alrededor.
Sus
pétalos eran ebúrneos brazos,
Muy
tiernos de asombroso marfil,
Sus
ojos eran luceros rutilantes,
Puestos
fijamente en un jazmín.
Buenos
días mi amigo del alma,
Soy
la rosa escondida de tu amor,
Quiero
que me beses sin tardar,
Al
ritmo que va saliendo ya el sol.
El
jazmín pudoroso y sorprendido,
Por
una rosa tan amorosa y bella,
Se
quedó de repente como mudo,
Sin
palabras para corresponderla.
La
rosa no se sorprendió y dijo:
Ven
a mí tranquilo y sin temor,
Déjate
abrazar por mis pétalos,
Para
ser llevado a mi corazón.
La
rosa dibujó una dulce sonrisa,
Descubrió
con recato sus pechos,
Y
con voz dulce luego exclamó:
Aquí
tengo para ti todo mi amor.
Mientras
tuvo lugar este coloquio,
El
sol sufrió él un ataque de celos,
Por
la luz de las rosas y jazmines,
Producida
sin el permiso del cielo.
La
rosa entonces muy hechicera,
Respondió
con su dulzura al sol:
Una
rosa no pide permiso a nadie,
Para
su trabajo de belleza y amor.
Y
el jardinero del amoroso edén,
Desde
un lugar oculto y vecino,
Sentenció
firme y en voz audible:
Mabel,
belleza y amor son tu sino.
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