13
El
RENCOR Y EL AMOR
¿Fue
tu pasado siempre mejor,
Que
tu presente desgraciado,
Aunque
aquel haya sido triste,
E
indigno de ser recordado?
¿Es
mejor recordar las penas,
Que
olvidarlas y no recordar,
Como
si enemigos anónimos,
Nos
persiguieran sin cesar?
Yo
siempre he sido maltratado,
Hay
gente que me quiere mal,
Tengo
que darles su merecido,
Para
no ser como ellos igual.
¡Ojo
por ojo y diente por diente,
Piensa
el rencoroso sin piedad,
Recuerda
bien a tus enemigos,
Para
de ellos poderte tú vengar.
El
rencoroso más empedernido,
Por
los males que ha recibido,
Se
alimenta recordando penas,
Sin
encontrar para ellas alivio.
Si
duerme mucho por la noche,
Se
despierta él más enfurecido,
Renovando
pensamientos viles,
Contra
sus presuntos enemigos.
El
que se recrea en hacer justicia,
Sin
conocer respeto ni concordia,
Se
hace igual que sus enemigos,
Con
mucha pena y más sin gloria.
En
la República Carpetovetónica,
Había
personas de esta condición,
Que
fortalecían su gran memoria,
Odiando
a sus enemigos sin temor.
El
buen moralista carpetovetónico,
Preocupado
él por este fenómeno,
Lo
estudió con mucha serenidad,
Y
sacó la conclusión sin dificultad.
Los
malos recuerdos del pasado,
Han
de ser condenados al olvido,
Como
piezas de plomo peligroso,
Brillantes
por su veneno esculpido.
Los
peores de nuestros recuerdos,
Son
como los lingotes de oro falso,
Contenedores
de una falsa justicia,
Del
que no quiere ser perdonado.
Cuando
el psicólogo carpetónico,
Conoció
él esta sabia conclusión.
Hizo
también su propia reflexión,
Dejando
el percal bien bordado.
Si
quieres ser una persona libre,
Rompe
argollas de odio y rencor,
Amárrate
con cuerdas de perdón,
Y
recibirás el diploma del amor.
Pon
tus rencores y odios a un lado,
Y
toda desilusión o desesperanza,
Perdona
a tus enemigos por amor,
Y
haz de tu vida una gozosa danza.
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