27
REPÚBLICA
DE LAS PASIONES
En
la república carpetónica,
La
gente era muy humana,
Había
muchos locos de atar,
Y
amor desatado de mañana.
En
las fiestas más sonadas,
Los
sentimientos reunidos,
Jugaban
todos al escondite,
Como
niños enloquecidos.
Un
día de fiestas mayores,
Sentimientos
y pasiones,
Se
encontraban aburridos,
En
la plaza de los pilones.
Muy
buenos días a todos,
Dijo
el amor más atrevido,
Y
locura respondió presto,
Con
su orgullo desmedido.
Bostezamos
muy aburridos,
Y no
sabemos ya qué hacer,
En
este día de grande fiesta,
Que
empezó de tarde ayer.
Como
princesa yo de la locura,
De
tan grande y noble ciudad,
Para
combatir el aburrimiento,
Se
me ocurre una idea eficaz.
Sentimientos
y pasiones a una,
Dejaron
de dormir y bostezar,
Al
oír hablar a la bella locura,
De
forma tan sutil y original.
¿Por
qué no jugar al escondite,
En
este pueblo de maratones,
Habiendo
tantos sitios ocultos,
Propios
de policías y ladrones?
Una muy
bella y morena intriga,
Hizo
un gesto de gran sorpresa,
Y
mostrándose muy sorprendida,
Inquirió
presto qué cosa ser esa.
La
locura tomó luego la palabra,
Y
comenzó ya a dar explicaciones,
Sobre
el juego misterioso previsto,
Del
escondite ocupando rincones.
Yo
me tapo muy bien los ojos,
Y
empiezo a contar un dos tres,
Mientras
ustedes se esconden,
Sin
que yo a nadie le pueda ver.
Todos
ustedes ya escondidos,
Como
un policía de los buenos,
Yo
les voy a buscar acá y allá,
Hasta
descubrir a uno primero.
El
entusiasmo se puso a bailar,
Loco y borracho de contento,
Con
la euforia ya enloquecida,
Por
causa del genial invento.
Con
tanta alegría desbordante,
Saltaron
al ruedo duda y apatía,
Aplaudiendo
a princesa locura,
Con
gran estruendo y simpatía.
Pero
la verdad tuvo sus reservas,
No
quiso participar en el juego,
Y
reflexionó de manera singular:
Me
quedo sentada para observar.
Su
reflexión fue muy sencilla,
¿Para
qué me voy yo a ocultar,
Si a
pesar de estar escondida,
La
policía me va a encontrar?
La
soberbia replicó indignada,
Calificando
de tonto el juego,
Pero
era sólo por la envidia,
Que
la carcomía por entero.
Así
estaban las cosas entonces,
Cuando
intervino la cobardía,
Con
su curioso pensamiento:
Yo
arriesgo nada ni por mi tía.
Cuenta
el cronista carpetónico,
Que
a pesar de estas opiniones,
Locura
se impuso sin dificultad,
Y
comenzó el juego de rincones.
Uno
dos tres contaba ya locura,
Y
con calculada pereza empezó,
A
esconderse sin ninguna prisa,
Pero
por descuido al suelo cayó.
Llegado
a este punto del relato,
El
sagaz cronista carpetónico,
Decidió
suspender su crónica,
De
sentimientos astronómicos.
Pero
no sin expresar opinión,
Sobre
el relato interrumpido,
Haciendo
oportuna reflexión,
Acerca
de lo ya transcurrido.
Cuando
el olvido se escondió,
Creyó
haber perdido memoria,
Para
poder continuar narrando,
Esta
única y pasional historia.
La
bella locura siguió contando,
Uno
dos tres y hasta nueve mil,
Pero
el amor muy desorientado,
No
hallaba el escondrijo para sí.
Cuando
locura dijo un millón,
Se
destapó su vigilante rostro,
Y
emprendió alocada búsqueda,
De
ocultos pasionales rostros.
Ninguna
sorpresa destacable,
La
primera pasión descubierta,
Fue
la pereza a medio camino,
Descansando
como un cochino.
Al
egoísmo no hubo de buscarlo,
Salió
por sí mismo del escondite,
El
amor intentó esconderse allí,
Y el
egoísmo no pudo soportarlo.
Locura
encontró pronto belleza,
Pero más pronto aún la duda,
Sentada
sobre brocal del pozo,
Sin
tomar ella decisión alguna.
Pero
locura no encontraba amor,
Enloqueció
y siguió buscándolo,
Con
más pasión y enloquecida,
Como
un loco suelto y desatado.
Locura
buscó al amor por doquier,
Detrás
de los árboles más grandes,
Del
río más cercano y estrepitoso,
Debajo
de las piedras y en árboles.
Ni
en los cielos ni en el infierno,
Hallaba
ella al amor escondido,
Para
sorprenderlo y aprenderlo,
Llena
de locura y contrasentido.
Tomó
luego una larga horquilla,
Y
vapuleó las ramas de un rosal,
Pensando
sacar de allí al amor,
Escondido
como astuto ladrón.
La
locura dio un grito salvaje,
Como
leona herida a traición,
Por
los cazadores más fornidos,
Y
decididos a atrapar al ladrón.
Pero
en vez de encontrar al amor,
Con
las espinas del rosal tropezó,
Hiriendo
al amor de triste muerte,
Como
ser inocente con gran dolor.
Locura
pidió las disculpas de rigor,
Lloró
y hasta pidió perdón a Dios,
Pero
el grande mal hecho por ella,
No
recibió respuesta ni compasión.
El
cronista contó el pasional evento,
Al
filósofo moralista de la república,
Que
redactó este breve documento,
Para
emitirlo en declaración pública.
Desde
que existen seres humanos,
El
amor fue ciego de nacimiento,
Y la
locura lo acompañó siempre,
Como
hermana sin conocimiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario