martes, 8 de mayo de 2018

TOÑY DE LOS ANDES


TOÑY DE LOS ANDES
           
            “¿Cómo llegué a amar a Niceto Blázquez?, español, bioetista, sacerdote de la Orden de Predicadores, quien podría ser mi padre, pero que no lo es y nunca lo he visto desde esa perspectiva? Es extraño, pero la primera vez que oí su nombre, no tenía yo ni la más mínima idea de quién estaban hablando, y no tenía por qué saberlo. Yo, una simple secretaria de una universidad católica, en el último país de la tierra, ¿por qué tendría que haber sabido de quién hablaban?
            Pero por mi especial curiosidad, ingresé a internet, escribí su nombre en Google y allí frente a mis ojos  se desplegó muchísima información.  Allí me di cuenta de quién hablaban, de quién se trataba, y aún así, siendo alguien tan famoso, tan letrado, tan diferente a lo que soy yo, me salté todos los protocolos establecidos en el lugar en el cual aún trabajo y debe haberse debido a un difícil momento en el que yo vivía – tanto en lo laboral, como en lo personal- que comencé a escribirle. Primero por cuestiones relacionadas a su viaje a mi país, a mi ciudad, y luego y sin siquiera proponérmelo y de seguro, -ni siquiera pensando en que no debía- le hablé de mis penas, mis angustias, mis aprehensiones y confusiones y fue así que comenzó esta hermosa y especial forma de amar a Niceto Blázquez.
            Y digo amar, porque –simplemente- eso ha sido, una entrega honesta, sincera, profunda y real de amor, pero no ese amor mundano, físico, o sexual del que muchos podrían pensar, sino el correcto amor, ese que sólo se logra sentir, vivir y creer cuando uno encuentra a una persona correcta al otro lado del computador. Así es así como he conocido a Niceto; han sido horas y horas de muchas palabras escritas, muchos mails, muchas confesiones  y preguntas que a través de estos cuatro años de amistad han ido haciendo crecer este hermoso y puro sentimiento en mí llamado amor.
            Niceto ha sido un hombre honesto, y no creo que se deba a su condición de sacerdote, sino simplemente a que él es así, su trabajo del que a veces poco lograba entender, todas esas palabras nuevas y tan difíciles de comprender y entender, las cuales con su santa paciencia fue capaz de explicarme, y lo que mucho más importante aún, sin avergonzarme, pues él siempre ha sido respetuoso del que menos sabe, y muy sencillo en su enseñanzas.
            Tratando de escribir en estas líneas lo que he vivido a través y con Niceto, ha hecho que deba volver a repasar en mi mente todos esos momentos en que lo necesité y siempre estaba allá, a miles de kilómetros de distancia, pero apenas unos segundo de distancia de mi. ¿Y cómo pudo llegar a pasar eso?; es muy simple, una vez escuché a un maestro budista decir que “esa comunicación especial de alma a alma, solo se consigue cuando es una comunicación sincera y de corazón a corazón”.
            A través de Niceto no solo he descubierto conocimientos intelectuales, sino que también me ha hecho retomar las enseñanzas de nuestras virtudes, de esas enseñanzas que debieron ser las que nuestros padres nos mostraban en nuestra niñez, pero que yo no tuve el privilegio de recibirlas; no porque mis padres no me amasen, sino sencillamente porque no lo hicieron, y es así como a través de este hombre, a quien he conocido entre tanto ir y venir de palabras, me ha ido mostrando de la forma más simple, honesta y sincera lo que está bien y lo que no; y no sólo eso, sino que aún cuando no estábamos de acuerdo con nuestras formas de ver una o muchas situaciones puntuales, Niceto siempre ha sido muy respetuoso de lo que yo creo y pienso y jamás ha impuesto sus ideas por sobre las mías, sino que simplemente ha sido capaz de guiarme, de mostrarme -tiernamente- cuál sería el mejor camino a seguir, e incluso cuando no lo he seguido, ha sido capaz de permanecer a mi lado y no cambiando de opinión, sino simplemente siendo un excelente amigo.
            Niceto me ha enseñado a respetarme, conocerme y a que confiase en mí, no solo por mí misma, sino porque me ha reafirmado en mi condición de mamá, puesto que él ha amado y respetado profundamente a mi hija Javita, a la que tan tiernamente la nombra su princesa, y nos ha ayudado brindándonos su amor constante y su apoyo incondicional cuando más le hemos necesitado, a pesar de la enorme distancia física que nos separa.
            He tenido el agrado y privilegio de conocerle en persona, y la dicha de tenerlo almorzando en mi casa, un hogar muy sencillo y humilde; ha conocido a mi madre y otras mujeres de mi familia, con quien tuvimos y disfrutamos de un agradable almuerzo de día domingo, nada preparado para la ocasión, sino un simple y tradicional almuerzo de fideos a la italiana que mi madre y tía con gusto cocinaron.
            Niceto me ha enseñado muchas cosas sobre la vida, sobre lo que significa ser humilde… palabra tan burdamente usada, pero que gracias a sus enseñanzas hoy sé que tiene un significado maravilloso, porque él lo refleja en su forma de vida… un hombre que sabe lo que vale y lo que es y vive de acuerdo a ello, pero con una simpleza de la cual quienes lo amamos vemos y podemos sacar las más hermosas lecciones.
            Él ha estado siempre atento a todos los acontecimientos de mi vida, al crecimiento de mi Javi, ha disfrutado de mis logros y se ha entristecido por mis errores, fracasos y humillaciones, pero me ha enseñado a vivir de la mejor y de la forma más sabia enseñándome a ver lo que hice mal sin menospreciarme ni ofenderme, sino que simplemente con todo su amor me ha indicado lo que estuvo mal, no imponiéndome sus ideas, sino enseñándome y amándome respetuosamente.
            Niceto me ha hecho crecer, respetarme y aprender que valgo como persona, mujer, madre y amiga. Con sus palabras me ha ayudado a poder sortear momentos difíciles y extremadamente dolorosos con los problemas que he tenido con mi Javita, típicos de la adolescencia, y que gracias a la confianza que Niceto me ha demostrado siempre, he podido preguntar y encontrar las respuestas que necesitaba, en el momento preciso.
            Me he sentido muy orgullosa de todos sus logros, pues lo siento como parte de mi familia; cada uno de sus libros los he disfrutado y me he sentido muy honrada al verme en uno de ellos, junto a mi hija y amigos. Amo a Niceto porque es un hombre honesto, sincero y respetuoso y porque él me ha mostrado la presencia de Dios en la vida de mi hija y en la mía.
            Gracias, Niceto, por permitirnos formar parte de tu vida. Mi Javita y yo te amamos y siempre estás en nuestros corazones. Dios te bendiga, Niceto, por ser un excelente amigo y un excelente ser humano por el cual tanto luchas y defiendes con tus innumerables lecciones de bioética y amor. Siempre estás en nuestras oraciones con todo mi amor. Te amo, Niceto Blázquez”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario